Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de MarieCarro, sólo nos adjudicamos la traducción.


The Perfect Partner Program

By: MarieCarro (Beta en inglés Mylissa Fanfiction)

Traducción: Katie D. B

Beta: Yanina Barboza


Capítulo 8: La "primera cita"

Solté una pequeña carcajada cuando vi el letrero sobre la entrada. Sintiéndome contenta y emocionada, me volví hacia Edward.

—¿Es en serio?

—Yo no fui el que eligió el lugar, pero tengo que admitir que es divertido. —Él estaba mirando a través del parabrisas, pero cuando encontró mi mirada y vio la luz en ella, sonrió ampliamente—. ¿De verdad te gusta?

—¿Estás bromeando? Amo ir a lugares como éste, pero no he estado en uno en años.

—Bien, entonces vamos a empezar. —Salió del coche y corrió apresurado hacia mi lado, pero yo ya había abierto la puerta. Sin embargo, no le impidió ofrecer su mano y ayudarme a salir.

Caminamos juntos hacia la entrada y las taquillas, donde fuimos recibidos por una chica que no pudo haber sido mayor de diecinueve años.

—Bienvenidos al Zoológico y Acuario de Columbus. ¿Cómo puedo ayudarle? —le preguntó la muchacha con una sonrisa que parecía verdadera, pero probablemente estaba enyesada en su rostro después de horas de estar sentada en esa cabina. Siempre sentí lástima por los que trabajaban en el negocio de servicio. Recordé mi posición de recepcionista en casa y déjame decirte, siempre es la recepcionista la que recibe la mierda por algo que los de mayor jerarquía habían hecho mal.

Edward se inclinó hacia el plexiglás para que la chica fuera capaz de escucharlo mejor.

—Sí, nuestras entradas están reservadas. Deben estar bajo el nombre de la Sra. E. Cullen de La Academia PPP.

—Un segundo y lo comprobaré, señor. —La chica estiró el brazo por un portapapeles y buscó a través de los papeles hasta que encontró lo que estaba buscando—. Sí, aquí esta. Dos reservas de entradas para el día. —Ella levantó el brazo y agarró algo de una caja por encima de ella. Eran dos entradas de papel normal con el logo del zoológico. Después de sellarlas, se las ofreció a Edward—. Tienen acceso a todo el zoológico y al acuario por el día. Solo dé su nombre en cada ingreso y estará bien.

—Gracias —dijo Edward y aceptó las entradas.

—Que tengan un agradable día. —Dejamos la línea que se formó detrás de nosotros y fuimos a través de las puertas. La primera cosa que vimos fue una fuente enorme con una escultura de globo hecha de acero en el medio. Sentí mi emoción crecer a cada segundo. Nunca había estado en este zoológico en particular antes, pero recordaba cuando papá, Nana y abuelo me llevaron a ver todos los animales cuando era una niña. Lo amé, y era muy aficionada a esos recuerdos. Esta "cita" sería como un pequeño viaje al pasado.

Probablemente actué demasiado como una niña mientras caminábamos alrededor del parque y observábamos todos los animales. Me emocioné al ver los flamencos, me adelanté al ver a los osos polares jugar en el agua helada de su piscina, y caminé con valentía todo el camino hacia la verja para observar a los cocodrilos que estaban todavía a una distancia segura.

Al principio, Edward y yo simplemente disfrutamos paseando por el parque y mirando a todos los animales, pero a medida que el tiempo pasaba, me di cuenta del hecho de que no actuábamos nuestra cita, así que cuando hicimos el camino hacia el acuario, saqué el tema.

—¿No se supone que las personas se llegan a conocer el uno al otro en una cita?

—Usualmente para eso son las citas, sí —respondió Edward con una sonrisa divertida.

—Bueno, entonces dime más sobre ti, no sé mucho más aparte del hecho de que eres un músico y que creciste en Chicago. En realidad, ni siquiera sé cuál es tu edad.

—¿Qué es lo que quieres saber?

Pensé sobre eso por un minuto y luego sonreí.

—Bueno, desde que se supone que esto es una primera cita, dime sobre lo que te gusta y lo que no. ¿Tienes un trabajo en casa? ¿Algún hermano? Cosas como esas.

—Ah, las típicas preguntas de una primera cita —dijo y se frotó el cuello mientras pensaba en sus respuestas—. Ya sabes de mi interés por la música, pero eso es más que un hobby. —Parecía un poco indeciso como si no tuviera idea de qué decir—. Es difícil de explicar lo que me gusta y lo que no. Realmente nunca pienso sobre ello hasta que se presenta ante mí. Lo único que viene a mi mente ahora es que odio los frijoles.

Empecé a reír ante su respuesta inesperada y no tomó mucho tiempo para que Edward se uniera.

Nuestra conversación continuó así. Edward me contó que era actualmente un desempleado en Chicago, que tuvo que dejar su antiguo trabajo para concentrarse en su música. No dijo nada de algún hermano, pero me contó de sus padres.

—Soy una versión más joven y en masculino de mi madre. Ella luce exactamente como yo con menos barba.

No podía recordar la última vez que me había reído tanto como lo hacía cuando hablaba con Edward. Él era, a veces, tan loco como yo, y lo disfrutaba inmensamente. Además, me hacía extrañar a mi hermanita, a pesar de que habíamos hablado cada noche desde que llegué.

—¿Qué hay sobre ti? Siento que he hecho toda la conversación durante la última hora y media —dijo Edward cuando nos sentamos para conseguir algo de comida chatarra.

—Me da lo mismo. Me gusta oírte hablar. Estás tan animado cuando explicas algo —dije y empecé a sacar mi billetera.

—Oh no, ¡olvídalo! Yo pagaré hoy.

Rodé mis ojos.

—Puedo pagar por mi propio perro caliente, Edward. No me arruinará.

—No se trata de eso. Quiero pagar. ¿Por favor?

Se me quedó mirando con esos ojos verdes y suspiré profundamente antes de bajar mi billetera de nuevo. Hice un gesto para que continuara y comprara los perros calientes, pero no dije nada. Si él absolutamente insistió en pagar, yo no iba a ser difícil.

Cuando regresó con nuestra comida, sonreí y moví mi cabeza ante su estupidez. Levantó las cejas, desafiándome a comentar, por lo que me abstuve.

—Ahora, es tu turno.

Tomé un bocado grande de mi perro caliente ya que tenía bastante hambre en este momento. No había comido nada desde el desayuno. Mastiqué lentamente mientras pensaba en lo que diría.

Cuando finalmente tragué, mis ojos encontraron los de Edward y él me estaba mirando con una expresión atónita.

—¿Qué? —le pregunté.

Movió la cabeza.

—Nada. Es solo que nunca antes he conocido a una chica que coma como tú. —Sonreía, así que sabía que realmente no le importaba cómo comía, pero su comentario me hizo poner rígida. Había sido una de las cosas que George dijo que le avergonzaba, y aunque sentí nada más que alivio al librarme de ese imbécil, todavía me dolía darme cuenta que tal vez había tenido razón. Tal vez yo comía como un animal.

El pensamiento me hizo ruborizar.

—¿Por qué estás ruborizada? —preguntó Edward, pero me encogí de hombros ante su pregunta. No quería responder a eso.

—Trabajé como recepcionista en la oficina de un corredor de bolsa en Seattle antes de venir aquí —dije en un intento de cambiar de tema. Por suerte, había distraído a Edward y mi rubor fue pronto olvidado.

—Me da la sensación de que no era el trabajo de tus sueños.

Me mofé.

—Tienes razón. Fue una parada en el camino. Todavía no sé lo que quiero hacer, pero quiero que sea algo significativo. Como lo que mi padre hace.

—¿Qué hace tu papá?

—Es el jefe del departamento de policía de Seattle —dije con orgullo. Estaba verdaderamente orgullosa de mi papá. Él había llegado a donde estaba con trabajo duro, y lo admiraba mucho.

Los ojos de Edward se ampliaron.

—Vaya, acabo de asustarme aún más de ti.

Fruncí el ceño en confusión.

—¿Por qué?

—Porque eso significa que tu padre probablemente pondría una bala en mí si te hiciera algo malo, y sería capaz de desaparecer la evidencia de mi asesinato.

Sonreí.

—Suerte para ti que esto no es una relación real entonces. —Traté de ignorar el deseo dentro de mí que gritaba que no quería nada más que esto fuera real.

Edward terminó su perro caliente, lanzó el envase en la papelera más cercana y continuó su interrogación.

—¿Qué hay de hermanos?

—Única hija, pero mi mejor amiga es como mi hermana. De hecho, somos probablemente más cercanas que las hermanas. Lo compartimos todo con la otra. Ella es mi roca.

—Debe ser genial tener a alguien así. —Creí que detecté un toque de nostalgia en su voz.

—¿No tienes? —le pregunté cuidadosamente. No quería hacerlo sentir triste por hacerlo pensar en ello, pero sonaba tan solo al no tener a alguien en quien podía confiar como yo tenía a Becca. Probablemente no habría sido capaz de vivir sin ella.

Edward negó con la cabeza.

—No. Solía, cuando era más joven. Pero él se mudó hace cuatro años cuando su esposa dijo que no quería criar a sus hijos en Chicago, y terminamos perdiendo el contacto.

En ese momento, me di cuenta de que todavía no sabía cuántos años tenía Edward. Estábamos en nuestro camino a la casa de los reptiles ahora, y habíamos estado caminando alrededor del parque durante al menos dos horas. Por qué el tema no había sido traído a colación todavía, no sabría responder.

—¿Era más grande que tú?

Edward negó con la cabeza.

—No, ¿por qué preguntas?

Me encogí de hombros.

—Suena como si fuera mayor, ya que estaba casado con hijos. —Becca estaba casada, pero llevaba solo seis meses. Edward dijo que su amigo estaba casado y tenía niños, en plural, hace cuatro años.

Por supuesto, podrían haber sido padres jóvenes.

Edward no dijo nada durante un tiempo, así que decidí que era mi tarea el descubrir su edad. Era curioso, porque él actuaba muy maduro, pero su ropa indicaba que no podía estar mucho más allá de los veinte.

Sin embargo, cuando pregunté, Edward no respondió enseguida.

—¿Realmente importa mi edad? —preguntó finalmente.

Dramáticamente abrí la boca y coloqué mis manos sobre ella en un gesto teatral, con la esperanza de mantener la sensación bromista que la cita había tenido hasta ahora.

—Oh no, no me digas que tienes apenas veinte. Prefiero no ser una robacunas.

—No te preocupes por eso. Definitivamente no serías una robacunas por estar conmigo. Realmente soy uno de los voluntarios de mayor edad en el programa —respondió seriamente a mi burla.

—¿Me vas a hacer adivinarlo?

—Tengo veintinueve.

—¿En serio? —dije antes de tener tiempo de detenerme. Mi mano voló hasta mi boca y me sonrojé con vergüenza. La verdad era que sinceramente había creído que Edward era, a lo sumo, un año mayor que yo. En realidad no parecía que tenía veintinueve, y simplemente había revelado ese pensamiento interno al dejar salir bruscamente mis palabras sin pensar. Esperé con ansiedad para ver si lo tomaría como un halago o un insulto.

Edward me sorprendió con una suave sonrisa hacia mí.

—Si fui capaz de engañarte, es que hice un buen trabajo —dijo, y fruncí el ceño en confusión. No tenía ni idea de lo que quiso decir con esa afirmación, pero continuó antes de pudiera preguntar—. Generalmente no me visto de esta manera. —Hizo un gesto hacia sus vaqueros desgastados y sencilla camisa. Estaba un poco más elegante que lo que había llevado el primer día, pero a duras penas. No tenía la gorrita tejida, pero su pelo era un desastre con estilo que solo reforzó mi creencia en su edad menor.

—Te dije que he estado en el programa antes, y como probablemente has notado, la mayoría de los voluntarios están en sus tempranos veinte. Tú eres la única, aparte de los profesores y el señor y la señora Cullen, que sabe que ésta no es mi primera vez. Me visto así para mezclarme con el resto de ellos; participar, por así decirlo.

Era lógico, lo que dijo, pero solo me hacía más curiosa acerca de por qué parecía tan avergonzado de haber sido parte del programa antes.

—¿Por qué quieres ocultarlo?

Se encogió de hombros.

—Era más fácil que explicar la historia detrás de mi anterior participación con la escuela.

—Que todavía no me has dicho —dije con cautela. Pude sentir que éste era uno de esos momentos cuando realmente debería abstenerme de hacer una broma, por lo tanto lo mantuve en una nota seria.

—Pero lo haré, eventualmente. Hoy no, sin embargo. Quiero que nos conozcamos mejor antes de decirte sobre mi pasado. —Edward no estaba mirándome, y sentía que estaba escondiendo su rostro de mí, como si no quisiera que viera algo particular en su expresión.

—El pasado da forma a la persona que está en el presente, Edward. ¿Cómo llegaremos a conocernos si no sabemos lo que nos hizo ser quienes somos hoy?

—El pasado realmente no importa. —Edward frunció el ceño, y por un momento, realmente se veía irritado conmigo. Volvió la vista hacia mí y lo que vi hizo algo girar dentro de mí. Sus ojos no eran los suaves, pero todavía intensos, verdes a lo que me había acostumbrado en el corto tiempo que lo había conocido. Eran duros y fríos—. El hecho sigue siendo que yo soy el que soy. ¿A quién le importa cómo llegué aquí? —continuó, completamente inconsciente de que estaba encogiéndome de miedo lejos de él. No quería admitirlo, pero en realidad estaba un poco asustada de Edward en ese segundo.

Sin embargo, Edward miró lejos de mí otra vez, respiró profundamente y volvió a ser el amable, dulce y divertido chico que esperaba. Me sonrió como si todo estuviera bien, pero todavía estaba muy incómoda. Permanecí en silencio al llegar a la casa de los reptiles y mientras caminamos alrededor por el interior para ver las serpientes, lagartos y ranas que residían allí.

Edward continuó conversando y a pesar de que sentía mucho mi renuencia, lo ignoró completamente. Yo sabía que él sabía por qué estaba inquieta, pero no se sentía como que me estaba dando el espacio para absorber lo que acababa de ocurrir. Se sentía más como que esperaba que fuera olvidado si él no tocaba el tema.

Edward estaba escondiendo un lado de mí. No lo habría pensado mucho si no fuese por la sensación en mi estómago que me decía que lo que estaba escondiendo era su verdadera personalidad. Cada ser humano tiene un lado que quiere esconder a veces, pero no debería ser tan difícil de esconder ese lado de modo que la máscara que mantienen inmediatamente se caiga cada vez que pierden el control por un segundo.

Creía que —por un breve momento cuando los ojos de Edward se habían vuelto duros y fríos—había sido el primer vistazo que conseguí del verdadero Edward.

No por primera vez desde que llegué a Ohio tuve el pensamiento: «en qué me he metido» pasando por mi cabeza.


Nota traductoras:

¡Hola!

Un nuevo capítulo... ¿qué les ha parecido la cita? Esperamos saber sus opiniones en un RR ;)

Las invitamos a leer nuestra nueva traducción, Death Behind His Eyes, ¡se actualiza todos los días!

¡Hasta el sábado!