Xiaolin Showdown
Alternative Universe (AU)

Advertencia: Sexo de nuevo. Y un parto.

Descargo de responsabilidad: Estos personajes no me pertenecen son propiedad de Christy Hui y algunas cosas más pertenecen a Warner Brothers. Esta historia es sólo para el entretenimiento, sin fines de lucro.


Capítulo 7

Responsabilidades

Hannibal le dio un manotazo en las manos como castigo cuando le contó que casi mata a Jamie en la noche de bodas, recordándole que todavía lo necesitaban con vida. Jack hizo una mueca demasiado parecida a un puchero y se enfurruño toda la mañana, negándose a salir de la biblioteca excepto para ir a comer con su ahora esposo.

–Lo lamento mucho Jack, no recuerdo nada de lo que ocurrió después de que te bese.

El pelirrojo le aseguro que estaba bien, al igual que esa misma mañana cuando Jamie despertó desorientado y confundido. Jack tuvo que explicarle que habían consumado su matrimonio y luego, cuando Jamie iba al baño, tropezó y golpeó su cabeza tan fuerte que Jack temió que se hubiera matado.

–Sí, recuerdo el dolor de cabeza. Aunque el alcohol también me provoca migrañas. Yo... ¿No fui demasiado rudo contigo? –Jack lo pensó un momento.–

–B-Bueno... Me duelen las piernas y mi cadera. Y también me duele un poco el vientre. Yo no... No puedo decir que fue lo mejor que me ha pasado en la vida. –Mintió con naturalidad, jugando con su comida.– Se sintió... Bien, claro, solo que–

–Fui demasiado duro contigo. –Jamie se acercó para besar su mano y luego su mejilla.– Lo siento mucho, de verdad. Juro que no volveré a estar contigo en la cama luego de beber. Y la próxima vez que estemos juntos dejaré que seas tú quien controle todo lo que pasa.

Jack solo asintió, acariciando la mejilla de Jamie con una pequeña sonrisa, dándose cuenta que, de hecho, su esposo era una buena persona.

Si tan solo no tuviera que mentirle de ese modo...

Ahora que Jamie tenía acceso ilimitado al castillo y alrededores Jack sabía que él y Han debían ser más cuidadosos; Normalmente evitaban solamente las miradas de los sirvientes del castillo pero, desde su boda con su ahora esposo sus encuentros románticos y pasionales solían ser en el despacho privado, la biblioteca o las habitaciones de uno de los dos. Jack estaba preocupado porque sabía que debía cubrir su embarazo hasta acostarse con Jamie un par de veces más. El problema, obviamente, era que él seguía reacio a hacer algo como eso.

Han le ofreció enseñarle a usar un hechizo para desorientarlo y hacerle creer, de nuevo, que habían tenido sexo. Jack lo intento por supuesto y el engaño funciono durante dos ocasiones más. Pero Jamie era más inteligente y obstinado de lo que creyó; A pesar de todo seguía insistiendo en que debían dormir juntos para conseguir un heredero lo antes posible.

–Es necesario para el reino Jack. Son los príncipes y princesas los que otorgan esperanza a los reinos... Debemos continuar.

Jack lo entendía por supuesto. Era su obligación, de ambos, ofrecerle al pueblo al menos un sucesor para el trono y ese heredero que ya existía... Solo que no llevaba la sangre de su esposo.

La presión estaba afectándolo demasiado. El reino esperaba un heredero lo antes posible, Jamie también esperaba que él estuviera tan determinado a quedar en cinta como él insistía en embarazarlo... De pronto el Rey se sintió más como una cosa que no estaba haciendo lo que debía hacer... Cómo si el tener un hijo con su esposo fuese lo único que hacía que su vida tuviese un propósito.

Jack se encerró en su habitación durante una tarde entera, hecho un ovillo en una esquina del cuarto, cubierto con cortinas y mantas, rodeado de almohadas y cojines para llorar quedamente; No podía con esto. Ya no podía más. Era demasiado estresante para él y el médico le había dicho que tantas preocupaciones eran malas para él bebe.

No quería acostarse con Jamie pero tampoco quería arriesgar a su hijo por lo que era indispensable que cubriera su embarazo al acostarse con su esposo. Algo que no quería hacer... Jack suspiro y llevo sus manos a su vientre, acariciándolo con una pequeña sonrisa afectada por el llanto: Tenía un bebe. Ahora tenía a alguien a quien cuidar... Y haría lo que fuera para protegerlo.

El Rey se puso de pie y limpió el rastro de maquillaje con sus manos para mirarse en el espejo. Lucia terrible con las marcas negras regadas en su rostro, justo como lo supuso, pero estaba bien. Estaba solo y nadie lo había visto llorar. Si seguía así tal vez, algún día, se quedaría sin más lágrimas para seguir llorando.

Pensando en el bienestar de su hijo nonato llamo a los sirvientes para que le prepararan la tina y también a los lobos para que avisaran a Jamie que pasaría la noche con él. Jack confiaba en que también informaran a Hannibal de su decisión.

Una vez aseado y vestido con su túnica de cama Jack se cubrió con una bata gruesa y suave para ir a la habitación de su esposo. Apenas estaba acercándose cuando Jamie apareció por la puerta y lo miro, dándole una de esas sonrisas sinceras que lo hacían sentir culpable.

–No me pareció correcto que vinieras solo, quería acompañarte. –Jack le agradeció y tomo su brazo, sintiendo su estómago encogerse al saber que no había oportunidad de echarse hacia atrás ahora.–

–Está bien. No soy una doncella virgen Jamie, soy tu esposo. Y tu Rey... Pero te agradezco tu gesto amable. Me tranquiliza mucho.

Su esposo beso su cabeza y lo guío hacia sus aposentos donde todo estaba ordenado y la cama lucia impecable. Jack se sintió mucho más nervioso que nunca antes en su vida y no pudo evitar abrazarse a sí mismo para no comenzar a temblar. Jamie arreglo las mantas para hacerle un espacio donde recostarse y se puso de pie frente a él para tomar sus hombros y besar su frente.

–Yo sé que realmente no te gusta hacer esto. –Jack había tenido que decirle que el sexo no era algo que le gustara de verdad y, para su completa sorpresa, Jamie lo había entendido. Explicándole que durante su viaje y entrenamiento había conocido a un par de hombres que jamás habían sentido placer al tener sexo o que había sido tan poco satisfactorio que simplemente decidieron no intentarlo jamás.– Pero es necesario.

–Quiero tener hijos Jamie. De verdad, lo deseo muchísimo. –Jack sollozó sin poderlo evitar, abrumado con sus emociones y todo lo que ocurría a su alrededor.– No odio tener sexo contigo solo, no me gusta cómo debería...

–Jack, Jack... –Su esposo le sonrió de nuevo y beso su frente y sus mejillas con tranquilidad. El Rey respiro profundo, notando como incluso la barba de Jamie era distinta a la de Han.– Esta bien. Intentare hacerlo lo mejor para ti, lo prometo.

Jack asintió y lo dejo besarlo, sabiendo que esta sería la primera vez para los dos aunque Jamie, por la magia, creyera que había pasado antes.

Su esposo lo ayudo a llegar a la cama y lo recostó ahí para besarlo de nuevo. Jack cerró los ojos, obligándose a imaginar que era Han quien lo tocaba y besaba y no Jamie pero, era increíblemente difícil; Jamie lo tocaba como si fuese completamente inexperto. Virgen tal vez. El pelirrojo intento explicarle cómo le gustaba ser tocado y aunque su esposo obedeció sus indicaciones no logro hacerlo como debía de... No. No logró hacerlo como Jack esperaba que lo hiciera.

Jack se acomodó boca abajo en la cama para que Jamie pudiera penetrarlo y abrazó una almohada para ponerse cómodo. Cuando Jamie se deslizó dentro de él Jack sintió un calor y presión distinta a la que acostumbraba. No pudo evitar jadear quedo, más por el ritmo y fuerza de las embestidas que por el hecho de que lo hiciera bien.

Justo ahora se arrepentía de no haberle preguntado antes si era virgen. El hacerlo ahora se vería como una ofensa terrible.

Jamie lo embestía con un ritmo demasiado errático y extraño para siquiera acostumbrarse por lo que Jack termino aburriéndose muy pronto. Mordiendo la almohada para darse fuerza se movió solo un poco, empujando su cadera hacia atrás para encontrarse con las embestidas de su esposo y antes de darse cuenta Jamie se corrió dentro de él.

–¿J-Jack? –Lo llamo aun jadeante y el pelirrojo tuvo que hacer un esfuerzo enorme para fingir una expresión agotada y girarse un poco para mirarlo.– ¿Una vez más?

–Sí. Solo, asegúrate de terminar muy dentro de mí. –Jamie asintió y salió de su cuerpo para tocar su vagina con los dedos, deslizando el semen dentro. Curiosamente eso fue lo único que de verdad le pareció placentero de aquel momento entre ellos y lo hizo suspirar.–

Su esposo coloco una almohada bajo su cadera y lamió su entrada y su ano. No era un experto como Hannibal pero Jack agradeció el entusiasmo. El problema fue que justo cuando estaba excitándose con eso Jamie decidió que era suficiente y lo penetró nuevamente, siguiendo ese ritmo tan caótico. Jack empujo hacia atrás, intentando indicarle cómo hacerlo pero no lograba acoplarse a él y al final solo logro terminar al masturbarse, mordiendo la almohada mientras recordaba uno de sus encuentros con Han.

Ambos terminaron en la cama, al lado del otro para descansar y Jamie se aseguró de que su cadera siguiera alzada para que su semilla se quedara en su interior. Como Jack prometió pasar la noche con él no tuvo otra opción más que quedarse ahí y aceptar cuando Jamie sugirió hacerlo solo una vez más.

Luego de eso su esposo lo acompaño a su habitación y beso su mano como despedida. Jack fue directamente a la tina para asearse y jugó con sus dedos dentro de su cuerpo para lavarse el rastro de semen de Jamie antes de salir a buscar a Hannibal a su habitación.

El General lo esperaba recostado en su cama y apenas entró lo miro sin moverse, esperando a lo que tuviera que decirle.

–¿Qué tal estuvo? –Jack hizo una mueca de frustración, aún vestido con la pijama, y casi saltó sobre Han.–

–Fue horrible ¡Terrible! ¡Peor que eso! –Hannibal se rió de él.–

–No pudo ser tan malo.

–Fue peor que un virgen. Lo juro. Me hizo el amor tres veces y solo logre venirme una y fue solo porque estaba pensando en ti en ese momento. –Jack tomo tu mano para meterla debajo de su pijama y hacerlo tocar su pene aun erecto.– Estoy desesperado por correrme Han. Necesito que me toques, por favor... Incluso con solo tus dedos eres mejor que él. Mucho mejor.

Hannibal lo ayudo a acomodarse mejor sobre él y comenzó a tocarlo con su mano, provocando que Jack se deshiciera en gemidos y jadeos de placer en apenas unos minutos y, como siempre lo conseguía, logro que Jack terminara teniendo un orgasmo solo penetrándolo con sus dedos.

Para ese punto de su vida el Rey no comprendía como era que Han soportaba la situación. No era solo el tener que llevar la responsabilidad completa del trono y el ejército sino el tener que compartirlo con Jamie... Jack estaba seguro de que si él hubiese estado en suposición no hubiera soportado verlo, mucho menos saber que debía y de hecho estaba acostándose con otro hombre.

Durante un par de semanas más Jack continuo con su rutina de tener sexo con Jamie uno o dos días por semana hasta que sus nauseas matutinas se hicieron presentes una mañana al desayuno, cuando uno de los sirvientes le ofreció un plato de hígado con un aroma tan fuerte que el Rey comenzó a vomitar sin descanso.

Jamie se levantó de golpe para ayudarlo, retirando la silla de la mesa y quitándose su túnica para que Jack vomitara sobre esta y no sobre sí mismo. El Rey consorte lo llevó a con el médico para que lo revisara y el anciano, ya consiente de que Jamie no tenía idea de lo que ocurría realmente en el castillo los felicito por el embarazo de Jack.

–Oh... –Jamie lo miro con una sonrisa de alegría tan grande que Jack casi vomitó de nuevo.– Vamos a ser padres Jack. Finalmente.

Jack tenía que admitir que el hecho de que Jamie tuviera el estómago para abrazarlo a pesar de que apestaba a vomito hablaba muy bien de su valor.

–Yo también estoy muy feliz pero necesito... –Una arcada lo interrumpió y el médico se echó hacia atrás, escapando de él.– Necesito un baño. Y un vaso de agua.

La noticia del embarazo del Rey se regó inmediatamente por todo el reino y muy pronto, en las semanas siguientes, recibieron decenas de cartas de otras casas dándoles sus buenos deseos y felicitaciones.

Ya que el castillo estaba lleno de sirvientes y mujeres con hijos, muy pronto Jack se encontró interesado en saber acerca de sus embarazos y el parto. Por desgracia para él recibió más historias macabras y advertencias de las que hubiera querido saber jamás; Relatos de muchas mujeres que murieron junto con sus hijos al dar a luz y de otras que jamás pudieron verlos crecer, cuentos que hablaban de como algunas veces los bebes nacían con malformaciones tan horribles que sus madres, por compasión, decidían mejor terminar con su sufrimiento ahogándolos en el río.

Jack apenas pudo alejarse para que nadie le viera llorar, completamente aterrado de que algo como eso pudiera ocurrirle a su hijo...

En ese mismo momento buscó a Hannibal por todas partes hasta que uno de los soldados le dijo que estaba fuera, con el resto del ejército, y Jack salió a buscarlo.

Apenas lo encontró le pidió que fuera con él, con su labio inferior temblando por el esfuerzo que estaba haciendo para no llorar, y Han asintió, notando por su aroma y su expresión lo nervioso que estaba: Entraron a una de las caballerizas donde Jack finalmente se soltó a llorar, abrazándolo y contándole lo que había escuchado.

–Tengo miedo de que algo malo le pase al bebe... –Sollozó en sus brazos.–

A medida que pasaba el tiempo y su relación avanzaba Jack descubrió sintiéndose menos solo en el castillo y ahora, aunque sabía bien la naturaleza de Han y su carácter tan hosco, cada vez que estaba cerca de él o en sus brazos se sentía protegido de todo y todos.

Era una sensación agradable que atesoraba con todo su amor.

–Él bebe estará bien. Es un lobo como yo.

–¿Y sí...? –Jack se atragantó, aferrándose a su armadura para mirarlo a la cara.– ¿Y sí algo me ocurre a mí y no puedo conocerlo? ¿Y si pasa algo y yo no... No sobrevivo? No quiero morir pronto Han... Quiero conocer a mi bebe y tener muchos más... –El lobo lo sujeto de la barbilla y con la otra mano le limpio las lágrimas.–

–Las probabilidades son muy bajas. Todo va a estar bien. –Le aseguro con calma, cosa que funciono un poco ya que Jack asintió y trago, repitiendo sus palabras.– Ve a descansar.

Los meses pasaron con calma en el castillo. Jack se encontró admirando su vientre hinchado frente al espejo todos los días, acariciando de vez en cuando y hablando con el bebe que crecía dentro de él. También había desarrollado la costumbre de tocar su vientre durante el día sin una razón en especial, solo el sentir a su hijo y hacerle sentir que estaba al pendiente de él.

Debido a que era su primer embarazo, también el sexo con Hannibal se volvió más tranquilo; Jack seguía asustado de todo y el lobo no quería estresarlo más, sabiendo que el pelirrojo era ya bastante sensible por su cuenta, no se necesitaba del embarazo para tenerlo llorando en pocos minutos.

Jamie por su parte comprendió bien que Jack no quisiera tener sexo con él como antes, pero aun así llego a convencerlo para pasar algunas noches juntos. Jack llegó a encontrar un tanto estresante y, lo entristecía un poco, ver a su esposo tan emocionado con la idea de ser padre. Jamie acariciaba su vientre también, con una sonrisa de orgullo, creyendo con ingenuidad que el niño era suyo.

Aunque claro, toda su ilusión y orgullo no se comparaba a lo satisfecho y feliz que Han parecía al verlo crecer más y más. Jack estaba feliz también por eso; estaba cumpliendo su parte del trato y al mismo tiempo estaba por tener un hijo del hombre al que amaba ¿Qué podía ser mejor que eso?

Debido a que la nodriza que Jack tuvo cuando niño había muerto durante el año que estuvo fuera del castillo el Rey tuvo que elegir a una nueva persona para ayudarle a cuidar y alimentar a su hijo.

La mujer que Jack escogió como nana y nodriza de su primogénito era una mujer robusta, de rostro y actitud amable que había trabajado casi la vida entera en las cocinas. Jack la recordaba perfectamente; cuando era niño y se escabullía a explorar el castillo ella siempre le daba comida extra cuando lo veía. El pelirrojo siempre había sido un niño bastante delgado aunque no por falta de alimento. Solo, esa era la forma de su cuerpo. Sinje Remag era su nombre y Jack la apreciaba lo suficiente como para confiarle el cuidado de su hijo.

Sinje estuvo feliz cuando le dio la noticia de que sería la nodriza del príncipe o princesa. Tanto que acarició sus mejillas igual que cuando era niño para luego disculparse por su atrevimiento.

–Comprendo tu entusiasmo, está bien. –Jack sonrió y colocó su mano sobre su vientre, acariciándolo distraídamente. Calculaba que tenía ya cinco meses de embarazo aunque, oficialmente, eran casi cuatro...

–¿Su Majestad quiere saber el sexo de la criatura? –Pregunto la mujer con total calma, como si fuese algo sencillo de averiguar.–

–¿Hay forma de saberlo antes del nacimiento?

–Por supuesto mi señor, mi dearg naoidhean. Yo lo he usado siempre y en todas las ocasiones ha acertado. Solo necesitamos un anillo y un poco de hilo para hacer un péndulo.

Jack sonrió, curioso cómo era, y acepto hacer la prueba. Sentado en su habitación privada le entregó el anillo negro que Han le había dado, ya enhebrado en el hilo. Sinje tomo el hilo mientras Jack extendía su mano abierta y la mujer dejo caer el anillo sobre su mano para luego levantarlo un poco, dejándolo cerca de su mano.

–Ahora solo debemos esperar majestad.

El anillo comenzó a moverse de un lado a otro, formando una línea recta, y continuo moviéndose luego de que Sinje contara hasta cinco.

–Debemos repetirlo mi señor.

–¿Por qué? ¿Ocurre algo malo? –La mujer sonrió con dulzura, alzando en anillo para repetir el experimento y observar; el péndulo hizo exactamente lo mismo que la primera vez y el Rey parpadeo, un tanto confundido cuando Sinje dijo que debía hacerlo una vez más– ¿Pasa algo?

–Oh, no mi señor. El péndulo dice que tendrá un varón. –Jack sonrió con emoción.– También, dice que tendrá más hijos además de este...

El pelirrojo no pudo evitar llamar a Han a su despacho para comunicarle las noticias. El lobo apareció poco después, vistiendo su armadura dorada con el emblema del reino en el pecho, hombreras metálicas y la cota de malla. Sus botas y guantes con el mejor cuero y su espada al cinto además de su barba perfectamente recortada, su cabello rubio... Jack sonrió al verlo así, apuesto igual que siempre desde que vistió su armadura de General por primera vez.

–La nodriza acaba de decirme si tendremos un varón o una niña. –Anunció con felicidad, sentado en el escritorio y acariciando su vientre sin dejar de mirar a su amante.–

–¿Oh?

–Usó un péndulo. Con el anillo que me diste. Y lo hizo varias veces y todas dieron el mismo resultado... –Han se acercó para tomarlo de la barbilla, colocando su mano también en el vientre de Jack.–

–¿Y bien?

–Será un varón. –El demonio se inclinó para besar su ya bastante grande estómago y luego a él también, en los labios. Jack suspiró con amor, regresándole el beso con entusiasmo.–

–Debemos esperar a que nazca para estar completamente seguros Jack. –El Rey asintió, notando en su rostro que Han estaba tan feliz como él.– Tengo cosas que hacer ahora, iré a verte esta noche.

–Muy bien... ¿Un par de besos más? ¿Cómo despedida? –El lobo sonrió y lo beso durante un largo rato antes de retirarse.–

Muchos sirvientes comentaban acerca de una bruja que profetizaba el futuro y sus predicciones eran siempre correctas, ya fueran personales, sobre alguna guerra o simplemente preguntas sencillas sobre lo que ocurriría con sus hijos e hijas; si se casarían o no, con quien, cuántos hijos o nietos tendrían... Jack se interesó por eso por supuesto. Era curioso por naturaleza y quería saber de antemano si tendría algún problema que enfrentar para estar listo. Además de que quería saber el porvenir de su primogénito. No le tomo demasiado tiempo obtener información sobre la bruja y luego de hablarlo con Hannibal decidió que la llamaría para usar sus servicios; Quería saber que todo iba a estar bien.

La visita se programó para ser en el salón del trono. Jamie sentado a su izquierda como el Rey Consorte y Han de pie a su derecha, con su General y guardaespaldas.

–¿Realmente tiene que estar aquí? –Jack miro a su esposo sin dejar de acariciar su vientre; Jamie miraba a Hannibal con la certeza de que su lugar estaba fuera de esa habitación.– La profecía será solamente para la familia real ¿No es cierto?

–Sí, es verdad. Pero realmente no quiero estar cerca de una bruja sin la protección suficiente. No quiero arriesgar al bebe. –Jamie gruño algo por lo bajo y Jack escucho claramente a Han resoplar como siempre lo hacía cuando se reía por lo bajo.–

La bruja, Wuya, se presentó frente a ellos, haciendo un ritual con huesos y otras cosas que Jack no comprendió realmente pero no le importó; La bruja los miro solo una vez, pasando su mirada del Rey al General directamente, comprendiendo bien lo que pasaba en el castillo.

–¿Qué dicen tus instrumentos? –Pregunto una vez que Wuya pareció haber terminado con lo que hacía.–

–Tendrá cinco hijos su majestad. De oro serán sus coronas y de tres de ellos, a corta edad, serán de oro también sus mortajas. –Jack tragó con fuerza y él y Han intercambiaron miradas. El Rey cubrió su vientre con ambas manos, queriendo proteger a su hijo desde ese mismo momento.–

–Esto... ¿Esto es una amenaza?

–No mi señor, es lo que dicen los huesos; Cinco hijos. Tres morirán y los dos restantes dividirán en reino.

Hannibal supo de inmediato que uno de esos niños no sería hijo suyo; los lobos eran sumisos hacia el líder de la manada y de ninguna forma uno de sus cachorros lo desobedecería. Mucho menos al grado de dividir su reino.

–¿Esto es...? ¿Es una broma para atormentarme? –Jamie sujeto una de sus manos para tranquilizarlo pero eso no lo ayudo en lo absoluto.

–Usted me llamo ante su presencia, su Gracia, solo hago mi trabajo.

Han colocó su mano en el hombro de Jack, mirándolo de una forma que decía que la bruja no estaba mintiendo. El Rey comenzó a respirar más rápido, asustado y preocupado.

–¿Qué más viste en mi futuro, bruja? –Wuya se tomó un momento para responder antes de apuntar a Jamie y a Han con su dedo.–

–Va a perderlos. –Sentenció con solemnidad.– Y estará solo durante cinco años y al terminar ese tiempo solo tendrá a uno de ellos de regreso.

Jack sollozó con voz temblorosa, tragando con dificultad para no demostrar lo mal que estaba aunque resultaba demasiado obvio, sobre todo ahora que estaba aún más sensible por el embarazo.

–¿Ves algo bueno en mi futuro? ¿O estoy destinado a ser miserable el resto de mi vida?

–Solo podré hacer otra predicción en unos cuantos días su majestad.

El Rey la dejo retirarse luego de eso y durante el resto del día se encerró en su habitación, negándose a ver a nadie. Solamente los sirvientes que le llevaron sus alimentos pudieron asegurarle al Rey consorte que su esposo estaba bien, solo lucía meditativo y cansado, lo que era normal en su estado.

Era tarde por la noche cuando Han apareció en la habitación, entrando por la ventana y sin su pesada armadura dorada. Jack lo esperaba ya, nervioso y asustado igual que esa mañana, vistiendo una bata ligera como pijama.

–Jack... –El Rey saltó a sus brazos, aferrándose a su ropa con desesperación.–

–Dime que ella estaba mintiendo. Por favor, por favor, dime que no dejarás que nada de eso ocurra, que no voy a perderte a ti ni al bebe... A ninguno de ustedes... –Han lo sujeto contra su pecho; era la primera vez en mucho tiempo que no tenía idea de que hacer.–

–Sus predicciones tal vez pueda cambiarse... Eventualmente, el futuro no es algo absoluto. –Jack suspiró, mirándolo con sus ojos humedecidos por las lágrimas.–

–No estas siendo de mucha ayuda ahora... Pero al menos eres honesto, como siempre. –El Rey tiro de su camisa para poder besarlo, buscando consuelo en el toque de sus labios.– Ayúdame. Hazme sentir seguro... Te necesito de esa forma.

Hannibal asintió y lo tomo en brazos para alzarlo y llevarlo a su cama, tomándolo con suavidad, haciéndole el amor para complacerlo y hacerlo sentir seguro en sus brazos justo como su pareja lo necesitaba.

Los meses restantes fueron una bendición y una tortura para Jack; Jamie insistía en quedarse cerca pero tanto Han como el médico le habían dicho que su hijo (si era de verdad hijo de Hannibal) nacería con colmillos.

–Es parte de la naturaleza del lobo.

Le había explicado Han con total calma. Lo que significaba una sola cosa; Jamie no debía estar cerca del castillo cuando el bebe naciera. Cualquier persona en su sano juicio sospecharía de un recién nacido con dientes...

Su esposo no estuvo feliz cuando le dio la noticia de que sería enviado a visitar la Casa de Néamh, (una de las Grandes Casas), para limar asperezas políticas entre ellos y el Reino.

–Pero Jack, tu estas cerca de dar a luz. No quiero dejarte solo en estos momentos. –El Rey sonrió, dejando que su esposo tomara su mano para besarla.–

Era su último mes de embarazo y todo dolía peor que una sesión de entrenamiento con Han por lo que usualmente no estaba mucho tiempo en la sala del trono; las sillas de roca, aunque estuvieran bañadas en oro, no dejaban de ser incómodas.

–Jamie, esto no puede esperar. –Le explicó con calma, pensando en que era mejor tenerlo lejos cuando naciera el bebe para no arriesgar a ninguno de los dos.– Prefiero tenerte protegiéndonos desde lejos que aquí en el castillo, arriesgándonos a que los Néamh decidan invadirnos. O algo peor. Además, eres el más capacitado para esto, esposo mío ¿A quién más podría enviar sino al mismísimo Rey Consorte?

La caricia a su ego pareció tranquilizar mucho a su esposo. Jack siguió con el plan, diciéndole lo beneficioso que podía ser para el reino, hasta que logro convencerlo al final, alegando que no quería darle la orden de obedecer aunque de verdad quería que lo hiciera.

Jamie partió rumbo a la Casa de Néamh un par de semanas después, cuando Jack estaba más y más cerca de dar a luz.

El médico ya estaba listo y también Sinje, la nodriza, que no dejaba de alentarlo y recordarle como debía amamantar al bebe en esos primeros días cuando tendría leche para darle.

El nerviosismo, sin embargo, no dejo de afectarlo; en las últimas semanas comenzó a tener miedo de que su bebe no fuera de Han, sino de Jamie. El pánico evito que pudiera dormir en paz las pocas horas que su hijo lo dejaba descansar. El médico prometió hacerle saber de inmediato si la criatura tenía o no la sangre del lobo para tranquilizarlo aunque todos sabían que el niño era, sin duda alguna, hijo del General.

Una exhaustiva semana más siguió a esa; Jamie aún no había enviado un cuervo avisando de su llegada Casa de Néamh por lo que Jack se sintió más nervioso que de costumbre, pensando que quizás su esposo podía volver en cualquier momento.

Fue durante la madrugada cuando Jack se despertó por una sensación extraña en su espalda baja.

El sol acababa de aparecer por entre las montañas en la distancia y Han ya no estaba con él, ocupado con cosas del ejército o el reino probablemente. Jack se sentó con dificultad, sujetando su espalda y su vientre, esperando. El dolor no apareció durante un largo rato por lo que el pelirrojo pensó que era uno de esos dolores de los que el doctor le había hablado, que llegarían mientras se acercara la fecha de parto.

Los sirvientes le ayudaron a vestirse como siempre y apenas estuvo listo sintió otra punzada de dolor en su espalda baja que lo sacudió por completo. Jack jadeó, poniendo su mano en el lugar donde lo sintió, asegurándose de que no lo hubiesen apuñalado.

–¿Majestad? –Jack jadeó de nuevo, respirando pesadamente, y miro a los sirvientes que lo observaban con atención.– ¿Se siente bien?

–Sí... Solo, me duele la espalda...

El Rey ordenó que llamaran a Sinje quien llegó casi de inmediato, luciendo preocupada por lo súbito de su llamada. Jack estaba sentado en el borde de la cama, acariciando su vientre y mirando hacia la pared directamente cuando la nodriza entró a la habitación.

–¿Su Gracia mando llamarme? –Jack asintió, dándole una media sonrisa preocupada y un tanto asustado.–

–Me duele la espalda como dijiste que me dolería... Pero no todo el tiempo, solo de vez en cuando. –Sinje se acercó de inmediato para tomar una silla y sentarse a su lado. Apenas estuvo cerca Jack tomo su mano, dándose fuerza en ella.– ¿Qué debo hacer? ¿Llamar al doctor?

–El primer parto suele ser el más largo... Su Majestad debería alertar al doctor para que esté preparado y mientras tanto usted puede esperar aquí mismo, donde es más cómodo.

El Rey aceptó su sugerencia y durante las siguientes horas Sinje lo ayudo a caminar alrededor de su habitación, para ayudarlo a dilatar más rápido. Y también fue ella quien lo acompaño hasta donde el doctor lo esperaba cuando el dolor se hizo más agudo y constante.

Durante el camino Jack se encontró con un par de lobos que notaron de inmediato su estado. El pelirrojo les sonrió, asintiendo con la cabeza, ordenándoles sin palabras que corrieran la voz; Quería a Hannibal con él cuando el bebe naciera.

Una hora más paso sin ninguna novedad. El doctor lo hizo caminar igual que la nodriza antes que él y no había señal de que Han apareciera pronto, lo que hizo que Jack se pusiera más nervioso que nunca.

–Su Majestad... Es hora de que empecemos.

–No. –Respondió con aplomo, inclinándose contra la pared y descanso su frente en la fría superficie de roca.–

–Mi Señor, el bebe...

–Hannibal tiene que estar aquí. No voy a tener a este niño sin él.

–El bebe no quiere esperar su Gracia, no hay mucho que hacer.

Jack se mordió los labios, mirando al anciano; las cuerdas de cuero estaban sujetas contra el techo, listas para que se sostuviera. La presión en su vientre y la necesidad de pujar eran tan fuertes que el Rey lo dudo un segundo, para luego negar con la cabeza de nuevo.

–No. No quiero hacer esto solo... Necesito a Han. –El doctor suspiró con impaciencia y fue a donde él estaba para sostener su brazo y ayudarlo a caminar.–

–Si esperamos demasiado el bebe podría resultar afectado. O peor... –Le advirtió sabiendo lo nervioso que se ponía cuando se trataba de la salud de su hijo y Jack tragó, tomando una de las cuerdas para sostenerse.–

–Necesito a Han...

–Llegara en cualquier momento su Majestad.

Sinje le había ayudado a desvestirse por lo que ahora Jack solo vestía una simple túnica blanca que el doctor amarro con suavidad a su cuerpo para asegurarse de que no estorbara en su labor.

Siguiendo sus indicaciones Jack abrió sus piernas, mirando como el anciano se sentaba en un banquillo frente a él, usando sus dedos fríos para revisar la dilatación de su cuerpo.

–Estamos listos mi Señor. El príncipe quiere nacer.

Jack ahogó un grito al sentir la siguiente contracción y apretó las correas de cuero para darse fuerza, cerrando los ojos por la presión constante que sentía en su vientre y en medio de sus piernas.

–Siento... Como si tuviera que ir al baño... –El médico le dijo que era perfectamente normal y debía comenzar a pujar cuando sintiera que debía hacerlo.–

El Rey asintió y acomodo mejor sus piernas, asegurándose de estar parado lo suficientemente firme contra el suelo, enrollo las correas en sus manos, apretándolas con fuerza y tomo una larga y profunda respiración. La siguiente contracción lo sacudió por completo pero esta vez Jack pujo al mismo tiempo.

–Jack... –Han entró con prisa luego de un largo rato, vistiendo ropas casuales y cerrando la puerta detrás de él. El pelirrojo se giró con rapidez, mirándolo con el rostro sonrojado, sudando y con lágrimas en los ojos por el dolor, el cansancio y el esfuerzo que estaba haciendo.–

–Han... Han. –El lobo se acercó de inmediato para sostenerlo, limpiando el sudor de su frente con su mano.– No, no, lava tus manos, quiero... –Una contracción lo interrumpió y Jack gruño, apretando los dientes al tiempo que pujaba.–

–Respira...

–Quiero que, que tomes al bebe... Lava tus manos... –Le pidió entre jadeos, alejándolo de él para que hiciera lo que le pidió. Mientras, Jack apoyó las manos en sus rodillas para seguir pujando.–

–Mi señor, puedo ver claramente la cabeza del príncipe. –Anunció el doctor, indicándole al General que tomara su lugar frente al Rey.–

–Tiene una cabeza enorme... Justo como tú. –Resopló Jack, intentando reír pero solo pudo gemir de dolor, aferrándose a los hombros del lobo con fuerza, enterrando las uñas en su piel.– Demonios... ¿No puedes, hacer que no duela tanto?

–Esta coronando su Majestad, ahora debe pujar.

–¿Qué demonios crees que he estado haciendo? –Respondió de mal modo antes de que la siguiente contracción lo hiciera doblarse de dolor.–

Jack continúo pujando, sintiéndose un tanto más tranquilo ahora que su amante estaba con él. Pronto pudo sentir como el bebe se abría paso a través de su cuerpo y por primera vez en todo el día agradeció estar de pie, sabiendo que de esta forma era más fácil para su hijo el seguir su camino hacia este mundo.

Con el médico explicándole lo que estaba pasando y Han diciéndole que todo estaba bien el pelirrojo utilizó el resto de su fuerza en pujar tanto como podía hasta que finalmente el doctor sujeto a su hijo, para ayudarle a salir por completo. Jack colapso exhausto en los brazos de su pareja, sintiéndose mucho más ligero que en los últimos meses.

–¿Cómo está? ¿Está bien? Mi, mi bebe...

–Está limpiándolo ahora Jack. –Hannibal lo sujeto con seguridad en sus brazos, manteniéndolo erguido.–

–No está llorando, no puedo... ¿Está bien? Es ¿Es humano?

Apenas termino de preguntar el primer grito del recién nacido disipó uno de los miedos del Rey. Jack sonrió contra el pecho del General quien finalmente lo ayudo a recostarse sobre la cama. El pelirrojo se lamió los labios, sediento y agotado, mirando como el doctor continuaba limpiando a su hijo con una sábana blanca, ocultándolo de su vista por el momento.

–Majestad... –El doctor se acercó finalmente, aun limpiando al pequeño.– Nuestro príncipe ha nacido. Es un varón saludable y... –El discurso del anciano se interrumpió por un grito de dolor. Jack parpadeó con sorpresa al verlo alejar su mano del bebe con rapidez.– ... Y con colmillos afilados...

Jack se relajó finalmente, dejándose caer sobre la cama para descansar luego del esfuerzo; su hijo era un lobo... Su hijo era de Hannibal. Y estaba bien.

Apenas Han lo sujeto en sus brazos el llanto del bebe se calmó y Jack sonrió, siguiendo a su amante con la mirada hasta que el lobo le puso al bebe en brazos para que lo observara; El recién nacido se removió en sus brazos, llorando un poco.

–Tiene tu cabello. –Jack suspiró al ver el cabello rubio en la pequeña cabeza y lo acercó a su pecho para verlo mejor, besando su pequeña frente. Los colmillos eran una imagen preocupante en un recién nacido pero el pelirrojo sabía que demostraban la naturaleza de su primogénito; Era un lobo como su padre.– Mi pequeño... Mi querido hijo... –El Rey sintió un par de lágrimas escaparse de sus ojos pero no le importó.– Bienvenido James... Tu padre y yo nos moríamos por conocerte...

Han sujetó la mano de su hijo y James apretó su dedo de inmediato, haciendo ruiditos con su boca que no hicieron más que terminar de doblegar el corazón de Jack.

–Mi señor debería intentar alimentarle ahora. El príncipe tiene hambre y no tardará mucho en llorar.

Cuando Sinje, la nodriza, pudo entrar a ver a su Rey y al pequeño príncipe el niño dormía tranquilamente en brazos del Rey, quien lucía por demás exhausto.

–¿Su Majestad quiere que me encargue del príncipe para que usted descanse? –Ofreció la mujer con una amplia sonrisa, observando que el bebe tenía el cabello rubio igual que los difuntos hermanos del ahora Rey.–

–Sí, necesito dormir un poco. Pero no salgas de esta habitación, no quiero tener a mi hijo demasiado lejos de mí. –Jack se movió solo un poco, dejando que la nodriza tomara a su bebe con suavidad.– Su nombre es James... Este es tu príncipe y futuro Rey.


Quería esperar antes de publicar este capítulo pero también quiero animar un poco a Manny, que esta teniendo unos días complicados. Así que he aquí el nuevo capítulo; gracias a todos por leer.