Capítulo VIII


Dave llegó a su habitación cuando el sol se había ocultado. Había pasado todo el día con Damián y su tía, había sido una tarde deliciosa, con juegos y comida. Dave hasta ése momento no concebía en su vida la idea de un hijo. Pero Damián le estaba haciendo pensar en esa posibilidad en su vida. ¿Todos los niños eran así? Tal vez Damián era como los chicos cuando empezabas a salir con ellos y mostraban su mejor cara. Tal vez de verdad sus padres habían hecho un excelente trabajo. ¿Estaba preparado para ser padre? Tenía treintaicinco años y aún no sabía la respuesta a esa pregunta.

La penumbra de la habitación se cortó cuando Michael abrió la puerta de la ducha. No llevaba más que la bata de baño y el pelo sin la ridícula gomina que le gustaba usar.

—Es tarde —Michael lo dijo casi como un reproche que Dave encontró ofensivo —. ¿Dónde estabas? —Dave no le respondió. Colocó el peluche que traía en su cama —. Dave…

—Estuve caminando. Quería despejarme —Michael asintió pero aún parecía molesto. Dave, en cambio, estaba decidido a terminar con toda esa locura —. Michael, lo que sucedió en el restaurante —Denker le dio la espalda.

—Lo sé. Fue un error. No se volverá a repetir.

Dave no supo qué más decir, se limitó a entrar a la ducha y perderse por un largo tiempo. Su baño se prolongó hasta que sintió que había pasado el tiempo suficiente como para que Michael estuviese dormido. Agradeció la oscuridad de la habitación; estaba tan acostumbrado a salir desnudo de la ducha, que había olvidado coger una camiseta interior. Se sentó en la cama y tomó al peluche que había traído. Era un Robin. Damián había insistido en que lo comprara y Dave no había tenido más remedio que aceptar. Para ser un chico de cinco años resultaba algo mandón.

Levantó el rostro cuando notó un cuerpo obstruyéndole el paso de la luz. Michael Denker estaba frente a él completamente desnudo. Dave abrió la boca pero no pudo decir nada. Se puso de pie como impulsado por una fuerza invisible. Respiraba trabajosamente, como si hubiera corrido sin parar, ése era el momento. Si algo pasaba entre ellos era el principio del fin.

Arremetió contra Michael como un toro contra su enemigo mortal. Fue tanta la fuerza que terminaron encima de la cama de Michael hechos un lío de piernas y brazos. Estaban besándose de forma hambrienta. Dave acarició lentamente la desnuda pierna derecha de Michael hasta llegar a su cadera. Torpemente, Michael le quitó la toalla y gimió al sentir su polla desnuda, dura y pesada, cayendo sobre su piel.

Dave lo giró sin avisar y empezó a besar los hombros y la espalda de Michael quien se retorcía de placer debajo de las manos expertas de Dave. Le abrió las nalgas para disfrutar de la vista y sonrió al ver una figura diminuta bien incrustada en el culo de Michael. Lentamente removió el pequeño dildo y sonrió.

—Estuviste ocupado sin mí —le dijo antes de besarlo de nuevo en la boca.

De alguna manera ambos sabían que eso terminaría sucediendo, sobre todo después de lo ocurrido la noche anterior. Era obvio que Michael estaba mucho más preparado que el propio Dave.

—No sabía si aceptarías y la verdad es que tus besos me dejaron duro por todo el día.

Dave restregó su polla contra la de Michael provocándole un gemido soberbio a su jefe. Michael le levantó el culo, Dave cogió un preservativo de su maleta junto con el lubricante y se permitió ser todo lo lento posible en colocarse el preservativo y lanzando una generosa cantidad de lubricante sobre el culo de Michael.

Entró en él todo lo tranquilo que pudo pero cuando sintió su pubis chocando con las nalgas de Michael simplemente se volvió loco. Sus embestidas fueron firmes y furiosas. Podía sentir la polla de Michael palpitante y goteando. Le cogió las bolas con una mano y Michael gimió. Se quiso acariciar pero Dave le empujó la mano y siguió follándose a Michael sin contemplaciones.

Dave bajó un poco la intensidad de sus movimientos sólo para cambiar de posición. Se recostó en la cama de Michael dejando a su amante arriba de él. Michael hizo un amago de levantarse porque parecía dolerle un poco estar así pero Dave lo detuvo.

—No… quiero que me sientas completamente —Dave podía sentir lo duro que estaba. Se impulsó para llegar más en el interior de Michael —. Mira —le cogió la polla. La tenía tan dura y sensible que el solo roce casi lo llevó al éxtasis —. Estás a punto de correrte —Dave volvió a impulsarse haciendo lloriquear a su jefe —. Yo también estoy a punto de correrme. Quiero que lo hagamos juntos mientras tú montas mi dura y gorda polla hasta hacerme terminar dentro de ti.

Michael empezó a moverse mientras se masturbaba. Dave lo veía a los ojos, lo tenía firmemente aprisionado con sus manos sobre la cadera de Michael. Ni cuando sintió su orgasmo venir cerró los ojos. El tibio semen de Michael se derramó por su pecho y llegó hasta su rostro. Dave le levantó para besarlo profundamente, luego se sacó el condón y lo tiró sin ningún cuidado.

—Ahora —tomó a Michael del cuello y lo llevó a su miembro que había perdido el anterior vigor —, vas a mamármela hasta que la vuelva a tener dura porque voy a follarte sobre el lavabo del baño. Luego sobre el maldito sillón y después en un camastro de la jodida terraza. Cuando terminé contigo no vas a poder pararte de la cama…

Dave se estiró en la cama. Estaba a punto de salir el sol. Vio el reloj, eran las seis de la mañana con veinte minutos y no había dormido más que quince minutos entre round y round.

—¿Ya me vas a decir de dónde salió el peluche sobre tu cama? —Michael estaba de lado y veía hacia la intacta cama de Dave. Prácticamente era el único lugar de esa habitación que no tenía fluidos corporales de ambos.

—Me obligaron a autorregalármelo —Dave cerró los ojos mientras se acariciaba los vellos de su pecho. Algunos de sus amantes lo hacían por él. Algunos otros que no fueran Michael Denker.

Habían follado como animales y, aún con eso, Michael no parecía demasiado interesado en acariciarlo fuera del acto sexual. Michael lo había consumido en el fuego de su pasión y al final de todo quedaba muy lejos el recuerdo de Michael esperando ser follado por él.

—¿Alguno de tus motivos personales para venir a Nueva York? —Dave abrió los ojos de golpe. Recordaba haberle dicho algo así a Michael cuando hablaron del viaje. Michael no se había movido, seguía viendo hacia la cama de Dave.

—No precisamente —Dave regresó a su autocaricia para relajarse. Toda esa conversación se le hacía absurda tomando en cuenta que Michael parecía sólo quererlo como un dildo humano —. La idea del autoregalo salió de la cabecita de un niño de cinco años que se volvió mi amigo —sintió a Michael girarse en la cama —. Lo encontré en un teatro queriendo comprar un arsenal de golosinas con cinco dólares. Lo encontré de nuevo con su tía en una cafetería. Me invitaron a pasar el día con ellos. Él me dijo que comprara el peluche para que lo recordara siempre.

—Tienes un encanto especial con los niños —Dave abrió los ojos y miró a Michael —. Mis hijos se quedaron muy impresionados contigo...

La culpa les había llegado a ambos justo cuando el sol estaba levantándose. Dave quería pensar que todo eso había sido cosa de una noche pero algo le decía que sólo era el principio de una historia que iba a terminar muy mal. Y si terminaba mal para él, se lo merecería, pero si las cosas terminaban mal para la familia de Michael; ésa iba a ser otra de las cosas que Dave iba a tener que cargar por el resto de su vida.


Dave sonrió cuando abrió la puerta de su departamento y encontró un reconfortante olor a comida.

—Cariño —habló con voz cantarina —, estoy en casa. Espero que la comida estés lista —Santana traía puesto un espectacular vestido negro que la hacía ver delgada, guapa... Magnifica en una sola palabra. De no haber sido gay le hubiera gustado ser lo suficientemente hombre como para conquistar a una mujer así.

—La comida es del restaurante italiano que te gusta y la he calentado dos veces. Llegas tarde Karofsky —Dave le besó en la mejilla.

—El vuelo se retrasó —buscó entre su maleta. Dave no tenía mucho en qué gastar su dinero. Era un hombre que sabía ahorrar y fuera de enviarle una cantidad a su padre no tenía demasiados gastos que los propios de un hombre soltero. Eso le daba la tranquilidad de darse ciertos lujos para él y para las personas que amaba. Sonrío cuando encontró el paquete —. Pensé en ti —le dio la distintiva bolsa de Tiffany's. Adentro estaba el estuche con un bonito collar —. Espero que te guste.

—Dave —Santana se encontró sorprendida y sobrepasada. El collar era hermoso. De un brillante oro blanco que engarzaba a tres preciosas esmeraldas — es...

—Hice un poco de trampa y no lo escogí yo. Me ayudaron un increíble crío que conocí en el viaje y su tía —Santana boqueó —. ¿Te gusto?

—No puedo aceptarlo Dave. Es demasiado —Dave sonrió. Cogió el collar y se lo puso a su amiga.

—Tonterías. Te ves hermosa. Además, es como un soborno. Pronto serás una estrella y podrás comprarme lo que yo quiera —besó su mano —. ¿Vamos a comer?

Dave no estaba seguro del porqué del regalo. Santana era el ser humano más cercano a él y la quería. Pero muy en el fondo sabía que el regalo era una muda disculpa por aquello que Santana no sabía. La iba a decepcionar porque él mismo se sentía decepcionado. Ni siquiera encontraba las palabras para decirle a su amiga lo que había ocurrido con Michael. Todas las estupideces que había hecho hasta ese momento habían sido un juego de niños.

¿Y lo vas a dejar de hacer?

Dave no quería pensar en la respuesta a ésa pregunta.


Brittany quería visitar el Callejón Diagon pero algo le decía que, sin varita, no lograría llegar. Frunció sutilmente sus cejas, exhaló un suspiro y se dedicó a caminar echándole un vistazo a su mapa. ¿Dónde estarían las agencias de viajes mágicas? Ella quería llegar a una pero su mapa muggle no las señalaba.

Por un momento pensó en la remota posibilidad de que ella también fuera muggle pero la descartó, especialmente porque, como Luna Lovegood, podía ver los narggles y los runespoon y otras muchas criaturas con sus propios expectráculos del 'Quisquilloso'.

Apenas terminaron sus conferencias Britt se había apartado de su representante y se había dado a la tarea de recorrer Londres muggle y buscar el Londres mágico. Hasta el momento había recorrido el palacio de Buckingham, el parlamento, el Big Ben y la torre de tortura. También, como buena fan de las novelas de Sherlock Holmes, había buscado Baker Street y había intentado seguir las pistas de los lugares donde Sherlock y John estuvieron; además de visitar King's Cross y deambular en busca del Caldero Chorreante, el autobus Noctámbulo y la entrada de las oficinas del ministerio de magia.

Un poquito cansada y algo hambrienta pidió un taxi y le pidió que le llevara hasta Hyde Park. ¿Era el parque donde Roger y Anita paseaban a Pongo y a Perdi en los 101 Dálmatas? Le costaba recordar si eso se llevaba a cabo en Londres o París. Tras pagarle al paxista y decirle que su inglés era gracioso se dedicó a recorrer el parque con paso calmo y algo nostálgico.

Siempre había planeado con Santana un viaje a Inglaterra. Desde que estaban en la preparatoria su novia sabía lo mucho que ansiaba conocer a Harry Potter y visitar todos esos sitios mágicos con ella, incluso intentar conseguir su varita. Santana le decía que ella no estaba segura de ser una bruja pero que si algo podía asegurarle era que Britt si lo era. Una hechicera hermosa y muy capaz. Ausentemente se dejó caer en un banco y miró distraída el lago Serpentine. La extrañaba, la extrañaba mucho…

Sacó su móvil, no por primera vez, y buscó los mensajes de whats app de Santana, tentada a mandarle uno, cuando menos un saludo. Leyó el historial con gesto melancólico y apretó los ojos para intentar no llorar. Lord Tumblinggtton sabía lo mucho que deseaba estar con ella en ese momento, tomando su mano y escucharla muy seguramente quejarse de lo horrorosa que era la comida inglesa.


—Me pregunto quién será ese misterioso 'Oso Batman'… Que aparezca dos días seguidos es muy sospechoso.

Kurt no pudo más que darle la razón a Rachel mientras se llevaba su taza de café a los labios. Cuando Lizzie había regresado al teatro para entregarles a un muy entusiasmado Damián lo había tomado del brazo y separado para contarle de aquel hombre misterioso. Según Elizabeth recordaba el nombre de aquel hombre era David. Por un momento Kurt recordó al chico gordo e inseguro que lo molestaba en la escuela pero lo descartó. Según su amiga ese era un caballero, buen mozo, bastante alto y bien vestido y, que además, parecía adorar a Damián.

Eli también le comentó que había ayudado a su hijo a regresar al teatro donde lo había dejado, lo cual echaba por la ventana la mentira que Damián; y que, no conforme con todo eso, había hecho que Damián comprendiera el por qué de su castigo y le había hecho prometer que le ofrecería una disculpa por su imprudencia.

Estaba de más decir que Lizz estaba encantada con él. Si ese hombre no fuera considerablemente menor que ella la editora le habría echado las garras encima.

Esa noche su pequeño demonio se disculpó con él con verdaderas lagrimitas corriendo por su cara y le prometió solemnemente que no volvería a escapar ni hacer que se preocupara así por él.

—No tengo idea, pero deberías haber visto a Elizabeth. Si no la conociera diría que ese hombre la hijo mojar sus pantaletas. No lo describió como excesivamente atractivo, pero se deshizo en halagos por él: Que parecía un hombre fuerte, que tenía la pinta de un buen padre, que era muy caballeroso...no me extrañaría encontrar un altar del hombre misterioso en su oficina.

Rachel soltó una carcajada limpia y Kurt no pudo más que seguirla. Siguieron chismeando un rato más hasta que el reproductor soltó una canción que a los dos los hizo callar.

Cauteloso Hummel contempló el semblante de Rachel pero no había tristeza ni desolación en él, sólo nostalgia. Miró a la pequeña Barbra jugando con Damián y a Resse, de dos añitos, en su corral, procurando no prestarle atención a la canción.

Pero no podía.

Aunque no fuera la voz de Finn siempre se acordaba de él al escuchar alguna de las canciones que había cantado en el club del coro; esta vez la canción era 'I've gotta be me', de Ryan Tedder. Cerró los ojos. Casi pudo vislumbrar a su hermano bailando torpemente junto con Mike; la sola visión lo hizo sonreír. Pero también le había hecho pensar en el tema del club de esa semana, en ser ellos mismos, y casi pudo imaginar la mirada curiosa y algo preocupada de Finn al preguntarle que le había pasado.

—El sábado audicioné para participar en una producción de "The Music man" a costa de Blaine —No supo por qué le había contado eso a su amiga y, a pesar de la cara de pasmo de Rachel, no pudo parar —hace demasiado tiempo que no me sentía tan bien y tan mal a la vez. No recuerdo haber sentido jamás tanto miedo en una audición, como si estuviera seguro que no daba a la talla.

Una mano tomó la suya y la apretó. No desvió la mirada de su copa, preparándose para las preguntas de Rachel.

—¿Pero por qué no le dijiste nada a Blaine? Sabes que él te apoyaría.

Kurt apretó los ojos y los labios. No quería contestar eso, se sentía mediocre tan sólo con pensar en ello. Agradeció que Rachel no lo apresurara y, unos minutos después, Kurt se armó de valor para admitir algo que le avergonzaba siquiera imaginar.

—Porque creo que, en vez de apoyarme, Blaine me hubiera convencido de no audicionar...

Porque Blaine no le daba importancia a que no cantara ni actuara más, porque él pensaba que era feliz cuando, en el fondo, Kurt siempre había sentido que algo le faltaba.

Rachel lo miró sin saber qué decir pero Kurt no esperaba que lo consolara. Blaine también era amigo suyo y era comprensible que no supiera cómo sentirse. Sin que los niños les prestaran atención la chica se puso de pie y lo abrazó acariciándole el cabello y besándole la mejilla, repitiéndole que lo sentía y que esperara que todo estuviera bien.


Estaba nervioso.

Ya habían pasado cinco días y no tenía noticia de los resultados de las audiciones.

Kurt miró su beagle con queso crema y su café deslactosado y se dió cuenta que no tenía hambre. Blaine, en cambio, comía el suyo, atestado con jalea de frambuesa, como si no hubiera un mañana mientras conversaba con los demás actores.

El timbre de su teléfono crispó sus nervios y saltó en su asiento. Hasta él sabía que eso resultaba sospechoso. Sabiendo que podía ser Elliot, Lizzie, Rachel e incluso alguno de sus proveedores, sacó el celular y miró la pantalla. Cuando vio el nombre en la pantalla sintió que le faltaba el aliento y se disculpó con los demás, diciendo que tenía una llamada importante que contestar. Sin esperar respuesta Kurt corrió hacia los camerinos para luego contestar el teléfono, esperando que su voz no sonara demasiado chillona.

—¿Aló? —Contestó. Kurt se sintió orgulloso de que su voz no sonara tan ansiosa y descompuesta como se sentía.

—¿Señor Hummel?

—A sus órdenes

—Lamentamos informarle que el papel del Profesor Harold Hill le ha sido asignado a alguien más —Eso era más duro de lo que recordaba. Kurt respiró profundo, procurando no dejarse apabullar por las sensaciones que lo recorrieron. No supo en qué momento dejó de escuchar pero supuso que fue mientras trataba de concentrar todas sus fuerzas en no dejarse caer sobre el suelo al sentir sus piernas hechas gelatina —¿Señor Hummel?

—¿Si?

—Le decía que si lo esperamos en el teatro de dos a cinco de la tarde.

—¿De dos a cinco? —Ahora Kurt no comprendía nada. Solo esperaba que el director le tuviera paciencia.

—Para los ensayos —ante el silencio de Hummel el director soltó un resoplido de risa —Para el papel de Winthorp Paroo. Le estaba comentando que a todos nosotros nos encantó su audición y que nos daría gusto volver a verlo actuar después de tanto tiempo. Bienvenido a los escenarios de Broadway, señor Hummel Anderson; será todo un placer trabajar con usted.

Cuando el director colgó Kurt no pudo evitar chillar y llorar de alegría. Se sentía ligero, realizado, feliz. Tras más de casi cinco años había logrado un papel en Broadway en un teatro distinto al que él dirigía, un puesto del que no dudaba de sus méritos.


—Robert. Me llamo Robert Thorn.

Katherine sonrió encantadoramente. Robert estaba resultando tan amable y atento que Katy no podía esconder el interés que estaba surgiendo por conocer más a fondo a ese enigmático hombre.

—Corte... —Santana quitó la sonrisa tonta de colegiala enamorada. Katherine era un personaje tan bueno que le resultaba algo aburrida, por lo menos al principio, porque después experimentaría unos cuantos fenómenos paranormales que le cambiarían la vida —. Estás genial. En tu camerino está el nuevo vestuario.

Santana caminó despreocupadamente hacia su camerino. Ese estaba resultando un gran día. Se sentía realmente bien y no había tenido que fingir tranquilidad. Tal vez todo su buen humor se debía a lo que había visto por error en el noticiero. Se veía tan hermosa y despistada como siempre. Faltaban tres meses para que regresara a casa, tres largos meses...

¿Y qué has hecho para cambiar?

Santana se trató de convencer a sí misma de que había cambiado. Hablaba con Dave, le contaba sus penurias y sus temores. Claro que arbitrariamente ignoró el hecho de que David era quien siempre la buscaba y prácticamente le rogaba para que se le aligerará la carga.

Su móvil vibró. Era un tercer mensaje de Dave. El primero era estupidez que la hizo reír. El segundo de un vídeo de la película La profecía y el tercero es para confirmar su cita para comer.

Dave estaba tan loco como Deadpool pero también era un caballero. Tenía un aire paternal que era imposible de ignorar, tal vez por su constitución física, o tal vez porque el tipo parecía bien plantado en el mundo. Aunque de eso último Santana tenía sus sospechas, sobre todo de un tiempo a la fecha, casi después de su regreso de Nueva York.

A veces, por algunos momentos, Dave bajaba la mirada y lucía contrariado. Santana pensaba en preguntarle pero luego Dave volvía a la normalidad y era como si Santana sólo se hubiera imaginado esa aflicción. Santana no tenía el estilo dulce de Dave para investigar sobre los problemas de los demás así que no tenía más remedio que esperar a que Dave estuviera listo para hablar.

—¿Al camerino? —Peter Jones era su coestelar. De los dos, el más famoso, aunque no por mucho tiempo —. Sabes Santana, no había tenido la oportunidad de hablar a solas. Está siendo un placer trabajar contigo.

Santana era una mujer latina con una sensualidad natura, lo sabía, pero hacía tanto tiempo que no le coqueteaba a nadie. Siempre le terminaba sucediendo lo mismo, a ella se le acercaban con intención de meterse a su cama.

—Gracias, Peter... —pobre Peter, intentando coquetear, iba a ser duro para su ego recibir una negativa. Lo que se iba a reír Dave cuando le contará de todo eso.


Michael a duras penas podía respirar. El cuerpo de Dave lo aprisionaba contra la pared de su oficina. Sus grandes manos le sostenían con fuerza la cadera. Podía sentir las fuertes embestidas que lo estaban llevando al límite. Tensó su mandíbula al sentir el orgasmo y eyaculo sobre su mano. Eres importante no dejar evidencias. Era tan difícil no gritar de placer cuando sentía la polla de Dave palpitando en su interior, derramando todo ese rico semen que tanto le gustaba. Para no gemir, Dave le mordió un hombro, mitigando sus salvajes sonidos.

Sorpresivamente Michael se giró para besar a Dave y él lo recibió gustoso. Toda muestra de afecto de Michael Denker después de haber follado era bienvenida, sobre todo porque había tan pocas. Cuando el beso terminó, Dave se desplomó sobre el sillón y Michael se dedicó a limpiar cualquier rastro de su encuentro.

—Tenemos casi un mes haciendo esto en tu oficina. Un día nos van a atrapar —Dave comentó aún con los ojos cerrados e intentando recuperar fuerzas.

—Efectivamente. Por eso he buscado una forma para solucionarlo —Dave abrió los ojos de golpe. Michael estaba secándose las manos y le sonreía con aire de autosuficiencia.

—¿Cómo...

—Bueno, resulta que tengo un amigo que tiene el mismo problema que yo —Dave perdió toda esperanza de escuchar algo bueno de Michael Denker —. Tiene un motel discreto en la cincuenta y tres —motel… Dave nunca había ido a uno. No tenía necesidad de esconderse así, cuando su vida sexual empezó, él ya estaba fuera del armario —. Claro que no puedes seguir con un medio de transporte tan precario como el metro. Qué tal si un día sólo tenemos una hora para vernos y tú yendo en metro sería imposible —Dave se puso de pie. Estaba tan enojado que sentía como la sangre se acumulaba en sus mejillas —. Así que me permití —Denker abrió un cajón y cogió algo y luego se lo lanzó a Dave quien lo atrapó sin ningún problema —. Es una Mercedes Benz clase GLK. Espero que te guste el color.

—Gracias —Vio como la sonrisa de Michael se amplió. Dave le lanzó de regreso la llave. Michael no pudo cogerla, cayó sobre la alfombra, en otro momento la torpeza de Denker le hubiera resultado tierna pero en ese momento lo único que quería era arrancarle la cabeza —. Ya había pensado en un vehículo. No en una lujosa Mercedes —la sonrisa del jefe desapareció. Santana y Dave ya habían hablado de comprar un coche. Sobre todo desde que casi causaban una trifulca en el metro. Habían reconocido a Santana y las cosas se habían puesto intensas.

—Bueno, será como tú quieras. Como sea vas a tener que llegar siempre tú antes que yo al motel. Nunca nos pueden ver juntos, tú sabes, por si acaso.

Dave estaba tan enojado y se sentía tan humillado que se preguntaba cómo había sido tan idiota como para enredarse como un tipo así.

—¿Estás tan seguro de que voy a ser tu amante toda la vida? —Denker perdió todo el color el rostro y se le ensombreció la mirada. Dave lo miraba furioso. Michael iba a decir algo pero lo interrumpió el intercomunicador.

—Señor, su esposa está aquí —Dave bajó el rostro. Lo que le faltaba.

—Que pase —Elsa Denker entró. Le dio un efusivo beso en la mejilla a Dave quien hizo uso de todo su autocontrol para no separarse de esa muestra de afecto inmerecida.

—Oh, Dave. Que gusto —Elsa caminó hacia su esposo —. Los chicos preguntan por ti. Un día deberías ir a cenar a la casa y puedes llevar a tu amiga. Hace poco leí que la quieren para protagonista de una gran serie y... —Dave no sabía dónde meterse. Quería salir de allí cuanto antes.

—Elsa... —Michael interrumpió a su mujer.

—Sí, lo siento. Suelo divagar un poco. Venía a recordarte que tenemos una cena con los Newman y a que me des los papeles de la casa de campo.

—Yo les dejo. Tengo que trabajar...

—Claro, pero no olvides mi invitación. Tengo un amigo que quiero presentarte. Se moriría por ti. Es Pierce, ¿lo recuerdas cariño? —Michael negó —. Mi estilista... —Elsa besó a su marido y Dave simplemente se quería morir. Esos labios que apenas un momento antes lo habían besado con pasión. Todo lo suyo estaba tan mal en todos los niveles que Dave ni siquiera sabía por dónde empezar.

—Lo tendré en mente. Con tu permiso, Elsa.

Dave corrió a su oficina y se encerró. Esa relación, o lo que fuera que tuviera con Michael, tenía que terminar para siempre. Era un error, uno tan horrible que lo hacía sentir como el peor hombre del mundo.

¿Lo eres?

¿Lo vas a dejar?

¿Eres capaz?

Cada cuestionamiento retumbaba en su cabeza con la voz firme de Santana López. La voz de su consciencia. La voz que le estaba haciendo ver que no iba a ser tan sencillo.


Nos vemos mañana.