Disclaimer: How To Train Your Dragon es propiedad de DreamWorks Animation y/o Cressida Cowell. Esta es una adaptación del primer tomo de la saga de libros Finding Love "Finding Sky" por Joss Stirling.
Savant: Los savants son personas con poderes extrasensoriales, tienen un don principal (varía), pero todo savant puede usar telepatía y telequinesis (unos mejor que otros). Cuando nace un savant, su complemento también nace en algún sitio de la tierra más o menos al mismo tiempo. El lazo no tiene que ver con que nacieran el mismo día, sino que fueron concebidos al mismo tiempo.
Durante algunos días, gocé de la celebridad obtenida gracias a mí afortunada atajada. A Fishlegs le resultó muy graciosa la situación y aprovechó mi notoriedad cada vez que pudo.
–¡Ciudadanos de Berk, abran paso a la última adquisición del fútbol femenino! –gritaba mientras corría de espaldas delante de mí, cuando Ruffnut, GoGo y yo nos dirigíamos a la clase de Biología.
–Por favor, Fishlegs –mascullé, consciente de la risa que provocábamos.
Ruffnut hizo algo mejor: le dio un golpe en las costillas.
–Ya basta, Fishlegs.
–¿Eres su representante, Ruffnut?
–Si, y ella no va a concederte ninguna entrevista.
–Eres una mujer dura.
–Tienes razón. Ahora vete.
–Ya me fui –repuso Fishlegs y, dándose vuelta, salió corriendo hacia su clase.
–Ese chico es un pesado de primera –sentenció Ruffnut.
–Él piensa que es gracioso –comenté.
–Lo es… la mitad de las veces –dijo GoGo mientras jugueteaba distraídamente con un pequeño mechón de su cabello–. Siempre creí que se mete con Ruffnut porque le gusta mucho.
–Si repites eso, morirás –advirtió Ruffnut.
–Fishlegs anda detrás de ti desde cuarto grado y tú lo sabes.
–No quiero saberlo. No estoy escuchando –Ruffnut se llevó las manos a los oídos.
GoGo consideró que ya había ganado la discusión, de modo que abandonó el tema.
–Astrid, ¿vendrás hoy a ver al equipo de béisbol de la escuela? Jugamos contra Dunbroch.
–Si voy, ¿alguna de ustedes, me explicará lo que está pasando?
GoGo lanzó un resoplido.
–No me digas que no conoces las reglas del béisbol. ¿Dónde viviste toda tu vida? ¿Debajo de una piedra?
–No –contesté sonriendo.
Ruffnut le dio un codazo a GoGo para que no insistiera más.
–Por supuesto que te vamos a explicar el juego, Astrid. Es un deporte muy divertido.
GoGo le echó una mirada picarona.
–Ya sabes que Hiccup está en el equipo.
Fingí estar interesada en un volante pegado en el tablero de noticias afuera del laboratorio.
–Podría haberlo imaginado.
–Razón de más para ir.
–¿Te parece? –comenté con ligereza.
–Eso andan diciendo.
–Yo lo hubiera considerado una razón para no ir.
–A mí me gusta más Toothless –dijo GoGo con una sonrisa.
–GoGo, el chico tiene novia –resopló Ruffnut ante su obsesión por el chico.
–¿Y qué? No he perdido la esperanza de que algún día terminen esos dos.
Miré a GoGo con una expresión risueña pero mi mente estaba trabajando a toda prisa. ¿Acaso todos estaban haciendo especulaciones con respecto a Hiccup y a mí? ¿Por qué? Éramos las dos personas de toda la escuela con más bajas probabilidades de mantener una relación. Solo porque me hubiera ayudado frente a todos los alumnos de tercer año y no me quitara los ojos de encima el resto de la tarde...
–¡Miren quien va ahí! –chilló Ruffnut dándome un codazo en las costillas.
Enemigo al frente. Hiccup salía del laboratorio conversando con otro chico.
–Hola, Hiccup –dijo GoGo con una falsa voz femenina.
Me quise morir de vergüenza: parecíamos una banda de admiradoras.
–Ah, hola –Hiccup nos echó una mirada general y luego regresó a mí. Dejó que su amigo siguiera de largo y se detuvo delante de nosotras–. No tuve oportunidad de felicitarte, Astrid. Tu atajada fue genial.
Maldito. Se estaba riendo de mí.
–Sí, a mi me pareció bastante increíble –dije con tono irónico.
–Le digo a todos que tuviste suerte –Hiccup agarró la correa caída de mí mochila y la acomodó sobre mi hombro.
El estómago me dio un vuelco. El gesto pareció casi territorial. ¿Qué significaba eso? Hiccup Haddock era amable conmigo.
–Y yo digo que recibí un poco de ayuda –agregué mientras le echaba mi mirada más dura. ¿A qué estaba jugando? ¿Me había dicho realmente lo que debía hacer? No saber qué había ocurrido en verdad y qué había sido mi imaginación me estaba volviendo loca.
–De todas maneras, Hiccup, todos nos dimos cuenta de que no curvaste la pelota como sueles hacerlo –Ruffnut me sonrió con preocupación. No se había perdido la manera casual en que él había tocado la correa de mi mochila.
Hiccup levantó las manos como entregándose.
–Estaba tratando de que Astrid se sintiera segura. La próxima vez no seré tan bueno con ella.
–No te esfuerces, Hiccup Haddock. Tú construiste esa imagen del chico más malo del año y ahora nos enteramos de que tienes debilidad por las rubiecitas de mirada ingenua y aspecto indefenso.
–¡GoGo! –protesté, su comentario me recordaba demasiado al apodo de conejita de las Vampiras–. Me estás haciendo pasar por tonta.
–¡Miss Simpatía saca a relucir su carácter! Sabía que tenías que tenerlo en algún lado –dijo GoGo, fascinada por mi respuesta airada.
–Tú serías igual si tuvieras que convivir con este aspecto. Nadie me toma en serio.
Mi mal genio aumentó un tanto cuando los tres lanzaron la carcajada.
–Veo que todos me toman en broma.
–Lo siento, Astrid –Ruffnut alzó la mano para evitar que me marchara enojada–. Es que lucías tan feroz cuando dijiste eso…
–Si, verdaderamente siniestra –coincidió GoGo tratando de no reír-. Como un cachorrito con un fusil.
–Y, para que no queden dudas, ninguno de nosotros piensa que eres tonta –señalo Ruffnut–. ¿No es cierto?
–Por supuesto que no –intervino GoGo.
–Pero debo confesar que estoy de acuerdo con GoGo –dijo Hiccup, poniéndose serio–. Hacerte la mala no te sale tan bien como a mí. Quizá debería darte unas lecciones. Cuídate, ¿sí? –me rozó suavemente el brazo con la mano y se alejó, mis entrañas hacían pasos de tap dance.
–Miren, eso sí que es un bonito trasero –suspiró GoGo disfrutando la visión de la parte posterior de Hiccup.
–No hables de su trasero –exclamé enojada, lo cual las hizo reír nuevamente–. ¡Y dejen de burlarse de mí! –rogué. ¿Acaso eso había sido otra advertencia?
–Haremos lo posible, pero es difícil cuando dices cosas como esas –Ruffnut me dio un codazo cariñoso–. Si admites que ese trasero es tuyo, dejaremos de mirar. ¿No es cierto, GoGo?
–Bueno, tal vez mire pero no haré comentarios –sonrió GoGo sin reparar en que el resto de la clase ingresaba en fila al laboratorio. Burlarse de mí era mucho más entretenido que cualquier cosa que pudiera ofrecer el profesor de Biología.
–No es mi trasero –repetí.
–Pero yo creo que podría serlo. Se ve claramente que anda rondándote –GoGo cargó su mochila.
Ruffnut se corrió para dejar entrar a GoGo y luego bajó la voz.
–Estábamos bromeando, pero en serio tengo la impresión de que Hiccup anda en algo. Nunca lo había visto actuar de una manera tan… bueno, tan agradable con una chica.
Eché un vistazo por el pasillo para asegurarme de que realmente se hubiera marchado.
–¿Lo notaste?
–Fue difícil no hacerlo. La última vez que estuvieron juntos casi arde Troya.
–Sí, pero él sigue siendo un arrogante.
–Y todavía más –dio un tirón a la correa de mi mochila para ser más clara–. Siempre se había mantenido alejado. Ojalá siguiera así. No es tu tipo.
–¿Y cuál es mi tipo? –pregunté con el ceño fruncido.
–Otro cachorrito, supongo –sonrió ante mi gruñido–. Me refiero a alguien que sea gentil. Te imagino dando largas caminatas románticas, rosas… ese estilo.
–¿E Hiccup no es así?
–No es necesario que te lo diga. Para una chica con una coraza dura, estaría bien, pero tú eres más parecida a un malvavisco, ¿no?
–Quizá. Realmente no sé cómo soy.
–¿Tendrás cuidado?
Eso era lo que había dicho Hiccup.
–No sé qué pensar. No puedo pretender que guste de él después de la forma en que me ha tratado.
–No lo olvides.
–No creo que esté detrás de mí.
Ruffnut miró el reloj y me arrastró dentro de la clase.
–¿De verdad?
Estaba aprendiendo muy rápidamente que la Escuela Secundaria Berk tenía una obsesión con el deporte. Y no estoy refiriéndome al tema ridículo de las porristas: era algo mucho más profundo que un extraño deseo de llevar faldas y agitar pompones. En primer lugar, se esperaba que todos fueran a apoyar al equipo aunque no jugaran. Era tan distinto que en Inglaterra: yo ni siquiera sabía si el colegio de allá tenía un equipo.
–Muy bien, ¿entonces el béisbol consiste básicamente en cuán rápido puedes eliminar al equipo contrario y luego cuántos tantos o… carreras logras anotar durante el encuentro? –repetí al tiempo que tomaba un generoso puñado de palomitas de maíz. El padre de GoGo manejaba el puesto de bebidas de la Asociación de Padres de la escuela y nos había dado una porción extra grande y nos había invitado con bebidas–. Una vez que hayan quedado fuera tres jugadores, el turno de bateo cambia al otro equipo.
Ruffnut se colocó los lentes y estiró las piernas. A estas alturas, ya estaba fresco pero el sol calentaba bastante.
–Eso es todo.
–¿Y ellos usan esos uniformes tan peculiares porque…? –pensé que ni siquiera a Hiccup le quedaban bien esos largos pantalones blancos. Parecían un grupo de adolescentes reunidos en una extraña pijamada.
–Por tradición, me imagino.
–Protección –agregó GoGo, que resultó ser una fanática del deporte. Tenía su propio guante de béisbol y todo–. Tienen que cubrirse la piel por si deben deslizarse para llegar a la última base.
Los equipos se apiñaban en la cancha. Dunbroch acababa de aniquilar a nuestro bateador y estaban esperando su entrada o inning.
–¿E Hiccup es nuestro mejor jugador?
–Podría serlo. Es un poco irregular y vuelve loco al entrenador –GoGo abrió su jugo–. Todos sus hermanos, a excepción de mi adorable Toothless, estuvieron en el equipo mientras estudiaban en la escuela. El entrenador está intentando convencer a Hiccup –el último Haddock– pero no logra que se comprometa con el equipo.
–Mmm –observé a Hiccup mientras pasaba los dedos por encima de la pelota. Su rostro estaba muy concentrado pero a la vez distante, como si estuviera escuchando unos acordes musicales que nadie más pudiera captar. Su primer lanzamiento fue excelente y el bateador ni se movió. Los espectadores demostraron su aprobación a los gritos.
–Está en forma –comentó GoGo.
–¡Hola, chicas! –Fishlegs pasó rozando a Ruffnut y se sentó junto a ella.
–¡Maldición, me hiciste tirar las palomitas de maíz! –protestó.
–Te ayudo a levantarlas –ofreció espiando su falda.
–No, gracias –repuso Ruffnut mientras limpiaba los granos de su regazo rápidamente.
–Me estás arruinando la diversión.
–Eso me hace sentir mucho mejor.
Fishlegs suspiró dramáticamente y luego se acomodó para observar el partido. Desde nuestra conversación en la sala de música, le había tomado mucho cariño y esperaba que su largo juego para ganar el afecto de Ruffnut tuviera éxito. Ella no lo alentaba demasiado.
–Hiccup está muy concentrado hoy –señaló Fishlegs cuando el primer bateador fue eliminado.
–Sí –balbuceó Ruffnut distraídamente mientras le ofrecía un puñado de palomitas de maíz, demasiado absorta en el juego como para recordar que estaba enojada con él.
–Entre los lanzamientos, no deja de mirar a esta sección de la tribuna, ¿no es cierto? –Fishlegs tomó un sorbo de su lata.
–Me pregunto por qué –dijo GoGo con aire inocente antes de arruinar el efecto con una sonrisita.
–Ni siquiera sabe que estoy aquí –enrojecí al darme cuenta de que casi había aceptado ser el motivo de su interés.
Fishlegs cruzó las piernas al lado de las de Ruffnut.
–Créeme, lo sabe.
–Quédate quieta un segundo –GoGo me tomó una foto con su teléfono–. Quiero capturar esta imagen para la posteridad: la chica que atrapó la atención del todopoderoso Hiccup. Todas las de Berk ya estábamos fuera del juego –me mostró la fotografía para que le diera mi aprobación. Había usado una aplicación para agregar una corona y, aun así, lucía un poco mejor que en mi tarjeta de la escuela–. Él sale únicamente con chicas que no sean de aquí. Creo que ahí abajo está una de sus ex, Mérida algo, capitana de las porristas del equipo de Dunbroch.
Me asaltó un ataque de celos totalmente irracional. La chica tenía unas piernas gloriosas y una melena de pelo rojizo y alborotado: lo opuesto a mí. Algo que yo consideraba totalmente ridículo en mí, en ella era algo muy sexy. Deseaba que Hiccup no lo hubiera notado.
Claro que lo había notado. Era hombre ¿verdad? Y ella lo estaba esperando.
Ruffnut, Fishlegs y GoGo continuaban discutiendo mi vida romántica mientras yo estaba perdida en una bruma verdosa.
–Al ser inglesa, es posible que sea lo suficientemente exótica para el gusto de Hiccup. No del viejo y aburrido Berk –especuló Ruffnut.
Esa era la primera vez que alguien sugería que ser inglesa era una ventaja. Yo había estado intentando integrarme pero, quizá, ser diferente era algo bueno.
–Yo pienso que sería mejor que dejara a Astrid en paz –dijo Fishlegs revelando su vena protectora. Ahora que lo conocía mejor, consideré la idea de cambiarle el papel y colocarlo como mi defensor.
–Sí –concordó Ruffnut–, sería mejor que nos uniéramos en su contra para mantenerla a ella fuera de su camino.
GoGo le golpeó el brazo a Ruffnut.
–¿Qué? ¿Y arruinar la diversión? Piénsalo: Hiccup saliendo con una chica de Berk sería lo más emocionante que haya sucedido aquí desde El Santuario.
–Y tú no eres propensa a la exageración –comentó Ruffnut con expresión impávida.
–¡Jamás!
–Lo siento, chicos, por si no lo notaron, estoy acá. Me agrada mucho que organicen mi vida amorosa o ausencia de ella en mi lugar, pero, tal vez, yo podría tener alguna opinión al respecto –dije mitad divertida y mitad exasperada.
–¿Y cuál sería? –preguntó Ruffnut ofreciéndome palomitas de maíz.
–En realidad, no tengo la menor idea… pero de a poco estoy llegando a una respuesta. Como ya les dije antes, Hiccup y yo… es algo que no va a suceder. Ni siquiera me gusta.
GoGo me miró y puso los ojos en blanco.
–Astrid, un tipo como ese no es necesario que te guste. Solo tienes que salir con él, una o dos veces es suficiente. Eso levantaría tu reputación por el resto de tu vida.
–¿Qué? ¿Usarlo?
–Claro que sí.
–GoGo, eso es espantoso.
–Lo sé. Soy increíble, ¿no?
El entusiasmo de la multitud aumentó cuando el segundo jugador fue eliminado.
GoGo se levantó de un salto e hizo una breve danza de victoria.
–¡Lo que no se puede negar es que ese chico es divino! El entrenador se va a morir si no consigue que se presente para una beca.
–Tiene que hacerlo –comentó Fishlegs con un silbido–. Es demasiado bueno como para desperdiciar su talento.
En ese momento, algo cambió. Pude verlo en la transformación del rostro de Hiccup. Su mirada distante se esfumó y lo dejó más presente, más parecido a los demás. Sus lanzamientos pasaron de excepcionales a simplemente muy buenos. El siguiente bateador casi lo sacó del "diamante" y los alumnos de Berk lanzaron un gruñido de disgusto.
–Siempre hace esto –se quejó GoGo–, juega muy bien y luego retrocede. ¡Había derrotado a Dunbroch y ahora…!
Y ahora contraatacaban. Hiccup se encogió de hombros y cedió su lugar de lanzador a un compañero de equipo, dejándole el honor de derrotar a Dunbroch.
Él podría haberlo hecho: mi instinto me lo decía. Hiccup podría haberlos liquidado pero prefirió apartarse. Como dijo GoGo, era una locura.
–¿Por qué hará eso? –me pregunté en voz alta.
–¿Qué cosa? –Ruffnut arrojó su refresco en el cesto–. ¿Retirarse en el momento de asestar el golpe final?
Asentí.
–Tal vez pierde el interés o el entusiasmo. Los profesores siempre le dicen que es demasiado arrogante para mejorar su falta de regularidad.
–Puede ser.
Pero no estaba segura. Él jugaba bien, pero tenía que existir otro motivo que todos desconocían. Estaba manteniendo su juego deliberadamente deslucido y yo quería saber por qué.
Berk derrotó a Dunbroch pero Hiccup, la estrella del partido se dirigió al campo del equipo visitante y se perdió en la multitud que rodeaba a los capitanes, sin querer atraer la atención. Aceptó un abrazo entusiasta de Mérida, la de la melena alborotada, pero se apartó suavemente y siguió estrechando las manos de los jugadores del equipo contrario. Yo sabía que jugar, como tocar un instrumento, era solamente una parte del todo –lo importante era la orquesta más que los individuos– sin embargo, su negativa a sobresalir me resultó rara. Podría haber sido el solista pero prefirió mantenerse en un segundo plano.
–¿Te llevo a tu casa? –ofreció Ruffnut–. Voy a llevar a GoGo y a Fishlegs.
Los demás vivían al otro extremo del pueblo y ella siempre me pasaba a buscar y me llevaba a todos lados. Y con solo dos asientos íbamos a estar muy apretados y además era ilegal. Por otra parte, le vendría bien, ya que dejaría primero a GoGo y se quedaría sola con Fishlegs.
–No te preocupes, tengo ganas de caminar. Además, voy a hacer algunas compras para Finn.
–Bueno. Hasta mañana.
Había una larga fila de automóviles esperando para salir del estacionamiento. Me detuve para dejar pasar al autobús de Dunbroch y luego inicié la marcha dejando atrás a la multitud. Cuanto más caminaba más silenciosa se volvía la ruta. El Sr. Ingerman pasó a toda prisa en dirección contraria: el Juez Despiadado en una misión, rodeado de un halo azul tenue de rectitud. Me froté los ojos y, afortunadamente, el hombre volvió a la normalidad. Agitó el brazo para saludarme pero, como me hallaba del otro lado de la avenida, no tuve que detenerme a conversar. Tuffnut, el mecánico y hermano de Ruffnut, pasó en su camioneta y tocó la bocina.
En la tienda, Toothiana, la empleada que había llegado a conocer en las últimas semanas desde el episodio de la salsa de eneldo, me pidió que le hiciera una repetición del partido mientras embolsaba mi compra. No dejaba de sorprenderme cuán interesada estaba la gente del lugar por la suerte del equipo escolar. Lo trataban como si fuera la liga profesional y no un conjunto de adolescentes.
–¿Cómo te va en la escuela? –Toothiana colocó los huevos con cuidado arriba de la bolsa.
–Muy bien –tomé una revista de historietas del exhibidor y la arrojé en la canasta. Mi padre me dedicaba a denostarlas con gran entusiasmo: tal vez por eso me gustaban tanto.
–Astrid, he escuchado cosas muy buenas acerca de ti. Todos te consideran una chica muy dulce. El Sr. Ingerman dice que irradias simpatía.
Bueno, según mi mente desquiciada, él irradiaba una luz azul.
–Ah, bueno. Él es… eh…
–Imparable, como un misil. Pero es mejor estar bien con él –dijo Toothiana con sabiduría y luego me acompañó hasta la salida–. Tienes que ir a tu casa antes de que oscurezca. Hazme caso.
Las sombras se extendían a través del camino como enormes manchas de tinta goteando en el suelo. Sentí frío con mi chaqueta liviana y apresuré el paso. Berk era muy vulnerable a los cambios repentinos de tiempo: la realidad de la vida en las montañas. Era como vivir junto a nuestro anciano vecino de Londres, que había sido un viejo bastante cascarrabias. Nunca sabía cuándo cambiaría su humor: en un momento era todo sonrisas de abuelo y al siguiente escupía una andanada de insultos. En ese instante, comenzó a caer aguanieve y cubrió el pavimento con manchas de nieve a medio derretir del tamaño de una moneda, volviendo el camino muy resbaloso.
Al doblar por una calle tranquila, oí que alguien se acercaba corriendo hacia mí. Seguramente se trataba de un corredor, pero igualmente no pude evitar que mi pulso se acelerara. En Londres, me habría preocupado mucho; pero Berk no parecía el tipo de lugar para ladrones. Aferré las manijas de la bolsa de compras mientas planeaba utilizarla como arma en caso de ser necesario.
–¡Astrid! –una mano aterrizó en mi hombro. Al revolear la bolsa con un aullido, me encontré con Hiccup a mis espaldas, que atrapó la bolsa antes de que le pegara.
–¡Casi me das un infarto! –apreté con fuerza las manos sobre el pecho.
–Perdona. Creo que te dije que deberías tener cuidado si regresas a tu casa sola al oscurecer.
–¿Quieres decir que podría aparecer algún chico y abalanzarse sobre mí y darme el susto de mi vida?
Cuando esbozó una sonrisa fugaz, me recordó a su alter ego, el Hombre Lobo.
–Nunca se sabe. Hay gente muy extraña en las montañas.
–Me estás dando la razón.
La sonrisa se volvió más amplia.
–Bueno, dame eso –me sacó la bolsa de los dedos–. Te acompañaré a tu casa.
¿Qué estaba pasando? ¿Habría recibido un trasplante de carácter?
–No es necesario.
–Quiero hacerlo.
–¿Y siempre consigues lo que quieres?
–Casi siempre.
Caminamos durante un rato. Busqué temas seguros para hablar pero todo lo que se me ocurría sonaba tonto. Me sentía incómoda estando tan cerca de Hiccup después de todas mis locas fantasías sobre él. Nunca sabía si me iba a maltratar o no.
Él fue quien rompió el silencio.
–¿Cuándo pensabas decirme que eras una savant?
Esa sí que era una buena manera de comenzar una conversación.
–¿Una qué?
Me detuvo bajo un farol de la calle y levantó el cuello de mi chaqueta. Ráfagas de aguanieve se deslizaban por el charco de luz y luego se perdían en la oscuridad.
–Tienes que darte cuenta de lo increíble que es –sus ojos clavados en los míos con un color fascinante e inusual en su rostro pálido. Eran de un increíble verde bosque.
De todas maneras, no alcancé a comprender la expresión de su mirada.
–¿Qué es increíble?
Río y el sonido de la risa retumbó dentro de su pecho.
–Ya veo. Me estás castigando por comportarme como un idiota. Pero tienes que entender que yo no sabía qué eras tú. Pensé que estaba haciéndole una advertencia a una extranjera despistada para evitar que la acuchillaran.
Aparté sus manos de mi cuello.
–¿De qué estás hablando?
–Unas noches antes de que nos encontráramos en el pueblo fantasma, tuve una premonición. ¿Tú también las tienes?
La conversación se está tornando cada vez más extraña, pensé mientras negaba con la cabeza.
–Tú corrías por la calle en la oscuridad… había un cuchillo… gritos… sangre. Tenía que prevenirte.
Muy bien. De modo que yo pensaba que tenía problemas pero Hiccup estaba gravemente trastornado. Tenía que alejarme de él.
–Mmm… Hiccup, gracias por preocuparte por mí pero es mejor que me vaya.
–No lo creo, Astrid, tú eres mi alma gemela, mi pareja: no puedes marcharte como si nada.
–¿No puedo?
–Tú también tienes que haberlo sentido. Lo supe apenas me respondiste… fue como, no sé de qué manera expresarlo, como si se despejara la niebla. Pude verte de verdad –deslizó un dedo por mi mejilla y me estremecí–. ¿Tienes idea de lo raras que son las probabilidades de que nos encontremos uno a otro?
–Guau. Espera un poco. ¿Tu alma gemela?
–Sí –sonrió y me atrajo hacia él–. Nosotros dos ya no tendremos una existencia a medias. Me llevó varios días superar la conmoción y estuve esperando hablar contigo primero antes de darles la noticia a mis padres.
Tenía que estar provocándome. Apoyé las manos sobre su pecho y lo empujé hacia atrás.
–Hiccup, no tengo la menor idea de qué hablas. Pero si esperas que yo… no sé qué esperas, pero no va a suceder. Yo no te gusto, tú no me gustas. Olvídate de todo.
–¿Qué me olvide de todo? –repitió incrédulo–. Los savants esperan toda la vida para encontrar a la persona indicada ¿y tú piensas que yo voy a olvidarme de todo?
–¿Por qué no? ¡Yo ni siquiera sé qué es un savant!
–Yo soy uno –exclamó golpeándose el pecho y luego me empujó con el dedo–. Tú también. Tus dones, Astrid, te convierten en una savant. Al menos tienes que poder comprender eso.
Había tramado estupideces en mi cabeza pero esto iba mucho más allá de cualquier cosa que hubiera podido imaginar.
–¿Puedes darme la bolsa de las compras, por favor? –le pedí dando un paso hacia atrás.
–¿Qué? ¿Eso es todo? ¿Hacemos el descubrimiento más asombroso de nuestras vidas y te vas a ir a tu casa como si nada?
Deseando ver a alguien, eché un vistazo fugaz a mi alrededor. El Sr. Ingerman sería suficiente; mi padre, mucho mejor.
–Mmm… sí. Eso parece.
–¡No puedes hacerlo!
–Mírame.
Le arrebaté la bolsa de los dedos y caminé con rapidez la distancia que faltaba para llegar a mi casa.
–¡Astrid, no puedes ignorar esto! –se colocó bajo el farol de la calle, el pelo cubierto de aguanieve, los puños apretados a los costados del cuerpo–. Eres mía… tienes que serlo.
–No. No lo soy.
Entré y cerré la puerta de calle de un golpe.
¡Feliz sábado! En cuanto a la explicación de arriba, he de suponer que saben quien es el "complemento" -alma gemela- de Astrid. ¿No saben? Pues vayan con un oculista para que les revise la vista por si no leyeron bien. No se crean. Pero en serio, creo que la respuesta es obvia desde leer el resumen :v
Gracias a todos por su apoyo. Quiero dar un agradecimiento especial a the-rider-sel por tomarse la molestia de comentar. Muchos otros lo han hecho, pero esta personita en especial ha comentado todos y cada uno de mis caps :3
¡Nos leemos mañana domingo!
