CAPITULO 8: ENTRE LIBROS Y LIBROS.

*** GUILFORD, INGLATERRA — ACTUALIDAD (Primavera 2004) ***

—¡Por Merlín! —exclamó Rebeca llevándose la mano al pecho tratando de componerse. —Erik, ¿qué haces aquí?

El aludido que estaba sentado con los pies sobre un escritorio de fina madera se fue para atrás por el grito de la rubia y estuvo a punto de caer al suelo. El libro viejo que sostenía no corrió con la misma suerte y salió volando a los pies de la bruja. Ella con un movimiento de varita lo levantó del suelo hasta que llegó a sus manos.

—Perdón por asustarte. —dijo el muchacho levantándose del asiento y limpiando la orilla del escritorio donde momentos antes habían estado sus pies.

—No me molesta que estés en mi oficina sin invitación, pero maltratando los muebles es algo que no permito. No los estoy educando para que se comporten así —dijo ella en tono recriminatorio y volteó la vista al libro que aun sujetaba en la mano. —Elaboración de pociones avanzadas... —susurró leyendo el título del libro sin permitir que el joven pudiera defenderse de la primera acusación. —¿De nuevo leyendo este libro?

—Eh… sí. Tiene tips muy interesantes ese príncipe mestizo. —dijo con rapidez agradeciendo el cambio de tema. —Buscaba si había otro truco para perfeccionar el hechizo Sectumsempra. Me encanta ese hechizo

—No lo hay —respondió secamente.

—¿Cómo lo sabes? ¿Conociste al dueño del libro? ¿Fue un miembro de los Bessat?

—Conocí al dueño hace muchos años. De hecho, esta es una copia del libro original. Él nunca supo que Annie Deyant lo duplicó mientras estudiaba en Hogwarts, pero al igual que tú, él hechizo Sectumsempra me maravilló y quise aprenderlo a escondidas. No resultó muy bien la primera vez que vi sus efectos, mi mejor amiga estuvo a punto de morir. Así que deben tener cuidado con las maldiciones oscuras.

—Con que clonando libros… —dijo Erik con tono pícaro. —Lo bueno es que no nos educas para que nos comportemos así —terminó de decir dejando escapar una sonora carcajada.

—Son cosas completamente diferentes. El conocimiento que no se comparte carece de valor. El príncipe no quería compartir mucho sus conocimientos ni hallazgos. Con dificultad logré que me enseñara una cosa o dos. Además, fue en venganza por algo que él me hizo. Desde su tumba espero que nos esté dando las gracias por darle utilidad a su hechizo. —caminó al lado contrario de la oficina y llegó a una repisa en donde depositó el desgastado libro.

—Y nos agradecería aún más si lo perfeccionáramos y que el efecto sea más rápido. Pude haber matado a Vanessa y a Harry Potter en el Ministerio de Magia si las heridas hubieran sido más profundas.

—No busco matar a Potter, mucho menos a Vanessa, no puedo hacerlo. —dijo con firmeza —Eso significaría atraer toda la atención del ministerio. Debemos seguir manteniendo un perfil bajo para que se aburran de buscarnos.

—Lo siento Rebeca, tengo que irme —dijo el muchacho que tenía la mirada clavada en la palma de su mano, claramente ya había dejado de ponerle atención. —Se va a poner muy interesante. ¡Deséame suerte!

—No se trata de un duelo con Chris, ¿verdad? —preguntó al reconocer el destello negro que llevaba su mensaje y que formaba parte de la comunicación entre los Bessat.

—Para nada —dijo el muchacho dando la vuelta al escritorio para llegar a la puerta. —No tiene nada que ver que hoy haya besado a su novia. —Le dedicó una sonrisa guiñándole un ojo y cerrando la puerta tras él.

Rebeca puso los ojos en blanco y se dejó caer en la silla. A pesar de que ya tenía a varios magos expertos en ciertas áreas y que ellos le ayudaban a continuar con la enseñanza de sus pequeños pupilos, su día terminaba igual: Con un cansancio severo y desgaste emocional de tener que lidiar con todos ellos y sus problemas adolescentes. Giró el rostro hacia una amplia ventana que estaba a su izquierda y observó su reflejo poniendo especial atención a las marcadas ojeras que provocaban que su cara se viera más pálida. Después regresó su atención al escritorio para asegurarse de que los cajones continuaran cerrados ya que a pesar de que permitía que cualquiera de su familia entrara, aún tenía muchos secretos y expedientes que ellos no debían conocer. Se recargó en el respaldo de la silla y se quedó así durante unos segundos, pero repentinamente se puso en modo de alerta y regresó corriendo a la repisa donde había dejado el libro. Con manos nerviosas y pulso acelerado empezó a hojear el libro mientras sus ojos recorrían de esquina a esquina los márgenes buscando algo muy importante.

—No recordaba que las recetas de esas pociones seguían aquí. Es un alivio que esté disfrazadas de poción quitamanchas. —suspiró aliviada llevando el libro hacia su pecho. —Pociones demasiado inocentes para captar la atención de Erik o cualquiera de mis niños y al mismo tiempo bastante peligroso de que caiga en las manos equivocadas. —lentamente regresó a su escritorio y con un movimiento de varita abrió el último cajón de la derecha. Metió el libro hasta el fondo donde sólo ella pudiera localizarlo y sonrió satisfecha. —Lo siento Erik. Ya no hay nada más que puedas aprender de ese libro.

—Rebeca, ¿estás ahí? —se oyó la voz de una joven quien después de llamar a la puerta, entró.

—Hola Cass, mi niña pelirroja —la saludó Rebeca invitándola a que se acercara y se sentara frente a ella.

—Ya no soy la única pelirroja aquí —contestó la otra con algo de exasperación en la voz al tiempo que tomaba asiento sin sacar las manos de los bolsillos de su gabardina negra. —Y hace años que dejé de ser una niña.

—Por el humor que traes puedo deducir que las cosas no te van bien en el Ministerio. No hemos podido platicar mucho estos días.

—Hermione Granger es una bruja muy fastidiosa y mandona. A veces me deja muchos deberes. Hoy toda la mañana estuvimos en una misión para evitar que una casa se desplomara por una plaga de Bundimun. ¡Esos hongos horribles, apestaba a podrido!

—Sé que no quieres estar ahí, pero ya que Walter no está con nosotros necesitamos a alguien en el Ministerio. Es un gran sacrificio por el bien de toda la familia.

—Lo hago sólo porque se trata de ti. Así que no me queda nada más que poner buena cara. Aunque no estaría mal que me moviera a un departamento más interesante… ¡Ya sé, ya sé! —exclamó luego de que la rubia la taladró con la mirada —debo estar en un departamento donde no llame mucho la atención…

—¡Por el bien de la familia! —dijeron al unísono.

—Tenme algo de paciencia. Sólo llevo un año como una bruja asalariada, aun no me acostumbro. Por lo menos ya conseguí lo que querías. —dijo la joven quien del interior de la gabardina sacó un sobre y lo colocó en el escritorio. —Aquí tienes.

—¡Wow! ¿Es en serio?

—Así es. Dayan Ivancov está libre del detector. Gracias a mi jefa logré colarme en el Departamento de Seguridad Mágica y hacer algunas travesuras en la oficina contra el uso indebido de la magia. En cuanto tú lo ordenes podremos reclutar a esa chica.

—Excelente, excelente. Has hecho un muy buen trabajo. —le felicitó Rebeca abriendo el sobre y sacando varios pergaminos. —Correcto, correcto… ya tiene 12 años de edad, se ve muy pequeña… No vive muy lejos de aquí, será sencillo. En estos momentos aún está en Hogwarts, tendremos que esperar hasta las vacaciones antes de hacer algo.

—¿Esta chica porque es especial? —preguntó Cass con curiosidad.

—Tengo la sospecha de que es una legeremante increíble, pero ya sabes cómo funciona mi poder. La mayoría de las veces sólo detecto que hay algo especial y hasta no tenerlos frente a mi es cuando descubro donde radica su don. Hace años que le estoy siguiendo la pista.

Con un movimiento de varita uno de los cajones del escritorio se abrió y salió un libro con una cubierta color morado oscuro que se colocó sobre el escritorio. De forma inconsciente Cass frunció el entrecejo al descubrir que en el título de la portada estaba grabado el nombre de Dayan con letras doradas. Rebeca hojeó un poco entre las páginas que contenían algunos informes y lo que parecían ser recortes de periódico hasta que llegó a páginas en blanco. Hizo otro movimiento con la varita y los pergaminos se adhirieron al libro como si siempre hubieran formado parte de él. Lo cerró y lo regresó al cajón que estaba a su derecha. Una vez que terminó el trabajo, un tercer movimiento de varita selló el cajón para que nadie más que ella tuviera acceso a la información.

—¿Eso es un expediente? ¿Existen para cada uno de nosotros?

—Así es cariño, todo debe quedar registrado.

—¿Dejarás que vea el mío alguna vez? —preguntó mordiéndose el labio y anticipando cual sería la respuesta, de todos modos debía intentarlo.

—No lo creo. No hay nada interesante—contestó con sequedad e intentando de dibujar una falsa sonrisa para ocultar su molestia por la pregunta —¿Tienes algo más que decirme?

—Eso era todo. Ya me voy a la cama. —dijo la muchacha poniéndose de pie captando la indirecta y tratando de controlar la ola de sentimientos que se estaban abriendo paso en su mente. ¿Acaso su propia vida no era interesante? ¿Qué había querido decir Rebeca con eso?

—Te acompaño.

—No es necesario, debo ir a la enfermería primero. —contestó Cass quien ya le había dado la espalda y se aproximaba a la puerta. —Me siento un poco agripada, no quiero enfermarme. Te ves cansada así que deberías ir a descansar.

—Me parece una excelente idea. Gracias. A partir de aquí me encargaré yo del tema de Dayan. Cuando llegue el momento les dejaré saber mis planes para que nos organicemos a ir en una nueva misión.

La joven asintió y se esfumó en el aire aprovechando su habilidad de desaparición a pesar de que la rubia le había pedido que evitara lo más posible usarlo dentro de la casa.

Rebeca por su parte salió de la habitación y siguió por un pasillo alfombrado e iluminado por varias lámparas redondas con luz blanca artificial, pocos eran los rincones donde no alcanzaba a llegar la luz. De repente sintió un tirón en su mano izquierda y un destello color dorado se enredó en su muñeca hasta deslizarse a la palma de la mano. Un breve mensaje se dibujó antes de convertirse en humo.

Mi cabeza sigue siendo un caos. Ayuda.

La bruja sonrió como si se tratase de una broma. Sacó su varita mágica apuntando al aire y una luz morada salió de ella serpenteando en búsqueda de su destinatario.

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—¡Maldición, me asustaste! —gritó una brujita de baja estatura y ojos pequeños y oscuros que acababa de dejar caer un tubo de ensayo que se hizo añicos en el suelo. —Creí que Rebeca te había prohibido que te aparecieras así entre las habitaciones, Cass… ¡Reparo!

—Lo siento, Luna. —dijo la otra en tono de disculpa sorbiéndose la nariz y se dejó caer en uno de los bancos que rodeaban una mesa alta llena de frascos y más tubos con líquidos humeantes y burbujeantes. —Espero no haber arruinado nada importante.

—No es nada, sólo un poco de poción crece huesos. Escuché que Chris y Erik están teniendo un duelo en el patio, sólo me estaba preparando por si acaso. Ya sabes cómo es ese par. ¿Qué te ha traído a mi humilde enfermería? No te habrás roto otra pierna, ¿O sí? —preguntó la joven quien la miró exhaustivamente de pies a cabeza y después le tocó la frente y colocó las manos en las mejillas de la pelirroja con delicadeza para asegurarse de que no tuviera temperatura.

—Estoy bien. —mintió la otra y de nuevo se sorbió la nariz.

—¡Oh, pequeña… ¿Qué tienes?! —dijo Luna preocupada y de la nada la estrechó entre sus brazos dándole un gran abrazo. Al instante sintió como la otra se lo correspondía dejando escapar un débil gemido acompañado finalmente de un llanto contenido. —Sé como curar muchas enfermedades, pero aun no sé como curar la tristeza. No llores o también lloraré. —se separó de ella y Cass hizo lo mismo limpiándose las lágrimas con la manga de su gabardina.

—No me hagas caso. Son únicamente tontos pensamientos que me hacen ponerme así. —confesó la pelirroja. —Sólo venía por algo para el dolor de cabeza y ya me voy.

—No, no, no, señorita. —dijo la otra cruzándose de brazos y entrecerrando los ojos —Llegaste de la nada asustándome, con una cara terrible y te has puesto a llorar. ¡Ahora exijo que me digas lo que te pasa!

—Es Rebeca, me dijo algo que me hizo pensar mucho en mi pasado, ¿nunca te lo has preguntado? ¿Qué fue de nuestras vidas antes de llegar aquí?

—¿Quién se preocuparía por eso cuando se tiene todo lo que se puede desear? —contestó encogiéndose de hombros y señalando a su alrededor. —En ningún otro lado podría encontrar este paraíso personal.

—Es lo mismo que dice Valeria.

—Deberías hacerle caso y no preocuparte por esas pequeñeces… A veces saber demasiado sobre uno mismo puede traer más tristezas de las que ya se tienen. —la rodeó con los brazos y la reconfortó nuevamente. —Ahora toma un caramelo en lo que decido que poción darte para el dolor de cabeza.

—Así que por eso los chicos vienen a verte tan seguido… Aman tus caramelos.

—No es por eso, es porque soy muy popular. —respondió Luna entrecerrando los ojos.

Cass en medio de la situación se rio bajito, desconcertando a la otra.

—¡Por Merlín! ¿Acaso te volviste bipolar? Que miedo me das.

—No es eso. —contestó Cass sujetándola del brazo cuando pasó por su lado para dirigirse a unos estantes con cajones llenos de ingredientes. —Pero a ti no te quedan las miradas furiosas entrecerrando los ojos. Lo único que logras es que parezca que estás tratando de dormir con esos ojos rasgados que tienes.

—¡Oye! —se quejó Luna Mckinnon que inconscientemente lo hizo de nuevo y Cass rio. —No es mi culpa tener ascendencia asiática… Ustedes los europeos no son tan perfectos, aun así, te quiero. —se dio la vuelta y se dirigió a un escritorio al otro lado de la habitación en donde hizo una floritura y apareció ante ella un libro morado con detalles dorados que con ayuda de la varita mágica examinó hasta llegar al final para leer rápidamente el contenido y pasando miradas hacia Cass que ya se había levantado del banco e iba directo a ella. Luna hizo otro movimiento de varita y el libro desapareció

—Espera, ¿Qué es eso? —quiso saber Cass cuando llegó a su lado, Luna no contestó y fue de nuevo a los estantes con ingredientes. —Son los expedientes de Rebeca, MI expediente, ¿verdad? ¿Por qué tu si puedes verlo y yo no?

—Necesito saber a qué hechizos o pociones has estado expuesta en los últimos meses para saber que puedo y que no puedo darte. Todo con fines de sanación y ya. —contestó Luna y forzó una sonrisa. Rodeó el escritorio por el lado contrario en donde estaba Cass y se dirigió a la mesa donde tomó algunos frascos y los empezó a mezclar nerviosamente.

—Luna… Necesito que me digas lo que hay en ese expediente.

—No puedo.

—¡Por favor!

La otra meneó la cabeza de lado a lado.

—¿Tienes idea de lo que me haría Rebeca si se entera que te dije algo?

—No se va a enterar si no le dices… Sólo necesito saber un poco, amiga, ayúdame por favor.

Luna se mordió el labio e inhaló profundamente.

—Esta bien, te diré sólo una cosa, pero debes saber que no es el expediente completo, lo que yo recibo sólo tiene información sobre sus accidentes, heridas por hechizos, enfermedades y cosas así.

—No importa, con sólo saber algo estaré feliz e incluso creo que podré dormir mejor.

—Yo opino que será todo lo contrario, mejor ya toma esto y ve a descansar, yo sé lo que te digo.

—¡Luna!

—Si nos descubren y termino como Walter, prometo que regresaré como fantasma o poltergeist para castigarte. ¿Recuerdas cuando caíste de la azotea en el callejón Diagon? —Cass asintió. —Aparte de los hechizos y pociones que te di para la pierna, ese día también recibiste un hechizo desmemorizante. De hecho, me atrevería a decir que has recibido varios hechizos así en los últimos diez años. Alguien no quiere que recuerdes algo importante.

—Rebeca… —susurró Cass llevándose ambas manos a la boca.

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Rebeca Bessat llegó hasta una gran puerta de madera que abrió de par en par. Una vez dentro no pudo evitar el mirar hacia arriba hipnotizada por los rayos de luna que se colaban por la cúpula de cristal. La estancia donde ahora se encontraba era circular y bastante amplia; grandes estantes llenos de libros seguían la silueta de la habitación con estantes de menor altura uno frente a otro formando una media luna. En el centro se encontraban varios artefactos mágicos de extrañas texturas y tamaños, algunos de ellos se sacudían y se golpeaban entre ellos, pero no emitían ningún sonido debido a la vitrina de cristal en forma de cono que los rodeaba. Había unas escaleras en la esquina izquierda contraria a la puerta, las cuales llevaban a un primer piso cercado por un elegante balcón seguido de más pasillos y altos estantes.

La rubia de ojos oscuros entró con paso decidido, pero se detuvo en cuanto vio que en una de las mesas frente a la vitrina se encontraba otro de sus muchachos.

—William —lo llamó al tiempo que se acercaba al joven mago moreno y de cabello crespo. —Ya es muy tarde, deberías estar en la cama.

Él despegó la vista del libro que estaba sobre la mesa y Rebeca puso los ojos en blanco al descubrir que los parpados del chico estaban hinchados.

—Lo siento. Se me fue el tiempo volando, pero quise venir a investigar un poco. —se estiró al percatarse de que ya le dolía la espalda de estar tanto tiempo en la misma posición. —Esta biblioteca es impresionante. ¿Por qué no nos habías traído antes aquí?

—Tú viviste aquí un par de años cuando eras un bebé. —le dijo Rebeca sonriendo tranquilamente y sentándose frente a él. —La casa tenía un hechizo de protección que colocó Walter, pero como murió me ocupé de ello. Por eso volvimos hasta ahora.

—¿Casa? Esto es una mansión. Nunca debimos irnos.

—Lo sé —la bruja suspiró —ciertamente me trae gratos recuerdos este lugar. Y todo lo que hay puede ayudarles a ustedes en su formación mágica.

—Yo sólo recuerdo la temporada que vivimos en Francia con Walter y Annie. ¿No habrá utilizado Walter sus habilidades en mí para olvidar, ¿verdad?

Ella negó con la cabeza.

—Tú eres uno de mis mayores orgullos. Desde tu nacimiento te vi crecer y convertirte en el mago que eres. Soy tu única familia y el único al que le confiaría mi vida… espero que nunca olvides eso —puntualizó mirándolo a los ojos y tomando su mano.

—Claro que nunca lo olvidaré. Eres la única guía que conozco y lo más cercano a una madre.

—Si yo llegara a faltar, tú debes hacerte responsable de toda la familia.

—No digas esas cosas Rebeca. Eso no va a pasar nunca. —el joven la miró como si esperara que de un segundo a otro ella dijera que se trataba de una broma. —Hay niños pequeños aquí. No puedes estar pensando en dejarnos.

—No estoy diciendo eso —respondió moviendo lentamente la cabeza de lado a lado. —Pero podría suceder po motivo. Debemos prevenirnos para todo. ¿Me harías el favor de cuidar a nuestra familia si algo me llegara a pasar?

—Sí, si… podría hacerlo.

—Júralo. —Insistió ella tomándolo por el brazo —De verdad eres el único en quien confío.

—Lo juro —contestó Will titubeante.

—Júrame que nunca me vas a traicionar.

—Eso no necesitas pedírmelo. Lo juro, soy leal a ti.

Al instante un hilillo dorado provino del lado de Rebeca quien sostenía con la otra mano su varita mágica, el destello se partió en dos y estuvo a punto de entrelazarse en sus brazos, pero el chico fue demasiado rápido y lo movió.

—¡Wow! Espera, espera. No me dijiste que se trataba de un juramento inquebrantable.

—Will. No te estoy pidiendo nada que no seas capaz de hacer. ¿Puedes lidiar con eso?

—Sí, sí puedo hacerlo, pero por lo menos me hubieras avisado. —se quejó. —Yo sé lo que esta familia significa para ti. No puedo defraudarte.

—Así me gusta —dijo Rebeca alborotándole el cabello. —Lo haremos otro día, cuando estés listo. Ya ve a dormir. Recuerda que tienes lección de Oclumancia mañana. Si no descansas bien, tu mente será como una red de pescar tratando de retener agua.

El chico sonrió y se levantó de su asiento. Hizo un movimiento con la varita y el libro se fue volando hasta un estante.

—Acerca de eso… ¿puedo hacerte una pregunta? —ella sólo asintió, pero se arrepintió en cuanto escuchó el resto. —Es sobre Ginny… el otro día necesitaba ayuda y ella se ofreció a practicar Oclumancia y Legeremancia conmigo y pude ver algo en sus recuerdos diferente a lo que yo sé que pasó. Borraste su memoria ¿verdad?

—A ti no voy a engañarte… Lo hice por su propio bien. Ella estaba muy frustrada por todo lo que estaba sucediendo; su antigua familia, su ex romance con Harry Potter, sus propios prejuicios mágicos y morales. Llevaba consigo una carga muy grande. Sólo le ayudé a que fuera más ligera.

—Pero… hay algo que no entiendo, el hechizo Obliviate borra todo sin dejar rastro, pero en ella hay varios fragmentos que sólo parecen modificados.

—¡Oh, mi niño! Aun te falta mucho que aprender y más te vale que estudies mucho. —contestó poniéndose también de pie y siguiendo al muchacho hasta la gran puerta doble. —Algún día te mostraré mi truco para eliminar sólo los episodios que son necesarios; con ayuda de la legeremancia y aplicándolo en magos más inexpertos controlamos su mente y reemplazamos esos recuerdos por otros para evitar lagunas en los acontecimientos. Tener un par de recuerdos falsos no le hará mal, tampoco es como si los humanos seamos capaces de recordar cada segundo de nuestras vidas. —se encogió de hombros y continuó —Ahora que se muestra más cooperativa, sigo trabajando con ella para conservar sólo lo que nos es útil. A ella no le molesta. Lo mismo aplica con la Oclumancia, debes conocer tu mente a profundidad para que seas capaz de protegerte, de protegernos a todos.

—Está bien, lo comprendo, lo tendré en cuenta y no te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo.

Se disponía a abrir la puerta cuando esta se abrió sin que la tocaran. Ginny emitió una exclamación seguida por una disculpa por estar a punto de golpearlos.

—Ginny, has llegado. —la saludó Rebeca ignorando lo sucedido. —Pasa, te estaba esperando.

—¡Hey! A mi acabas de mandarme a la cama ¿Por qué ella si puede estar despierta hasta tarde? —refunfuñó Will.

—Porque Ginny está en el club de los adultos y tenemos trabajo que hacer —le guiñó un ojo al muchacho quien comprendió a que se refería.

—Ni hablar. ¡Buenas noches, mamá! —respondió saliendo de la habitación y cerrando la puerta tras él.

—Bueno, Ginny, cuéntame cómo te has sentido estos días. ¿El dolor de cabeza continúa? —dijo la rubia abrazándola por los hombros y llevándola al centro del salón.

—Un poco, con menor frecuencia, pero preferiría que se detuviera.

—Me parece que con un par de sesiones más podremos lograr que tus recuerdos vuelvan a la normalidad.

Se colocaron frente a la vitrina y Rebeca sacó su varita mágica con la que dibujó garabatos en el aire dejando un halo de luz morada en cada movimiento. Se oyó un click y la vitrina se elevó del suelo hasta dejar a la vista una escalera que llevaba a un sótano. Ambas entraron y cerraron una reja tras ellas para descender mientras que sus voces se fueron apagando.

—Debes admitir que la acústica aquí es increíble —susurró una muchacha de cabello castaño largo y ondulado quien lentamente se acercó a la orilla del balcón de la biblioteca para observar como la plataforma de la vitrina volvía a su lugar. —Esta familia se vuelve cada vez más interesante, debo irme con cuidado si quiero sobrevivir… ¡Hasta me dieron escalofríos! —una risita escapó de sus labios y se giró hacia el mago alto y de cabello largo que se mantenía muy serio.

—Milly, no puedes decirle a nadie lo que acabamos de escuchar.

Ella bufó y puso los ojos en blanco.

—Vamos John, no es como si realmente me importe lo que le pasa a Ginny. No ganaría nada ventilando esta información así que quita esa cara de susto… ¿O acaso lo dices porque a ti también te borraron la memoria?

—No —dijo llevándose las manos a la cabeza con aspecto preocupado y aproximándose a donde ella se encontraba. —Yo llegué aquí por voluntad propia igual que tú. Recibí una visita de Rebeca antes de iniciar mi cuarto año en Hogwarts y durante tres meses recibí varias lechuzas; algunas de ella, otras de Cassie y de Will insistiéndome en que me uniera a ellos. No tenía nada que perder así que aproveché la batalla que hubo en la escuela hace…

—Cinco años —terminó de decir su compañera —también estuve ahí. —El joven se le quedó mirando sorprendido. —Yo estaba en quinto año cuando eso pasó. Ahora entiendo porque me resultabas tan familiar. —entrecerró los ojos acercándose un poco más a él y continuó —¡Eres un Hufflepuff! De todas las casas de Hogwarts jamás imaginé que encontraría a un hurón aquí. Fuiste de los pocos que murieron en batalla. —recalcó haciendo señas de comillas en el aire. —Hubo una ceremonia en memoria de los caídos… con una foto tuya y flores, por si no lo sabias.

—No, no lo sabía—El joven hizo una mueca nostálgica y suspiró. —Yo a ti no te recuerdo, seguramente eras una Slytherin.

—Fallaste. —Ella sonrió —Soy Ravenclaw. Es más probable que no me recuerdes por otras cosas… soy metamorfomaga, ¿lo habías olvidado? —terminó de decir señalándose a sí misma y jugando con el color y corte de cabello que mágicamente se volvió lacio y corto hasta la nuca y azul eléctrico.

—¿Así que estudiaste llevando un disfraz todo el tiempo?

—¿Y si el disfraz es el cómo me veo ahora? —respondió retándolo a hacer sus conjeturas al tiempo que su cabello volvía a la normalidad. —Sería bastante útil si fuera una espía.

—No intentes jugar con mi mente.

—Lo siento no pude evitarlo. —ella rio y se recargó sobre el barandal. —¿Vas a contarle a Ginny sobre sus recuerdos? Digo, eres su novio. Imagina lo que pensará de ti si se lo ocultas y después se entera. —miró al chico que continuaba con aire pensativo —A menos que estés de acuerdo con lo que hace Rebeca… la verdad no me sorprendería. Si fuiste capaz de abandonar a tu familia para cambiarlo por esto dudo que guardar un secreto más pueda afectarte.

—Milly, tú no sabes nada —dijo él —Y si fuera el caso no creo que seamos muy diferentes dado que también estás aquí.

—Yo por lo menos si terminé la escuela. Fui de las mejores de mi clase. —le respondió con alegría. —John, no nos hagamos tontos, puede que hayamos llegado en caminos separados, pero los dos tenemos la misma misión, ¿o me equivoco?… La pregunta es, ¿Por cuánto tiempo podremos sostener la farsa frente a Rebeca? Protege mis secretos y yo protegeré los tuyos. Cuando llegue el momento te aseguro que puedes confiar en mí.

—Es mejor que nos vayamos antes de que vuelvan a salir. —dijo el mago ignorando su último comentario, aunque sabiendo muy bien a qué se refería.

—Pero si apenas iniciaba el tour de los secretos y los pasadizos de esta casa.

John extendió el brazo señalando el camino de regreso por uno de los pasillos con estantes a sus espaldas y ella a regañadientes lo siguió. Una vez que llegaron al fondo colocó su mano sobre la pared y después de un click se abrió una puerta corrediza.

—John, vas a contarme tu historia, ¿verdad? Debió ser emocionante fingir tu propia muerte.

—Algún día te lo contaré. Hoy no.

—¡No es justo! —fue lo último que se escuchó en el balcón antes de que la puerta corrediza volviera a cerrarse.

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En el próximo capítulo seguiremos con el viaje de Vanessa a lo largo del tiempo. Saludos. Gracias por su reviews y gracias a los que me han seguido para mantenerse al tanto de esta historia.

Un beso.