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- ¿Tu... también estas aquí?
Kurama se sorprendía cada minuto. ¿Es que acaso los bandidos de ahora eran tan atrevidos y poderosos que lograban vencer a tipos como el para llevarlos a la subasta?
- Velo por ti mismo. He estado aquí seis meses. Para darme un castigo me destrozaron este brazo- Se acarició el brazo derecho, asqueado por la venda hedionda- No es la gran cosa, me recupero rápido. Dicen que tengo potencial para venderme a buen precio.
- ¡¿Cómo puedes decir eso?!
Kurama se exalto. Viendo eso, escuchando eso...Solo le recordaba lo cruel y estúpido que había sido. ¡El, bandidos como Youko, eran los proveedores de ese circo perverso! Gracias a él, tuvieron gente para torturar, vender y matar sin asco. Cuando Youko alcanzó la fama, muchos hicieron lo mismo. Todo lo que estaba pasando fue aporte suyo.
- Yo. Yo fui parte de esto...también vendí a mi especie a este pedazo de infierno.
Su respiración se aceleró y busco apoyo en la pared.
- ¿Estás pasando por un complejo de moral? No hagas eso, es vergonzoso.
- ¿Y qué puedo hacer?
- Ahora, ayuda al Maestro del Jagan. Salva a esta gente y a esa niña.
Kurama subió la cara, todavía bajo los efectos de la culpa y la vergüenza.
- ¿Viste a Yukina?
- Fue mi vecina. Cuando los guardias no la acechaban, me contaba su situación.
Kurama lo examino atentamente. No desconfiaba de él, solo no podía creerlo. ¿Hiei se había hecho amigo de un antiguo contrincante? ¿Realmente era Bui, el único sobreviviente del equipo Toguro, al que veía cara a cara? ¿Ese gigante con gran fuerza y resistencia que logro devolverle el Dragón Oscuro a Hiei? ¿Él también fue capturado? Sonaba imposible.
- ¿Cómo acabaste aquí?- Al preguntar eso, Kurama recordó la actitud de Bui en la única ocasión que le conoció, el Torneo de Artes Marciales Oscuras, y se dio cuenta que hablaba por más tiempo, que no todas sus respuestas eran monosílabos y que su cara rígida de antaño traía una pizca de simpatía.
- Se aprovecharon cuando fui a descansar, luego de entrenar- Resumió la cosa con disgusto- Los bandidos de ahora no tienen honor. Y lo que están haciendo es peor.
- ¿Qué quieres decir?- Kurama uso la manga de la chaqueta para abrir la reja de Bui, aun cubierta por pergaminos.
- Quieren a todos los demonios de renombre aquí. A los bandidos también. Quieren retenerlos para capturarlos.
- ¿Reunir a los demonios poderosos?
- Zorro, escúchame con atención. Ellos quieren al Maestro del Jagan.
- ¿Cómo?
- No solo a él. Quieren al Detective Espiritual, al humano que gano el Torneo, tu otro amigo- Refiriéndose a Kuwuabara- Te quieren a ti, a todos los competidores, sean ganadores o perdedores.
- ¿Para tenernos de prisioneros? Eso es ser muy presuntuoso. Por más hábiles que sean los cazadores no podrán con todos.
- Para mí, es por vanidad. Quieren montar la subasta más memorable de la historia con todos los youkai de fama.
- ¿Y cómo piensan reunir a esos demonios de élite aquí?
- Esa es la cuestión. ¿Porque esa chica estaba aquí?- Bui salió de su cautiverio, estirando los brazos- ¿Valía la pena secuestrar a una korrine en el Ningenkai y romper las nuevas reglas del Makai? ¿Te diste cuenta?
El pelirrojo quedo impresionado de la información que le otorgaba. Ser un rehén tenía sus beneficios, sabía todo del interior.
- ¿Quieren que seamos su próxima mercancía?
- ¿Quien dijo que los tomaran de prisioneros? Quieren usarlos.
- ¿De qué forma?
- He oído cosas.
- ¿Es algún tipo de conspiración?
Kurama analizo la situación con rapidez. Con espanto, entendió lo que estaba pasando. Yusuke, Hiei, el, Kuwuabara, Yukina y su secuestro, los prisioneros de diferente categoría, Gran Apostador, Bui y "Subastas de Jack"...Todo.
- Si lo que dices es cierto...- Kurama por poco se olvida de su alrededor.
- La subasta ya comenzó. Se llevaron a la korrine para el segundo tiempo. Tradicionalmente deben presentarla a última hora. El equipo Urameshi ha agitado las aguas por aquí.
- No, quien haya hecho esto lo organizo todo…El culpable quería que nos presentáramos, nos arrastraron a este lugar para ser parte de su plan. ¡Caímos en su trampa, otra vez!
- Mejor apresúrate- Apremio Bui- Ve con tus compañeros, cuida de él.
- ¿Te refieres a Hiei? A él no lo tendrán. Nadie puede.
- ¿Conoces a Gran Apostador?- A Kurama le tembló el labio inferior y cerro las manos en un puño, gestos suficientes para que el guerrero entendiera que si le conocía y que, como todos, le debía algo- Entonces, sabes que es peligroso. Asegúrate que no se fije en él.
- ¿Gran Apostador planeo todo esto?
- No lo sé- Los prisioneros dieron un grito de guerra, empujándose para salir cuando aparecieron los oficiales- Todavía queda gente en otras habitaciones.
- ¿Hay más?- Kurama sintió amargor en la garganta, apenado.
- Yo me encargare de ellos. Antes de irte, ¿Puedes hacerme un favor?
- Por supuesto.
Kurama dejo sus resentidos pensamientos para mirar a Bui, que era mucho más alto que él. No sabía si confiarle la vida de los rehenes pero tampoco se imaginaba que él como guerrero abandonaría a la gente que sufrió el doble que él. Además, tenía que darse prisa.
- Dile que se lo agradezco.
Kurama parpadeo. De todo lo que se imaginó que iría a decirle esa era su última opción, es más, ni siquiera estaba en su lista de posibilidades.
- Quiero luchar contra el Maestro del Jagan otra vez y enseñarle mis respetos haciéndome más fuerte- Bui nunca fue más expresivo- Hazle saber eso.
- ¿Es por qué él te dejo vivir?
- No. Porque él me dio un motivo.
Kurama quiso preguntarle porque le encargaba aquel mensaje y no se lo decía en persona cuando Bui rompió un panel que develo una salida secreta, ya que la única entrada estaba colmada de muchedumbre.
- Ve por aquí, es una vía rápida al escenario. Los guardias la usan para ahorrar tiempo- explico, instándole a usar la salida- Alcánzalo.
Kurama entro al pasadizo, dudando al principio. Se dio la media vuelta hacia Bui para darle las gracias.
- Vete- Pero el hombre le subió la voz, demandante.
Una vez que la figura del zorro se perdió en la oscuridad más allá de la cárcel, una mueca mal fruncida cruzo por su cara.
- Tú tampoco me agradas. No olvides mi mensaje.
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En el segundo tiempo de la subasta ocurrió lo que Kuwuabara jamás quiso ver; Yukina salió al escenario, entera y real.
Dos guardias la acompañaban, sin mostrar lastima por sus muñecas encadenadas de pesado acero y ofudas pegados a su kimono. A Kuwuabara le indigno horrores verla así. Él grito y ella tembló del pánico al ser expuesta, ridiculizada ante los ojos perversos, antes de oír su voz.
- ¡Kazuma-san!
Desde el palmo especial de Gran Apotador, Yusuke estaba listo para rescatar a la princesa de hielo con Botan, quien ya había hecho aparecer su remo volador. En el piso bajo, el público continuaba examinando a la korrine con ojo crítico.
- ¡Yukina, aguanta! ¡Voy por ti!
Cualquiera supondría que Kuwuabara, después de pasar casi dos horas atrapado dentro de la empalagosa masa que le retenía, no se liberaría por si solo pero el equipo Urameshi ya había visto que Kuwuabara aumentaba su fuerza gracias por ver a Yukina en peligro y esta vez no fue la excepción. En cuestión de medio minuto fue libre de la prisión de goma para ir a por su verdadero amor.
- Interesante- murmuro Gran Apostador, sonriendo ligeramente.
Sin falta, los guardias bajaron para parar a Kuwuabara y él los hizo a un lado a puño limpio.
- ¡Kazuma...!
Kuwuabara vio a la chica y se sorprendió. Alrededor de Yukina chispeaban bolas de energía que la golpearon, aplicándole descargas que la hacían soltar gritos de dolor.
- ¡¿Cómo se atreven a hacerle eso a Yukina, miserables?!
Kuwuabara miro con odio a los guardias, al público, al anfitrión de cabeza gigante, un odio que solo se comparaba con la depravación de todos esos seres juntos. El volvió a ver a Yukina, dándose cuenta que esos raros poderes eran producidos por una larga cuerda que se extendía fuera del escenario. Sus ojos siguieron la cuerda mágica, muy parecida a un látigo hecho puramente de energía, y entre la tribuna encontró nada menos que a Booshi.
- ¿Puedes ver mi Látigo Four/Four?- Saludo arrogante- Pocos pueden, detective humana con sensibilidad espiritual.
- ¡Deja a Yukina en paz! Ya la trajiste aquí y continuas torturándola...- se quejó Kuwuabara, odiando como nunca a ese tipo.
- No la dejare ir hasta que alguien la compre.
- ¡Maldito!
- Creo que ya es hora de entrar en escena- Yusuke chasqueo sus nudillos, a punto de tirarse del balcón.
- ¡Yusuke, espera!- El repentina grito de Botan hizo que se tambaleara peligrosamente.
- ¡Diablos, no me grites tan cerca!
- Eeh- Botan se froto las manos, nerviosa- Lo que pasa es que…- Apunto con su dedo a un lugar del salón- El también está aquí.
Yusuke trago seco.
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