Érase una vez ella
Sailor Moon © Naoko Takeuchi
Cuando Mina y yo nos encontramos en la planta baja nos dirigimos hacia el estudio de papá, el que fuera su refugio cuando rara vez estaba en casa. Y cómo no, si el lugar era perfecto. Tenía su área de trabajo, claro, pero también tenía su mesa de billar y bastantes libros; y lo mejor de todo: su mini-bar. Con cuidado, abrí la puerta de madera que llegaba hasta el techo y ofrecí el paso a la rubia.
– Pasa – dije con caballerosidad.
Ella me miró extraña. – ¡Ah! Como ya aceptaste que te caigo bien, ahora si eres caballeroso…–
Rodé los ojos. – Entonces quítate, pasaré yo primero. Con nada se te tiene a gusto… –
Molesto, aparté a Mina de mi camino con un pequeño empujón. No era mi intención portarme pesado, pero es que ella me sacaba de quicio tan rápido…
Avancé hasta la mesa cuadrada situada al pie del ventanal más grande, por el que entraba la luz que dejaba pasar una delgada cortina de tul blanco.
– Ya, ya. Empecemos ¿sí? Quiero irme antes de que oscurezca, me da miedo andar por ahí sola en la noche– apuró ella.
– ¡Ay, por favor! Si bien sabes que te llevaré a tu casa. Después de todo, soy muy considerado–
Mina sonrió. – Bueno, gracias –
Tomamos asiento y sacamos nuestros cuadernos para comenzar a hacer el trabajo que ya comenzaba a darme lata. Yo me concentré y en poco tiempo logré tener un poco más de la mitad terminado mientras que Mina… bueno, ella lo intentó.
– ¡Wah! Ya no quiero hacer nada…– exclamó ella estirando sus brazos hacia arriba. – Esto es muy cansado y aburrido –
– Mina, ni has hecho gran cosa. Cállate y trabaja – exigí.
Mina hizo como si yo no hubiera dicho nada y se levantó de su silla para empezar a inspeccionar el estudio de mi padre. Lo hizo en silencio, cosa que agradecí pues yo continuaba haciendo más problemas de cálculo.
– ¡No puede ser! – gritó ella rompiendo la preciada pasividad que había logrado.
Voltee a verla. Ella estaba de frente a un enorme estante con libros de todos los temas. Sostenía uno con sus dos manos, ojeando rápidamente, con una cara de emoción como quien encuentra un tesoro.
– ¿Qué? – pregunté por obligación.
– Este libro… mi papá solía leerlo para mí –
Me puse de pie y la alcancé. Tomé el libro para ver su portada.
– ¿"Pulgarcito"?– cuestioné mirándola como un bicho raro.
– ¡Sí! Lo he buscado como loca pero parece que ya nadie lee cuentos a sus niños – dijo y arrebató el libro de mis manos para seguir ojeándolo con ilusión. – Mi papá siempre me decía que yo era su pulgarcito, pequeñita e indefensa y que siempre cuidaría de mi… que siempre estaría a mi lado –
Una mirada triste y fugaz asomó sus ojos y el deseo de saber sobre ella apareció de nuevo. Tal vez no estaría mal preguntarle cosas sobre su vida ahora que yo ya había soltado toda la sopa sobre la mía.
– Mina… ¿cómo es tu papá? –
Ella me miró, sonrió y comenzó a caminar hacia la mesa en donde estuvimos haciendo la tarea.
– Bueno mi papá es… un gran hombre –
Silencio.
¿De verdad pensaba decirme solo eso? ¿Tenía que ser más específico con las preguntas?
– ¿Cómo se llama? ¿Cuál es su trabajo? ¿Cómo se porta contigo? – solté sin pensarlo.
Mina me miró sorprendida de mi osadía. ¿Me había pasado de la raya?
La rubia suspiró y se recargó sobre el marco del gran ventanal. – Mi papá se llama Kei Aino. Es doctor y hace muy bien su trabajo. De hecho le va bastante bien, ya sabes en cuestión de sus pacientes y esas cosas…– declaró ella sonriente.
¿Un doctor? Jamás lo hubiera pensado. Espero que ella no quiera seguir los pasos de su padre porque con una doctora como Mina, la humanidad entera estaría en peligro.
– Lo veo siempre y tenemos una buena relación. Me quiere, me cuida y me presta más de la atención que necesito. De hecho cuando salgo con chicos espera por mí en la ventana, y si llego tarde me regaña. Revisa mis notas cada fin de periodo, sabe el nombre de mis mejores amigos y sabe todo sobre mí…–
Eso es bueno. Pero, ¿por qué esa mirada triste estaba de nuevo posada en sus ojos?
Mina miraba la ventana perdida en la visión exterior. No pude comprender cómo es que ella estaba tan seria cuando hablaba sobre su vida cuando, acorde con su personalidad, debería estar soltando detalle tras detalle.
– Bueno, será mejor que sigamos con la tarea ¿no? – propuso y recuperó la alegría que siempre la acompañaba.
La rubia se sentó en la mesa y comenzó a hojear los papeles sobre ella. La alcancé y me senté. Era verdad, era mejor acabar con la tarea, pero la curiosidad sobre el misterio que Mina aun representaba era demasiada. Ella parecía ir construyendo un enorme muro alrededor de ella justo como yo hacía con las demás personas. Ella… hacía lo mismo que yo, pero de diferente manera.
– ¿Y tu mamá? – pregunté.
Ella pareció tensionarse e incomodarse con mi pregunta. Pero yo, quería saberlo todo y me sentía con el derecho de saberlo.
– No tengo –
Su respuesta me golpeó como viento frio y entendí aquel interés en saber sobre la cercanía entre mi madre y yo.
– Lo siento – susurré apenado.
– No importa. Fue hace mucho y yo estoy bien ahora – dijo sonriendo.
A mi parecer, estaba forzándose a sonreír.
Pasé saliva difícilmente y un tanto avergonzado seguí. – Uhm… puedo saber cómo…–
– Accidente automovilístico. Así como Lady Di – aclaró ella.
¿Así como Lady Di? ¿Qué le pasa a esta niñata?
Mina suspiró con resignación y por fin comenzó a hablar un poco más al darse cuenta de que yo no pensaba quitar el dedo del renglón.
– Yo tenía diez años cuando ella murió. Era ecologista y venía de una junta en un auto hibrido que papá le había comprado; creo que fue el auto el que falló. Murió un día antes de mi cumpleaños –
El silencio reinó en la habitación. Yo simplemente no sabía que decir. Permanecí callado y completamente tieso en mi lugar.
Estaba impresionado. Impresionado de saber que detrás de esa cara feliz y rebosante de alegría hubiera un pasado doloroso.
– Ya tranquilízate – dijo y dio unos golpecitos en mi espalda – No tienes que ponerte raro conmigo–
– Y ¿de qué parte de América vienes? – pregunté nervioso en un intento de cambiar el tema.
– ¿Qué es esto? ¿El día de las mil preguntas? – bromeó.
–…–
Rodó los ojos resignada. – Bueno, soy de muchos lados. Papá es francés, mamá era mexicana y yo nací en Florida pero viví en México casi la mitad de mi infancia. De ahí nos mudamos a Estados Unidos y estuvimos yendo de un estado a otro. Después pasó lo de mamá y comenzamos a mudarnos más seguido y a lugares más lejanos – terminó con tristeza.
Yo la escuchaba con extrema atención. – ¿Porqué? ¿Por qué se mudaban tan seguido? –
– Porque yo cometía crímenes y para que no me encerraran teníamos que irnos del estado…–
Mis ojos se abrieron a su máximo.
– JA-JA-JA ¡Estoy de broma! – Aclaró ella muerta de risa – ¡Deberías haber visto tu cara! –
– Qué chistosita…– dije sarcástico. – Entonces, ¿me decías? –
La rubia recuperó su compostura y siguió. – Nos mudábamos seguido debido a mi papá y su trabajo. Ya te dije que es doctor, pero también es empresario; tiene una cadena de hospitales, Avanti Hospital, no sé si lo conozcas…–
La quijada se me fue hasta el piso. – ¿Avanti Hospital? ¿¡Estas bromeando! ¿Tu papá es el dueño?–
Los Avanti eran de los mejores hospitales en el mundo, si, ¡en el mundo! Y yo dudando de su situación económica, esta niña debe estar pudriéndose en dinero.
– ¿Qué no están construyendo uno aquí en Londres? – pregunté al recordar a mi padre hablando sobre buscar relaciones con la construcción de dicho hospital.
– Hm sí. De hecho, es por eso que yo estoy aquí. Papá siempre se involucra mucho con todo lo que se trate de su trabajo. Es perfeccionista en ello y por eso he vivido en todos los lugares en los que se ha construido uno de sus hospitales. Así que cuando él consigue un nuevo lugar para uno, es hora de empacar e irnos todos detrás de él…– dijo desganada.
¿Todos?
– ¿Tienes hermanos? – pregunté esperando una afirmación.
– No –
– Entonces, ¿Quiénes son todos? –
– Papá se volvió a casar, ¿no te lo dije antes? – dijo con naturalidad.
– No…–
– Bueno, eso hizo. Él es muy feliz con su nueva esposa… Oye, debemos acabar esto, ¿no crees? Ya se está haciendo algo tarde…–
Mina tomó el lápiz y comenzó a hacer la faramalla de que estaba resolviendo un problema. Yo de antemano sabía que, al menos el problema que intentaba hacer, era imposible para ella. Pero supuse que su afán por cambiar el tema era tal que incluso prefería estudiar antes de seguir.
Imité a la rubia y comencé a hacer como que trabajaba.
La verdad es que me sentía algo contento por conocerla más pero me sentía incómodo por hacerla hablar de algo que la ponía incómoda a ella. Porque a pesar de que ella trataba de ocultarlo, no era la misma de siempre.
– Perdón – susurré apenado y volteando a otro lado. – No debí preguntarte tantas cosas…–
– No importa, je– contestó dulcemente.
El tiempo pasó y después de terminar el trabajo la invité a cenar. Me rechazó.
– Bueno, entonces te llevaré a tu casa –
– Vale – aceptó.
Subimos al auto mientras ella hablaba de estupideces y yo solo escuchaba y me burlaba de ella. Manejé por el camino que seguí aquella noche en que ella salió con Kaitou. Mina se mostró sorprendida de que aun lo recordara.
Cuando llegamos pude ver su casa con las luces apagadas. La cochera estaba vacía, justo como aquella noche. Apagué el motor y ella comenzó a desabrochar su cinturón de seguridad. Hice lo mismo.
– Espera – ordené.
Me bajé del auto y di la vuelta hasta llegar a su puerta. La abrí.
Mina me miró extrañada y con una sonrisa socarrona. – Gracias – dijo burlona. – No me di cuenta en qué momento te convertiste en caballero y yo en una dama –
Sonreí de lado. – Supongo que fue en el momento en el que supe que tienes un papá que puede matarme sin que nadie le diga nada –
Bajó y colgó su maletín sobre su hombro con actitud seria. Mi comentario no le hizo gracia en absoluto.
– Nos vemos mañana – finalizó y giró su cuerpo para caminar rumbo a su puerta mientras agitaba su mano derecha.
Esperé a que entrara y prendiera las luces. Entonces, me fui.
'o'o'o'o'
Como es mi costumbre, después de bañarme me tiré en mi cama a pensar. Mi mente se fue inmediatamente a lo hablado a lo largo del día.
Me reproché a mi mismo el hecho de haberme expuesto a Mina de esa manera, contándole todo lo que fui y lo que aun hoy soy.
Creo que el hecho de haberme confesado ante ella fue la razón por la que me sentí con derecho a saber de su vida también. Cosa que no podía ser más falsa, ya que no fue ella quien me pidió que le contara nada.
Pero de igual manera la presioné para que hablara. Y en realidad, me sentía bien de haber sacado algo pero mi curiosidad no estaba por completo saciada.
¿Pero qué estoy diciendo?
La vida de Mina no es de mi incumbencia. Aunque bueno, no estaba de más que tan siquiera me comentara que su papá es dueño de los Avanti. Estoy seguro que nadie en la escuela lo sabe. ¿Seiya lo sabrá? ¿Seiya sabrá lo de su mamá?
¡Bah! ¿¡A mí que!
Creo que me estoy pasando un poco de metiche.
Hubo un silencio mental y entonces alguien llamó a mi puerta.
– Pasa – exclamé.
– ¿Ya vas a dormirte? – preguntó mamá asomando la cabeza.
– Pues, supongo. ¿Qué pasa? –
Mi madre entró completamente y caminó hasta llegar a la ventana junto a mi cama. Aun llevaba su ropa de trabajo, un traje sastre color rojo. Cruzó los brazos y perdió su vista en la noche oscura.
– Esa niña, ¿es tu novia? – dijo.
Inmediatamente levanté la mitad de mi cuerpo y me recargué sobre mis antebrazos. – ¡Por supuesto que no! – exclamé con tono indignado.
– Ya veo. Debí suponerlo, no era posible que cambiaras de gustos tan drásticamente. No es para nada como tu ex novia –
– Mina es solo una compañera de la escuela. Está un poco loca, a decir verdad – confesé.
– Se ve…– susurró mamá. – No creo que codearte con gente así te de buena reputación –
Mi madre era muy, pero muy fijada. Y yo sabía que Mina no era del tipo de persona favorita de ella. Para mamá es todo modales y educación. Entre más finas y delicadas, mejor. Además eso de la reputación le importaba en exceso. Sobre todo por lo que sus amistades pudieran decir.
Algunas de sus amigas trataban de encimarme a sus hijas. Más de una vez había tenido que asistir a citas preparadas por ellas. Mamá parecía adorar la idea de tener más relaciones con gente rica. Si supiera que Mina estaba ahogada en dinero...
A mí nunca me interesó eso cuando conocí a Kakyuu. A mí me gustó ella por hermosa, no porque tuviera algo que ver con la realeza. Pero a mi madre le cayó de perlas. Rei Hino simplemente adoraba a Kakyuu.
Todo con Kakyuu era bastante favorable en comparación con Mina.
¡Bah! No es como que tuviera que preocuparme por eso, ni que a mi me interesara Mina de esa manera… pero, bueno, me resultó cómico ver el contraste entre ellas dos.
No cabe duda que ellas son dos polos opuestos.
Hola chicas!
Bien, he aqui mi primera actualización del año, está cortito pero algo es algo =P
Espero lo disfruten y me dejen revieww
Feliz año nuevo a todas, les mando la mejor de las vibras y muchas bendiciones
Un gran abrazo
mskou
