Llevaba un traje marrón, con la chaqueta abotonada hasta el cuello y una falda larga que le cubría por completo las rodillas. Debajo, una respetable blusa de color crema. Se había recogido el cabello en la nuca con un prendedor de concha y el ligero toque de maquillaje pasaba prácticamente desapercibido.

—Con ese traje seguro que si te dan esa beca cielo.—La madre de Pansy aparecía llevando con ella su batido habitual de zanahorias con fresas, bajo el argumento de que era lo mejor que podía tener el cuervo era vitamina B1 y C.

Pansy tomó el batido tomándolo de tres tragos, no tenía mucha hambre pero prefería tener algo en el estómago siempre la ponían nerviosa ese tipo de reuniones. Hubiera terminado de arreglarse de no haber sido por una nueva intromisión de su madre, le llevaba el teléfono.

—Cariño, es del trabajo.

La muchacha parpadeó varias veces los ojos antes de tomar la bocina, tenía faltando alrededor de cinco días y solo había tolerancia para tres y eso que con un justificante médico todavía quedaban en suspenso otros tres días de la semana como castigo. Pansy decidió tomar el teléfono a fin de cuentas podía dar por perdido el trabajo en aquella empresa del demonio. Que le había costado una relación tóxica de cinco años con Adrian.

—¿Diga?—Por más que luchó por que la voz no saliera tan temblorosa no lo logró; se maldijo internamente y esperó hasta escuchar la rasposa voz de enojo que solía usar Malfoy.

—¿Leyó usted su contrato el día en que aprobó las entrevistas señorita Parkinson?

Pansy quería darse un par de bofetadas mentales, aquella no era la voz de Malfoy como ya esperaba sino la de Narcissa, una voz fría de piedra, prácticamente una voz que podía erizar los vellos de la piel a cualquiera. Cuando quería esa mujer era realmente encantadora podía dar la apariencia de que se podía recurrir a ella en cualquier problema. Sin embargo en esa situación era una mujer práctica que trataba con hierro a los empleados que no daban el fruto que la empresa de la familia exigía de ellos.

—Si—Fue toda la respuesta que Pansy logró articular, aún sentía los sesos un poco hechos nudo como para tratar de decir algo más coherente para justificar su falta de profesionalismo.

Empero en casos como el suyo todo era más que justificable.

—¿Entonces, puedo deducir que sabe las consecuencias de sus faltas? son cinco faltas seguidas señorita Parkinson.

Pansy inhaló y exhaló tal como adivinaba el infeliz del hijo no se atrevió a pasarle su renuncia a la madre. Una cosa era que le apasionaba la idea de ser una modelo conocida, pero otra muy distinta era permitir que semejante imbécil pensara que podría tenerla a ella, como a un trofeo al igual que a muchas otras idiotas antes que ella misma. Era por ello que Pansy prefería poner tierra de por medio.

—El lunes señora Malfoy, expuse mi carta de renuncia a su hijo, aún estábamos en fases de prueba de vestuario así que consideré que el momento era más que oportuno para renunciar, además acababa de cumplir tres meses laborando con ustedes. Que según las pautas que leí en mi contrato era el tiempo máximo para que una renuncia fuera aceptada en tiempo y forma.

Hubo un silencio incómodo al otro lado de la bocina, Pansy se imaginaba a la madre del señor malfoy dedicando una de sus miradas asesinas. En tanto el hijo únicamente le dirigía una molesta sonrisa burlona que probablemente originaría una fea discusión en cuanto la llamada terminara.

Finalmente le pareció escuchar algo parecido a una inhalación, probablemente la señora Malfoy estaba tratando de calmar su posible ira.

—Está bien Señorita Parkinson, el lunes quisiera verla en mi casa me parece que tengo una ligera noción acerca del porqué de su sorpresiva renuncia

Pansy pudo respirar más tranquila, de momento su visita Stanford era lo que más le interesaba en aquel momento. La señora Malfoy y sus exigencias bien podían aguantar hasta el lunes y si ella se empeñaba como ya se le había hecho costumbre gracias a los mimos de sus padre. Podría mandarla a freír espárragos.

Al salir de sus habitaciones, vio a su madre colgando la bocina. Por un momento, ella creyó que estaba espiando sus llamadas.

—Descuida cariño,—Cora Parkinson se acercó a ella caminando elegantemente, un paso detrás de otro haciendo que el tacón de los zapatos de la marca Chanel que llevaba puestos resonaran en el hall de la casa.—He agendado una cita con Carly, ya sabes es mi estilista de confianza, ahora buena suerte

La sonrisa de Cora se engrandeció apenas vio a su hija pasar por el umbral de la puerta, volvió a coger el teléfono esta vez una voz bastante conocida de tiempo atrás era la que contestaba.

—¿Diga?

—Necesito que hablemos Cissy querida, parece que tenemos que desenterrar algunas cosas de un pasado que tu y yo compartimos aún cuando estemos a kilómetros de distancia, ¿Que dices?—La mujer soltaba una tenue carcajada, tan pulcra como la de una dama bien educada—Me parece que no te he preguntado si te apetecía venir Narcissa te espero en el lugar donde solíamos ir siempre como cuando fuimos grandes amigas, me alegra que lo recuerdes.