Palabra: Traslador.
Un último brindis
24 de diciembre de 1980
Lily paseaba con el pequeño Harry de un lado a otro, pero aun así, el niño no dejaba de llorar.
―Ya pasaron las once y media, ¿dónde se metió este licántropo? ―preguntó Sirius, mirando el reloj nervioso.
―Tranquilo, Canuto, ya aparecerá―aseguró James, aunque pareció que lo decía más para tranquilizarse a sí mismo, ya que hacía rato que observaba por la ventana de manera compulsiva.
―Para la próxima navidad, hay que regalarle un traslador―comentó Sirius―. A ver si con la hora programada puede ser puntual.
―¡Chicos, ahí está! ―gritó Peter, que miraba por la otra ventana―. Apareció en el patio trasero.
En ese momento, escucharon como alguien tocaba la puerta. Todos se vieron claramente relajados.
―Lo lamento, perdón, en serio―entró diciendo Remus en cuanto James le abrió la puerta―. Tuve unos cuantos problemas, hubiese venido antes si no.
―¿Qué problemas? ―quiso saber James.
Remus se lo quedó mirando en silencio.
―Ya―comentó Sirius con recelo―. Ni lo digas. Es esa misión súper secreta que Dumbledore no te deja contar, ni siquiera a nosotros, que formamos parte de la Orden y somos tus mejores amigos.
―Lo lamento, pero fue muy estricto con eso―Remus se encogió de hombros.
―Debes estar congelado, Remus―dijo Lily, cambiando de tema―. Iré a calentarte la comida.
―Y nosotros brindaremos―James alzó una de las copas ya preparadas con agua―. Por la amistad.
―Y la lealtad―agregó Sirius, mirando fijamente a los ojos de Remus, que se movió incómodo.
―La incondicionalidad―añadió sin embargo.
Peter tardó unos segundos.
―Brindo por ustedes, chicos, que son mi familia―dijo en un susurro apenas audible.
Lo cuatro merodeadores chocaron sus copas por el que sería ―aunque ellos no lo supieran entonces― su último brindis.
N/A:
Palabras: 283.
