hola! muchas gracias por haber leido este fic y este es el ultimo capitulo, gracias por sus comentarios y porque noto es de su interes este fic y pareja, cabe recalcar que algunos datos no son basados al manga pues no detallan mucho el incendio de la mansión, asi como otros datos, esta narrado desde la triste percepción de nuestro querido Dee,

No hay más palabras que decir
Tampoco historias que contar
Lo que un día a mi llegó
Hoy ya no está
Creo que el amor nunca se va
Tan solo pide libertad
Pero el destino decidió
Una vez mas

Mi corazón aceleró su latir conforme llegaba a Londres, era una sensación de dolor e incertidumbre que perturbaba mis sentidos, un escalofrío que embargaba por entero mi ser, por alguna extraña razón sentía mis ojos arder, no entendía el motivo de aquello nunca había sido susceptible a estas "señales", llegando a la ciudad londinense me dispuse de inmediato buscar un transporte que me llevara lo antes posible a la mansión donde vivía mi amado con su hermosa familia.

-Maldición… Murmuraba con enojo al estar parado fuera de la estación y ver como ningún carruaje podía llevarme, y la desesperación en mi ser crecía al pasar de los segundos, fue cuando vi a un hombre en su caballo, me le acerqué de inmediato.

-Gracias… Le escuchaba decir al hombre con una enorme sonrisa unos minutos después, mientras él guardaba la pequeña bolsa de monedas de oro que le di, seguramente el dinero era demasiado para un caballo, pero en ese momento no me importaba el dinero, solo tenía que llegar a donde mi ser clamaba, me llevé lo necesario de mis maletas el resto las dejé en la estación prometiendo regresar después, galopando con rapidez cruzaba Londres, a pesar de la oscuridad y de lo peligroso que se tornaba mi andar, nada me detendría porque al pasar de los segundos sentía el frio extremo calar mi cuerpo, pequeños copos de nieve comenzaron a caer y cada uno que tocaba mi piel me hacían tiritar acompañado con un recuerdo, recordaba nuestro primer beso en ese día de nieve, cuantas veces habíamos visto juntos ese cielo de invierno, trataba de no llorar pero al final una fuerte opresión invadió mi ser, sentía que un dolor me embargaba, mi respirar errático hizo que detuviera a raya al caballo, trataba de calmarme pero no podía entender que era ese horrible sentir, tal vez si sabía que era pero no podía aceptarlo, mi Vincent no podía morir… el debía estar cálido resguardado del frio en su hogar, abrazando a su hijo por su cumpleaños, maldiciéndome internamente por no llegar a la hora acordada, cuando llegara sentirme estúpido por esta sensación actual, escuchar su burla por pagar de más por un escuálido caballo, que me dedicara esas sonrisas sínicas y burlonas, para terminar en un beso apasionado cuando nadie nos viera… ese era mi deseo mi ferviente deseo… quería pensarlo… quería creerlo… secando mis lágrimas retomé mi camino con mayor agilidad, antes de que el camino se tornará resbaloso por la nieve.

-Vincent… Murmuré sintiendo como su nombre se quedaba en mi garganta cuando llegué frente a su mansión, vi el fuego devorándola una parte con ferocidad y con eso sentí que mi vida parecía consumirse también, bajé de inmediato del caballo, vi a un carruaje alejarse de prisa, contuve mis ganas de seguirlo pero debía entrar y salvarlos, paso a paso la risa de mi amado "lunar" resonaba dolorosamente en mi interior atormentándome, sentía las brasas pasar a mi costado me resguardaba un poco el mantel que tomé de una de las mesas, escuchaba a la vez las voces de los sirvientes tratando de aplacar el fuego, me llamaban diciendo que no siguiera, que era peligroso.

-¿Vincent? Cuestioné con desesperación a los que estaban allí, todos se miraban entre sí porque no sabían como decirme lo que mi ser presentía.

-El amo estaba en la sala de juegos junto a la señora y el niño… Me respondió una sirvienta muy alterada mientras lloraba con desesperación con su mano temblorosa señalaba uno de los pasillos donde ellos se suponían que estaban, me encontraba en una encrucijada el ir a rescatarlos o quedarme allí esperando que el fuego se aplaque que era más vivaz con el pasar de los segundos.

-Señor… Escuché decir a los sirvientes tratando de detener mi paso, pero mi decisión había sido tomada, pasando el obstáculo de mayor intensidad de fuego corría por el pasillo donde las llamas parecían perder fuerza, mi corazón se aceleraba más al acercarme, no temía a mi muerte más podía el dolor de perderlo, él estaba ahí debía salvarlo, y si ya era tarde podía tal vez tener la suerte de compartir el dulce sueño eterno con él.

Tiré la puerta con fuerza mire los dos cuerpos en el suelo boca abajo, las tenues llamas tenían invadido el lugar de un extraño humo negro, me acerqué al primer cuerpo era el de Rachel tocándolo sentía como mi corazón se paralizaba, ella estaba sin vida , a unos pocos pasos estaba el de mi amante, ese que por años en secreto nos amábamos con locura, mis lágrimas comenzaron a rodar de forma tan dolorosa no era por el humo, sentí que mi ser se colapsaba, acercándome lo tomé entre mis brazos no me importaba la sangre de su cuerpo que tristemente lo manchaba, podía notar como sus ojos cerrados tenían lagrimas que aún se sentían cálidas.

-Vincent… Vincent… Lo llamaba amargamente entre frías lagrimas que caían a su rostro, ese rostro que frío y sin vida, ya no me regalaría más sus radiantes sonrisas, sus profundas miradas, lo abracé con fuerza en medio da la agonía de mi ser,

-Eres un idiota… No me dejes… Le gritaba trataba de desahogar en algo ese dolor que me inundaba en la profunda oscuridad, pero lo apretaba más a mi pecho tratando de darle vida, si hubiera podido darle mi vida a cambio sin duda lo haría, pero el maldito deseo no me seria concedido, ¿un beso? Divagué casi al borde de perder la cordura, tal vez con un beso despertaría como en los estúpidos cuentos infantiles, lo besé en sus fríos y amoratados labios, la profunda tristeza me embargó, pues solo entendí algo… Vincent no despertaría más…. Me enfurecí conmigo, con Vincent con el mundo, maldecía al cielo, maldecía a ese Dios que lo abandonó, maldecía el día que lo conocí, porque el dolor era tan intenso que sentía que me ahogaba,

-Perdóname… perdóname… Le decía en medio de la tos que tenía, seguramente el humo ya me estaba afectando pero no me importaba, porque no quería maldecir el día que nos conocimos, si él era la mayor felicidad que el destino me había regalado, ¿Cómo pude pronunciar palabras así? escuché como los empleados entraban y me decían palabras que por ahora no quería entender, mi único lenguaje ahora era del dolor, tomé a Vincent con mis pocas fuerzas y me levanté para salir de allí, vi como otros dos tomaban el cuerpo inerte de la bella Rachel, no sabía si era maldición o bendición que la tormenta de nieve azotará en ese momento que ayudó a aplacar el fuego, caminaba por el pasillo con el frio cuerpo de mi amado, no dejaba de verlo, porque tenía el rostro sufrido, hasta en su último aliento había sentido el pesar, a cada paso los recuerdos me embargaban, ¿Cuántas veces lo había cargado así? Cuando vivía, solía llevarlo así para molestarlo, haciéndolo sentir una damisela… recordaba sus pucheros de fingida molestia, porque al final no se oponía sino que le gustaba cuando lo llevaba así, ahora la penumbra y frialdad nos embargaba a él en la muerte y a mí en vida, miré su mano y llevaba el anillo que le había regalado en nuestro último encuentro, ¿Quién hubiera pensado que era el último?, llorando llegaba a la estancia de la mansión y dolorosamente tuve que cubrirlo con una sábana, no había algo que pudiera hacer… pero…

-¿Ciel? Murmuré por lo bajo al entrar un poco en razón y no ver al niño…

-¿Dónde está Ciel? Les grité a los que estaban allí, un sirviente nervioso se prestaba a decirme algo.

-Se lo llevaron… se lo llevaron… Decía con el rostro lloroso, tal vez todavía podía hacer algo un último favor a mi amo, ya que su perro no pudo cuidarlo y protegerlo como debía, Salí de inmediato montando mi caballo decidí ir a buscarlo, ya que todos dijeron que no estaba en la mansión.

Recorría el camino en medio de una tormentosa noche de nieve, bajo ese frio cielo de invierno que un día hizo revelar un sentimiento, ahora irónicamente me lo apagaba, lo último que sentí fue como mi cuerpo caía por un helado barranco, entre lágrimas cerraba los ojos perdiendo la conciencia veía el bello rostro sonriente de mi Phantomhive desaparecer.

Abría los ojos deseando que lo que mi mente trataba de olvidar había sido una pesadilla, escuchaba murmullos a mi alrededor, mirando lo que me rodeaba y me di cuenta que era un hospital,

-Debe agradecer el estar vivo, se golpeó muy fuerte la cabeza… y casi muere congelado. Me decía un médico revisándome los ojos con una luz.

-Lo mejor era que me hubieran dejado morir… Murmuré con profunda tristeza recostándome de costado le daba la espalda al médico que sin decir más me dejaba.

Sentí que no podía quedarme allí, tomé mi ropa y me alejaba del hospital con lentitud, debía buscar a Ciel, en mi mal estado hice llamadas, contacté con personas pero nadie me daba indicio del primogénito de mi amado, tal vez trataba de opacar el dolor que sentía con esta búsqueda, o para limpiar mi culpa, no lo sabía con claridad, solo tenía algo por seguro era que solo de pensar en Vincent un intenso sufrimiento me embargaba con mayor fuerza.

A la mañana siguiente fue su entierro, antes de que se sepultaran su cuerpo me disponía a solas a verlo por última vez en una capilla, sabía que la vida es efímera, que todas los seres humanos morimos, pero ¿Por qué debía la muerte arrebatármelo tan de repente? Me sentía celoso de que aun en su última morada Rachel era quien lo acompañara, era enfermizo pero era algo que no podía evitar sentir, acaricié por última vez su lunar que graciosamente estaba bajo su ojo, sus labios fríos fueron acariciados por mis dedos.

-Te amo… Vincent… te amo tanto… Murmuré a su cuerpo inerte apretando mis puños pues en vida no se lo dije así, tal vez se lo mostraba pero mis labios nunca se lo pronunciaron, ¿Por qué callé esa vez cuando sentía que debía decirle? Recordaba cuando entregué ese anillo, mientras mis labios acariciaban su cuello humedecido de sudor, mordí mis labios para no pronunciar esas palabras de amor, ahora me arrepentía de no haberlo hecho.

-Perdóname por no haberlo dicho antes… donde estés espero me hayas escuchado… Le decía con el corazón destrozado mis lágrimas evidenciaban mi infinita tristeza y dolor, cerrando los ojos como despedida le regalaba un último beso en sus fríos labios que no besaría más, sellando con ese beso mi promesa de amarlo por siempre aun cuando no esté presente, minutos después veía la tierra sepultar a Vincent, sepultando con él mi frío corazón, la nieve comenzó a caer reconfortándome de hermosos recuerdos del pasado, sin notarlo mis labios sonrieron con sinceridad, me di cuenta de la felicidad que había vivido en los años con mi amado Phantomhive, ahora me resignaba de vivir en esos recuerdos.

No ha sido fácil aceptar
Que tú ya no regresaras
Como me duele recordar
Que ya no estas

Al poco tiempo de sentir
Que eras todo para mi
Y yo no puedo mencionar tu nombre
Y saber que estoy aquí
Yo sin tu amor

Han pasado pocos años desde ese día, los años me han parecido eternos sin Vincent a mi lado, me he refugiado en mi soledad quedándome definitivamente en Alemania, en ocasiones parece que podría olvidarlo, cierro los ojos tratando de recordarlo pero la memoria es frágil, soy un humano por mucho que quiera retener detalles de su presencia el tiempo me está haciendo olvidar como se sentía tocar su piel, besar sus labios, percibir su aroma… En sueños solamente me queda percibirlo con mayor claridad tanta es mi alegría de tener un sueño que rememoraba nuestro romance que al levantarme solo siento como mis ojos todavía lloran su ausencia, si antes era frio ahora me he congelado, suelo pensar con frecuencia si esto fue un castigo del cielo, no era correcto lo que hacíamos, por mucho que nos amaramos, era prohibido no por el hecho de que seamos hombres era por el simple motivo que él tenía una familia, yo estaba interponiéndome tal vez al creador no le agradaba eso, si no pudimos separarnos por las buenas por las malas teníamos que hacerlo, sin embargo hay algo que me mantiene en pie, es ese niño el primogénito de mi Phantomhive, quien a veces me llama para consultar algo, aunque estoy consciente que no le soy de gran ayuda, porque tiene a su lado un leal perro que le sigue, he escuchado rumores que es eficiente en lo que hace, no permite que nada le pase a su amo, me alegra al menos saber que el si tiene un perro que lo cuide con excelencia, no como yo con su padre… pero aun así mantengo la esperanza de que surja la oportunidad de que pueda ayudarle en algún momento de apuro así tal vez libre mi alma de esta pesada carga…

-Buenos días… ¿Usted es? Dije tratando de recordar su nombre cuando entraba ese hombre de traje negro a mi despacho, sabía que lo conocía pero no lo recordaba por ahora.

-Soy Sebastian Michaelis, mayordomo de Ciel… Se presentaba ese misterioso hombre con una reverencia y una galante sonrisa.

-Phantomhive… completé su frase, pronunciando de mis labios aquel apellido que significaba tanto en mi vida.

-Si ya lo reconozco… Dije aclarando quien era ese que estaba frente a mí, aunque no entendía el claro objetivo de su repentina visita, solo lo había visto años atrás en un par de ocasiones a lo lejos nunca lo había tenido tan cerca, y algo de su rasgos se me hacían familiares por alguna extraña razón.

-Disculpe mi inesperada visita, Me decía intuyendo mi incertidumbre por la visita.

-No hay problema, es la primera vez que nos vemos formalmente. Respondí con algo de expectativa ya que desde hace 5 años desde la muerte de Vincent no tenía vida social y las visitas eran pocas o nulas.

-¿Formalmente? Cuestionó el con duda y lo invité a sentarse con un ademan con la mano para seguir la conversación.

-Si… recuerdo haberlo visto en la puerta de la ceremonia cuando le otorgaron el título de conde a Ciel. Contesté sirviéndole un poco de té, él me sonrió asintiendo con la cabeza.

-¿Estuvo ahí ese día?… No recuerdo que se haya acercado a saludarlo. Me dijo con algo de recelo.

-Estaba de incognito… Aclaré desviando la mirada, no es que no hubiera querido saludarlo solo no me atrevía a hacerlo, solo quería comprobar en el jovencito en que se había convertido.

-Pero ¿A que debo el honor de la visita? Debe ser importante para que haya venido desde Inglaterra a Alemania. Traté de cambiar de tema, y lo miraba al mayordomo.

-El joven amo lo ordenó y yo solo obedezco… Vine a entregar esto. Aclaraba sacando de entre su chaleco unas cartas y me las daba en la mano.

-Le pertenecen ¿Verdad? Cuestionó con una sonrisa algo traviesa y al reconocer esos sobres supe de qué se trataba, palidecí al darme cuenta de que era.

-Esto… Titubee nervioso al tomar entre mis manos esas cartas algo amarillentas, y la vergüenza se apoderó de mí, agachando la cabeza.

-Fue sencillo para el amo descifrar el código. Dijo con una sonrisita jactanciosa el mayordomo, pues las cartas que nos enviábamos tenían un código que solo supuestamente entenderíamos los dos.

-Yo… Musité viendo cuatro de esas cartas en mi mente recordaba claramente cuando yo se las había enviado, él las había guardado aun cuando le ordené quemarlas cuando las leyera.

-Fue un poco impactante para mi amo enterarse de algo así… pero con los días asimiló la idea. Le escuché decir al ver cómo me había quedado sin palabras pues en esas líneas yo le expresaba de forma sutil mi sentir sin ser explicito pero quien las entendiera podía notar el amor que le mostraba a través de mis palabras.

-Se supone que el quemaba las cartas… Murmuré con frustración y vergüenza, enojado en parte con el que amaba y que ya no estaba presente para reclamarle.

-Los Phantomhives saben mentir muy bien ¿Lo sabe? Dijo con una sonrisa burlona teniendo certeza en sus palabras, que eran del todo ciertas.

-Vincent… idiota… Susurré tratando de apaciguar mi enojo, escuché al mayordomo sonreír divertido.

-Seguramente Ciel me odia… Murmuré con un suspiro pensando en ese jovencito que tenía unos 15 años que en Londres seguramente me maldecía a la distancia.

-No lo sé… el mandó a preguntar un par de cosas… Sea sincero por favor. Aclaraba el mayordomo con seriedad.

-¿Cuánto tiempo estuvieron juntos? Cuestionó sin inmutarse, la pregunta directa que me hizo poner nervioso, no sabía si responder con una mentira o la triste verdad para ese jovencito.

-Desde el instituto hasta que él vivió… Seguramente con esta respuesta me odiará más. Repliqué con resignación pero opté por el camino de la sinceridad.

-Ya veo… ¿El predecesor de mi amo estaba enamorado de su esposa? Cuestionó otra vez con seriedad.

-Si… la amaba… Respondí con la mirada agachada.

-Mi amo se deprimió un poco pensando que había nacido en una relación sin amor. Claro que nunca me admitió este sentir, pero lo deduje. Le escuché hablar al mayordomo de cierto modo no sentí una mirada acusatoria o juzgándome, y sentía que podía desahogarme un poco todo lo que tantos años había callado.

-Él la amaba… que no tenga duda de eso, así como él lo amó, era la luz de sus ojos. Le dije ansioso para aclarar la duda de ese jovencito, no quería que pensará mal de su padre, pues aunque nunca entendí eso de que nos amaba a ambos, él fue concebido con amor, lo sabía muy bien.

-Bien…entiendo… ¿Y a usted? Me dijo al ver mi ansiedad.

-Yo… ¿Qué? No entendía su pregunta.

-¿el conde lo amaba…? Me preguntó sin titubear, me quedé pensativo por unos segundos.

-Supongo que si… Respondí con algo de duda pues nadie me lo había preguntado y ahora que me enfrentaban con ese cuestionamiento no sabía que responder.

-¿Por qué lo duda? Preguntó el mayordomo con una pequeña sonrisa.

-Usted lo ha dicho… los Phantomhive saben mentir muy bien. Murmuré con una fría sonrisa.

-Y usted… ¿Lo amaba? Escuchaba la pregunta del mayordomo que hizo remover todo mi ser, que mis ojos comenzaron a arder, la respuesta de mi ser era obvia y no podía ocultarla.

-Con todo mi ser, con el alma… Dije con melancolía y tristeza al no tenerlo más a mi lado.

-Discúlpeme… Murmuraba el hombre de traje con una reverencia al ver como esa pregunta me había afectado.

-Está bien… Susurré desviando la mirada y los dos nos quedamos en silencio.

-Debo admitir que admiro en parte su valentía, no cualquiera comparte a quien ama como lo hizo usted. Yo no lo haría… Hablaba ese misterioso hombre tratando de animarme.

-¿Admirable? ¿Valentía? Yo diría todo lo contrario… Viví a su sombra, de lo que podría darme sin quejarme solo por tenerlo a mi lado, pero no me arrepiento por eso. Dije con algo de sarcasmo al principio pero terminando de decir con firmeza.

- esto es para usted también. Me dijo y me entregaba una hoja doblada yo la tomé y vi mi nombre en la parte visible.

-Léala cuando me haya ido… con esa carta mi amo comprendió que no le guarda rencor, si eso le preocupa, además el entiende muy bien que a veces es inevitable no enamorarse con locura de su perro. Escuchaba decir con una sonrisa al mayordomo sorprendido trataba de entender lo último que dijo.

-Usted y … Murmuré con sorpresa al pensar en una relación amorosa entre el primogénito de mi Vincent y ese hombre misterioso.

-Manténgalo en secreto, por favor. Susurró con una pícara sonrisa el mayordomo.

-Es inevitable no amar a un Phantomhive… ¿Verdad? Dije unos segundos saliendo de mi asombro.

-usted lo ha dicho… por eso no lo culpo… lo único que nos diferencia es que yo no lo compartiré con nadie. Me dijo con una sonrisa sarcástica que debería haberme molestado pero no, en cambio asentía con la cabeza dando razón a lo último que dijo.

-Me parece bien… Ciel es afortunado… cuídelo mucho. Le dije con una pequeña sonrisa nostálgica, nos despedimos y él se marchó de inmediato, y les deseaba lo mejor a los dos, sobre todo a Ciel que él pudiera mantener su idílico amor con firmeza, deseaba su felicidad, quedándome a solas me dispuse a leer esa carta que no me había llegado antes tenía fecha de diciembre 1985 seguramente escrita por el antes de morir.

Querido Dee:

Me ha embargado un extraño sentir en estos días, tanto así que escribo para decirte esto… Te amo como no tienes idea, con todo mi corazón… Sé bien que no te gusta que escriba esto pero esta angustia aumenta al pasar de las horas, no sé qué pasara en mi futuro, pero quiero asegurarte que mi pasado y mi presente ha sido feliz porque has estado conmigo siempre, lamento las veces que tuve que hacerte a un lado… sé que aunque nunca me lo decías cuanto te herían mis desplantes que nunca fueron a propósito, de todas formas quiero pedirte perdón por tener que soportar esta relación que de forma egoísta tuvimos, siempre serás mi primer amor y no lo olvides, espero poder decirte esto en persona, te amo y muchas gracias por permitirme compartir parte de nuestras vidas juntos...

Siempre tuyo...

Tu amigo y amante devoto Vincent P.

No pude evitar derramar unas lágrimas al terminar de leer estas líneas era como si pudiera escucharlo de nuevo, verlo hablando con esa radiante sonrisa y un pequeño sonrojo en sus mejillas como era normal cuando hacía estas declaraciones, ahora entendía por qué el cuestionamiento del mayordomo cuando dijo ¿Por qué lo duda?... Cuando creí que podía estar olvidándolo, su recuerdo golpeó mi corazón de repente llenándolo de nuevo con una hermosa calidez, y con eso me bastaba por ahora para seguir en mi solitaria y apagada vida...

Abriendo la ventana de mi despacho el frio de una brisa me acompaña, en este momento de tristeza mezclada de alegría, los minúsculos copos de nieve llenan el ambiente, aprieto fuerte a mi pecho esa inesperada carta, mirando el cielo de invierno solo puedo susurrar lo siguiente, esperando que ese a quien amo lo escuche…

Te amo Vincent Phantomhive...

gracias a ti por amarme y permitir amarte… no tengo nada que perdonarte…

muchas gracias de nuevo por darle una oportunidad a este fic, espero sinceramente haya sido de su agrado, debo admitir que me puso triste y llorona este capitulo, es triste perder a alguien espero les agrade

Nos leemos pronto en mis próximos fic de kuro, les agradecería comentarios y más si lo comparten con otros

besos :*