Nota de la vaga autora: Disculpen la tardancia, he estado muy ocupada este último año y pico. La vida social y la uni, que a veces nos absorben ;). Sin más dilación, ¡Disfrútenlo!

- Shizuru, ha llegado la hora de que montes tú solita. - Un brillo apareció en la mirada de la morena.

- Pe... peero, ¿tú crees que ya estoy preparada para esto?

- Claro, más que preparada, llevamos una semana montando juntas, es hora de que empieces por ti misma, sino nunca vas a progresar, y ya sabes qué es lo que quiere tu padre.

- Bueno, puede que tengas razón. - Una ligera sonrisa de asentimiento asomó a los labios de Shizuru. Recórcholis, ya no podré montar con mi amada Natsuki, ni pasar mis brazos alrededor de su tonificado y sexy torso. Qué se le va a hacer... aish. Un suspiro salió de los labios de la castaña.

- ¿Qué pasa, ya estás suspirando por el trabajito que te queda por hacer? - Rió Kuga.

- Nah, solo suspiraba por lo guapa que estás hoy, con esa camisita de cuadros azules, te queda... uff. Para comerte, ven aquí. - La castaña se acercó a la morena, devorándola con la mirada y la arrinconó contra la pared. - Natsuki, me gustas mucho. - Ambas se fundieron entre ardientes besos, entrelazando sus lenguas. - Tengo ganas de más. - Shizuru mordió juguetonamente el labio de la morena y posó su mano en cierto sitio, subiéndole los colores a la señorita Kuga.

- Y yo también... - Natsuki se encontraba en el quinto paraíso, anonadada, por eso se permitió el decir eso que de otra forma nunca lo hubiese hecho. Sin embargo, por suerte, aún podía pensar con coherencia. - Pero lo primero es lo primero. - Guiñó un ojo, separándola.

- Sí, mi ama.- La castaña se alejó de la morena, necesitaba ese espacio para volver a controlar sus acciones.

- Eh, que no soy tu ama, pero puedes llamarme ''profe'' si quieres. Al fin y al cabo, dar te doy clases jajaja.

- Como usted deseé, ama profe. - declaró Shizuru con una mirada maliciosa.

- Oish, para.

- Como usted deseé, ama profa.

- ¡SHIZURU! A callar ya mujer, y súbase al caballo.- Natsuki se puso todo lo seria que pudo, conteniendo la sonrisa.

La castaña, divertida, le dedicó una mirada con ojos de cordero degollado.

- ¿No me va a ayudar a subir mi profa ama?

- Quiero que lo intentes tú solita. Venga, que no tenemos toda la mañana y lo sabes.

- Ah, sí, dichoso establo...

Habían pasado un par de días desde que la propia Natsuki le había ayudado a cuidar del establo. Desde entonces, no había un solo momento en que Shizuru dejase de pensar en qué diantres le iba a pedir la morena a cambio de haberle echado una mano. ¿Una cena romántica? ¿Tal vez un viaje? ¿Mayonesa? ¿El DVD de ''Perdona si te llamo amor'' cuando saliese? ¿Y si quería que le hiciese un hijo? Sí, un hijo era lo más probable en la opinión de la castaña, y Shizuru estaría encantada de intentarlo todas las veces que hiciesen falta y más.

La mañana transcurrió sin ningún incidente, a pesar del miedo que tenía Shizuru. La morena la seguía con Durán y ella se hallaba montada en un caballo blanco. Desde luego que el pintado no deseaba tocarlo, porque con aquellas pintas... parecía que tramase algo. En la semana que llevaban, Shizuru ya había aprendido lo básico y podía empezar a manejarse con cierta soltura, propia de la familia Fujino. A media mañana, hicieron una pausa para limpiar el establo, pero esta vez Natsuki no pidió nada a cambio, estaba aún reservando lo del otro día. Luego, prosiguieron cabalgando un poco más por los prados colindantes.

- Hey, ¿quieres que vayamos luego a comer juntas? - Preguntó la ojirroja dubitativa.

- Ehm... hoy no puedo Shizuru, tengo... cosas que hacer. - A la morena le apetecía comer patatas en el sofá y un refresco, mientras echaba una partida en su Play Station. Sí, para almorzar.

- Te dejo que le eches toda la mayonesa que quieras a tu hamburguesa.

- Hecho. - Los ojos de la morena brillaban de felicidad.

- Ay, Natsuki, qué simple me eres. - Y era algo que le encantaba a Shizuru.

- Oe, yo... bueno, vale, puede que tengas algo de razón...- concedió Natsuki, derrotada ante la evidencia.

- Venga, dejemos ya los caballos por hoy que va siendo hora. - Shizuru se desmontó con agilidad del suyo y lo empezó a conducir hacia el establo.

- Shizuru... - Natsuki la contempló. - ¿Sabes? Creo que... vas por muy buen camino, estoy orgullosa de ti. - Un ligero rubor cubrió las mejillas de la morena.

- No exageres, que se te salen los colorcines. - Rió Shizuru. - Vámonos, anda.

- ¡Chi!

Las dos tortolitas se encaminaron hacia el pueblo, y Durán se fue solito a casa porque era muy inteligente y sabía cuando sobraba. Sí, se dirigieron hacia la típica cafetería de siempre. Es un pueblo, ¿qué más queríais?. Al llegar, efectivamente fueron hacia la mesa que siempre usaba Natsuki, las costumbres nunca cambian, pero al llegar, algo... terrible... sucedió.

- Oe, ¡araña! ¡Ya estás en mi mesa de nuevo! - Exclamó molesta la morena.

- No he visto tu nombre en ningún sitio. - La pelirroja le sacó la lengua, desafiante.

- ¿¡Cómo que no!? ¿Y ésto qué es? - Natsuki señaló vehementemente con su dedo donde rezaba lo siguiente. ''Mesa propiedad de uso exclusivo de Natsuki Kuga, nunca de arañas''.

- ¡JAJAJA! - Nao rió. - Pero recuerda el dicho, ''el que se fue a Sevilla, perdió su silla.''

- Grrr...

La castaña, que hasta ahora había estado contemplando la situación divertida, decidió que era hora de intervenir, y posó una mano en el hombro de su morena.

- Natsuki, venga, sentémonos en cualquier otra mesa anda, ¡Será por mesas! ¿No ves que están todas vacías como siempre?

La dueña del establecimiento, que la había escuchado, le dirigió una mirada de desaprobación que pasó desapercibida por la castaña.

- Ven, sentémonos en ésta. - Cogiendo a su Natsuki de la mano, la condució hasta la mesa en cuestión.

- Pero... - las quejas de la morena se ahogaron en cuanto Shizuru tomó su mano y se alejaron de Nao, que las contempló con cara triunfal por haberle ganado la batalla por la mesa esta vez a la morena - Vale, Shiz. - La castaña se ruborizó ligeramente, pero pasó desapercibido por Natsuki, que ya se encontraba sumergida en la carta del menú.

- En serio, no sé por qué diantres estás viéndola, si ya te la sabes de memoria... ¿Cuántas veces has venido aquí ya? - Preguntó la castaña divertida

- No sé, unas cuantas. - Contestó la morena distraída. - Mira, mira... ¡quiero ésta, ésta! - señaló a una gigante hamburguesa del menú XXXL. - Y que sea con triple de mayonesa... no, ¡con cuádruple!

La cara de la castaña de disgusto era un poema, pero le había dicho con anterioridad que le dejaría echarle toda la mayonesa que la morena quisiera, y ella era una mujer de palabra. La dueña se acercó lentamente a su mesa, con una libreta rosácea de notas para tomar su pedido.

- ¿Un té? Por qué no has pedido otra cosa para variar? - Preguntó Natsuki una vez la otra se hubo alejado, dejándoles un poco de intimidad.

- Es que no me gusta... no me convencen las otras bebidas, y para pedir un agua, me la tomo en mi casa. Y ya que estoy en mi casa, te tomo a ti de paso. - La castaña le guiñó un ojo juguetona.

- Etto... cuando quieras. - La cara de Natsuki ardió de lo roja que estaba ante tales atrevidas declaraciones.

- Ara ara, no sabía que mi Natsuki fuese tan lanzada para estas cosas. A ver si luego eres así de lanzada. Por cierto...

- ¿Sí?- preguntó una inquisitiva morena.

- ¿Qué era aquello que te debía?

- Pronto lo descubrirás, Shizuru, pronto.

- Mala, malisísisima. ¿Ni una pista?

- Nope.

- Crueeeeeel Natsuki, ¿Por qué?

- Porque es secreto, por ahora. - Pronunció tímidamente la morena.

- Qué mona. - Nuevamente, por infinita vez, la morena se sonrojó. - Oye, Natsuki, ¿de dónde sacas tanta sangre para sonrojarte? - Preguntó una castaña triunfal, haciendo que su acompañante se pusiese del tono de los tomates, intenso.

- ¿Quién es la mala ahora? - Natsuki puso sus labios en forma de puchero.

- Yo, jeje.

- ¡Serás! - La morena le dedicó una mirada, y la castaña contestó comiéndola con la mirada.

Natsuki, no voy a aguantar mucho más este jueguecito, pronto serás toda mía.

CONTINUARÁ pronto, CHAN CHAAAAN CHAAAANANANA ;)