Disclaimer: los personajes que menciono de Rouroni Kenshin no me pertenecen sino a Nobuhiro Watsuki, este fic fue escrito por diversión, así que no me demanden.
Gracias por sus comentarios a Prinsesa, Foko, Lunascorpio y Stela.
Nos seguimos leyendo.
Kitsune
IX
Para Tsunan, sigue siendo un misterio el cómo terminó Sano resfriado. Lo único que sabe es que hay algo y él no forma parte de eso, lo cual le incomoda profundamente. No es que no tenga secretos para su amigo, pero esto le inquieta. De camino al trabajo recuerda lo sucedido horas atrás, Sano volvió a casa, Megumi tuvo que llamar porque Sano estaba dormido y necesitaba subirlo a su habitación. Para colmo de males estaba empapado, tiritando y con fiebre. Él se apresuró a ir por una muda y toallas en lo que despertaba.
Observó a la señorita Takani, pero ella no dijo nada, cuando ella fue a su casa por un té que supuestamente hacía milagros con los resfríos desde los tiempos de su tataraabuela, el dibujante se acercó a su amigo. Ese sueño no tenía nada de natural, Sano podía ser flojo, pero no dormía de esa manera, no olía a vino y jamás lo había visto en ese estado. Algo pasaba, pero no acababa de descifrar que.
Cuando Megumi regresó, automáticamente buscó su pulso y midió su temperatura, Tsunan observó, solo reaccionó cuando le pidieron que trajera paños fríos. Se hacía tarde, él debía ir al trabajo, su vecina dijo que ella se haría cargo, que se fuera, que no se preocupara, que ella tenía unos días libres antes de empezar sus grabaciones. Se marchó de casa con la cabeza preocupada, llegó al trabajo de manera mecánica e hizo caso omiso a los comentarios de los periódicos de la mañana, que oscilaban entre noticias del reactor nuclear de F., listas de desaparecidos y la nota de un empresario que había perdido una de sus casas de campo en un incendio.
El día transcurría como cualquier otro. Cuando regresó a casa se encontró que su amigo estaba dormido. La señorita Takani comentó que había despertado un rato, la fiebre había cedido, pero estaba experimentando los efectos de la medicina. Y le dejó unas tarjetas mencionándole que cuando su amigo despertara le explicaría todo, que el gerente de Il leone di Damasco estaba al tanto de todo, que no habría problemas. Dicho esto se retiró a su casa, se veía realmente cansada.
Tsunan observó las tarjetas. Akabeko era el nombre de un restaurante tradicional por el que pasaba de vez en cuando, del Aoyia, sabía que era una posada estilo tradicional que frecuentemente mencionaban en las guías de Kioto, famosa por su estilo arquitectónico y atracciones, con un restaurante alabado a nivel internacional y del Dr. Genzar , bueno, a decir verdad jamás había oído de él en su vida.
Dejó sus cosas con cuidado. Se dirigió a la cocina donde encontró la cena preparada. Comida casera, que parecía tener buen aspecto, sin preguntarse más comió tratando de imaginarse que había sucedido con esos dos e imaginando escenarios que terminaran con su amigo resfriado. Al final el último plato estaba tan inspirado que por un momento dejó de lado sus dudas.
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Misao llegó corriendo del colegio. Tenía tareas que hacer, pero no tenía noticias de Aoshi desde que había regresado de su misión. Lo único que sabía por Okon y Omasu era que todo había salido bien. Aun así ella seguía en fase de hasta no ver no creer. Se movió rápida y lentamente, sus pasos casi no se sentían, procuró pensar en el examen donde Jiya la había hecho caminar en hojas papel de arroz hasta que se moviera sin hacer ruido ni dejar huella de su paso sobre las hojas. Se dirigía a la habitación que habían acondicionado para uso exclusivo de Aoshi.
Escuchó atentamente. No había nadie, no se escuchaba más que los ruidos de la posada, las cocinas, a Jiya atendiendo a unos clientes. Esperó un momento y se deslizó en la habitación. El sitio la decepcionó. No había más huellas de que alguien ocupara esas habitaciones, que las prendas de vestir, que podían haber sido de cualquier otro - un par de libros sobre el estudio comparativo de las variedades del té en Japón, China e India y una tetera con sus vasos. Se acercó al escritorio y encontró un rollo. Observa con cuidado. Parece un documento antiguo, lo abre con mucho cuidado, se despliega ante ella una pintura de un ciruelo en flor acompañado de un poema.
Más que el color,
Me prenda la fragancia
En esas mangas
Que he rozado al pasar
El ciruelo de casa.
Misao recuerda sus clases de literatura, pero no recuerda de dónde, porque no suele prestarle mucha atención a cada poema que analizan en clase. Se lleva su mano para recoger un mechón para apreciar el dibujo, puede que no sepa mucho de arte y tampoco le interese mucho, pero esa pintura parece antigua y los trazos del poema parecen antiguos y bellos.
- ¿qué haces aquí Misao? – dice una voz rompiendo el encanto
- ¡Aoshi sama! – dice enrojeciendo
- veo que Okina te ha entrenado bastante bien – dice fríamente
- yo…
- Okon te busca
Misao sale haciendo una inclinación a toda prisa del lugar. Aoshi se acerca al rollo, lo observa con indiferencia, es parte de otra misión, un cliente quería ese rollo. Tan pronto escucha que los pasos de Misao se pierden en las escaleras, se acerca al escritorio, activa un botón oculto en el cajón y verifica que todo está en orden. Después revisa con cuidado la habitación. Se dice que debe ser más cuidadoso, no sea que la pequeña Misao descubra en estos días algo que no debe.
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Himura se afana en la cocina. El día de hoy no vino la señorita Kamiya, Misao pasó corriendo por un pedido de una de sus tías. Trabaja en silencio, concentrado en el montaje de los últimos postres del día. Seijuro Hiko anunció que Sano estará ausente dos días más, resfriado, que no quiere problemas con los clientes y menos con sanidad. Los demás chicos se reparten a los clientes y tratan de lidiar con las que estás decepcionada por la ausencia de Sano. Tiene algunas postales y cartas de sus más fieles admiradoras, pero nadie quiere llevarlas por temor al contagio, porque tienen otras actividades o bien por indiferencia, al final él se ofrece.
Es de los últimos en salir , Hijo dice que tiene un pedido especial para una fiesta de compromiso, el pastel de una boda y una fiesta de cumpleaños, aparte de las responsabilidades habituales, que reconsidere lo de Sagara, porque no lo quiere enfermo. Pero Himura insiste, Hiko le dice que recuerde a Sagara que tiene un trabajo, que no puede ausentarse tanto, que muchos clientes han preguntado por él y corren rumores en línea que solo él podrá resolver.
El pelirrojo se aleja, con la dirección en mano y una bolsa de regalos de las fans del resfriado en la otra. Pasa a una tienda 24 horas que está cerca del departamento donde vive Sagara. Cuando llega a la puerta se encuentra con un hombre de aspecto de oficinista espera en la puerta. Le pregunta si ha visto en estos días a la señorita Takani, él sonríe y dice que no conoce a esa señorita, que viene a visitar a un enfermo, el hombre de traje se aleja y entra a su automóvil.
Toca el interfon, el compañero de Sanosuke baja a abrirle la puerta. Se internan en el obscuro pasillo mientras el hombre que estaba hace un rato habla por teléfono y hace gestos exagerados antes de encender y alejarse del lugar. Al llegar al departamento es un caos. Hay periódicos apilados en un lado, huele a tinta, a polvo y a té. Sano está en su habitación, hay tarea de la universidad y la tarea no se hace sola estando enfermo.
Himura le da los regalos de las fans y en un impulso mal disimulado empieza a poner en orden a la habitación. Es probable que con los años y la ausencia de Tomoe haya desarrollado un trastorno obsesivo compulsivo, le obsesiona con la limpieza, así que ignorando a los dos chicos termina poniendo en orden el lugar para preocupación, mas de Tsunan que de Sano.
Media hora más tarde suena la puerta. Una chica que en un principio Himura toma como alguna hermana o prima de los chicos, pero hay algo en ella que le resulta familiar, no sabe bien que, tal vez sea, ese aire. Bromea cuando ve que sala y cocina en orden, sonríe cuando le presentan a Himura, ella es la señorita Takani , de pronto se acuerda del hombre de hace rato, lo comenta, ella palidece espantosamente.
Sano se incorpora, Tsunan va por algo a la cocina, la chica toma asiento y deja las bolsas del Akabeko al lado de ella. Bastan unos minutos para que Himura se ponga al tanto de la historia de antiguo jefe de la señorita Takani. Tsunan es de la opción de que inmediatamente llamen a la policía, pero Sano no parece muy convencido, menciona algo de una nariz rota, la señorita Takani se lleva las manos a la cara. Himura observa, guarda silencio.
La señorita Takani dice que es tarde, que si esto va a continuar ella debe hacer unas llamadas, Himura la secunda, die que el también debe irse, que la acompañará aunque sea solo al pasillo. Tsunan asiente, le agradece lo que ha hecho, Sano parece preocupado, pero dice que en unos días estará de vuelta en el café. Al cerrarse la puerta del los chicos, él espera a que la señorita Takani entre a su departamento.
Baja tranquilamente las escaleras, los rasgos de la chica le parecen familiares, pero no logra recordar por qué. No es sino hasta que llega a su casa y llega a la sala de su departamento que recuerda donde la ha visto antes. Ella había competido con Tomoe por ser el rostro de una firma de cosméticos extranjera, que Tomoe había ganado. Se dijo que la vida estaba llena de sorpresas, la verdad es que no ponía atención en vida y obra de otras actrices que no hubieran sido Tomoe, pero no se imaginaba como había ido a parar la señorita Takani en un lugar como ese.
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Que ni su amigo, ni su vecina vean los bocetos de esa parte del proyecto, piensa Tsunan mientras dibuja los bocetos de la siguiente parte de su proyecto. Si los viera, seguramente le harían pasar un muy mal rato. Por ese motivo continúa su labor cuando escucha a su amigo roncando.
En su historia, el protagonista cae víctima de los hechizos de la esposa de su maestro. El sabe más que ella es tan bella que sembraría sangre a su paso, pero no sabe la otra parte de la maldición. El protagonista provienen de un clan de guerreros que descienden de un dragón marino, el no sabe que en su nacimiento, predijeron que su perdición vendría del agua salada, por ese motivo había elegido desposarse con el mas diestro espadachín de las montañas Contrario a lo establecido han empezado una serie de encuentros fortuitos que han llevado a la esposa de su maestro a serle infiel. La esposa se ha enamorado locamente del joven aprendiz y cada que pueden se reúnen en secreto para disfrutar de su amor.
Entonces sobreviene la desgracia.
Un mensajero llega con noticias de que tan pronto el discípulo termine su entrenamiento debe regresar a casa. Su padre ha decidido hacer una alianza y casarlo con la hija de un clan poderoso, para asegurar la alianza. Que de ser necesario, la boda se celebrará sin su presencia, pues los tiempos cambian y necesitan del otro clan. Y no solo eso. El más terrible enemigo de su maestro regresa a retarlo. Valiéndose de las artimañas de un monje renegado, utiliza la sangre de un demonio para envenenar su arma, armado de un pequeño ejército asedia el lugar, asesina de forma poco honrosa a su querido maestro, para internarse en la casa, raptara su viuda y quemar la residencia hasta los cimientos. El héroe sobrevive por poco de la batalla y queda en la disyuntiva de regresar con su clan, asegurar la alianza y cumplir con su deber con los suyos o vengar la muerte de su maestro, rescatar al amor de su vida y sumergirse con ella en un destino de sangre y tinieblas.
Tsunan termina de pintar la última escena emocionado. Pero que ni Sano ni la señorita Takani llegue a enterarse. Si llegaran a ver una sola de las imágenes que ha dibujado, Tsunan teme sinceramente por lo que puedan sucederle a sus dedos.
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Misao descansa en las sombras del tejado del Aoyia. Se siente profundamente avergonzada, no era su intención que Aosi sama la atrapara fisgando en su habitación. Ella solo quería saber si estaba bien, no entrometerse en su vida. Sabe que abajo su familia le estará buscando como desesperados, pero en esos momentos lo único que quiere es desaparecer.
- Misa, no bajaste a cenar
- No tengo hambre – guardo silencio mientras una nube se deslizaba en el cielo - Me siento una tonta Hannya, Aoshi-sama pensó que estaba buscando en sus cosas, pero yo solo quería saber si habían regresado bien de la misión
- Pero eso ya lo sabías
- Quería que me dijera que estaban bien
- pudiste enviar un mensaje
- no es lo mismo
- Hannya
- ¿sí?
- ¿creer que me perdone?
- No creo que le importe mucho – dijo guardando silencio - vamos… antes de que a tu abuelo se le ocurra hablarle a la policía
- ¡No se atrevería!
- ¡claro que sí!, ¡eres su adorada nieta!
- ¿cómo supiste que estaba aquí Hannya?
- Es donde siempre te escondías cuando te enojabas con Jiya en los primeros días
Misao siguió a Hannya hasta las escaleras. Cuando se fue Aoshi se deslizó hasta el sitio donde había estado la chica de la trenza. Observó la nube que se alejaba. Agradeció que Hannya no lo hubiera delatado ante Misao. Tan pronto había desaparecido Hannya se había movido como si supiera exactamente donde se encontraba y él no se había equivocado al seguirlo. El hombre de los mil rostros la había encontrado donde nadie más había pensado que estaría.
Bien podría creer en las palabras de la chiquilla, aunque también podría interpretarlo como que Okina no se fiaba de su persona. ¿Pero enviar a su nieta no era demasiado?, si, era notable que sus habilidades habían mejorado, pero aún tenía mucho que aprender.
Tal vez había llegado el tiempo de que la lista de que pusiera en marcha el plan del abuelo de Misao. La nube se alejó en el horizonte, la luna lucía como un tenue aro de plata, la ciudad y sus luces se agitaban a lo largo y ancho del horizonte.
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En su departamento Megumi se removía en el futón. De nuevo era esa pesadilla. Estaba en la suite de ese famoso hotel. Ahí estaba ese antiguo candelabro, la copia de un cuadro de un paisaje europeo estaba frente a ellos y esa envidiable vista de la ciudad apenas si se descubría tras las cortinas del balcón. Se suponía que nadie sabía que estaban ahí.
Ella dormía, los labios de su amante la despertaron cuando besaban su cuello. Ella sonrió y se volvió, le decía que ya era suficiente por esa noche, pero él insistía. Ella se dejaba llevar por sus palabras, se dejaban llevar como en un juego, entonces la habitación se abría y entraba con paso seguro una persona de tacones. Era la esposa en turno, que los reconocía, tenía el impulso de darle una cachetada, Makoto lo impedía, discutían mientras ella trataba de ocultar su desnudez en vano, la esposa amenazaba, alterada sacaba su teléfono y tomaba el ascensor. Su amante le ordenaban que se visitera, porque las cosas acababan de complicarse. Mientras él hacía unas llamadas, minutos más tarde escuchaban el sonido inconfundible de unas llantas derrapar y un choque.
Megumi despertó. Las cinco de la madrugada, al lado estaba el libreto que estaba repasando horas antes. Se enjugó el rostro. Era su culpa, no comprendía porque solo ella seguía cargando esa y historia, mientras él seguía como si nada.
Comentarios, críticas y sugerencias serán bien recibidos.
