~*~Dulce Inocencia~*~


Capítulo VIII ¿Química o Amor?


¡Advertencia!: Capítulo con contenido LEMON, si no te gusta o eres menor por favor no leer.

¡Gracias!

~*~Metitus~*~


Mis agradecimientos a: kyoko-chan2010:No me mates xD aquí te traigo la conti,espero te black 10: Se que estas de vacaciones así que espero que a la vuelta lo leas, te cuidas gracias por tus review. Gzn: siempre te dejo picada jajajja ahora a ver que me dices por este capitulo. kiaru87: No agradezcas! Gracias a ti por leer y comentar 08: Tengo el mismo problema que tu…quiero leer un fic bueno en y no encuentro nadita…que esta pasando? Estamos hablando. Sakura-Jeka: Hay Sakura! Gracias por seguir apoyándome :3 eres lo más buena onda. Noa-san: Nee-chan gracias! Por estar aquí y leerme doble, espero te guste la conti. cristina96life: Creeme a mi igual me da rabia, pero.. ya verás lo que pasará más adelante saludos!

Capítulo dedicado a Inupis Gracias! por tus hermosos reviews.


Después de la falda se quitó la camisola. Su ropa interior era deliberadamente provocativa. El sujetador levantaba sus pechos, mostrándolos a la perfección, las braguitas de encaje eran transparentes y en cuanto al liguero… bueno, era tan sexy que Ichigo no podía explicarlo con palabras.

La deseaba, deseaba llenarla por completo… poseerla totalmente.

Y su ardiente mirada excitaba a Rukia. Deseaba que la tomase entre sus brazos, necesitaba desesperadamente que la abrazase.

—¿Te ayudo a quitarte la chaqueta? —era una excusa para acercarse a él—. Podría quitarte la corbata —murmuró, pasando las manos por su torso para deslizaría sobre sus hombros. La prenda cayó al suelo, al lado de las suyas.

Incapaz de seguir pensando de forma racional. Ichigo la empujó suavemente contra la pared.

—Tú sabes muy bien lo que me haces, ¿verdad? Con esos enormes e inocentes ojos azules…

Rukia se estremeció cuando pasó las manos por la curva de sus pechos, apretando los pezones a través del encaje del sujetador. La caricia enviaba escalofríos de placer por todo su cuerpo y, como una droga adictiva, la hacía desearlo aún más.

Ichigo sonrió al oírla gemir, inclinando la cabeza para buscar sus labios. Aquel beso no se parecía a ninguno, fiero, abrasador; haciéndola sentir mareada, poseída casi. Rukia abrió la boca y dejó que la llenase, sintiendo el calor del cuerpo masculino apretado contra el suyo.

Pero cuando creía que iba a morir de deseo, él se apartó.

—No pares ahora, Ichigo… —no tuvo que seguir porque, de repente, sintió sus dedos acariciándola a través de las braguitas.

Estaba húmeda y lista para él, temblando.

—Te gusta esto, ¿verdad? —susurró Ichigo.

Ella cerró los ojos. Sus pechos se habían hinchado, como suplicando que los tocase. Su cuerpo estaba diciéndole que tenía que ser suya… se lo decía con tal fuerza que no podía pensar.

Entonces, de repente, sintió que le bajaba las braguitas de un tirón, tocándola hasta dejarla sin aire mientras, con la otra mano, apartaba el sujetador para chupar sus pezones.

Excitada, acarició su alborotado pelo naranja, entregándose a él con total falta de control. Pero, cuando pensaba que iba a morir de placer, él se apartó.

—Ichigo…

—Seguiremos dentro.

Tenía que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no perder el control. Con esos zapatos de tacón, las medias apretando sus firmes muslos… tenía que contenerse. Pero cuando Rukia se sentó al borde de la cama, Ichigo no pudo esperar para quitarse la ropa.

Parecía tener tanta prisa que se quitó la camisa sin desabrocharla siquiera… porque la deseaba. Saber eso hizo que Rukia se sintiera poderosa, pero no era nada comparado a lo que sintió al verlo desnudo.

Tenía un cuerpo perfectamente formado, el estómago plano, los abdominales marcados ella lo recordaba muy bien, recordaba haberse quedado sorprendida la primera vez que lo vio desnudo. Y eso no había cambiado en absoluto.

Cuando Ichigo se sentó a su lado empezó a quitarse las medias, pero él la tumbó sobre el edredón de satén.

—No te mueveas —murmuró, buscando su boca. Ardiendo de deseo, apartó el sujetador a un lado para besar sus pechos, haciéndola suspirar de deseo.

Después de colocarse sobre ella, alargó una mano para sacar un preservativo del cajón y se enfundó en él antes de poseerla con insistentes embestidas. Pero, de vez en cuando, se apartaba un poco para acariciarla tiernamente, besándola con dulzura, tocando su pelo negro…

Murmuraba su nombre una y otra vez mientras su cuerpo la dominaba, tomándola con despiadada determinación y, al mismo tiempo, con exquisito cuidado, poseyéndola con un ardor que la hacía responder de la misma forma.

Ichigo la miró a los ojos y murmuró algo en italiano.

—Me gusta cuando hablas tu idioma —musitó Rukia.

Él dijo algo más que no entendió y luego, sin dejar de moverse, inclinó la cabeza para chupar sus pezones, llevándola a un orgasmo tan poderoso que la hizo gritar. Sólo entonces se dejó ir , mientras ola tras ola de placer hacía que los dos se convulsionaran.

Estuvieron en silencio durante largo rato. Rukia tenía ganas de llorar, no de tristeza sino de alegría porque hacer el amor con él había sido tan increíble como recordaba. De nuevo se había sentido protegida, querida por él.

Pero no era amor, era sexo, intentó recordarse a sí misma. El problema era que no le parecía sólo eso. Cuando Ichigo la abrazaba de esa forma se sentía feliz.

Él acarició su pelo y luego, distraído, le dio un beso en la frente.

Fue un gesto tan tierno que Rukia dejó escapar un suspiro.

—Hacer el amor contigo es tan… maravilloso.

—Sí, sigue habiendo química entre nosotros. Yo sabía que sería así.

—Pero te has destrozado la camisa.

Ichigo soltó una carcajada.

—¿Qué tal se le da la costura, señora Kurosaki?

Ella sonrió. La conexión entre ellos era tan fuerte que el mundo exterior dejaba de existir. No podía haberle hecho el amor con tal pasión si no sintiera nada por ella, pensaba.

—Nadie me hace sentir lo que tú me haces sentir —le confesó.

Sus ojos se encontraron y, por un momento, pensó que él iba a decir algo similar.

Pero Ichigo vaciló. Sonaba tan sincera… y no había la menor duda de que respondía de forma apasionada a sus caricias. Hacer el amor con ella siempre había sido increíble, pero ahora era mejor que antes. Claro que aquello no era amor, se dijo. Y tenía que recordarlo cuando trataba con Rukia.

Sí, disfrutaba del sexo, pero incluso las criaturas más mercenarias de la tierra lo hacían. Probablemente lo que la excitaba tanto era su dinero.

Era difícil aceptar eso cuando lo miraba de esa forma. Pero tenía que aceptarlo. Y, al menos, disfrutaban juntos en la cama porque de no ser así… en fin, él nunca había forzado a una mujer y no tenía intención de empezar a hacerlo.

—Y por eso nuestro acuerdo va a funcionar perfectamente.

Rukia cerró los ojos. No había esperado una declaración de amor, pero tampoco pensó que le recordaría su acuerdo en aquel momento precisamente.

—Sí, tienes razón —murmuró, sin mirarlo.

Ichigo notó que se apartaba de él y se enfadó consigo mismo, como si hubiera desperdiciado un momento precioso.

¿Qué le pasaba? Debía estar usándola como lo había usado ella… no haciendo declaraciones apasionadas. Pero, por un momento, le habría gustado abrazarla de nuevo, decirle que a él le pasaba lo mismo. Que nunca había sentido con otra mujer lo que sentía con ella.

Estaba perdiendo la cabeza, se dijo.

—Deberíamos volver a la casa —dijo Rukia entonces.

—No vas a ir a ningún sitio… —Ichigo tiró de ella para besarla de nuevo.

—Suéltame, tengo sed —ella se apartó abruptamente e Ichigo la observó mientras tomaba su camisa del suelo y se la ponía para ocultar su desnudez.

Unos minutos después, sólo con el pantalón, entró en la cocina y la encontró sacando una botella de agua mineral de la nevera.

—¿Me sirves un vaso?

—Sí, claro.

—Estás muy guapa con mi camisa, por cierto. Lo único que falta es el colgante que te he comprado.

—Ya te he dicho que no quiero regalos.

—No, seguro que no —Ichigo desapareció un momento y volvió enseguida con la caja. Quizá si se ponía el caro diamante le recordaría lo que era, pensaba. Porque cada vez que lo miraba con esos ojos tan limpios estaba en peligro de olvidarlo.

—No quiero ese colgante, Ichigo.

—¿Qué pasa, el diamante no es lo bastante grande?

—¡No…! —Rukia se dio cuenta de que sería absurdo intentar convencerlo—. Déjalo, no sirve de nada.

—Te lo he comprado como regalo de boda, así que lo mínimo que podrías hacer es ponértelo.

—No voy a hacerlo.

—¿Por qué eres tan cabezota?

—¡Tú también lo eres! Te he dicho que no quiero ni tu dinero ni tus regalos.

¿A quién quería engañar?, se preguntó él.

—Ven aquí —dijo, tomando su mano para llevarla al salón. Una vez allí se dejó caer en el sofá, sentándola sobre sus rodillas.

—Levántate el pelo.

—No.

—Haz lo que digo, Rukia. Sólo es un collar.

—Pero no es sólo eso, ¿verdad? No es sólo un collar, es un símbolo de lo que piensas de mí.

Sin hacer caso, Ichigo abrió la caja y sacó el diamante.

—Levántate el pelo.

Como no le obedecía, él mismo se lo puso alrededor del cuello, levantando luego su pelo y dejando que los sedosos mechones resbalaran por sus dedos.

—Ya está. Te queda precioso. Ella se quedó inmóvil, mirándolo con gesto de desafío.

—No me mires así. Te compraré otro mañana si éste no te gusta. Uno que elegirás tú misma, ¿de acuerdo?

Rukia no podía hablar. Estaba helada por dentro.

«No me quiere, no confía en mí, nunca lo hará».

—¿Estás bien?

Había una nota de preocupación en su voz y eso la sorprendió.

—No, no estoy bien —murmuró ella, enterrando la cara entre las manos. No podía enamorarse de Ichigo y, sin embargo, sabía que estaba enamorada. Quizá nunca había dejado de amarlo.

—No te he hecho daño, ¿verdad? Rukia, yo no quería hacerte daño.

—No, no me has hecho daño. No pasa nada. Es que estoy cansada. Anoche no dormí bien… y esta mañana estaba demasiado nerviosa como para desayunar.

—¿Tienes hambre?

—Sí, un poco.

No era verdad, pero tenía que hacer algo para dejar de pensar en la situación, para moverse, para salir de aquel estado de estupefacción en el que estaba sumida.

—Ven, vamos a la cocina —Ichigo tomó su mano.

—Aquí hay de todo —suspiró Rukia abriendo la nevera—. ¿Qué quieres comer?

—Lo que tú elijas.

Rukia sacó salmón ahumado y una ensalada ya preparada.

—¿Quieres que comamos en la terraza?

—No, sólo vamos a picar algo. Es mejor aquí —contestó él, señalando dos taburetes.

Se sentía inseguro, incómodo. ¿Por qué se mostraba Rukia tan frágil, tan angustiada? Había disfrutado haciendo el amor tanto como él, estaba seguro de eso.

—¿Así que estabas nerviosa esta mañana?

—Sí, un poco. ¿Tú no?

—Sí, un poco.

—¿De verdad?

—He sido soltero mucho tiempo, así que…

—¿Saliste anoche? —le preguntó Rukia. Intentaba sonar despreocupada, como si no fuera cosa suya. Pero le importaba. Demasiado.

—No, estuve trabajando. Debía solucionar muchas cosas para tener unos días libres contigo.

—Ah, ya —la morena sonrió, un poco más animada.

—¿Quieres champán?

—Sí, gracias.

Era agradable estar sentada allí, con él. Si no lo pensaba mucho, casi podía imaginar que eran una pareja de enamorados.

—¿Sabes lo que falta aquí? —preguntó el pelinaranjo entonces.

—¿Música?

—No, pero eso podría arreglarse. Me refería a la vista.

—Podemos salir a la terraza si quieres.

—No, me refería a esto —Ichigo sonrió mientras alargaba una mano para desabrochar el primer botón de su camisa—. Y quizá deberías quitarte esto.

Atónita, Rukia vio que le quitaba el colgante y lo dejaba sobre la mesa.

—¿Así está mejor?

Ella asintió con la cabeza.

—Infinitamente mejor.


Chicas mil gracias por seguir este fic ^^ no saben cuando me alegran sus mensajes.

Las adoro!,espero les haya gustado este capítulo y sigan leyendo el que viene.

GRACIAS A TODAS!

Nos leemos luego se me cuidan y viva el Ichiruki.

Metitus

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