Disclamer: Los personajes de Frozen pertenecen a Disney.

Amm... nada, leed.


[Las máscaras de Elsa]

Inflexión.


~Elsa~

Era el cuarto día que pasaba en casa del tío Kristoff, me moría por volver a mi hogar pero no debía. No recuerdo haber pasado tanto tiempo separada de ellas dos, me sentía algo extraña sin mamá cerca, sin el sonido de sus tacones, sin sus buenos días, sin los de Anna.

Me confortaba pensando que ese sábado íbamos a comer todos juntos, y además, hablar con ellas de vez en cuando lo hacía más llevadero.

Los terroríficos días de exámenes estaban a la vuelta de la esquina y necesitaba tener la cabeza centrada, necesitaba relajarme, sin sobresaltos, sin alteraciones.

Aquella tarde, como insistió mucho, quedé con mi Punzi. Con ella iba a desconectar, olvidarme del mundo en su cama y desahogar mis ganas acumuladas de Anna. Íbamos a estar a solas por lo que nadie nos molestaría hasta bien tarde, prometía ser un buen día.

Kristoff me llevó en su coche, y me dijo que no tuviera prisa en volver a casa, que no le importaría que me quedara en su casa a dormir. Tentador, pero no me sentía preparada para algo así, aún no, quizás en vacaciones de verano.

Cuando subí a su casa, me lancé a sus labios. Llevábamos días sin vernos, sin besarnos, y me gustaban, pero se me hizo imposible no pensar en Anna, prefería sus besos, aquél momento que me dominó en mi cama fue indescriptible, tan excitante como increíble.

Cuando me separé de ella me pegué el susto del siglo. La vi en el comedor como si hubiera aparecido por pensar en ella, no podía ser.

— ¡A-Anna! ¿Q-qué haces tú aquí? —se reía divertida, como si nada, y yo, seguía alucinando.

— Vamos a hacer un trío. —mi cabeza empezó a dar vueltas como una noria ante tal imagen mental, una de sus bromas que me puso nerviosa.

— No la líes. Ha venido porque quería verte y hablar contigo, vamos a solucionar lo vuestro. —no supe cómo tomármelo, yo quería estar tranquila con Rapunzel para olvidarme de Anna, no para estar con ella.

— Pero… —no supe ni cómo manejar la situación. Punzi me acompañó al comedor como si estuviera entrando en la boca del lobo.

— Bu~ ¿no te alegras de verme o qué? Si lo sé no me tomo la molestia… —ella no podía estar allí— ¿Por qué no llevas guantes?

— N-no los necesito cuando estoy con ella. ¿Mamá sabe que estás aquí?

— Cree que estoy con mis amigos, ¿por qué estás tan alterada? —estaba por lanzarla fuera para que volviera a casa, no podía estar en casa de mi novia, no me entraba en la cabeza, demasiado tentador.

— Es que se me hace muy raro que estéis juntas. ¿Cómo os habéis…?

— ¿Ves? Te lo dije, seguro que está pensando en hacer un trío. —no era cierto, sólo podía pensar en ella.

— Anna por favor, no la estreses más. Hemos estado hablando por Facebook estos días y creemos que esto es necesario, tómatelo con calma.

— ¿Esto? ¿¡Y qué se supone que es esto!? —grité— Has traído al problema en tu casa. —Rapunzel me abrazó para tranquilizarme.

— Exacto, y entre las tres conseguiremos que dejes de obsesionarte con ella. Vamos, ¿crees que serás capaz de sentarte y calmarte un poco? —respiré hondo y fui hacia el sofá.

Me senté aún tensa, y de repente estaba en medio de las dos, demasiado juntas, demasiado calor. Era una locura, nada bueno iba a salir de allí.

— O-oye no creo que… —el calor ya estaba bañando mi cuerpo.

— Elsa, mírame. —sus ojos verdes me calmaron, me cogió de las manos— Vamos a solucionar esto ¿me oyes?— asentí —Lo hablaremos y te trataremos como si fueras nuestra paciente.

— Seremos tus psicólogas personales. —era algo serio, pero Anna parecía tomárselo como un juego, la idea tuvo que ser suya.

— Y para ello, tendrás que ser muy sincera con nosotras. No puede ser que me tenga de enterar por tu hermana que os besasteis. —con lo bocazas que es, no quise ni pensar qué le habría contado.

— A-agradezco vuestro intento por solucionar mis problemas, pero no creo que vayamos a conseguir nada. —y mucho menos con ella cerca.

— Tú confía en nosotras.

— Eso, confía en nosotras. —eso no iba a terminar bien de ninguna forma, tenía que parar lo que fuera que estuviéramos haciendo.

— Vale… Anna, ¿podrías ir un momento a la cocina? —dije sin siquiera mirarla.

— Sí, claro que podría… ¿Para?

— Quiero hablar con ella a solas. —se levantó con mala cara, pero me hizo caso.

Cuando pude respirar y la perdí de vista, empecé a hablar con ella en voz baja para que no nos escuchara.

— ¿Estás loca Punzi? ¿En qué momento pensaste que esto sería buena idea? Me fui de casa precisamente para no tenerla cerca.

— Es que tu hermana insistió mucho y… yo también quiero que vuelvas a tu casa, es un rollo que tengas que vivas tan lejos. Y… tenía ganas de conocerla.

— Yo alucino… ¿Y con Anna aquí qué esperas conseguir? ¿Sabes lo mucho que…? —no me atreví a continuar.

— Mira, pretendo ayudarte Elsa, y creo que entre las tres podremos tratar mejor el tema, no te preocupes tanto ¿vale? Te vigilaré de cerca.

Me levanté indignada, sólo me faltaba que ellas dos se llevaran bien.

— Lo siento pero no. Voy a llamar a Kristoff, me voy, ya quedaremos otro día después de los exámenes.

— ¡No! No te vayas. —Anna apareció para evitarlo. Me puse a llamar ignorando sus tonterías.

— ¡Kristoff! Necesito que me vengas a buscar.

— Pero si te acabo de dejar, ¿va todo bien?

— No, claro que no, si fuera todo bien no te llamaría para que me vinieras a buscar. —la chillona de mi hermana se coló en el micrófono.

— No vengas, está todo controlado. —nada estaba controlado, ese era el problema.

— ¿Esa no es Anna? ¿Estás con Anna?

— Sí, no, bueno sí.

— ¿Y qué tiene eso de malo? —de repente mi móvil desapareció de mis manos.

— ¡Anna! —no tardó en quitarle la batería y metérsela en el sujetador— ¿¡P-pero qué haces!? —me estaba alterando, y mucho.

— Tú no te vas a ningún lado. Ahora cálmate Els. —me cogió de los hombros poniéndome aún más de los nervios, iba a explotar como una bomba de relojería acelerada— No conseguiremos nada hasta que te tranquilices.

— ¿Y c-cómo quieres que me…? —me abrazó, acariciándome la espalda, sintiendo lo mucho que echaba de menos su cuerpo, su tacto, su aroma.

Recordé aquél minuto que nos pasamos abrazadas, aquella noche en casa, después de ver aquella película. Todo aquello era culpa mía, tenía que asumir yo las consecuencias.

— Ya está… respira… —me encendí como una cerilla con el roce, mis venas me abrasaban— … ¿Ves? No era tan difícil. —dejé caer mis manos en su cintura, desatando una barbaridad de imágenes perversas en mi mente.

Entre Rapunzel y yo podríamos inmovilizarla, pensé, sería capaz de romperle la camiseta, imaginé.

La miré ansiando un beso, se lo supliqué con mi cuerpo, no iba a aguantar mucho más antes de que me volviera loca y la asaltara.

— Bueno tortolitos, —por suerte Rapunzel intervino— ahora que ya estás más tranquila tú te vienes conmigo. —me robó, besándome al ver las ganas en mis pupilas— Empezaremos de nuevo ¿vale? Sentémonos en la mesa mejor.

Le obedecimos y me quedé con ella a mi lado cogidas de la mano, de frente al problema.

— A ver… Empezaremos por algo sencillo… Para poder solucionarlo, tenemos que saber bien cuál es el problema, así que, ¿por qué demonios te gusta tanto? Tiene tres años menos que nosotras y no hace falta que te diga que es tu hermana.

— ¿Por qué dices…? —me tomé mi tiempo para responder, Anna prestaba mucha atención— Supongo que… como pasamos tanto tiempo separadas… —suspiré— Cuando era pequeña me moría por quería jugar con ella, pero tenía miedo de hacerle daño, como a mi padre… —la dura imagen de ella sufriendo en el suelo prácticamente congelada me aturdió, otra vez— Y-y cuanto más quería estar con ella, más alejada estaba, para protegerla. Entonces… todas esas ganas de pasar tiempo con ella se acumularon durante años, todo ese… amor reprimido se concentró y ahora quiero… hacer cosas con ella que no debería… Y no son tres años, nos llevamos dos y medio.

Me puse toda roja diciendo eso delante de Anna, no podía mirar al frente.

— Así que era por eso… —cogí con fuerza la mano de Punzi.

— Bueno, tiene sentido, y una solución muy sencilla. —levanté la ceja esperando la gran solución— Pasa más tiempo con ella, y cuando vayas a pasarte de la raya, te enrollas conmigo.

— ¿Qué tontería es esa? ¡Me pasaría el día enrollándome contigo! —entonces se echó hacia mí para besarme pausadamente. La aparté, no podía dejar de sentir la mirada de mis ojos azules favoritos clavándose en nosotras.

— ¿Mejor?

— Esto no puede ser buena idea. —Anna estaba algo sonrojada, enmudecida, tratando de mirar hacia otra parte jugueteando con su trenza— En serio, no creo que hablar del tema vaya a servir de algo, al contrario, deberíamos olvidarlo. Y tampoco es que podamos conseguir algo, esto es un tema muy jodido y no tenéis ni idea de psicología.

Se desanimaron cuando lo dije. Me levanté asfixiada por todo, tenía que salir de allí.

— Sólo queríamos ayudar… —dijo Anna. Di la vuelta en mitad del comedor.

— En serio, vuelve a casa, no puedo tenerte cerca, ya te congelé una vez y no soportaría… —no pude ni terminar la frase, me dolió sólo de recordarlo, otra vez.

— Pero ahora sabes descongelar ¿no? Ya no hay problema.

— ¡Que te largues de aquí joder! No me hagas repetirlo, o llamo a…

— ¿Con qué móvil? —fui hacia ella decidida, sin creerme lo tranquila que estaba.

— Devuélveme la batería. ¡Ahora!

— Cógela tu misma. —me desafió en el peor de los momentos. Ese fue el chispazo que me volvió loca.

— O-oye, haced el favor de-

Aparté la mesa entera y le giré su silla hacia mí para sentarme en sus rodillas, para que no pudiera escapar, le rasgué el cuello de su camiseta, tirando de su sujetador para sacarle la batería a la fuerza, haciéndome con sus labios y su pecho llevada por la adrenalina.

Después de eso, y dispuesta a salir de allí como si me fuera la vida, Rapunzel me inmovilizó con fuerza por la espalda.

— ¡Elsa para! —perdí totalmente el control, no quise que eso terminara así, pero no podía aguantar más.

Me puse a llorar cuando fui consciente de lo que hice.

— Soy horrible… —quería hacerme con una cuchilla para terminar lo que empecé.

— Shh… ven aquí.

Punzi me dio cobijo acariciándome el pelo. No sé cómo Anna siguió allí después de lo que hice, después de eso debería odiarme de por vida.

— ¿¡Quieres hacer el favor de volver a casa!? —dije entre llantos, esperando que se fuera de una vez, que no me viera así, conmigo corría peligro, y ya no por mis poderes.

— No voy a dejarte así, vine aquí para solucionar esto y no me iré hasta que consiga algo. —sonó más convencida de lo que debería, su cabezonería no podía ir tan lejos, no ahora.

No me quedó otra opción que hacer que se largara a la fuerza. Cogí a Rapunzel del brazo y la tiré en el sofá para ponerme encima de ella y desatarme con todas mis ganas, besándola sin control, metiéndole mano. De esa forma también saciaría mis oscuras ganas de devorar a Anna.

Me quité la camisa dispuesta a no parar, ardiendo con un incendio forestal dentro de mí, atacando a mi novia con toda mi artillería, con una rabia que me hacía derramar lágrimas.

— Elsa. Elsa. ¡Elsa! Basta. —me quedé de rodillas encima de ella, recuperando el aliento, dándome cuenta de que no llevaba el sujetador puesto y Anna seguía cerca de mí— Ven aquí.

Me llevó a su pecho y ahogué mis llantos en ella, odiándome a mí misma por ser un monstruo.

— Te estás enfriando… ¿Puedes traer una manta?

— No… no va a servir de mucho, ella no siente el frío. Creo que lo único que le da calor es el sexo y… yo. Cuando dormí con ella casi me abrasa, el día que me colé en su cama, ya te lo conté, al principio la tenía abrazada per-

— ¡¿Podrías cerrar la boca?! —no aguantaba más teniéndola allí, era una tortura, ya no sabía qué hacer para que se fuera. Entonces se acercó, dándome el móvil, encendiéndose aún.

— Perdona por quitártelo, tenías razón, deberías irte, ahora… tenemos un problema más grande. —no entendí a lo que se refería.

Se alejó, dejó el comedor, y se fue sin más, con una expresión más que confusa.

— ¿Qué ha querido decir?

— No lo sé, pero se ha ido con media camiseta rota.

— ¿Puedes ir a por ella porfa? no quiero que salga así a la calle.

— Voy. Vístete. —salió, dejándome sola, preocupada, dolida y decepcionada conmigo misma.

Era un horrible monstruo, yo quería una tarde tranquila y terminé haciéndole daño a Anna. No podía estar cerca de ella, definitivamente.

Ya con ropa, me acerqué a la entrada y escuché unos gritos desde ahí, luego un portazo de la entrada al edificio.

Cuando Punzi volvió, no llevaba camiseta.

— He tenido que darle la mía, no quería subir.

— Bueno… ¿Qué te ha dicho? ¿Estaba enfadada?

— Estaba… bff… Am… intenta hablar con ella cuando tengas un momento.

— ¿Qué? ¿Por q-? —me calló con un beso.

Entonces me llevó directa a su habitación y me devastó. Poco después me llamó Kristoff, tuve que cogerlo pese a que mi novia me hacía la vida imposible.

Le dije que ya lo volvería a llamar, y que no le dijera que Anna había estado conmigo, para no complicar más las cosas. Después de eso, me quedé apagada, sin querer si quiera canalizar mi angustia en el sexo.

No me lo merecía, no merecía nada, ni a ella, ni a mi familia.

— Eh… oye… Tranquila, todo saldrá bien ¿me oyes? —siguió ofreciéndome su cariño y terminé apartándome de ella, dándole la espalda.

— ¿Puedo dormir un rato?

— Claro que sí. —me abrazó, y seguí recordando lo que pasó.

— Soy una persona horrible.

— No, claro que no, acepto que no seas una hermana ejemplar, pero no eres una mala persona. Nunca me enamoraría de una mala persona. Vamos a arreglar esto ¿me oyes? Conseguiré que vuelvas a ser feliz con tu familia, ya verás.

— El domingo pasado destrocé el coche de mi tío y ahora esto, no puedo estar cerca de nadie, deberías huir de mí.

— Deja de decir tonterías, no voy a huir de ti, me gustas demasiado como para hacer algo así. Sé que saldremos adelante, ya verás.

— ¿De dónde sacas ese optimismo?

— Será que tengo fe en ti, y… que te quiero mucho. —fue la primera vez que lo dijo. Quise responder que yo también la quería, pero odiaba mentir.

— Hm.


[Anna]

Salí de aquel edificio dando un portazo, después de decirle a Punzi que me gustaría ser yo la novia de Elsa. No sé qué pretendía conseguir diciéndole eso, quizás apartarla de mi hermana, o que se me lanzara a mis brazos, quién sabe, simplemente, dije lo que se me pasó por la cabeza.

Y es que ese momento en que me rasgó la camiseta me sentí más viva que nunca, me devastó con tanta pasión y euforia que sentí ese beso con toda la excitación, fue muy diferente a los besos que le di el domingo. Y por no hablar de lo increíble que fue verla enrollarse con su novia en el sofá, quise que yo fuera la que estuviera debajo de ella, me imaginé siendo su novia.

Me estaba volviendo loca de estación en estación, se me hizo imposible dejar de pensar en eso, la quería otra vez pegada a mí.

Terminé llegando a casa en un parpadeo, le dije cualquier cosa a mamá pero se dio cuenta de que llevaba una camiseta que no era mía, me iba bastante grande.

— Es de una amiga, no preguntes, es una larga historia. —aún así, me siguió hasta mi habitación.

— ¿Va todo bien? Desde aquí veo tu camiseta rota. ¿Segura que no quieres hablar del tema?

— Hm. —si le decía la verdad, iba a volverla loca a ella también.

— Bueno… Pero si ese novio tuyo se pasa de la raya, me lo dices, ya me encargaré yo de darle su merecido.

— Tranquila mamá, puedo apañármelas yo sola.

Terminé pasando el resto del día pendiente del móvil, esperando noticias de Elsa. Di por hecho que su novia le habría contado que me había contagiado su locura. Por lo visto yo no era mejor que ella, tampoco sabía controlarme, ni estarme quieta, ni callada.

Por la noche, hablé con su novia por Facebook. Me sorprendió que no le hubiera dicho nada a Elsa, no supe si alegrarme o no. Dijo que lo guardara para mí, que no complicara más las cosas. Ella tenía los exámenes y no podía distraerla.

Aquella noche dormí muy poco, caí en su trampa y en mi cama hice cosas que no debería, pensando en ella.

Desperté el viernes hecha polvo, sabiendo que el día siguiente iba a volver a verla.

Puse todos mis esfuerzos en no pensar en ella, incluso quedé con Hans esa tarde para enrollarme con él en un parque, pero no me producía ni una décima parte de lo que me hacía sentir mi hermana. Era una locura, no podía seguir así, tenía que hacer algo antes de se me fuera de las manos por completo, ya se me hacía difícil disimular frente a mamá.

Llegó el sábado y los nervios me acuchillaron entera, me pasé el viaje en coche pensando en qué iba a decirle, en qué podría pasar y en qué pasaría si le diera por volver a casa. Sólo de pensarlo, mi mente desvariaba.

Cuando entramos en casa del tío Kristoff, todo aparentaba normalidad. Volví a ver que no llevaba guantes, por lo visto sólo los necesitaba en nuestra casa.

No me acerqué a ella más de lo que debería, hablamos como si nada mientras terminaban de hacer la comida y la única preocupación que había eran mis terribles ganas de tener contacto con ella, al diablo con todo, pensé, estábamos solas en el comedor, pensé.

Le conté que me había enrollado con Hans para darle envidia, acercándome peligrosamente a ella, pero no me hizo mucho caso.

— Venga chicas, id a lavaros las manos que la comida ya casi está.

Elsa me miró, diciéndome con los ojos que fuera yo primera, pero insistí en que pasara. Ya en el baño, se puso a lavarse las manos mirándome preocupada de reojo, debía de tener la cabeza hecha un lío, pero no por mucho tiempo.

Me acerqué a ella por detrás y pasé mis manos por sus costados, encontrándome con las suyas para lavarlas a la vez.

— A-Anna… —se las acaricié estrechándola contra el tocador, sintiendo el nerviosismo de su cuerpo malvado.

— Shh… calla… —me dejé llevar entrelazando mis dedos con los suyos y besándole el cuello, clavando mis labios en él mientras la veía sofocarse por el espejo.

Trató de escaparse soltándome y dándose la vuelta, pero la tenía acorralada entre mis brazos, no tenía escapatoria.

No tardé más de un par de segundos en envestir mi boca para entretenernos con cálidos besos y dar pistoletazo a nuestras mutuas ganas de devorarnos. La podía sentir disfrutando aquello tanto como yo, incluso sus manos me oprimieron las nalgas.

Por desgracia no duró mucho, me empujó y salió de allí acalorada. Yo no podía creer que algo así pudiera producir tanto placer, entendí perfectamente por qué quiso irse de casa.

Me quedé sintiendo desvanecer el tacto de sus labios con los ojos cerrados, como si aún estuvieran pegados a los míos.

Segundos después, volví como si mi cuerpo no pesara, me senté y comimos en un muy extraño ambiente.

Cuando terminó de comer, se puso a enviarme mensajes.

- ¡¿Se puede saber qué haces?!
- ¡¿A qué ha venido eso?!

No le respondí, me limité a mirarla directamente a los ojos como si pudiera comunicarme con ella, proclamando mis ganas de ella.

— Mamá. —alcé la voz después de mucho de mi silencio— ¿Puedo quedarme esta tarde con Elsa?

— Bueno, si a tu hermana le parece bien y Kristoff te devuelve a casa…

— ¡No! N-no puedo, esta tarde tengo que estudiar. —dijo a modo de excusa.

— Sólo será media hora, ni eso, veinte minutos, sólo quiero charlar un rato contigo, a solas, sobre mi novio, necesito unos consejos. —su mirada aterradora me divertía, me encantaba verla sufrir de esa forma.

— Supongo que nos iremos a eso de las cuatro, tenéis tiempo hasta entonces. —de repente Elsa se levantó y se encerró en su habitación.

— ¿Qué le pasa ahora? —ni mamá ni el tío Kristoff lo sabía.

— No tengo ni idea… creo que no le gusta hablar conmigo.

— No digas eso, debe de haberse sentido incómoda por algo.

Ese algo iba a ser ella y yo, en su cama, sin hacer ruido.

Estaba segura de eso.


¿DarkAnna? xD