Tras ver por un momento a lo lejos a esos muertos vivientes huyendo, Hammer echó una mirada hacia adelante. Aquella pelea contra esos zombies lo había sacado del tren, el cual llevaba ya una gran delantera, haciendo imposible el poder alcanzarlo, por lo que no le quedó más remedio que terminar su camino a Ponyville. Mientras caminaba, contempló todo lo que había a su alrededor. Aquellas enormes praderas ubicadas alrededor de las vías daban la sensación de que, aun no viviendo gente alrededor, aún habría paz en estos lugares, dada la situación de los muertos vivientes. El sol estaba ocultándose, pero aún daba un calor algo agradable; y esto, sumado al viento algo frío, era algo realmente distinto a cómo vivía antes.

Pronto, tras caminar y pensar en estas y otras muchas cosas antes mencionadas, recordó de repente, ¡Tenía alas…! Tras lamentarse el poco uso que les había dado en los últimos momentos, las alzó y comenzó a volar rápidamente; después de todo, aprovecharía el no tener nada que llevar, solo su martillo y su correa para sostenerlo; ya conseguiría sus cosas más tarde.

Luego de varios minutos de vuelo, se dio cuenta de que las vías se desviaban a la izquierda, esto debido a que adelante se encontraba un bosque de aspecto oscuro y tenebroso. Intentó pasar por arriba, pero al ver la gran cantidad de monstruos a lo lejos, decidió seguir en tierra a pie, pasando por las vías del tren.

Mientras caminaba en la doblada (al otro lado del bosque había un acantilado), vio a lo lejos otra sorpresa... a lo lejos estaban, algo abiertos y desparramados: el baúl y las alforjas. Hammer agradeció su buena suerte a su amiga, quien al parecer, tras darse de su ausencia, fue al compartimiento y tiró lo perteneciente a él a su suerte (aunque con cierto esfuerzo de su parte). Se habría alegrado un poco más, de no ser porque un par de changelings habían venido del bosque a revisar y quedarse con lo que era de él. Así que, viendo las circunstancias, corrió rápidamente hacia ellos

- ¡Oigan! ¿Que hacen con mis cosas?

Los changelings lo vieron, pero no se inmutaron. Hammer, dándose cuenta de aquella reacción, corrió hacia ellos, martillo en boca. Tras esto, ambos changelings se colocaron en posición de pelea y se separaron. Hammer intentó dar un golpe a uno, pero éste lo esquivó, retrocediendo de un solo salto. Cuando Hammer intentó prepararse para atacar de nuevo, el otro changeling lo tomó por detrás, intentando ahorcarlo. Viendo que estaba en una situación difícil, persiguió al que atacó al principio, quien corrió hacia el bosque. Cuando él entró al bosque, no pudo dar cinco pasos, y una gran multitud de changeligs lo atrapó y lo inmovilizó. Hammer intentó zafarse de aquella multitud, pero pronto comenzó a darle sueño, viéndose obligado a rendirse y dormir.

Cuando despertó, era otro día. Se encontraba en un círculo raso de color verde en medio del bosque. Intentó moverse, pero una extraña masa viscosa y verde lo impedía moverse, así que, dadas las cirscunstancias, no le quedó otra más que esperar, ya le harían algo sus captores.

Esperados unos momentos, llegaron por fin algunos changelings (claro que él no sabía todavía lo que son), pero uno sobresalía de los demás, pues llevaba un collar oxidado en el cuello. Ya sentado frente a Hammer y sonriente, le dijo:

- Muy bien amigo mío, sé bienvenido al Campamento Secreto Changeling del Bosque Everfree. Yo soy el líder, Elrick. Siéntase a gusto antes de negociar, no le haremos daño por ahora. ¿Como se llama usted?

- Bueno... me llamo Hammer Barbaric -respondió, pero comenzo a sentir un dolor en la cabeza mientras hablaba -, vivía en una aldea al sur de Ecuestria, hasta que vino ese Ejército Gris, el cual destruyó toda nuestra aldea, obligándome a ir...

- Muy bien -interrumpió Elrick-, veo que hay algo en común entre nosotros. Fue ese Ejército quienes nos echaron de nuestra tierra, Badlands. Tras despojarnos de nuestras tierras, nuestra reina, Chrysalis, nos ordenó separarnos en grupos iguales a éste, por todo el norte. Queremos volver a casa, pues tanta luz nos incomoda, y los árboles no ayudan tanto. Ahora dime, ¿Cómo son esas bestias?

- A ver... eran muertos vivientes, los cuales al invadirnos tenían un horrible aspecto. Al principio solo golpeaban, pero ahora han aprendido a usar garras. Su símbolo es...- en ese momento se había dado cuenta de que estaba atrapado-, ¿Me podrían liberar? Así podría dibujar ese símbolo.

Elrick, tras pensarlo un momento, finalmente levanto el cuerno, derritiendo la masa y liberando a Hammer, quien se sentó frente a él y sin apuro dibujó la estrella de 8 puntas.

- Vaya, ese símbolo... no sé si es creativo, pero bueno...

- Muy bien, ya dí explicaciones -dijo Hammer- ahora quiero saber, ¿quienes son ustedes?

- Ok, no te lo dijimos al principio, ¿no? -respondió Elrick mirándose-. Ok. Somos changelings, seres oscuros con piernas ahuecadas que se alimentan del amor y la felicidad de otros seres. Pero por ahora no le haremos daño a ningún pony.

Hammer se quedó en silencio, manteniendo su seriedad.

- Muy bien, ya hemos intercambiado información, ahora empecemos los negocios. ¿Hacia donde ibas antes de encontrarte con los nuestros?

- A Ponyville.

- Ponyville? Vaya, esto lo hará más facil. Muy bien, traigan la comida. Este tipo me cayó más que bien.

Tras la orden apareció un changeling con una canasta con manzanas, el cual dejó en el suelo, frente de Hammer.

- Gracias -dijo Hammer mientras tomaba una manzana, sin obtener respuesta.

- Perdón Hammer por no explicarte eso. Sólo los líderes podemos hablar con las otras razas. Los demás se reducen a gruñir, reír y seguir órdenes. Ahora vamos al grano. Te llevaremos a Ponyville y te devolveremos lo que te hemos quitado al principio, si te deshaces de un monstruo, quien vive cerca de donde nosotros estamos. Sin trampas ni desvíos ¿ok?

De inmediato se levantó Hammer, haciendo lo mismo Elrick. Guiados por éste último, fueron ambos y otros cinco changelings.

- Muy bien... ¿pero de qué monstruo se trata?

- De una hidra de cuatro cabezas. Queremos hacer esto porque cada cierto tiempo nos molesta y termina atacando a los nuestros. Por cierto, no irás desarmado -dicho esto, uno de los que estaban detrás le devolvió el martillo y la correa para sostenerlo.

- Gracias, ¿y donde se ubica?

- Está poco lejos de aquí, en un pantano del cual no recuerdo el nombre. Ya verás el cómo ten enfrentarás contra él.

Caminaron por varios minutos entre los árboles, ahora ya no tan tenebrosos a la luz del día, para llegar finalmente al pantano, en el cual vivían varias ranas e insectos. Todos entraron, menos Hammer, quien no lo conocía, por lo que tenía cierta repulsión al lodo y a los nenúfares. Elrick se dió cuenta de aquello, y se dio la vuelta para verlo.

- Oye, la hidra está por aquí-le dijo algo enojado e impaciente-, no te llevaremos a rastras ni te levantaremos, ¿Acaso nunca has tocado lodo?

- La verdad, no - respondió Hammer algo avergonzado-, donde vivía, el agua se secaba en diez segundos.

- Bueno, da igual - dijo Elrick con rabia-, si quieres tus cosas, entra luego, ¿acaso nosotros tenemos miedo? - dicho esto, la escolta se puso a reir.

Hammer, de a poco comenzó a pisar el fango. Al principio le dio cierta repulsión esa tierra viscosa, pero pronto se dio cuenta de que era tibia y suave, y no hacía ningún daño. Al verlo los changelings aplaudieron, no se sabe si burlona o animosamente. Ya en medio del pantano, le preguntó a Elrick:

- Bien, ¿ahora que haremos?

- Muy bien, a ver... al parecer el monstruo no está por aquí, probablemente esté escondido. Lo que sabemos es que duerme por aqui y permanece escondido...- de repente miró a Hammer-, golpea el suelo con el martillo.

- ¿Para que?

- Eso llamará la atención -repondió algo impaciente-, ¡Ahora hazlo!

Hammer, un poco asustado por el grito, levantó el martillo, para luego dar un gran golpe contra el suelo con todas sus fuerzas, salpicando de lodo a todos los que estaban allí y retumbando un poco el suelo. Viendo que el golpe no surtió efecto, Elrick le sugirió a Hammer elevarse para asestar un golpe más fuerte. Hammer obedeció volando hasta una alta distancia en el aire, para caer rapidamente en picada y dar el martillazo definitivo al suelo. Tras el golpe, retumbó con fuerza el suelo, y de todas partes salió el lodo, salpicando a todos y haciendo huir a todos los que estaban allí, a excepción de nuestros protagonistas, quienes se juntaron para esperar el momento.

- Y... bueno... ¿cual sería el plan?

- Ñeejee...

- ¡Silencio! Solo resta esperar.

- ¿Y si el monstruo apare...?

- ¡Ñeeee!

- ¡Shhhh! Pues... nos separaremos para llevar a la bestia al acantilado, para de esa forma... tú ya sabes.

Esperaron formados en silencio un momento, hasta que por fin, se levantaron las cuatro cabezas que conformaban la enorme e imponente hidra, las cuales, al ver a aquellos ponys, no dudaron en dar un enorme e intimidante rugido, el cual retumbó en todo el pantano e hizo huir a todos por los aires, menos a Hammer, quien decidió esperar, no sin miedo, el primer movimiento de la criatura. Y lo primero que hizo ésta, fue alargar sus cabezas para perseguir a la primera cosa quieta que estaba al frente de él. Pero Hammer, volviendo a tomar conciencia en sí, corrió rápidamente hacia una montaña, justo a tiempo para no ser devorado por la bestia. Pero mientras la escalaba, la bestia lo seguía rápidamente y sin querer detenerse.

Finalmente, tras aquel momento de resiliente persecución, Hammer llegó a lo que parecía un precipicio más o menos alto, donde antes de llegar y volar, se escuchó un "¡Ahora!" para luego recibir un mordisco en la cola por parte de una de las cabezas, del cual no pudo zafarse, quedando colgado en el aire. Pero, ¿qué le ocurrían a las otras cabezas? miró a los otros lados, y se dió cuenta de que habían sido enceguecidas por la misma masa gelatinosa con la que había sido apresado. Los changelings habían preparado una emboscada al lado del precipicio atacando a las bestias e ímpidiéndolas ver a su alrededor. Pero la que le mordía la cola aún lo mantenía sujeto, por lo que le arrojó el martillo a la barbilla; y ésto, sumado al codazo de Elrick, aturdirdieron a la criatura. Hammer rápidamente reanudó el vuelo y tomó su martillo en el aire; el no tener alas le habría provocado una caída en el precipicio.

Tras regresar a tierra, se colocó detrás de la bestia, y junto a él, se le aparecieron los otros seis changelings. Hammer se sentía victorioso de aquella escena, aunque también enojado por ser abandonado al principio. Pero pronto los changelings corrieron hasta la bestia para empujarla. Y Elrick, tras darse cuenta de que Hammer no estaba ayudando, le gritó enojado:

- ¿Oye, no vienes? ¡Tenemos que empujar a la bestia al precipicio!

- ¡Oh! ¡Lo olvidé!- respondió Hammer, y corrio hacia la bestia.

La hidra movia desesperada sus tres cabezas despiertas, pero ninguna logró golpear a Hammer mientras corría hacia ella. Ya cuando llegó, todos intentaron empujar con toda su fuerza a la hidra, sin éxito. Hammer dijo con tristeza tras el intento:

- Bueno, lo intenta...

- ¡Esperen! ¡Solo nos queda una cosa por hacer! Bien Hammer, espero que seas tan fuerte como te ves.

- ¿Por qué?

- Siento no haberte dicho tampoco sobre esto, amigo, pero no queda otra. ¡Ahora!

Dicha la orden, en un abrir y cerrar de ojos, tras una llama verde todos los changelings se convirtieron en Hammer. Éste quedó asombrado por lo que había visto, pero tuvo que reponerse tras darse cuenta de que estaba al lado de una hidra que debía empujar. Pronto los otros Hammers lo ayudaron, y tanta fuerza junta obligaron a la bestia a retroceder lentamente hasta finalmente caer al precipicio. Pero por suerte la bestia sobrevivió, ya que la caída no fue tan alta, y el suelo también era de fango.

Todos, tras la pelea, se recostaron en el suelo. Los changelings regresaron a su forma original y Hammer miró su martillo un momento, pues le había surgido una duda.

-Oye, Elrick...

- ¿Sí?

- Pero esa bestia, ¿no está en el mismo lugar que antes?

- No, está un poco más alejado, pues el lugar está dividido por el precipicio, pues ése es el acceso entre ambos lados.

- Ah, ok. ¿Pero si la bestia regresa?

- No te preocupes. Tendremos tu forma para ese momento.

Hammer se relajó un momento. A lo lejos se oían los gritos de la hidra, pero ya era cosa del pasado. Unos minutos después, volvieron a donde habían empezado. Estaba cayendo el sol y los árboles ya empezaban a dar de nuevo el aspecto oscuro y siniestro de la noche, los changelings se preparaban para dormir, pero al ver a los victoriosos, de inmediato se presentaron frente a Elrick, quien les dijo entusiasmado:

- Señores, hemos salido victoriosos . ¡La hidra ha caído!

Tras esto, todos estallaron en vítores y gritos. Y como eran un buen número, el ruido se volvió enorme, por lo que a Elrick le costó por un momento silenciarlos. Ya mansos de nuevo, les dijo:

- Pero bueno, no pudimos hacerlo sin la ayuda de este forastero, ¡Hammer Barbaric!

Luego le levantó la mano a Hammer y todos estallaron en golpes al suelo con los cascos, pues alguien así debía ser celebrado de esa manera. Pero Elrick siguió hablando.

- Muy bien Hammer, aquí están tus cosas, tal como te prometí.

Dicho esto, le devolvieron a Hammer su baúl y alforjas, y, aún con los vítores, le dijo Elrick que lo llevaría a Ponyville de inmediato. Hammer lo siguió escondido entre los changelings. Mientras caminaban, Elrick siguió hablando.

- Debes considerar una última cosa con nosotros. Somos enemigos de cualquier otra raza de ponis, por lo que nadie debe saber de nosotros. Así que, no se lo cuentes a nadie, ¿ok?

- Muy bien, lo prometo.

- A cambio, cuando quieras pasar del bosque Everfree, siempre habrá un sendero abierto para tí. Aún estamos averiguando sobre ciertas especies, así que ten cuidado cuando pases. Y llámame cuando tengas una expedición, ¿vale?

-... ok.

Ya salían del bosque para ver los primeros rayos de la puesta de sol, cuando Elrick encendió su cuerno, y de repente Hammer comenzó a sentirse adormecido pero aún consciente.

- Bueno amigo Hammer, este es el adiós. Siento hacerte esto, pero ésto hará tu bienvenida más saludable a Ponyville. Solo recuerda caminar en línea recta, y en cosa de minutos estarás en tu casa.

- ...Ahhh...

Hammer siguió caminando hacia adelante, sin importar si estaba adormecido. Tras varios minutos de caminata, llegó a ver lo que parecían casas, y comenzó a oír voces de todas partes.

- Por las manzanas de Ecuestria, ¿quien es ese de allá?

- Uhhm... ¿Se encuentra bien, señor?

- ¡El horror! ¡Le hicieron algo a este hombre!

- No os preocupeis, pueblo mío; sólo fue un pequeño hechizo.

Hammer decidió hacer caso omiso de alrededor cuando finalmente cayó al suelo para dormir. Había llegado a su meta.