Los personajes no me pertenecen, son parte del fantástico mundo creado por Toriyama, al igual que Los Juegos del Hambre pertenecientes a la brillante Suzanne Collins.

Summary: Ellos debían tener un ganador y yo, les haría el favor de matar a la única persona capaz de rebelarse contra ellos, el único que pudiese tener una oportunidad de ganarles. No importaba cuánto nos "amaramos", desde que pisamos la arena, supimos que ahora sólo teníamos un único propósito; El de aniquilarnos mutuamente. *A.U* ChichixGoku/VegetaxBulma

Words: 7.534 palabras sin contar notas de autor.

Rated: T.

PP: Chichi/Goku.

UNIVERSO ALTERNO.


Capítulo 8: "La entrevista".

Tuvo que pedirle a número 18 que por favor le consiguiese pastillas para poder dormir, ya que, su cerebro y todo su cuerpo parecían no querer dormirse sin una explicación lógica para ella.

Se tomó dos pastillas de inmediato y poco a poco el remedio le fue dando efecto, pronto se vio en un profundo sueño sin sueños y aquello a la mañana siguiente agradeció completamente.

Se levantó con suavidad y sintiendo su cuerpo aún pesado, casi como si hubiese estado trotando toda la noche en vez de estar descansando.

Salió del cuarto con tranquilidad para ir a desayunar, ahí, como ya era parte de sus días, se encontró con Vegeta y Bulma discutiendo en la mesa, ahora lo que le extrañó es que Goku no estuviese riéndose de ellos o comiendo todo lo que pudiera, tampoco estaba el Maestro Roshi o la estilista del pelinegro.

Se acercó a la mesa sigilosamente y se sentó con tranquilidad.

Bulma, quien tenía una expresión asesina le hizo un desprecio notorio a Vegeta para luego pegar sus ojos celestes en Chichi y sonreír con amabilidad. La chica se sorprendió del repentino cambio de expresión, sin embargo, prefirió guardar silencio.

— ¿Estás lista para hoy, Chichi? —Preguntó la peliceleste—, será tú gran día —aseguró—. Lástima que el Maestro Roshi haya dejado a Vegeta en nuestro equipo —agregó.

La pelinegra pegó sus ojos como el ónix en el rostro imperturbable de su entrenador, quien gruñó con molestia.

— Como al idiota de Kakaroto se le ocurrió la "brillante" idea de ensayar por separados la entrevista, me han pedido que yo te ayudara a ti para tener un poco de desplante con el público —respondió el pelinegro de cabellos en punta. Bulma bufó y el muchacho pegó sus ojos molestos en el rostro erguido de la chica—. No creas que para mí es muy entretenido tener que formar equipo contigo, mujer.

— ¡Es Bulma, Vegeta!, ¡apréndete de una buena vez mi jodido nombre! —Rugió la peliceleste golpeando la mesa con suavidad.

Chichi creyó que lo mejor sería tomar una tostada y comenzar a comer con rapidez, intentando ignorar el hecho de que aquellos quienes tenían que "guiarla" y "ayudarla" se odiaban con todo el alma. Quizá no le ayudarían mucho, pero al menos sabía que tendría cómo distraerse de la presión que se le vendría por el día.

— ¡No me interesa llamarte por tu nombre, mujer! —Puso todo el énfasis en la última palabra, para molestarla aún más, consiguiendo su objetivo.

— Eres un narcisista, idiota, arrogante, eres un imbécil —aseguró la mujer cruzando sus delgados brazos a la altura de su pecho. Chichi bebió de su taza de leche con chocolate con suavidad, mirando un tanto extrañada toda aquella escena.

— Se te olvidó decir "guapo" —sonrió altanero el guerrero, Bulma se atoró con su propia saliva para luego enrojecer ligeramente y soltar una risilla nerviosa.

— Ajá, claro —dijo sarcástica—, también olvidé decir un enano gruñón.

— ¡A quién le dices enano, vulgar! —Rugió el hombre, sonrojándose con fuerzas.

— ¡Pues a ti, enano! —Respondió ella con una sonrisa triunfadora. Vegeta corrió su rostro hacia un lado, aún con las mejillas sonrojadas.

— No sé porqué discuto contigo si eres una mujer vulgar, nada más, no puedo rebajarme a tu nivel inmaduro e infantil —respondió el hombre.

Bulma apretó sus puños con fuerzas por encima de la mesa, fue ahí en donde Chichi se dio cuenta que si no intervenía no obtendría ayuda de ninguno de los dos.

— Bueno… —Susurró la chica—, ¿algún plan para el día de hoy? —Preguntó.

Ambas personas la miraron fijamente, casi como si recién se dieran cuenta que ella seguía ahí en la mesa, mirando todo lo que ambos se decían. Bulma se sonrojó ligeramente pensando en lo infantil e inmadura que se volvía cada vez que se encontraba junto a Vegeta.

— Eh… Bueno…

— No tenemos ningún plan para hoy, chica —cortó Vegeta a Bulma—, Bulma te tiene tu traje listo para esta noche, pero lo que dirás y cómo te comportarás solo depende de cómo quieras actuar para el público —aseguró.

Chichi frunció ligeramente el cejo.

— ¿Y cómo puedo actuar frente al público? —Preguntó la pelinegra sintiéndose completamente ignorante al tema.

— No lo sé, intenta ser amistosa con ellos, está de más decir que te preguntarán el porqué te ofreciste voluntaria por aquella chiquilla…

— Phea —cortó Chichi—, su nombre es Phea.

Vegeta rodó los ojos, sin embargo, decidió que lo mejor sería no discutir con la otra mujer también.

— Tienes que hablar del tema casi como si haya sido que tú te ofreciste como voluntaria porque sentías que el puesto de Hado a Phea le quedaba grande, que no podría con esto y bueno, tú piensas que sí puedes —siguió su entrenador. Chichi frunció el cejo, no le agradaba para nada la idea.

— Cuando termines de desayunar ve a darte una ducha, nos juntaremos en el cuarto que está al fondo del pasillo para intentar ayudarte, ve sin zapatos —aconsejó Bulma con una leve sonrisa en su rostro.

— Sin… ¿Zapatos? —Preguntó, pero no obtuvo respuesta de ninguno de los dos.

Frunció el cejo.

*.*.*.*.*

¡Vaya!, era por esto que Bulma le había pedido ir sin zapato.

Apenas cruzó la puerta que su estilista le indicó fue recibida por unos zapatos que tenían un alto tacón, le parecían sumamente incomodo y se negó rotundamente a colocárselos, sin embargo, fue obligada por ambos muchachos a colocárselos. Tuvo que sostenerse de Bulma para comenzar a caminar.

A cada paso se le doblaba el pie, sin embargo, ya con unos cuantos minutos caminando de ahí para allá pudo hacer el equilibrio para comenzar a caminar de mejor manera… Bueno, un poco mejor.

— ¿Es enserio que esto es necesario? —Preguntó la chica, Bulma, quien estaba de pie a un lado del espejo con ambas manos en sus caderas asintió.

— Cuando estés allá arriba todos verán tus zapatos, tienen que ser lindos obviamente —respondió la muchacha.

Chichi frunció el cejo.

— ¿Y no pueden ser lindos sin este tacón? —Preguntó la pelinegra.

— Los zapatos con tacos te definen mejor las piernas y te harás ver más alta —respondió la peliceleste, la muchacha contrajo el rostro, ¿acaso le estaba diciendo que era baja?

Vegeta, sentado en una esquina del lugar gruñó con molestia.

— ¿Podemos hablar ahora de lo importante del asunto? —Preguntó el hombre gruñón.

Bulma bufó, al parecer estaba en pose de madura porque no le respondió nada.

— ¿Qué es lo importante del asunto? —Preguntó Chichi deteniendo su andar, Bulma la instó para que volviera a caminar mientras tiraba de sus hombros para que anduviera de forma recta.

— Qué es lo que dirás en la entrevista, supongo —respondió Vegeta con su eventual voz molesta.

— Supongo que depende de lo que Marcel me pregunté, ¿no? —Preguntó la chica sintiéndose un tanto irritada.

Vegeta chasqueó la lengua.

— Obviamente, pero, ¿cómo serán tus reacciones, eh? —El pelinegro parecía divertido ante la irritación de su Hado, sobre todo al verla tropezar cada cuatro pasos que daba por culpa de los incómodos zapatos que Bulma le obligaba a usar—. Probemos, yo te preguntaré cosas y tú me responderás como si estuvieses hablando con Marcel frente a todo el país.

— Está bien —susurró la chica con el cejo ligeramente fruncido.

— Debió haber sido muy duro para ti oír el nombre de aquella pequeña niña en la selección, ¿verdad?

Chichi frunció el cejo ligeramente y pegó sus ojos oscuros y entrecerrados en el rostro de Vegeta, quien tenía una sonrisa que le pareció ser una mueca burlona.

Entonces ella supo que aquella pregunta había sido justo para causar el efecto deseado en ella, tragó aire y soltó a la defensiva.

— Obviamente fue duro, ni Phea, ni ningún niño está preparado para ir a la Arena… —Chasqueó la lengua, molesta, mientras no dejaba de dar vueltas en la sala—. ¿Qué clase de pregunta es esa?, es una pregunta estúpida, obviamente fue duro, ¿qué quieres que le responda a Marcel si pregunta eso?...

— ¿Qué tal si intentas responder con alguna clase de encanto? —Sugirió Bulma—, algo así como; Sí, fue muy duro oír el nombre de mi pequeña hermanita en la selección, debía hacer algo y pues lo hice y es por eso que estoy aquí, dejaré en alto el nombre de mi hermanita. Luego sonríes al público y todo estaría bien.

La Hado hizo un amago de sonrisa, sin embargo, en vez de sonreír pareciera como si sintiera nauseas.

Vegeta alzó ambas cejas y soltó despectivo.

— Tienes menos encanto que una cucaracha.

La chica se mordió la mejilla internamente para no decir nada en contra de su entrenador, bufó exasperada.

— ¿Y si intenta ser cortante? —Sugirió Bulma.

— Si es cortante no llamará la atención del público, eso está claro —contestó Vegeta—, intenta hacerles creer que tienes en claro que los juegos son tuyos.

Chichi frunció el gesto.

— ¿Cómo quieres que haga eso? —Preguntó.

— Pues sé un poco como Vegeta —respondió Bulma—, no tanto, no te vayas a volver una gruñona como él, por favor.

— No es hora de tus infantiles bromas, mujer —masculló Vegeta molesto, Bulma sonrió ligeramente, un tanto divertida—. Solo intenta ser tu misma, ábrete a los Centralinos.

— ¿Abrirme a los Centralinos? —Preguntó la muchacha, deteniendo su andar de golpe—, ¿cómo puedo "abrirme" a ellos?, ¡estás loco!, los odio realmente, es imposible que logren sonsacar algo de mi vida privada.

Vegeta bufó, frustrado.

— Está claro que los odias —respondió y eso sorprendió a la pelinegra, jamás creyó oír a Vegeta con una pose tan, ¿comprensiva? De cualquier modo, creía que Vegeta era uno de los tantos que apoyaban los juegos, claro, obviando a Bulma, ya que a esta se le notaba a leguas que no era una gran fans—. Pero la idea de esto es que actúes, hazles creer que te agrada estar aquí, que estás emocionada.

— Incluso inventa que amas la moda que ellos siguen —añadió Bulma. Chichi frunció el cejo.

— No soy buena mintiendo —respondió.

Vegeta bufó nuevamente.

— ¡Vamos, mujer! —Gruñó—, ¿cómo se te puede hacer tan difícil intentar ser amigable o adorable?

— No tengo amigos en mi Región, ¿vale? —Contestó la chica—, no sé cómo comportarme de manera dulce o adorable, no lo sé, no es como si toda la Octava conociera mis problemas personales, nadie lo sabe, no soy buena expresando lo que pienso o siento.

Bulma sonrió ligeramente para luego tocar con suavidad el hombro de la chica, apretó con ternura y la miró fijamente.

— ¿Qué tal si haces como si estuvieses hablándole a tus hermanitos? —Propuso Bulma—, imagínate que están entre el público y que les hablas a ellos, les explicas y les dices que estás dispuesta a todo por ganar, por ganar por ellos.

La pelinegra bajó ligeramente su rostro y asintió, aun sintiéndose un tanto extraña, quizás aquello no funcionaba, incluso, quizás aquello le haría enojar un poco más, después de todo por culpa de todos los de la Central ella vivía con el miedo a los Juegos y sus hermanos vivirían con el miedo para siempre a los Juegos y con el rencor de que aquellos Juegos acabaron con la vida de su hermana mayor. De ella.

Suspiró.

— Esto será un desastre —respondió la pelinegra, aún cabizbajo.

— No tiene que ser así —aseguró Bulma, levantando el mentón de la muchacha con suavidad—, ¿me confiarías a mí algún secreto? —Preguntó entonces y la chicha asintió algo extrañada ante aquella pregunta, sí le confiaría algún secreto a Bulma, ella sabía que era una persona buena, incluso quizá la podría tomar como amiga.

— Sí lo haría —respondió en un susurro.

Bulma sonrió ligeramente, corriendo con suavidad el flequillo recto de Chichi.

— Pues entonces, cuando estés allá adelante tan solo mírame y piensa que estás hablando conmigo, ¿vale?

— Vale —respondió entonces la pelinegra, quizá aquello sí funcionaría.

Vegeta entonces bostezó.

— Bueno, mi trabajo entonces está listo —dijo el chico, levantándose del sofá en el cual estuvo sentado en toda la sesión.

Bulma entrecerró los ojos y Chichi estuvo segura que una vena se marcó en la frente de esta, se separó de ella y con ambos brazos firmemente puestas en sus caderas lo increpó.

— Pero, ¿de qué hablas?, tú no hiciste nada.

Vegeta cerró sus ojos y se llevó ambos brazos a su pecho para cruzarlos.

— No fue mi culpa que la chiquilla no sepa hacer nada, no es mi culpa que ni siquiera sepa cómo controlar su ira —contestó el chico. Bulma enarcó ambas cejas, sorprendida, sonrió.

— ¿Hablas en serio, Vegeta? —Preguntó—, ¡no me hagáis reír! Que si aquí hablamos de gente que no sabe controlar su ira eres el primero en ser nombrado.

— Sí, sí cómo digas, mujer —masculló el hombre, acercándose a la puerta para salir—, de igual manera ya no soy necesario aquí y ya no aguantaré estar más tiempo junto a ti —aseguró.

Bulma rodó los ojos.

— Has lo que queráis, es mejor para nosotras que te largues, ¿verdad, Chichi? —Dijo Bulma, sin embargo, la pelinegra ya se encontraba un tanto exasperada ante tanta pelea.

— ¿Sabéis algo? —Dijo de pronto—, en nuestra Región hay un dicho que habla sobre quienes pelean, si sois hombre y mujer terminaréis unidos de por vida —aseguró— y os puedo asegurar que el dicho se ha cumplido variadas veces.

— ¡Pero qué idioteces dices, chiquilla! —Gruñó Vegeta con fuerza, apretando ambos puños a los costados de su cuerpo, sonrojado hasta la raíz del cabello—, me largo de aquí, no estoy para oír tantas imbecilidades.

Chichi enarcó ambas cejas y entre abrió su boca ligeramente cuando el muchacho salió de la habitación cerrando la puerta de un fuerte portazo. Soltó una risita por lo bajo y pegó sus ojos en el rostro de Bulma que estaba sonrojado completamente.

— Es solo un dicho y en realidad siquiera lo recuerdo bien si que no sé si era así en realidad —respondió la Hado con suavidad mientras volvía a caminar en círculos, intentando que sus pies se acostumbraran a los tacones.

La peliceleste bajó su vista aun sintiendo como su corazón latía acelerado ante las palabras dicha por la pelinegra. Sacudió su cabeza, intentando despejar sus pensamientos y volvió al presente, recordándose el porqué estaba ahí.

*.*.*.*

— Me siento como una idiota —contestó la pelinegra en un susurro mientras intentaba despegar un poco el vestido de su cuerpo.

Bulma chasqueó la lengua.

— Claro que no —respondió—, te ves hermosa.

Chichi se giró ligeramente para ver su reflejo en el espejo, dejó caer ambos brazos a los costados de su cuerpo y se inspeccionó.

Parecía un vil muñeco de la Región Central y aquella idea le hizo tener nauseas.

Tenía un traje rojo ceñido al cuerpo, sin mangas, era largo y caía como cascada hasta los tobillos, la parte de su pecho y estómago tenía ciertas brillantinas que llamaban tremendamente la atención. Era un lindo vestido, no lo podía negar, pero era un vestido llamativo para los Centralinos y aquello n ole agradaba.

Su cabello estaba recogido en un moño alto mientras su flequillo seguía tapando su frente y ambos mechones negros que caían por ambos costados de su rostro estaban rizados. Tenía un sobrio maquillaje y eso le agradeció profundamente a Bulma.

— Quiero que ganes, Chichi —susurró de pronto Bulma—, sé que esto no te agrada pero tienes que ganar y esta es la única forma que encuentro como para poder ayudarte.

La chica se giró nuevamente para mirar fijamente a la peliceleste, sonrió con suavidad y asintió ligeramente.

— Te lo agradezco, Bulma, de verdad —susurró—. Eres diferente, tú eres buena —aseguró entonces la pelinegra con una sonrisa sincera.

Bulma tuvo que apretar los labios para no llorar, recordándose que no podía hacerlo, no al menos frente de la chica.

— Todo saldrá bien, lo prometo —aseguró entonces—, solo recuerda, estaré sentada en la primera fila —Chichi asintió—. Ahora, cuando sientas que es el momento, levántate y comienza a girar, ¿bien?

La pelinegra asintió, confundida por aquello, sin embargo, girar no costaría nada.

Era hora.

Le dio un ligero abrazo a Bulma y salió de la habitación para encontrarse con Goku y el Maestro Roshi justo en frente del elevador.

El pelinegro de cabellos alborotados la dio una ligera y rápida mirada para luego mirar hacia el frente y bajar su vista. A Chichi aquel gesto le extrañó por completo, sobre todo porque el muchacho siempre que la miraba le sonreía con amabilidad, sin embargo, ahora parecía estar avergonzado. Torció el gesto y miró hacia el frente sintiéndose completamente incomoda.

Era extraño, porque ella creía que desde un comienzo se había hecho la idea de que con Goku serían solamente enemigos, sin embargo, apenas y dos días habían pasado y el muchacho ya casi le parecía un amigo, era extraño, bastante. Y ahora llegar y de pronto que el pelinegro ni atención le ponga le ponía mal.

Lastimosamente ella se había acostumbrado a que Goku la mantuviese cuando se sintiera acorralada por los Centralinos, como pasó en el desfile y también como pasó cuando dio la prueba frente a los Padrinos.

Quiso suspirar profundamente, sin embargo se lo aguantó, si soltaba un suspiro así, llamaría sin duda la atención del Maestro Roshi y Goku.

El muchacho vestía un traje de gala color negro, casi como un esmoquin con un moño que según a criterio de la chica le hacía parecer adorable. Se golpeó mentalmente ante tal pensamiento. ¿Adorable?, ¿adorable podría ser un chico que se convertiría mañana en un asesino en serie al igual que ella? Lo dudaba.

Llegaron detrás del telón en donde se encontraron con los demás Hados de las demás Regiones, todos bien arreglados y maquillados tal cual estrellas de cines.

El Maestro Roshi se detuvo y se marchó luego de dejar a ambos muchachos en la fila que estaba ordenada por número de Región, ella saldría antes que Goku, ya que, si no lo olvidaba, era la mujer primera que el hombre.

Se escuchó una canción pegajosa y millones de aplausos y vítores, luego de aquello la voz del presentador, Marcel se dejó oír, acallando los gritos y alabanzas. El presentador era un hombre de porte bajo, cabello rubio platinado que se notaba a leguas que no era un color real, era largo y rizado y su mirada azulada estaba decorada por maquillaje que decoraban ambos ojos.

Rápidamente comenzó con una breve explicación de lo que verían esta noche y luego presentó a la primera Hado.

La chica rubia de la primera Región estaba vestida con un corto vestido rosa pastel que remarcaba su color de piel, tenía una dulce sonrisa y una mirada calculadora. Chichi observó por la pantalla como Marcel intentaba hasta conseguir que los Hados se suelten con el público, logrando obtener una amena conversación con los jóvenes y manteniendo interesado además al público.

— Pues solo podría decir una cosa —susurró la rubia con suavidad, llevando un rizo de su cabello hacía atrás de su oreja mientras sonría al publico de una manera adorable—, siempre consigo lo que quiero, y lo que ahora quiero es ganar y lo haré —se encogió de hombros y soltó una leve risilla divertida.

Marcel rió y asintió.

— Ya lo creo que sí —respondió para luego levantarse del asiento al tiempo que una campanilla sonaba, indicándole que los minutos que estaban destinado para cada uno ya se habían terminado.

Marcel volvió a gritar su nombre a los cuatro vientos, casi como si quisiera que ningún Padrino olvidase a algún Hado. La chica se dirigió hacia la parte superior del escenario

Y las entrevistas continuaron.

No fue hasta que salió Wallece, el niño de la Segunda Región cuando volvió a prestar real atención a la entrevista.

— Eres el niño más adorable de la historia, ¿verdad que sí? —Preguntó Marcel entonces.

Wallece pareció ruborizarse un poco, luego sonrió con dulzura y asintió.

— No solo soy adorable, señor Marcel —aseguró entonces el chico—, sino que también soy muy inteligente… Será difícil que me atrapen en la Arena, si que debería apostar por mí.

Marcel soltó una risotada que contagió al público que además soltó una exclamación cargado de ternura hacía el muchacho de cabello castaño y pequeño.

Chichi no pudo evitar sonreír enternecida por aquel muchacho pequeño, a la pelinegra le hubiese gustado tener su seguridad y aquellas ganas que el muchacho tenía por querer ganarse al público. Si ella tuviese dinero apostaría por él, sin duda.

Siguieron los Hados de la Tercera Región, Chichi se fijó en que eran indiferentes, ambos y que además parecían no prestar real atención a lo que Marcel les preguntaba. Cuando terminó también fueron a los asientos que se encontraban detrás de los sofás que estaban en medio del escenario, en donde Marcel hablaba con los Hados.

— Ahora se presenta a nosotras un Hado muy especial, ella viene de la Octava Región —comenzó a presentar, mientras ella sentía como un horrible agujero se implantaba justo en medio de su estómago—, es nadie más ni nadie menos que; ¡Ox Chichi, la chica en llamas! —Presentó Marcel.

Ella caminó con suavidad mientras afirmaba algunos pliegues de su vestido y avanzaba hacía el medio del escenario en donde la esperaba Marcel con una enorme sonrisa en su rostro. Ella le devolvió la sonrisa mientras se sentaba en el sofá, el animador se sentó junto a ella.

— Y bien… Dime Chichi, ¿cómo te sientes esta noche? —Preguntó entonces Marcel.

La pelinegra lo miró y entre abrió su boca. Bueno… ¿Cómo se sentía? Con nauseas, pero, ¿era eso lo que los Centralinos iban a querer oír? Miró al público y divisó a Bulma quien la miraba fijamente, esperando la respuesta. Le sonrió.

— Me encuentro bien —contestó en un susurro que se oyó por todo el lugar—, un poco nerviosa pero supongo que es normal —soltó una ligera risita que Marcel coreó.

— Claro que sí, muñeca —respaldó el animador, como ya sabía, Marcel siempre intenta que el Hado se sienta cómodo ahí en el escenario, intentando obviar el hecho de que aquello está siendo observado por todo el país—, pero dime, ¿te sientes más nerviosa ahora o te sentías más nerviosa en el desfile?, lo digo por el fuego, tú sabes.

Chichi sonrió ligeramente.

— Creo estar más nerviosa ahora —contestó para luego añadir con un toque ligero de humor—, le temo más a las cámaras que al fuego.

La audiencia rió junto con el animador.

— Seguro que sí, seguro que sí… Eres una muchachita muy valiente, ¿verdad?

La pelinegra asintió con lentitud, aún sin borrar su sonrisa.

— Lo soy —contestó—, es por eso que estoy aquí —aseguró.

Marcel sonrió casi de una manera que le dio la impresión de que era tristeza.

— Y dime, Chichi, ¿has traído el fuego contigo hoy? —Preguntó entonces, no sabía si él sabía ya el truco de Bulma o era que estaba jugando con ella, sin embargo, cuando ella asintió se oyó los aplausos del público.

— ¿Quieres verlo? —Preguntó entonces, Marcel apretó los labios y pareció dudar—, es seguro —afirmó la chica con una ligera risilla.

Entonces el animador aceptó.

La chica se paró del sofá y levantando sus manos comenzó a girar, la brillantina de su pecho comenzó a brillar, dando la impresión que desde su pecho estaban saliendo llamas, al igual que los pliegues de la falda que comenzaron a hacer tal efecto que pareciera que estuviesen ardiendo en fuego. Unos giros más y se detuvo para dejarse embriagar por las alabanzas del público.

Sonrió. Se los había ganado.

— ¡Vaya!, no dejas de impresionarnos, muñeca, ¡toda una atracción, ¿verdad?! —Alabó Marcel, Chichi rió con suavidad y volvió a sentar en el sofá junto con él.

El hombre entonces con sus manos hizo callar a la audiencia, la cual inmediatamente guardó silencio, miró nuevamente a la Hado y la chica pudo ver en cierto grado una sombra de tristeza en el rostro del hombre.

Entonces sabía lo que sucedería ahora.

— Todo el país quiere saber más de ti, Chichi —aseguró entonces el animador—, cuéntanos, ¿quién era esa niña por la cual te ofreciste voluntaria en la selección? —Preguntó.

La muchacha sintió como su corazón bombeaba sangre con más fuerza, miró a Bulma, esta seguía mirándola fijamente, asintió con su cabeza, instándola a continuar.

— Ella es la hija de la mujer que me adoptó luego de quedar huérfana —respondió, la multitud dio una exclamación de sorpresa—, Phea es mi hermana y siempre lo será, al igual que Davie, y Mariem es como una madre para mí, ellos son mi familia.

— ¿Quién es Davie? —Preguntó entonces el presentador, sabiendo que Mariem era su "madrastra".

— Davie es el otro niño que salió seleccionado, mi compañero se ofreció como voluntario por él —el público soltó una exclamación de sorpresa y Marcel abrió sus ojos completamente impresionado.

— ¡Vaya!, una historia bastante compleja y bella —aseguró—. Pero dime, dinos Chichi, ¿pudiste despedirte de ellos? —Ella asintió—, ¿qué fue lo que les dijiste?

Volvió a mirar a Bulma y luego miró al presentador, con el mentón elevado y la mirada decidida.

— Les prometí que ganaría, que lo haría por ellos —contestó entonces, Marcel sonrió, contento.

— Estoy seguro que lo harás —respondió—, no por nada sacaste la mejor puntuación de este año, ¿no es cierto? ¿Crees que nos puedes contar cómo fue aquello? —Preguntó.

Chichi soltó una risilla algo nerviosa y miró al director de los juegos, quien sonrió y elevó su mano para negar tajantemente.

— Todo se mantiene en secreto, ¿verdad? —Respondió entonces ella con una sonrisa en su boca.

Marcel asintió y rió junto con ella y el público. Y fue ahí cuando sonó la campanilla que avisaba que el tiempo se había acabado. El animador se levantó junto con ella y tomó de su mano para elevarla en el aire.

— ¡Ox Chichi, Octava Región; La chica en llamas!

Entonces con seguridad, entre aplausos y vítores se marchó para sentarse en lo alto del escenario, un poco más atrás de ambos sofá junto con los demás Hados que habían salido con anterioridad.

El animador presentó al siguiente Hado.

Son Goku.

La pelinegra miró decidida hacia el frente y siguió con sus ojos cada unos de los pasos que Goku daba. Se le notaba tranquilo y sonriente, al parecer la timidez que sentía el día de ayer se había esfumado nada más pisar el escenario, o tal vez… Nuevamente había actuado ante ella.

No le sorprendió.

Se sentó junto con el presentador y comenzaron a hablar de nada y de todo a la vez. Goku contó que estaba solo y que desde la muerte de su abuelito había sobrevivido solo, aunque aseguró que tendía amigos que debían estar viéndolo en ese mismo instante y saludó a las cámaras mandándole saludos a Krillin y Yamcha.

Marcel rió al igual que todo el público.

— Dinos Goku, ¿crees tener posibilidades de ganar los juegos? —Preguntó entonces el hombre.

El pelinegro de cabellos alborotados miró un punto en la nada y pestañeó por unos instantes sospesando la respuesta. Volvió a mirar al rubio.

— No lo sé, realmente —contestó—, haré el intento como todos mis compañeros, supongo.

Marcel sonrió y tocó el hombro del muchacho.

— Sabes, hay algo que todos los televidentes quieren saber, estoy seguro de eso —habló de pronto, Chichi prestó más atención de la debida, curiosa—. Hace un momento atrás tu compañera Hado dijo algo que nos llamó la atención a todos —dijo.

La pelinegra se removió un tanto incomoda en su asiento, el muchacho hizo un leve movimiento que le dijo a la chica que de seguro y quería mirarla, sin embargo, Goku se mantuvo mirando al animador, tan curioso como ella misma.

— Te lanzaste de voluntario por el hermanastro de Ox Chichi, ¿verdad?

El Hado de la Octava asintió firmemente.

— Sí, lo hice —contestó, parecía estar incomodo y un leve rubor se subió a sus mejillas, casi como si supiera lo que iba a pasar pronto.

— ¿Por qué lo hiciste? —Preguntó entonces el animador—, ¿le conocías?

El muchacho negó ligeramente con la cabeza.

— Nunca he hablado con él —respondió—, sabía quién era, pero nunca me topé con él en ningún momento, así que nunca hablé con él.

La pelinegra tragó saliva lentamente, casi como si supiera que en aquel momento sabría el porqué el chico de cabellos alborotado quiso ir a los juegos en vez de su hermanito Davie.

— Entonces, no logro entender porqué te ofreciste como voluntario por el chico —dijo el hombre y entonces sonrió con suavidad—, ¡a ya sé!, querías participar, lo apuesto.

Goku negó con la cabeza, divertido y cabizbajo.

— No realmente, Marcel —contestó.

— ¿A no?, entonces, ¿por qué? —Preguntó el animador, confundido—, ¿es que acaso ya no querías seguir en tu Región? —Comenzó a preguntar—, ¿acaso no ibas a dejar a ninguna chiquilla por ahí…? Porque supongo que hay alguna chica de tu Región esperando por ti, ¿verdad? No te creeré si me dices que no, porque siendo un chico tan guapo eso se me hace imposible —aseguró.

Goku se sonrojó violentamente y rió nervioso, corrió su vista hacia el público y miró fijamente a el Maestro Roshi y a su estilista, esperando quizá qué cosa por parte de ellos.

— La verdad es que no —contestó—, no hay ninguna chica esperándome en la Región —soltó una risilla nerviosa—, el tema de las "chicas" no es algo que me haya llamado la atención, realmente…

— ¿A no? —Dijo—, es una lástima, aunque de seguro que si sales de la Arena encontrarás a alguna chica que llame tu atención, incluso puede ser aquí en la Región Central, ¿verdad? —Preguntó mirando al público, en donde se oyeron las risitas tontas de la población femenina.

El pelinegro bajó nuevamente su rostro, avergonzado completamente, sin embargo, Chichi notó como de pronto elevaba el mentón y miraba con una expresión seria al público para luego asentir quizá a quien.

Volvió a mirar a Marcel.

— Bueno… Al menos, eso era lo que creía —sostuvo el moreno, captando la atención de Marcel y la de todas las féminas –en mayoría- por completo—, hasta la selección —contestó.

— ¿Cómo es eso? —Preguntó el presentador quien parecía realmente curioso ante lo dicho por el muchacho.

Chichi frunció el cejo y se abstuvo incluso de pestañear, esperando no perderse ninguna mueca del rostro del muchacho, quien seguía completamente sonrojado.

— En el momento en que el nombre de la hermana de Chichi salió en la selección y ella se lanzó como voluntaria me di cuenta que no era muy indiferente a las chicas —susurró con timidez—, entonces, cuando el nombre de su otro hermano salió, lo vi como una oportunidad…

— No logro entenderte, muchacho —susurró entonces Marcel y parecía como si el entrevistador rogase para que el tiempo aún no se acabase.

— Hay solo una razón por la cual yo me ofrecí como Voluntario para venir a los juegos —contestó, lento y pausado, mirando de vez en cuando al público, más específicamente en donde se encontraba el Maestro Roshi y su estilista—. Lo hice por Chichi, es por ella que estoy aquí —. Soltó, claro.

Un grito ahogado salió de todos los presentes y la muchacha sintió como su rostro enrojecía hasta la raíz del cabello. La cámara enfocó un primer plano de su rostro, intentó esconder su rostro entre su cuello mirando hacia abajo, tenía vergüenza y otros sentimientos que se le agolpaban en la cabeza y no la dejaban pensar con claridad.

— E-entonces… —Tartamudeó Marcel para luego carraspear y soltar con voz clara—. Es una lástima.

Goku asintió, cabizbajo, parecía que su rostro iba a explotar por lo rojo que se encontraba.

— Lo es —susurró el moreno.

— Pero bueno —continuó el presentador, un tanto cabizbajo, mientras el público parecía aún no poder salir del estado de shock—, al menos, pudiste decirlo y hacer algo por ella ¿no? Estoy seguro que podrás hacer mucho más.

El muchacho entonces elevó su rostro y miró al presentador, asintió firmemente.

— Sí lo haré —prometió y aquello caló hondo en el cerebro de Chichi, quien apretó sus puños por encima de su vestido.

En ese momento sonó la campanilla que indicaba que el tiempo de Son Goku había terminado. El muchacho se encaminó a su puesto justamente a un lado de ella, la chica aun mantenía su rostro escondido entre su cuello y parte de su flequillo. Elevó la vista y pegó sus ojos en el rostro de Goku sintiendo como una ciega rabia iba apoderándose de su cuerpo, sin embargo, se quedó quieta en su puesto, con la vista pegada en el perfil del muchacho quien no tenía siquiera la decencia de devolverle la mirada.

La lista de entrevista siguió, pero ella no prestó atención a ninguna más, su mente estaba bloqueada para recibir más información, las palabras de Goku se pasaban por su mente una y otra y otra vez. ¿A qué estaba jugando?, definitivamente se lo preguntaría apenas y tuviera la oportunidad.

Al fin y terminó el programa, las luces de las cámaras se apagaron y fueron guiados por algunos tipos hacia afuera del escenario, cada Hado se fue en donde los esperaban sus estilistas, los mentores y el entrenador.

Todos estaban con una sonrisa en sus labios, de seguro y pensaban que las entrevistas de ambos fueron estupendas, sin embargo, la de Goku superó a mil la suya, es decir, se notaba a leguas que después de lo dicho por el pelinegro de cabellos revoltosos ninguna otra entrevista la superó, ni tampoco las que anteriormente habían pasado.

Se subieron al ascensor en silencio y cuando llegaron a su piso fue cuando la furia por parte de la pelinegra se desató.

El moreno bajó antes del ascensor, dándole la espalda a la chica, quien tomó impulso y poniendo ambas manos en la espalda del muchacho lo empujó.

— ¡Por qué diablos has hecho eso!, ¿he? —Preguntó la chica para luego, cuando él se volteó volver a empujarlo—, ¿cuál es tu jodido juego, eh? Primero dices no querer entrenar conmigo y luego andas diciendo al país entero que es por mí que habéis firmado un puñetero contrato de muerte.

— ¡C-cálmate, Chichi! —Dijo Goku casi asustado, colocando ambas manos justo en frente de su cuerpo, intentando defenderse con aquel absurdo gesto.

Todos los demás parecían estar en estado de shock, porque nadie hizo nada cuando la pelinegra volvió a tomar impulso y lo empujó para luego elevar su mano empuñada e intentar pegarle un zarpazo en el lóbulo izquierdo. El muchacho alcanzó con una mano a detener el golpe.

— ¡Me habéis hecho pasar como una persona débil! —Gruñó, pronto vio como Vegeta afirmaba con fuerza su brazo para alejarla del muchacho.

— ¡Tranquilízate mujer! —Rugió el sujeto de cabello en punta.

— Él solo intentó ayudarte —se metió esta vez el Maestro Roshi, interponiéndose entre ambos—, logró hacerte parecer atractiva ante el público —aseguró.

Chichi respiraba de manera pesada, pegó sus ojos oscuros en el rostro de Roshi, analizando lo dicho por el viejo.

— El Maestro tiene razón, Chichi —intervino con suavidad la peliceleste, mirando a su Hado fijamente—, lo dicho por Goku te ayudará mucho.

— Puedo vender la historia de su trágico amor —siguió el anciano.

— ¡No hay amor! —Gruñó la chica, volviendo a pegar sus ojos en el rostro de Goku.

— Pero eso no lo saben los de la Región Central, Chichi —apoyó Bulma nuevamente, ella se removió bajo los brazos de Vegeta, soltándose.

— Si hay alguien con quien debéis molestarte es conmigo, hermosa —continuó entonces Roshi—. Fue idea mía —respondió.

La pelinegra entrecerró los ojos, ¿por qué nadie la había incluido en aquellos planes? Aun con la respiración pesada se giró para dirigirse a su cuarto, sin decir nada a nadie, ni siquiera sin despedirse de quienes claramente no vería el día de mañana, como a Vegeta o a Roshi.

Se adentró a su cuarto y se sentó en la cama.

Se quitó los zapatos con dificultad, sintiendo como sus pies palpitaban bajo sus manos. Sintió su nariz picar y sus ojos escocer. Quería llorar y no sabía siquiera el porqué.

Aún había algo dando vueltas en su cabeza que no podía salir.

¿Era por eso que realmente Goku se había ofrecido como Voluntario por Davie? O era todo un invento de Roshi, porque si no era por eso, entonces, ¿por qué?

Con su dedo se sobó la nariz y se la masajeó, se metió entonces al baño para quitarse el maquillaje y colocarse el pijama para poder dormir.

Sin embargo, un horrible remordimiento la carcomió por dentro incluso antes de que pudiese abrir las mantas para poder acostarse, se calzó con unas pantuflas y salió por el pasillo hacía el comedor.

Ahí se encontraba Roshi, Vegeta y Bulma, quienes pegaron sus ojos en el rostro de la muchacha.

— ¿Ya se quitó el enojo? —Preguntó el Maestro Roshi.

Asintió y se encaminó a la mesa con lentitud.

— Solo quería pedir perdón —susurró la morena.

— No es a nosotros a quienes debes pedirnos perdón —aseguró de pronto Bulma, con una sonrisa comprensiva.

— Él ya comió y se marchó acostar, si que supongo que la Arena podrás pedirle disculpa —soltó Vegeta. No supo si era broma o lo decía enserio, sin embargo ella le siguió el cuento de una manera sarcástica.

— Se lo diré justo antes de matarlo —susurró entonces, bajando la mirada hacia el suelo, luego pegó sus ojos oscuros en Bulma—. Supongo que mañana te veo —dijo.

La peliceleste se removió los labios y asintió con lentitud.

— Te ayudaré a colocarte el traje para la Arena —contestó.

— ¿A usted igual Maestro? —Preguntó.

El viejo asintió.

— Te llevaré a tu nave —susurró—, en la mañana los veré a ambos aquí, a primera hora.

— Vegeta —murmuró la chica. El pelinegro de cabello en puntas negó con la cabeza, con su típica pose dura y altiva.

— No quiero despedidas y cursilerías, muchacha —gruñó el moreno, Chichi sonrió ligeramente.

— Bien, yo tampoco —contestó—. Gracias por todo —añadió—, y buenas noche.

Se giró para volver a su cuarto, sin embargo, ni bien dio dos pasos oyó la voz de Vegeta, en un gruñido.

— Intenta no hacer ninguna idiotez —sugirió—, intenta salir con vida de ahí —añadió para luego guardar silencio.

Chichi se giró con suavidad y sonrió.

— Lo haré —respondió entonces para luego volver a su cuarto a pasos lentos y pausados.

Se recostó en su cama con suavidad y se quedó mirando el techo de su habitación en silencio completo.

Suspiró, no quería nuevamente pedirle pastillas a 18 para dormir, porque sabía que si lo hacía al otro día estaría cansada y con sueño. Sabía que así no podría estar, porque mañana entraría a la Arena y mañana comenzaría con la lucha verdadera. No más juegos de vestidos, ni trajes bonitos. Se venía lo realmente importante.

Volvió a suspirar y giró su cuerpo hacía en lado.

El tiempo pasó con una lentitud completamente agobiante, se levantó de su cama cuando ya habían pasado dos horas y ella no podía dormir.

Sin tener un destino claro, se pasea por el pasillo con lentitud mientras se abraza a sí misma para darse calor. La noche está fría y su pijama es delgado.

No es hasta cuando se acerca a la cocina para tomar un vaso de leche caliente cuando ve a Goku en ella, sentado en una pequeña mesa con un vaso entre sus manos, parece perdido en sus pensamientos.

— Al parecer no soy la única que puede dormir —susurra entonces Chichi, entrando a la cocina con pasos cautelosos.

El pelinegro de ojos oscuros pegó su vista en ella, sonrió suavemente.

— ¿Crees que los demás Hados puedan hacerlo? —Preguntó—, lo de dormir, digo.

Chichi se encoge de hombros mientras toma la caja de leche que está junto a Goku y se sirve un poco en un vaso. Se sienta en la silla que está frente del muchacho y con la vista pegada en el vaso de leche contesta, con suavidad.

— Quizá todos se desvelan esta noche —respondió, pensando en su familia y en los amigos de Goku. ¿Qué habrán pensado con lo que ha dicho el chico en la entrevista?, ¿se lo habrán creído también?

— Es lo más probable —dice en voz baja.

Chichi no eleva su rostro pero mira a Goku, está avergonzada y sabe el porqué de aquello, se anima para decir al muchacho lo que tiene en la punta de la lengua y luego suelta con voz temblorosa.

— Lamento lo de los empujones… Y por querer pegarte un puñetazo —contesta—, no debí haber reaccionado así.

La luz de la luna se cola por las ventanas y deja que Chichi logre ver que en el rostro de su compañero se dibuje una ligera sonrisa, la misma sonrisa amable que venía entregándole desde que ambos se habían metido en aquel asunto.

— No pasó nada —contestó—, no me hiciste ningún daño —aseguró.

Ella asintió, sonrojada.

— Supongo que todo lo dijiste para ayudarme, gracias.

— Era como un elogio, supongo —se encogió de hombros y la chica sonrió tímida.

— Lo sé —le respondió y luego sin siquiera pensar la pregunta la soltó, sin más—, ¿esa es la verdadera razón porque te has lanzado como Voluntario por Davie?

Goku la miró fijamente, bebió un poco de su vaso de leche y se relamió los labios. Pareció tomarse su tiempo para responder.

— Lo cierto es que no puedo responderte esa pregunta —dijo—, y no porque no quiera, si no porque no sé el porqué lo hice. Soy impulsivo —añadió con una sonrisa en sus labios—, hago las cosas antes de pensarla y bueno, haberme lanzado como voluntario por tu hermanito es una de las tantas cosas que hago por impulso.

Chichi asintió, bajando un tanto su rostro.

— Intentaré protegerte —soltó de sopetón Goku, parecía firme mientras la miraba fijamente.

La pelinegra irguió su rostro entonces y lo miró fijamente, el efecto no fue inmediato, lo dicho por el chico debía de metérsele en la cabeza y ser procesado antes de poder reaccionar. Y fue un efecto tardío.

— ¿Qué? —Preguntó en un susurro con voz ahoga.

— Eso —dijo él nuevamente—, lo que he dicho en la entrevista es cierto, Chichi, lo de intentar hacer cosas por ti dentro de la Arena. Intentaré protegerte y llevarte de vuelta a nuestra Región.

La chica sintió su corazón palpitar con fuerza mientras que en su estómago un agujero se implantaba, dándole un ligero dolor.

— ¿Por…Pero, por qué? —Preguntó con voz entrecortada.

Goku se encogió de hombros.

— Porque en la Octava hay gente que te necesita de verdad, a mí no, nadie me necesita realmente —respondió el muchacho quien claramente hablaba de la familia de la chica.

Chichi lo miró boquiabierta, intentando buscarle lógica al asunto, ¿acaso Goku quería morir por salvarle la vida?, ¿qué diablos pasaba con él?

Negó con la cabeza con suavidad.

— No, Goku —susurró—, quiero que des todo lo que hay de ti, no quiero que te sacrifiques por mí o que intentes ayudarme, si tengo que ganar, lo haré por mi cuenta.

El muchacho frunció ligeramente el cejo mientras la chica lo miraba con decisión en su rostro.

— Por favor —rogó la chica—, no quiero que hagas eso, no me hagas sentir inútil.

— Esa no es mi intención —aseguró el muchacho—, es solo que…

— No lo hagas —le cortó la chica—, prométeme que no lo harás, promételo, quiero que des todo de ti, porque si a mí me matan me gustaría que tu fueses el ganador de los Juegos del Poder número 99, nadie más.

Él la miró fijamente, torció el gesto ligeramente y asintió con lentitud, casi sintiendo como aquella última respuesta estuviese condenándolo.

— Está bien… —Dijo con vacilación—, prometo no sacrificarme por ti —contestó—, de todas maneras eres muy fuerte y sé que tu sola puedes ganar.

— Lo intentaré —masculló la chica, levantándose de su puesto con lentitud—, pero tú también lo harás.

El chico asintió con lentitud. La muchacha se sintió un tanto aliviada con aquello, Goku parecía entregar su vida a cambio de que ella viviese, pero se negaba, ¿por qué? Porque su orgullo daba más, porque además, no quería sentirse culpable toda la vida de la muerte de un muchacho como él. No podría… No podría sobrevivir así.

Se estremeció ligeramente y no sabía si era por el frío, si que decidió que era tiempo de marcharse.

— Nos veremos —susurró Chichi sonriendo ligeramente, sintiendo como sus mejillas no dejaban de arder.

— Nos veremos —respondió el chico.

Se marchó de la cocina dejando solo al muchacho de cabellos alborotados. Algo ahí no estaba bien, jamás debió haber dicho que prometía no sacrificarse por la chica, porque él nunca rompía sus promesas, aquello era algo que iba en contra de sus normas. Pero… Tal y como había dicho Yamcha, ¿qué haría si en el caso hipotético quedaran solo ellos dos vivos?

Él no podría matarla, no podría, por mucho que hubiese prometido dar todo lo de él para ganar.

Había solo un pensamiento que rondaba por su mente en todo momento y ese era el que lo impulsaba a dar su vida por la chica, recordando una y otra vez que prometió a la familia de la muchacha que la traería de vuelta a su casa sana y salva.

Ox Chichi sería la vencedora de los Jugos del Poder número 99.

No habría otro. Siquiera él.


¡Hey, chicas!

He vuelto con un nuevo capítulo, nada más ni nada menos que con el capítulo de la entrevista. Como he prometido me he demorado poco, ya que el capítulo lo tenía medio avanzado y pues, por la cantidad de Review's que me han dejado. ¡Thank you very much for Review's!

Realmente son muy importante para mi cada uno, ya que me dan las ganas e inspiración para poder seguir con este fanfic.

este es el último capítulo de la historia en donde nuestros personajes pueden estar en paz, creo que los otros capítulos me quedarán igual de largo que este y que el anterior, creo, espero que no se les haga latoso leerlos.

¡Espero les guste este nuevo capítulo chicas y bueno, si es que hay un chico leyendo espero te guste a ti también! También espero que el personaje de Goku no se haya salido de su personalidad, es muy difícil regirme al pie de la letra a la personalidad del guerrero, es muy difícil realmente, aun así, espero les haya gustado y que no les haya parecido tedioso de leer.

¡Nos leemos pronto lector s!

Besos y abrazos virtuales para todos.

Son Emilia d Malfoy.