29 de octubre de 1999
Hermione apretó los ojos con fuerza, tratando desesperadamente de seguir durmiendo, pero fracasando. Se había visto obligada a tomarse el día libre porque al parecer iba en contra de la política del Ministerio trabajar durante tres meses sin tomarse un día para asuntos personales. Hermione consideraba que esa política era completamente ridícula, pero para evitarse problemas cumplió con ella. Todo era inútil, sin embargo; se había despertado justo cuando Ron se había levantado de la cama para ir a trabajar, y todos los esfuerzos que había puesto para volver a dormirse le estaban fallando.
Con los ojos cerrados, Hermione escucho los silenciosos pasos de Ron por el dormitorio poco antes de oír como se alejaban hacia la cocina. Decidió que se iba a levantar cuando Ron volviera para darse una ducha después del desayuno. La castaña se había llevado un poco de trabajo a casa para pasar el largo fin de semana, su supervisor no podía esperar que se pasara un día entero sin trabajar. Podía ir empezando ya, porque tendría que estar al día para el lunes, sin darle importancia a las políticas de asistencia del Ministerio. Además, quería adelantar un poco de trabajo antes de ver a su madre, con la que había quedado un poco más tarde ese mismo día.
Tras un rato que le pareció bastante largo, Hermione escucho unos pasos familiares que iban de vuelta al dormitorio. Ron prácticamente iba corriendo hacia allí.
-¿Qué ocurre?- pregunto adormilada levantado la cabeza para mirarlo. Ron estaba pálido y medio desnudo, salvo por unos calzoncillos granates que debía de haberse puesto antes de salir de la habitación (ya que Hermione sabía muy bien que no los llevaba puestos cuando se habían ido a dormir la noche anterior). Se podía ver una expresión mortificada en el rostro del pelirrojo.
-¿Qué ha pasado?- repitió Hermione esperando sacarlo de su conmoción.
-Hermione- dijo haciendo evidente su miedo y angustia-. Tu madre está en la cocina.
-¿Cómo?- Hermione se levantó inmediatamente, fingiendo no darse cuenta (pero, en realidad disfrutando) de la forma en la que los ojos de Ron se movían por su cuerpo desnudo mientras se vestía-. Se suponía que no venía hasta la hora de comer.
-Tu madre está en la cocina, y yo estaba en ropa interior- se quejó Ron.
-Ron…
-Le podría haber dicho: "¡Hola, señora Granger! ¿Le gusta mi pene? ¡Porque a su hija pareció gustarle anoche!- se dejó caer en la cama con dramatismo, cubriéndose la cara con un cojín.
-Espero que no le hayas dicho nada de eso- mascullo Hermione pasándose rápidamente un peine por el cabello-. Estoy segura de que no le va a dar importancia- añadió tranquilizadora mientras Ron se colocaba en posición fetal. La única respuesta que recibió fue un gemido ahogado.
-Me voy a la cocina- comento Hermione rodando los ojos mientras le arrebataba el cojín-. ¿Hay alguna posibilidad de que te vengas conmigo?
-¿Bromeas? Ninguna- respondió Ron con incredulidad.
-No te puedes esconder aquí para siempre; ya sabe que estás aquí- suspiro Hermione.
-¿Te suena de algo la palabra erección? No me había… ya sabes, ¡encargado de eso todavía!- bufo Ron.
-Oh vamos, ya sé que es un poco raro, pero es algo perfectamente natural…
-No puedes esperar que ahora la mire a la cara…
-Ron, de verdad sé que es un poco embarazoso, pero es solo mi madre. Por favor- Hermione puso su mejor cara de cachorrito abandonado sabiendo que era difícil que le dijera que no. Pensó que la táctica era perfectamente justa ya que Ron utilizaba la misma maniobra con ella varias veces a la semana.
-Está bien. Pero antes me voy a la ducha- admitió gruñón sentándose en la cama.
-Eres un novio genial- sonrió Hermione dándole un beso en la mejilla antes de salir de la habitación e ignorar las quejas que Ron murmuraba. A pesar de no habérselo dicho, se sentía un poco aprensiva por el hecho de que su madre se hubiera presentado en casa sin avisar esa mañana, especialmente dadas las circunstancias. Hermione, sin embargo, confiaba en que su madre, al menos, afrontaría la situación con tacto y de manera razonable.
-Buenos días, mamá. No sabía que ibas a venir tan temprano- le dijo Hermione dándole un apretón en los hombros como saludo mientras entraba en la cocina.
-Había pensado en sorprenderte con el desayuno en la cama- le contesto mientras apartaba la vista brevemente de lo que estaba cocinando para sonreír a su hija-. Debería haber sabido que te levantas temprano aunque tengas el día libre.
-Nunca puedo dormir más tarde de las siete o las ocho- le comento Hermione-. ¿Necesitas ayuda?
-No, cariño, tú siéntate y relájate. ¿Cuándo tiene que estar Ron en la oficina?- le pregunto su madre en un tono demasiado casual.
-Tiene una reunión poco después de las ocho- contesto ella.
-Bueno, entonces le da tiempo a desayunar- comento la señora Granger cogiendo tres platos. Se dio la vuelta y miró a su hija con un brillo travieso en los ojos-. Veo que han cambiado algunas cosas desde la última vez que te moleste con preguntas sobre tu vida personal.
-Sí- respondió Hermione un poco seria-. Ron está avergonzado, mamá, no se lo hagas pasar mal.
-Sabes que nunca lo haría- se burló la señora Granger poniendo unos huevos y unas salchichas en los platos-. ¿Quieres una tostada, cielo?
-Sí, por favor- le dijo Hermione-. Mamá, lo siento, no sabía que ibas a venir a la hora del desayuno, sino no hubiera dejado que Ron se quedara…
-No te disculpes, eres una mujer adulta y estás en tu propia casa, además, he llegado sin avisar- comento su madre restándole importancia.
-Aun así debe de haber sido raro- señalo Hermione cogiendo su desayuno mientras su madre ponía la mesa.
-Bueno, sí, no me esperaba… pero estoy segura de que ha sido peor para Ron- dijo mientras se sentaba a la mesa-. ¿Lo esperamos o va a tardar mucho en la ducha?
-Creo que esta mañana va a tardar- murmuro Hermione-. Entonces, ¿estás de acuerdo con esto?
-Tú estás bien, ¿no?
Hermione asintió.
-Más que bien.
-Pues yo también- sonrió su madre-. Y la verdad es que tu hombre es guapo.
-¡Mamá!- grito Hermione.
-¿No estás de acuerdo?- le pregunto con una sonrisa de suficiencia.
-Claro que lo estoy, pero… ¡mamá!- protesto Hermione empezando a sentir la vergüenza que había sentido Ron.
-Déjame divertirme un poco, cariño. Han pasado siglos desde que he tenido a alguien de quien burlarme, todos mis amigos llevan casados un cuarto de siglo- le dijo-. Cuando lo digo de esa manera sueno terriblemente mayor, ¿verdad?
-Un poco- le dijo Hermione con solemnidad-. Si tú te puedes divertir a mi costa, yo lo puedo hacer a la tuya- añadió mientras su madre sacudía la cabeza fingiendo estar ofendida.
La risa de las dos fue interrumpida por un carraspeo algo torpe cuando Ron, ahora completamente vestido con su uniforme de Auror, entro en la cocina. Se detuvo bruscamente en la puerta, mirando a Hermione con cautela.
-Mi madre ha hecho el desayuno- le dijo esta alegremente, haciéndole un gesto para se sentara junto a ella.
-Gracias, señora Granger- dijo Ron solemne cruzando la habitación y sentándose a la mesa. Hermione se dio cuenta de que estaba haciendo todo lo posible por ser cortés, tomando pequeños bocados y masticando con la boca cerrada. Sonrió para sí misma, tal vez la presencia de su madre había traído alguna ventaja esa mañana.
-¿Tienes un turno largo hoy, Ron?- le pregunto la señora Granger con amabilidad.
-En realidad es corto- contesto-. Normalmente estoy allí hasta las seis, pero como es viernes, puedo salir a las cinco siempre que la redada vaya bien.
-Y debería ir bien, son bastante rutinarias, ¿cierto?- intervino Hermione al darse cuenta de que un poco de preocupación había aparecido en el rostro de su madre.
-Claro. Robards y Price han convertido las redadas domésticas en una ciencia- comento Ron cogiendo la mermelada y extendiéndola sobre dos rebanadas de pan, una para él y otra para Hermione, como de costumbre. Hermione sonrió agradecida por el comportamiento relajado de su madre. Gracias a esto, Ron parecía haber superado su vergüenza anterior con bastante rapidez, aunque todavía se podía detectar cierto rubor en sus mejillas.
-Supongo que deben serlo- dijo su madre sonriendo al ver que Hermione aceptaba una de las tostadas que le ofrecía Ron-. ¿Tenéis planes para esta noche?
-Voy a ir a su casa cuando salgan del trabajo- explico Hermione-. Por lo visto Harry va a intentar cocinar algo para nosotros.
Ron resopló.
-Creo que se ha vuelto loco. ¿Sabes que fue a hacer la compra el otro día?
-¿Y quién iba a hacer la compra si no?- le pregunto Hermione rodando los ojos.
Ron también rodó los ojos.
-No me refiero a ir solo a por lo necesario. ¡Me refiero a ir a comprar comida como es debido! Estuvo fuera casi dos horas. ¡Y compró tres libros de cocina! Loco, ya te lo estoy diciendo.
-Ginny se fue hace casi dos semanas- le explico Hermione a su madre-. Normalmente tiene los fines de semana libres, pero Gwenog Jones acaba de conseguir el puesto de entrenadora y lo más probable es que quiere demostrar su valor, así que ha puesto al equipo a entrenar sin parar.
-Estoy segura de que Harry le echa mucho de menos- observo su madre.
-Lo hace, aunque por supuesto, nunca lo admitirá- dijo Hermione-. Ya sabes, los hombres y sus sentimientos.
-Hey, ¡eso me ofende!- protesto Ron, pero Hermione lo ignoro.
-En todo caso, le ha dado por cocinar, aunque ninguno de los dos estamos seguros del porqué. Harry nunca ha sido muy casero.
-Está chiflado- insistió Ron-. Vigilé todo lo que bebía durante varios días porque estaba convencido de que estaba bajo la influencia de la Poción Multijugos.
-¿Qué es la Poción Multijugos?- pregunto la señora Granger con curiosidad.
-Em… es una poción que si se prepara correctamente, te permite tomar la apariencia de otra persona durante una hora- dijo Hermione con delicadeza-. Ya no es legal.
-Ah.
Había que reconocerle el mérito a su madre, siempre había hecho todo lo posible por no mostrarse muy alarmada cuando aprendía algo nuevo sobre el mundo mágico. Hermione había llegado hace mucho tiempo a la conclusión de que sus padres nunca llegarían a entender muchas de las cosas que ella consideraba parte de su vida cotidiana y tenían un acuerdo silencioso para mantener el delicado equilibrio entre los aspectos mágicos y muggles de su vida.
Ron carraspeó de nuevo.
-Bueno, yo me tengo que ir ya- dijo con torpeza llevando su plato al fregadero y lanzándole un hechizo para que se lavara solo. Hermione puso una mueca cuando vio que los ojos de su madre se abrieron como platos ante el uso de la magia.
Ron se dio cuenta de su error un segundo tarde, pero Hermione negó levemente con la cabeza; era mejor no darle importancia.
-Iré a tu casa sobre las cinco y media, ¿de acuerdo?- le comento Hermione levantándose y quitándole una pelusa que tenía en el hombro.
-Te mandaré un Patronus si necesitan que me queda hasta más tarde- respondió él. Se volvió para mirar a la madre de Hermione, que miraba discretamente hacia otro lado, antes de darle un beso rápido a Hermione en los labios. Ella sonrió y lo envolvió en un abrazo.
-Ten cuidado. Te quiero- le susurró al oído.
-Siempre lo tengo. Yo también te quiero- le dio un ligero apretón antes de apartarse de ella-. Gracias por el desayuno, señora Granger- le dijo educado mientras se dirigía hacia la chimenea.
-Nada, Ron. ¡Que tengas un buen día!- le deseo la señora Granger poniendo los platos limpios en su sitio.
-Lo mismo os digo- dijo Ron, despidiéndose de nuevo de Hermione antes de tomar un puñado de Polvos Flu y arrojarlo dentro de la chimenea-. ¡Al Ministerio!- grito antes de entrar y desaparecer.
-Oh cariño, siempre me olvido de que podéis hacer eso- declaro su madre mientras se unía a ella en la sala de estar, que en realidad era solo una extensión de la cocina.
-Sabes perfectamente bien que instale la chimenea con el único propósito de usar la red Flu- le recordó Hermione.
-Ya, pero aun así. La magia es realmente brillante, si bien da un poco de miedo- le explico su madre-. Esperaba que pudiésemos ir de compras hoy por Londres, si te parece bien.
-De acuerdo, pero antes necesito una ducha rápida- decidió Hermione. No es que le gustara mucho ir de compras, pero a su madre siempre le había encantado hacer cosas de chicas con ella, y Hermione no podía evitar complacerla. Después de todo, cuando era más pequeña, su madre y ella habían pasado casi la misma cantidad de tiempo en tiendas de ropa y en bibliotecas. Y es que si algo eran las mujeres Granger, es que eran justas en la mayoría de las circunstancias.
Una vez Hermione se hubo duchado y vestido, se fueron. Su madre parecía seguir un itinerario: quería ir al menos a seis tiendas antes de la hora de comer. Algunas de sus paradas eran recados y Hermione tenía que darse prisa, pues su madre parecía más interesada en persuadir a su hija para que se probase varios vestidos y prendas que se ajustaban a su gusto. A veces a Hermione le divertía el hecho de que su madre parecía ser una extraña mezcla entre sus estúpidas compañeras de clase y una mujer sensata; otras veces simplemente esto la irritaba. Hoy se encontraba en un punto intermedio, aunque cuanto más tiempo pasaban fuera, más se iba irritando. Estuvieron fuera más de cinco horas antes de que, cada una cargada con varias bolsas, decidieran finalmente parar a comer. Acabaron en un pub con el que habían tropezado, pero que una hambrienta y agotada Hermione había insistido en parar ahí.
-Así que- empezó su madre una vez habían llamado al camarero y pedido su comida-, ¿puedo preguntarte de nuevo sobre Ron?
-Puedes preguntar lo que quieras, pero no te garantizo una respuesta- argumento razonablemente.
-Entonces supongo que no me vas a decir cuánto tiempo lleva ocurriendo.
Hermione frunció los labios sin tener que preguntarle a su madre a qué se refería.
-Alrededor de un mes.
-Y siempre es respetuoso, ¿no?
-Por supuesto.
Su madre sonrió.
-No tenía dudas. Parece bastante caballeroso.
Hermione resoplo un poco.
-Tal vez en cierto modo, pero no lo es en otros muchos aspectos, te lo aseguro. Hace un esfuerzo adicional cuando estáis papá o tú presentes.
-Eso demuestra que a nosotros también nos respeta- comento su madre con sabiduría-. O que al menos nos teme; ambas cosas buenas.
Hermione compuso una mueca de crispación.
-¿De verdad te molesta hablar de esto conmigo, cariño?- continuo su madre.
-Es un poco raro- le dijo Hermione siendo cuidadosa-. La verdad es que no hablo mucho del tema, especialmente contigo.
-¿No hablas con tus amigas?- cuestiono la señora Granger mientras sonreía y le daba las gracias al camarero que les acababa de llevar la comida.
-Ginny es prácticamente la única amiga chica que tengo- le explico Hermione cuando empezaron a comer-, y la verdad es que no le gusta saber mucho acerca de mi relación con su hermano, como ya puedes imaginar.
-Bueno, tú sabes que a mí me encantaría escucharte, si tú quieres- le sugirió su madre-. No entiendo demasiado bien gran parte de tu vida, Hermione, pero estas cosas sí. Las relaciones y el amor son universales, ya sean mágicas o no.
Hermione se sintió algo culpable, pero al instante sintió el deseo de compartir con ella tanto como le fuera posible. A lo largo de los años había mantenido a su madre alejada de gran parte de su vida, pero quería dejarla entrar de nuevo. Y ahora al fin tenía la oportunidad de hacerlo.
-¿Qué quieres saber?- cedió al final.
-Nunca me has contado cómo fue la primera vez que te beso- señalo su madre-. Estoy segura de que hay una historia detrás, y apostaría a que es mucho mejor que aquella vez que el Crummy ese te besó.
Hermione sonrió avergonzada.
-Lo besé yo primero.
Su madre rió.
-Por supuesto que lo hiciste.
-En realidad estábamos a punto de luchar por Hogwarts- le dijo Hermione seria-. No estábamos seguros de cómo iba a acabar todo, y ambos estábamos asustados, pero él había estado a mi lado toda la noche. Y luego dijo algo sobre los elfos domésticos, y ya sabes que llevo años luchando por sus derechos. Nunca pensé que él me estuviera escuchando, pero lo hacía y fue en ese momento fue tan Ron, además, no estaba segura de si esa iba a ser mi última oportunidad… así que corrí hacia él y lo besé.
Su madre sonrió de oreja a oreja.
-¿Y él te respondió?
-Claro- contesto Hermione ya más relajada-. En realidad me levanto del suelo, literalmente.
-Es bastante alto- observo su madre.
Hermione soltó una risita nerviosa.
-¿Quieres saber algo más?- ante el asentimiento de su madre, continuó-. Harry estaba delante.
Su madre rió alegremente.
-Por supuesto. ¿Y qué pasó?
-Creo que tuvo que gritarnos durante un rato que nos teníamos que centrar antes de que nosotros nos diésemos cuenta- admitió Hermione con una risita, contagiada por la risa de su madre y encontrando el extraño concepto de "charla de chicas" bastante divertido.
-¿Y estáis juntos desde ese momento?
-Básicamente; aunque no fue oficial hasta una semana después, porque estaban pasando demasiadas cosas.
-Ya me imagino- asintió su madre comprensiva-. ¿Y cómo lo hicisteis oficial?
-Me besó- le dijo Hermione sonriendo ante el recuerdo: en general, ese día había sido terrible, pero ese momento había significado mucho para ella-. Dos veces. Y entonces dejó de importar quién besaba a quién porque los dos queríamos besarnos, mucho.
-Es bonito verte tan feliz, cielo. Debes entender que el saber que eres feliz es todo lo que quiero- le aclaro su madre dándole un apretón a la mano de la castaña por encima de la mesa.
-Soy muy feliz- admitió Hermione sonrojándose-. Es mi mejor amigo. Puedo ser yo misma cuando estoy con él, y aun así quiere estar conmigo. A veces me asombra ese hecho.
-Es así como tiene que ser- argumento su madre con sinceridad-. Eres una persona hermosa e increíble, Hermione.
Ella se recogió un mechón de cabello detrás de la oreja.
-Eres mi madre, se supone que me tienes que decir eso.
-Pero Ron no- le recordó.
-Exacto- dijo Hermione riendo. Estaba bastante segura de que su yo del pasado la habría castigado por haberse vuelto loca por el hecho de que un chico pensara que era guapa, pero no le podía importar menos. Después de todo, la Hermione de hace dos años no había esperado estar viva a estas alturas, ni mucho menos en un pub con su madre, que recordaba perfectamente quién era, compartiendo detalles sobre su novio, que daba la casualidad que era Ron Weasley.
Hermione y su madre se quedaron allí mucho rato después de haber terminado de comer, charlando como hacía tiempo que no hacían. Más tarde pusieron rumbo al apartamento de Hermione. Se separaron cuando llegaron al lugar donde su madre había aparcado el coche.
-¿Vendrás a cenar a casa el próximo fin de semana?- le pregunto mientras le daba un abrazo.
-Por supuesto. Te llamo en un par de días- le prometió Hermione.
-Y trae a Ron, pero te sugiero que te asegures de que viene vestido. No creo que a tu padre la haga mucha gracia lo contrario- bromeo su madre guiñándole un ojo.
-Muy graciosa- Hermione rodó lo ojos y se sonrojó-. Te quiero, mamá.
-Yo también te quiero, cariño. Que tengas una buena tarde y manda saludos a Harry a Ron.
-Lo haré- sonrió Hermione, dándose la vuelta y caminando hacia su edificio. Mientras subía las escaleras pensó que había sido un día muy agradable. Antes de ir a Hogwarts había tenido una relación estrecha con su madre, y se alegró de que estuvieran reconectando de nuevo; aunque nunca se habían llegado a separar, al fin estaban volviendo al punto en el que estaban antes, y Hermione no podía estar más feliz. Aún estaba sonriendo cuando llego a su puerta, metió la llave en la cerradura y al abrirla se encontró a un pelirrojo sentado a la mesa de la cocina.
-¡Oh! Hola, Ron. Me has asustado, son solo las cuatro- exclamó Hermione poniendo las bolsas que llevaba en el sofá. Solo entonces se dio cuenta de que Ron tenía la cabeza apoyada en sus manos y una expresión taciturna-. Ron, ¿qué ha pasado?
Levantó la cabeza de pronto, como si acabara de notar su presencia. Sin decir nada, se levantó, cruzo la habitación en tres zancadas y envolvió a Hermione en un fuerte abrazo. Ella se lo devolvió de inmediato, agarrando la parte posterior de su camiseta mientras se balanceaban ligeramente.
-Una redada difícil.
Ella asintió y le acaricio la espalda para reconfortarlo. Sabía que no debía preguntar qué había sucedido; había aprendido que incluso sin Ron quería hablar de ello, a los Aurores no les estaba permitido hablar mucho sobre los casos en los que estaban trabajando hasta que hubieran rellenado todo el papeleo.
No estaba segura del tiempo que estuvieron así, abrazados en mitad del apartamento. Unos minutos después sintió los delatores labios de Ron sobre su cuello. Una sonrisa se extendió por su rostro mientras Ron iba depositando suaves besos en su cuello, barbilla, mejilla, nariz, y finamente, en su boca. Por mucho que Hermione disfrutara de sus besos intensos (y, siendo sincera, de sus encuentros apasionados también), igualmente apreciaba esos besos lentos y relativamente castos. Sonrió mientras le devolvía el beso, sintiéndose increíblemente afortunada de estar enamorada de ese hombre.
Se separaron un par de minutos después, y ella le hizo un gesto hacia la mesa.
-Siéntate, voy a preparar un poco de té.
-Gracias, amor- respondió Ron. Hermione pudo sentir el cansancio en su voz mientras volvía a esconder la cara entre las manos-. ¿Qué tal te ha ido con tu madre?
-Muy bien- le dijo Hermione-. Me ha convencido para que me compre un vestido nuevo- añadió tratando que se olvidara de lo que había pasado en el trabajo.
-¿Sí?
-Sí, aunque no tengo dónde llevarlo, me ha acabado convenciendo. Tal vez lo use para la fiesta del Ministerio; ya que este año estamos invitados. Es de un bonito azul marino, así que hace juego con tus ojos.
-¿Y por qué tiene que hacer juego con mis ojos?- pregunto Ron. Hermione levanto la mirada del fogón un momento, se giró para mirarlo y se alegró al ver un brillo divertido en sus ojos.
-Por nada, pero es una de las razones que me ha dado mi madre para que me lo compre- respondió ella.
Ron rió en voz baja.
-Tú madre está un poco chiflada; ya sé de dónde lo has sacado.
-Tal vez- manifestó con suavidad-. En cualquier caso, ha sido un buen día.
-Bien- articulo Ron. Un cómodo silencio los envolvió mientras Hermione terminaba de preparar el té y llevaba dos tazas a la mesa. Ron tomo un sorbo de la suya y Hermione se alegró al ver que su expresión facial se relajaba inmediatamente después de tragar la bebida.
-Por cierto, Ginny ha vuelto- anuncio Ron de pronto, como si acabara de acordarse.
-¡Eso es genial! ¿Cuándo ha llegado?- pregunto Hermione.
-Esta mañana. Se queda hasta el domingo así que no va a estar mucho tiempo. Nos ha dado una sorpresa a la hora de la comida, pero ha tenido que volver con el equipo a media tarde. Van a estar entrenando esta noche y mañana en el mismo campo en el que entrena el equipo nacional de quidditch.
Hermione pudo detectar una pizca de celos en la cara de Ron cuando termino de hablar. Al menos las Arpías no compartían campo de entrenamiento con los Cannons, pues en ese caso, Ron probablemente lo dejaría todo para ir a "apoyar a su hermana".
-Me alegro; por Harry también.
-Sí, ya sabía que estaba empezando a perder la cabeza cuando compró los libros de cocina. A propósito, ha empezado a preparar ya la lasaña, así que debería estar lista para poco después de las cinco. Ah, y Fleur está embarazada.
Hermione por poco escupió su té.
-¿Fleur está embarazada?
-Sí, Ginny se ha pasado esta mañana por La Madriguera y mamá no paraba de hablar de cosas de bebés- dijo Ron poniendo una cara rara.
-¡Que emoción! ¿Sabes cuándo sale de cuentas?
-Em… creo que en algún momento en primavera. Pero no digas nada, creo que nos lo van a contar a todos este fin de semana- comento Ron tomando otro gran sobro de té-. Esto algo bueno.
-¿No te hace ilusión ser tío?- le cuestiono Hermione con curiosidad.
-Claro que me hace ilusión; es solo que tengo demasiado cosas en la cabeza ahora mismo- dijo Ron vagamente.
-Cierto, lo siento- declaro Hermione, pero Ron le quito importancia. Se levantó y se pudo detrás de la silla de Ron, comenzando a pasar sus dedos por su cabello ligeramente. Hace un par de meses se había dado cuenta de que a Ron el encantaba que hiciera eso, aunque ella no estaba muy segura del por qué. Sin embargo, logró el resultado que quería, Ron suspiro y se relajó ante sus caricias.
-No ha habido heridos- menciono Ron un rato después, rompiendo el silencio-. Ha estado cerca de haber alguno, eso sí. Y los tipos que estábamos buscando no estaban en muy buena forma.
-Al menos estáis todo bien, ¿no?- pregunto Hermione optimista.
-Sí, pero te hace pensar- comento Ron críptico. Hermione hizo un ruido simpático y continuó con sus cuidados. Ron acerco una de sus manos a Hermione y la enredó en el pelo de la castaña-. Eres la mejor.
-Tú tampoco estás tan mal- alegó Hermione cálidamente, cogiendo las tazas y llevándolas al fregadero para lavarlas. Cuando se dio la vuelta, los ojos de Ron estaban pegados a ella. Reconoció esa mirada: era similar a la expresión que adoptaba cuando estudiaba el tablero de ajedrez para determinar cuál iba a ser su siguiente movimiento. Esta mirada en particular, sin embargo, estaba llena de la ternura que hacía que su corazón dejase de latir.
-¿Qué ocurre?- le pregunto sin aliento.
-Hermione- comenzó Ron con voz grave. Sacudió la cabeza rápidamente tratando de despejar la mente, y luego se levantó para ponerse delante de ella. Cogió las manos de Hermione entre las suyas y la miró a los ojos. Ella estaba un poco sorprendida ante la intensidad que encontró en la mirada de Ron. Hermione pudo sentir cómo sus mejillas enrojecían mientras él la seguía mirando; el efecto que tenía Ron sobre ella era a veces hasta ridículo. De hecho, si no tuviera tan claro que Ron quería decirle algo, lo más probable es que ya hubiera saltado sobre él. Pero en vez de eso, le devolvió la mirada y espero paciente, pero sin dejar de estar expectante.
-Hermione- dijo Ron de nuevo rompiendo el contacto visual y mirando sus manos entrelazadas-. Yo… ya sabes que no me gusta hablar de sentimientos y… mierda.
-Claramente no- bromeó ella. Ron le miró exasperado-. Perdón.
-Lo que te quiero decir… Solo quiero que sepas que tú…- paró y buscó algo en la mirada de Hermione. Pareció ganar la confianza necesaria, porque un segundo después continuó con lo que estaba diciendo, casi en un susurro-. Lo eres todo para mí, Hermione.
Hermione soltó un profundo suspiro.
-Ron…
-No, déjame terminar- insistió él-. He estado pensando hoy, después de que todo se fuera a la mierda en el trabajo. Sobre todo pensando en lo que quiero. Y he llegado a la conclusión de que… quiero comprarte un anillo algún día. Un diamante- se detuvo y tragó saliva-. Si tú quieres, claro…
Hermione trató de recuperar el habla al notar que Ron la miraba con ansiedad, viendo en sus ojos esa pizca de inseguridad que nunca abandonaría.
-Me… me encantaría.
-¿Te gustaría…?- la voz de Ron se fue apagando, ya que se mordía el labio pensativo.
-¿Qué me gustaría?- le incitó ella.
Ron respiro hondo y asintió con la cabeza como si hubiera tomado una decisión.
-Hermione Jean Granger. ¿Crees que… tal vez… cuando te compre ese anillo y te pida que lo lleves…? Porque te voy a pedir que lo lleves para siempre. Y me estaba preguntando si… ¿lo harías algún día?
-Sí. Creo que sí. En un futuro- declaró Hermione con suavidad. Pudo sentir como se le acumulaban lágrimas en los ojos-. Tú… tú también lo eres todo para mí, ¿sabes?
Una sonrisa se extendió lentamente por el rostro de Ron.
-Así que… me estás diciendo que tú, hipotéticamente hablando, ¿dirás que sí… en un futuro?
-Creo que eso es exactamente lo que te estoy diciendo- afirmó Hermione poniéndose de puntillas y apoyando sus manos sobre los hombros de Ron. Las manos de Ron se posaron a su vez sobre su cintura, estabilizándola mientras ella trataba de mantener el equilibrio salvando la diferencia de altura.
-¿Te quedas en casa esta noche?- susurró Ron-. A Harry le encantaría tener un poco de compañía, para variar, pero no estoy preparado para dormir solo.
-Por supuesto- convino Hermione-. Pero ten en cuenta que si Harry está en la habitación de al lado, solo vamos a dormir.
Ron puso una falsa cara de perrito abandonado.
-¿Ni siquiera nos podemos enrollar?
-Estoy a punto de besarte, sabes, por si no lo habías notado- le dijo ella sonriente.
Pero Ron se adelantó, dándole un beso de lleno en los labios. Hermione no supo durante cuando tiempo estuvieron gratamente ocupados, pero cuando volvió a ser plenamente consciente de sus pensamientos, había acabado sentada de algún modo en la encimera de la cocina, mientras Ron estaba de pie entre sus piernas y con sus manos apoyadas en sus muslos mientras le besa el cuello entusiasmado.
-Deberíamos… Harry nos está esperando- puntualizo Hermione demasiado absorta en Ron como para molestarse en elaborar una frase coherente.
-Déjalo- murmuró Ron sobre su hombro-. Tiene toda la noche para darnos lasaña y para jugar una partida interminable de ajedrez. Además, no todos los días aceptas hipotéticamente casarte conmigo en un futuro- entonces volvió a posar los labios sobre los de Hermione, y ella no podía refutar lo que acababa de decirle.
A Hermione le apasionaban muchas cosas, pero cuando lo besó de nuevo, fue con una pasión que reservaba exclusivamente para ese propósito. A lo largo de toda la conversación (de toda su relación, en realidad), esta era la primera vez que Ron había mencionado una versión de la palabra "casarse". Solo ese hecho hacia que toda la conversación pareciera muy real. Sabia, por supuesto, que Ron iba en serio; Ron Weasley no era el típico hombre que bromea sobre el compromiso. Sin embargo, esta era la primera vez que los dos reconocían el camino hacia el que se dirigían, y para Hermione significaba muchísimo; tal vez valiera la pena llegar un poco tarde a la cena.
Como habréis podido comprobar, el título del capítulo no está, os lo digo ahora, porque si no, ya ibais a saber de qué iba la cosa. "La primera proposición".
Siento decíos que lo más probable es que las próximas dos semanas no haya un nuevo capítulo porque tengo dos exámenes (tal vez me de tiempo a subir un capítulo en vez de dos, pero tampoco me quiero comprometer para fallar). Siento las molestias.
Os agradezco a todos los que os tomáis la molestia de leer, a los que dejáis comentarios y a todos los que la tenéis en favoritos. ¡Gracias por vuestro tiempo y nos vemos dentro de poco!
