Capítulo 8:

Sarah no conseguía zafarse y cada vez tenia menos fuerza, la niebla volvía a gritar su nombre, pero ahora decía algo distinto:

- ¡Sarah! ¡Sarah! ¡Vuelve conmigo! -Sarah se sorprendió antes de desmayarse.

Cuando Jareth vio que Sarah dejaba de respirar, se soltó de los brazos del gigante de hierro para ir a salvarla y antes de que pudiera dar un paso, el gigante de hierro atacó. Jareth notó un dolor agudo que le desgarraba, le había cortado un brazo.

Jareth, aunque gritando de dolor, llegó hasta Sarah y se unió a la niebla, intentando liberarla de su opresión. Intentaba comunicarse con la niebla negra para que la soltara, entonces escuchó algo que salía de ella:

-¡Eres parte de mi igual que yo lo soy de ti! ¡Somos un único ser! -dijo la niebla mientras se reía a carcajadas.

-¡Nooooooooooo! -dijo él.

Entonces ejerció presión en la conexión que tenia con la niebla y empezó a debilitar el control que ejercía, ésta, sobre Sarah, hasta que ella cayó al suelo y empezó a recuperar la consciencia. Cuando despertó del todo, vio a Jareth luchando por contener la niebla de tal forma que parecía una lucha de titanes, no podía quedarse de brazos cruzados, sacó esa esfera mágica y concentró su pensamiento en la niebla.

Jareth se estaba quedando sin fuerzas, dado que con la perdida del brazo había perdido mucha sangre, la niebla por su parte se jactaba de su situación:

-Jajá acabaras debilitándote y yo ocuparé tu lugar -dijo la niebla.

Entonces la niebla cogió a Jareth por la cabeza y lo echó para atrás, estaba apunto de matarle, cuando, de pronto, un rayo blanco le cegó y Jareth se deshizo de su agarre. Se fue junto a Sarah.

Entonces los dos aunaron fuerzas, agarraron la esfera los dos a la vez y aumentaron su poder al máximo. Sarah no podía entender que pudiera hacerla funcionar, pero siguió adelante. La esfera irradió una luz tan potente que empezó a disipar la niebla hasta que se disipó del todo, Sarah y Jareth no se lo podían creer, al fin la niebla negra había desaparecido y ahora podrían romper el hechizo que había caído sobre el laberinto. Sarah, llorando, se fue corriendo hasta Jareth y le examinó el brazo.

-No te preocupes, sólo es un brazo, preferiría perder mil brazos antes de que tu murieras -dijo Jareth con mirada noble y cariñosa.

-¡Pero ha sido culpa mía! -dijo Sarah sin poder contenerse.

Jareth se acercó a ella y le secó las lágrimas, entonces hizo el gesto de besarla. Pero no tuvieron tiempo de hacer ningún movimiento porqué los sirvientes de Jareth empezaban a despertarse.

Sarah estaba sorprendida de ver que aquellos pequeños goblins habían despertado. ¿Eso quería decir que sus amigos habían despertado también? ¿Y que había pasado con la niebla?

Después de la sorpresa inicial se dio cuenta que casi podía tocar la cara del Rey goblin con la suya y, muy ruborizada, se apartó de él momentos antes de que el sirviente les alcanzara.

-¡Oh Majestad, está bien, temíamos que usted también hubiera quedado petrificado! -dijo el sirviente goblin, con pasión.

Entonces se fijaron que su rey había perdido el brazo.

-¡¿Majestad, que le ha sucedido?! -dijeron los sirvientes en shock.

-Nuestras defensas me han atacado y este es el resultado, la niebla ha llegado hasta nuestras puertas -dijo él tembloroso pero firme.

Había perdido mucha sangre y aunque quería aparentar fortaleza, se veía cada vez más débil. Los sirvientes se apresuraron en atender a su Rey y a evitar que perdiera más sangre. Sarah respiró mas tranquila al verlo recobrar el color.

- ¡Sirviente, preparad todo para hacer el gran ritual de desencantamiento, no tenemos tiempo que perder! - dijo Jareth autoritario.

- ¡Sí señor! -dijo el goblin sirviente mientras corría a toda prisa.

Sarah se extrañó tras la conversación que había tenido Jareth con el sirviente.

- ¿Porqué tenemos que hacer un ritual ahora, si toda la gente se esta despertando? -dijo ella confusa.

- Puede que haya goblins que ya se estén despertando, pero otros no lo harán jamás si no limpiamos toda la magia esparcida por el laberinto -dijo Jareth.

-¿Y que tenemos que hacer entonces? -dijo ella expectante.

- Tenemos que celebrar una ceremonia tal y como se hacia hace mucho tiempo, hay que celebrar un gran baile utilizando la música de los antiguos goblins, que rezuma poder mágico, hay que crear un círculo de velas alrededor de un altar y leer un libro de hechizos muy antiguo con el que yo invoqué aquel extraño hechizo. Estos son los pasos que tenemos que seguir para preparar el ritual, es importante que lo hagamos lo mas rápido posible… -dijo él.

-¿Porqué? -dijo ella curiosa.

-Los efectos de este tipo de magia pueden ser permanentes y si no nos damos prisa… -dijo él preocupado.

Sarah ahogó un grito. Eso era muy peligroso y si no se daban prisa todo el laberinto quedaría encantado para siempre.

Entonces Jareth le acercó la mano y le dijo que si quería ser su ayudante y presidir el baile con él.

-¿Pero tu brazo...? -dijo ella preocupada.

-Sólo me hace falta un brazo para hacer esto -después de decir eso la cogió de la cintura y le repitió la pregunta.

Sarah, algo sorprendida y ruborizada, le dijo que sí y entonces entraron al castillo del Rey goblin.

Sarah estaba nerviosa y pensaba si este seria por fin el final.