CAPÍTULO
7
"Libretos y mensajes"
Choromatsu
Corrí detrás de Daiki por todo el pasillo del ala este de la escuela. Llegamos a las escaleras del segundo piso y comenzamos a bajar con la misma velocidad, de dos en dos hasta tocar el descanso y seguir bajando. Giramos por el siguiente pasillo y corrimos, esquivando a un conserje que soltó sus quejas, y no nos detuvimos hasta que estuvimos frente a la enfermería.
—¿Estás realmente seguro? —Dije tomando aire cuando por fin pude detenerme. Me agaché, apoyándome sobre mis rodillas y tratando de acumular la saliva posible para humedecer mi boca.
—La chica que me gusta va en el mismo salón de tu hermano, ella me lo contó por un mensaje. Dijo que todo el salón vio cuando cayó por las escaleras. —Sacó el teléfono de su bolsillo, acomodando sus gafas sobre su nariz y comenzó a teclear. —Dijo que fue una caía fea.
Me detuve y asentí, creyendo en su palabra y toqué la puerta de la enfermería antes de pasar. Deslicé la puerta, encontrándome con un escritorio lleno de folders amarillentos y pequeños frascos blancos, a demás de unas repisas repletas de más medicamentos y otros equipamientos de emergencia. Deslicé completamente la puerta y entré al lugar, asomándome por el otro lado del arco que dividía la pequeña oficina de las camillas de la enfermería.
—¡Por fin llega uno de ustedes! —Se asomó una enfermera, de al menos veinticinco años con cabello castaño corto, por detrás de una cortina. —Estaba comenzando a pensar que debería de llamar a sus padres.
—¿No hubiera sido eso lo mejor? —Pregunté comenzando a caminar hacia donde se encontraba.
Los amigos de Ichimatsu, Futaba, Hara y Kaoru, estaban de pie a un lado de él, platicando en voz baja y detuvieron los susurros cuando notaron por fin nuestra presencia cerca de ellos. Le sonreí a la chica del cabello corto que me había parecido guapa días atrás, y ella sólo volteó su rostro hacia otro lado con poca modestia. —¿Qué sucedió? ¿Está bien?
—Tiene una tremenda fiebre, eso es todo. —Dijo la enfermera escribiendo en su pequeña carpeta. —Necesita descansar, tomar muchos líquidos y le he escrito una receta médica para que puedan comprarle los medicamentos necesarios. Pero él está bien. —Se puso de pie, dejando la carpeta en la silla, y levantó el cabello de la frente de Ichimatsu. —Tiene pequeños moretones en el cuerpo por la caída en las escaleras, y seguramente tendrá otros que aparecerán en unas cuantas horas, pero con los medicamentos para el dolor será suficiente. Tuvo suerte de no haber caído de cabeza, sino, hubiéramos estado en un serio problema.
—Entonces no es tan grave como parecía... —Daiki se apoyó en el borde del pie de la cama y miró a Ichimatsu recostado sobre ella, al parecer durmiendo con sus mejillas encendidas y respirando con notoria dificultar con su boca abierta.
—No, mejorará con mucho descanso y los medicamentos necesarios, pero en caso de que la fiebre no baje, entonces lo mejor será ir a un hospital. —Quitó un termómetro que había puesto, antes de que llegáramos, bajo la axila de Ichimatsu y miró la temperatura. —Tiene 39º grados; antes de que llegaras tenía 40, pero está bajando ahora que le he inyectado acetaminofén*... Saldré un momento a entregar el reporte; los demás regresen a sus clases, ustedes principalmente. —Dijo a los amigos de Ichimatsu, apuntándolos con su pluma. —También puedes regresar a tus clases si crees que es necesario, Ichimatsu deberá quedarse aquí hasta que mejore un poco más o vengan tus padres a recogerlo.
Y dicho esto, simplemente tomó su carpeta y nos dejó a los cinco rodeando a Ichimatsu. Daiki me dedicó una sonrisa y se encogió de hombros, y antes de que pudiera decirle algo, Futaba habló.
—¿Dónde están los demás hermanos? —Se movió de tal forma que no pudiera ver su rostro, su corto cabello apenas lo cubría y podía verse debajo de la cortina rubia su fina barbilla. Levantó un poco el cabello de la frente de Ichimatsu y puso la mano sobre ella. —¿No se supone que deberían ya de estar aquí?
—Ah, bueno, apenas les he enviado un mensaje a su teléfono, y la hora del almuerzo ya ha pasado, supongo que lo verán en el intermedio de su próxi...
—Vaya que son inútiles. —Dijo interrumpiéndome.
—Futaba, no deberías...
—¿Qué? —Ella se giró a ver Kaoru, quien la miraba un poco nervioso. —Ichimatsu se veía mal desde ayer, ellos debieron de haberle cuidado mejor. Si Ichimatsu está aquí, es culpa de ellos, y seguramente también de sus padres.
—¿A ti que diablos te sucede? —Daiki se separó del borde de la camilla, viéndola incrédulo.
—¿Qué me sucede? —Se giró y nos miró con un rostro lleno de fastidio. —Que me preocupo mucho más por Ichimatsu, de lo que sus hermanos se preocupan.
—Ah, perdónenle, sólo está un poco ansiosa.
—¿Ansiosa? —Volvió a girarse hacia Kaoru. —Tú escuchaste bien lo que dijo Ichimatsu antes de que cayera de las escaleras. "Si mi familia realmente se preocupara por mi, o realmente me quisieran, no estaría en situaciones como estas". —Se separó de Ichimatsu y se cruzó de brazos, sin que yo supiera qué contestar. —Aunque no es la única vez que se queja de ellos, no me sorprendería que volviera a enfermar de esta forma.
—Futaba, de qué... —Kaoru dejó de hablar cuando ella volteó a verle y él sólo esquivó su mirada hacia el suelo. Apenas volteó a verme, e inmediatamente quitó sus ojos de los míos. —Lo siento,... yo, no sé que decir ante esto.—Se disculpó.
—Ni yo. —Contesté bastante serio. —Regresen a su clase, yo me quedaré con mi hermano. Y gracias por informarme de mis pésimos cuidados.
—Esperemos que esta vez lo cuides bien, Matsuno. —Dijo Futaba, bajando los brazos y comenzando a caminar hacia fuera de la habitación sin siquiera dirigirnos la mirada. Kaoru se inclinó levemente hacia Daiki y hacia mi. La otra chica simplemente salió, dedicándonos una mirada de apenas unos segundos.
—Esa loca... —Daiki caminó hasta el otro lado de la camilla y se acercó a Ichimatsu. —No le creas, eres un buen hermano; has estado preocupado de ser un buen hermano mayor las últimas semanas. Seguro que Ichimatsu no dijo esas cosas.
—No creo que las personas mientan sobre esas cosas. Al menos no de esa manera. —Dije sintiéndome incómodo; pasé una mano por mi nuca antes de caminar cerca de Ichimatsu y tocar su mejilla, sintiendo el calor que expulsaba. Él sonrió y acomodó su rostro de tal forma que quedó exacto en la cuenca de mi mano. —Quizás está enojado por algo y dijo eso sin pensar; o tal vez realmente se siente así.
Daiki entornó sus ojos y miró unos segundos a Ichimatsu; quedándonos en un pequeño silencio los tres.
—Estoy seguro de que eres una buena persona, Choromatsu, tú decidiste cuidar de tus hermanos. Y... sé que lo haces. —Miré de reojo a Daiki. —No creo que ella diga la verdad. No vayas a creerle a esa chica.
Karamatsu
Takeru, uno de los chicos de la clase de segundo año, entró corriendo al aula seguido de la compañera que siempre estaba con él. Tagiru, tirándo de mi uniforme me llamó y apuntó hacia ellos, quien nos sonrieron de la mejor manera.
—¡Chicos! —Nos habló el chico rubio. Tomó un poco de aire, cansado de tanto correr y sonrió cuando se sintió preparado. —Sé que es una semana libre de actividades de los clubes, pero la profesora de teatro nos necesita en el escenario.
—¿Sobre qué? —Preguntó Tagiru. Tomé mi mochila en mi hombro y caminé hacia ellos. —¿Habrá clases?
—No lo sabemos, nos la hemos encontrado en el pasillo y nos ha pedido que les digamos a todos. —Volvió a sonreírnos. —Iré a buscar a los que faltan, por favor, adelántense.
—Claro. —Dijimos al unísono.
Takeru asintió y salió del aula. Esperé a que Tagiru guardara sus útiles, ya que la última hora ya había terminado; me adelanté un poco hacia la entrada, y asomé mi rostro esperando encontrarme con Osomatsu corriendo por mi y Jyushimatsu, pero al parecer su salón aún no salía de clases.
—Tus hermanos tendrán que esperar hoy. —Me sonrió Tagiru en cuanto regresé la mirada hacia él. Le devolví la sonrisa y asentí, aferrando bien la mochila a mi hombro.
—¡Jyushimatsu! —Me asomé por el cuerpo de Tagiru, inclinándome un poco hasta que volteó a verme. —Iré con Tagiru a un lado, regresaré en un rato para irme con ustedes, ¿de acuerdo?
—¡Ha! Claro, niisan. —Me sonrió, con sus mejillas un poco ruborizadas, haciendo que me sintiera un poco más seguro. En la tarde, después de que esos dos chicos hubieran peleado, me sentía un tanto preocupado por él, pero el resto del día siguió sonriendo como siempre y terminé olvidándolo por completo.
—¿No quieres venir conmigo? Sólo tardaré unos minutos.
—No te preocupes, Karamatsu-niisan. —Caminó hacia mi y pasó de largo por la puerta.—Esperaré a Osomatsu-niisan afuera de su aula. Nos alcanzas luego. —Le sonreí y le abracé por el cuello.
—De acuerdo, pero cuídate bien.
—¡Ha, ha! ¡De acuerdo, de acuerdo! —Se soltó de mi y salió del aula.
—Linda hermandad, Karamatsu. —Tagiru revolvió mi cabello y guardó sus manos en sus bolsillos, caminando en dirección al auditorio de la escuela. Me encogí de hombros y comencé a caminar junto con él.
Anduvimos andando por todo el pasillo, hasta toparnos con los amigos de Ichimatsu, quienes venían al parecer discutiendo sobre algo, ya que Hara, la chica encantadora de cabello oscuro, tenía el rostro encendido y el otro chico sólo venía detrás de ellas con un gesto preocupado y nervioso. Cuando giraron todos su rostro y notaron que caminaba hacia ellos junto con Tagiru, voltearon su rostro y hacia otro lado.
—¡Hara! ¡Estás guapa hoy! —Me atreví a decir. Futaba, la rubia de cabello corto soltó unas carcajadas inmensas y Hara sólo se giró hacia mi, levantándome su dedo medio con el rostro enrojecido. El chico seguía con el mismo rostro de preocupación y siguieron su camino alejándose de nosotros.
—¡¿ESTÁS GUAPA HOY!? —Tagiru soltó unas carcajadas aún mayores a las que había soltado la rubia. —¿Qué clase de piropo de la edad media fue ese!? —Gritó mientras seguía riendo, me detuve y le vi incrédulo. Él tuvo que sostener su estómago por las risas.
—¡Pero si era la verdad! —Me defendí, viéndole incrédulo.
—¡Pero no creo que haya sido la mejor manera de decirle a una chica que se ve bien! ¡No frente a sus amigos! —Sonrió y trató de detener sus carcajadas.—A demás, eres un idiota.
—¿Por qué? —Ahora me encontraba confundido.
—Karamatsu, Karamatsu. —Negó con su cabeza y abrazó mis hombros, haciéndome caminar de nuevo en dirección del auditorio. —Te he dicho que esa chica no es una buena compañía, renuncia a ella. Es un caso perdido. Una flor que no debe de ser parte de tu ramo.
—Pero es de las más guapas de la escuela, ¿has visto su cabello? —Me miró asqueado.—Brilla cuando se mueve. Yo quiero brillar cuando me mueva.
—Dudo que estar con ella te haga brillar así.
—Quizás unos pantalones con brillos. —Bromee y se detuvo para voltear a verme divertido.
—¡Eres idiota! ¡Un completo idiota!—Comenzó a reírse de nuevo, mientras seguimos caminando. —Mira, hombre, esa chica es un caso perdido. Siempre está con Cabeza de Fideos, metidas en fiestas, con un montón de chicos, probablemente ni siquiera sean vírgenes desde los doce años. A demás, no es por nada pero ya ni siquiera deben de apretar mucho. Te lo digo sin el fin de romper tus ilusiones,... o quizás sí.—Puse los ojos en blanco.—Pero en serio, olvídala. Hay chicas a las que no es bueno tenerlas cerca.
—Pero el pasado de alguien no importa, a demás... —Me detuve y se giró a verme.—Probablemente sean sólo rumores,...
—Hombre, ¿no lo entiendes? Te dije que mi hermano estuvo con ellas, te dije que las cosas habían terminado mal.
—Pero no quisiste hablar de eso. —Acomodé la mochila que caía de mi hombro y me puse frente a él.—A demás, ella podría cambiar. No creo que alguien tan bonita sea de esa forma.
—Mi hermano tardó meses en recobrar la compostura, hombre, se volvió prácticamente loco. —Se encogió de hombros y soltó un leve suspiro. —Sé que esa chica es un asco por lo que logré escuchar, mi hermano nunca quiso hablar de ello, y la verdad es que tú me caes bien, no me gustaría que pasaras por cosas terribles. Digo, no somos los mejores amigos, pero eres una buena persona, Karamatsu.
—Deja de evitarlo, sólo tengo un poco de interés. —Le sonreí levemente. —Prometo no meterme en problemas con ella, me alejaré si es necesario; pero ya que soy un pésimo conquistador, tienes que ayudarme.
Se detuvo, mirándome con cierta duda, pero en cuanto soltó un suspiro y sonrió, supe que había accedido a mi petición.
—Bien... pero tienes que prometer que te alejarás si notas cosas extrañas. —Asentí.—Primero que nada, deja de parecerte tanto a tus hermanos. ¿No habías dicho que les habían regalado cosas de distintos colores? —Se cruzó de brazos, poniendo el peso de su cuerpo sobre uno de sus pies. —Comienza a usarlas, sé que les gusta ser parecidos, se les nota cuando están juntos, pero para ser alguien cool, tienes que ser único.
—Hm, pero... Osomatsu-niisan no estará de acuerdo en eso...
—Osomatsu-niisan, Osomatsu-niisan. Deja de llamarle niisan, tienen la misma edad. —Comenzamos a caminar lentamente hacia el auditorio, mientras hablábamos. —Tienes que verte autoritario, con poder. Que des a entender que nadie puede detenerte.
—Bien, nadie puede detenerme.
—Exacto, y ahora, ¿hay algo que sepas hacer y que tus hermanos no? —Me quedé en blanco por unos segundos, y tuve que detenerme para pensar. Realmente hacíamos las mismas cosas, porque amábamos hacerlo todo juntos, y pocas veces estábamos separados unos de los otros. Pero sí había algo que yo podía hacer, y ellos no. Desde que me había enamorado de la música de Elvis Presley, tuve la enorme necesidad de aprender un poco de guitarra, y lo hice, a pesar de que todos tuvieron pereza de hacerlo conmigo.
—Toco la guitarra. —Le sonreí. —Aprendí a hacerlo en mitad de la secundaria. Pero me hace falta práctica.
—Excelente. —Me sonrió, justo cuando llegamos al auditorio. —Creo que eso es bueno, puedes componerle una canción, invitarla a una cena y tocar canciones para ella.
—Tagiru... —Sonreí con mis ojos húmedos, él sólo soltó una leve risa.
—¿Por qué demonios estás llorando!? ¿Por qué diablos eres tan sentimental, Karamatsu!? —Esta vez comenzó a reír de verdad.
—Es sólo que... —Limpié mis lágrimas. —Eres tan buen consejero.
Osomatsu
Las clases esta vez duraron más de lo debido, por cuestiones del próximo examen de Biología, la maestra nos estaba dando indicaciones y todo se volvió eterno para todos nosotros. Justo cuando terminó, comencé a guardar todo rápidamente para irnos pronto a casa, tomando las hojas sueltas y metiéndolas en la mochila sin cuidado, así también el libro de texto y el único lápiz que tenía, lleno de mordiscos y sin borrador en su extremo.
—Deberías de ordenar un poco más tus cosas, niisan... —Dijo Todomatsu a mi lado, metiendo las hojas de los ejercicios en una carpeta.
Le arremedé con voz aguda y él sólo me lanzó una mirada furiosa pero terminé ignorándolo.
—¡Osomatsu! —Taichi se acercó a mi, cerrando la mochila a jalones, con Yato detrás de él. —Necesito hablar contigo, ven...
Se giró antes de que pudiera contestar y corrió hacia fuera del aula con una alegría desbordante. Yato sólo lo miró irritado y seguido volteó a verme a mi con la misma cara. Sólo le sonreí y deslicé mi dedo anular por debajo de mi nariz un poco despreocupado. Me giré hacia Todomatsu para decirle que regresaría pronto, pero ya estaba hablando con Atsuko. O Atsushi. Probablemente el chico más desconocido de toda la escuela. Me encogí de hombros y salí del aula.
—¿Qué sucede, Taichi?
—La fiesta es mañana, no debes de faltar, Osomatsu.—Tomó una pequeña hoja de cuaderno y anotó una dirección en ella, usando su mano como apoyo- Esas fiestas se ponen increíbles, es como el lugar perfecto para romper todas las reglas existentes en el planeta. —Me tomó de los hombros, sacudiéndome.—La pasaremos genial, hombre.—Puso el papel frente a mis ojos y lo tomé.
—Cuando mencionas tus fiestas, tus salidas y tus chicas, tiende a darme repelús. —Dijo Yato llegando a nuestro lado con sus brazos cruzados.
—Eso es porque estás acostumbrado a seguir las reglas todo el tiempo. —Se cruzó de brazos y se giró hacia mi. —Es informal y debemos de llevar un poco de cooperación por si las cosas escasean al final, pero no es necesario llevar más.
—Sigo pensando que es una mala idea. —Habló Yato. —Da la casualidad de que toda la gente que asiste en esta escuela es casi del mismo barrio, con excepción de algunos como Osomatsu, que no sabe nada. Las fiestas son un asco, se creen universitarios.
—¿No es a donde iremos después de salir de preparatoria? —Dijo Taichi con un toque de ironía.
—Dudo que tu vayas. —Respondió Yato, quien se cruzó de brazos.
—Sólo cállense. —Los interrumí. —Iré. Lo prometo. Pero no he pedido permiso aún, debo hablarlo con mamá.
—Pff. —Taichi comenzó a reír. —Bien, bebé, nos veremos luego. —Dijo antes de revolver mi cabello, alejándose con pequeños brincos infantiles. Yato entornó sus ojos y acomodó su mochila en su hombro.
—No es tan divertido como crees... —Le dijo y terminó por retirarse. —Nos vemos mañana, Osomatsu.
—Hasta mañana.—Le sonreí. Asomé mi rostro para buscar a Todomatsu, quien aún seguía hablando y solté un silvido para que volteara a verme. Los dos chicos, Todomatsu y Atseko, o Atsuko. O Atsushi, me miraron; Todomatsu dijo algo entre dientes, cubriendo su boca con su mano y el otro chico sólo rió y siguieron hablando.—Tsk. ¡Todomatsu, vayámonos ya!
—Niisan.—Me sobresalté y giré para encontrarme con Jyushimatsu quien me sonreía, abrazando su mochila.—¿Nos iremos ya? ¡Quiero otra hamburguesa!
—¿Otra? Yo ya no tengo más dinero.—Le respondí y sonreí.—¿A caso tú tienes más? Porque tu hermano mayor sería muy feliz con una hamburguesa.
—Ustedes dos, ¿de qué están hablando?—Jyushimatsu y yo volteamos hacia la puerta. Todomatsu sostenía su teléfono entre sus manos.—No gasten más dinero del necesario, papá no querrá darnos más.
—No es algo que no podamos arreglar. —Sonreí divertido; Jyushimatsu rió detrás de mi, pero Todomatsu no cambió su rostro lleno de seriedad. —¿Qué sucede? ¿Tu nuevo amigo es un idiota?
—Choromatsu-niisan me envió un mensaje. —Alzó su teléfono frente a mi rostro con un mensaje puesto en su pantalla; antes de que pudiera verlo, lo quitó de mi vista y lo guardó en el bolsillo de su pantalón. —Parece que Ichimatsu tuvo un pequeño accidente y está en la enfermería.
—¿Ah? —Jyushimatsu se abrazó de un brinco a mis hombros y asomó su rostro por un lado del mío. —¿Pero Ichimatsu-niisan está bien? Deberíamos de llamar a mamá.
—Choromatsu-niisan debió de haberles enviado un mensaje a ustedes también. ¿Cómo es que no están enterados? —Todomatsu soltó un leve suspiro y se cruzó de brazos. —Ichimatsu-niisan se ha desmayado y ha caído por las escaleras, pero parece que está bien.
—Ese niño... —Dije entre dientes, andando en dirección a la enfermería. Jyushimatsu fue detrás de mi, tomando mi mano con las suyas y caminando a mi ritmo como un niño pequeño. Todomatsu simplemente anduvo a mi lado. Su seriedad sólo denotaba un poco de su preocupación por Ichimatsu.
Sabía que ese llorón era demasiado frágil algunas veces aunque siempre quisiera demostrar lo contrario, pero no se me había pasado por la mente que su simple resfriado hubiera acabado de esta manera. Cuando pasamos por el salón de Karamatsu, me asomé ligeramente para llamarle a que fuera con nosotros, pero él ya no se encontraba ahí. Me giré hacia Jyushimatsu obteniendo una respuesta y sólo se encogió de hombros con una sonrisa despreocupada.
Tomé mi teléfono y marqué al de Karamatsu.
Karamatsu
—La próxima semana tendremos exámenes parciales, por lo que nos será imposible realizar una audición para los papeles. —La profesora nos entregó a cada uno de nosotros un bonche de hojas de al menos diez centímetros de grueso. Todos vimos horrorizados las hojas que nos dejaba en nuestros brazos y Tagiru exclamó entre susurros una palabra no muy apta para nosotros. —Así que confiaré en sus ganas de ser grandes actores y enorgullecer a su escuela en el próximo evento escolar. ¿De acuerdo?
—¿Soy un campesino? —Exclamó Tagiru con incredulidad. Vi la portada de mi libreto que tenía impresa la palabra "Edwin el Grande". —Maestra, ¿No hay otro papel mejor?
—Oh, vamos. —Ella se acercó a él y miró su libreto. —Ser un campesino es genial. Sin ti no habría ambiente.
—Pero si habría historia. Por favor, cámbiamelo. —Mi teléfono vibró en mi bolsillo trasero, pero no contesté. —Se lo suplico, debe haber algo mejor.
—Sólo hay dos papeles principales, y ya se los he dado a Karamatsu y a Takeru. Deja de insistir en esto, Tagiru.—Ella puso sus manos en su cadera y le miró incrédula.—Eres un chico de preparatoria lo suficiente maduro como para aceptar que eres un campesino.
—Yo...—El teléfono volvió a vibrar, miré hacia atrás y regresé la vista la maestra.—Cambiaré papeles con él.—Sonreí. No había nada de malo dejar el papel principal a Tagiru cuando él estaba ayudándome con mi deseo de conocer a Hara. Tomé el libreto de Tagiru y le entregué el mío. Él me miró con sus ojos completamente abiertos.—Yo no me siento muy bien de todos modos, así que creo que Tagiru hará un papel excelente como Edwin el Grande.
Tagiru sonrió orgulloso y los dos volteamos a ver a la maestra que sólo suspiró y con una sonrisa se encogió de hombros aceptando nuestra propuesta. Aferré el libreto a mi pecho un poco triste, quizás habrá sido un error, pero Tagiru seguramente sería un mejor actor principal que yo.
Choromatsu
Ichimatsu se sentó después de haber dormido tanto tiempo. Sus ojeras se notaban profundas bajo sus ojos y daba la impresión de estar realmente mareado. Me acerqué para tocar su frente, sintiendo el calor que aún irradiaba por la fiebre. Apenas me miró, quitó sus ojos de mi, pero no alejó su rostro de mi mano, incluso pareció que se apegó más a ella.
—Me duele el cuerpo entero.—Dijo con voz entrecortada; cerró sus ojos y su cuerpo entero tembló, dejádole una sensación bastante incómoda que reflejó con sus gestos. Me reí un poco divertido y estiré mis brazos hacia él.
—Vayamos a casa.—El miró mis brazos y comenzó a moverse a la orilla de la cama, estirando sus brazos para sostenerse de mi. Le ayudé a bajar, dejando que soltara su peso sobre mi. Estaba húmedo por el sudor, y podía sentir como su cuerpo estaba siendo atormentado con pequeños escalofríos.
—¡Ichimatsu-niisan!—Jyushimatsu apareció frente a nosotros con su uniforme completamente deshecho, deslizándose por el suelo. Corrió hacia nosotros y tomó a Ichimatsu de los hombros.—¿¡Estás muerto!?
—Uh, creo que no.—Sonrió el un poco divertido. Me alerté al notar que el cuerpo de Ichimatsu estaba demasiado débil, así que lo sostuve con uno de mis brazos y él volteó a verme con la misma sonrisa dedicada a Jyushimatsu.
Osomatsu apareció segundos después con Todomatsu. Jyushimatsu soltó el cuerpo de Ichimatsu, que terminó recargandose sobre mi y le ayudé a levantarse. Osomatsu se acercó, y sin decir nada, sólo se giró y se agachó delante de él. Ichimatsu, un poco avergonzado, se subió a su espalda y se abrazó del cuello del mayor. Todomatsu se acercó a Ichimatsu, y cuando Osomatsu se levantó de nuevo y dio un pequeño brinco para acomodar a Ichimatsu, tocó su mejilla.
—Realmente tienes mucha temperatura.—Dijo Todomatsu.—¡Debiste de haberlo dicho antes de venir a la escuela! Hubieras podido faltar a clase.—Se cruzó de brazos, al parecer molesto, pero sólo denotaba su enorme preocupación.
—Hm, le dije a mamá y a papá ayer, pensé que era un resfriado. Pero no me sentía tan mal en ese momento, así que no dije más.—Se encogió de hombros. Me acerqué para acariciar su espalda, mientras él se acurrucaba mejor en Osomatsu. Ichimatsu siempre se sentía mejor cuando estaba cerca del mayor.—¿Dónde está Karamatsu?—Preguntó.
—No contestó su teléfono. Debe de estar con los chicos de su club.—Osomatsu comenzó a caminar hacia fuera de la enfermería y los demás le seguimos. Me detuve, recordando la mochila de Ichimatsu y regresé por ella al lado de la camilla.
Me agaché para tomarla y justo cuando la levanté del suelo, una pequeña hoja cayó de ella. Escuché las carcajadas de los demás, y que llamaron mi nombre. Pero me agaché por la pequeña hoja arrancada de un cuaderno. La tomé y le di la vuelta para ver lo que había del otro lado. "No faltes mañana. ¡Recuerda que comienza tu iniciación!".
Fruncí el ceño confundido y me encogí de hombros. Guardé la nota en un pequeño bolsillo lateral de la mochila y salí de la enfermería junto con los demás.
