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Bueno. Sobre el título... Ni idea. Más que capítulos están resultando ser
como partes...

Sugerencias se permiten de tooodo tipo.
Coloqué el de un soundtrack de la película.

Es difícil poner de protagonista a Haruki; supuestamente
este en la historia es hiper romántico en extremos ...

Lo siento por el drama. Yo también estoy un poco agobiada por
ello... Respeto el guión más o menos de la película y esto tocaba.

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Hindi Sad Diamonds

Haruki revisaba mientras se encontraba sentada en su cama, una foto familiar que trajo consigo del viaje. Aún se encontraba mal por lo que ocurría, pero también confusa. En cuanto menos se lo esperó alguien llamó a la puerta.

Dejó aquella foto sobre la cama. Entonces se acercó y después de unos segundos tratando de averiguar quien era, aún con la absurda idea de Isuke, abrió. Sólo pudo sorprenderse por acertar y mirarla a la vez que sorprendida, preocupada, sosteniendo el manillar con una mano, podía ver como la pelirrosa había llorado anteriormente; Sus ojos estaban rojos y mejillas húmedas. Pasó sin más y la abrazó para entonces romper en llanto. Haruki no podía entender nada ¿Y si la engañaron y realmente ella no estuvo con el Duque? Pero lo importante... ¿Hicieron mal a Isuke?

— ¿Isuke-sama?—

A pesar de que había una gran posibilidad de que Gorguo tuviera razón o no, quien sabe, le intranquilizaba lo que pasaba con ella. Ahora entonces así misma se llamó idiota al recordar algo... ''De lo que te digan no te creas nada y de lo que veas la mitad''.

Sólo una frase para descartar la posibilidad de que haya Isuke estado con el Duque; Una forma de pensar que todo fue un sueño o una broma pesada.

— No pudo Isuke... Con el Duque...— Contestaba entre sollozos.
Haruki la escuchaba y trataba de comprender todo. — E-Es que ... Isuke no puede... Te amo...—

Correspondió su abrazo la pelirroja. Parecía entender qué estaba entonces ocurriendo.

— Marcharemos de aquí.—

— ¿Eres idiota? ¿Qué de la obra?—

La obra... Con lo que pensaba adinerarse... Un golpe bajo para Haruki.
¿Le haría perder la fortuna que podría conseguir con Spectacular, Spectacular, sólo por el amor hacia Isuke? ¿Tendría ahora que volverse a romper la espalda en algún trabajo mal pagado?

— No importa. Marcharemos lejos de aquí incluso.—

Se miraron a la cara. Isuke lavaba sus lágrimas y Haruki la soltaba al verla algo más tranquila aún mirando sus ojos y le brindó una sonrisa.

— Ve a cambiarte y recoger tus pertenencias. Preparémonos.— Aún sonriendo.

— ¿Dónde Isuke irá contigo? ¿Y el dinero? Sueñas demasiado...—

— Ya verás. Marcharemos esta noche... Sobre el dinero yo soy una experta.—

Por supuesto, alguien que acababa viajando sin apenas dinero
habiendo sobrevivido tanto tiempo ¿Por qué no ahora?

— Eres idiota... Será todo tu culpa. Ahora Isuke irá a buscar sus cosas.— Soltó una risilla, forma de mostrar estar más aliviada mientras se giraba para entonces bajar las escaleras marchando de aquel piso mientras restregaba alguna que otra lágrima con su mano.

— Espero que vuelvas pronto...— Murmuraba Haruki mientras cerraba la puerta. Debían de empaquetar sus cosas más importantes y valiosas. La pelirroja se dirigió a la cama y miró con una sonrisa aquella foto. — Tranquilos. No os daré de lado... Tsk. Que irresponsabilidad la mía desperdiciar el dinero por amor ¿Cierto, mamá?—


El médico personal del Duque y otro personal lo despertaron colocándole alcohol cerca de su nariz. Era un truco viejo pero que funcionaba.

— ¿Se encuentra bien, señor Duque?— Preguntó Gorguo en aquella sala. El mencionado estaba aturdido y la visión era borrosa. Sentía un dolor agudo en la cabeza.

El Duque después de unos cuantos segundos tratando de averiguar qué ocurrió, llegó a la conclusión más certera posible: Mágicamente fue noqueado y no sabía quien era aquel tercero.

— Sí, sí. Claro que sí. Por eso me duele tanto la cabeza ¿Cierto? — Decía con enfado; apaciguando la voz sarcástica que tendría que haber puesto. Aún algo dormido sentía como un paño húmedo y suave tocaba constantemente la herida de su cabeza.

— Esa con su cursilería y estúpidas palabras... La ha hechizado...— Decía refiriéndose a Haruki, a la vez tratando de soportar la molestia que era el hecho del daño que esa simple acción le hacía. — Quiero que vuelva, Gorguo. Encuéntrela.— Entonces apartó con agresividad aquella mano que le molestaba tanto lavando su herida. — Dígale... Que el show terminará a mi manera... Y que ella vendrá cuando caiga el telón del show A MÍ. O haré que maten a esa escritora.—

— ¿Que la maten?— Preguntó Gorguo de nuevo, sorprendido viendo como un guardaespaldas personal sacaba una pistola.

— Que la maten.— Respondió con firmeza el Duque.


Isuke rápidamente empaquetaba sus cosas; Dinero, dinero, joyas... Iba a salir un momento a revisar su vestuario pero encontró a Gorguo frente el camino. Este la miraba con seriedad.

— Perdona la intromisión.—

— Isuke no te perdona.— Decía agarrando una gran chaqueta.

— Tú no entiendes... El Duque matará a Haruki.—

La pelirrosa miró el espejo que tenía frente ella. Parecía que se ahogaba de nuevo; algo le robaba el oxígeno. Esas palabras le dolían en el alma.

— Está loco de celos. Haz el final que él quiere y acuéstate con él.—

Se restregaba entonces las lágrimas que salían y trataba de oxigenarse respirando algo más profundamente.

— O mandará a matar... a Haruki.—

Fue un minuto de silencio. Entonces se giró a verlo.

— No nos asusta, no a Isuke al menos.—

— Es un hombre poderoso. Sabes que puede.—

Entonces cuando se iba a colocar la chaqueta, enrabiada, la lanzó al suelo.

— ¡Isuke nunca te necesitó! ¡Siempre quisiste hacer creer a Isuke que vale lo que le pagan! ¡Me marcho lejos de ti, del Duque, Moulin Rouge, y toda la escoria!—

Se largaba de ahí hasta que paró por unas palabras.

— Estás muriéndote, Isuke.— La mirada de Gorguo era aún seria, pero esta vez con ojos cristalizados. — Te estás muriendo...—

— ¡¿Otro truco?!—

— No, mi querida. Nos lo dijo el médico.—

Entonces abrió sus ojos lo más que pudo sin creerlo. Pasó a ver aquella cortesana de pasada edad que la había atendido en ocasiones y esta asintió con seriedad. La miraba nerviosamente.

— Haz que Haruki se vaya... Sólo tú puedes salvarla.—

Comprendía sus palabras. Era un asco tener que soportar que le digan lo que debiera de hacer pero ya nada parecía ser ofensivo a su orgullo. Trataba de meditar con todo lo dicho.

— Eres una gran actriz... Hazle creer que no la amas. Usa tu talento y sálvala, hiérela.—

Gorguo hizo una pausa al ver como Isuke quedaba cabizbaja. Pero retomó el curso.

— No hay otra forma. El show ha de continuar... — Trataba de escucharse lo más comprensivo y ella sólo soltó lágrimas silenciosamente; todo pasaba muy rápido y era confuso. — Somos criaturas del bajo mundo. No podemos darnos el lujo de amar.—

En cuanto minutos después de la retirada de Gorguo y de reflexión,
aún destrozada por el hecho de estar a punto de morir, sentada en una silla colocó su frente sobre el brazo que reposaba encima del escritorio en que era maquillada cada tarde antes de exponerse al escenario.

Las agujas del reloj se unirían para señalar una hora; 7:35 am. En el próximo lugar de espectáculos, anteriormente un burdel, se encontraban construyendo y añadiendo los últimos retoques a la obra. El escenario se terminaba y todo comenzaba a verse organizado.

— Una pena... Otro romance fallido.— Mencionaba con seriedad Gorguo.

— Una y otra vez. ¿Sabe alguien para qué estamos viviendo?— Preguntó la cortesana, suspirando, aquella que había atendido en ocasiones anteriores a Isuke.

Gorguo junto ella habían atravesado las puertas para pasar al interior de la sala. Observaban como se esforzaban todos y todas..

— Sea lo que pase... Lo dejaremos todo al alzar.— Afirmaba con seriedad aquel hombre. — Afuera ya está amaneciendo.—


Isuke no iba a llorar más. Era como andar y vivir con un cuchillo clavado en el pecho, así de punzante era su dolor. Alzó la mirada y se observó en el espejo.

— Entonces... El show ha de continuar...— Susurraba. Suspiró y continuó con determinación. — Seré la número uno y arrasaré la taquilla. Sacaré las fuerzas necesarias para acarrear hacia delante el show.—

Pero aún quedaba el orgullo y permanecía la cordura; Sabía que lo más sensato era primero acabar con todo lo construido junto Haruki. En el lavabo con el agua lavó su cara y secó. Unos escasos retoques de maquillaje y marchó entonces del Molino Colorado. Recordaba donde se encontraba la casa de la pelirroja y que esta le estaría esperando.

Sus pasos se hacían lentos y pesados.
No quería llegar al destino, pero cuanto más rápido, mejor.

El no saber cuando morir lo volvía más áspero ¿Fallecer por falta de oxígeno o tal vez ahogada en su propia sangre?

Posiblemente de la pena.

Haruki permitió pasar a la pelirrosa dentro de casa. La abrió sonriendo como siempre. Sí, no había dormido. La estuvo esperando.

— ¡Hey. Isuke-sama!—

La mencionada entonces sonrió señalando soberbia y movió su cabello con su mano aumentando lo señalado. Tomaba una pose que acompañaba todo aquello y con unos ojos penetrantes miró los de Haruki.

— Sí, esa soy yo.—

Haruki se sentía de alguna forma intimidada por todo aquello.

— Verás, Isuke no soporta estar con idiotas. El Duque demuestra que sí puede ofrecerme todas esas joyas.—

— ¿Qué?— Preguntaba. No podía creerlo. Era difícil hacer ver ser una broma con semejante actitud; Sentía algo pesado en el pecho.

— ... No debes de volver a ver a Isuke.—

Entonces hubo silencio. La pelirrosa podía ver como lágrimas se deslizaban por las mejillas de Haruki quien tenía una cara seria; No podía soportarlo. Había destruido una sonrisa. Y tener esa actitud falsa pero a la vez tan real para Haruki era lo peor... Apartó la mirada y giró para marchar de ahí. Había tratado de sonar lo menos dura pero su actuación aún así descorazonó a alguien que la amaba y viceversa; Después de todo la pelirroja no merecía morir sólo porque la egoísta de Isuke haya querido quedarse con ella a pesar de las advertencias del Duque.

Dejaría lo dicho y hecho así, aunque doliera. Sabía que el tiempo lo curaba todo.
O tal vez el tiempo de Isuke no tendría tiempo de curar el mal que sentía dentro de sí misma por lo que estaba ocurriendo.

— ¡Dime la verdad!— Gritó la pelirroja entonces en llanto, mientras la miraba marchar. La pelirrosa se quedó quieta porque eso era un segundo cuchillo clavado en su corazón. Trató de tragar ese nudo de la garganta y parpadeó varias veces tratando de disipar las lágrimas. Se giró y pensó que la escasa iluminación que había en ese momento en las escaleras no haría ver sus ojos lagrimosos, así que los mantuvo abiertos sin miedo a ser descubierta. — La verdad es que yo soy la cortesana hindú y escogí al majarás. Así es como la historia termina.— Volvía a marchar a prisas. No podría hablar más porque acabaría llorando sí o sí. Era duro haber aguantado tanto.


Un día entero se mantuvo encerrada Haruki acostada en la cama. Quería pensar; Sabía que ese no podía ser el motivo de dejar atrás todo. Algo ocurría con Isuke. Se levantó y vistió de forma que pudiera aguantar el frío y las gotas de la lluvia. Dejó la casa asolada y corrió hacia el Molino Colorado; de nuevo brillaba con esas luces tan rojas, pero esta vez más escasas. Era sólo iluminado el cartel principal en la entrada.

Frente las puertas cerradas no supo que hacer. De la rabia a una puerta le propinó una patada que incluso a ella misma le dolió en el pie y tobillo.

— ¡Hey! ¿¡Qué ocurre!?— Mencionó un guarda. Se le acercaban dos en total. — Está cerrado ¿No lo ve? Lárguese.—

— Ha de estar loca.— Añadía el otro guarda.

— ¿Por qué no puedo quedarme?— Preguntaba enrabiada Haruki. Ya no estaría de humor para soportar y esto podría ser la causa de más problemas.

— ¡Está enferma!— Gritaba uno quien corría con intenciones de agarrarla pero fue esquivado. Sin que se lo esperara el otro tipo inmovilizó uno de sus brazos y el otro rápidamente el disponible. La llevaban a rastras alejándola del lugar.

— ¡Basta!— Gritaba haciendo fuerza hacia lados diferentes tratando de soltarse. Tenía tal fuerza que hacía retroceder a los guardas muy escasamente, pero entonces uno soltó su extremidad, agarró la cara de la chica y con su disponible puño golpeó su mejilla dejándola atontada.

— Espero que no vuelva a hacerlo más.—