Hola!! Bueno, aquí estamos de nuevo.
ANTES DE NADA QUERÍA ADVERTIR QUE YO NO HE LEÍDO NI PIENSO LEER EL SÉPTIMO LIBRO HASTA QU ENO LO SAQUEN EN CASTELLANO, POR ESO QUERÍA PEDIR DISCRECIÓN, YA QUE NO QUISIESE ENTERARME DE COSAS POR SORPRESA EN NINGÚN REVIEW.
Weno, ahora sí. Me he dado cuenta de que Fan Fiction no muestra a veces los caps del fic, en ocasiones unicamente hasta el cap 5. Si alguien sabe porqué puede ser eso, q me lo diga.
En cuanto a los reviews... GRACIASSSSSSSSSSS, voy a contestarlos... al final del cap, para que asi no se desvele nada de este ok??
Y sin más, os dejo con el Capítulo 7 n.n
7. Nudo: Sarna con gusto no pica.
- ¡Por fin! – exclamó Alice pasándose el dorso de la mano por la frente sudorosa.
Después de haber recibido todas las explicaciones y recomendaciones por boca de Ray y haber aclarado de mejor forma en qué consistía el Omen Corfloris, McGonagall les indicó que dormirían tal y como lo hacían en Hogwarts, con los mismos compañeros de habitación, es decir, con dos tiendas por casa: una para chicos y otra para chicas.
Todas las chicas colocaron sus cosas bajo la sombra de unos grandes ejemplares de Sauces Llorones; y los chicos frente a ellas, a una distancia aprobada por la subdirectora, instalaron sus tiendas en una hilera que les tapaba la preciosa vista del lago.
- Vale, la tienda ya está. – comentó Ari sonriente - ¿No ha sido tan difícil, no?
- ¡No! – exclamó con ironía Corinne – Desde luego, después de una hora y media soportando tus chillidos en el oído, la dificultad alcanza otros niveles…
Ari miró a la morena con rencor, pero Lily cortó ese súbito ataque para centrar la atención en ella.
- Bueno, por lo menos ha quedado mejor que la de esos… - dijo señalando con la cabeza la tienda de James, Sirius, Remus, Peter y Frank, que llevaba montada una hora y mostraba un bonito decorado hecho con ramas que se asemejaban a postes de Quidditch.
- Buen intento de ánimo, Lil – la animó Alice aguantándose una carcajada. – Vale, es posible que la nuestra no sea la mejor – exclamó mirando su tienda, o lo que se suponía que era una tienda…
Un par de palos metálicos soportaban la carga de una gruesa tela impermeable color marrón, que en algunas partes quedaba tan tensa que parecía que iba a rasgarse en cualquier momento y en otras se hundía hasta alcanzar el suelo.
- Pero está hecha con amor – continuó ampliando su sonrisa. Y justo en aquel momento tan tierno, uno de los palos se calló y Corinne lo alcanzó con rapidez, quedando ella como pilar de la chapucera estructura – Ay, madre… - murmuró Alice.
Frank, que a lo lejos había estado observando divertido la hazaña de las chicas, le dio un golpecito a Remus en el brazo y le pidió que le acompañase a ayudarlas, lo que sirvió para que Sirius se mondase de la risa al ver a Ari haciendo malabarismos para evitar que la tela aplastase a Corinne.
- ¿Os ayudamos? – preguntó el rubio cuando llegó junto a ellas, observando como las cuatro chicas estaban tan ocupadas sirviendo de sujeción a la tienda que no se podían ni mover.
- ¡Frank! – exclamó Alice aliviada - ¡Sí, por favor!
Tras esas palabras los dos chicos se pusieron manos a la obra, a pesar de que Frank no era muy hábil que se dijese. Más de una vez colocó algún aplique al revés, que como estaba sellado mediante un hechizo, era muy difícil de recolocar. Pero tras otra media hora de maniobras consiguieron contemplar un habitáculo más o menos habitable.
- ¡Gracias! – exclamaron las cuatro resoplando de alivio y felicidad.
- No es nada… - las contradijo Frank con modestia.
- Bueno, nosotros deberíamos irnos a por nuestras maletas. – comentó Remus evitando intencionadamente la mirada escurridiza de Corinne - ¡Ah, por cierto! Nos ha dicho Ray que todas las maletas están en el porche de su casa, así que tenéis que ir a por ellas.
- Vale, ahora vamos a aplicarle a la tienda el hechizo ampliador que estaba apuntado en… ¿dónde están las instrucciones de montaje? – preguntó Alice revisando el suelo. Frank y Remus se alejaron despidiéndose con la mano
- Aquí – respondió Lily cogiendo un papel del suelo.
-Vale, tú hazlo, que eres la lista – ordenó Alice sacudiéndose un poco de tierra que tenía en los pantalones – Nosotras vamos a por las maletas.
- Si, ya, como la última vez ¿no? – comentó Corinne sin abandonar su tono irónico – Y luego somos las demás las que tenemos que cargar con todo mientras tú te tocas las narices…
- Bueno, hija, tranquila…
- Va, os complicáis demasiado – dijo Lily mirando las instrucciones del hechizo con el ceño fruncido - ¿Por qué no usáis el accio?
- ¡Cierto! – exclamó Alice levantando la varita.
- No, no – la frenó Ari sonriendo nerviosa – La última vez que invocaste un accio por poco no le arrancas las orejas a Frank. Mejor déjame a mí. – le pidió con la voz inundada en travesura.
Dicho eso y después de aguantar los pucheros de Alice durante unos minutos, Ari cerró los ojos imaginando los equipajes de las cuatro chicas y levantó la varita mientras pronunciaba el hechizo. A los pocos segundos una mochila azul cruzaba el cielo con rapidez, seguida de otra negra y otras dos marrones.
- Vale, ahora preparaos para las intercepciones… - ordenó Ari colocándose en la misma postura que cuando iba a recibir una quaffle.
Las mochilas sobrevolaron la tienda de los chicos a una distancia de un par de centímetros. Entonces Ari cogió aire y gritó:
- ¡Black! – y, como previsto por la morena (que sonreía con malicia), Sirius salió de la tienda a tiempo para que la última maleta, y más pesada de todas ya que cargaba con el equipaje de Ari junto con todos los objetos que habían llevado por si acaso, le golpease sin miramientos en la cabeza.
- ¡Auch¡Mierda! – exclamó Sirius llevándose la mano a la cabeza - ¿Qué coñ…?
- ¡Oh, vaya! Cuanto lo siento…– se disculpó Ari con un falso tono de arrepentimiento - ¡Siempre en medio, Black!
Sirius se irguió en toda su altura frotándose aún el cogote y miró a la morena con rabia. Ella, en cambio, atrapó con elegancia su mochila y se apartó el pelo de la cara para devolverle una sonrisa de suficiencia.
Lily y Alice miraban divertidas la escena. Después de dos semanas, su amiga parecía recuperar el sentido de su existencia: molestar a Black. No sabían a qué se debía, pero se sentían felices de que volviese a ser ella.
- ¡Ays…! Esto si que es una técnica antiestrés… - murmuró Ari mirando la tienda con orgullo.
- Vale, el hechizo ya está – anunció Lily sonriente – Sólo espero que Black no pretenda vengarse… - murmuró mirando la tienda, que aún mostraba un aspecto demasiado frágil.
- Sí, Ari, deberías abandonar esa competición de "a ver quién puede más" hasta que volvamos al castillo, por el bien común – opinó Alice ocultando una sonrisa a sabiendas de que su amiga volvía a ser ella misma y eso significaba que el simple hecho de pensar en no fastidiar a Black le parecería escandaloso. Con un empujón cariñoso de la Cazadora se internó en el interior de la tienda - ¡Wow! – exclamó desde dentro.
- Dudo que haya algo que pueda hacer por el bien común – opinó con aspereza Corinne siguiendo a la castaña al interior de la tienda.
Ari cogió aire con paciencia por el comentario de su amiga.
- Ari... sé que debes estar un poco cansada – le dijo Lily, que aún estaba fuera, a la Cazadora – Pero es mejor que tengamos la fiesta en paz… – susurró.
La pelirroja entró a la tienda dejando a Ari fuera con sus pensamientos. No entendía muy bien por qué Corinne era tan cruel con ella. Ya llevaban dos semanas así y como no la veía mucho lo había dejado pasar, pero ya se estaba hartando. Sabía que tenía que ver con Remus por el poco disimulo característico de su amiga pero por muy celosa que fuese no había razón para ponerse así…
Suspiró con abatimiento y se unió a las tres chicas.
Al entrar no creyó que aquello fuese cierto. El interior de la tienda era, con diferencia, mucho más grande de lo que aparentaba. Una litera con sábanas de colores vivos dibujaba la altura total, por lo que podían andar con gran comodidad. Otras dos camas individuales yacían pegadas a las telas que ocupaban el lugar de las paredes. El resto, con un espacio amplio en el que había una mesita, tenía el tamaño de su habitación de Hogwarts, con la diferencia de que la tienda olía a naranja. Incluso creyó diferenciar un apartado que podía ser un baño.
- ¡Ha …la! – murmuró.
- ¡Yo me pido la litera de arriba! – gritó Alice subiéndose con agilidad a la cama.
- Deberíamos dejar las maletas aquí dentro, caben perfectamente – opinó Corinne.
- Vale, pero mejor lo hacemos después de comer – dijo Lily tumbándose en una de las camas.
- Oye, Ari¿qué plantas te ha tocado recoger? – preguntó Alice apoyando la cabeza sobre una mano para mirarla.
- Pues… Flor Voladora, Acónito y esa que tenemos todos, la Omen Corfloris
-Seguro que Acónito hay en todos los lados – opinó Lily – no te será difícil de encontrar.
- Lil¿qué más sabes de la Omen Corfloris? – preguntó Corinne.
- No mucho más… la verdad es que nunca le di demasiada importancia.
- ¡Ah! – exclamó Alice como si se hubiese acordado de algo - ¿qué significa que tiene forma de "corazón latente"?
- Pues que es un corazón que late – intervino Corinne como si fuese evidente.
- ¿Eh?
- Sí, se supone que es un bulbo que tiene forma de corazón – explicó Lily – pero de corazón humano, no de esos que dibujas tú en tus libros. – se burló la pelirroja sonriendo.
- ¡Qué graciosa!...
- Yo una vez vi una foto en un libro – continuó la prefecta ignorando a Alice – Si no hubiese leído que era una planta habría creído que era un corazón de verdad, porque latía- explicó - Y aún dudo de que no lo fuese… como estaba en blanco y negro no pude diferenciar la textura.
- Pero… ¿cómo es eso de qué sólo pueden encontrarlo las mujeres enamoradas? – preguntó Ari interesándose en la conversación.
- No, que estén viviendo o vayan a vivir una bonita historia de amor – le corrigió Alice mirando al techo con sonrisa soñadora.
- Yo qué sé – exclamó Lily levantándose – A mi eso me suena a cuento chino…
De pronto, un estallido proveniente de la caseta del guarda las sobresaltó.
- Tenemos que ir a comer – informó Corinne levantándose también.
- Oh…no, y después a perderme por la isla con Potter – murmuró la pelirroja poniendo pucheros.
Lily y Corinne abandonaron la tienda para ir a comer, pero Ari, al contrario, se tumbó en la litera de abajo.
Desde la charla que tuvo con Remus había estado pensando mucho en lo que él le dijo: "Quizás eres tú la que no puede amar". Se consolaba diciéndose que sí podía, pero que aún no había conocido a la persona adecuada. Sin embargo, la duda había ido colmando el vaso poco a poco y, a pesar de que aquella mañana había hablado con Remus en el vestíbulo del colegio para disculparse con él por lo que le dijo sobre Shally, pensar que nunca podría amar la estaba consumiendo.
Y justo en ese momento aparecía esa planta, que auguraba una historia de amor en quien la encontrase. "¿Cosas del destino?" se preguntó. Porque, aunque Lily dijese que aquello era una tontería, el testimonio de Ray y el simple hecho de que los profesores apoyasen la búsqueda del Omen Corfloris eran sucesos que alentaban la fe en sí misma lo suficiente como para que deseara encontrar el espécimen. Si lo hiciese sería la solución a su problema…
Comenzó a divagar por los lugares donde podría encontrarla, sin darse cuenta de que Alice la llamaba desde la puerta de la tienda.
- ¡Ari!
- ¿Qué? – bramó furiosa por la interrupción.
- ¡Vamos! – dijo haciendo un gesto hacia la salida.
Ari se levantó suspirando con paciencia y salió de la tienda siguiendo a Alice.
- ¿En qué piensas? – le preguntó la castaña con el ceño fruncido.
- En lo de la historia de amor… - respondió la morena mientras daba patadas a una piña seca que había encontrado en el suelo.
- Sería increíble encontrar una planta de esas¿no? – preguntó retóricamente la castaña. Ari asintió – Pues dicen que toda bonita historia de amor termina en tragedia…
- ¡Alice! – exclamó Ari riéndose de las ocurrencias de su amiga, que siempre conseguía hacer de un bonito piropo un feo insulto encubierto.
- ¡Es cierto! – se defendió la chica sonriendo – Así que no sé que es mejor, sí encontrarla o no
- Encontrarla – respondió Ari sin dudarlo – Es mejor vivir poco pero haber amado que morir de vieja revenida.
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Después de comer al aire libre acompañados por las miradas despavoridas que Lily, como buena fóbica de las aves, lanzaba a cualquier pajarito que sobrevolase la mesa, Ray les pidió que cogiesen un sombrero, guantes y una cesta cada uno y que comenzasen la búsqueda.
Aquel día fue el más duro del fin de semana que, pensaban, sería todo descanso y diversión.
Lily y James tuvieron que buscar una extraña flor que, al cortarla, expulsaba un asqueroso líquido verde de olor fétido. Gracias a que Lily recordó un hechizo para cortar las flores desde la distancia y a que la pelirroja logró alejarse de James para evitar discusiones, pudieron terminar la jornada con una buena cantidad de especimenes olorosos. Y la causa de que el moreno aceptase sin rechistar la medida tomada por la prefecta era que al día siguiente uno de los dos tendría que ser drogado y él tenía muy claro que Lily sería la elegida para tomar las esporas de Inviraíz. No pasaba nada por que aprovechase ese día para darle confianza a la chica…
Sin embargo a otros no les fue tan bien, como, por ejemplo, a Corinne y Alice. Cuando dieron las ocho y depositaron su cesta a los pies de los profesores tan sólo habían conseguido tres Cloclearias, aunque estaban llenas de barro y moratones a causa de que esta simpática planta tenía por costumbre alzar raíces y salir corriendo cuando se veía amenazada.
La cena transcurrió en calma gracias al cansancio de los alumnos. Como en la comida, se sentaron en cuatro mesas, una de cada casa, que estaban en el patio del guarda. Por suerte no tuvieron que soportar críticas de los Slytherins, ya que a estos les había tocado bastante alejados de ellos tanto en el improvisado comedor como en las horas de trabajo. Y también consiguieron alimentarse sin insultarse entre ellos: el hambre y el sueño eran mucho más llamativos que una discusión.
Después de cenar todos fueron derechos hacia sus tiendas, sin entretenerse a molestarse unos a otros.
Remus se quitó la sudadera negra que llevaba y se tiró a su cama sin pensárselo dos veces. Ari y él habían tenido que buscar raíces de Acónito, por lo que habían pasado la tarde entre barro.
- Dios… creo que esta noche dormiré como si me hubiesen echado un hechizo durmiente… - murmuró Sirius imitando al prefecto.
- ¿Tú que has tenido que buscar? – le preguntó James quitándose con asco los pantalones empapados de líquido verdoso.
- Ligústico – respondió con la cara hundida en la almohada.
- Veo hojas fucsias por todas partes… - comentó Peter subiéndose a la litera.
- ¿Qué os toca mañana? – preguntó Frank saliendo del baño.
- A mi Flor Voladora – respondió Remus sacándose los zapatos a la vez que se metía entre las sábanas.
- A nosotros semillas de Mandrágora – dijo Sirius quitándose la ropa.
- Y a mí Inviraíz… - informó James sonriendo con travesura.
- ¿Qué tienes planeado, Prongs? – le preguntó Peter leyendo la mala intención en su voz.
- Ya lo veréis mañana… - respondió quitándose las gafas y dejándolas en la mesilla de mimbre que compartía con Remus.
Al cabo de unos segundos de silencio que todos aprovecharon para ocupar sus camas y cerrar los ojos saboreando el gusto del descanso después de un lago día, Remus interrumpió el inicio de la paz sobresaltándoles a todos con su ronca voz.
- Oye¿Wormtail no tenía alergia al grito de la Mandrágora?
- Oh… mierda ¡es verdad! – exclamó Sirius - ¿Por qué no me lo habías dicho? – le preguntó a Peter incorporándose para mirarle.
- ¡No me acordaba…! – se defendió el otro.
- Pues más te vale inventarte unos tapones para las orejas o un hechizo insonorizador – le avisó Sirius volviendo a tumbarse enfurruñado.
Después de eso ninguno recordaba nada más. El sueño les había vencido ofreciéndoles tentadoras posibilidades de disfrute. Y así pasaron las pocas horas de descanso que tenían hundiéndose en lo onírico que pudiese aparecerles.
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A las ocho de la mañana del día siguiente un nuevo estallido de chispas luminosas acompañadas por una melodía estridente de trompetas los despertó a todos con sobresalto.
- ¿Qué narices pasa? – preguntó James poniéndose las gafas.
- Mierda… se me olvidó – murmuró Remus estirándose. – Teníamos que levantarnos a las ocho.
- ¿Pues no tenemos la mañana libre? – preguntó molesto Sirius.
- Ya, pero el desayuno no espera por nadie… - explicó el prefecto levantándose para ir al baño. – Ale, todos arriba.
Cuando llegaron al comedor las chicas ya habían ocupado sus puestos en la mesa con las peores caras que habían visto jamás. A pesar de las ojeras y el sueño que se dibujaba en sus miradas, se podía cortar la tensión con cuchillo.
Corinne y Ari parecían haber peleado según interpretaron los chicos al percibir las miradas de odio que intercambiaban, miradas que estaban acostumbrados a recibir ellos. Por el contrario, Lily y Alice intentaban apaciguar el ambiente ofreciendo magdalenas o zumo que las otras dos rechazaban casi al instante.
Sirius y James aprovecharon las malas pulgas de las chicas para meter cizaña, consiguiendo que Ari se levantase exasperada antes de terminar el desayuno y se sentase junto a los de Ravenclaw.
Después de eso el desayunó discurrió sin mayores complicaciones hasta que McGonagall pidió a dos chicas de la nueva mesa de Ari que fuesen a hablar con ella. Como pudieron ver se trataba de Dinna y su amiga, que al parecer habían hecho algo que no tenía muy contenta a la profesora.
- Voy a ver qué pasa – informó Sirius socarronamente, ansioso de alimentar su vena chismosa.
Después de desperezarse se encaminó hacia la mesa de los profesores, pero cuando iba a mitad de camino paró y, volviéndose hacia los Ravenclaws, ocupó el sitio que anteriormente había sido de Dinna.
- ¡Hola! – saludó. Todos los chicos le respondieron con indiferencia, pero las chicas le miraron sonriendo con picardía, menos Ari, que suspiró y se llevó la mano a la frente.
- ¿Qué haces, Black? – preguntó mirándole con paciencia - ¿Acaso te aburres con tus amigos y te dedicas a perseguirme?
Sirius la miró sin abandonar su sonrisa seductora y se volvió hacia las demás, ignorando por completo la pregunta de la Gryffindor. Ari apretó los puños. Esa táctica de desprecio era la que más odiaba y él, que lo sabía, solía utilizarla cuando no quería discutir (que era en muy contadas ocasiones). Por eso la morena sintió como sus nervios se crispaban como púas.
Después de la falta de vergüenza que había demostrado durante el trayecto en barca el día anterior al sugerir que ella había perdido su virginidad entre la marabunta de chicos con los que había salido, se la tenía jurada y el golpetazo que había recibido por parte de las maletas no era venganza suficiente. Sabía que la gente pensaba que había intimado ya hasta ese grado con algún chico y ella solía ignorar esos comentarios, pero un ataque tan directo era demasiado osado incluso para el Golpeador.
- ¿Qué ha pasado con Dinna? – preguntó el moreno yendo al grano. Ari chirrió los dientes por el desprecio.
- Al parecer ayer ella y Dorotea se dedicaron a bucear en el lago en vez de buscar su planta – le explicó una chica morena de pelo corto que le sonreía coqueta.
- ¿Y ahora qué va a pasar? – preguntó el chico mirando al lugar en el que McGonagall estaba hablando con ellas.
- Pues seguramente llamen al hombre del saco para que se las coma – comentó Ari perdiendo los nervios - ¿puedes irte ya o aún te quedan más ansias de cotilleo?
Sirius volvió a mirarla con su media sonrisa característica y negó con la cabeza de forma socarrona.
- Bueno, muchas gracias, señoritas – dijo levantándose a la vez que hacía un gesto con la mano como si se quitase un sombrero – Y cuando digo señoritas me refiero a las que lo son, no a aquellas que aparentan serlo…
Y dicho aquello se alejó y volvió a su mesa, dejando a Ari con los puños apretados por la impotencia y al resto de las chicas mirándole con admiración.
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- Venga, Wormtail, ven – ordenó Sirius cogiendo a Peter de la sudadera y tirando de él hacia arriba.
- ¡Ay¿Qué pasa? – preguntó el chico confundido obedeciendo a los tirones.
- Que no podemos permitir que te expongas a los gritos de la Mandrágora…
James, Remus y Frank se miraron intrigados por la respuesta del moreno. En ese momento llegó Ari, que cogió la jarra de agua y se sirvió en un vaso. Era evidente que estaba furiosa por el temblor de las manos y la mirada asesina que dirigía a todo lo que se pusiese en su camino.
- ¿Ari…? – la llamó Alice con temor.
- ¡Qué! – bramó la chica dejando el vaso en la mesa con tanta fuerza que el agua salió disparada hacia todos los lados, empapando a los chicos, que estaban más cerca.
- ¡Ey! – exclamó James.
- Lo siento – se disculpó la morena - ¡Tergeo! – exclamó con rapidez apuntando al pecho del Gryffindor, en el que había caído la mayor parte del agua. Al instante la mancha húmeda desapareció.
- ¿Se puede saber qué te pasa? – preguntó Corinne con falsa amabilidad.
- Pues que la ignorancia es la peor forma de… ¿Acaso te interesa? – preguntó interrumpiéndose para devolver las malas formas a la delegada.
- No, pero como no somos videntes, no podemos adivinar qué es lo que pasa por esa bola hueca a la cual llamas cabeza – respondió la otra con tranquilidad. Ari la miró cambiando su mirada furiosa por otra inundada de tristeza y se alejó sin despedirse.
- Será mejor que vaya con ella y empecemos a trabajar – murmuró Remus levantándose. Nada más dicho eso Corinne se atragantó con una miga de pan que Lily tuvo que extraerle mediante un hechizo.
- Bueno, Evans, amor, cuando termines tus clases de primeros auxilios avísame y vamos a hablar con Ray – informó James divertido levantándose para irse. Lily le miró decidida a escupirle en la cara, pero prefirió calmar a Corinne que estaba roja como un pimiento, aunque no sabía a qué se debía, si al atragantamiento o a lo dicho por Remus.
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Sirius volvió a la tienda a media mañana con una sonrisa que delataba su éxito en lo que fuese que había ido a hacer con Peter. Sin embargo este venía tras él con la cabeza gacha y un rubor en las mejillas que no cuadraba en el marco.
- ¿Qué ha pasado? – preguntó Frank levantando la vista de la gran mancha amarilla que estaba intentando arrancar de su pantalón, fruto de la jornada anterior.
- Nada, todo arreglado – respondió Sirius con tranquilidad.
Los otros tres muchachos miraron a Peter, que tragó saliva como si de una piedra se tratase.
- ¿El qué está arreglado? – inquirió Remus con desconfianza imaginándose lo peor.
- Pues lo de la alergia de Wormtail.- aclaró el moreno – Como Dinna y su amiga tenían que estar separadas por un castigo que les a impuesto McGonagall y el pobre Wormtail no podía acompañarme a por las semillas de Mandrágora, yo he sugerido que Dinna venga conmigo a por las semillas y que Pettegrew vaya con su amiga a por lo que tuviesen que recoger ellas…
- ¿Y McGonagall ha aceptado? – preguntó James incrédulo.
- Sí…aunque Wormtail no parece muy contento… - respondió el otro sonriendo.
- ¿Por qué? – inquirió Frank mirando a Peter.
- Bueno, es que Dorotea es… tan guapa… - James comenzó a reírse y a insultarle cariñosamente ignorando su pequeño problema para después volverse hacia Sirius y darle una palmada de felicitación en la espalda que dejó al moreno sin aire. Remus y Frank, que contaban con mucho más tacto que el Cazador, guardaban una posición entre el entendimiento hacia Peter y la enhorabuena hacia Sirius.
- Prongs, te dije que te demostraría que me podía fijar en Dinna y voy a hacerlo… - comentó Sirius al cabo de unos minutos.
- Ah, no. – le contradijo el Premio Anual sonriendo divertido - Conseguirás demostrar que puedes salir con ella, que ella se puede fijar en ti y por su puesto que caerá rendida a tus pies…- dijo como si fuese evidente - pero no me podrás demostrar jamás que tú te has fijado en ella. No, Padfoot, en eso Simonds le lleva mucha ventaja…- sentenció el moreno con seriedad, sabiendo que con eso conseguiría encender a su amigo. No estaba seguro de que lo que insinuaba fuese cierto, en realidad tampoco le importaba, pero le encantaba picar a Sirius y había descubierto que para eso nombrar a Ari era la mejor táctica. Y así fue. Sirius se pasó atacándole hasta la hora de comer.
Pasada esa hora y una vez todos estuvieron comidos y bebidos, Ray pidió a los que necesitasen herramientas especiales que le acompañasen.
Entre ellos estaban James y Lily, que iban a por las esporas de Inviraíz; Ari y Remus, que necesitaban un líquido inhibidor para la Flor Voladora; y Sirius y Dinna, que necesitaban orejeras y botecitos para las semillas.
Cuando Ari vio a Sirius felizmente acompañado por la rubia, su humor cambió de forma drástica. No le molestaba que estuviese con Dinna, le molestaba el hecho de que estuviese tan contento. Así que, si ya había abandonado su posición de "ignorancia hacia el mundo" después de hablar con Remus para adoptar la de "¡no soporto a nadie!" por culpa del trato de Corinne y la osadía de Sirius, en ese momento pensó la posibilidad de inventar uno nuevo: el de "haz que nadie te soporte a ti". Comenzó por poner una cara de los mil demonios que asustaba a todo aquel que pasase por su lado y continuó respondiendo con monosílabos a causa de que aprovechaba la mayor parte del tiempo en ir almacenando insultos cada vez más originales contra cualquier persona, en especial contra Sirius.
- ¿No falta nadie? – preguntó Ray mirándoles. Los alumnos que estaban en el salón de la casa del guarda negaron con la cabeza, todos menos Ari, que con los brazos cruzados tenía la vista fija en el hombre – Bien. Los que no tengan ninguna duda sobre la planta que les toque hoy que cojan sus utensilios y se vayan a freír espárragos- ordenó con una simpática sonrisa – Aquellos que me quieran preguntar algo que se queden aquí.
Poco a poco fueron abandonando la sala todos los alumnos, quedando únicamente Lily y James.
- ¡Ah, sí, la señorita Evans y su amigo! – Lily torció la nariz por el apelativo que el hombre había puesto a James – supongo que venís a por las esporas de Inviraíz¿no es así? – Ambos asintieron – Bien… un momento – murmuró Ray mientras se hurgaba en los enormes bolsillos de su gabardina. – Aquí está – anunció enseñándoles un frasquito con un líquido blanquecino – Esencia de esporas… Bueno, yo creo que con unas gotas es suficiente… ¿A quién le ha tocado? – preguntó sin abandonar su sonrisa. Lily miró a James esperando el milagro de que se ofreciese voluntario, pero, como era lógico, aquello no sucedió.
- Creo que deberíamos echarlo a suertes – opinó James ignorando la mirada de la prefecta.
- Estoy de a cuerdo – dijo el guarda con el ceño fruncido.
- Bueno, permítame que lo hagamos con mi varita – se ofreció James sacándola del bolsillo.
- ¿Por qué?- preguntó con desconfianza Lily, a la que el ofrecimiento le había parecido algo extraño.
- Porque tengo práctica en echar cosas a suerte – respondió él mientras colocaba la varita sobre la palma de su mano - ¡Fortunae! – exclamó. Al instante la vara de madera comenzó a girar y, al cabo de unos segundos, se detuvo apuntando a Lily.- Te ha tocado. – informó el chico sonriente mientras devolvía su varita al bolsillo con gracia.
Lily le miró con el ceño fruncido, pero pareció darse por vencida y alzó la cabeza orgullosa hacia el guarda.
- Está bien. – dijo el hombre mirando divertido a James – Querida, abre la boca. – le pidió a Lily con amabilidad.
La pelirroja suspiró e hizo lo que Ray le decía. El guarda destapó el frasquito y volcó un par de gotas en la lengua de la chica, que al cerrar la boca tuvo un escalofrío.
- ¿Ya? – preguntó James mirando a Lily con una ceja alzada.
- Sí. – respondió el guarda – Ahora, antes de que surja efecto, tenéis que saber que cuando encontréis las plantas debéis echarles un hechizo vaporoso para limpiar el aire. El más efectivo es: Fumos. Se realiza con el movimiento básico… Pero tenéis que pensar en vapor, porque sino saldrá humo y eso aumentará la producción de esporas. Y si queréis volver visible a la Inviraíz… con cualquier hechizo de visibilidad vale – explicó, aunque el único que estaba escuchándole era James, ya que Lily se había dado a la tarea de mirar al techo con sumo interés. – Eh… creo que las esporas están haciendo efecto. Será mejor que comencéis la búsqueda. – opinó Ray pasando la mano por los ojos de Lily, que siguieron el miembro con el mismo interés que usaba en las clases de runas mágicas.
- Si, es lo mejor… - opinó James, que estuvo a punto de echarse a reír. Definitivamente, en un futuro, tenían que construirle una estatua por genio.
Cuando estaba abriendo la puerta para dejar salir a Lily, que le miraba con una sonrisa de felicidad extrema en la cara, Ray le cogió del hombro y le giró para mirarle.
- Usar un hechizo de fortuna en lugar de uno de azar ha estado muy bien, - le felicitó el hombre con seriedad - solo espero que seas consciente de que ella, ahora mismo, no puede defenderse, así que tú eres su responsable – le informó con dureza
El Premio Anual sonrió y se dio la vuelta para salir. Agradecía al hombre que no hubiese dicho nada cuando él había realizado, en lugar del hechizo de azar, uno que elegía a quien quisiese la persona que lo realizaba, y en aquel momento James quería que fuese Lily la elegida. Sabía que la pelirroja no se daría cuenta porque había sido él mismo el que había inventado ese hechizo en uno de tantos castigos en los que había tenido que echar a suertes con Sirius quién se encargaba de limpiar los calderos y quién de sellar el correo.
Pero no todo iba a salir como el Premio Anual quería. Cuando cerró la puerta de la casa del guarda tras él y se dio la vuelta para comenzar su tarea de disfrute con una Lily drogada, se sorprendió al ver que la pelirroja no estaba allí.
- Mierda…
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Ari y Remus andaban por una senda que discurría por la orilla este del lago, tal y como el mapa de la Flor Voladora les había indicado.
No muy lejos de ellos estaban Sirius y Dinna, que buscaban entre los arbustos unas hojas verdes alargadas que les indicasen que, bajo tierra, estaban las Mandrágoras. El chico aprovechaba cualquier oportunidad para colocarse bien cerca de Dinna y la chica, feliz de que el moreno fuese detrás de ella, no ponía ninguna resistencia a esos ataques tan mal disimulados. Pero entonces, en uno de los momentos en los que fingía tropezarse para agarrarse a la cintura de la chica, vislumbró a través de un matorral a su amigo con la morena.
Una nueva forma de acercarse a la rubia le vino a la mente. Poniéndole un dedo sobre los labios pidió a Dinna que espiasen a Remus y Ari, de esa forma podría aprovechar con creces la cercanía de la Ravenclaw. La chica, consciente de las intenciones del moreno, sonrió de forma malévola y asintió fingiendo ignorancia.
- Aquí no veo yo ninguna trepadora – exclamó Ari cruzándose de brazos.
- A lo mejor tenemos que alejarnos un poco de la orilla… - opinó Remus mirando el mapa.
- ¡Qué no, que no aquí no hay de eso! – bramó la chica sentándose en una piedra que había entre dos árboles que tapaban por completo la luz del sol.
- Mira – dijo Remus ya cansado – Hasta que no me digas qué narices te pasa no nos movemos de aquí.
- A mi no me pasa nada… - respondió la morena temiendo que le preguntase por Corinne, ya que la razón de su enfado con la delegada era él mismo.
- Sí, ya, y yo soy tonto – se burló el castaño sentándose a su lado – Llevas toda la tarde respondiéndome mal ¿Tiene que ver con Corinne? – preguntó suavizando el tono.
- Eh… ¡no! – respondió nerviosa. – A lo mejor tienes razón y hay que entrar más hacia el bosque… - dijo intentando cambiar de tema.
- Vale, pero si no tiene que ver con Corinne… ¿entonces con quién? - continuó el chico ignorando el último comentario de la Cazadora.
- Eh… con… con… - un ruido de ramas sonó detrás de ellos. Ari creyó oír la risa de Dinna, inconfundible por su timbre agudo, y el nombre de Sirius voló hasta su cabeza. Al fin y al cabo no sería extraño que estuviese enfadada con el Golpeador… – ¡Con Black!
- ¿Padfoot? – se sorprendió el prefecto enarcando una ceja divertido.
- Sí… bueno, no exactamente… - otra rama volvió a sonar detrás de ellos, esta vez seguida de un chistar que parecía indicar que estaban mandando callar a alguien. - ¿Qué narices es eso?
Sirius tapó la boca con fuerza a Dinna, que le miró sorprendida. Ahora las cosas habían cambiado para el moreno. La conversación entre su amigo y su enemiga estaba adquiriendo un matiz interesante para él y su intención ya no era Dinna (aunque tenía bien claro que más adelante se disculparía con ella de forma más… cariñosa), sino la respuesta de Ari.
- Será un pájaro… - dijo Remus quitándole importancia – Bueno, a lo que íbamos ¿estás molesta porque Sirius está de pareja con Dinna?
- ¿Qué? – preguntó la morena sin poder creer lo que el prefecto insinuaba. – Remus, estás muy pesado con ese tema… Además, no quiero hablar de Black porque luego terminamos discutiendo tú y yo por culpa de tu mal pensar. – argumentó intentando apaciguar al castaño.
Sirius frunció el ceño y sonrió socarronamente. La morena no había contestado y aquel comentario… ¿Qué habían discutido por él¿"El mal pensar de Remus"? El moreno marcó aún más las líneas del entrecejo. Después del numerito exhibicionista de la Gryffindor en su cuarto cuando iba en busca de Remus había pensado que quizás hubiese algo entre su amigo y ella, pero lo había desechado al recordarse la estricta forma de pensar del prefecto. Sin embargo, después de escuchar a la Cazadora le habían asaltado las dudas…
- Vale¿Quieres decir entonces que a ti no te importa que Sirius esté perdido por la isla con Dinna? – insistió el castaño sin perderse detalle de la cara de Ari.
- ¡No me importa que esté con Dinna, como si está con pepito grillo! – el prefecto torció la cabeza con incomprensión – Quiero decir, que me da igual con quién esté, lo que me molesta es que esté tan… tan… ¡feliz! – finalizó - ¡Ah! Y que haya tenido el morro de insinuar que soy una fresca, también me molesta…- murmuró al darse cuenta de que lo había olvidado.
La morena frunció el ceño. Casi olvida la supuesta razón más importante de su enfado... Era cierto que cuando vio al moreno junto a la Ravenclaw le molestó…pero estaba segura de que a ella no le importaba que Sirius estuviese con Dinna. Le fastidiaba que insinuase que ella era una chica fácil, a pesar de que se lo había ganado a pulso, pero, en aquel momento se dio cuenta de algo más. Era en realidad el hecho de que el moreno estuviese tan feliz ocupando su puesto de rompe corazones sin que hubiese nada que le reconcomiese la conciencia, tal y como a ella le pasaba, lo que le molestaba como mil agujas clavadas en el pie "¿Acaso no tiene miedo de no enamorarse jamás? Claro que no, si no tiene cerebro ¿cómo esperar que tenga corazón?" Pensó.
Y mientras pensaba, Remus analizó la respuesta de la morena, haciendo pensar al castaño lo que no era.
- ¡Te importa más que Sirius esté con alguien a que te llame "chica fácil"! – exclamó señalándola de forma acusadora.
Ari se sobresaltó intentando recordar la respuesta que le había dado para comprender mejor por qué el prefecto había llegado a esa conclusión.
- No…- comenzó cansinamente – No me molesta el hecho de que esté con alguien, es más, no me molesta nada en particular (excepto lo de chica fácil) – aclaró – lo que pasa es que no entiendo cómo puede estar con unas y con otras sin más… ¿acaso no le molesta que no se enamoren de él?
Sirius bufó incrédulo. ¡Todas le amaban!
- ¿Otra vez con ese tema? – preguntó el prefecto confuso, pero al percibir la mirada asesina de la morena decidió contestar a su pregunta – Lo cierto es que la mayoría de las chicas que están tras él aseguran que "le aman con toda su alma" – explicó imitando las voces agudas de las chicas.
- Vale, en ese caso… ¿no tiene miedo de no enamorarse nunca? – volvió a preguntar.
Sirius alzó las cejas divertido. ¿Para qué iba a querer enamorarse?
- ¿Por qué te interesa tanto lo que sienta Sirius? – inquirió Remus al no encontrar respuesta a la pregunta de la chica.
- Pues… no lo sé… supongo que porque yo me comporto como él – respondió mirando al suelo con el ceño fruncido.
- Bueno pues yo ahora tengo otra pregunta que hacer. – dijo el prefecto seriamente - El hecho de que te moleste que este feliz sea con quien sea puede denotar un profundo odio… pero cuando te preguntas si es capaz de amar o no… eso ya no tiene nada que ver con el odio – continuó Remus, atento a la reacción de la morena.- Ari… ¿Sientes algo más por Sirius, aparte del odio?
Sirius aplaudió mentalmente la sutileza de su amigo. Le interesaba enormemente la respuesta a aquella pregunta.
La morena le miró con los ojos abiertos como platos. ¿Cómo narices se atrevía a insinuar tan abiertamente algo así? Pero cuando iba a contestarle un rotundo "no", algo detrás del prefecto la hizo olvidarse de la pregunta y...
- ¡Sí! – exclamó señalando detrás de Remus – ¡Ahí está!
El castaño se dio la vuelta alarmado y vio tras él una enredadera que juraría que antes no estaba allí. Miró el pergamino, en el que salía dibujada una Flor Voladora y comprobó que el parecido era increíble.
- Hala, vamos a cogerla – dijo Ari levantándose feliz de que hubiesen cambiado de tema, a pesar de que Remus aún dudaba de que ese "Sí" hubiese sido a causa de la planta o de la pregunta.
Cuando la chica se acercó a la enredadera con la varita en alto para pronunciar un hechizo de corte, una de las ramas se alzó y le agarró de la muñeca provocando que la varita cayese al suelo junto con un grito de dolor de la morena.
- ¡Ari! – exclamó Remus, pero de pronto otra rama le agarró por la espalda y lo empotró en un árbol. Remus soltó un gruñido de dolor y, antes de poder coger aire de nuevo, la rama volvió al ataque, atándole e inmovilizándole contra el tronco.
Mientras, Ari había intentado liberarse del fuerte abrazo de la planta, pero lo único que conseguía era que más ramas acudiesen a ella atraídas por sus chillidos.
- ¿Esta planta no era inofensiva? – preguntó la chica entre forcejeos.
- Sí… - respondió Remus en un murmullo. Estaba fuertemente aprisionado contra el árbol y no podía respirar.
- ¡Moony! – de uno de los lados del camino apareció Sirius corriendo. Detrás de él llegó Dinna con mucha más tranquilidad, a pesar de que intentaba parecer asustada.
Habían escuchado la respuesta de la chica y, aunque para la rubia aquello no tenía el menor interés ya que estaba acostumbrada a ver a chicas muertas de amor por Sirius, para el orgullo del moreno había sido un tanto a su favor tremendamente revitalizante la supuesta declaración de amor de su enemiga... Por eso había tardado en reaccionar. No estaba seguro de que fuese cierto lo que se había dado a entender minutos atrás, ya que ese efusivo "Si" le había parecido una exclamación por el avistamiento de la planta; y además deseaba que todo fuese mentira si es que su amigo y ella mantenían algún tipo de relación, no querría entrometerse entre los sentimientos del prefecto; pero tenía la certeza de que aquella supuesta confesión le serviría de mucho en futuras peleas.
- ¡Padfoot, ayúdanos! – gritó Remus usando el poco aire que le quedaba en los pulmones.
- Sí… eh… enredadera que ataca…
- ¡Oh, Black, por lo que más quieras, no me des más razones para pensar que eres un estúpido! – gritó Ari, a la que una rama estaba enrollándosele por el cuello.
Sirius miró a la chica con odio, aunque rápidamente recordó su declaración y cambio ese gesto por una sonrisa petulante que asustó terriblemente a la morena. Pero un nuevo gemido de Remus los devolvió a la realidad.
- Vale, a ver: Flor Voladora… Flor Volad… ¡Claro¡Lazo del diablo! – exclamó dándose un golpe en la frente. - ¡Lumos Solem! – un rayo de luz brillante iluminó el oscuro claro y las ramas retrocedieron con un agudo pitido. – ¡El Lazo del diablo es muy parecido a la Flor Voladora¿Cómo no te has dado cuenta Moony? – le preguntó mientras le ayudaba a deshacerse de las pocas ramas muertas que continuaban oprimiéndole.
- Estaba demasiado ocupado intentado respirar, Padfoot – respondió sarcásticamente el castaño. - ¿Estás bien, Ari? – preguntó mirando a la morena, que se frotaba la muñeca dolorida.
- Sí.
Sirius se acercó a ella hasta quedar unos centímetros separados y sonrió de medio lado, mostrándole a la chica toda su orgullosa sensualidad.
- Te he salvado la vida, Simonds – ronroneó sin apartar la vista de ella – Supongo que eso será suficiente para que se te pase el enfado… o los celos – finalizó ampliando su sonrisa.
Ari apretó los puños con rabia mientras observaba como el moreno se alejaba junto a Dinna por el camino. Sus peores temores eran ciertos... ¡Había escuchado su conversación con Remus¿Celos¡Ella jamás tendría celos de esa rubia!
Miró al prefecto, que sonreía divertido, y se dio la vuelta para continuar por el camino. Lo que faltaba, que Black le salvase la vida.
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- ¿Evans? – gritó James con la esperanza de que la conocida melena pelirroja apareciese por detrás de uno de los grandes troncos que limitaban el camino por el que se había internado.
No sabía con exactitud cuánto tiempo llevaba buscándola y la verdad es que no estaba seguro de que fuese por allí por el lugar por el que se había ido, pero no podía desperdiciar el efecto de las esporas. ¿Lily drogada¡Esa era una oportunidad magnífica para lograr que hiciese algo "prohibido"! O para engañarla más adelante con lo que podría haber hecho... Por su cabeza corrían mil y una forma de exasperarla, como hacerla creer que durante su estancia en el país de la Inviraíz había tenido algún tipo de relación con él… no podía evitar sonreír al imaginar la reacción de la pelirroja con una noticia de ese calibre. Era cruel y le gustaba.
Continuó caminando por ese estrecho sendero mientras recorría con la vista todo lo que le rodeaba y al fin, a un par de pasos a su derecha, detrás de un árbol, vio la figura de una persona agazapada.
- ¿Evans?
Se acercó con decisión y cansado por el absurdo juego de persecución y se paró frente a la persona, dándose cuenta de que no era, ni mucho menos, Lily.
- ¿Acaso tengo pinta de planta, Potter? – Snape le miraba desde su posición acuclillada con el entrecejo fruncido y claro síntoma de molestia en la voz.
- ¿Por qué demonios te escondes detrás de un árbol¿Tanto miedo te doy? – preguntó el Gryffindor exhibiendo su petulante sonrisa. Snape le miró con cara de asco y continuó con su trabajo, hurgando en la tierra con sus manos enguantadas. - ¿Qué tal el brote de la pierna? Deberías regarlo y ponerle al sol…
- Potter, sigue en busca de tu sangre sucia… de momento. Algún día me cobraré lo que me has hecho, bien frente a McGonagall o bien en un duelo. – declaró el chico poniéndose de pie.
James amplió su sonrisa. Era unos centímetros más alto que el Slytherin y eso le afianzaba aún más en su arrogante seguridad.
-¿Por qué nombras siempre a Evans? – inquirió James fingiendo curiosidad, aunque tenía bien claro por qué su enemigo tenía esa "obsesión" por la prefecta - ¿Acaso eres tú el que siente algo por ella?
Snape entrecerró los ojos con rabia. Sabía que las sospechas del Gryffindor eran acertadas, pero no podía dejar que él lo supiese.
- Tranquilo, Potter, yo no caigo tan bajo…la sangre sucia es sólo tuya. – James amplió su sonrisa gustoso.
- ¿Sabes? Puede que Evans sea inocente y crédula, pero yo no soy así, Quejicus, y sé perfectamente que tu odio hacia ella no es más que una tapadera – declaró James orgulloso – Aunque, está claro que es sólo mía… - continuó tentando al Slytherin – De eso no me cabe la menor duda – sentenció en un susurro que elevó la furia de Snape hasta límites insospechados.
- No sé de dónde habrás sacado eso, estúpido – escupió Snape – Pero yo no estaría tan seguro de que Evans fuese tuya.
- ¿Ah, no? – preguntó James mirándose las uñas divertido. Snape no tenía escapatoria: era débil, estúpido y estaba enamorado… Podía ganar ese absurdo juego de orgullos en cualquier momento, pero decidió divertirse un poco. - De quién es sino¿tuya? – una carcajada de suficiencia contaminó el ambiente – Óyeme bien, Quejicus: Evans no es ni será tuya jamás – susurró mirando al Slytherin a los fríos ojos de obsidiana.
Snape apretó los puños con furia, dispuesto a lo que fuese por borrarle aquella invencible sonrisa de la cara. Levantó la varita con la intención de arremeter contra él con el peor hechizo que se le ocurriese y, cuando la palabra mágica estaba a punto de salir de su boca, James se le adelantó pronunciando un "Expelliarmus" con tanta potencia que el Slytherin salió disparado hacia atrás y su varita fue a parar a las manos del Gryffindor.
- Cuidado, Quejicus, puedes ser muy bueno en pociones, o en duelo teórico, pero en la vida real hay que ser práctico y ahí gano yo. – dijo James con dureza.
Se dio la vuelta y se alejó hacia el camino, tirando la varita de Snape a un seto.
El Slytherin chirrió los dientes por la rabia mientras se levantaba sacudiéndose los pantalones negros.
Odiaba la impotencia que el Gryffindor le hacía sentir. "Esta me la pagas, Potter" pensó mientras recuperaba su varita del seto. Entonces una sombra negra emergió a sus espaldas.
- ¿Qué pasa, Severus? – preguntó Avery acercándose a él con sigilo.
- Nada... – el prefecto de Slytherin miró a su compañero con incredulidad pero decidió no seguir preguntando. Era una norma moral de su casa la discreción y, al fin y al cabo, le importaba bien poco lo que le hubiese pasado.
- Creo que aquí no vamos a encontrar nada. – comentó observando su alrededor con disgusto - Será mejor que nos movamos hacia el sur…
- ¡No! – le interrumpió Snape temeroso de la reacción de su compañero - En el plano también aparece al norte y estamos más cerca. Vayamos allí… - murmuró mirando el lugar por el que James había desaparecido momentos atrás.
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- ¿Dónde narices se ha metido? – exclamó James apartando a un lado una enorme telaraña destruida, por la que parecía que alguien ya había pasado.
Había elegido ese camino por simple intuición, ignorando si la prefecta se había escurrido por allí, pero después de encontrar un camino de Orquídeas recién florecidas, un montón de pájaros cantando al ritmo de una conocida melodía mágica y numerosas huellas patosas que indicaban que una persona fuera de sí misma había pasado por allí, no tenía la menor duda de que la pelirroja andaba cerca.
Al final llegó ante una bifurcación en el estrecho sendero y, usando un hechizo de orientación, decidió continuar por el de la derecha.
Poco a poco el aire fue aumentando su densidad y un monótono sonido constante fue acercándose a medida que avanzaba. No tenía ni idea de en qué punto de la isla se hallaba, pero tenía que encontrar a Lily como fuese, sin ninguna demora. No conocía nada de aquel lugar, por lo que ignoraba qué tipo de peligros se ocultaban en él.
De pronto, un suave tintineo acompañado por unas risas repletas de dulzura llegaron hasta sus oídos.
- ¿Evans? – masculló deteniéndose al instante. Los tintineos se repitieron y una carcajada cantarina los respaldó.
James comenzó a correr siguiendo el camino y olvidándose por completo de seguir el rastro dejado por la muchacha.
Después de sentir como sus pulmones se quejaban por la falta de aire llegó hasta la linde del bosque, tras la que se extendía una suave pradera de hierba verde salpicada por unas florcillas anaranjadas, ocupas en la enorme maceta.
Frente a él, a una distancia de veinte metros, Lily caminaba con lentitud dándole la espalda. Tenía la varita en alto y pronunciaba repetidamente la palabra "titillando", responsable de producir un dulce tintineo, como de campanas celestiales, que se expandía por la pradera hasta llegar a sus oídos. Pero James no se fijaba en el divertido descubrimiento de la pelirroja, que era difícil de escuchar por el estridente sonido monótono que en ese punto sobrepasaba la voz de la prefecta, ya que estaba demasiado ocupado observando con absoluta sorpresa el panorama más impresionante que había visto en su vida.
Todo su campo visual estaba ocupado por el límite de la isla, que tomaba la forma de un tremendo acantilado. Desde su posición era capaz de ver toda la anchura de Loumborg, de gigantescas dimensiones. Pero lo impactante era lo que había más allá del enorme trozo de tierra.
Como si un enorme cuchillo hubiese marcado el perímetro de separación entre la isla y el resto del continente, una garganta de más de diez metros de anchura se abría paso entre el bosque prohibido y la pradera, donando al paisaje un verdor vigoroso. Parecía como si el pedazo de tierra se hubiese alejado del resto flotando sobre los dos ríos que custodiaban sus fronteras. Pero lo que más impactaba al moreno era el hecho de que la pared de la garganta que estaba frente a la isla sobrepasase su altura otros diez metros. Y de esa pared, sobre la que se expandía el salvaje bosque, surgía un rió que, gracias al poder de la gravedad, descendía a lo largo de todo el acantilado. Las bravas aguas dulces se precipitaban con ahínco al vacío como si cayesen del cielo por una tremenda catarata de más de cuarenta metros de anchura hasta una zona donde la calma de una profunda poza, emparedada entre el barranco de la Isla y la cascada, se hacía presa del ambiente. Esa zona de precipitación y paz se ampliaba hasta quedar dividida, a consecuencia del pico majestuoso del norte del Islote, en dos ríos que seguirían el cauce del primero rodeando la costa de Loumborg hasta donar sus aguas al enorme lago que delimitaba la tierra al otro lado de la Isla flotante.
James se dio cuenta de que tenía la boca abierta mientras observaba con estupefacción la catarata que parecía rodearle. Pero entonces otra cosa le llamó la atención.
Lily, en toda su ignorancia dentro de la alucinación producida por las esporas de Inviraíz, pareció descubrir algo en el borde del barranco y se dirigió allí con presura, olvidando por completo su antigua cantaleta de campanas y sonrisas. Sin pensar dos veces en las consecuencias echó a correr, pero justo antes de llegar a su destino y antes de que James pudiese si quiera reaccionar ante la posible catástrofe, algo, parecido a una pared invisible, se interpuso en el camino de la pelirroja. La prefecta cayó al suelo sorprendida por el suave rebote mientras se frotaba la frente y James, recién recuperado de la momentánea parada cardiaca, aprovechó ese instante de distracción para correr hacia ella. Pero había demasiada distancia separándoles y Lily, que no sabía de la presencia del Premio Anual, se levantó dispuesta a conseguir atravesar aquella fuerza invisible que no la permitía pasar.
Cuando James llegó hasta ella, gritando mil maldiciones por la locura de la prefecta, la pelirroja empujaba con ahínco aquella pared invisible, por lo que la sensación que producía era que en cualquier momento caería al vació sin freno.
- ¿Estás loca? – exclamó agarrándola del brazo y tirando de ella hacia atrás. Cuando la pelirroja se detuvo para mirarle con molestia James pudo percibir como varios mechones pelirrojos se mostraban revueltos dándole un aspecto salvaje que nunca antes había mostrado.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó la prefecta deshaciéndose del fuerte agarre del moreno - ¿Me has seguido? – volvió a preguntar adquiriendo un matiz picajoso. James frunció el ceño y sonrió divertido - ¡Vale! Pues aunque no me caes bien, ya que estás aquí ayúdame a quitar esa gigantesca seta porque no me acuerdo del hechizo… Es que es tan grande que no me deja ver lo que hay detrás. – explicó sacándose un mechón rojizo de la boca - ¿Sabes? Yo creo que hay una cascada, porque escucha – le pidió señalándose un oído - ¿Lo oyes? Es agua. Debe de haber mucha…
James amplió su sonrisa al percibir el desequilibrio mental de la prefecta. Sin embargo había algo que no comprendía. La chica hablaba de una seta que no la dejaba ver la cascada… pero él no lograba ver esa seta, es más, era capaz de distinguir la pared del barranco, repleta de flores que se escondían tras el velo de agua suicida. Entonces lo comprendió y, alargando la mano hacia el lugar en el que Lily había rebotado, tanteó a la altura de su cabeza una textura porosa y blanda que, si estaba en lo correcto, tenía el tamaño de un semigigante.
- La Inviraíz…- murmuró aún con la mano sobre el hongo. – Evans… ¿tú puedes verla?
- ¡Pues claro! Es enorme, como para no hacerlo…- masculló con ironía la pelirroja. Pero entonces se detuvo y le miró intrigada - ¿Tú no la ves?
- No…- respondió pensando que la posible causa de que él no la viese era que no había tomado las esporas.
- ¡Pues es gigante y de un color…! – volvió a interrumpirse y sonrió – Mírala tú mismo – exclamó levantando la varita. James abrió los ojos con preocupación, dudando de la habilidad mágica de la chica en aquellas condiciones, pero Lily era rápida y antes de que pudiese reaccionar, se hallaba pronunciando el hechizo escogido – ¡Aparecium! – James apartó la mano de la seta a tiempo para ver como la cascada desaparecía de su vista para ceder su puesto a una tremenda media esfera azul repleta de poros blanquecinos que se hundía en la tierra por medio de un pie marrón. - ¿Ya la ves? – James asintió con estupefacción – Es un hechizo para hacer aparecer lo invisible.- explicó con sonrisa soñadora - Yo lo usaba para… Por cierto¿Qué haces aquí¿Me has seguido? – volvió a preguntar confusa.
James se rió por la imagen de la prefecta y se volvió hacia la seta. ¿Sería esa la Inviraíz? Sin duda era enorme… ¿Cómo se supone que debían recogerla?
- ¡Ya me acuerdo del hechizo! – exclamó la prefecta a su espalda – Cuidado… ¡Bombarda! – gritó apuntando al hongo con la varita. James miró a la pelirroja con indignación y, sacando la varita de su bolsillo, volvió a darse la vuelta para observar el comportamiento de la seta, ante el que Lily se reía alocadamente, sin embargo él sólo pudo dar rienda suelta a su pánico.
La Inviraíz, abatida con fiereza por el hechizo, no había abandonado su puesto en la tierra y había combatido el golpe con elasticidad. La gigantesca semiesfera, cuna de las esporas, se balanceaba con rapidez y peligro de adelante hacia atrás y, como si de un enorme botafumeiro se tratase, esparcía un polvo blanquecino con cada balanceo.
- ¡Mira! – gritó entre carcajadas Lily – ¡Que simpática!
- ¡Evans, échate hacia atrás! – ordenó James con fiereza, asustando a la pelirroja, que dejó de reír y le miró con angustia - ¡Vamos, vete! – Pero la prefecta se cruzó de brazos, retadora, y le miró con el ceño fruncido - ¡Son esporas! Esporas de Inviraíz¿comprendes? – gritó con desesperación mientras sentía como un dulce mareo se iba apoderando de él. Ya casi no era capaz de distinguir a la chica, tan sólo veía su silueta desdibujada entre el polvo. - ¡Vete! – bramó.
Lily dio un paso hacia atrás con indecisión. No estaba segura de qué pasaba, pero no parecía pintar bien.
James decidió arriesgarse. El hechizo que Ray le había proporcionado para cortar el flujo de esporas podía ser un gran antídoto o un aumentador del veneno, por eso había tratado de alejarla de allí, sin embargo no había más tiempo, si dejaba pasar un momento más perdería la consciencia y sería su final. Con un suspiro levantó la varita y apuntó al borrón azul que continuaba con su movimiento.
- ¡Fumos! – exclamó conteniendo las toses. Para alivio y alegría de James, de la punta de su varita comenzó a expandirse una espesa nube de vapor que le abrió los pulmones. Gracias a la humedad del ambiente el vapor se propagó con rapidez y eficacia y, al instante, el Premio Anual se vio rodeado por una niebla tan blanca y densa que le era imposible distinguir sus propios pies.
Asustado, se dio la vuelta hacia el lugar donde creía que se expandía el resto de la isla y forzó su vista en las pocas siluetas que podía distinguir entre la blancura. No podía moverse de allí sin asegurarse antes de que iba en dirección correcta. Una imagen del tremendo acantilado le vino a la cabeza produciéndole un escalofrío acompañado de un nombre: "Lily".
Con ansia comenzó a gritar el nombre y apellido de la chica sin distinciones, olvidándose por un momento de su plan de fastidio y centrándose en el peligro que podía estar corriendo. Pero ninguna respuesta llegó en su auxilio. Volvió a girar sobre sí mismo, con cuidado de no dar más de media vuelta para no desorientarse, y escudriñó la niebla en busca de un sonido o una risa despreocupada. Y de nuevo se encontró solo entre la blancura, perdido en el miedo por la pelirroja y rodeado del silencio más frío que jamás pudo imaginar.
Buenooooo, vaya una que tienen liada no?? xD Entre Lily, de esa peculiar forma (siento no haber exagerado aún más los efectos de la Inviraíz, pero es que sino iba a quedar demasiado increíble), James, que es la primera vez que lo vemos preocupado así, y Ari, que anda con el mundo patas arriba... sin ablar de Sirius que encima esta experimentando nuevos conceptos de petulancia xD
Pues para comentar todo estoooooooooooooooo REVIEWS!!! jeje, ya sabeis, el mismo royo de siempre.
Clau Malfoy: Gracias por el reviewwwwwwww, en serio, supuse que estarias de vacaciones y por eso no habías estado a tiempo para dejar el coment en el cap 6, pero me alegra que hayas cogido la linea de la historia cuanto antes jeje. En cuanto a Lily... ya ves, por las ideas de casquero de James la que se ha armado, y lo que queda!!! Y la pareja que se cambia... jeje, Sirius siempre es especial. Muchos bss!!
Trinity: Veamos... como hago para agradecerte... GRACIAS!! no sólo un review grandísimo, sino dos!!! JAJAJA, ya te comenté más o menos la pelí en otro review que te dejé yo, pero veamos, así por encima... ya entendí lo que dijiste en cuanto al avada y el expelliarmus!! lo había leído al reves xD tienes rzón, en la grna pantalla mataron a sirius antes de caer por el velo para no dejar dudas de su muerte... que crueldad no?? y el recuerdo de los merodeadores tmb me indigno a mi!!! no salio casi nada y ni sikiera sacaron a lily!! A parte, no salio nada del quidditch ni de ron como guardian. Sin embargo no me puedo quejar mucho. La peli está bien y nos donaron un Sirius que... dios, me enamoró aún más!! No es que me loo imagine asi, pero cuando sale en lapeli parece que el personaje lo domina!! tiene un sex apeal (o como se diga) flipante, es super atractivo y sexy, sensual...mmm, al ver la peli por segunda vez me queda aún mas chafada por su muerte que despues de leer el libro un puñado de veces. Esque la muerte es tan... chof!!! porque muere?? Odio a rowling... Bueno, pero por lo menos nos dejaron las miraditas entre Hermione y Ron, las miraditas de Ginny hacia Harry y, aunque nos robaron los increibles dialogos de Ginny dirante todo el libro, en el que comenzaba a mostrarse tal y como es, nos enseñaron el poder que tiene con ese hechizo tan fuerte... ejjeje, me encantó. Pero lo que mas me gusto sobre todo fue Luna... creo que la actriz (no recuerdo su nombre) lo bordó, lo hizo realmente bien, me enamoró!!! Y bueno, ya cortó porque sino me tiro aki dos horas xD En cuanto al cap, ya ves muchos celos, demasiados xD, pero en este cap ha salido a flote el aire calculador de Sirius, que me encanta, y bueno, los rollos de Ari. En fin, ablando del Omen Corfloris... bueno, en este cap n ha salido mucho, pero va a dar mucho juego a la historia. No te voy a decir que Lily vaya a irse ocn otro... pero no estas lejos jeje. Bueno ya si. Muchos bss... Ilisia
Y EN EL SIGUIENTE CAPÍTULO...
"8. Transición: Mi gozo en un pozo" James encuentra a Lily, pero alguien la ha encontrado antes... Alice y Corinne se enfadan por un descubrimiento de la morena y, finalmente, James siente la necesidad de olvidar lo ocurrido ahogándose en una botella de Wisky de fuego...
Ahora ya si me despido. Muchos bss!!
Ilisia Brongar
