Parejas: Kai x Yuriy, menciones de Bryan x Yuriy y una que otra sorpresa.

Advertencias: Si has leído alguna de mis historias sabrás qué esperar, pero no está de más prevenir que a continuación te encontrarás con una historia llena de escenas románticas, escalofriantes, eróticas y de humor, como ya es costumbre. A diferencia de Gulag y de A los 18, en este fanfic sólo habrá advertencias generales para no dar pistas sobre el contenido de cada capítulo.

Actualización: Cada lunes

Mención especial: Hoy es el cumpleaños de una chica increíble y hermosa, ¡Muchas felicidades! A pesar de que vivimos lejos, te regalo este capítulo, es totalmente dedicado a ti no solo por la fecha, sino también porque eres una lectora excelente, tus reviews son muy completos y emocionantes de leer. No es casualidad que este mero capitulo sea la narración más gráfica y escalofriante de todo el fic, así que espero que disfrutes cada palabra. Que tengas un día excelente y que recibas muchos regalos más ¡Feliz Cumpleaños preciosa!

Capítulo dedicado a: Funeral-Of-The-Humanity

El País de las Manzanas

Capítulo 8: Canibalismo

Un exquisito aroma a vainilla con un no sé qué lo hicieron recordar un momento en su vida tan antiguo que, apenas hasta ese momento, después de muchos años vino a su mente. Una panadería de la cual él solía robar con Yuriy cuando vivían en la calle, antes de que Boris los salvara.

Frente a él, Robert parecía como dueño del lugar. Caminando despreocupadamente y cansado hacia su habitación, la cual estaba en el piso más alto del hotel. Era como si el alemán hubiera nacido rodeado de esos lujos que cohibían a Bryan.

Todo a su alrededor brillaba, era suave y olía bien. Robert saludaba cordialmente tanto a huéspedes como a empleados y eso le hizo notar al ruso que los clientes de ese hotel eran sencillos y, quizás tenían tanto dinero, que lo que menos les importaba era su apariencia.

Frente a él, varias personas vestían ropa sin marca, pero elegante y pulcra, mientras intercambiaban comentarios sobre el desempeño de algo llamado Dow Jones. ¿Quizás era un equipo de Beyblade?

Esas personas, Robert y él tomaron el ascensor.

-Buenas noches - saludó el alemán e hizo un pequeño ademán de respeto

Los demás se inclinaron suavemente también y le correspondieron con el mismo énfasis.

No había más. Ni recorrerse entre ellos con la mirada. Ni buscar marcas y adivinar precios. Sin buscar elogios o presunción. Lo único que había en ese elevador era un puñado de individuos con buenos modales e impresionantes cuentas de banco. Quien no encajaba ahí era Bryan. Pero sin importar que su ropa fuera diferente, o su semblante no fuera amable, los sujetos lo saludaron de la misma manera. Aunque al principio fue incómodo, Bryan hizo su mejor esfuerzo para imitarlos, y después volvieron a su conversación sobre el tal Dow Jones.

El recorrido en el elevador se le hizo eterno. ¿Por qué tenía que ser tan alto el maldito edificio? Estaba cansado y quería acostarse a dormir. Eso lo trajo de vuelta a la realidad. ¿Iba a pasar la noche con Robert?

Las amables personas que habían sido sus compañeros de elevador por unos segundos ahora salían por la puerta y los dejaban solos.

-¿Y Gustav? - Preguntó el ruso mientras llegaban a su piso y cruzaban por las puertas del ascensor

-Él tiene su propia suite - respondió Robert

-Pensé que lo mandarías a dormir a un hostal de cuarta

-¿A Gustav? Jamás. Me ha cuidado desde que nací. Es como un segundo padre para mí. Es la persona más honrada y trabajadora que conozco. Es un honor que Gustav trabaje para mí. Antes preferiría dormir yo en el piso a permitir que él lo hiciera.

Las palabras del alemán lo hicieron detenerse en seco en el pasillo. ¿Desde cuándo alguien tan adinerado consideraba un igual a un subordinado? ¿O como su familia?

-¿Es verdad que eres de la realeza? - Preguntó Bryan al recobrar su compostura

-La monarquía en Alemania se abolió desde al año 1918. Entonces mi familia perdió algún valor como soberanos de la nación, pero si te refieres a que mis antepasados fueron Káiseres, es decir, reyes alemanes, entonces sí, es verdad.

-¿Qué? - Preguntó el ruso, demasiado aturdido por el lujo de la habitación a la que ahora entraba como para entender lo que Robert había explicado

Las paredes eran blancas y estaban cubiertas de tapices con impresionantes acabados. Adornaba una gran chimenea el centro de la suite, y había varias puertas que probablemente conducían a habitaciones. Del techo colgaban candelabros. En la suite también había una sala con sillones que lucían muy cómodos, una gran mesa de madera con sillas a juego y un gran bar con diferentes bebidas alcohólicas.

-Hmn - Robert suspiró, dejándose caer pesadamente sobre el sillón más cercano a la chimenea que ahora se estaba encendiendo- no importa. En esa puerta - apuntó con su dedo- hay un cuarto vacío. En el baño hay artículos de limpieza, ropa y otras cosas - se cubrió los ojos con el dorso de su otra mano - puedes dormir tranquilo, no tengo intenciones de molestarte en la noche.

-Pensé que me traías para acostarte conmigo - confesó el ruso quitándose la chamarra

-¿En serio? - Robert ni se inmutó - Qué va - se quitó la mano de la cara y sacó su celular - estoy exhausto

El alemán no se dio cuenta cuando el ruso llegó a su lado y le arrebató el aparato

-No le contestes

-¿Qué carajo? ¡Devuélvemelo! - Robert se levantó de un brinco e intentó quitárselo, pero Bryan tenía una fuerza impresionante

-Johnny no te merece

Tan pronto estas palabras fueron pronunciadas por el pelilavanda Robert le dirigió una fiera mirada.

-¿Por qué dices eso?

Bryan se cruzó de brazos

-Mírate, mira este lugar - respondió - eres un magnate, Robert - el ruso hablaba tan seriamente que el alemán sintió que era su propia conciencia diciéndoselo - bien, ahora que tengo tu atención, no eres mi tipo sinceramente, pero no eres como pensaba. Te juzgué mal y lo acepto. A pesar de todo lo que tienes, no desprecias a los demás por tener menos, y tampoco te das aires de superioridad. Alguien que tiene tanto dinero… ja, normalmente es un idiota. Pero tú no lo eres. Y si él no se da cuenta, o no te aprecia por eso, entonces no te merece. Date cuenta y abre los ojos. Quizás lo ames, pero, ¿Realmente vale la pena el dolor que te hace pasar? Dices que él te desprecia diciéndote que no pueden estar juntos, pero aun así se acuesta contigo. Eso no es lo que tú quieres.

-Tú mejor que nadie sabes que no se puede simplemente dejar de amar a alguien - respondió intentando quitarle el celular, sin éxito

-¿No has aprendido nada de lo que te he contado? Es lo mismo que Yuriy. Ellos saben que haríamos lo que fuera por ellos y nos tratan como quieren, ¿O me equivoco? -Robert frunció el ceño y no respondió- por Dios, eres tan alemán

-¿Y qué quieres que haga? - Refunfuñó Robert

-Oh, mira - el ruso le mostró el aparato, Johnny estaba marcando por enésima vez - déjamelo a mi

Robert abrió los ojos, sorprendido de que Bryan tomara la llamada. El alemán empezó a agitar los brazos y a negar con la cabeza, intentando convencerlo de que colgara.

Bryan puso el altavoz.

-¿Rob?

El alemán sintió un escalofrío al escuchar la voz del escocés y miró a Bryan, quien lo incitó a responder.

-Hola, Jo - fue su simple respuesta

Bryan asintió y sonrió mientras Robert se sentaba nerviosamente en el sofá. El ruso tomó el lugar junto a él.

-¿Qué pasa? ¿Dónde estás? Hablé con tu madre, me dijo que estabas en Glasgow. ¿Sigues aquí? ¿Por qué no me avisaste?

-Yo… -empezó a decir el alemán, pero Bryan puso un dedo en su boca

-¿Sí? ¿Quién habla? - Habló el ruso al teléfono

-Robert, ¿Estás con alguien?

-Mira, no sé quién eres - Bryan se aguantó la risa - pero Robert está ocupado, se está quedando conmigo, así que deja de estar jodiendo a cada rato

-Imbécil, pásame a Robert, ¡Ahora!

-Ya te dije, estúpido, que ahora está conmigo, así que deja de llamarlo

-¡Soy Sir Jonathan McGregor! ¡Te ordeno que me comuniques con Robert!-

Bryan cubrió el celular con su otra mano y susurró en el oído del alemán.

-Dile que le marcas en media hora

Robert lo miró con preocupación, pero Bryan asintió, dándole ánimos

-¿Jo? -El alemán tomó el teléfono

-¡Rob! ¿Con quién estás?

-Te marco en… media hora-

Bryan le arrebató el celular y colgó. Entonces, antes de que el otro pudiera evitarlo, lo apagó.

Ambas miradas se clavaron la una en la otra y se observaron por varios segundos. Ninguno dijo nada mientras sus ojos escudriñaban cada curva y centímetro del rostro del otro. La cercanía, por más extraña que fuera, ya había dejado de ser incómoda.

-Me va a odiar - habló finalmente en alemán - es mi mejor amigo

-Te va a desear - respondió el ruso levantándose - y sí, es tu amigo, pero ya no te acostarás con él. No cuando él lo único que quiere es dominarte.

-Emmm… - Robert se sonrojó - yo soy quien está arriba… si sabes a lo que me refiero

-Sí, lo sé - Bryan se rascó la nuca - pero eso no significa que seas tú el que manda. Pero, a partir de esta noche, lo serás. Ahora sabe que no estás solo, y que él ya no es tu único.

-Pero es mentira

-Él no lo sabe - el ruso esbozó una gran sonrisa - él cree que pasarás una ardiente noche con otro chico. Y que le marcarás en media hora. Te estará esperando, pero cuando te marque - TSK Bryan chasqueó los dedos - directo a buzón. Un golpe derechito a su ego. Pero Robert, si vuelves a acostarte con él, caerás en su juego una vez más.

El alemán frunció el labio y alzó la mano para que Bryan le devolviera el aparato. Pero, en vez de eso, el ruso chocó sus palmas.

-Buenas noches - se despidió el pelilavanda y se encerró en el cuarto con todo y celular.

Robert exhaló profundamente y se dejó caer de espaldas al sillón. Cerró los ojos. El recuerdo de Johnny mordiendo las sábanas mientras Enrique lo penetraba una y otra vez se apoderó de su mente y tuvo que abrir los ojos para abandonar ese momento. Dolía mucho saber que su afecto jamás sería apreciado. Por eso quizá comprendía tan bien a Bryan. Ambos sufrían al saber que su amor jamás sería correspondido.

El País de las Manzanas

-Que te quede claro que el hecho de que ahora seamos amigos no significa que puedas decirme cómo vestirme

-¡Carajo!

Ambos chicos se encontraban frente a frente. Robert ya se había bañado y arreglado desde hace horas. Ahora vestía un elegante saco negro con un pin del escudo de su familia sobre una playera blanca y un pantalón gris perfectamente planchado. Su cabello había sido peinado hacia atrás y su cuerpo despedía un rico olor a perfume.

Por el contrario, Bryan estaba únicamente en bóxer (propiedad de Robert) y con una toalla cubriendo desde su cintura hasta sus rodillas. Su cabello goteaba agua por todos lados puesto que acababa de salir de la ducha, y ahora no tenía ropa que ponerse. El alemán había tirado toda su ropa, incluida la del hospital, a la basura y había colocado varias prendas también de su propiedad sobre la cama que sabía le quedarían a Bryan. El ruso era más fornido que él, pero Robert era más alto. Algo serviría mientras compraban otras prendas.

Pero a Bryan esto le había molestado, y ahora se encontraba irritado y hambriento. Se acercó al bote de basura y sacó su playera con el fin de ponérsela, pero Robert se la arrebató de la mano y la regresó al bote.

-¡Llevas más de tres días usando la misma playera! ¡Mírala! ¡Está puerca!

-Ustedes los alemanes y sus traumas con la higiene, ¡No tengo otra!

-Ya te enseñé todas las que tengo, deja de ser un idiota y elige una

-¡Y yo ya te dije que tu ropa no me gusta!

-No tienes opción - Robert se cruzó de brazos y suspiró - tu ropa apesta y está rota. Agarra cualquier cosa de la cama, vístete e iremos a comprarte algo.

-¿Con qué dinero?

El alemán roló los ojos.

-Ya sabes que yo te lo regalaré - hizo un ademán con su mano como si espantara moscas - y apúrate que tengo hambre

-¡Yo también tengo hambre! - Bryan observó las diferentes opciones de la cama - Espera… pero… te despertaste hace rato, ¿No? ¿Por qué no has desayunado?

-Eres mi huésped, es mi deber esperarte a que estés listo para bajar al restaurante

-Mejor pidamos al cuarto

Bryan tomó un suéter rojo de la cama y se sorprendió de lo suave que estaba. Era de una tela que él no conocía.

-¿Qué es esto? - Preguntó señalando el material

-Cachemir - respondió - me lo compré la última vez que fui a Argentina

-¿Argentina? - Bryan se colocó la prenda, sonriendo ante la suave sensación contra su piel - ¿Dónde es eso?

Robert alzó la mirada para encontrarse con sus ojos. Al principio sospechó que estaría jugando, pero no. Bryan de verdad no sabía.

-En Sudamérica - sintió algo de compasión por aquel chico que conocía tan poco del mundo

-Tienen buena ropa - tomó un pantalón tras otro, pero ninguno le gustaba - ¿No tienes pantalones de mezclilla?

-No, son demasiado informales - Robert se dirigió a su maleta y sacó un pants negro - pero si buscas algo cómodo, ponte esto

Bryan se lo arrebató y se sentó en la cama para vestirse. Se lo pasó por las piernas y luego se levantó para terminar.

-Me queda chico de la cintura y largo de las piernas.

-Porque todo está hecho a mi medida. Bahh… Sólo es mientras vamos a comprar lo demás.

Bryan asintió y, después de medio acomodarse el cabello con la mano, se colocó sus tenis y después bajaron al restaurante.

Permanecieron en silencio todo el rato hasta que llegaron al bufet.

-No lo puedo creer…

Los ojos de Bryan brillaron al ver el montón de comida servida frente a él. Jamás había visto tantos alimentos dispuestos de esa manera. Boris les controlaba muy bien sus comidas en la abadía y los alimentaba con lo mínimo que él consideraba era suficiente para su buen desempeño.

-Sírvete lo que quieras

Robert pasó a su lado y se sirvió fruta con yogurt mientras Bryan corría de un lado a otro tomando pedazos de platillos tanto fríos como calientes, dulces y salados, todo lo que le cupo en el plato.

Finalmente, se sentó junto al alemán en la amplia mesa circular y comenzó a engullir su comida casi con desesperación.

-Tranquilo, Bryan - Robert colocó una mano en su brazo - es de mala educación comer así. Además, teniendo toda la mesa, ¿Por qué te sentaste justo junto a mí?

El ruso alzó la mirada mientras se metía un gran pedazo de jamón a la boca.

-Quiero contarte - habló aun sin terminar de masticar - sobre la primera vez que lo hice

-¿La primera vez que hiciste qué?

-Que me comí a alguien - susurró el ruso

El alemán observó que no hubiera nadie a su alrededor y después acercó su silla a Bryan.

El País de las Manzanas

Al abrir los ojos, lo primero que vi fueron esas horripilantes luces blancas. Sentí los huesos de mi mandíbula rogando que cerrara la boca, ya que llevaba horas, si acaso días, con las encías separadas lo más ampliamente que pude soportar. Al igual que la anestesia, el efecto de la morfina se estaba pasando, y ahora comenzaba a experimentar una horrible sensación de malestar en los huesos de mi rostro. Había algo, algún objeto metálico que me impedía descansar los músculos y me forzaba a mantener mi boca abierta.

-Bryan - una voz junto a mi llamó mi atención, pero no podía ver su rostro por las molestas luces - todo salió bien - era Boris - solamente deberás esperar una media hora más en lo que termina de secarse la última capa y ya podrás cerrar la boca

Intenté hablar, pero sentía que me tragaba mi lengua, así que me abstuve de tratar una vez más.

-¿Tienes sed?

Negué con un movimiento de cabeza. Podía sentir el suero conectado a mi brazo izquierdo. Alcé mi mano derecha e iba a agarrarme los dientes, pero Boris me detuvo.

-No puedes tocarlos aún - hizo un singular chasquido con los dedos y alguien se acercó - sédalo otra vez y quítale el suero.

Boris bajó mi mano cuando intenté volver a tocarme los dientes. Eso fue lo último que sentí antes de perder la conciencia.

Lo siguiente que vi al despertar fueron las mismas luces blancas, pero ahora mi boca estaba cerrada y el dolor había bajado de mis encías a mi estómago. Volvía a experimentar mi peor miedo: el hambre.

-¿Ya están listos sus dientes? ¿Listos para destruir lo que sea? - Preguntó mi entrenador

-Sí - respondió el médico que me había extirpado los dientes mientras aún estaba despierto, y quien había practicado la cirugía para colocarme las piezas de titanio - hemos hecho las pruebas los últimos días, Bryan está listo para comer lo que sea

Boris apagó las luces y me sentí mareado un momento. Continuaron hablando sobre mí mientras yo seguía sin decir nada. El monstruo dentro de mí, el hambre, aumentaba y volvía a gritarme aturdidoramente que cumpliera su deseo: comer.

Miré a mi alrededor mientras me incorporaba en busca de alimento. Pero ahí no había nada. Lo único comestible era…

-¿Tienes hambre? - Preguntó Boris leyéndome la mente, entonces recordé que había sido una orden suya que me retiraran el suero. Me limité a asentir - Doctor, creo que tenemos que hacer una última prueba - sus ojos se clavaron en los míos, y lo que me dio a entender fue suficiente para sentir un enorme vacío en el estómago.

Era verdad. Finalmente iba a poder probar la fabulosa carne humana.

-Ya hemos terminado todas las pruebas - respondió inocentemente el médico, quien no había caído en cuenta de que su paciente se convertiría en su verdugo - si el joven Kuznetsov quiere comer, puede hacerlo

Nos dio la espalda y se dirigió a la mesa auxiliar que estaba a escasos metros de mi camilla.

Volví a dar un vistazo a mis alrededores y me aseguré de que no hubiera nadie. Estábamos los tres solos. Busqué una vez más la aprobación de mi entrenador y Boris asintió.

Me levanté, un poco mareado, y caminé descalzo hasta el médico. Él me escuchó y se giró, sobresaltándose al verme parado justo frente a él.

Alcé mi brazo para sujetar su cuello, pero reaccionó rápido e intentó correr hacia la puerta. Boris se colocó entre el médico y la salida y alzó la pierna para que cayera al piso. Durante estos escasos segundos, yo tomé unas tijeras que estaban en dicha mesa auxiliar y corrí hacia él. Cuando el doctor apenas iba a levantarse, brinqué sobre su espalda y clavé las tijeras en su nuca. No me creerás lo blanda que es la piel de esta zona. Las tijeras perforaron hasta algún hueso y después no pude seguir, así que las extraje. El desgarrador grito de dolor del doctor me provocó una extraña excitación en el estómago. El sonido de un animal agonizante antes de ser devorado.

Con toda la fuerza que pude reunir, clavé las tijeras en la oreja del hombre, y las saqué para después hacer lo mismo en la otra. El hombre gritaba e imploraba que me detuviera con gemidos tan estresantes que retumbarían en mi mente todas las noches por el resto de mi vida.

-No, no, Bryan, así jamás va a morir - Boris se acercó y se agachó, sujetando los cabellos del hombre para alzar su cabeza y después me ordenó con un ademán de la mano que me le quitara de encima. Le dio la vuelta y colocó boca arriba - apuñala su corazón

Ni siquiera lo pensé. Ninguna parte de mi cuerpo, ni ningún pensamiento de mi cerebro dudaron en obedecerlo. El hambre que ahora quemaba mi cuerpo y me hacía vomitar ácidos gástricos por la boca era mayor que cualquier sentido de moralidad.

Tomé la tijera con ambas manos y la clavé justo entre dos costillas, alcanzando su corazón. Los gritos del doctor perdieron sentido y se convirtieron en sollozos que se fueron opacando poco a poco mientras su cuerpo se cubría de sangre y la vida lo iba abandonando.

Le quité la bata y después, con ayuda de Boris, lo despojé del resto de su ropa.

El doctor aún estaba vivo, puesto que se movía, pero ya no tenía energías para levantarse ni detenerme. Temblaba él y temblaba yo. Jadeábamos los dos.

Miré a Boris buscando su aprobación una vez más antes de comenzar. Mi entrenador se puso de pie y asintió.

-Tómate tu tiempo - me motivó dándome una palmada en el hombro y se dirigió hacia la entrada, donde puso seguro a la puerta y después jaló una silla que colocó justo en frente de nosotros. Quería verlo todo.

Después de observar sus movimientos, bajé la vista al doctor y analicé su cuerpo desnudo. La parte que más deseaba morder era su cuello. La escasez de vello en esta zona me atraía mucho más que el resto de su velludo cuerpo. Me subí encima de él sin importarme llenarme de sangre y descendí hasta en medio de sus clavículas y saqué mi lengua, la cual usé para lamer la piel de su cuello. Escuché cómo me rogaba detenerme, pero yo sabía que no había marcha atrás. Había sido uno de mis mayores sueños comer carne humana. Y con el hambre que tenía, no fue difícil clavar mis dientes en esa zona y después cerrar la mandíbula para traerme conmigo el pedazo de carne.

Las piezas dentales que ahora se situaban en mi boca se sentían frías y ajenas a mí, pero, al sentir la comida, mis muelas comenzaron a masticar por sí solas. Era como el instinto animal más básico de todos: alimentarse. Y yo, por más humano que fuera, ya no razonaba.

Era exquisito. La piel sabía metálica debido a la sangre, pero el sabor no me disgustaba. Al contrario, despertaba en mí un instinto salvaje, quizá similar al de los leones o cualquier animal carnívoro.

Al pasar por mi garganta la masa que había masticado, volví a descender a su cuello y repetí el proceso continuamente. Esta vez mastiqué conscientemente, disfrutando de cada sensación que se liberaba en mi cuerpo. Podía sentir las diferentes texturas que conformaban al ser humano. Desde piel, carne, venas, músculo, nervios, incluso grasa.

Pero en vez de sentirme satisfecho una vez que terminé el cuello, mi cuerpo me rogaba por comer más. Era como si, al probar la carne, mi mente quisiera saborear el resto de esa persona que aún permanecía con vida.

Llevé mis manos al cabello del doctor y lo eché hacia atrás mientras me unía con él en un beso. Mis dientes se cerraron sobre los suyos y los despedacé con movimientos trituradores como si se tratara de una mazorca. Tenía su truco masticar el hueso, y este tronaba tan fuerte que me lastimaba los oídos. Pero no fue difícil. Era más cuestión de maña que de fuerza. Mi mandíbula dolía un poco, pero era un malestar minúsculo comparado con las oleadas de placer que recorrían mi cuerpo mientras proseguía con su lengua y sus labios.

Intenté tragar el hueso triturado, pero mi garganta lo regresó a mi boca en forma de vómito y tuve que correr al bote de basura más cercano.

-Continúa - ordenó Boris - quiero que - se levantó y se agachó junto al doctor, el cual, para mi sorpresa, seguía parpadeando y respirando, pero quizá ya no estaba consciente - intentes masticar su clavícula

Asentí y regresé a mi lugar sobre él. Boris se hizo a un lado y me observó pegar una amplia mordida en la zona que él me había indicado. Mis nuevos dientes rasgaron la piel que quedaba y cortaron el hueso como si se tratara de una pieza de pollo. Boris estaba complacido, y yo, fascinado.

No sólo tenía las herramientas para despedazar a este individuo, sino que lo estaba disfrutando más que ninguna otra cosa. El placer que sentía al probar tanta variedad de sabores y texturas me llenaba más que incluso un orgasmo. Era como si mi cuerpo hubiera estado preparado para esto.

Noté que mis manos sujetaban fuertemente su cadera y clavé mis uñas en su piel. El doctor pegó un grito que me sobresaltó. La boca del hombre era ya solo un orificio del cual brotaba sangre, y él se ahogaba con ella.

-No tengas miedo - dijo Boris

Lo volteé a ver y asentí. Proseguí con su otra clavícula y en eso, entré como en una especie de frenesí. Mi boca se abría y cerraba como una máquina o las fauces de tigre que ahora destazaba los hombros y brazos del médico que había hecho esto posible.

Al terminar de engullir el segundo brazo, volví a vomitar. Expulsé casi todo lo que había ingerido y mis entrañas ardían como si un fuerte veneno me derritiera por dentro.

-¿Quieres recostarte? - Me preguntó mi entrenador

-No, aún tengo hambre - respondí, confundiendo el malestar estomacal con hambruna

Lo que quedaba en el piso era un torso sin brazos unido únicamente por la columna vertebral a una cabeza que ya no se movía. Intenté buscar su ritmo cardiaco, pero el doctor ya era solo un cuerpo sin vida.

Retomé mi festín al morder y desprender su nariz, de la cual empezó a brotar una cantidad impresionante de sangre que yo lamía como perro. La nariz la hice a un lado ya que estaba fría, y después me comí a mordidas sus mejillas y lo que quedaba de sus encías. Extraje sus ojos con las tijeras y los mastiqué, pero la sensación gelatinosa me dio mucho asco y decidí hacerlos a un lado también. Continué con su frente y después su mentón, y así seguí hasta dejar solo un cráneo que protegía los músculos interiores.

-Quiero agua - le pedí a Boris

Él se levantó y llenó un vaso de uso médico con agua de la llave. Me extendió el recipiente y yo lo vacié en el cráneo frente a mí para limpiar la sangre.

-Más - pedí de nuevo y Boris decidió tomar una pequeña cubeta cerca de la entrada esta vez.

-¿Crees poder comértelo todo? - Me preguntó cuando regresó a mi lado y me ayudó a limpiar el cráneo que seguía prendido al cuerpo mediante la columna

-No - respondí - no es tanto como parece, pero… bueno, veremos qué pasa

Boris soltó una macabra carcajada y retomó su lugar en la silla.

Mi boca se abrió una vez más y comencé triturando los huesos de la barbilla, luego la quijada, lo que quedaba de los ojos y la frente. El polvo en el que se convertía el hueso me hacía toser, pero eso no me detuvo para intentar masticar el músculo. Eso sí era difícil. Era como un chicloso que simplemente no se deshace.

-Permíteme - Boris llegó y me hizo a un lado mientras, con un bisturí, cortaba los músculos para poder acceder al cerebro.

Mientras, yo descendí al pecho y comencé a rasgar su piel y a masticarla. Esto era lo que más me fascinaba, la diferencia de sabores dependiendo del área que mordía. Y, al llegar al estómago, fue el éxtasis. Ni siquiera el montón de vellos alrededor del ombligo me hizo detenerme. Las capas de grasa en la panza sabían mejor que cualquier otra carne que hubiera probado antes. La engullí como un animal que pasa días sin comer y le avientan un pedazo de la carne más absurda del mundo. Pero a fin de cuentas, calma el hambre.

Jamás, ni en un millón de años, pensé que me sentiría tan satisfecho al devorar a una persona. Finalmente, ese vacío en mi interior se saciaba con sabores y texturas que todos deberían de probar al menos una vez en su vida.

Al terminar su estómago, me senté en el piso y eructé. Una sonrisa se posó en mi rostro y después se amplió al ver cómo Boris extraía el cerebro.

La masa deforme que había quedado en el piso era como lo que se ve en las carreteras cuando atropellan a un animal. Órganos y sangre por doquier, pedazos de músculo y hueso en posiciones escalofriantes.

Boris cargaba el cerebro con ambas manos mientras se dirigía a mí y después lo acercaba a mi boca.

-Deberías sentirte orgulloso de que te alimente en la boca, Bryan - me dijo mientras reía incontrolablemente.

Vaya loco.

Sentí la textura con mi dedo, y aunque el cerebro no se me antojaba tanto como sus piernas, decidí satisfacer a mi entrenador y le pegué una mordida. Para mi sorpresa, el área donde mis dientes clavaron reventó y nos salpicó a ambos de sangre. Boris se lamió los labios y pensé que lo probaría, pero no lo hizo. Simplemente me incitó a comer más.

Sus ojos brillaban con una extraña lujuria y yo abrí la boca para que continuara alimentándome con el no tan delicioso órgano.

Comer el cerebro fue laborioso, puesto que la carne era también gelatinosa y se rompía, regando una sustancia viscosa y con pedazos de quién sabe qué sobre mi pecho. Pero hice mi mejor esfuerzo, y una vez que terminé de engullir el último pedazo, Boris manchó su pantalón de semen. Al parecer, se había excitado demasiado al verme, y ahora se venía, chorreándose dentro de su ropa.

Eso me recordó algo y volteé a ver la entrepierna del doctor.

Su pene colgaba flácido, y el montón de vello me hizo dudar si realmente quería probarlo. Volteé a ver a Boris, quien había introducido su mano dentro de su pantalón y ahora se acariciaba suavemente.

Tomé el pene del médico y lo alcé, midiendo el alcance de mis dientes y si sería posible arrancarlo de un solo mordisco, intentando no arrancar ni un solo vello público.

Tomé Las tijeras y recorté el vello lo mejor que pude, lo hice a un lado y después descendí a la entrepierna del hombre. Abrí la boca lo más amplio que el dolor en mi quijada me lo permitió y, de un solo mordisco, arranqué el miembro y un pedazo de los testículos, los cuales se rasgaron y botaron su interior en el piso. Aún no podía medir muy bien el alcance y fuerza de mis mandíbulas, por lo que, desgraciadamente, hice un desastre en esa zona, y lo que quedaba ahora no se veía para nada apetitoso. Tragué lo que tenía en la boca y me quedó un sabor poco agradable.

Miré a Boris quien se estaba limpiando con unas gasas y me observaba expectante.

Descendí a las piernas del médico y repetí el mismo procedimiento que en los brazos: mordidas amplias y certeras que me permitían masticar la mayor cantidad de carne mientras continuaba rasgando.

La presencia de vello en esta zona me impidió terminar completamente el área, así que continué con las rodillas y los pies, los cuales me parecieron asquerosos, pero igual quería probarlos.

Decidí no ingerir ningún órgano, quizá lo haría después, pero por el momento ya no podía comer más. Estaba satisfecho y feliz. Más feliz de lo que había estado en mucho tiempo. Había valido la pena el dolor.

Me senté en una silla junto a Boris y recargué mi cabeza en su hombro.

-Estoy orgulloso - me comentó mientras colocaba una mano en mi pierna - ¿Te quedaron ganas de comer más personas?

Me enderecé y lo miré a los ojos.

-¿Por qué?

-Aún hay otros tres científicos que saben de esto. Si te los comes, el secreto de tus dientes residirá en Yuriy, tú y yo.

Asentí.

-Pero hoy no. Mañana tal vez. Por ahora solo quiero darme un baño y lavarme los dientes. Oh, por cierto… ¿Puedo lavármelos sin más? ¿No pasa nada?

-Puedes no lavártelos, tus dientes ya no son dientes, Bryan. Si lo que quieres es quitarte el sabor, pues sí, lávatelos. Créeme que si pudiste masticar hueso, un cepillo no te hará ningún daño. Pero sarro, caries y eso, jamás tendrás. Ahora sí puedes agradecérmelo.

-Bien

Me levanté de la silla y coloqué mis manos sobre mi estómago.

-Te agradezco que ahora jamás volveré a pasar hambre. Si algo abunda en este mundo son personas

Continuará…

Adelanto del próximo capítulo:

-Je, sabes qué es lo más curioso…. Yuriy y yo teníamos este tipo de pláticas todo el tiempo. Era el único que me entendía. Era el único inteligente en toda la abadía. Creo que, después de él, no había conocido a alguien con quien valiera la pena hablar de esto hasta que te encontré a ti.

-Por lo último que me contaste de él - Robert se dio la vuelta y lo encaró - tu relación con Yuriy, al final, no era muy buena

-No, al final no, pero Yuriy y yo fuimos grandes amigos, casi hermanos. Yo lo hubiera dado todo, todo, por él. Oh, bueno. Eso ya pasó.

-Cuéntame - pidió el alemán - cuéntame cómo se enteró de tu canibalismo

El País de las Manzanas

Próxima actualización: Lunes 05 de Mayo del 2014

Una vez más, ¡Feliz cumpleaños!

~Cloy Jubilee