Summary: ¿Cuál había sido su pecado? ¿Ser rica? ¿Estar en el lugar y momento equivocado? Como fuera, ahora vivía un infierno ¿Cómo el dinero podría ser capaz de ponerle precio a una vida? —Universo alterno—
Disclaimer: Los personajes de Bleach son enteramente propiedad de Tite Kubo. Yo soy tan sólo una fanática loca que intenta emparejar por todos los medios a Ichigo y Rukia para su satisfacción.
Notas de la autora:
+ Esta historia nació en un momento de ocio. Creo que influyó mucho las constantes noticias acerca de la violencia que, lamentablemente, sufre mi país y ciertas experiencias cercanas que he vivido.
+ El título de la historia lo elegí por una canción de un grupo con el cual estaba traumada hace varios años.
El destino no quiere que actualice mis historias –llora- cuando por fin terminé este capítulo e iba a continuar con el de Compañeros de piso, comenzó a llover torrencialmente por mi casa y se cayó un árbol en unos cables de la electricidad… En fin, apenas arreglaron todo el desastre.
Gracias por sus reviews Juli, Guest y Mai.v y todas las personas que agregaron a alertas. De verdad, disfruto mucho cuando veo que en mi correo me llegan notificaciones de ff.
Sufrí mucho escribiendo esa parte, es que… al pobre le llueve sobre mojado. Juli, me hizo mucha gracia lo de Tousen jaja Creo que él me mataría con esta actualización, o quizás no, su sentido de justicia es medio extraño.
Este es el penúltimo capítulo.
-Y de la gasolina renació el amor-
Llamaradas
Y ahí yacía, acostada sobre la dura superficie del que alguna vez se pudo llamar colchón, haciéndose todavía más pequeña. No, ya no podía llorar, solo lanzaba lastimeros sollozos que ya no intentaba reprimir. Su cuerpo tenía movilidad, pero, paradójicamente, se sentía más inerte que nunca. La única diferencia entre un muerto y ella, era que su corazón aún seguía latiendo.
Nada más.
Aunque ella no lo supiera, habían pasado un par de horas desde que el Hombre número dos abandonara su habitación. No tenía noción del tiempo. Bien podría pasar un minuto, al igual que un día o una semana. Ya no le quedaban fuerzas para seguir luchando.
Sintió el amargo veneno en su boca y lanzó una última bocanada de humo. Su mirada se encontraba fija en el cielo, era luna llena y las estrellas le acompañaban como en una especie de manto cósmico. Dejó de pensar y se limitó a observar el paisaje nocturno, que le ofrecía la joven madrugada.
Estaba en medio de un gran dilema moral. Las cosas se estaban saliendo de control. Tenía que acabar con algún miembro de la familia Kuchiki, fuera Rukia o Byakuya.
Sabía perfectamente que no sería capaz de dañar a la pelinegra, así que descartando opciones, quedaba Byakuya. No lo conocía y por ello, se facilitaba la misión. Ignoraba que tipo de persona fuera, pero tan buena, no podía ser. Los dueños de las grandes fortunas no se caracterizaban precisamente por la bondad.
Tiró y aplastó lo que quedaba de su cigarrillo. El aire de Las noches le enfermaba a cada segundo. Ya no era capaz de llevar una vida así.
Escuchó que la puerta se abría de nueva cuenta y soltó un respingo.
—¡Me importa una mierda si no quieres verme! —exclamó el Hombre número dos. Ella se incorporó sorprendida— Necesitamos hablar.
—Yo no tengo nada que hablar contigo —sentenció fríamente la ojiazul, volteándose.
—Pero yo sí —repuso con decisión— Mañana mataré a tu hermano.
Rukia se forzó a no gritar.
—T-tú no puedes hacer eso… —musitó con voz temblorosa, poniéndose de pie— ¡Tú eres diferente!
—No, no lo soy —recitó amargamente— Tan sólo quería que estuvieras lista para la noticia.
—Sí, tu eres diferente a los demás… eres peor —le espetó con odio— Anda, vete y jode a todo el mundo. Tú… no tienes sentimientos… ¡Confórmate con toda tu mierda!
Sus palabras le hicieron enfurecer. Se acercó a ella y le tomó bruscamente por los antebrazos.
—¿Me conoces, eh? ¿Sabes quién soy? —inquirió sacudiéndola— En toda tu vida, el problema más grande por el cual has pasado, es decidir si usas tu bolso Louis Vuitton(1) oChanel(2) para salir —guardó una breve pausa— Nunca has sufrido carencias, de ningún tipo ¿Has perdido a tus padres? ¿A tus hermanas? ¿Te has quedado sin comer por días? ¿Dormido en la calles? ¿No, verdad? Entonces no tienes derecho a juzgarme… —le soltó lentamente y ella parecía inmutable— Me arrepiento por todas las cosas que he hecho, pero ya no hay vuelta atrás.
—Si lo hay… Nunca es demasiado tarde —respondió Rukia— Y tú tampoco sabes quién soy, así que también no tienes derecho a juzgarme.
Afonía.
—Está bien, lo siento —comentó, sentándose en la superficie de la cama— y también lo siento por lo que haré mañana.
—¿No hay ninguna alternativa? —preguntó, imitándolo.
—Asesinarte a ti o…
—¿O?
—A todos las personas que desean la caída de los Kuchiki.
—¿Es posible? —inquirió, atónita.
Él hablaba de la muerte, como si fuera cualquier cosa.
—Este lugar está muy mal diseñado, no hay casi ventanas y solo hay dos puertas de salida…
Rukia comprendió el mensaje rápidamente.
—¿Quemarlos?
—Sí, eso nos daría tiempo para que escaparas y huyeras con tu hermano a cualquier lugar, donde fuera, menos en Japón. Este hombre tiene sus alcances aquí, pero en otros países no lo creo.
—¿Y tú?
—No importa —expresó carente de emoción— Ya viví lo que tenía que vivir… De todas maneras, creo que me hubieran matado pronto. Al menos, de esta manera, haré algo bueno por primera vez en mi vida.
La pelinegra esbozó una sonrisa, admiraba su determinación.
Formularon su plan en media hora.
A cada palabra que él decía, Rukia llegaba a la conclusión de que era un hombre muy inteligente. No podía aceptar que él fuera a sacrificarse por ella… pero esto llegaba más lejos. Era por su hermano. Por las futuras personas que esos malnacidos afectarían si continuaran vivos. Incluso, por él mismo, como una forma de redención de todos sus pecados.
Palpó la caja de cerillas que llevaba en uno de los bolsos de sus vaqueros. De una manera ágil y discreta, roció la gasolina que contenía aquel bidón rojo que llevaba entre sus manos alrededor del inmueble. En la primera sección, dedicada al puticlub, serían los primeros en salir. Las chicas que trabajaban ahí, podrían salvarse todas. Ellas eran inocentes, no tenían porque pagar deudas que no les correspondían. Casi todas provenían de países muy lejanos, traídas con engaños. Ahora también serían libres. La sección media, para apostadores, también serían capaces de huir. Quizá se marearían un poco por el humo que respirarían, pero no ocurriría nada más. La última sección, la más corrompida de todas, pasaría a la historia; ahí iniciaría el fuego. Sacó una cerilla y la encendió con placer. Con esa simple chispa, Las noches se irían al carajo. No se quedó a ver la trayectoria de las llamas, simplemente salió corriendo por Rukia.
La noche transcurría tranquila, aunque eso terminaría rápido.
Tuvo la tentación de quitarse la venda, pero sabía que era una de las condiciones del Hombre número dos. Era una verdadera lástima que jamás pudiera ver su rostro. A cada segundo que pasaba, se impacientaba más. Temía que él hubiera sido descubierto o millón de cosas terribles. Él había dejado la puerta abierta, solo esperaría diez minutos más y saldría a buscarlo. Cuando escuchó que la puerta se abría, suspiró aliviada. No se dedicaron ninguna palabra y él se limitó a cargarla para huir. El fuego no tardaría mucho en expandirse por aquel sitio.
Tuvieron suerte.
Todos estaban ocupados por apagar el incendio de la última sección, que nadie reparó en la chica Kuchiki. Escaparon por la salida trasera y corrieron, sin detenerse, hasta que él sintió que sería seguro para ella. Llegaron a la espesura de unos matorrales, muy cercanos a la carretera principal.
—Es hora —sentenció, dejándole en el suelo. Luego le observó con una dulce mirada. Rukia intentó mandar al demonio su condición, pero él detuvo sus manos delicadamente —No lo hagas o te mataré de todos modos —le amenazó con un tono divertido, pero ambos sabía que iba en serio.
—Gracias… por todo —musitó llena de agradecimiento.
—Anda, ya vete —murmuró irritado, restándole importancia— y no mires atrás.
El hombre número dos se volteó, por si las dudas, aunque sabía que respetaría su palabra.
Dio un par de pasos indecisos y por fin se quitó el pedazo de tela sucio que le impedía ver. Agradeció a la noche, ya que de esta manera sus pupilas no sufrirían tanto para volverse acostumbrar a la luz. Vaciló al quinto paso, sin embargo continuó, hasta que dio con la carretera.
—Adiós, Rukia —susurró para sí, mientras se mezclaba entre las sombras de aquella fresca madrugada.
La policía dio con una Rukia Kuchiki sucia, harapienta y muy desorientada. Una pareja se había detenido ante las señales de la pelinegra y le llevó hasta la estación de policías, a pesar de sus protestas. Ellos no querían meterse en problemas ajenos, pero tampoco eran tan desentendidos como para dejarle ahí, tan desprotegida. Cuando Byakuya supo la noticia, esbozó la sonrisa más grande que en su vida hubiera hecho y Kiyone volvió a llorar, pero esta vez de alegría e inmediatamente se trasladaron por ella
Rukia jamás podría olvidar el reencuentro con su hermano: podía jurar que cuando le vio, sus ojos estaban vidriosos y por primera vez en sus vidas, se dieron un pequeño abrazo. Aunque claro, después recuperó su compostura rápidamente.
Ese, fue el primer día del resto de su vida.
Notas:
(1) Marca francesa de renombre que hace accesorios y ropa de cuero, muchos la consideran la marca más exclusiva de todo el mundo.
(2) Marca parisina fundada por Coco Chanel en 1910, se especializa en perfumes, bolsos y cosméticos de lujo.
