Capítulo 6: No estoy loca
Me mantengo paralizada un momento, mis piernas no me quieren responder y tan solo me encuentro observando frente a mí. Logro ver, a una gran distancia frente a mí las luces de la ciudad. La noche está fría, puedo ver el vaho de mi respiración saliendo de mi nariz y mi boca. Mi corazón late rápidamente. Muchas otras chicas pasan corriendo junto a mí y se alejan. El viento mueve mis púas y me refresca en demasía. Contemplando las luces de la ciudad allá a lo lejos gatillan miles de recuerdos que pasan casi en secuencia por mi cabeza.
Mi vida solía ser perfecta; tenía un apartamento hermoso, el pandero lo podía tocar en cualquier estilo de música, tenía una estable fuente de ingresos tocando en ese restaurante dirigido por ese oso polar, tenía un vestuario que causaba la envidia de cualquier otra hembra que me viera. Bueno, en realidad todo eso hacía que mi vida fuera solamente casi perfecta, se convirtió en perfecta cuando Lance llegó a mi vida. Era lo único que faltaba, y el haberlo conocido logró que mi vida no deseara tener nada más.
Nos convertimos muy rápido en una pareja, él había sido echado de su antiguo hogar por esa otra asquerosa y horrible puercoespín que solía ser su novia. Muchas veces me solía preguntar qué era lo que había encontrado en ella; su vestimenta era horrible, sus púas siempre lucían como si se hubiera recién levantado, no usaba maquillaje, y lucía ridícula mientras llevaba a cuestas su absurdo y estúpido sueño de querer ser rockera. El pobre de Lance desperdició mucho tiempo con ella, me dijo que nunca pudieron conseguir tocar en ningún lugar, solucioné eso llevándolo a tocar conmigo en el restaurante, donde rápidamente comenzamos a causar sensación y siempre lográbamos que se llenara cuando nos presentábamos. Me encantaba lo rebelde que era, el gran músico que podía llegar a ser, lo atractivo que era. Yo le correspondí siempre siendo una gran compañera en el escenario con él. Más de alguna vez pensé en que nos casáramos y tuviéramos muchos hijos juntos.
Tristemente no tomé en cuenta que Ash, esa puercoespín tan fea con la que mi Lance perdió tanto tiempo, arremetería de nuevo cuando menos lo esperaba. Esa canción que compuso para ese patético show en las ruinas del teatro Moon la compuso solamente con el propósito de intentar quitarme a mi amado, y lo peor fue que me di cuenta que lo pudo haber logrado. El verlo tarareando la canción en los días posteriores, el llegar a ver cómo es que intentaba tocar con su propia guitarra su canción, y el ver cómo es que comenzaba a salir sin mí me hizo notar que habían comenzado a verse otra vez. Él me mentía y me decía cualquier excusa que pudiera considerar convincente cuando le preguntaba a donde había ido, sonaba tranquilo cuando me lo decía, sonaba sincero, pero me daba cuenta lo hábil que era y lo bien que lograba ocultar sus mentiras. "Fui al supermercado" "Salí al restaurante a hablar con Harry" "Fui a buscar alguna nueva tienda de música" parecía que había ensayado muy bien todas esas excusas, pero sencillamente no le creí ninguna.
Nuestra relación debía seguir siendo perfecta, por lo que comencé a tomar medidas. Comencé a ocuparme de que Ash y Lance no volvieran a estar juntos. Robé el teléfono de Lance para que no pudiera volver a contactarse con ella, comencé a acecharlo cuando salía del apartamento, estando preparada para golpear a Ash si es que lo veía junto a él, revisaba todas sus cosas en caso de encontrar alguna carta de amor o un mensaje de parte de ella, incluso comenzaba a olfatear sus camisetas antes de colocarlas en el interior de la lavadora, esperando sentir la esencia de ella. Nunca los logré atrapar juntos. Lance no era tan tonto como creí que era.
Jamás me arrepentí de haberlo abofeteado dos veces luego de que finalmente lo encaré, él se merecía esas bofetadas y quizás muchas más, él merecía ser castigado por haberme engañado con Ash, él me insistía que no era cierto, y sabía que volvería arrepentido esperando que lo perdonara luego de ver que tomaba una maleta, su guitarra y dejaba el apartamento.
- Estás loca – me dijo antes de cerrar la puerta, sus dos mejillas se encontraban coloradas por las bofetadas recibidas merecidamente
El estar enamorada, el amar profundamente a alguien, el querer solucionar inconvenientes molestos que pueden arruinar la perfecta relación que mantenía ¿Realmente esos son motivos para que me tratara de loca? No. No estoy loca, en realidad estoy enamorada, pero loca no. Lance no sabe de qué habla. Ninguno de los miembros del jurado, ni tampoco el abogado que me asignaron saben de qué hablan, todos ellos me dijeron loca. Les insistí una y otra vez que yo estaba enamorada, pero no loca. Mis acciones no fueron de una loca, de serlo así yo ya lo sabría y me trataría de loca, pero el ir a golpear y herir a la puercoespín que intentó arruinar la relación entre Lance y yo no es la acción de una loca, sino de una chica que busca corregir y eliminar un molesto error que arruinó una relación.
Fue por eso que quedé confundida al oír que me daban una sentencia de 4 años en la prisión de la ciudad.
l
l
l
l
l
Desde que me hicieron poner un pie ahí lo detesté de inmediato, no lo merecía y no debía estar ahí. El horrible uniforme naranjo que me entregaron no lucía para nada genial, lucía espantoso. Acostumbraba vestirme con lo que siempre estuviera de moda, las mejores faldas y las mejores chaquetas, y verme ahora cubierta casi con un trapo naranja era algo totalmente injusto. La celda en la que me encerraron lucía horrible, era totalmente hecha en concreto, solo de color gris, solo había una ventana, era más pequeña que una hoja de papel, alejada de mi alcance, tal vez a unos dos metros de altura. Había una cama enorme a la derecha y a la izquierda había una litera, ambas hechas de metal con un colchón que no se veía muy cómodo. La cama superior de la litera se encontraba justo al lado de la pequeña ventana. Pero lo peor de todo era que esta celda ya se encontraba siendo ocupada, tenía que compartirla con otras dos chicas, lucían horribles pero debía acostumbrarme a verlas a diario. Una hipopótamo, una enorme chica que sin dudas era quien ocupaba la enorme cama de la derecha, y una cabra, una chica lanuda con dos pequeños cuernos sobre su cabeza, ambas, al igual que yo, utilizando ese horrible traje naranjo. Ambas se encontraban jugando cartas en el suelo en el momento que llegué. Yo era la más pequeña de las tres. Suspiré largamente al verme encerrada con ellas en esa celda.
Si es que ellas me dijeron sus nombres, la verdad que no los recuerdo en absoluto, y francamente no me interesaban, durante los primeros días estando ahí no les dije ni una sola palabra, no quería hablar con ellas en absoluto y no quise saber nada de ellas. No sabía que eso sólo era el comienzo de lo que se tornaría un inmerecido castigo. Había que despertarse antes de que saliera el sol, las duchas eran compartidas, todas nos debíamos desnudar y bañarnos al mismo tiempo. Frecuentemente el agua salía o muy fría o demasiado caliente. Las comidas eran porquerías asquerosas que quería negarme a comer, pero debía hacerlo solo porque no había nada más que comer.
Sin embargo, lo peor de todo era que dos veces por semana venían dos enormes guardias, dos hipopótamos, que me hacían salir de la celda y me llevaban hacia otro sector de la prisión, mucho más alejado que los sectores como las celdas, el patio, el comedor o los baños. Me hacían subir más y más escaleras, varias puertas metálicas cerradas mientras subíamos y pocas ventanas, todo iluminado por tenues luces en los costados de los muros, también construidos en concreto. Estos guardias me conducían a un pasillo de esa ala del edificio con algunas oficinas administrativas. Era el único sector de todos los pasillos recorridos en donde se veían grandes ventanas con vista al patio y al ala opuesta de la prisión y el piso estaba adornado con una alfombra café hasta el final del pasillo. Me encaminaron hasta una de las puertas que había ahí y me hacían entrar.
"¡MALDITA SEA!" pensé con furia la primera vez que entré "¡QUE NO ESTOY LOCA!"
Era una consulta psiquiátrica. Una zorra se encontraba dentro, sentada detrás de un escritorio usando un delantal blanco, sería la psiquiatra a quien tendría que acostumbrarme a ver mientras siguiera encerrada.
l
l
l
Mi rutina en prisión terminó siendo una monotonía a partir de entonces. Despertarme temprano junto a todas las demás, duchas compartidas muy calientes o muy frías, desayuno horrible, nada que hacer, almuerzo horrible, nada que hacer, y de regreso a las celdas donde prefería mantenerme callada y recostarme en mi cama mirando al techo ubicado muy ceca de mí. La cabra y la hipopótamo notaban que yo no tenía interés en conocerlas y no me dirigían la palabra, ellas se ponían a veces a jugar cartas y a conversar o cuchichear sobre diversos temas que ocurrían. A veces me daban ganas de preguntarles su opinión sobre lo ocurrido conmigo y lo injusta que fue mi sentencia; quise deshacerme de un problema que había en mi relación perfecta, cualquiera se deshace de un problema si lo tiene, y en vez de ser recompensada por eso termino estando encerrada en una prisión, compartiendo con dos prisioneras que no me interesa en absoluto conocer, con comida horrible y alejada de mi Lance ¿Realmente me merezco todo esto?
Las cosas con esa zorra, zorra en los dos sentidos, que intentaba tratarme de esa locura que no tengo eran aburridísimas, yo le decía que no tenía que estar ahí, que todo lo que hacía estaba correcto y debía salir de ahí, ella intentaba insistirme en que lo que hacía no era correcto y que debía comenzar a tratar eso, pero yo la ignoraba, solo le asentía para que me dejara en paz de una vez y me pudiera ir de esa consulta. Tampoco podía acercarme a golpearla a pesar de que muchas veces deseaba hacerlo; uno de los guardias que me llevaba hasta esa consulta se encontraba con su arma fuera de la puerta. Finalmente, y después de cada sesión me decía que podía retirarme luego de entregarme una píldora que debía tragarme frente a ella, me pedía abrir la boca para comprobar que si me la tragaba. Luego de eso se levantaba y caminaba hacia la puerta, donde le pedía al guardia que me llevara de vuelta a la celda. Antes de llegar a ella comenzaba a sentir somnolencia y relajo, y al llegar lo único que hacía era, y sin saludar a ninguna de las dos bestias con quienes tenía que compartir la celda, trepar a mi cama y quedarme profundamente dormida.
Una de esas noches luego de tener que ir con la zorra, sin embargo, me desperté bruscamente, la píldora ya me había hecho dormir durante gran parte de la tarde y me desperté ya muy entrada la noche. No sabía qué hora era, pero debía ya ser tarde, las luces de la celda y del pasillo se encontraban apagadas, y el mínimo de luz que podía verse era debido a la pequeña ventana junto a mi cama. Había entendido porque nadie la eligió; al estar tan cerca de la ventana resultaba obvio que era la cama más fría de las tres, ya que ni siquiera tenía un vidrio. Los únicos sonidos que podía oír eran los fuertes ronquidos de la hipopótamo desde el otro lado de la celda. No podía verla, pero me imaginaba que estaba con su enorme hocico abierto mientras roncaba fuertemente. La cabra dormía pero no roncaba, aunque la sentía moverse en la cama de abajo. Yo ya no tenía sueño y sabía que esa sería una larguísima noche, pero entonces.
- Becky… Becky
Me senté súbitamente en mi cama. Mi nombre había sonado claramente, pero no parecía ser de ninguna de mis dos compañeras, la hipopótamo roncaba sin parar y la voz no sonaba como la de la cabra.
- … Becky
A pesar de que la luz que había era limitada intentaba ver lo mejor posible a mi alrededor, me fui arrastrando hasta llegar a los pies de la cama para intentar ver al oscuro pasillo, pero no parecía moverse nada ahí. Miré entonces abajo, pero no podía ver nada, y tan solo se encontraban mis dos compañeras.
- Becky
La voz la seguía escuchando, y no me percaté hasta algunos segundos después que esa voz parecía provenir desde afuera, desde la ventana. Esa ventana era el único escape de la realidad en que me encontraba viviendo, ya que ésa daba hacia el camino vehicular que pasaba junto a la prisión. No había luces por ahí junto al camino, pero cuando era de noche podía verlo iluminado por la luna, sin embargo no podía ver la calle a pesar de que el cielo estaba despejado y la luna se encontraba presente. Noté que algo obstruía la vista. Al acercarme a la ventana llegué a impactarme a ver una extraña silueta que cubría casi todo el marco y no dejaba ver hacia afuera. Había alguien ahí, no podía ver completamente quien era ya que se encontraba a contraluz, pero mi corazón logró notar quien era. Fue entonces que una de las primeras sonrisas que había tenido en todo ese tiempo en prisión apareció en mi rostro.
- ¡Lance! – exclamé emocionada
- ¡Sshhh! – oí que dijo inmediatamente aquella figura frente a mí, colocando uno de sus dedos en su boca. Me alegré una enormidad sentir su voz de vuelta
- Oh… lo siento – respondí, esta vez susurrando
Mi corazón estaba a punto de estallar de alegría al ver a mi amado nuevamente. No podía creer que volviera a verlo tan pronto. No podía verlo completamente, podía ver tan solo una parte de su cabeza, la ventana tan pequeña y los tres barrotes que lo cubrían impedían ver más
- ¿Qué haces aquí? – le pregunté
- Te extraño mucho – escuché que me dijo con susurros – y quiero que volvamos
Sonreí nuevamente al oír esas frases, pero ésta fue una sonrisa de satisfacción, ya que sabía que volvería conmigo a pesar de todo lo ocurrido, pensé en volver a recordarle sus engaños con Ash, pero me interrumpió antes de que pudiera formular la pregunta.
- Si, admito que me enojé mucho contigo al descubrir que te robaste mi teléfono – continué escuchando – pero eso solo fue algo de un rato. Mi vida ha sido muy diferente sin ti
Me acomodé un poco más sobre la cama mientras él seguía hablando.
- No he podido volver a tocar en ningún otro lado después de que nos separamos, siento que no he podido lograr lo mismo sin ti
- Lance – le dije entre susurros – sé que tu vida no es lo mismo sin mí, pero tendré que esperar a que esta condena se cumpla
- No es necesario
Miré con extrañeza lo que me estaba diciendo.
- … pronto habrá un intento de fuga – oí de él – prepárate para eso
- ¿Y cómo lo sabes? – le preguntó
- Son cosas que escuché por ahí
De pronto me di cuenta que la voz de Lance la oía con más claridad, ya no se oían ronquidos en el interior de la celda.
- Me tengo que ir – escuché de pronto que dijo – tu compañera se despertó
Me volteé a ver a mi compañera, pero no podía verla, pero si acababa de oír su voz.
- ¿Becky? – oí desde su cama - ¿Con quién estás hablando?
Sin siquiera darme tiempo para responder vi que de pronto una luz me iluminó de lleno en mi cara. Tan encandilada me sentí que cerré bruscamente los ojos y me cubrí con mis manos.
- ¡Apaga la luz! – exclamé molesta
- ¿Con quién estás hablando? – repitió
Lance me acababa de sorprender con su grata presencia, pero no quería decirle a esa asquerosa y enorme animal sobre él, pero como continuaba con su interrogación tuve que inventar alguna respuesta ingeniosa, aunque en realidad fue lo primero que se me ocurrió lo que terminé diciendo.
- Creo que estaba hablando dormida – le dije – y me desperté sin querer
Oí resuellos de su enorme hocico, como no queriendo creerme, no podía ver su rostro ya que aún me estaba apuntando de lleno con su linterna, pero de pronto sentí que ésta dejaba de alumbrar hacia mí, logrando quitar mis manos de mis ojos, aunque aún no podía ver nada por el encandilamiento.
- No me convences mucho – oí que dijo – pero creo que es mejor que sigamos durmiendo, sino tendrás problemas si sigues haciendo ruido
La linterna finalmente se apagó. Oí como los resortes de su enorme cama crujían mientras ella se volvía a acomodar en ella.
- Duerme – ordenó ella
La cabra no había reaccionado en ningún momento, seguía durmiendo en la cama de abajo sin percatarse de nada. Al volver la oscuridad pude volver a abrir los ojos. No podía ver a mi gorda compañera, las tinieblas de la noche habían vuelto a esconderla, pero si miré a la ventana, esperando que Lance pudiera seguir ahí.
Sólo vi el camino junto a la prisión.
l
l
l
l
El resto de los días me sirvieron para pensar en muchas cosas. No llevaba siquiera dos semanas pero ya estaba harta de ese lugar, diariamente pensaba que no merecía estar ahí y que todo era un injusto castigo. Cuatro años, además, era el colmo de la injusticia. Si hubiera logrado matar a esa asquerosa puercoespín no estaría ahí, pero no conté con ese enorme gorila que la protegió… ¿Johnny era su nombre? Creo que sí, ése era el nombre que me pareció haber oído en el juicio al referirse a quien dio el testimonio y me encontró a punto de finalmente deshacerme de ella ¿Era acaso su novio? No lo sé, nada sé del exterior, lo único que si sabía con seguridad era que Lance me seguía amando si es que se arriesgó para intentar asomarse por la ventana de mi celda.
Me había hablado de una fuga, un intento de fuga que podría suceder en la prisión algún día. Esos eran unos rumores muy lejanos que tal vez yo también había oído en algún momento. Muchas cosas podía oír en el patio de la prisión mientras contemplaba en silencio que es lo que hacía el resto de las chicas en él, algunas solo se quedaban sentadas en otros lados de la gradería en la que estaba, otras conversaban en el extremo opuesto de ese enorme patio, otras pasaban el rato lanzándose un balón. De vez en cuando oía chismes o rumores de algunas chicas sentadas cerca de mí, pero no les prestaba atención. Creo que de ahí, y de manera involuntaria, escuché algunas cosas relacionadas a esa supuesta fuga con anterioridad.
Me preguntaba entonces ¿Qué haría cuando llegara a salir de prisión? Tal vez cuatro años serían mucho tiempo, pero sabía que tenía que saldar algunas cuentas pendientes. Ash había arruinado mi vida y debía pagar por eso, pero no solo ella, tenían que pagar todos quienes la rodearan, de esa manera podría asegurar que realmente sufriera y supiera todo el sufrimiento injustificado en el que me encontraba. Debían sufrir sus amigos, sus padres, quienes estuvieran con ella en el teatro Moon, y finalmente me encargaría de ella. Me daba cuenta lo piadosa que había sido atacándola solo con un bate, para la próxima llevaría algo mejor. Tal vez algo más letal, una navaja, o mejor aún, un cuchillo. Una sonrisa se formaba en mi rostro y sentía que me estimulaba bastante, sentía mucha satisfacción imaginarme el filo de aquel cuchillo penetrando la carne del pecho de Ash hasta lograr tocar su corazón con él, haciendo que la hoja se empapara de su tibia sangre mientras ésta regaba el piso debajo de ella. Me imaginaba como caería al suelo agonizante mientras miraba con satisfacción la consumación de mi venganza tan esperada. Sabría que mi vida volvería a arreglarse después de todo eso, sabiendo que Lance me esperaría podría todo volver a ser como antes.
Ese pensamiento me comenzó a obsesionar mucho durante muchos días. Imaginarme a Ash muriendo de esa manera gracias a mi ataque me emocionaba y seguía estimulando a pesar de haber pensado eso desde aquel día. Obviamente a esa zorra no le decía nada de eso, tan solo le decía lo que me convenía para dejarme ir pronto de su consulta y poder volver a pensar tranquilamente en eso. Sin embargo, pronto descubrí que el tener que ir a la consulta de esa zorra psiquiatra tenía sus ventajas.
Un día, mientras me encontraba ensimismada en mis ideas, noté como alguien se sentaba junto a mí en la gradería. No era ninguna de mis compañeras de celda, y tampoco una animal que había visto antes, y si la había visto la verdad que no me importaba en absoluto quién era. Giré mi cabeza hacia esa animal que se encontraba ahí. Casi lanzo una arcada por lo horrible que lucía aquella horrible ardilla. Tenía dos enormes dientes que sobresalían de su boca, ambos muy amarillos y el izquierdo se encontraba roto en la mitad. Detrás de su uniforme naranja sobresalía una enorme cola, aunque bastante despeinada y descuidada, hasta el punto de notar muchas zonas sin nada de pelaje.
- Hola – fue lo único que me dijo en un principio
- Hola – correspondí fríamente
- No sabes quién soy – dijo hablando más bajo pero acercándose a mí, causando que de igual manera alejara un poco mi cabeza de ella – pero creo que podríamos intentar tener una amistad
- No tengo idea quien eres – respondí mirando hacia el otro – y la verdad no me interesa
- Da igual – respondió esta ardilla – creo que podríamos comenzar a conocernos. Creo que yo podría conseguirte cosas que quieras
Giré la cabeza, intentando evitar ver su horrible cola o su boca son su diente roto.
- ¿De que hablas? – le pregunté con un mínimo de interés
- Si necesitas algo dentro de los muros de la prisión puedes pedírmelo – respondió, notando como es que frotaba rápidamente sus manos
No alcancé siquiera a responderle, vi como es que la ardilla comenzaba a sudar antes de seguir hablando.
- Y no busco dinero a cambio – dijo, comenzando a hablarme de manera más atropellada – pero podemos llegar a un acuerdo
Esta ardilla hablaba tan rápida que no me daba tiempo de responderle, sino que parecía estar hablando a cada momento más y más rápido mientras notaba como es que se seguía frotando sus manos y su cola comenzaba a erizarse.
- Supe que vas con la psiquiatra – dijo
- ¿Qué? – logré preguntar en ese instante mínimo en que no dijo nada más - ¿Y cómo es que…?
- Son cosas que de alguna manera logré averiguar, y eres una de las pocas que tiene que ir sin estar recluida en la sección de locos
Dejó de frotarse sus manos, pero su cola seguía erizándose, hasta el punto de perder un poco de pelaje. En ese instante me di cuenta: Esta ardilla era una adicta, y por lo que comenzó a decir, estaba enganchada a las píldoras que a mí me daban luego de cada sesión, la única razón por la que acudió a mí.
Una idea interesante y que podría lograr poner algunas cosas a mi favor ahí.
Durante la siguiente semana hubo un cambio enormemente favorable para mí en mi estancia en prisión, esa ardilla comenzó a traerme cosas a cambio de algunas píldoras que me conseguía con esa zorra. Era común ver muchas cosas sobre su escritorio, un monitor de computadora, muchos papeles, un vaso con lápices y en el costado se encontraba lleno de diferentes cajas de píldoras, ante el más mínimo descuido, como cuando le pedía agua y ella iba al costado de la habitación o cuando le iba a avisar al guardia que se acabó el turno, me apropiaba de una o dos cajas, las cuales guardaba en el interior de mi ropa sin que se diera cuenta. Sabía que con una o dos no notaría la diferencia. Aprendí también a no tragarme la píldora que me daba logrando ocultarla entre mi encía y mi mejilla, de esa manera no volvería adormilada a la celda y podría ir a los espacios comunes para comenzar con mis tratos. Cada caja traía 20 píldoras, lo cual era más valioso que el oro para cualquier adicta en prisión.
No tenía idea la red de contrabando que existía entre todas las prisioneras ni tampoco quien era la que hacía algunas gestiones para conseguir cosas del exterior, pero gracias a esos tratos que logré obtener con la ardilla fue que obtuve algunas cosas como un estuche de maquillaje, mi rostro ojeroso y mal cuidado lo notaba todas las mañanas mientras me secaba luego de esas horribles duchas mientras me miraba al espejo, igual que mis púas mal cuidadas y mi pelaje que ya no tenía el mismo brillo que antes. Mentalmente le agradecí una enormidad a esa ardilla mientras intercambiábamos nuestros bienes discretamente y ella se despedía con las píldoras que ocultaba en el interior de su uniforme mientras se alejaba de mí. Al menos, a pesar de estar aquí y queriendo salir lo más pronto posible para saldar cuentas, luciría mejor que todas las horribles prisioneras con quienes tenía que compartir.
La adicción de esa ardilla la llevó a intentar satisfacer cualquiera de mis peticiones, las cuales a cada momento parecían querer sobrepasar la anterior, a cambio de dos píldoras ni siquiera se quejó al pedirle que me consiguiera algo de chocolate, en serio lo extrañaba luego de tanto tiempo sin comer. De alguna manera me lo consiguió y me lo entregó casi con desesperación mientras intercambiábamos. A cambio de cuatro píldoras no dijo ninguna palabra en contra cuando le dije que me consiguiera algo de pasta dental con sabor a fruta, ya estaba harta de la pasta dental que entregaban ahí sin ningún sabor. Esperaba que le diera una quinta píldora cuando me entregó la pasta más un cepillo dental nuevo que no esperaba, pero le dije que no, que cuatro era el trato, pero no se molestó ni intentó insultarme, sabía que sin mí no podría seguir satisfaciendo su adicción a estas píldoras. Realmente a cambio de un precio muy bajo acababa de adquirir una esclava en la prisión.
Una de las cosas más importantes que me consiguió, sin embargo, fue algo que me entregó a cambio de 5 píldoras, un precio bajísimo comparado con el valor que tendría para mí: Me prestaría un teléfono. Éste era un objeto terminantemente prohibido en los interiores de la prisión, y por eso fue que esta ardilla, a pesar de notarse notablemente apurada y con intenciones de querer ir a consumir sus píldoras, tuvo la suficiente fuerza de voluntad para decirme que si quería hacer alguna llamada que fuera con ella a su celda con el resto de sus compañeras para asegurar que no lo perdería. Yo tuve que aceptar a regañadientes el trato. Fue así que tuve que ir junto a ella caminando hacia su celda, cuando llegamos no estaban ninguna de sus compañeras, pero si había una cama y una litera, igual que en mi celda, solo que la cama no era tan enorme como la de la mía, tomó la almohada de la cama inferior de la litera y tomó el teléfono de ahí. "No es mi almohada ni mi cama" dijo mientras su rostro comenzaba más y más a sudar "Pero cualquiera de nosotras puede usarlo" Me pidió que usara el teléfono en uno de los rincones de la celda, el único lugar que no estaba a la vista de la cámara de vigilancia que estaba en el pasillo y que apuntaba hacia el interior. Intenté evitar mostrarme emocionada frente a esa ardilla, quien mientras tanto se puso de espaldas a la cámara y se tragó dos píldoras con satisfacción, para que no supiera lo importante que era la llamada que estaba a punto de hacer. Quería llamar a Lance, preguntarle cuando volvería a verme, ya que desde aquella vez en que mi gorda compañera interrumpió nuestra conversación no había vuelto a saber de él. Sin embargo no lo hice de inmediato; se me había ocurrido una mejor idea antes. Recordé mi intención y mis pensamientos imperantes en mi cabeza en el momento en que esta ardilla adicta se acercó a mí por primera vez. Recordé nuevamente los pensamientos que tenía en mi cabeza en ese día: Quería vengarme de lo que esa puercoespín me hizo, y para que fuera completo quería que todos quienes la rodeaban sufrieran. En ese momento me di cuenta que aún recordaba su número de teléfono, el número al cual estuve enviando todos esos mensajes antes de ir hacia su apartamento para desquitarme un poco. Fue entonces que rápidamente escribí el número de teléfono de esa puercoespín y comencé a teclear un mensaje.
"Hola, asquerosa Ash, pronto volveré a verte, y creo que no podré ser tan buena contigo como antes… creo que te mataré cuando vuelva a verte.
Muchos saludos y besos. 3
Becky"
Sonreí al pensar en la cara que ella pondría al leer ese mensaje y me dispuse a enviar el mensaje, pero antes que mi dedo tocara la parte que decía "enviar" me detuve, me di cuenta que eso en realidad podría causar problemas. Si esta llamada era rastreada podrían encontrar de donde vino, la ardilla y sus compañeras podrían terminar con el teléfono confiscado y eso podría significar perder los beneficios con esta ardilla, sin mencionar el castigo que vendría hacia mí. Además de eso pensé que Ash ya no podría tener el teléfono, ya que tal vez podría haberlo cambiado luego de todos esos mensajes. Pero se me ocurrió quien si podría tenerlo, uno de aquellos que rondaba el círculo íntimo de Ash. Ese gorila parecía ser pobre, y Ash podría habérselo obsequiado para deshacerse del aparato. Creo que efectivamente Johnny era su nombre, así que comencé a cambiar el texto y lo envié.
"Hola Johnny, después de todo lo ocurrido quizás tengas tú este teléfono, déjame decirte que eres un gorila muy atractivo y que me gustaría conocerte más. Ven a visitarme.
Muchos saludos y besos. 3
Becky"
Sonreí al enviarlo, si quería comenzar a vengarme de ellos de alguna manera debía ser de a poco. Si era el novio de ella sería un golpe duro perderlo por una puercoespín mejor que ella en todos los sentidos. Cambié entonces las opciones del teléfono, el mensaje que acababa de enviar sólo había sido la primera parte, ahora solo faltaba llamar a Lance, así que puse el teclado numérico del teléfono y marqué su número. Recordé que aquel mágico día en el que nuestros caminos se cruzaron en el metro él me dio su número, y recuerdo habérmelo aprendido casi al instante, antes de llegar al apartamento ya me lo había aprendido de memoria. Momentos felices eran aquellos, los cuales estaban junto a momentos maravillosos que ocurrirían después. Deseaba de esa manera, y por medio de este teléfono que esta ardilla me estaba entregando, volver a sentir esa sensación en mi corazón.
Pero nada pasó.
Repetí entonces la llamada y marqué de nuevo, pero nada pasó otra vez. Marcaba el número pero no aparecía ningún tono de espera.
El teléfono estaba encendido, la pantalla lo estaba y todo parecía estar en orden. Miré entonces a la ardilla, la bolsa en la que le dejé las píldoras ya se encontraba en el piso y ella se encontraba sentándose en su cama con una extraña sonrisa mientras su cuerpo comenzaba a temblar.
- El teléfono no sirve – dije molesta
- ¡Oh sí! Es cierto no sirve – respondió ella sin pausarse y ya quizás comenzando a sentir algo de euforia
Era algo extraño ver que las píldoras hicieran un efecto tan rápido en ella, pero la volví a encarar, algo molesta por haberme engañado.
- La señal de aquí no es buena la prisión tiene algún tipo de aparato que bloquea señales de teléfono – dijo mientras daba pequeños saltitos en su cama
La miré muy molesta, tomé el teléfono con mis manos y se lo arrojé a su regazo.
- No vuelvas a pedirme píldoras – le dije mientras me encaminaba hacia la salida de su celda
Ella continuó con esos pequeños saltitos sobre su cama mientras su cola temblaba detrás de ella, no pareció escucharme para esa amenaza ya que no pareció reaccionar, tan solo continuó con los efectos del viaje que le había logrado proporcionar. Salí al pasillo y me dirigí hacia mi propia celda mientras golpeaba los muros con mi puño.
- Con los mensajes si sirve – me pareció haber oído de parte de ella – tardan en llegar pero llegan
l
l
l
Llegué molesta a mi celda, me encontraba sola en el momento que llegué, no sabía dónde podían estar mis compañeras pero la verdad no me importaba. Subí a mi cama y apoyé mi cabeza en mi almohada. Había desperdiciado píldoras y le dije a esa ardilla que ya no contara conmigo más por si es que quería más, pero al fin y al cabo sabría que volveríamos a hablar, ya que cualquier antojo que quisiera se lo pediría y ella no podría negármelo.
Entonces me enderecé un poco y tomé la almohada con mis dos manos, acerqué mi mano al costado izquierdo y metí mi mano por la costura que había abierto. Una de las cosas que aprendí ahí era que ahí se podían dejar cosas con pocas probabilidades de que me descubrieran, y ahí tenía cosas importantes para mí. Tomé un trozo de chocolate que aún me quedaba y me lo comí, si mi gorda compañera supiera que tenía chocolate sería capaz de tragarse incluso la almohada entera. Pero antes de recostarme tomé una de las tantas píldoras que había adentro y me la tragué también. Mi almohada era el lugar donde guardaba todas las píldoras que le robaba a la zorra, y era mejor hacerlo así, el algodón blanco con el que estaban rellenas lograba mimetizar muy bien el color de las píldoras. Luego de ese mal momento vivido y de esa falsa ilusión solo quería dormir un rato.
Yo no era una adicta a esas píldoras, pero me sorprendía darme cuenta que había quienes lo eran, a mí solo me causaban somnolencia y me servían para poder tomarme una siesta, aunque a veces la siesta se alargaba tanto que me despertaba en plena noche, como en este caso. No sabía que hora era, no tenía un reloj, tal vez a la ardilla le pediría que me consiguiera uno si es que quería seguir satisfaciendo su adicción conmigo, pero nuevamente me encontraba en plena oscuridad. Seguía recostada en mi cama y al parecer me despertaron los fuertes ronquidos de la hipopótamo, que sonaban sin piedad al otro lado de la celda.
- Becky – oí entonces
Mi corazón casi se detiene por el impacto, pero entonces volví a sentir una enorme calidez al darme cuenta que esa voz no era de ninguna de mis compañeras, sino que provenía desde la ventana.
- ¡Lance! – exclamé sin querer – ¡Amor!
- Habla más despacio – oí que me dijo entre susurros
- Lo siento
Me acomodé más en la cama y me acerqué más la ventana, no podía ver el camino junto a la prisión ya que mi amado lo estaba cubriendo, tristemente no podía verle su rostro de lleno ya que seguía a contraluz y no podía verlo claramente.
- Intenté llamarte hoy – dije – en serio lo intenté… quería saber cómo estabas
- He estado bien – oí su respuesta entre susurros – pero creo que tienes que prepararte. El intento de fuga se hará pronto y necesito que estés preparada. Tengo todo planeado para cuando volvamos a reunirnos. Y no te preocupes, sé que me amas y yo no me he olvidado de ti
Ésa en realidad no era una noticia nueva para mí, ya había oído algunos rumores sobre eso y cosas sobre que a cada momento el intento de fuga sería más y más real mientras pasaran los días y quienes lo organizaran lo siguieran planeando.
- Gracias, amor – le respondí ya con algo de emoción al oír sus palabras – lo que más deseo es poder volver a verte fuera de estos malditos muros
- Pronto lo será - oí que dijo – solo prepárate para eso
- Lo haré – le dije – por ahora he logrado algunos beneficios gracias a que tengo el control sobre una chica adicta a las píldoras
No me había dado cuenta que los ronquidos habían dejado de sonar, ya que me encontraba totalmente centrada en mi conversación con mi Lance.
- Si pudiera le pediría que me consiguiera un corazón para darte, para que olvidaras de una vez por todas a esa otra puercoespín
- ¿Hablas de Ash? ¡Claro que no! Me da asco pensar en ella ahora. Ahora solo eres tú, y nadie más que tú… ¡Te amo, Becky!
- ¡Y yo te amo a ti, Lance! ¡Te amo! ¡Te amo! ¡Te a…!
- ¡JAJAJA! ¡EN SERIO QUE ESTÁS LOCA!
Una fuerte luz iluminó mi espalda y el muro que circundaba la ventana, dejando mi sombra proyectada en ella, olvidando a Lance por un segundo, que pareció haber sido ahuyentado por la fuerte y espantosa voz de la hipopótamo, ya que el camino vehicular volvió a verse frente a mí.
Volteé y miré con furia a mi enorme compañera, sin importarme el encandilamiento por su linterna, la luz que me caía de lleno no parecía siquiera importarme, extrañamente no sentía molestia en mis ojos ante esa súbita luz, pero si estaba comenzando a formarse una sensación completa de furia en mi interior, una furia que hacía mucho tiempo no sentía, y toda ella dirigida a la hipopótamo que se estaba burlando de mí.
- ¡Ay, te amo! ¡Te amo! – se burló ella intentando imitar mi voz - ¡Estás loca, alfiletero!
Primero me había interrumpido mi conversación con Lance, el cual tuvo que haber huido luego de haber oído su voz y ahora me estaba insultando, ya para mí eso era suficiente.
Ella se encontraba riendo sobre su cama, la cual crujía y los resortes sonaban bajo su enorme cuerpo, y no se daba cuenta que yo había vuelto a tomar mi almohada, extrayendo el cepillo dental que la ardilla me había incluido con la pasta dental de frutas. Durante algunos días y mientras me encontraba sola en la celda había pasado un tiempo afilándole el mango con el marco de la ventana, quedando en un punzón muy filoso, con él me lancé de mi cama y me abalancé sobre la hipopótamo, quien no alcanzó a reaccionar ya que su risa parecía estar nublando todos sus sentidos.
- ¡QUE NO ESTOY LOCA! ¡NO ESTOY LOCA! – grité con furia dije mientras sostenía el cepillo y se lo clavaba fuertemente en su tórax
Súbitamente la hipopótamo dejó de reír en el momento que sintió el filoso cepillo penetrando su cuerpo, para en cambio lanzar un fuerte gemido de dolor.
- ¡NO ESTOY LOCA! ¡NO ESTOY LOCA! – seguía chillando mientras retiraba el cepillo de su cuerpo y volvía a ensartárselo cerca de donde hice el primer agujero en su cuerpo
En esos momentos la cabra, que no sabía que estaba despierta, comenzó a gritar fuertemente al ver la escena que estaba ocurriendo frente a ella, pero eso no me pausó ningún segundo, tan solo seguí clavando el cepillo en su tórax, torso y su enorme estómago.
La tibia sangre de su cuerpo comenzó a brotar casi como un torrente con esas primeras estocadas, la sentí en los momentos que ésta comenzó a mojar mis manos cuando retiraba el cepillo, ya totalmente rojo, de su cuerpo. La sangre manchó su cama antes de caer y comenzar a mojar el piso de la celda.
- ¡NO ESTOY LOCA! – seguía repitiendo sin parar, mientras veía como es que la hipopótamo inútilmente intentaba cubrir su cuerpo con sus pequeñas manos, las cuales también resultaban apuñaladas por mi cepillo - ¡NO ESTOY LOCA!
Los gemidos de dolor de ella, más mis fuertes gritos insistiéndole en la inexistencia de alguna supuesta locura mía y los fuertes gritos de la cabra no me permitieron notar que dos guardias se acercaban corriendo por el pasillo.
La hipopótamo intentó inútilmente acercar una de sus manos al cepillo pero no parecía querer realmente intentarlo, había también dejado de gemir al mismo volumen, llegando estos a sonar casi de manera minúscula. No sé cuantas veces clavé mi cepillo en su cuerpo, pero cuando mi brazo finalmente se cansó lo retiré de su muslo ensangrentado y lo dejé caer al suelo. Mi uniforme y algunas de mis púas se habían manchado con su sangre, pero no me importaba, al menos la había hecho callar y le demostré de una vez por todas que yo no estoy loca. La linterna con la que ella me había apuntado e hizo que mi Lance se fuera se encontraba en el colchón, algo de sangre había caído sobre la luz, causando que ésta se proyectara algo más roja. La hipopótamo seguía viva, aún respiraba, pero aún seguía manando bastante sangre de todas las heridas que le infligí. Ya no había risa, ya no había ronquidos, tan solo oía mi respiración cortada luego de todo ese esfuerzo más los gimoteos de la cabra, aún en su cama.
Entonces, sin darme cuenta que la celda había sido abierta, lo último que ahí ocurrió fue haber sentido dos fuertes manos que me sujetaban fuertemente de mis brazos y mi cuello, y me arrastraban hacia afuera, mientras todas las luces del pasillo eran encendidas y me alejaban de mi celda.
(… continuará)
