Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

Hola, gracias por entrar n.n

Bueno, empezamos a recorrer los tramos finales de esta historia. Además del de hoy sólo quedan dos capítulos más, espero poder actualizar lo antes posible, ya que están escritos, pero a veces los vaivenes cotidianos lo dificultan. Ya saben cómo es esto.

Como siempre, saludo a los anónimos Courtheyhime, jejejeje ya veremos qué ocurrirá con la nueva propuesta matrimonial llegada de Suna. Shikamaru tendrá que acelerar un poco, sí, pero bueh, tratándose de él... Gracias a vos por seguir del otro lado n.n Cris, jajaja! ¿Un club de fans? Espectacular. Muchas gracias por leer y comentar, espero que te encuentres mejor de salud n.n el cuchufly, me alegra que te haya gustado la historia, espero que sigas disfrutándola. Muchas gracias por leer y comentar n.n M. Joy, he aquí el nuevo capi, espero que sigas disfrutando de la historia. Muchas gracias por leer y comentar n.n

Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D


Capítulo VIII

Será con… ¿glorias de la mañana?


Cuando por fin logró salir de la florería, Shikamaru exhaló largamente, aliviado por haber sobrevivido a un nuevo rapto de entusiasmo de su querida amiga Ino. Sólo que el rapto esta vez vino acompañado de una retahíla de reproches que, además de fastidiado, le generaron una profunda conmoción.

Por supuesto que la chica celebraba y aprobaba que se mantuviera firme y constante en sus propósitos, pero no dejaba de notar el evidente letargo de los resultados, letargo que sólo podía atribuir a los perezosos ritmos existenciales con los que el ninja solía manejarse para todo. En pocas palabras, Shikamaru, según ella, seguía siendo el mismo vago de siempre, y si continuaba moviéndose con esa exasperante parsimonia, antes de caer rendida a sus pies Temari se iría con el primer avispado que se le cruzara en el camino.

Era como si estuviera cocinando a fuego lento un suculento caldo que podría beberse cualquier otro, alguien que le encontrase la vuelta al corazón de la testaruda kunoichi. Ino le echó en cara esas falencias, y agregó que debería sentirse avergonzado. Podía aniquilar a un psicópata inmortal con delirios de religiosidad sin problemas, pero no podía ganarse el de una simple muchacha soltera. Vaya estratega que estaba hecho.

Además, sugirió Ino con malicia, ¿quién podía asegurar que la chica no hubiese recibido ya otras propuestas como la suya? ¿Qué le hacía pensar que él era el único candidato en el mundo que la merodeaba? Temari era una mujer hermosa y podría jurar que había sido requerida en amores por más de un joven interesado.

Shikamaru soportó con estoicismo la reprimenda, en parte porque no le quedó otra y en parte porque, quizás, en el fondo hubiese algo de verdad en ella. Excepto cuando se refería a Temari como "una simple muchacha soltera", por supuesto, porque de simple no tenía nada. Además, él era perfectamente conciente de todo aquello y ya había efectuado una maniobra fundamental de la que ni Ino ni nadie podía enterarse aún.

Él mejor que nadie conocía el temperamento de Temari y lo que le demandaría lograr vulnerarlo para conseguir su aceptación. No era que especulase o que pudiese prescindir de una respuesta afirmativa pronto –por todos los cielos, ¡si fuese por él ya la hubiese secuestrado y atado a su cama!-, sino que por encima de todo la respetaba y deseaba que lo aceptase sin presiones ni escrúpulos, con el corazón y los sentidos convencidos. Conformarse con menos sería caer en una falacia, en una mentira que terminaría por desmoronarse.

Porque Shikamaru quería una vida con Temari, no una mera posibilidad de relación duradera, y para lograrlo tenía que moverse con cuidado y minuciosidad. Construir una relación de pareja es como levantar un castillo de naipes: si los fundamentos no son firmes, en cuanto se intente pasar al siguiente nivel todo se derrumbará irremediablemente. El amor es así de frágil. No obstante, si se lo construye con basamentos sólidos, siempre existirá una forma de mantenerlo en pie.

Así que lo soportó, soportó la chillona reconvención de Ino con la paciencia de saber que ella estaba tan angustiada como él con la situación. Porque por debajo de su aparente serenidad de siempre, en los últimos tiempos el ninja vivía cortando clavos.

Confiaba plenamente en Temari, pero la expectativa de lo que estaba por venir comenzó a generarle una creciente ansiedad. En una batalla, conociendo a fondo al enemigo, podía predecir sus movimientos y hasta sopesar determinadas contingencias con escaso margen de error, pero tratándose de una mujer y de sus vericuetos emocionales, Shikamaru tenía que resignarse a lidiar también con los imponderables y la incertidumbre.

Miró la planta que llevaba entre las manos y las llamativas flores moradas que se alzaban en ella. Previsor, calculador, meticuloso y lógico hasta la médula, en ese momento sólo pudo pedirles la cosa más ingenua que pudo concebir: Deséenme suerte.

-o-

Se la cruzó de camino al edificio del Hokage, a plena luz del día y en plena calle. Cuando Temari lo vio y entendió que la buscaba, vaciló un instante, pero finalmente se decidió a apretar el paso para llegar hasta él.

-¿Estás loco? –lo increpó en voz baja, ceñuda-. ¿Qué haces acarreando una planta como ésa de un lado para el otro?

-Es lo que hago habitualmente desde que te confesé mi sentimientos –dijo él con naturalidad y con la mayor desenvoltura del mundo después de más de dos meses de esforzadas tentativas-. Si ya no me molesta a mí, que soy el que está haciendo el ridículo desde entonces, no veo por qué te iba a molestar a ti.

Temari lo encaró con los brazos en jarra.

-Ni se te ocurra obsequiarme eso en medio de la calle –masculló, deliciosamente ruborizada a pesar de sus intenciones de parecer amenazante.

-¿Por qué no?

-Porque… porque… ¡porque es humillante! –exclamó ella por lo bajo, aunque con voz chillona. Y empezó a mirar de un lado a otro por si alguno de sus amigos andaba cerca.

-Creí que te gustaban las plantas –insistió él sin hacer caso de su bochorno y, en un punto, disfrutando de que al menos por una vez ella sintiera en carne viva lo que es ponerse en un papel tan opuesto a su yo original-. Me ofendes, Temari.

La otra se crispó todavía más con su desfachatez. Iba a decirle un par de cosas para ubicarlo, pero de pronto distinguió un peligro inminente. Confirmando uno de sus peores temores, emergió desde una esquina, animado y vocinglero, un cuarteto por demás conocido: Kiba, Hinata, Shino y Naruto. La kunoichi casi colapsó.

-Vámonos de aquí –pidió con voz ahogada.

Shikamaru siguió la dirección de su mirada hasta entender el porqué de su alteración. Jugado como estaba, con su reputación mancillada para siempre gracias a sus incursiones en el campo de la floristería, alzó la mano hacia sus amigos para saludarlos y hacerse notar.

Los chicos lo vieron y correspondieron de inmediato, cambiando de rumbo para dirigirse hacia ellos. Temari lo taladró con la mirada.

-¡Eres un idiota! –le espetó.

-¿Por qué te molesta tanto? –indagó Shikamaru, haciéndose el tonto-. ¿Te preocupa que te vean conmigo? ¿O es que te avergüenza que descubran mi interés por ti?

Los chicos caminaban despacio, por lo cual aún había una piadosa cantidad de metros que los distanciaban. Si se daban prisa, podrían escapar.

-Te dije que nos vamos –ordenó Temari, tomándolo de la mano para tirar de él en la dirección contraria. Pero el ninja parecía adherido al suelo, porque no se movió ni un centímetro-. ¡Por favor, Shikamaru! ¡No quiero que nos vean así!

-Me iré si prometes que escucharás lo que diga sin contradecirme.

-¡Al diablo!

-Se están acercando…

Temari se mordió el labio con odio y desesperación.

-Eres un…

-Promételo y me iré contigo.

Las voces de los chicos se hicieron más cercanas, más claras que antes.

-Está bien, está bien, ¡está bien! Maldita sea –masculló ella, y tiró de nuevo de su brazo.

-¿Está bien qué? –quiso cerciorarse el otro.

La joven quiso matarlo en ese mismo momento por actuar con ese descaro, pero evaluó que más tarde sobrarían las oportunidades para hacerlo, y sin testigos de por medio.

-Prometo que te escucharé sin contradecirte –dijo a borbotones, y cuando volvió a tirar de él esta vez el tipo se dejó conducir mansamente por las calles de Konoha.

Naruto y los demás, al verlos marchar de ese modo, se detuvieron y se quedaron mirándolos con estupor, sin comprender ni jota de la situación.

-¿Por qué se fueron así? –se preguntó Kiba, confuso.

-Habrán recordado alguna ta-tarea pendiente –estimó Hinata.

-Últimamente están actuando muy extraño –señaló Shino, meditándolo con seriedad.

-Tal vez por fin estén en una cita –concluyó Naruto después de devanarse los sesos-. Sólo eso podría explicar que Shikamaru tuviese una planta consigo.

Y luego asintió repetidas veces con la cabeza, ceñudo y convencido. Y aunque Kiba lo miró con cierta incredulidad, Shino aceptó la idea en reflexivo silencio mientras que Hinata se solazó con la mera posibilidad.

-o-

El despacho se veía tan desordenado como de costumbre. Más que el de una jounin de su categoría, parecía el apartamento de un hombre soltero.

-¿Estás segura de que trabajas en el ambiente laboral apropiado? –indagó Shikamaru, mirando en derredor con la misma apática desaprobación de los pasados días.

-Mi despacho, mis papales, mi desorden –se limitó a decir Temari mientras despejaba los sillones para que pudieran sentarse.

-Como digas –repuso él, que de todas maneras tenía asuntos más importantes que tratar.

Se acomodaron en donde la acumulación de pergaminos les permitió y se posicionaron frente a frente sin escritorio de por medio, aunque sí con una mesita igualmente atestada. Shikamaru hubiese preferido reunirse en la posada, y tal vez Temari también, pero esa mañana, debido al apuro anterior, tuvieron que conformarse con eso.

El ninja procedió a depositar la planta sobre unas carpetas. Temari reconoció las flores de inmediato: gloria de la mañana, campanilla morada, ipomoea, manto de María, don Diego de día o quiebra platos, toda una variedad de nombres para unas flores de un particular color violáceo. Y así como eran de bellas también lo eran de tóxicas si no se las manipulaba con precaución.

Esta vez, en lugar de quedarse embobada apreciando la singularidad de su forma y color, la joven asumió una postura reflexiva, casi abstraída. Era como si sus pensamientos hubiesen volado lejos, quién sabe a dónde y con qué motivos. Shikamaru aguardó en silencio a que se decidiese a volver, entendiendo un poco que la contemplación de las flores ya no le generase la misma perplejidad de las veces anteriores.

Se acercaba el tiempo de tomar decisiones, de asumir resoluciones, de optar frente a lo que se le ofrecía. Supuso que se sentiría incómoda, confusa e incluso algo cohibida, él estaba esperándola con toda la determinación del mundo mientras ella apenas si podía lidiar con sus sentimientos. No obstante, Shikamaru estaba seguro de que Temari le correspondía, y que sólo faltaba dirimir si lo aceptaría o si se inclinaría a solaparlo.

-Gloria de la mañana –musitó ella, regresando por fin.

-Gloria de la mañana –corroboró el ninja.

-Son preciosas.

-Admito que parecen interesantes –dijo él, observándolas por un momento-. Sin embargo, más que su aspecto me atraía su significado.

-¿Y de qué se trata esta vez?

Shikamaru se acomodó mejor en el sillón.

-Simbolizan la finitud, la muerte.

-Hermoso –ironizó Temari.

-Justamente –repuso él sin hacerle caso-. Las flores aluden a una vida breve, pero hermosa. ¿No te parece interesante?

La kunoichi entendió a qué se refería.

-Comprendo lo que intentas decir, pero…

Shikamaru alzó una mano para detenerla.

-Nada de peros, recuerda que prometiste no contradecirme.

Ella hizo una mueca, visiblemente disgustada. Cierto, el precio de haber sido liberada del bochorno de ser vista públicamente en esos asuntos tan comprometedores era el de guardarse sus comentarios, le había dado su palabra y ahora tendría que cumplir. Maldita sea, ¡con lo que disfrutaba llevarle la contraria!

-Está bien –gruñó.

Shikamaru sonrió con sutileza, satisfecho por haber logrado una pequeña victoria. Echó la cabeza atrás y cruzó las piernas con indolencia, observando a su rival/objetivo con perezosa atención. Sería muy entretenido conversar con alguien que deberá abstenerse de refutar sus intervenciones, sobre todo si ese alguien era Sabaku No Temari.

Se tomó algunos instantes más para fingir que meditaba y todavía se acomodó mejor, gozando del momento. Por supuesto que ella se percató de su regodeo, así que tuvo que hacer tremendos esfuerzos para contener las ganas de regañarlo.

-Como decía, el simbolismo de la brevedad de la vida me parece lo más sugestivo para meditar hoy –dijo él por fin-. La vida está hecha de tiempo, nosotros estamos hechos de tiempo, pero ese tiempo no es infinito.

-Vaya novedad –se burló ella.

-Sin embargo –prosiguió el joven-, sin importar cuán breve pueda ser nuestra vida, lo importante es qué haremos con el tiempo que nos ha sido dado.

-Muy profundo –arremetió de nuevo Temari, que aunque no podía contradecirlo no había dicho nada con respecto a mofarse, y por Dios que lo haría si era la única herramienta verbal que tenía para defenderse.

Pero a Shikamaru su sarcasmo le daba lo mismo, pues había aprendido hacía mucho a lidiar con él sin dejarse afectar.

-He decidido que quiero pasar lo que me toca de tiempo contigo –dijo sin rodeos, porque era el único modo de cortarla-. Estoy seguro de que contigo podré tener una hermosa vida.

No era la primera vez que le decía eso, pero aun así las palabras surtieron el efecto deseado. Temari sintió calor en el rostro, un calor que le nació en la punta de los pies y viajó por su sistema nervioso hasta atenazarle las entrañas y manifestarse en la piel. Fue inevitable que así sucediera.

Decepcionada de sí misma, agradeció con el alma por tener las lámparas apagadas, pues aunque fuese media mañana la luz que se colaba por las ventanas resultaba insuficiente para iluminar debidamente la habitación. La amable y suave penumbra le haría el inmenso favor de disimular su debilidad y la traicionera exteriorización de sus emociones.

Ningún sarcasmo pudo salir de su boca. Enmudecida por su franqueza habitual, se le quedó mirando con perplejidad sin lograr encontrar las palabras adecuadas para retrucar, contraatacar, objetar o simplemente replicar, porque aunque le habían vedado la posibilidad de impugnación tendría que haber sido capaz de decir algo, lo que sea, con tal de impedir que se prolongase ese maldito silencio delator.

¿Pero qué decirle? ¿Acaso no debería aventar de una buena vez por todas sus aprensiones y lanzarse sobre él para no dejarlo ir jamás? ¿No tendría que mandar sus temores al diablo, decirle que lo amaba como a nadie y mudarse a Konoha con todo y sus plantas? ¿Qué clase de mujer podría resistirse a la determinación de un hombre como Shikamaru?

Porque ya no era un niño o un mocoso, como le gustaba decirle para molestarlo, sino un hombre maduro, un joven que desde hacía meses no hacía más que declararse y buscarla. Siendo todo siempre tan problemático para él, ella era lo que le interesaba y se mantenía constante, pues nadie podría acusar a Shikamaru de carecer de constancia. ¿Qué debería hacer con eso, entonces?

Aceptarlo, agradecerlo, compartirlo, ofrecerse también. Y sin embargo… ¡no podía! De sólo pensar en el dolor de dejar Suna y los suyos atrás se le estrujaba el corazón, se llenaba de culpa y se sentía desolada. ¿Dejarlo todo por un hombre? Un hombre tan valioso como Shikamaru, desde luego, ¿pero aun así dejarlo todo? Su cabeza se resistía a imaginar semejante panorama.

Por supuesto, Shikamaru no precisaba ninguna lámpara para percibir la clase de debate interno que se llevaría a cabo dentro de ella. Le bastaba con contemplar sus ojos, tan bellos cuando se mantenía activa, y tan esquivos y apagados cuando se sumía en sí misma. Ojalá pudiera ofrecerle más de lo que le entregaba con su sinceridad, pero ella tenía que darse cuenta de que le estaba dando todo, incluyéndose por completo.

-Sé que prácticamente te he hecho una propuesta de matrimonio –dijo para romper la tensión. Temari se sobresaltó ante la sola idea, entonces él la apaciguó con un gesto- …y que tal vez me haya adelantado un poco. Preferiría contar antes con la aceptación de tus sentimientos.

-Shikamaru…

-Sólo escucha, lo prometiste –la cortó él con amabilidad. Temari suspiró y lo dejó seguir-. Una vez me preguntaste cuál era mi proyecto contigo, y mi proyecto es ése. Quiero casarme y pasar mi vida contigo. Y no quiero intentarlo, digo que quiero hacerlo.

-¡Me lo estás haciendo más difícil!

-Lo sé, créeme que lo sé –dijo él, inclinándose hacia adelante para encararla mejor-, y lo siento, pero también te he dado tiempo más que suficiente para revisar entre tus emociones.

-No necesito seguir hurgando entre mis sentimientos, sé perfectamente lo que me pasa contigo.

-Genial, entonces, porque si sigo esperándote me saldrán callos y ya no quiero hacerlo. –Temari lo miró con asombro y cierto temor al haberse percatado del ultimátum en el tono de su voz-. Las flores nos recuerdan que nuestro paso por este mundo es demasiado corto para perder el tiempo, pero que ese paso puede ser maravilloso si sabemos emplearlo bien –agregó con decisión-. Estoy convencido de que podemos tener una buena vida, Temari, así que te lo pediré sólo esta vez y tú sabrás lo que haces: quiero que te quedes a vivir para siempre en Konoha, quiero que te quedes a vivir conmigo, quiero que formemos un hogar.

El rostro de la kunoichi fue cambiando de color en la medida en que oía ese decidido crescendo discursivo, esa abrupta e incontenible revelación de intenciones. Abría y cerraba la boca como un pez fuera del agua, impactada, y no se percató de que sus tensionadas manos se habían cerrado en los brazos del sillón con tanta fuerza que se le habían entumecido. Sólo cuando Shikamaru puso el punto final entendió lo que hacía y aflojó el agarre hasta sentir la electricidad característica del reflujo de la sangre.

Esa desagradable sensación le devolvió la conciencia, pero su cerebro seguía en cortocircuito. Ahí estaba, se lo había pedido, y un requerimiento de esa clase exigía sin duda una respuesta contundente. El corazón se le subió a la garganta.

Sin saber muy bien lo que hacía se puso de pie y Shikamaru la secundó de inmediato, advirtiendo su atolondramiento. Ella se mordió el labio con fuerza para obligarse a reaccionar, tal y como hacía en algunas batallas cuando la habían vapuleado y corría el riesgo de perder el conocimiento, y en cuanto se sintió con fuerzas se encaró con él, ceñuda y con los brazos en jarra.

-Eres un…

-¿Un qué? ¿Un idiota? ¿Un mocoso? ¿Un vago?

-Un descarado, ¡eso es lo que eres! –le espetó, irritándose a la fuerza para contener el desborde emocional que amenazaba con quebrarla.

-Pues sólo un descarado podría lidiar con una testaruda.

-¡Atrévete a decirme testaruda otra vez, holgazán de pacotilla! –chilló ella, indignada con la lágrima que se le había escapado.

Él entrevió su vacilación y reconoció la sensación, notó una tensión distinta incubándose. Estaba harto de discutir, pero era el código en el que podían comunicarse, el que les era más familiar, aquel en el que se reconocían. Incluso aunque les doliera.

-Testaruda –repitió.

-¡Insensato!

-¡Engreída!

-¡Mentecato! ¡Nunca te necesité hasta ahora y nunca te necesitaré después!

Entonces Shikamaru, honestamente enojado, se abalanzó sobre ella y la besó. Casi bruto, algo torpe, pero la besó con una pasión y un reclamo que a Temari durante un momento la dejaron inhabilitada para reaccionar, demasiado asombrada por esa desacostumbrada prepotencia en él.

-No debería ser así –masculló él, desprendiéndose apenas.

-Entonces suéltame –repuso ella, demasiado débil entre sus brazos.

-No puedo.

-Deja de comportarte como un maldito galán de película.

Como toda respuesta, los labios de Shikamaru se impusieron sobre su boca y la obligó a recibirlo. Temari forcejeó con los brazos para tratar de deshacerse de su sujeción, pero él la estrechaba con tanta resolución que no hubo forma de poner distancia. ¿Desde cuándo se esforzaba tanto? ¡El muy ladino!

Para peor, el calor comenzó a invadirla, a embargarle los sentidos. La boca de Shikamaru era demandante y deliciosa, y finalmente tuvo que aferrarse a él para no perder el equilibrio. Entonces él, más confiado que antes, acomodó mejor sus manos para ofrecerle la seguridad que necesitaba.

Fue así que Temari empezó a corresponderle con el mismo afán, con la misma urgencia. Las manos buscaron la superficie que se ofreciera, la nuca, el cuello, la cintura, cualquier cosa que los uniese más, que los conectase mejor. Parecían dos criaturas desesperadas, metamorfoseadas en su irrefrenable necesidad del otro.

El ímpetu los inclinó peligrosamente hacia uno de los sillones y Shikamaru tuvo que estirar un brazo para sostenerse del respaldo y evitar caer sobre ella. Sólo así se desprendieron. Agitados, acalorados, absolutamente sorprendidos por esa inesperada desmandada de sus sentimientos, se tomaron algunos segundos para regular la respiración y acordarse de sí mismos, ella sentada y él reclinado sobre ella, a pocos centímetros.

-Vete –le pidió Temari en cuanto pudo hablar.

Al principio Shikamaru la miró confuso, pero después entendió. Se sintió herido y decepcionado, pero entendió. Más calmado, se irguió para quedar de pie a un lado del sillón y la observó desde su altura con ojos indescifrables.

-Como digas, princesa.

-No seas grosero.

-Al menos soy honesto.

-¡Vete de una vez!

-Claro que me iré, pero sabes bien que regresaré pronto. Y quiero una respuesta.

Saturada, Temari tomó el rollo de pergamino más cercano y se lo aventó al pecho. Shikamaru ni siquiera se mosqueó.

-Te dije que te fueras, mocoso arrogante.

-Que tengas un buen día –ironizó él-. Por mi parte lo tendré. Con besarnos como borregos no llegaremos a ningún lado ni hallaremos la maldita solución, pero al menos estaremos seguros de lo que sentimos… y tendré algo para fantasear.

Temari tomó otro pergamino y repitió la acción. Esta vez el ninja tuvo que ladearse para esquivar el golpe.

-Y yo soy el grosero –gruñó.

Entonces la joven volvió a arremeter, y hasta que Shikamaru no salió del despacho ahuyentado con el bombardeo, no dejó de arrojar misiles. Luego bufó, molesta a más no poder consigo misma. Se pasó una mano por la cara para enjugar los restos de lágrimas que se habían escapado mientras él la besaba.

Incluso su orgullo se hacía añicos cuando la sacaba de quicio, sólo él tenía esa capacidad y lo odiaba por eso. Y lo deseaba, lo quería y lo añoraba a los pocos segundos de marcharse, y el odio se volvía contra sí. Había luchado para evitar la fatídica bifurcada de su vida, y sin embargo, de un modo que ella no podía explicarse, sus pasos vinieron a ponerla justo enfrente de la escisión.

El universo había complotado en su contra, junto con las flores, Shikamaru e incluso su propia inseguridad. La gloria de la mañana, impoluta, le recordó la calidad de las aspiraciones que el ninja le había revelado sin pelos en la lengua, lo más campante, y eso vino a alterar todavía más su vapuleado equilibrio emocional.

Mentalmente agotada y todavía afectada por la insólita vehemencia de lo acontecido, se puso de pie y se dirigió hasta su escritorio. Se llevó una mano a la frente para tratar de recordar en dónde había dejado el pergamino que buscaba. En el segundo cajón de la derecha. Lo abrió con lentitud y lo extrajo para releerlo.

Una propuesta de matrimonio en Suna y una propuesta de matrimonio en Konoha… Vaya lío en el que se había metido. Justo ella que se había desinteresado absolutamente de los hombres hasta el punto de permitirse una amistad con Shikamaru, justo ella que podía vivir tranquilamente sin depender de nadie para ser feliz. Pero así le había ocurrido.

Por un lado el heredero del clan Shin, por otro lado el heredero del clan Nara… Mientras tuviese energía para hacerlo, la respuesta en ambos casos seguiría siendo la misma, sin importar cuánto amase a uno de los dos.