Disculpen la demora.
¡Disfruten!
Disclaimer; los personajes de esta historia pertenecen a J. K. Rowling, excepto los que han sido creados por mí.
Este fic participa en el reto especial navideño "Doce Palabras para Celebrar" del foro La Sala de los Menesteres.
Advertencia: Slash.
Palabra: Prejuicios
Capítulo 8. La mañana siguiente
Draco siempre supo que el suicidio era de cobardes o de valientes, dependiendo de cómo se mire. Supo que había fallado cuando el peso de la vida y los recuerdos cayeron sobre sus hombros. Era frustrante haber fallado, pero ahora de daba cuenta de que el dolor post intento era terrible, doloroso y angustioso.
Estaba harto, realmente cansado, de todo lo que era su vida. Entonces, la claridad llegó en un sueño: Dumbledore. Él le sonreía y le hablaba cosas que no lo lograba entender, soñar con aquellas personas que había matado era muy difícil de asimilar.
Ese era un punto. Por otro lado, estaban los jodidos ataques que había recibido la primera semana, ataques que cesaron luego de que le asignaran a Potter como "cuidador". Ilógico. Siendo que él debería odiarle y no haber aceptado, es mas Draco sabía que debía estar en prisión y no en Hogwarts terminando ese año. Todos sabían que él era un asesino. Todos tenían prejuicios bien justificados contra él.
Era un, ex, mortífago hecho y derecho, era un asesino y… un cobarde.
La mirada de Madame Pomfrey se fruncía cada vez más. Draco no quería escucharla, pero ella insistía en hablarle. Pudo escuchar la puerta de la enfermería y, por supuesto, era Potter. Quien, sin lugar a dudas, escuchó a la enfermera.
Draco, más bien, quería hundirse en la poca vida que le quedaba, prefería que sus demonios le hablaran y le dominaran.
Alguien se apretó su hombro.
—Se que odiabas esta vida —murmuró Harry, sus ojos se veían vidriosos y contenidos—. Nunca te odie, sabes, solo eras un niñito mimado que intentaba llamar la atención. No te odio, por eso estoy aquí. Dumbledore quiso que supiera. Fue su herencia. La verdad sobre su muerte.
