Capítulo 8
Momoko dejó a Astrid sobre la alfombra de la sala para poder terminar la cena mientras Brick se daba una ducha refrescante y se cambiaba de ropa. Aún sentía la sangre acumulada en las mejillas, avergonzada de la extraña cercanía con el chico. Sirvió dos platos sobre la pequeña mesa que tenía Brick en el reducido espacio del comedor y calentó la leche de Astrid. Se sentó sobre el sofá, admirando el infantil juego de la pequeña con un oso de peluche que le habían regalado días atrás por una agradable señora al pensar que eran madre e hija.
- Gracias - se asustó al escuchar la ronca voz del chico detrás de ella pero no lo demostró -, por todo.
- Pensé que saldrías más tarde - no se molestó en dirigirle la mirada -, queríamos ir a buscarte.
- Se supone que también quería sorprenderlas pero creo que nos sorprendimos por igual.
Ambos quedaron en silencio, siendo el balbuceo de la niña el único sonido entre los dos. Brick se sentó a lado de la chica y pasó el brazo detrás de ella, sobre el respaldo del sofá. Se sintió ligeramente incómoda por la invasión de privacidad por parte del chico, sin embargo, no hizo nada por alejarlo. Por el rabillo del ojo lo observó recostar la cabeza sobre el respaldo y cerrar los ojos cansadamente. El momento adecuado para levantarse pero justo cuando lo hizo Brick la tomó de la muñeca y la jaló hacia él quedando sobre sus varoniles piernas, se sonrojó fuertemente al sentir la masculinidad debajo de la tela del pantalón de dormir.
- ¿A dónde vas?
Desvió la mirada ante la socarrona sonrisa, a su parecer, la más galante que había visto en toda su vida.
- Debes comer algo para recuperarte - fue su lógica respuesta.
Se tensó al sentir la mano del chico tomar su mentón y obligarla a verlo a la cara. Ese chico siempre lograba ponerla nerviosa cuando muchas veces había sido hábil para apartar a cualquier hombre, qué lo hacía distinto. Brick se acercó lentamente a ella en busca de sus labios, Momoko contuvo la respiración nerviosa y justo cuando sus labios, deseosos de calor, estaban por unirse en un silencioso beso anhelado, Astrid rompió en risas llamando la atención de ambos.
Vio el momento perfecto para escapar del chico y se levantó de sus piernas para dirigirse rápidamente a la mesa. Él soltó una suave risita y cargó a su hija en brazos. Besó amorosamente la rosada mejilla de su primogénita y junto con ella se sentó para cenar. A pesar de la incomodidad de la joven, los tres parecían, realmente, una verdadera familia ante los ojos de cualquiera.
- Eres una excelente cocinera.
- Gracias.
Tal vez no se conocían del todo pero ambos se sentían bien el uno con el otro. Veinte minutos después, el timbre del departamento sonó. Momoko se levantó para abrir mientras él jugaba con su hija en piernas, Astrid era una monada cuando reía fuertemente. Abrió la puerta y se sorprendió de ver a sus amigas con sus respectivos novios, parados los cuatro, frente a ella.
- Oh, Miyako, Kaoru, ¿qué hacen aquí?
- Nos acompañaron, queríamos ver a nuestro amigo - Butch se metió en la plática -. ¿Podemos?
Momoko lo observó de reojo, sin mostrar emoción alguna en el rostro. Se apartó para darle paso a los chicos y pudo escuchar el saludo de los tres amigos entre sí. Sonrió inconscientemente y sus amigas la imitaron cómplices.
- *Entonces... - comenzó Kaoru -, *¿qué estás haciendo aquí?*
- *Visito a un amigo.*
- *¿Brick es tu amigo? ¿Estás segura? Mientes.*
- Momo - se metió Miyako, divertida de la conversación de sus amigas en inglés pues Kaoru siempre que tenía oportunidad, practicaba con Momoko -. *¿Te gusta Brick?*
Eso la tensó, en definitiva no se había hecho esa pregunta. Aspiró fuertemente y sonrió amable, las invitó a pasar ignorando por completo la interrogante y sirvió para las visitas inesperadas. Pensó que sería buena idea que Astrid tomara una siesta, después de todo ya era un poco tarde para la bebé. Se encerró en el cuarto de Brick y esperó a que la pequeña dormitara, en definitiva no era malo volver a cuidar a niños. Vio la hora en el reloj de muñeca y se asustó, tenía que hacer algo antes de la medianoche y tenía menos de treinta minutos. Con mucho cuidado salió de la habitación, tomó su chaqueta café y sin llamar la atención, salió del departamento. No se arriesgaría a dar explicaciones innecesarias.
Desgraciadamente cuando el semáforo se tornó rojo dando paso a los peatones, Brick la jaló de la muñeca confundido.
- Momoko, ¿a dónde vas? ¿Por qué no me avisaste que te ibas?
- Tengo que hacer algo.
- ¿A esta hora? - él observó a su alrededor -. Te acompaño, no es seguro que camines a medianoche sola.
- No, está bien - apartó su muñeca de él -. Estaré bien, no te preocupes. No tardaré... Es un pequeño trabajo.
- ¿Trabajo? ¿A esta hora?
- Si.
Brick pareció meditarlo unos segundos hasta que algo pareció pasar por su cabeza.
- ¿Acaso tú trabajas de...?
- ¿De qué?
- En esos bares para hombres...
Eso la indignó demasiado, no se resistió y lo abofeteó. Algo dentro de ella le hizo recordar su pasado, tal vez las mismas palabras o el chico frente a ella, no sabía exactamente. Metió la manos dentro de su chaqueta y se fue de ahí, dejando a Brick sorprendido. Se maldijo mentalmente por haber dicho algo tan estúpido acerca de ella, ahora se había molestado de nuevo y sería difícil volver a hablarle, ya habían progresado en su relación y ahora todo se iba por el retrete por una estupidez.
Se sintió preocupado cuando dieron casi las dos de la madrugada y ella aún no regresaba a su departamento. Boomer se había quedado en el sofá por si acaso Astrid se despertaba en su ausencia y que se hiciera cargo. Se resignó a seguir esperando y se dio la media vuelta para entrar al edificio, tenía mucho sueño y dudaba que la chica regresara pronto. Justo cuando él entró, chocó el hombro con un hombre corpulento, espalda ancha y un poco más bajo que él, con el cabello pintado de rosa y perforaciones a lo largo de la oreja derecha, estaba vestido completamente de negro y la parte de atrás de la chaqueta de cuero decía: F. Lumpkins.
Le quitó importancia, llamó el ascensor y bostezó cansado. La puerta estaba por cerrar cuando una mano la detuvo, era Momoko que se veía desarreglada y con la respiración agitada. Fue un momento incómodo para los dos pues ella no se esperaba verlo en ese momento, entró sin decir nada y apretó el botón de su piso. Brick al menos sintió un peso menos, la chica se había dignado a aparecer esa noche. La puerta abrió de nuevo y ella salió apresurada pero al ver el pasillo regresó pálida.
- ¿Qué sucede?
Dudó.
- Nada... Sólo creo que iré a dormir a otro lado.
- ¿Por qué?
- Nada importante, sólo que hoy no quiero dormir sola.
- Puedes venir a dormir...
- No, gracias.
La puerta estaba por cerrarse cuando el mismo hombre de la recepción se paró frente a ellos para tomar el ascensor, Momoko tuvo que aguantar la respiración asustada.
- A ti te estaba buscando - dijo el hombre tomándola fuertemente de la muñeca -. Maldita zorra, ¿dónde te habías metido?
- Suéltame - exigió colorada -. Ya hice el trabajo...
- Me envió para recordarte que no debes retrasarte ni un minuto o sabrás lo que te espera...
- Suéltela - ordenó Brick -. La está lastimando.
- No te metas chiquillo, esto no es asunto tuyo.
- Vete - Momoko comenzó a llorar adolorida -. Déjame en paz.
Brick sólo pudo golpear al hombre en la quijada pero no la soltó, al contrario, apretó más fuerte y sin soltarla le regresó el golpe, este chocó la cabeza contra la pared y quedó aturdido por unos segundos. El hombre arrastró a Momoko hasta el cuarto de ella y de una patada rompió el seguro. La obligó a entrar tirándola bruscamente en la alfombra de la pequeña sala, respiró agitadamente y retrocedió asustada en el suelo. Con la mirada buscó algo con que defenderse pero no dio con nada.
F. Lumpkins comenzó a romper todo, la mesa la pateó, tiró estantes de libros, rompió floreros y vasijas, cuadros y todo a su alcance. Ella no pudo hacer más que abrazarse a sus piernas y esconder el rostro entre ellas, odiaba regresar a esos tiempos donde todo era igual a eso. Por eso se había ido a vivir sola pero por un pequeño error, ahora pagaba las consecuencias. Lumpkins la obligó a levantar la cabeza agarrándola del cabello, sintiendo el dolor de las raíces palpitar con fuerza.
- La próxima vez - le susurró en su cara sintiendo el desagradable aroma a alcohol barato que el tipo consumía todos los días - intenta no hacerle perder la paciencia y preocúpate por cumplir tus deberes como se debe, para eso se te paga.
La soltó brusco y pateando por última vez la mesa de centro se retiró con una sonrisa burlona. No resistió más y miles de recuerdos regresaron a su cabeza, lloró. Como cuando era pequeña y no podía hacer más que llorar. Se mordió el labio impotente intentado controlarlo pero al final no lo logró.
Con una adrenalina carcomiéndole el interior, se levantó y siguió el trabajo sin finalizar del hombre, siguió destruyendo lo poco que había quedado intacto. Al final tomó la fotografía de un grupo de niños y estaba por lanzarlo cuando recobró los sentidos, no podía hacerle eso al último recuerdo que tenía de su anterior vida. La bajó lentamente hasta que finalmente la abrazó, intentado recordar esos bellos momentos de su vida. Detrás de ella escuchó los cristales rotos bajo las suelas de los tenis de Brick.
- Vete - ordenó furiosa pero sin demostrarlo -. *¡Lárgate!*
Sin saberlo, habló en su idioma de origen, soltó un suspiro derrotada y comenzó a levantar todo el desastre.
- Momoko...
- Te dije que te fueras.
- ¿Quién era...? - ella volteó a verlo furiosa y cambió de postura -. Puedes quedarte conmigo por hoy, será difícil que...
- No.
- No seas terca...
Sin esperar más, la chica pasó de él y salió del departamento, furiosa. Lo que menos quería era a alguien teniéndole compasión y que estuviera detrás de ella como si fuera una niña pequeña de cinco años. Cuando estuvo fuera del edificio, sacó un paquete de cigarrillos de su bolso y nerviosa, dudó en encenderlo. Estaba por hacerlo cuando Brick se lo arrebató y lo tiró al suelo para luego pisarlo.
- ¿Qué crees que haces?
- ¿No piensas dejarme en paz?
- No tomes decisiones apresuradas en momento críticos.
- Mira, Brick - soltó con acidez -. No soy el tipo de persona que crees que soy, no quiero nada que me relacione contigo así que agradecería mucho que dejaras de arrastrarte como perro faldero detrás de mi, porque si en algún momento creíste que me tendrías en la cama como cualquiera de todas tus otras conquistas, estás muy equivocado. Sólo te soporto por Astrid, así que no hay nada que nos una que no sea ella, no te sientas obligado a "cuidarme", soy lo bastante mayorcita como para hacerlo por mi misma.
Sacó el teléfono de la bolsa y mandó un mensaje rápidamente sin dignarse a ver la expresión sorprendida del chico, quien a los segundos se retiró furioso. Cuando llegó a su departamento, observó a través de la ventana que un chico con casco negro y ropa del mismo color, se estacionó junto a ella. Se quitó el casco dejando ver una cabellera castaña y la tomó de la cintura atrayéndola hacia él. Momoko no se resistió, al contrario, dejó caer la cabeza sobre su hombro y la observó negar. Intercambiaron un par de palabras y luego ella se subió a la moto, abrazando al chico fuertemente por su cintura. Apretó la mandíbula enojado, tal vez no debió ser tan presuntuoso con ella y menos acorralarla, aunque admitía que le habían dolido las palabras de la chica. Por otra parte, el chico de la moto era Mitch.
Gracias a pato262, Yin-princesa-del-olvido, violeta5006, Lenka387, Lady-Faint-Hearted, sombra02, KtaMiauXD y Kira Murasaki-chan.
Me es gratificante informar que mi tercera historia publicada cumple un año el día de hoy, veintiocho de diciembre. Todavía recuerdo que lo publiqué minutos antes de salir de viaje. Espero critiquen mi historia en reviews, me encantaría saber su opinión sobre la historia, lo que le falta, lo que más les gusta, si debo mejorar, qué piensan del desarrollo, etc. Me complace escribir que todo lo debo a ustedes, jamás creí que llegaría a gustarles la historia.
¿Review?
Neith15
