Capitulo 5
Andru y Baruk llegaron finalmente a través del portal directamente a un templo enorme e iluminado completamente por la luz del sol; pronto unas mujeres se acercaron vestidas con armaduras de batalla y ropajes de la antigua Grecia. Andru se sintió un tanto intimidado, al verlas pues recordó el mito de las amazonas y temió que estas fueran descendientes de las antiguas mujeres guerreras; sin embargo, Baruk no parecía intimidado ante la presencia de aquellas —¡he venido a ver al amo del templo!— exclamo manteniendo lo mejor posible el semblante de orgullo que caracterizaba al dios que habitaba aquellas tierras. Las guerreras retrocedieron finalmente y bajando ligeramente las armas que tenían y formando una hilera por la que ambos chicos caminaran, los pasos eran incomodos entre la atmósfera pesada que la escena generaba al rededor de ellos.
Entraron finalmente al templo subiendo un par de escaleras por las cuales subieron directo al centro esperando así encontrar un poco de paz a esa sensación incomoda que los perseguía incesantemente mientras mas avanzaban; paso a paso internados mas llegaron hasta el ultimo escalón ya con cuidado entraron el el edificio mas grande internados en un pasillo interminable que dio directo hasta un altar, justo en medio la estatua del dios griego del sol se alzaba a lo alto de manera imponente y espectacular al punto se asombrar a todo aquel que lo viera. Baruk comenzó a poner diversas velas y a encenderlas con su luz dorada para inclinarse después ante la gran estatua haciendo que Andru le imitara de igual manera. Cuando la esperanza de que sus ruegos no fueran escuchados se perdió por completo de sus corazones, la luz solar hizo cobrar vida a la estatua —el hijo de mi hermana ha venido directamente a mi templo a invocarme, esto sin duda me sorprende—hablo el dios de manera solemne —¿acaso mi hermana desea algo de mi? ¿o a que otra cosa has venidos?— Baruk se levanto —no vengo como hijo de mi madre la señora de la noche, vengo aquí a rogar la piedad por quien comparte mi lazo de sangre y que aun es hijo del señor del sol— unos pasos mas adelante hizo que Andru pensara lo peor, sin embargo eso no fue así pues escucho la carcajada del dios recorriendo todos los rincones de aquel recinto —¡ja ja ja ja ja, así que ese chico ha vuelto— la risa del dios finalmente termino —has venido a perder el tiempo, Akefia dejo de ser tu hermano cuando entrego su alma a Zorc— exclamo el dios de manera fría, Baruk sin embargo no se inmuto —si mal no recuerdo mucho de lo que paso en parte fue por causa tuya, tu nos abandonaste a nuestra suerte y luego me llevaste lejos a mi dejándolo el a la deriva… ahora se presenta una oportunidad nueva para que rescates al niño que dejaste atrás aquella vez— el dios le dio la espalda, queriendo ignorar las palabras… todo finalmente se convirtió en oscuridad.
Melkor seguía justo al lado de las camas del faraón y el ladrón, no sabia porque razón se encontraba cumpliendo la orden que Baruk le había pedido pero debía admitir que no tenia nada mejor que hacer; ademas de que no conocía nada en particular de aquel lugar. Timaeus se había retirado hacia un par de horas por lo que ahora se encontraba solo junto a dos chicos dormidos y por ende no había ruido por lo que cuando Minerva entro y le dijo que tenia visitas fue algo que realmente lo dejo sorprendido, ella se ofreció a cuidar a los dos pacientes mientras se dedicaba de atender a su visita. Luego de algunos minutos finalmente encontró la sala donde normalmente los estudiantes recibían a los visitantes, a la persona que vio justo enfrente fue a quien sin duda nunca espero volver a ver: el cabello blanco largo casi hasta el suelo, una túnica blanca cual espuma de mar que reflejaba por completo la grandeza de aquel —Manwë— murmuro tan bajo que apenas fue perceptible al oído humano pero lo suficientemente claro para que el mencionado supiera de su presencia pues pronto giro y las miradas azules se encontraron finalmente, una sonrisa apareció reflejada en los labios llena de felicidad —me alegro tanto de verte libre— susurro mientras se acercaba para intentar abrazar al otro —tu… no…—Melkor se comenzó a alejar paso a paso un tanto paralizado, esto precio notarlo pues se detuvo en el momento al ver como se alejaba —No tengas miedo, ha pasado tanto tiempo desde que nos vimos, sin embargo he estado esperando volver a verte— el peliblanco se entristeció —¿aun ahora me guardas rencor hermano?— tiro la pregunta al viento siendo de esa manera la mejor forma en que pudo hacer aquello. Melkor por su parte simplemente tenia la mirada fija en el piso tratando de ocultar sus sentimientos en aquel momento —simplemente no quiero verte— con ello salió corriendo sin prestar atención a los lugares en especifico, choco al menos unas tres veces antes de llegar al dormitorio y cerrar con violencia la puerta. El albino sin embargo se quedo de pie, otro hombre salido con el rostro cubierto por una capucha —veo que no ha tomado bien la visita mi señor— fueron las palabras que dio —lo se Aulë, pero no esperaba otra respuesta por parte de el; por ahora habrá que esperar a ver si hay un cambio— el peliblanco sonrío, el compañero simplemente cruzo de brazos —aun creo que no debería permitir que Mairon se quedara en este lugar— replica —pero seguiré sus ordenes si eso es lo que quiere— Manwë asintió levemente —espero que así, pronto haya señales de que el ha cambiado o si debemos volver a encerrarle—
Las cosas parecieron calmarse durante algunos minutos, Melkor finalmente regreso a a sala de enfermería quedando al cuidado de uno de los albinos; pues el tricolor curiosamente se había finalmente despertado mientras estuvo fuera y Minerva lo llevo a recorrer el lugar. Algún tiempo mas tarde llego finalmente Timaeus para colocarle un brazalete igual al que tenia el tricolor, Andru y Baruk regresaron a la enfermería algo aliviados y finalmente por ese instante quiso sentirse mejor y olvidar lo que paso, les pregunto a sus amigos que había ocurrido y estos le contaron la aventura que habían tenido al ir a buscar al dios del sol Apolo para pedirle que fuera el quien tomara a Akefia como protegido, aunque de hecho ambos tenían algo de pánico finalmente el dios acepto y los trajo de regreso firmando tambien por la custodia del peliblanco. Luego de un rato y al darse cuenta de que la noche estaba en su cúspide los tres finalmente se fueron a dormir para estar listos para el día de mañana.
Un chico rubio se quedo sentado en un sofá mientras veía a una ocupada Minerva teclear con gran velocidad, algunos estudiantes entraban y salían dejando consigo algunas hojas de papiro, un rato después finalmente Timaeus finalmente hizo su aparición dandole una seña sencilla para que entrara en la oficina; ambos tomaron asiento siendo el caballero el primero en sonreir —me alegro de que finalmente aceptaras la invitación que te hice hace tiempo— Timaeus sonrió mientras extendía su mano hacia el otro chico —no entiendo porque está confiando en mí señor, pero me dedicaré completamente a mi trabajo—el joven tomó la mano en respuesta, más no alzó la mirada, esto fue una señal para el caballero... —tu pasado no debe importar mucho ahora, concéntrate en tu futuro nada más— los dos se quedaron en silencio por unos momentos y luego ambos tomaron camino, Timaeus le mostró la academia a ademas de explicarle el funcionamiento de la escuela. Con el recorrido se sintió mejor y con algo mas de confianza, recorrido el salón que seria su lugar de trabajo; algunos instrumentos que se encontraban en la habitación y al tocarlos se dio cuenta que algunos estaban o desafinados o llenos de polvo, dio un suspiro grande y comenzó afinando arpas, laúdes, guitarras, liras, violines, violas, contrabajos, violonchelos, limpio un piano y una citara que parecía olvidada en un rincón tuvo que ser reparara con magia. Las percusiones fueron sencillas pues solo tenia polvo… pero los vientos finalmente no quedo mas que tirarlos pues estaban tan estropeados que su pensamiento le dijo que no seria bueno conservarlos por el bien de los alumnos "el bien de alguien" pienso irónicamente, pues tenia tiempo en que no pensaba realmente mas en ese detalle. Una vez terminado se coloco frente a la ventana y espero a ver que pasaba.
Despertaron tarde y casi corriendo, los tres chicos del equipo verde estaban como locos tratando de ponerse de acuerdo y lograr de arreglarse; salieron corriendo directo a la cafetería para tomar su desayuno y aunque llegaron tarde a la clase de historia universal tomaron el resto de sus clases normales como siempre. El descanso fue un poco mejor, respirando con mas calma ademas de que el director nuevamente se había unido a ellos; al parecer padre e hijo parecían mejor que el día anterior, luego de tomar el almuerzo hubo sesiones de practicas por lo que Baruk se fue al área de arquería mientras Andru al área de lucha cuerpo a cuerpo entre los cuales curiosamente había un miembro del equipo de aquella chica Lynette. Finalmente encontró su primer lugar de practica el salón donde se practicaba "música mágica" el fuerte de toda la clase ainur y por tanto algo que seguro seria fácil para el… Entro encontrando al chico tricolor (curiosamente su piel ya no estaba tan bronceada como antes) que había salvado la vez anterior —Hola— saludo —¿eres Aiko cierto?— dijo sonriente, el vala simplemente asintió levemente —espero que nos llevemos bien, soy Atem— extendiéndole la mano, el vala simplemente correspondido al gesto ademas de sentarse justo al lado de el. Algunos chicos llegaron y se sentaron mientras otros caminaban observando los instrumentos con sumo cuidado, Melkor observo y se pregunto que realmente era lo que otros querían hacer al ver todo. Cuando el salón estuvo lleno el maestro se hizo presente, cabello y ojos de oro, piel blanca como mármol, su cabello atado con una media coleta con un adorno rojo que resaltaba sobre su traje verde y marrón… Los recuerdos de Melkor llegaron tan rápido como se fueron, su corazón latiendo a todo lo que podía mientras una lagrima se asomo resbalando por la mejilla; justo frente a el se encontraba ni mas ni menos que —Mairon— salió en un murmullo —realmente eres tu mi pequeña llama—
