El viaje.

Nota del Autor: Muy bien. Intentaré ser breve. Creo que este episodio está mejor que el de ayer, así que me alegro.

La escena de Beyoncé me pasó a mí, así que no pude evitar escribirla. Básicamente una amiga mía era April, yo era Mike y mi hermano era Hans. Haha. Bueno, cómo sea. Esto fue escrito rápidamente y no tuvo revisión alguna, así que lamento los errores gramaticales.

Y sobre la discusión Raphril… bueno, yo realmente no quería ponerla, pero el hecho de poner a Raph en su carácter usual llamaba a mí. Y yo sé que él puede ser dulce y todo, pero creo que hasta a mí me alteraría el hecho de que April está muy bipolar. Así que, bueno, en conclusión, yo creo que Raph puede ser muy lindo y todo, pero lo común en él es que exploté cuando todo se está saliendo de control así que… Perdón. Pero ya la escribí y no la pienso eliminar porque yo en serio creo que ya era momento de que él explotara. Ponerlo dulce todo el tiempo simplemente no me parecía… ¿real? No sé.

Cómo sea. ¡Gracias por leer! ¡Los adoro!

Descargo de responsabilidad: Yo no poseo Teenage Mutant Ninja Turtles.


Camino entre la grava. El sol está oculto entre las nubes y el cielo luce de un color plata que encandila. Envuelvo mis brazos alrededor de mi cuerpo y froto mis manos fuertemente sobre mi cintura; intento crear fricción sobre la piel de mi cuerpo para sentir más calor, pero creo que no me está funcionando bien. El viento es denso y helado, y ha provocado que el gorro que cubre la desgracia de mi cabello se caiga por séptima vez al suelo.

—Hey. Tal vez deberías pegarlo con cinta —me dice Mike, mirando hacia mí.

Oh, sí. Voy siguiendo a Raph y Mikey entre el sendero de tierra, y sus pies enormes vuelan borrones de polvo hacia mi cara. No pensaba quejarme en voz alta, pero después de la onceava vez que pasa estoy reconsiderándolo seriamente. ¿Qué puedo decir? Supongo que mi cordura no dura demasiado tiempo.

Ellos dos están absortos en una plática sobre chocolate caliente. O estaban, cómo sea.

—Sí, bueno —contesto—. Olvidé la cinta. También. Ya sabes, mi memoria no es lo suficientemente cuerda como para recordar un bolso con doscientos dólares dentro. Menos para recordar una absurda cinta adhesiva.

Raph se ríe. Estira la mano hacia atrás y me da un empujón leve en el hombro.

—Ya no te agobies, pelirroja.

Intento sonreír, pero la amargura de estar atrapada en un pueblo fantasma me recorre ardiendo el pecho, así que no lo consigo.

Ellos siguen hablando sobre por qué el chocolate tiene ingredientes que sirven como veneno en las tortugas normales y sobre si deberían probarlo alguna vez. Yo sólo trato de escuchar la conversación que llevan el señor Hans y el mecánico delante de nosotros.

Ah. Sí. Ya tuve el gran honor de conocer al dichoso señor Hans. Es más gruñón de lo que imaginé, eso es cierto, pero tiene su encanto. Si tuviera que describirlo físicamente, creo que no tardaría mucho. Ya sabes, es el clásico sujeto que describes con cinco palabras: canoso, viejo, flácido y bajo (literalmente, él mide mucho menos de metro y medio). Bueno, tal vez en más, pero eso es lo esencial. Cuando lo vi por primera vez, fue después de almorzar. Resulta que la señora Eva sí lo llamó; y resulta que el señor Hans llegó en seguida con un mecánico. Supongo que no tenía trabajo en ese momento o no le importó en absoluto cerrar su trabajo en ese momento. Aunque a veces me inclino por la idea de que realmente lo hizo porque quería deshacerse de nosotros lo más pronto posible; digo, no es como si se viera extrañamente feliz al tener a dos tortugas mutantes y a una pelirroja engreída y quejumbrosa en su casa. Él estuvo gritando todo el tiempo porque yo llevaba pijama en el comedor. Y bueno, yo no dejaba de pensar: Por supuesto, señor Hans, usted ve dos tortugas mutantes en su comedor, y gruñe porque la indefensa pelirroja usa pijama durante la hora del almuerzo. Bueno, me obligó a cambiarme antes de salir, pero tampoco es como si yo hubiera querido salir al pueblo en pijama así que técnicamente no fue una obligación absoluta. Sólo relativa.

La señora Eva me acompañó arriba mientras me cambiaba de ropa; creo que fue para que los hombres de la casa tuvieran privacidad. Aunque tal vez sólo no quería estar abajo sola con cuatro hombres. Ella me dijo que el señor Hans es así de histérico porque peleó en la Segunda Guerra Mundial y Hitler lo alteraba mucho (Dios, ¿me estaba comparando con Hitler?). No quise contradecirla, por supuesto, dado a su amabilidad, pero yo no le creí en absoluto. Me refiero al hecho de que peleó, no a lo de Hitler. Hitler es odioso para todo el mundo, menos para los bastardos, claro. Ella me dijo que incluso el más mínimo chillido lo altera porque le recuerda al sonido de las balas.

Cómo sea, Hans sigue siendo gruñón. Haya o no peleado en la Segunda Guerra Mundial. Pero también es cierto que tiene su lado encantador: él me sostuvo la puerta para que yo pudiera salir primero, como toda una dama.

En ese momento, mi cabeza me susurró "es porque quiere sacarte primero", pero yo lo ignoré rotundamente debido a mi orgullo feminista. Y a mi ego, claro.

Pero estoy divagando. El punto es que el señor Hans nos buscó un mecánico que pudiera reparar el automóvil de mi tía de inmediato. Él nos está conduciendo a su Taller. El mecánico dijo que allí tenía sus herramientas y una enorme camioneta para poder guiarlo hasta el desastre en la carretera.

Son las dos de la tarde y estoy en medio del frío clima con cuatro hombres. En medio de un pueblo fantasma debido a que soy una torpe y dejé que unos tarados abollaran el Ford de mi tía.

Mierda. Mierda en todo su significado.

—Bueno. Aquí estamos. El Taller de Garrett —anunció el mecánico.

Yo estaba tan absorta viendo la inmensa calle y los cientos de edificios viejos que no puse atención a que ellos se habían detenido ya. Así que choqué abruptamente con el caparazón de Mike. Y hubiera caído al suelo de no ser porque el Sr. Tortuga Gruñón-Dulce me agarró por el codo y tiró de mí hacia arriba. Sus manos gigantes me rodearon la piel del antebrazo con suavidad (y mucha agilidad) y tiraron de él con firmeza hasta estabilizarme en el suelo.

Si no hubiera sido por el hecho de que el mecánico habló de nuevo (y tomó la atención de Raph), me hubiera sonrojado debido a que aterricé con ambas manos sobre su pecho. Me refiero a que, demonios, mi rostro había estado a dos pulgadas del de Raph y yo casi moría por besarlo.

Mierda Santa. Yo-no-acabo-de-pensar-eso.

—Chicos —dice el mecánico (¿cómo dijo que se llamaba? ¿Gabe? Sí. Era Gabe)—. ¿Quién de ustedes sabe exactamente dónde quedó el automóvil?

Yo levanto una mano. ¿Por qué levanto una mano? Apenas y recuerdo bien mi nombre en este momento. ¿Era Amber? ¿O era April?

Mierda, Raph. ¿Desde cuándo causas ese efecto en las personas?

Después de mi guerra interna de pensamientos, escuché a Gabe hablar.

—Muy bien. Entonces tú irás al frente conmigo, jovencita.

Abro mis ojos como platos.

—No —digo. Estoy segura de haber escuchado a Raph decirlo también.

—Ella viene con nosotros atrás —dice Raph.

No sé por qué, pero el hecho de que sea "sobreprotector" conmigo, me hace sentir hormigueo en el estómago.

—Me sentiría más cómoda así —digo.

Mikey me rodea los hombros con un brazo y asiente.

—Uh-hu, amigo. Ella es nuestra.

Me río.

—Bien, bien. La chica irá atrás —masculla Gabe, con los brazos en ristre.

Así que, después de que Gabe revisara quién sabe qué cosa de la camioneta, y subiera las herramientas en la cajuela, yo me encontraba apretujada entre Mikey y la puerta derecha del asiento trasero.

La camioneta era una especie de vehículo antiguo modificado con piezas modernas. Tal vez esa era la explicación de que tuviera las puertas tan brillantes y los neumáticos demasiado viejos. Adentro olía a lejía y a alcohol; y estaba más sucio que el motor del Ford. Sí, así de sucio.

Meto mis pies dentro de mi límite corporal para no tener que enterrarlos en las gomas de mascar y los paquetes de galletas que hay en el suelo. La suciedad simplemente me parece insoportable. Bueno, no la suciedad en forma. La suciedad de esta forma.

—La papa se come a la lenteja —dice Mike.

—¿Eh?

Me giro hacia él y le doy una mirada confusa.

—¿Eh? —repito, como si no estuviera segura de que él me había escuchado.

—Eso es lo que dice —señala Mike, a la defensiva—. Encima del espejo retrovisor: «La papa se come a la lenteja».

Miro por encima del asiento del copiloto y lo compruebo. Tiene razón.

—Es un slogan —dice Gabe—. Ya saben. La papa se come a la lenteja. Garrett se come los problemas.

¿Quién es Garrett?

—¿Eh? —Creo que se me trabó la lengua.

—Sí, ya saben. Las papas son buenas, como yo, Garrett —¿era Garrett?—, y las lentejas son asquerosas, así que representan el problema. Garrett se come los problemas. La papa se come a la lenteja.

Todo lo que puedo decir después de eso es:

—A mí me gustan las lentejas.

—A mí también —gruñe Hans—. Me parecen candentes.

No creo que ese viejito sepa el significado de esa palabra.

—Sigo sin entender —dice Mike.

Me inclino hacia él, con el hombro rozando su caparazón.

—No te preocupes —murmuro—. Yo tampoco entiendo.

Él se ríe.

Garrett, que antes era Gabe, enciende la radio. Estamos saliendo del pueblo y, al mirar por la ventana, puedo observar a la casa de Eva. Se ve tan linda desde afuera como desde adentro.

Bueno, después de unos minutos de escuchar la radio de Garrett, me di cuenta de que él era un completo admirador de Beyoncé. Y también me di cuenta de que a Mikey le gustaba esa chica. No lo culpo, yo adoro su voz. Me refiero a, por Dios, es Beyoncé, ¿a quién no le gusta su voz?

Mike tarareaba el tono de una canción tras otra, intentando maniobrar los cambios bruscos en la melodía y los ritmos difíciles de seguir.

Yo sólo estoy mirando por la ventana del automóvil y miro la carretera, atenta para ver alguna señal del Ford. Es complicado, porque a causa del frío del clima y de la calidez del interior del vehículo, los vidrios están demasiado empañados.

Después de un momento, que no puedo definir qué tan largo es, me aburro de mirar los mismos árboles y el mismo pavimento gris. Qué más da si me distraigo un poco. Faltan kilómetros para llegar al automóvil de mi tía.

Deslizo mi dedo a través de la superficie cristalina del vidrio y hago figuras en él. Me encanta hacer eso, a pesar de que suene ridículo e infantil. Creo que nadie puede ver un vidrio empañado a causa del vapor frío y no hacer figuras en él. Es como una tradición de los vidrios, o algo así. Primero dibujo unos árboles patéticos y después manzanas. A continuación, me distraigo haciendo estrellas, y pierdo la cuenta de cuántas llevo dibujadas porque siempre estoy tratando de hacer una mejor que la anterior y creo que, a medida que avanzo, cualquier estrella que dibuje se ve peor que su antecesor. En seguida, escribo mi nombre. Creo que sería raro si no lo hiciera. Y entonces, antes de que siquiera me dé cuenta de lo que estoy haciendo, estoy escribiendo una R y… bueno, supongo que consiguen la idea de qué letras vinieron después de eso.

Abro los ojos de forma desorbitada y el rubor corre alrededor de todo mi rostro.

Mierda. Yo no acabo de hacer eso. Yo no acabo de hacer eso.

Cierro mi mano en un puño y comienzo a tallar frenéticamente el vidrio. Miro hacia atrás cuando la evidencia es eliminada y nadie me ha puesto atención. Mike sigue cantando, Garrett y Hans siguen charlando y… Raph hace lo que sea que esté haciendo.

Me inclino hacia el frente y me asomo por delante de Mike. Raph tiene los ojos cerrados y mueve los pies al compás de la música. Se ve tan relajado. Creo que nunca lo he visto más relajado. Al menos, en estos días. Su rostro está en una apacible tranquilidad, y sus labios forman una pequeña sonrisa. No puedo evitar sonreír al verlo.

Mikey se ríe y, cuando lo miro, él me está viendo. Así que sí, él me ha visto en medio del crimen.

—No digas nada, ¿quieres? —murmuro. Sé que mi rostro está pasando por todos los tonos rojos existentes.

Él sonríe. Sigue cantando inocentemente encima de la voz de Beyoncé. Y después se pasa una mano por los labios y junta dos de sus dedos, como si tuviera una llave invisible en las manos. Estira la mano y hace como si quisiera entregarme la llave. Sonrío.

—Puedes quedártela —le digo, sonriendo.

Y entonces pasó algo extraño. La canción anterior cambió y comenzó a sonar «Single Ladies». Y yo me puse como loca porque en serio, en serio, adoro esa maldita canción. La verdad no sé por qué me gusta tanto, pero me gusta. Supongo que es el coro. Es adictivo.

Uh-hu. Eso quiere decir que yo estaba moviendo los brazos como una demente y cantaba el coro como si no tuviera cuerdas vocales normales. Mike me seguía, aunque no se sabía la letra así que decía palabras que ni siquiera existían. Creo que Hans se estaba tapando los oídos, no sé. Garrett Gabe cantaba la canción entera mientras daba giros amistosos al volante. Y Raph… Raph se estaba riendo histéricamente. La verdad, creo que jamás en mi vida lo había visto reír de esa forma. Pero seguí cantando como maniática porque quería seguir viéndolo reír de esa forma.

Bueno. Lo que pasó después fue un borrón para mí. Sé que dejé de cantar después porque mi garganta quedó aturdida. Sé que Garrett Gabe siguió cantando, pero con voz baja. Y sé que Mike se durmió encima de Raph. En realidad, creo que Raph también se durmió.

Y yo tuve que mantener los ojos abiertos durante todo el camino, porque debía hacerlo. Pero tenía sueño.


Había pasado una hora y media de viaje. Garret Gabe había detenido la camioneta en la orilla de la carretera y yo, Mike y Raph buscábamos varios metros alrededor. Ningún rastro del Ford. Y yo sabía lo que eso significaba.

Aunque quisiera engañarme a mí misma, sabía que lo habían robado. Es decir, estuvimos un día sin él y, demonios, yo no lo escondí tan genial; ¿quién no iba a ver un automóvil en medio de la nada? ¿Quién no iba a resistir la tentación de llevárselo si tenía doscientos dólares dentro?

Las piernas me aflojan debajo del cuerpo.

¿Por qué un buen día tiene que terminar como mierda?

—¿Estás segura de que era aquí, April? —me pregunta Raph—. Probablemente te equivocaste y…

—¡No! —grito—. ¡Estoy segura de que era aquí!

Él alza una ceja.

—¿Qué te pasa? —gruñe—. Mierda, April. Todo el tiempo estás toda… toda… bipolar.

—¿Bipolar? —chillo, agitando los brazos en el aire.

Sí, estaba un poco bipolar.

—¡Sí! —grita él, en respuesta—. En un momento estás bien y pareces toda linda y dulce. Y te ríes lindo y… en otro sólo… ¡poof!

—Bueno —replico, molesta—. ¡Discúlpame por estar como una mierda cuando mi vida es una mierda! Porque, por si no te has dado cuenta, estamos varados en un pueblo y me han robado doscientos dólares. ¡Doscientos dólares, Raphael!

—¡Sí! —creo que ha subido demasiado el tono de voz—. ¡Doscientos! Estamos varados en un absurdo pueblo, sin automóvil y sin dinero y… ¡todo-es-TU-culpa!

Doy un paso atrás. Puede que luzca dramático, pero mi boca sólo puede caer abierta. Él tiene razón. Es cierto. Todo esto es sólo mi culpa. Pero el hecho de que él lo diga me duele. Sus palabras me escosen en el pecho; y las lágrimas me pican detrás de los ojos. Y comienzo a retroceder y alejarme de él, porque no quiero que me vea llorar.

Me giro y me vuelvo hacia la camioneta de Garrett. Comienzo a pisar fuerte y las lágrimas comienzan a salir de mis ojos. Me froto frenéticamente las mejillas para ahuyentar las lágrimas y estoy segura de que se me han puesto rojas.

—April… —escucho, detrás de mí.

Sé que está arrepentido. Sé que lo estoy volviendo loco y por eso ha explotado de esa forma. Sé que, de alguna forma, él no quería decir aquello.

Pero no quiero escucharlo en este momento. Simplemente no quiero.

Y, de ninguna manera, voy a dejar que me vea llorar.


N/A: ¡Revieeeeeew! ¡PLEASE! ¡Y den Fav! ¡Gracias por leer!

¡LOS ADORO!