Capítulo VII
Apenas había transcurrido un día desde su encuentro con el héroe cuando Dark decidió abandonar la oquedad entre las rocas en la que se había refugiado. La aurora acariciaba con sus rosáceos dedos las hojas de los árboles y aquella tímida claridad se filtraba hasta la entrada de la pequeña gruta. Estaba vivo por lo que en algún rincón del bosque el héroe también seguiría con vida, las diosas se habrían asegurado de que su favorito y elegido sobreviviera. Con un bufido de fastidio avanzó hasta abandonar la cueva, si de él dependiera habría emprendido el camino al atardecer pero no deseaba que la noche volviese a sorprenderle en mitad de la espesura y por mucho que lo lamentase no podría ser capaz de abandonar el bosque si continuaba guiándose a duras penas en la penumbra. De este modo, continuó su camino intentando no desviarse por los senderos que parecían serpentear hasta lo más profundo del bosque, trataba de llegar a la linde del mismo de modo que cuando los árboles fueron escaseando suspiró con cierto alivio al llegar a un enorme claro que parecía abrirse hacia la salida del bosque y en el que se hallaba una sencilla cabaña de madera. Para entonces, el sol coronaba el centro del cielo de modo que decidió dejar a un lado la curiosidad y continuar su camino, si su memoria y sus cálculos no le fallaban a partir de aquel punto la zona se hacía más escarpada con un enorme abismo salvado a través de un puente colgante, que daba a otra zona del bosque, la cual quizá exploraría en otro momento.
Se sorprendió gratamente cuando sus pasos le llevaron hasta la campiña, aquella vasta extensión de hierba iridescente cual esmeralda recibiendo la luz solar y que se extendía hasta donde su vista alcanzaba, rivalizando sólo con la enorme y pétrea mole del castillo de Hyrule en la lejanía. Su sonrisa se acentuó, igualmente pérfida pero con cierta nostalgia, de un modo u otro todo se hallaba de manera similar a cómo lo recordaba. En otras circunstancias tal vez infiltrarse en la ciudadela hubiera sido un acto temerario pero había pasado bastante tiempo desde que se marchó del reino y con suerte no muchos le recordarían a él y a los actos que cometió. Por tanto, se adentró en el mercado por la puerta sur, dejándose engullir por el colorido y ruidoso bullicio que imperaba en la misma. Seres de todas las razas se agolpaban en torno a puestos que vendían toda clase de productos desde hortalizas, telas hasta elixires supuestamente mágicos o incluso armas.
Su intención era conocer de primera mano cuál era el estado del reino, pues apenas había tenido noticias del mismo desde su ausencia e intuía que habría pasado bastante tiempo aunque al correr la misma suerte que Link tal vez este hubiese transcurrido de forma distinta para él que para el resto de lugares y personas. No obstante, aquel incesante jolgorio y el griterío estaban consiguiendo irritarle y lo cierto es que no lograba entresacar la información que pretendía obtener con lo cual, antes de que pudiera actuar precipitadamente y arrepentirse optó por desviarse hacia un pequeño callejón a la izquierda de la atestada plaza del mercado. Al menos, para su tranquilidad su presencia parecía haber pasado desapercibida para la gran mayoría de gente que deambulaba a su alrededor, quizá por lo hetereogéneo de los días de mercado en una hora de mucho tránsito, pero aún así no descartaba que pudiera suceder cualquier cosa, con lo que decidió mantenerse alerta.
Lejos de toda aquella algarabía se sintió mucho más sosegado de modo que podría pensar con más tranquilidad. Tratar de acercarse al castillo haciéndose pasar quizá por algún aspirante a ingresar en la guardia real fuese demasiado arriesgado y por otro lado era algo que chocaba frontalmente con sus convicciones. Un ronco ronroneo a punto de convertirse en bufido le sacó de su ensimismamiento, se topó con la figura de una gata cuyo espeso pelaje blanco contrastaba con el gris de los adoquines, sus profundos ojos verdes le observaban de manera penetrante, como si fuese capaz de identificar sus intenciones. Dark frunció el ceño, el animal parecía dispuesto a saltar y atacarle en cualquier momento, no obstante, en el último instante la gata giró sobre sus patas traseras y continuó su camino trotando por el empedrado. Con cierta curiosidad y puesto que no deseaba desandar el camino hacia la abarrotada plaza Dark la siguió hasta que llegó a una pequeña plazuela en la que se intuía un agradable aroma a comida casera. Se asomó hasta descubrir la entrada a una pequeña tasca, la gata parecía haberse escondido entre las cajones de madera vacíos que en algún momento debieron contener mercancías varias con lo que se dispuso a entrar en ella, quizá encontraría otro tipo de personas a las que estaban paseando por el mercado.
Cuando entró, el lugar no parecía hallarse demasiado concurrido, algunas mesas circulares desparramadas por el lugar estaban ocupadas con clientes, pero al fondo se observaban unos tupidos cortinajes de un tono rojizo desvaído que sin duda darían a un reservado o a la parte trasera del local, tal vez el sótano o el primer piso. La tabernera se hallaba tras la barra y le saludó con una pícara sonrisa y una inclinación de cabeza, sin embargo, la atmósfera circundante pareció congelarse, Dark notó todas las miradas clavadas en él, examinándole y juzgándole. Tuvo que luchar por mantenerse impasible pese a que disfrutaba paladeando su desconcierto, el rastro de temor que parecía haber infundado en aquel abigarrado grupo de personas, sin duda habría despertado en ellos cierto recelo, no debía ser demasiado habitual ver a un Hyliano albino por aquellos lares.
Dark se aproximó con paso firme, indiferente ante los cuchicheos y la atención que había despertado. En una mesa en la esquina más apartada había una pareja de dos soldados pulcramente uniformados que parecía dispuesta a encararle, Dark les observó por el rabillo del ojo con cierta suficiencia.
-Bienvenido a mi tasca, forastero. Soy Telma.-La tabernera, pelirroja, le observó con los brazos en jarras guiñando un ojo con coquetería-Si no yerro, es la primera vez que venís, ¿cierto?
-Así es.-Afirmó Dark, lacónico, tomando asiento en una banqueta de madera. Lo cierto es que aquella mujer parecía tener rasgos Gerudo, le resultaba extraño y despertaba en él cierta nostalgia ¿acaso seguía habiendo Gerudos en el reino?
-Entonces, por ser la primera vez, invita la casa, ¿qué es lo que te apetece, chico?-Inquirió Telma, apoyando las palmas de las manos sobre la barra, sus ojos, de un tono verdoso, tan felino como el de la gata que había llevado a Dark hasta allí, escrutaban al Hyliano.
-Una jarra de poción roja, si no os importa.-carraspeó Dark, ciertamente la caminata le había dejado exhausto y sediento.
Telma se apartó, dando margen a Dark para que paseara discretamente la mirada por el local, al parecer se trataba de una de las tascas más famosas y concurridas de la ciudadela pues su clientela era sumamente variada. Personas corrientes se mezclaban con soldados y hasta con delincuentes de poca enjundia, aunque Dark intuía que algo se ocultaba entre aquellos muros y estaba dispuesto a averiguarlo y a recabar toda la información posible.
-Aquí tienes-Telma regresó al poco con una jarra de cristal rebosante de un líquido bermellón-Aquí podrás descansar, parece que has emprendido un largo viaje.
-Sí.-Dark acarició el borde de la jarra con la yema del índice antes de dar un generoso trago, entrecerrando los ojos, se relamió exhalando un suspiro mientras trataba de dilucidar cómo enfocar la conversación-Echaba de menos Hyrule, hace mucho tiempo que no pisaba estas tierras.
-Entonces espero que seas bienvenido.-Telma esbozó una cordial sonrisa mientras pasaba un trapo húmedo por la barra-¿Te han dicho alguna vez que te pareces mucho al Héroe del Tiempo?
Dark se tensó visiblemente ante la pregunta, odiaba profundamente que sacasen a relucir su parecido con el ser por el que más animadversión sentía por encima de todo. Tamborileó con los dedos sobre el borde de la barra intentando calmarse y pasar por alto que estaba a punto de ser descubierto y se mordió el labio, bajando la mirada. Entretanto, Telma seguía cada uno de sus movimientos, le llamaba poderosamente la atención aquel extraño, por no hablar de que no solía ver Hylianos con rasgos tan marcados en aquel lugar. Las orejas puntiagudas del chico destacaban entre sus albos cabellos, según las habladurías populares cuanto más estilizadas y puntiagudas eran, mayor era la conexión de quién las lucía con la divinidad, más puro y ligado a la antigua diosa blanca estaba su linaje.
-Suelen hacerlo, la verdad sea dicha.-Inspiró hondo dando otro generoso trago a la bebida mientras movía la jarra en círculos, consiguiendo que el líquido se arremolinase formando una textura espumosa en la superficie-Pero a decir verdad no me gusta estar a la sombra de las hazañas de un héroe, nadie puede prosperar así.
Interiormente admitió lo irónico de sus palabras y exhaló un bufido de resignación, detestaba ser interrogado de tal forma, incapaz de controlar el rumbo de la situación y la conversación pero no podía exponerse más de lo que ya estaba haciendo, confiaba en poder controlarse y recabar los datos que andaba buscando.
-¿Y vos, Telma? ¿Sois Gerudo?-Dark frunció el ceño, acodándose en la barra, totalmente ajeno a lo directo y descarado de su pregunta.
Incluso se atrevió a observar detenidamente a la mujer de arriba abajo deteniéndose en ciertos puntos estratégicos, lo cual arrancó una pequeña risotada de parte de la tabernera. Dark estaba convencido de que lo era, le recordaba mucho a las Gerudo con las que había tenido el placer de intimar hacía bastante tiempo cuando había estado a las órdenes de Ganondorf en la fortaleza y aunque Telma parecía superar con creces la cuarentena sin duda en su juventud debió ser mucho más hermosa, con esa belleza exótica mucho más patente, de seguro atraía a más de un pretendiente. No obstante, su carácter desenvuelto continuaba facilitándole el granjearse clientes habituales en la taberna.
-Tengo antepasados Gerudo, eres muy observador, chico.-Telma posó una mano en el hombro de Dark y se inclinó sobre él, susurrando de forma sugerente-Y si tuviera 20 años menos te juro que te demostraría hasta qué punto lo soy, pero…
No obstante, no pudo terminar su velado ofrecimiento, la tabernera hubo de apartarse para atender a un par de clientes. Dark agradeció que se marchase y le dejase aclarar sus pensamientos, dio un sorbo pequeño observando el fondo de la jarra en la que se intuía ya la madera barnizada sobre la que se apoyaba. Si Telma poseía antepasados de sangre Gerudo quizá aquella raza siguiera existiendo, señal de que el lapso de tiempo transcurrido era menor del que había supuesto, si así fuera quizá regresar al desierto no sería mala idea del todo. Una vez recogió las rupias que estos le tendieron, Telma volvió junto a su nuevo cliente.
-Las Gerudo desaparecieron hace mucho.-Telma se cruzó de brazos, suspirando con amargura-Su líder fue ejecutado y ellas se vieron abocadas a la desaparición. Todo ha cambiado mucho desde que la antigua princesa Zelda mandase ejecutar al Rey del Mal, advertida por el Héroe del Tiempo. De hecho, incluso los fieles sirvientes de la familia real, los Sheikah, se han visto obligados a vivir en un pequeño pueblo en las montañas al noroeste de aquí, fueron decisiones duras-chasqueó la lengua-pero desde entonces hay cierta paz, aunque eso haya despertado resentimientos enconados.
Ante aquel discurso, Dark tuvo que aferrar la jarra con ambas manos quizá para notar un punto de apoyo pues percibía cómo todo su mundo se desmoronaba a su alrededor engullido por un potente vórtice, incluso palideció si era posible que su palidez se acentuase. Su señor había sido ejecutado, sellado tal vez. Ahora lo entendía, cuando Link colocó la Espada Maestra a su pedestal todo volvió a su ser, el tiempo retrocedió y con ello, sabiendo el futuro aciago que Hyrule viviría antes de partir para recuperar el tiempo perdido y su infancia tal vez advirtió a Zelda y al rey de Hyrule, quienes obraron en consecuencia. La rabia comenzaba a consumirle y oír hablar de los Sheikahs, los sirvientes que empleaban las tinieblas para ponerlas al servicio de la familia real, desvirtuando su esencia destructora sólo consiguió enfurecerle más. Si seguían sirviendo a la familia real a través de las generaciones pese a haber sido traicionados en la guerra civil las cosas no habían cambiado demasiado, le asqueaba sobremanera aquella actitud servil, casi masoquista, la forma en que aceptaban su destino hasta ser totalmente alienados… se encargaría de exterminarlos acudiendo hasta aquel asentamiento y ¿quién sabe? Quizá hallase más respuestas.
-¿Seguro que no admiras en secreto al Héroe del Tiempo, chico?-Preguntó Telma guardando las rupias recaudadas-Hay muchos que lo hacen y tú llevas prácticamente sus ropajes, sus armas y el emblema de la familia real en tu escudo, ¿acaso quieres servir también a la familia real?
Aquello terminó de colmar su rabia. Con manos temblorosas alzó la jarra para apurar su contenido y aquel último buche pasó por su garganta como un río de fuego, tal vez fuese el vigor que el elixir le había conferido pero se levantó dejando caer la jarra de un golpe seco. Se relamió con parsimonia los labios y seguidamente soltó una carcajada, demente, a continuación negó con la cabeza, cerrando los ojos y sus plateados y sedosos cabellos cayeron sobre estos, ocultando parcialmente el destello carmesí con que empezaron a brillar, al tiempo, una sonrisa desquiciada afloró en su rostro, dejando ver sus pequeños y afilados colmillos.
-¿Servir a la familia real? ¿ser un soldado? Antes preferiría la muerte que ser un vulgar perrito faldero de los que han llevado a Hyrule a la destrucción, al fin y al cabo ellos perpetúan el legado de unas diosas que se burlan de los mortales, ¿cierto?-expuso con calmada seriedad, aunque con un deje socarrón.
-Atrévete a repetirlo.-Uno de los soldados, de cabello castaño ensortijado, se puso en pie de un salto sujetando la alabarda con firmeza, amenazante.
-Pero qué patético, sólo os alzáis cuando hieren vuestro orgullo.-Dark se volvió hacia él sin amedrentarse-Puedo fácilmente con alguien de vuestra calaña. Y eso va también por tu compañero.-Dark señaló con la barbilla al otro soldado, de pelo más oscuro.
El interpelado también se puso en pie tragando saliva mientras trataba de esconder su miedo a toda costa. Dark lo percibía y aquello no hacía sino espolearle, como un depredador al que le llega el acre hedor de la sangre. Antes de que pudieran reaccionar tomó la jarra de grueso vidrio que hasta hace poco había tenido en sus manos y la lanzó con todas sus fuerzas hacia ellos, seguidamente se escabulló con agilidad hasta abandonar el local, pero no corrió demasiado lejos, los esperó en la plazuela justo en la puerta, sabía que ante la afrenta aquellos incautos no iban a frenarse y la sola perspectiva de arrebatarles la vida a dos soldados del ejército de Hyrule le excitaba y le hacía sentirse vivo de una forma que hacía bastante tiempo que no sentía. Casi de inmediato ambos salieron a su encuentro, ilesos. No esperaba que el ataque que había improvisado les hubiese alcanzado, incluso lo agradecía, así podría recrearse mejor.
-¡Eh, tú!-El de cabello castaño se adelantó, lanza en ristre-Retira lo que has dicho, ¡nadie insulta a la familia real de Hyrule y queda indemne!
-Vuestro patetismo me abruma…-comentó Dark en tono distraído mientras se atusaba el flequillo pero sin perder detalle, a su juicio, quien hablaba parecía ser el de mayor rango, el joven moreno y enjuto apenas pasaría la veintena, debía de tratarse de un aprendiz-Defendéis a aquellos que han conducido al reino a sus épocas más inciertas y aún así pensáis que actuáis de forma correcta esgrimiendo la verdad universal.
El soldado avanzó hacia él con la lanza por delante, Dark ni se molestó en desenvainar, simplemente le esquivó en el último segundo agachándose y rodando hacia un lado. El ímpetu de su rival no lograba impresionarle, mientras que el otro chico se hallaba arrinconado observando la escena, asiendo con desconfianza su lanza y temblando como una hoja, sin duda no había reunido aún el valor necesario para entrar en la refriega. La batalla sería divertida, se encargaría de cansarle antes de acabar con él. Sin embargo, debería apresurarse pues aunque se encontraban en un lugar apartado de la ciudadela, el riesgo de que otra patrulla de soldados les avistase era alto, pero al menos nadie había osado abandonar la tasca para tratar de separarles, no habría soportado una intromisión.
Ante otra embestida, Dark desenvainó interponiendo su espada frente a la lanza ajena, consiguiendo hacer saltar muescas de madera con el golpe. Su vesánica sonrisa se acentuaba por momentos, aunque su oponente intentaba empujarle y frenar los golpes antes de desequilibrarle y empuñar la punta de la lanza contra él, Dark se movía de forma precisa y bien calculada. No en vano era la sombra del Héroe del Tiempo, de aquel espadachín legendario y había sido entrenado para comportarse como una feroz y eficiente máquina de matar, el brazo ejecutor predilecto del Rey del Mal.
Cuando el soldado consiguió poner algo de distancia entre ellos, necesaria para emplear un arma de largo alcance como la suya, arremetió contra él empuñando la lanza hacia abajo, Dark saltó hacia un lado, inclinándose lo justo para asestar un certero mandoble que quebró la lanza en dos partes, ya bastante maltrecha por los envites anteriores. La parte inferior que todavía mantenía entre sus manos acabó escurriéndosele de entre estas. Dark se quedó estático en aquella posición, sólo se oyó el crujido de la madera al chocar contra los adoquines de piedra, su rival, sudoroso y con la respiración entrecortada boqueaba mientras intentaba encajar su derrota, sabiéndose indefenso. Dark disfrutaba enormemente aquellos instantes de superioridad en los que advertía que su rival había caído en la cuenta de que su vida estaba en sus manos y gustaba siempre de tratar de eternizar aquel momento lo más posible.
En cualquier caso, el soldado no se rindió y empuñó una pequeña daga que colgaba de su cinturón, Dark valoró su arrojo enarcando una ceja, pero no era suficiente como para impresionarle. Empleando el poder de la oscuridad logró crear un fino hilo negro que se enrolló alrededor de la muñeca de su oponente, impidiendo que este empuñase el arma y atravesase con ella su cuello. Una vez fue consciente de la incredulidad que había suscitado en él y en apenas unos segundos, se incorporó para hundir la espada en su abdomen justo bajo la cota de malla en una ascendente estocada mortal. De un brusco tirón volvió a sacar su arma le asestó un rodillazo que logró hacerle caer boca arriba y proferir un agónico alarido de dolor.
-¿Y tú? ¿También vas a atreverte a desafiarme?-Dark encaró al otro chico, cuyo rostro, demudado por el horror no podía apartar la vista del cuerpo de su superior, mientras se afanaba en apoyar la espalda contra el muro, quizá buscando fundirse con él y desaparecer.
De nuevo, pudo percibir en él en primer lugar el estupor, luego el horror y finalmente la cólera cuando se abalanzó contra él con un gruñido en una maniobra suicida.
-¿Qué te hace pensar que eres rival para mí?-Le espetó Dark con desprecio interponiendo el escudo para detener un golpe de su lanza-Sólo eres un novato impelido por el dolor y la rabia, pero eso también hace que el raciocinio se nuble y el valor se trueque por temeridad.
Tuvo que desviar una nueva lanzada de un mandoble y aprovechó su distracción para emplear la otra mano y empujarle haciendo fuerza con el escudo en un brusco golpe que le dejó sin respiración y acabó por lanzarlo contra la pared. Muy a su pesar debía de acabar con aquella presa también pues sentía que el tiempo apremiaba así que antes de darle oportunidad a que se incorporase corrió hacia él efectuando un tajo en horizontal que le abrió la yugular de un corte limpio. Suspiró, hastiado y contempló triunfante su obra antes de marcharse a la carrera buscando la puerta noroeste siempre a través de los callejones más estrechos y oscuros pues no había duda de que el ambiente festivo de la ciudadela se había visto agitado por los rumores.
Cuando se asomó y divisó la puerta comprobó que un centinela la custodiaba celosamente, optó por escalar por una balconada y lanzarse desde una de las cornisas hacia las almenas de la muralla, de modo que finalmente pudo dejarse caer hacia el puente levadizo empleando una de las banderolas que adornaban los muros para ayudarse en su tarea. Cuando comprobó cómo los declinantes rayos del sol próximos al crepúsculo iluminaban la pradera con tonos cobrizos tomó la determinación de buscar un pequeño grupo de antiguos aliados a Ganondorf y asaltar el poblado Sheikah, según él aquellas sabandijas debían poseer la información que precisaba y además así podría dar forma a su venganza, hacer que su señor se sintiera orgulloso pese al destino al que se había sido sometido, en el mejor de los casos quizá hallase un modo de traerle de vuelta.
Caminó buscando algún risco en el que cobijarse y aclarar sus ideas antes de emprender la búsqueda de la guarida de los Sheikah para así dejar la ciudadela atrás cuanto antes. No iba a permitir que aquella época de paz en Hyrule continuase su curso.
