¡Buenas! Aquí les traigo un capítulo un poco más extenso que los otros. Aquí es cuando los verdaderos problemas comienzan y nuevas interrogantes surgen. Las respuestas saldrán a la luz en su debido tiempo ^^ Por ahora sólo disfruten.
¿Advertencias? Violencia tanto física como verbal en este capítulo.
Por cierto, gracias a todos por sus reviews! ^^

Disclaimer: Bakugan Battle Brawlers no me pertenece, sino a su respectivo creador.


"¿Por qué?" Era la pregunta que Mira se hacía mentalmente mientras se volteaba una vez más en su cama. ¿Por qué? No lograba comprenderlo. Estaba segura de que no había hecho nada malo, estaba dispuesta a devolverle su prenda de vestir, no había razones concretas por las cuales el chico justificara el comportamiento de esa tarde. No, no lo entendía en lo absoluto.

Dio otro giro en noventa grados para ver la hora en el reloj de su velador. Eran las tres de la mañana y aun no podía conciliar el sueño. Sus mejillas estaban tensas a causa de un rastro de lágrimas secas. Lágrimas que escaparon de sus ojos tras sentir una fuerte presión en su pecho.

— No entiendo por qué me preocupo tanto… — dijo la pelirroja en un susurro.

Sacó su brazo izquierdo de entre las sábanas y removió la venda para encontrarse con lo que eran rastros de su más reciente actividad. Pasó sus finos dedos por las heridas mientras intentaba reprimir el impulso de volver a aquella morbosa rutina. Odiaba hacerse heridas, pero sentía que era la única forma de calmarse en momento de tan alta tensión. Su descontrol se debía a cierta falta de atención y, como no podía hablar con Keith respecto a lo ocurrido con Ace, no halló mejor forma que empezar a hablar consigo misma al mismo tiempo que dibujaba sus cortes con un pincel imaginario.

No se dio ni cuenta cuando el mismo reloj anunció las cuatro de la mañana, por lo que Mira hizo un último intento de dormir, sino no estaría en buenas condiciones para la escuela. Dio un último giro para finalmente quedarse dormida, auto convenciéndose de que mañana todo estaría bien.

No sabía cuan equivocada estaba.


Su día empezó como todos los demás, la diferencia estaba en que el rostro de la chica no podía ocultar su cansancio debido a la falta de sueño, pero no era nada que un buen maquillaje no reparara.

Llegó al instituto he inmediatamente abandonó a su hermano mayor para perderse en los extensos corredores con la esperanza de encontrar a Ace y poder hablar sobre lo ocurrido el día anterior. Pero, al igual que los otros días, le fue imposible encontrarlo. Tuvo que resignarse a ir al salón de clases, más que nada porque la campana acababa de tocar, lo que anunciaba el inicio de un nuevo día escolar.

Entró a la sala y arrojó sus cosas sobre son mesa con desgano. No sólo no estaba de ánimo para atender las clases. La falta de sueño comenzaba a afectarle desde ya, a primera hora de la mañana, cosa que no pudo pasa desapercibida por sus compañeras.

— ¡Mira, te vez fatal! — dijo Julie sin el menor escrúpulo.

— Dime algo que no sepa — dijo la chica desganada a la vez en que dejaba caer su cabeza sobre el banco.

— ¿Tuviste una mala noche? — preguntó Runo con cierta inocencia en su tono de voz, a lo que Mira se limitó a permanecer en silencio. Ésta era su mejor respuesta.

Mira dedujo que las chicas querían saber más con respecto a su condición. Aun no era período de pruebas por lo que estar así era bastante raro en estos días. Lanzó un suspiro y se acomodó nuevamente en su asiento para poder ver las caras de sus interlocutoras. Abrió la boca para hablar pero Julie se adelantó.

— ¿Se trata de Ace, verdad?

La pelirroja se sonrojó ante tal acotación, pero no pudo evitar molestarse un poco al respecto. ¿Es que acaso ahora todo y todos giraban en torno a éste chico Ace Grit? Sinceramente, le molestaba. Se había vuelto un nuevo factor de distracción en su vida. La diferencia estaba en que este tardaría un buen tiempo en abandonar sus pensamientos.

— Sí, es él — dijo sin ánimos la nueva.

Las adolescentes se vieron obligadas a terminar con su conversación apenas vieron entrar a la maestra y decir que era hora de una prueba sorpresa. Cosa que a nadie le agradó, pero se limitaron a las quejas, tomaron sus mesas y se dispusieron en cuatro filas de seis alumnos cada una. El único premio de consolación era que con la mente en la prueba, dejaría de pensar en todo este embrollo del chico misterioso.


No lo buscó en los recreos, sabía que no lo encontraría. Nunca lo encontraba en dichos períodos de tiempo a lo que decidió esperar a la hora de almuerzo. Una parte de ella temía enfrentarlo, pero la otra, impulsada por la duda y la confusión, buscaba respuestas que lograran satisfacerla por completo. Quería dormir tranquila esa noche y la clave de su descanso era él.

Almorzó lo más rápido que pudo y se despidió de sus compañeros de mesa, "La Resistencia" para ir en busca del chico de cabellos azules. Dio un par de vueltas por los pasillos y nada. Pasó por fuera del baño de hombres creyendo que tal vez podría estar allí, pero no hubo caso. El joven estaba completamente desaparecido.

Era extraño, molesto, pero sobre todo, frustrante. La chica había desperdiciado todo su día de clases pensando en cómo le hablaría, ensayando un discurso que había preparado en el primer bloque de horas paran o quedarse dormida. Incluso practicó un par de veces frente al espejo del baño (cuando este estaba abandonado, claro). Hizo de todo con tal de que no fuera a bloquearse en el momento en que lo tuviera cara a cara.

Luego, ocurrió. La chica se rindió. No estaba dispuesta a seguir buscando a este chico como los héroes que tienen que rescatar a las princesas en los cuentos de hada y videojuegos. ¿Es que acaso se creía princesa que no lo encontraba? Esta situación era completamente extraña. Normalmente era a ella a quien buscaban, y no viceversa. Era curioso, pero sobre todo, fastidioso. En el fondo le hacía creer que ella estaba realmente preocupada por el chico y eso era algo que no le agradaba, para nada. Odiaba sentir preocupación hacia los demás. Pensaba que se trataba de una debilidad pero, muy en el fondo, le agradaba. El preocuparse por alguien más le daba cierta calidez que en su soledad le era imposible conseguir.

— ¡Lo odio tanto! — gritó para evadir el sentimiento de confusión que estaba surgiendo. Su voz hizo eco en los corredores. Su respiración era agitada, sentía que había algo más que la estaba oprimiendo, pero se negaría a admitir. Se negaba a que la verdad surgiera; que se estaba preocupando por alguien más aparte de ella misma.

No tenía idea de cómo pasó lo siguiente, lo único que estaba claro en ese momento es que el chico al cual estaba buscando estaba parado detrás de ella, esperando a que ésta volteara. Se mantenía completamente serio sin reflejar emoción alguna y, al notar que la chica parecía balbucear algo para sí misma, procedió a tocar su hombro, de modo que así abandonaría el mundo de sus pensamientos para caer en la realidad.

— ¡Ace! — exclamó la chica un tanto sorprendida. — Y-yo — dijo titubeante.

Ace no movió ni un solo músculo. Se mantuvo tenso esperando a que la chica dijera lo que tenía que decir y, para la mala suerte de ésta, todo el discurso ensayado parecía borrarse a medida que trataba de organizar sus ideas nuevamente. Reaccionó sólo a decir las primeras palabras que con tanto esfuerzo y pasión le había dedicado.

— ¿Qué fue lo que ocurrió ayer, Ace?

— ¿De eso quería hablar? — pregunta Ace un tanto molesto — No puedo creer que aún sigas con eso en la mente. Déjalo ir, ya pasó. — respondió en un tono más sombrío de lo usual.

— ¡Ace, quiero respuestas! ¡Tú no eres así y lo sabes! — gritó Mira dejando que sus lágrimas se asomaran por sus ojos. No podía creer que siguiera con la misma actitud del día anterior, a lo que volvió a preguntarse "¿Por qué? ¿Por qué?".

Era una situación complicada y dolorosa, en especial siendo que la chica era bastante sensible. El sólo hecho de captar malas vibras en el ambiente afectaban su estado emocional. Se sentía caer cada vez más ante el joven que, hace tan sólo unos días, la había invitado a tomar un helado un sábado por la tarde.

— No es nada que te interese, así que descuida, no te quitará el sueño no saber. — respondió Ace con la misma postura.

No lo pudo aguantar más. Sus emociones se apoderaban de su cuerpo y, en un intento deliberado, movió su mano a tal velocidad que el chico no fue capaz de evitar la bofetada.

El sonido pareció extenderse a lo largo de las habitaciones, desplazándose a través del aire y de las paredes. La chica estaba llorando, mientras que el joven de cabellos opacos se mantenía inmóvil, con la mirada oculta bajo su cabello.

Mira estaba sorprendida. No podía creer que lo había golpeado. Nunca había herido a nadie y no lograba comprender el por qué había actuado así frente a lo ocurrido. Sus pasiones la habían dominado y la llevaron a ejecutar dicha acción.

Arrepentida, la chica apartó su mano recogiéndola en un puño acercándola a su pecho, mientras comenzaba a retroceder lentamente sin despegar su mirada del chico, quién se mantenía inmóvil. Una vez a un par de metros lejos de él, volteó para salir corriendo y perderse en los pasillos. Lo único que podía escuchar era a sí misma repitiéndose una y otra vez la frase "¿Qué he hecho?"


Hizo lo posible para no asistir a clases. Permaneció al menos cuatro días en casa convenciendo a su hermano de que estaba enferma. Como su padre tuvo que hacer un viaje de negocios el mismo día del incidente, no tuvo que mentirle sobre su condición y, aprovechándose de la sobreprotección de su hermano, ahora se encontraba cómodamente acostada sobre su cama observando posibles manchas en el techo de su cuarto.

Cualquiera creería que se lo estaba pasando de lujo y, en ese caso, esta chica tendría todo el derecho de decir un "Te equivocas": todos los días eran un tormento. Tenía que buscar la forma de que Keith creyera en su estado de salud sin que la descubriera, además de tener que enfrentarse a sus constantes pensamientos e interrogantes sobre sus acciones del día de lo ocurrido y la carencia de información que obtuvo de ésta. No era nada relajante.

Se acurrucó entre las sábanas buscando despejar su mente y, en eso, echa un vistazo a la hora: por lo visto su hermano mayor no tardaría en llegar a casa. Y así fue como pasó: se escuchó a lo lejos como las llaves se introducían en la cerradura para hacer que el candado cediera su protección. Luego, de un patada, el adolescente abriría la puerta para luego decir un no muy animoso "Ya estoy en casa".

Acto seguido, subió rápidamente las escaleras encaminándose hacia la habitación de Mira quien, al sentir como los pasos se aproximaban hacia la puerta, trató de aparentar estar lo más enferma posible, poniéndose un paño húmedo en la frente y cerrando los ojos como si estuviera durmiendo.

Keith abrió la puerta para encontrarse con su hermana menor aparentemente dormida. Se acercó a ella con cautela para luego sentarse en el borde de la cama. Sacudió a la chica suavemente por el hombro y esperó a que reaccionara.

— Mira… — la llamó con gentileza. — Mira, sé que estás despierta, no finjas.

Ante esta afirmación, la pelirroja abrió lentamente los ojos evitando tener contacto visual con el mayor. Keith sólo se limitó a emitir un suspiro.

— ¿Cómo te sientes? — preguntó Keith luego de un momento de silencio.

— Débil —contestó la joven con un tono de voz que afirmaba lo dicho, aunque esto no era parte de su actuación. Estaba débil emocional y físicamente por todo lo sucedido, además de que se negaba a ir a la escuela. Sentía que no encajaba en aquel lugar, considerando que la presencia hostigante de Los Vexos no la dejaba tranquila. Eso y sumando que también tenía que estar constantemente mintiéndole a su hermano por formar parte del grupo, es más, ella ya había tenido unos cuantos roces con dicho grupo. Por ejemplo, cada vez que se veían en el pasillo Mylene era la primera en clavar su mirada en la menor de manera intimidante y, si pasaban muy cerca de ella, tratarían de empujarla para hacerla a un lado.

— Mira, tendré que llevarte al hospital si no te recuperas pronto. Llevas varios días encerrada en casa. ¿Estás segura de que estás enferma? — inquirió Keith. Debía admitir que le dolía sentir que su hermanita le estaba mintiendo.

—Estaré bien — respondió sin ánimos la aludida. No podía seguir escondiéndose en la comodidad de su hogar. De todos modos, era viernes.


La ropa volaba por los aires, los libros eran tomados prisioneros, todos en un saco de vivos colores, floreado, los zapatos iban y venían al igual que la ropa hasta que, finalmente, todo el caos cesó. La puerta de la habitación se abrió para dejar escapar al criminal; Mira Clay.

Vestía una gran camiseta blanca y con un corte irregular en lo que sería el cuello de ésta, dejando uno de sus hombros expuestos. La tela caía de modo que no pudiera definirse su delgada figura. Llevaba una gran cantidad de pulseras con el fin de que cubrieran su venda, además de una sudadera celeste que, por cierto, era de la misma tonalidad de sus ojos. Traía puestos un par de jeans azul oscuro, una cadena en función de cinturón que además traía el detalle de unos tres cuadrados de color rosa, verde pistacho y celeste, y, para finalizar, un par de zapatillas blancas.

Bajó rápidamente las escaleras, entró en la cocina, tomó una silla y se dispuso a sentarse para desayunar. Para su sorpresa, se dio cuenta de que el desayuno ya estaba servido, pero eso no fue lo que le extrañó, sino que fue el hecho de que éste ya estaba frío.

— ¿Keith? — llamó Mira con extrañeza. Fue cuando recién se le ocurrió consultar la hora en su reloj y así, darse cuenta de que estaba atrasada por lo menos dos horas. Su hermano se había ido sin ella.

Dejó los restos que el chico había dejado tal cual como estaban en la mesa y salió rápidamente de su casa. Cerró con llave para luego correr en dirección hacia el instituto mientras maldecía mentalmente al miembro de Los Vexos.


Los corredores estaban completamente vacíos. Podía escuchar claramente como sus pasos hacía eco en éstos cada vez que su pie se posaba sobre las frías baldosas. Decidió que primero iba a buscar sus cosas a su casillero y luego iría a pedir un pase para entrar a clases. No podía evitar sentir que estaba soñando. Le era bastante extraño caminar por los pasillos abandonados en las primeras horas de la mañana. Ésta imagen le recordaba mucho a sus sueños, o más bien, pesadillas, en las que en cualquier momento algo malo podría ocurrir.

Derecha, izquierda, izquierda, derecha. Eran los comandos que seguí para encontrar su casillero. Ya se estaba acostumbrando a encontrarlo sin mayor dificultad. Sólo un pasillo más y lo encontraría.

Se detuvo a ver la hora en su reloj. Faltaban tanto solo unos cuantos minutos para que los estudiantes salieran a recreo, por lo que decidió darse prisa, pero no logró llegar antes de que la campana sonara.

Los estudiantes comenzaron a salir de las salas inundando como siempre, dicho corredores. Varios de los estudiantes se detenía a conversar en éstos, algunos se quedaban en medio de la pasada mientras otros simplemente se hacían a un lado, apoyándose contra los casilleros.

Una vez que Mira halló el suyo, dejó su bolso en el suelo e intentó abrirlo, pero estaba trabado. Tuvo que ejercer mayor fuerza sobre la puerta de éste para poder abrirlo y, cuando finalmente cedió, se abrió con tal impulso que golpeó la cara de alguien.

Mira inmediatamente verificó si dicha persona se encontraba bien y, por fortuna, sólo le había quedado la mejilla roja por el impacto.

— ¡Estás bien? — preguntó Mira con un tono casi histérico.

— Descuida, no pasó nada — respondió un chico de mayor estatura que ella mientras se sobaba la mejilla.

Echó un vistazo al joven. Alto, de cabello negro con unos misteriosos ojos marrón. Vestía un pantalón negro con una camisa verde abierta en la parte del cuello. Llevaba también una chaqueta de cuero con un par de cadenas encima además de unas zapatillas que parecían hacer juego con el conjunto. Debía admitir que era un chico apuesto.

— En verdad lo siento — dijo Mira. Estaba muy avergonzada por lo ocurrido, además de que varios compañeros la acosaban con la mirada por lo ocurrido.

— Ya te dije que no importa. Sólo trata de tener más cuidado o podrías tener problemas — respondió el chico tomando sus cosas para luego perderse entre la multitud.

A pesar de que no hubo mayores inconvenientes con esta situación, la chica y no tenía ganas de ir a clases, por lo que decidió entrar un poco más tarde al salón.

La campana volvió a sonar, esta vez para dar término al receso. Los pasillos comenzaban a drenarse y, en tan sólo un par de minutos, éstos ya se encontraban casi vacíos.

Mira quiso esperar un poco más. No sabía si entrar en ése momento o hacerlo después. De seguro alguno de sus compañeros de clase había visto cómo golpeó al chico con la puerta de su casillero. No estaba dispuesta a revivir ese momento, prefería dejar pasar el tiempo para que éste recuerdo se desvaneciera de la mente de sus espectadores.

Caminó lenta y casualmente en dirección hacia si salón de clases y, desafortunadamente, se encontró con las personas a quienes menos quería ver. Los Vexos. Sólo que faltaban algunos miembros del grupo: Keith y Gus.

— Vaya, vaya. Miren a quien tenemos aquí — dijo Mylene con ese aire altanero que siempre llevaba encima. — Si es la enana de la cafetería.

La chica de cabellos turquesa se acercó aun más a la menor, quien trataba de evitar todo tipo de conflictos. Mientras una avanzaba, la otra retrocedía con temor hasta que, en un momento de debilidad, la mayor tomó a la pelirroja por el hombro y la empujo contra los casilleros.

— Hazte a un lado, niñita, me estorbas — y con esas palabras, la chica se dispuso a seguir su camino, pero esto no se quedaría así.

En su interior, Mira sentía el mismo impulso que la llevaba a auto inflingirse daño. La misma emoción que sentía cuando sujetaba las tijeras corría ahora por sus venas. Dejó caer su bolso al suelo y, con paso decidido, dio unos cuantos pasos, rápidos y firmes hasta alcanzar a Mylene. La tomó del hombro para hacer que ésta girara a verla y, acto seguido, le propinó un buen golpe en la cara con tal fuerza, que la joven de cabellos turquesa no dio cuenta de lo que pasaba hasta que sintió el frío de las baldosas. Pero eso no era todo, Miran o se detendría sólo con un golpe, así que, posicionándose sobre la mayor comenzó a golpearle la cara una y otra vez estando ambas al nivel del suelo, mientras que la otra se defendía arañándole la cara pero sobre todo el cuello.

El resto del grupo tuvo que intervenir en la pelea. Volt tomó a la pelirroja de modo que la despegó del suelo para que no siguiera atacando a Mylene, mientras que Shadow y Lync la ayudaban a incorporarse.

— ¡Maldita perra desgraciada! — gritó Mylene. — ¡Pagarás por lo que has hecho! Te haremos la vida imposible en este instituto!

Antes de que la mayor contraatacara, la pelirroja logró zafarse de la llave que Volt le había hecho. Tomó su bolso y corrió en una dirección aleatoria. Daba igual a donde fuera con tal de estar a salvo, pero su pesadilla no acababa en ese momento. Lync se interpuso en su camino.

— ¿A dónde crees que vas? — preguntó éste con un tono travieso.

Mira ya estaba entrando en pánico, se dio vuelta sólo para confirmar que había sido rodeada por el grupo. Lo siguiente que supo es que sintió un fuerte golpe en el estómago que hizo que se retorciera de dolor y, aprovechando el momento, uno de Los Vexos la golpeó en la cara, haciendo que la chica cayera al suelo. No conforme con esto, Mylene comenzó a patear el cuerpo de la menor hasta dejarla inconsciente. Sólo cuando comenzó a brotar sangre de sus heridas fue que sus compañeros la detuvieron.

— No sigas, Mylene, vas a terminar matándola — comentó Volt con cierta inquietud en su hablar.

— ¡Pues que así sea! — gritó Mylene.

— Ya vámonos, preciosa. Además de que deja de ser divertido cuando no los escuchas sufrir — comentó Shadow agregando a su frase su típica risita malvada.

El grupo comenzó a alejarse de la escena del crimen, dejando a la menor cubierta de heridas y de moretones. Le dolía todo el cuerpo y se sentía incapaz de levantarse. Las lágrimas comenzaron a escapar de sus ojos, su desesperación estaba en el límite. Sólo tenía fuerzas para dejar caer su sufrimiento en lágrimas cristalinas que se deslizaban por sus mejillas para luego caer en uno de sus charcos de sangre.

En ese momento fue cuando se formó una silueta al extremo de uno de los pasillos. La chica no podía identificar a la persona puesto que estaba a contra luz. Lo siguiente que supo fue que aquella figura se agachó para estar a su altura, acarició su rostro y la llamó con delicadeza, como si sus palabras fueran a hacerle aun más daño. Sus dedos estaban fríos, y su voz se quebraba ante aquella imagen, casi dejando escapar una lágrima por la pena que le daba esta pobre víctima.

— Mira, ¿Qué fue lo que sucedió? — preguntó el joven con suma preocupación.

La chica extendió su mano hacia el rostro del chico, acariciándolo suavemente con las fuerzas que le quedaban, cuando iba a dejar caer su mano, el chico la sostuvo esperando ansioso a que la pelirroja respondiera a su pregunta.

— Ace — dijo la chica con dificultad.

Dado que parecía que la chica no había oído la pregunta, el joven volvió a preguntar, con cierta desesperación en su voz, como si estuviera reviviendo un muy mal recuerdo.

— ¡Mira, responde! ¿Qué te ocurrió? — repitió Ace.

La chica cerró los ojos para dejar caer sus lágrimas nuevamente. Reunió las fuerzas necesarias para sacárselo del pecho. No le podía mentir a Ace, simplemente no podía. Abrió nuevamente los ojos y miró fijamente al chico que la sostenía entre sus brazos.

— Los Vexos… — respondió.

Lo siguiente que vio fue como el rostro de Ace se desfiguraba de rabia. Esto era el colmo. Estaba decidido a hacerle frente a Los Vexos, teniendo una charla al estilo Ace Grit, pero de momento tenía que llevar a Mira a la enfermería.