Tengo que daros las gracias siempre, porque me animan un montón vuestros comentarios, pero como no tengo mucho tiempo seré breve!
SHADOW, eres especial !
Kiray, me encantan tus comentarios ¿ya que quieres que te diga?
Lady Calixta, creo que se escribe así XD... Muchas gracias por comentar, decirte que no te preocupes, pues ya mismo va a ver personajes de beyblade, aunque no los protagonistas pero bueno... Es que esta historia la hice con un exclusivo propósito, que concierne a uno de los protagonistas, pero me las ingenié para meter a Tyson...
Y la otra pregunta ya te la contestaré...
EMPEZAMOS:
8 ¿FELICIDAD?
Los guardias me tiraron en una habitación, ya está mi madre había muerto, yo lo sentí. Sentí su corazón, su dolor, y después sentí sus pocas fuerzas. No podía reaccionar, no podía mover mi cuerpo después de aquel golpe, y cundo pude rompí a llorar. Aún con lágrimas en la cara levanté la mirada del suelo. Miré hacia el frente allí había alguien más. Era una chica de mi edad, y estaba inconsciente.
- "¿Hola?" – Pregunté esperando a que reaccionara.
Se me formó un nudo en la garganta, esa niña estaba hay herida. Y yo no tenía nada con que curarla, pero no iba a dejarla sangrando. Me arranqué parte de una de las mangas de mi chaleco, e intente limpiarle la herida. Luego me arranque otro gran pedazo del pantalón, y se lo vendé. Y pude comprobar:
-"¡Karen!"- Dije yo, lo comencé a recordar todo, todo lo que había ocurrido hacía apenas dos días, pero en esos recuerdos su rostro en mi mente era un tanto distorsionado, aún así estaba segura de que había cambiado. Estaba sucia y herida, y tenía marcada con la suciedad las lágrimas en su rostro.
-"¿Qué te han hecho?"- Contuve las lágrimas.
-"Compasión."- Dijo el hombre de cabello morado que había visto antes. –"Es un sentimiento de debilidad."
No estaba segura de lo que aquel hombre quería hacerme, pero de ningún modo iba a permitir que tocara a aquella chica inconsciente, quien parecía haber sufrido más que yo. La cogí de inmediato, antes de que aquel hombre se acercara más, y la arrastré hasta el rincón de la habitación, cuanto más lejos de aquel hombre mejor.
-"Madia, no voy a hacer daño a tú…amiga. Pero debes obedecer. Vamos a llevarte a otra habitación."
Yo no podía oponerme, débil, sin haber comido ni bebido nada, y después de aquella experiencia tan dolorosa que tuve en aquella cápsula, tanque… o lo que fuera. Dos hombres robustos entraron a la habitación, y sin poder poner resistencia, me llevaron a otra parte, que parecía una cárcel, y más aún que la anterior. Un cuarto pequeño y oscuro, con una pequeña ventana, y justo al lado una especie de celda. Esa sería mi habitación las próximas semanas.
- "Madia, gracias a esta habitación, podremos entrenarte con mucha facilidad. Harás todo lo que digo sin protestar, si no te verás castigada."- Mientras recitaba su discurso, los hombres me arrojaban de mala manera a aquella celda, y aquel hombre cerraba con llave la puerta de barrotes. - Y no olvides este nombre Boris Valkov.
Yo escuché el apellido que es lo que más me llamó la atención "Valkov" mi nombre era Madia Valkov Dickinson. Entonces los dolores de cabeza inundaron mis pensamientos, ¿por qué sentía ese dolor? Sin duda era una simple muestra de lo que a partir de ahora sufriría. Cuando el dolor aparentó irse, me tumbé en el suelo, acomodándome lo más que pude, pues el suelo iba a ser mi cama durante un gran tiempo. Entonces mi estómago empezó a quejarse, pero el poder de mi madre lo calmó. Lo sé porque sentí sus brazos cálidos rodearme, y al paso que se iban se marchaba el dolor. No tenía nada que hacer, nadie con quien comunicarme, nada… a no ser que empezara a parecer una loca y hablar sola. Entonces recordé a Karen, y la fijé como una meta, la que me mantendría con vida. Volver a ver a aquella chica herida y ver si estaba curada.
A la mañana siguiente, aquel hombre Valkov, me sacudió para que despertara. Me mostró algo de agua y comida.
-"No hagas lo mismo que ayer Madia. Dime ¿no tienes hambre?"- Dijo con una risa maliciosa.
Sí, tenía hambre y sed, pero y ¿si aquello resultaba ser otra cosa?
Aquel hombre me miró más fijamente y más maliciosamente:
- "¿Ya te has quedado sin aliento?"
- "No."
- "Entonces ¿por qué no contestas?"
- "Porque no me da la gana de perder el tiempo hablando con usted"
Sí lo había hecho, había contestado bruscamente. Desde siempre fui una bocazas. Eso y la cabezonería era mi mayor defecto, y los que me llevarían a la tumba, si no los aprendía a controlar de inmediato. Aunque mi punto fuerte era la obediencia, como dije al principio, solo obedecía a personas en las que confiaba.
- "Tienes mucho valor contestando así. Habrá que ver si mañana haces lo mismo, tú maldita bocaza es la que puede llevarte a un castigo. Créeme que me gustaría ver hasta cuanto duras en uno, así que no pongas mi paciencia a prueba. Y te conviene comer algo antes de entrar en el tanque. Por hoy ya te has quedado sin comer, esperemos que esa sea tú lección."
Aquel hombre se marchó con toda su malicia, mientras hablaba mostraba una cara de mal que me ponía enferma. Aquel día me quedé sin comer, y no me metieron en aquel tanque. Tampoco fue el día en que aprendí la lección, y nunca la aprendí ni la puse en práctica muy en serio. Mis tripas no dejaban de sonar, pero la sed era lo que me estaba matando. Para empeorar la situación, en aquella habitación hacía calor, y yo no paraba de sudar. Fue una brisa agradable que entró por la ventana de barrotes, la que atrajo mi atención. Corriendo me dirigí hasta aquella ventana, y me agarré de los barrotes, para que él aire me diera en la cara. Cuándo ya estuve un poco más airada, me di cuenta de que en aquella habitación, había una pequeña cámara. Supongo que grabó todo lo que había hecho, y esa información me serviría de utilidad más adelante.
Me prometí a mí misma, que si no conseguía salir de este lugar, ayudaría a mis compañeros a superar los sufrimientos.
A base de promesas imposibles, que no prometía a nadie, se mantuvo mi esperanza y me servía de alimento pensar que podría conseguirlo, y de agua el poco aire que entraba por los barrotes. Pero eso solo era en mi mentalidad, pues en la realidad, mi cuerpo no podía soportarlo más. Lo noté cuando caí al suelo, con latidos débiles, mirando mi mano, que comenzaba a coger un ligero color blanco que se iba empalideciendo demasiado. Pero nunca vi a cuanto blanco pudo llegar mi piel, pues mis ojos empezaron a desenfocarse hasta quedar en un ligero negro.
Ningún sueño, ninguna sensación, ninguna pista, nada. Simplemente nada, nada que pudiera decirme el porqué mi niñez tendría que acabar a mis seis años, el porqué tenía que soportar este tormento.
Al día siguiente un cubo de agua arrojado a mi cara fue lo que hizo que despertara, con mucha dificultad.
-"¿Qué tal has dormido Madia? O mejor dicho ¿qué tal ese desmayo?"
Mis labios, aunque había sido ligeramente mojado por el cubo de agua, no eran capaces de pronunciar palabra. Es como si mientras hubiera estado desmayada se hubieran sellado totalmente.
-"Verás Madia, hoy tienes que probar el tanque otra, pero necesitas comer, o ¿prefieres no comer por tu arrogancia y sufrir más?"
No podía decir nada, abría la boca para decir algo, pero no tenía aliento para pronunciar.
- "Veo que no contestas."
Decía aquel viejo malicioso. Sin duda estaba segura de que él sabía que no podía contestar, pero su malicia hacía aprovechar toda oportunidad para hacerme sufrir.
-"Boris, hoy debemos asegurarnos de que el experimento sale bien."
Con mis ojos apenas abiertos, pude ver de donde procedía la segunda voz masculina.
Otro hombre había salido de la nada, pronunciando aquellas palabras. Yo aún no entendía sus intenciones, pero le estaba muy agradecida, por haberle dicho eso a Boris. Boris se quedó allí sentado frente a la celda, contemplando como su compañero (n/a: Si es que puede llamársele así) mantenía la distancia.
- "Si no quiere comer, oblígala". – Dijo el mismo hombre.
En el fondo sabía que aquello, dañó en cierto modo el ego de Boris. Tenía que obedecer sin más, no le quedaba otra. Yo apenas sin fuerzas pude arrastrarme hasta el extremo de la celda, mientras acercaba lo que me había traído.
Para no impacientar comí lo más rápido que pude, pero no deje fuerzas para la bebida. Maldición, no sabéis lo impotente que se siente uno al darse cuenta de que ni siquiera puede hacer un esfuerzo para comer.
- "¿A qué estas esperando?"
Ya impacientado, agarró mi cabeza y me introdujo el agua en la boca muy bruscamente. En cierto modo no me desagradó, pero tenía que beber demasiado rápido. Cuando ya no quedaba agua, me soltó violentamente.
Tosí, dándome cuenta de que el agua sabía extraña, seguramente porque contenías alguna sustancia que en poco tiempo logró que mi cuerpo cayera de espaldas al suelo, y empecé a sentirme tremendamente cansada. Cuando desperté ya estaba en el mundo de los bitbit, en el mismo precipicio de la otra vez.
Débilmente me puse en pie, mirando cada detalle del paisaje. Entonces me di cuenta de una presencia extraña. Intente saber de donde procedía.
Asustándome caí al suelo. De entre los árboles unos ojos fosforescentes y complejos, dejaron que los divisara. Una mirada que vigilaban cada uno de mis movimientos.
Y en cuanto el Sol empezó a ponerse, y con la luz anaranjada que desprendía, la o él propietario de esos ojos dejó verse.
Una especie de felino, de azul grisáceo y terminaciones verdes.
- "¿Quién, quién…? Eeh?" – Un suspiro, alertó mi regresó, al mundo real.
-"¿Qué tal ha ido Madia?"- Preguntó Boris Valkov.
-"Bien, señor."- Ya no tenía ganas de entrar en conflicto.
Cuando me sacaron del tanque, y pude ponerme en pie, decidí preguntar al segundo hombre que se presentó esta mañana.
- "Se… señ…"- No quería, iba a preguntar, pero, a saber cuál iba a ser su terrible contestación, no es que pareciera menos ruin que Boris, así que decidí no preguntar.
- "Señor Hiwatari, estos son los informes."- Dijo uno de los que parecía más investigador que guardia.
Hiwatari, el otro hombre era Hiwatari. Al menos, ya sabía un poco más de este lugar, pero más adelante, hubiera preferido no saber nada. Pensando en cómo descubrir más cosas, me llevaron a la celda, tan bruscamente como siempre.
Durante un mes entero, estuve en esta maldita celda. Un mes que se dice muy rápido, pero pasa muy lento. Un mes basándome en mi remordimientos, por lo que había pasado ¿Habría sido mi culpa que madre muriera? ¿Qué estaba ocurriendo?
Un mes de pensamientos y frustraciones en mente. De planes de huida, de vergüenzas pasadas, de recuerdos que no podían divisarse bien. Una tortura psicológica, que dolería más que ninguna otra física, encerrada en este lugar sin poder hacer nada. Unos recuerdos que quería tener, para poder pasar el tiempo más rápidamente. Un tiempo de comida y agua escasa y por tanto debilidad física. Y a la vez sin siquiera percatarme, con mis seis años, concentrada en tantas cosas, poco a poco perdiendo lo que se considera como niñez ¿a caso estaba madurando forzosamente?
- "¡Levanta!" - Un hombre robusto me agarró firmemente del brazo. Casi arrastrándome, no hacíamos más que bajar escaleras, hasta que llegamos a una puerta muy chica con candado. Supongo que era una especie de sótano, pues no había a penas luz y habíamos bajado ¿no? Entonces sentí como me soltaban frente a la puerta, mientras la abrían.
- "Entra"
Hice caso, ¿me quedaba otra? no podía huir. La habitación era más grande, y polvorienta, tenía varias ventanas como mis dos manos de grandes, las cuales estaban colocadas muy cerca del techo, era la única iluminación. Entré, y escuchando el ruido de como aquel hombre cerraba la puerta tras de mí, me giré dejando mi semblante blanco como el de un fantasma, clavado en la pequeña ventana que había en la puerta. No duró mucho, pues rendida, caí al suelo de rodillas, cubriendo mi cuerpo con mis brazos, intentando mantener el calor. Varias lágrimas rodaron por mis mejillas, y sin saber el qué, empecé a tararear una canción, intentando ocupar mi mente en algo que hiciera que no viera mí alrededor, ni recordara.
Ocultada sin saber porqué,
mantengo hoy, mi felicidad,
en un día en que, todo parece mal,
extraña es, de recordar,
se enfría, el sentimental.
Ocultada en un extraño y gran rincón,
se encuentra allí, la puedo divisar.
Y tal vez un día la pueda reencontrar,
y tal vez un día despierte otra vez,
y ella esté; y pueda sonreír.
Con lo malo el bien se va, puede caer en el olvido.
Todo lo que un día se pudo formar, se puede destruir.
Porque quiero ser algún día feliz,
mantendré la esperanza,
ayudando así, a los que conmigo puedan venir.
Recordando aquel fino piano que seguía la melodía, me detenía por un momento, y lloraba de nuevo, e intentando recordar el resto, seguí escapándose las lágrimas.
- "¡Soltarme!"
Una voz joven reclamaba su libertad, mientras se escuchaban unos pasos bajando por la escalera. Una puerta que daba a mi misma habitación se abrió, y de allí, una chica salía despedida, cayendo a ras del suelo y aturdida a unos pocos pasos de mí. Primero miro a la chica, y luego al frente, observando como otro hombre vestido con la misma ropa que el que me trajo a mí, cerraba la segunda puerta. ¿Cuántas puertas hay en esta habitación?
- "¡Ah!"
CONTINUARÁ...
Con respeto a como tenía montada la historia, esto ha dado un giro total, por eso he tardado tanto...
Espero haber seguido dejando con la intriga. Acepto todo tipo de críticas.
Veremos el próximo capítulo, y espero que me venga la inspiración que hace que haga capítulos en condiciones... Tengo varias dudas, así que tardaré un poco.
La canción de Madia, me la he inventado yo, y en todo momento se refiere a la felicidad.
¡ESTAS SON TODAS LAS ACLARACIONES!
