Digimon NO me pertenece.

~Takeru Takaishi y Taichi Yagami son protagonistas de mis fantasías, ohshí~

Historia hecha sin ánimo de lucrar.


Él y ella


Sora abrió rápidamente la puerta de su hogar, adentrándose torpemente a la casa. Divisó que su madre la esperaba sentada en el comedor con una rica cena, mirándola sonriente.

—¡Mamá! —expresó felizmente a modo de saludo, sacando las llaves del picaporte—. Tenemos visita —siguió enseguida, girando su cuerpo y haciéndose a un lado para dejar ver a Taichi Yagami, quien sonreía de una manera estrepitosa y algo nerviosa.

La madre de Sora expresó una clara sorpresa. Arregló su cabello fugazmente, desviando su vista de los muchachos. Se paró rápidamente y caminó hacia ellos.

—¡Bienvenido al hogar Takenouchi, joven! —expresó extendiendo su mano. La pelirroja la miró cariñosamente, afirmando con la cabeza. Miró lentamente a Tai quien sostenía ya a esas alturas la mano de su querida madre, con mucho cuidado y educación.

Quizás no había sido una mala idea llevarlo a casa. Al fin y al cabo, había hecho amistad con él y necesitaba ayuda…

Sólo eso.

~o~

Ella le había pedido una sonrisa. Tan sólo una sonrisa.

Pero él quería hacer mucho más que eso. Las increíbles ganas de tomarla entre sus brazos vinieron tan rápido como sus impulsos lo eran. En un momento como ese, cualquier cosa podía hacer. Un momento vulnerable. Un momento de temor. Un momento del pasado.

Miró a Mimi levantando la cabeza, viéndole con mucho más detalle que otras veces. Parecía como si ella no se diese cuenta de la mirada que él le proporcionaba. Una mirada tierna y llena de ganas de querer tenerla más cerca de lo que ya la tenía. La castaña tan sólo le dedicaba una tenue sonrisa y movía sus dedos constantemente en una clara señal de incomodidad. Pero no por él, ni tampoco por la situación. Él lo notaba.

La postura que Mimi había adoptado para poder verle mucho mejor era bastante incómoda. Notó cómo ella se tambaleaba de vez en cuando debido al peso que sostenía sólo sus talones. Era inestable y torpe. Mas cualquier postura incómoda o no, no impedían alejar la situación en la que estaban: inmersos en las miradas del uno y del otro.

No sabía si eran las ganas de acercarla más a su cuerpo o simplemente las ganas de querer ayudarla y evitarle un golpe duro hacia el suelo. Agarró el brazo de la chica, incitándola a levantarse lentamente junto a él, sin despegar su vista de los ojos achocolatados de ella. Mimi borró lentamente el rastro de sonrisa y se dejó guiar por Matt, intentando retener las enormes ganas de abrazarlo, acurrucarse en su pecho o cualquier contacto físico.

Los nervios comenzaron a invadirla de a poco al ver cómo él se acercaba y acomodaba lentamente sus brazos alrededor de ella, pasando desde sus hombros hasta llegar a sus manos.

Un toque suave con los dedos proporcionó él a sus frías manos. Mimi retuvo por un momento la respiración, ahogando sus emociones. El juego de miradas continuaba, ninguno de los dos cesaba de mirar al otro.

El chico arrastró el pie un poco más allá de lo que ya lo tenía, acercándose al cuerpo de Mimi. La castaña trató de imitarlo, queriendo alejarse de él. ¡Le hacía mal estar tan cerca de él! Unos nervios, unas mariposas molestosas en el estómago la hacían dudar de toda cordura que guardaba en esos momentos. Podía sentir cómo Matt apretaba de vez en cuando su mano, adelantando un paso más hacia ella.

Oh rayos…

"Mimi, aléjate" Se animó mentalmente.

El rubio levantó su mano junto con la de ella, entrelazándola. Desvió su mirada lentamente hacia las manos, haciendo que la castaña hiciese lo mismo.

¿Qué demonios estaban haciendo? ¡¿Qué rayos era todo eso?

De repente, Matt la miró posando su vista completamente en ella. Mimi Tachikawa sintió aquella mirada, penetrante. Sintió miedo de volver a verlo. Sintió temor de volver a ver sus ojos… Sentía que si lo miraba nuevamente no iba a ser capaz de soportar sus emociones y se lanzaría a él.

Seguía con la mirada puesta en sus manos, nerviosamente apretó sus labios y frunció el ceño levemente.

¡Estaba sufriendo!

Ella quería… abrazarlo. Quería mirarle.

Pero tenía miedo. Mucho miedo.

—Gracias —sintió la voz tajante y ronca de Matt en un susurro. El agarre de sus manos se deshizo rápidamente y se alejó completamente de la presencia de Mimi, caminando hacia su habitación en cosa de segundos.

Mimi cerró los ojos, aún con la mano levantada. Un leve cosquilleo sentía en su palma debido al contacto hecho con él. Sintió el portazo que dio Matt entrando de lleno a su habitación. Un silencio casi aterrador se hizo presente en el departamento.

—De nada… —susurró tras sentirlo. Abrió los ojos y se vio parada en medio del salón, cerca de la mesa, con la mano estirada y levantada frente a ella. Quería golpearse. De verdad quería hacerlo.

Ya tenía lo que quería: la ayuda de Matt. Sin embargo lo había estropeado todo con sus impulsos. ¿Qué era eso de pedirle una sonrisa? ¡Qué ridiculez! Ella le había dado la iniciativa para que él se comportarse así.

Se cuestionó quizás si estaba malentendiendo las cosas o no. ¿Por qué él actuaba así de repente? ¿Tomándole la mano? ¿Acercándose tanto a ella? Era la segunda vez que lo hacía. La segunda. No entendía nada de los sentimientos de él. No entendía porqué él se comportaba de aquella forma, confundiéndola y haciendo un revoltijo en su cabeza.

—Me volveré loca —murmuró, bajando su mano y dejándola caer a un lado. Era estúpida y ella lo sabía. Pudo sentir la mirada de Matt y de seguro él pudo darse cuenta de su expresión. Expresión que sólo daba a conocer lo cuán miedosa era y cuán incómoda se encontraba.

¡Pero esa no era la verdad! A ella le gustaba el contacto que tenía con Matt, pero no podía demostrarlo. Simplemente no podía. El miedo de demostrarle que lo quería, que se sentía atraída hacia él y luego, ella salir lastimada. El miedo a aventurarse con alguien que quizá era imposible.

—Tonta —se golpeó con la mano suavemente en la cabeza. Sonrió tímidamente, dándose cuenta de sus sentimientos.

Era inevitable negar lo innegable. Él… le gustaba.

~o~

—¡Sora me ha hablado mucho de ti! —mencionó la madre, sirviéndole un vaso de bebida al moreno. La aludida negó tanto con la cabeza como con las manos, haciendo un claro ademán que eso no era cierto. Tai tan sólo rió.

—Sólo le mencioné cuando te perdiste —corrigió, mirando a su madre.

—No seas tímida, también me contaste cuando lo conociste en la tienda y cuando…

—¡A comer! —le interrumpió ella, levantando las manos y llevándolas hacia su servicio. El moreno la imitó.

Taichi había sido un verdadero torpe al dejar sus llaves de la casa en la Tienda. No tenía cómo entrar a su hogar y esperar al que era su Tutor, era un azote. No quería quedarse afuera, pero debía hacerlo. Estaba sumamente agradecido con Sora, quien se había ofrecido a llevarlo a su casa hasta que su Tutor pudiese ir a buscarlo y llevarlo a casa.

No quería hacerlo, pero la tentación de pasar un agradable rato con la familia de ella lo había tentado.

—¿Y tienes hermanos Taichi? —preguntó la mujer.

—Síp, una hermanita menor —contestó él orgulloso, llevando la comida hacia su boca. Sora lo miró de reojo—. Su nombre es Hikari y es una chica muy dulce.

—Vaya, siempre quise tener una segunda hija o hijo, pero no se pudo —sonrió melancólica. Tai asintió levemente, no queriendo indagar en el tema, pues notó lo incómoda que se puso Sora ante el comentario de la mujer.

—Mamá, ¿le diste comida a Meryl? —expresó la pelirroja, tratando de desviar el tema de conversación.

—Sí, ha devorado bastante la pequeña. Creo que deberías dejar de darle leche, está muy gorda —comentó a modo de broma la aludida. Sora rió y llevó una mano a su cabeza, preocupada.

—No puedo ponerla a dieta mamá, es apenas una bebé.

Tras unas cuantas palabras intercambiadas de madre a hija, Sora se dispuso a preparar la leche para la famosa Meryl, excusándose de que debía tomar calcio para ser muy fuerte y sana cuando creciese.

Él aún no podía creerlo.

—¿Be-bé? —articuló apenas atragantándose con comida.

¿Sora tenía un bebé?

—¿No te contó mi hija sobre Meryl Takenouchi? —dijo la madre ante la sorpresa de Tai. Él negó con la cabeza, siendo incapaz de digerir la comida—. Oh, pues ella es muy importante para Sora. Es su vida —prosiguió la mujer.

—No shabía que teñía una bebesh —mencionó Tai tratando de tragar el gran bocado que antes se había servido. La mujer le acercó una servilleta para que pudiese limpiarse.

Sora Takenouchi tenía una hija llamada Meryl. Y él no lo sabía. ¿Cómo rayos se le había olvidado mencionar ESE detalle tan importante? ¿Tan joven y era mamá? Dejando los prejuicios de lado, estaba indignado. Había creado una linda amistad con le pelirroja como que para ella no le contase sobre su hija. ¿Acaso tenía vergüenza? ¡Él no podía permitir eso! Los hijos eran lo más valioso para los padres, ¿Sora no lo sentía así como para olvidar mencionarla?

—Pues ahora ya sabes —sonrió la mujer. Tai levantó los hombros y siguió con su comida. No podía creer que Sora tenía un bebé… Era cosa de verla. Delgada, atlética y se notaba que era una chica responsable. Él sabía que no tenía novio, por lo tanto, ¿era madre soltera?

—Bien, le he dado su leche —la voz de la chica se hizo sentir en el comedor. Volvió a sentarse en su lugar—. ¿Pasa algo? —preguntó ante la mirada llena de dudas de Tai.

—No sabía que tenías una bebé.

—¿Eh? —se sorprendió ella—. ¡Oh! Hablas de Meryl —se percató. La madre de la chica comenzó a recoger la mesa, dejándolos solos por unos momentos—. Se me había olvidado mencionarlo con tanto ajetreo en la Tienda y eso.

—¡Cómo se te olvida mencionar algo como eso! ¡Debes estar orgullosa! —gritó él. Sora abrió los ojos y arqueó una ceja. ¿Por qué se alteraba de repente? ¿Y orgullosa?— Me hace creer que eres una mala madre… —susurró viéndole fijo.

Ella cuidaba muy bien de Meryl… No lo entendía.

—Ehm… la mantengo bastante bien —murmuró llevando sus manos hacia la cabeza de Tai—. ¿Estás bien?

—¡Es que no puedo creer que ni tú ni Mimi me hayan contado sobre eso! —siguió el chico indignado, ignorando las palabras de la chica.

—Tai, no creo que sea un dato importante decirte que tengo una cachorrita.

¿Cachorrita? ¿Un perro?

~o~

Mimi cortó un pedazo de pizza y se dispuso a comerla, aunque no tuviese hambre. Matt no había salido de la habitación y ella tuvo que pagar la pizza. Aunque eso ya no le interesaba la verdad. Comer sola no era su mejor parte de tener la casa para ella. Al comienzo le había entusiasmado la idea de estar sola en casa y tener que valerse por ella misma, haciendo aseo, tratando de madurar un poco más. Pero en esos momentos, deseaba unas enormes ganas de llamar a su madre y pedirle que regresara.

El departamento estaba en completo silencio y ella ahí, sola. Sentada en la mesa, tratando de comer cuando incluso el hambre no se hacía presente en su cuerpo. Estaba totalmente desganada.

Le dolía que él se hubiese ido dejándola sola, retóricamente, pues en presencia estaba, pero en su habitación. ¿Acaso a Matt le había dolido que ella no respondiera a sus sentimientos? Pero, ¿él de verdad tenía sentimientos hacia ella? Dejando de lado que era su prima, claro estaba. Sus acciones demostraban que sí, pero no sabía lo que pensaba.

—Quizá sólo se siente solo… —murmuró para sí misma, posando la vista en el trozo de pizza.

Suspiró pesadamente. Tal vez tenía razón. Además, ¿no que él iba a salir con esa tipa del libro? ¡Ella los había visto acaramelados! Abrazándose, riéndose. Sus ojos demostraban tristeza al repetir una y otra vez esas escenas de ellos dos juntos. Sabía que estaba celosa, o algo sabía que eso le causaba algo negativo en ella.

—Estoy confundida —asumió, susurrando nuevamente. Comió sin muchas ganas un pequeño pedazo de pizza y tragó con dificultad. Se preguntaba si Matt sólo la veía como su prima y amiga, y sólo eso. Si era ese el caso, definitivamente se debía sacar de la cabeza saber si era su primo o no. Porque sólo le importaba saberlo por una razón.

Y él no quería saberlo por la misma razón que ella.

La puerta de la habitación de Matt se abrió lentamente, dejando ver su figura de a poco. Mimi levantó la vista hacia él.

—Llegó la pizza —comentó tratando de apaciguar el ambiente. Él guardó silencio, dirigiéndose a la cocina.

No aguantó más. Dejó caer el tenedor en la mesa y lanzó la silla con fuerzas hacia adentro. Tenía que ir a dejar el plato a la cocina, pero no iría. ¡No le gustaba que la ignoraran! Y él lo estaba haciendo sin piedad. Frunció el ceño notoriamente y giró su cuerpo con la única intención de caminar hacia su habitación en silencio, sin embargo, las horribles ganas de gritarle algo se la comían. Dio dos pasos y apretó los puños. Ella había intentado hablarle y él simplemente se jodía en su propio mundo.

—¡Eres un idiota Yamato! —chilló fuertemente, tomando vuelo hacia su habitación rápidamente. Él la observaba desde el marco de la puerta, apoyado en él con un vaso de agua.

Sí. Lo era.

Sintió el duro golpe que Mimi proporcionó a la puerta al entrar a su habitación. Observó la sala, posando su vista en distintas partes del lugar.

Todo iba de mal en peor. Primero, se peleaba con su único hermano. Segundo, su madre no mejoraba en absoluto. Tercero, aparecía el tan esperado padre que jamás en su vida había tenido. Y por último, se peleaba con la única persona que solía hablar sobre sus problemas. Taichi contaba, pero hasta ahí no más. Él no conocía su historia. Sólo se lo había confiado a Mimi Tachikawa.

Pero él lo había arruinado todo. Sus emociones le jugaban una mala pasada. Mimi… era especial. Ella era una chica totalmente distinta a las que conocía. Todas las chicas trataban de simpatizarle, guiñándole el ojo, sonriéndole la mayoría de las veces, aludiéndolo, mas ella, actuaba como actuaba con cualquiera.

Negó con la cabeza lentamente. Tenía muchas cualidades que a él le gustaban y lo tenía más que claro. Sólo había un pequeño problema: era su prima. Su familia. Y no podía retener esos sentimientos, simplemente debía dejarlos ir, pero era difícil teniéndola cerca siempre.

Quiso actuar racionalmente pero sus emociones lo traicionaron. Las enormes ganas de besar a Mimi habían aparecido nuevamente. Y ya no se podía contener. Tenerla cerca era bueno y era malo. Y no sabía porqué camino irse.

Había mentido también. Él no sabía si realmente eran primos, y la verdad era, que no le interesaba si los padres de Mimi lo echaban por no serlo. Eso ya había pasado a un segundo plano, lo tenía en mente, pero no era lo primordial. Porque estaba siendo más que claro… Sabía perfectamente que su duda era sólo importante por ella.

Por Mimi Tachikawa.

Bebió un sorbo de agua, tratando de espabilarse un poco más. Las cosas no podían seguir así: ambos debían aclarar sus sentimientos. Dejó el vaso de agua en la mesa de camino hacia la habitación de la chica.

Se paró frente a su decorada puerta y tomó aire, dándose ánimos mentalmente. Tocó la puerta dos veces, mas nadie contestó.

—Mimi —volvió a tocar—. ¿Puedo pasar? —preguntó pegando su cabeza a la puerta. El silencio era lo único que podía percatar del otro lado de la habitación. Dio un paso hacia atrás, pensando que debía irse. Quiso dar media vuelta y dejar las cosas tal cual estaban…

Quería pero no podía.

—Pasaré —habló tajantemente. Abrió despacio la puerta, alzando la vista hacia la habitación que se encontraba oscura a esas alturas del día—. ¿Estás despierta? —quiso saber, aún afuera de la habitación. La chica no respondió nada. La divisó acostada en la cama, por encima de las sábanas.

Cerró la puerta tras haber pasado por completo a la habitación. Se acercó lentamente y con mucho cuidado hacia la cama de la chica, no quería tropezar con algo y llevarse una caída en momentos tan serios como esos. Llegó a un lado de la cama, mirando con detalle la postura que Mimi mantenía desde que él había ingresado al cuarto. Llevó una mano dudoso hacia la lámpara del velador que se encontraba a un lado y la encendió, mirando con mucha más claridad el rostro inexpresivo de la castaña.

—Hey —la llamó mirándola. Ella mantuvo el silencio tal cual él lo había hecho minutos atrás—. ¿Podemos hablar?

La chica sostenía la vista en un punto fijo, sin decir nada. Matt suspiró ante su actitud. Ahora entendía su enojo, él también la había ignorado.

—Lo siento —habló él casi en un susurro desviando su vista hacia la ventana.

—No te oí.

—Dije que lo sentía —susurró nuevamente, llevando una mano hacia su nuca nervioso.

—Sigo sin escuchar.

—Lo… siento —repitió un poco más cansado de la situación. Mimi negó con la cabeza y lo miró.

—No te…

—¡Lo siento! —gritó mirándola con el ceño fruncido. ¿Estaba jugando con él?

—Bien —sonrió ella levemente, alzando las cejas ante la reacción repentina de chico—. ¡Qué temperamental! —expresó.

El rubio suspiró, torciendo los labios. Se sentó en la cama manteniendo la mirada con Mimi, quien tan sólo se había movido un poco desde que él estaba presente en la pieza. Ella lo miraba hacia arriba, pues estaba acostada. Mientras él jugaba con sus dedos algo nervioso.

—Y bien… —se atrevió a hablar la castaña, esperando una respuesta de Matt. Él sólo apretó los labios—. ¿Sólo eso? —siguió ella con voz suave. Era obvio que no sólo era eso, pues él seguía ahí.

—No —respondió.

—Soy toda oídos —lo alentó a seguir. Movió su cuerpo quedando totalmente de espaldas a la cama, y acomodó las manos unos par de cojines para quedar más erguida. Él miraba hacia el ropero, guardando silencio.

—Yo… quiero saber algo —comenzó a hablar, Mimi asintió con la cabeza—, tú quieres saber si somos primos, ¿no?

—Síp.

—Sólo para saber la verdad, ¿nada más que eso? ¿No hay otra razón para saberlo?

Mimi iba a cometer un pecado y lo sabía. Pero realmente poco le importaba, si no lo hacía en ese preciso momento, no lo iba a hacer nunca. Tragó saliva y respiró lentamente, tratando de contenerse para hablar. Menos palabras y más acción. Aproximó su cuerpo rápidamente hacia Matt, quedando a escasos centímetros de su rostro. Lo miró detenidamente y vio la sorpresa reflejada en sus ojos azulados. Quería reír, pero no podía, ya estaba decidida y estaba ahí.

Acercó su rostro un poco más, sintiendo la respiración del chico agitarse: ahora ella lo tenía en una situación comprometedora. Matt no atinó a hacer absolutamente nada, quedándose estático en su posición.

Mimi posó sus labios en la comisura de los de él, apretando suavemente.

Un toque dulce y suave.

~o~

—Quiero explicaciones.

La poca expresión y la tensa voz de Takeru hicieron temblar a la mujer. Natsuko movía el pie rápidamente, tratando de evitar los nervios. La convicción que veía en los ojos de su pequeño hijo le estaban dando a entender que tan pequeño no era. Que estaba creciendo, y que ella no hacía más que cortarle las alas.

Matt y TK eran tan diferentes como similares. Tenían muchas cosas en común, pero también muchas cosas distintas. El mayor había sido criado de una forma más dura, él vivió lo que ella había vivido en carne y hueso. Yamato vivió el proceso de la separación, de las peleas, de los gritos por las noches y de muchas horas de lágrimas; además de la repentina posición que llegó a ocupar con Takeru, siendo casi como un padre para él.

¿Qué sacó o sacaba con envolverlo en una burbuja? ¿Qué ventajas tenía aquello? Nada más que impregnarle temor a las aventuras que TK debía vivir. No podía seguir protegiéndolo, ella lo sabía y lo entendía, mas sus ganas de querer hacerlo le ganaban.

Sentía enormes ganas de abrazarle, de decirle que todo estaba bien y que lo que estaban haciendo era por su bien, y con eso, él reiría y la abrazaría. Pero sabía que eso no iba a ocurrir, porque ya no era un niño, él estaba siendo un hombre. Un chico que se daba cuenta de todo, un chico perceptivo, un hombre.

—Mamá.

La aludida cerró los ojos lentamente, pidiéndole perdón mentalmente a su hijo mayor. Ella ya no podía guardar silencio.

Se levantó de su asiento y se acercó a TK quien estaba desde hace un buen rato parado, mirándola atentamente. Llevó una mano hacia el corazón del chico y lo miró a los ojos. Una pequeña sonrisa se formó en los labios de Natsuko.

Era momento de contar la verdad.


Uy, me demoré. Pero bueno, que sepan que nunca llego a la hora ni tampoco nunca actualizo como debe ser xDDD, pero no dejaré la historia, eso es seguro~~.

Lamento no haber respondido sus reviews, así que se los agradeceré por aquí:

rouse malfoy, mimatoxlove, Rollincita, wca-camilo, Puchisko (ya verás que llegará aquella jugada ;DD), Rowss (missU' :c), Anónimo (no sabía cómo ponerte, ): espero que este capítulo haya sido de tu agrado x3), eau de toilette, Lenni Lennona (me gusta mi nuevo nick, pero siempre seré Sun, eaeaea1313 xD), LESLIE93 (¡muchas gracias por comentar y dejarme tu opinión (':).

Muchísimas gracias por sus comentarios, que sepan que es mi alimento para poder seguir con la historia :') ¡Les he tomado un montón de cariño! *se lanza encima y rueda*(?).

Y por último, agradecer a Kora, éste capítulo va dedicado a ella, porque es la que siempre me anima a seguir, me hecha perras (como decimos nosotras xD), me alienta cuando siento que no tengo inspiración. ¡El capítulo va para ti Wuashini! TE ADORO (L) *-*

Un abrazo, Suuun nao' Vaanity~