¡Hola de nuevo!
-esquiva tomates y lechugas-
Gomen, otra vez una desaparición horrible de mi parte -bows head-. No tengo excusa, excepto culpar a ototou y madre, que viven pegados a la computadora -sigh-.
Esta vez les traigo un AU. No es exactamente yaoi, ya que los personajes tienen esta vez entre 10 a 14 años. Me he dirigido más hacia la amistad, pero también hay hints de algo más fuerte… Nadie sabe lo que el futuro le deparará a nuestros pekes…
(mentira, nuestra imaginación fangirlesca sí sabe XD).
Es un poco largo, no pude evitarlo. Les pido que le den una oportunidad, onegai.
¡Gracias!
Algunos detalles:
- Kaasan (Okaasan): mamá
- Toosan (Otoosan): papá
- Damaru (黙る): callado, en silencio, quedarse callado, callarse (tomado del diccionario en línea AULEX)
- ¡Itai!: algo así como ¡ouch¡ay!
Advertencias: Menciones de abuso infantil (del cual estoy TOTALMENTE en contra, mi finalidad es de protesta), sangre, tráfico de estupefacientes, cambio constante de tipo de narración que puede confundir (necesito a mi betaaa, AiFuu-chan!!), algo de angst, momentos tiernos, OOC… y una autora que no sabe cuando dejar de hablar (o sea, yo).
Disclaimer: Naruto y toda su manchita de Konoha-citizens (y otras aldeas) no me pertenecen, sino a Masashi Kishimoto-sama… Si la serie fuera mía veríamos más de Iruka-sensei, eso lo pueden apostar.
Escuché en el silencio
AU. 8269 palabras.
Siempre vestían de blanco, o celeste, o verde suave. Los veía corriendo de un lado al otro, de un cuarto al siguiente todo el tiempo. Algunos eran muy serios, otros siempre amables. Ella era diferente. Me miraba con… ¿pena?... ¿cariño? Nunca pude diferenciarlo. Ellos me decían que si no les hablaba, si no colaboraba, no me podrían ayudar. Ella tomaba mi mejilla suavemente entre sus manos enguantadas y sus ojos marrones me observaban fijamente, brillando con lágrimas contenidas. A veces, acariciaba la cicatriz horizontal que llevo de mejilla a mejilla y mis cabellos chocolate, como tratando de adivinar mis pensamientos.
Todos querían saber qué pasó ese día.
- Escucha, Damaru-kun… ¿Sabes? Yo tenía un pequeño como tú… Él ya no está más… Sé buen niño¿sí? Ayúdanos, dinos algo… Si no lo haces te llevarán lejos de aquí y no podré evitarlo. No quiero que eso suceda, pero no estamos avanzando en nada… Habla con nosotros¿sí? Al menos escribe, por favor…
Ella me recordaba mucho a kaasan, con sus palabras suaves pero firmes, con su pelo largo. Me trataba con ternura y era buena. Es usted linda, Señora, por eso lo siento. Perdóneme. No quiero hablar. No quiero llorar. No quiero recordar. Dígales que no insistan… ¿Me dejan tranquilo? Sólo quiero sentarme aquí y ver por la ventana que da al jardín. Es muy verde y grande. Allí hay girasoles enormes, bien derechitos, como los que papá cuidaba en casa.
- Es en vano, doctora Tsunade. No nos queda más que llevarlo al albergue. No podemos perder más tiempo en su terapia. Otros pacientes necesitan los recursos y el esfuerzo que ponemos en él.
- Hai…
Recuerdo esas palabras como si hubiera sido ayer. Y lo que pasó después. La Señora se me acercó y me dio un beso en la frente. Sus labios pintados de rosado dejaron una marca graciosa allí. Luego acarició mis cabellos suavemente. Olía bien. En verdad, se parecía tanto a mamá.
- Cuídate mucho, Damaru-kun…
Entonces, un hombre moreno y una mujer alta con gafas entraron y tomaron mis cosas. Pusieron mi ropa en la mochila blanca que la Señora me había regalado hace ya mucho y me llevaron con ellos, hacia una camioneta azul. Antes de salir, miré atrás. Allí seguía ella, de pie junto a la que había sido mi cama, contemplando hacia todas y a ninguna parte al mismo tiempo.
Ahora que recuerdo… Estaba llorando.
uuuuuuuuuuuuu
Estoy aquí. Es la cuarta casa a la que me traen desde que salí del hospital. No me han podido mantener en una residencia fija hasta ahora. Dicen que causo muchos problemas y que soy "demasiada responsabilidad", sólo porque no quiero hablarles. Dicen que quiero llamar la atención, que no me gusta estar con los demás y me culpan de todo lo que pasa.
Este lugar es diferente. Es enorme y huele raro, como a cosas viejas y mojadas. Tiene rejas altas que lo rodean y una cabina donde hay una persona de rostro duro al lado de la entrada. Y es muy oscuro, me cuesta mucho ver por donde paso. Bueno, todos los lugares son oscuros para mí, que me acostumbré a vivir rodeado de paredes blancas y luces en todos lados.
Un hombre grande me recibe. Firma unos papeles. Es un acto que ya he visto anteriormente. Significa que a partir de hoy éste será mi hogar. Me lleva de la mano, sujetándome con fuerza. Casi duele.
¿Qué estará haciendo la Señora en estos momentos¿Se acordará de mí? Yo sí pienso en ella.
Pasamos muchas puertas, hasta llegar a un pasillo que llaman "Pabellón A", al menos eso dice en un cartel pegado en la pared. Aquí hay muchos cuartos, desde algunos, los chicos me observan con curiosidad. Más grandes, más pequeños que yo… Son muchos. No me gusta estar entre tanta gente. Debo encontrar un sitio en donde pueda quedarme solo y sentarme a ver el jardín… ¿Hay un jardín aquí?
Nos detenemos casi al final del pasadizo.
- ¡Hey, tú¡Chico Maravilla¡Levanta tu holgazán trasero, tienes compañía! – dice el hombre.
La puerta se abre lentamente, como en las películas de terror que veía en casa los viernes por la noche. No hay nadie detrás. Me quedo allí, parado.
- ¿Qué esperas, chico¡Pasa! – no termina de decir el Señor Grande, el que me trajo hasta aquí, cuando ya me está empujando - ¡No digo yo¡Los jóvenes de ahora son cada vez más lentos¡Tienes que avisparte un poco, enano¡Cuando yo tenía tu edad…!
Me balanceo un poco antes de poder mantenerme en pie sin problemas, sobre el piso alfombrado. Observo a todos lados. ¡Vaya! Si yo que pensaba que la casa era oscura¡este cuarto es una cueva! Hay dos camas, un armario, algunos muebles y unas ventanas enormes, pero las cortinas grises están completamente cerradas y casi ni dejan entrar los últimos rayos de la tarde.
- Bien, Hatake… Se acabó tu reinado. A partir de ahora tienes un nuevo compañero de habitación. Espero que esta vez lo trates bien, nada de tonterías¿me oyes¡No se te ocurra asustarlo!
- Hn – responde una voz evidentemente aburrida.
- Uf, pensándolo bien, no creo que haya problemas, después de todo, ninguno de los dos es muy comunicativo que digamos… A ver¡qué pasa con esos modales! Respetemos las formalidades, chicos… Su Alteza – dice señalando hacia la cama más lejana, en donde sólo puedo distinguir la sombra de alguien recostado – te presento a… a… Mmm… Eres nuevo¿cómo te llamaré¡Ya sé¡Cicatriz! Y a ti, Chico Cicatriz, te presento al Líder Rebelde, Señor Yo-lo-sé-Todo y Odioso número uno de la casa¡no dejes que te vuelva loco, eh! – me dice guiñando el ojo de manera extraña y con una sonrisa de oreja a oreja – ¡Bah!, sólo no se maten y todos podremos dormir en paz. Los dejo. Y no olviden que la cena se servirá en 20 minutos.
Se va, cerrando la puerta de golpe.
Y no sé qué hacer. Estoy quieto. No atino a nada, pero siento que me observan.
Escucho el ruido que hacen los resortes de la cama cuando se levanta. Se acerca con pasos lentos, como si estuviera cansado. Al fin puedo verlo. Es alto, muy alto, y delgado. Probablemente 4 ó 5 años mayor que yo. Usa una chaqueta de cuello largo, que cubre la mitad de su rostro y pantalones oscuros. Lo que más me llama la atención es su cabellera… ¡Se para en todas direcciones! Incluso, un mechón cubre uno de sus ojos, el derecho. Su cabello es gris o plateado, no distingo bien. Se parece al del Señor Grande.
¿Serán familiares?
No creo. Estas casas son sólo para chicos orfebres… No, esa no es la palabra… Huerfebres… No… Ya no importa… Son los que no tienen a nadie que los cuide, así como yo.
Se detiene muy cerca, observándome de pies a cabeza. Pone una de sus manos sobre mí, desordenando mi melena.
- Por Kami, sí que eres un enano.
¿Ah?
- Pensé que el Viejo estaba bromeando… En fin… Escucha, si vas a quedarte aquí hay algunas reglas que debes cumplir¿sí? - dice mientras lee la etiqueta que llevo en la solapa de mi camisa – ¿Damaru? Supongo que no es tu nombre real…
No lo es, pero ya estoy acostumbrado.
- Ahora a nuestro asunto, las reglas: No hagas ruido, eso me molesta. No toques mis cosas. No desordenes. No preguntes. No me fastidies. En resumen, se trata de que no seas una peste. ¿Entendiste?
Yo sólo me quedo mirándolo.
- ¿Qué sucede¿Te comieron la lengua los ratones, enano¿No te enseñó tu mamita a hablar?
Me libero de su agarre, doy la vuelta y me dirijo a la cama vacía, la que está bajo la ventana más grande. Muevo un poco las cortinas y asomo mi mirada al exterior, a través de los gruesos barrotes que aseguran los vidrios. No me importa que mi mochila esté tirada en medio del cuarto ni que todavía traigo puesta la ropa de la mañana. Me cobijo bajo las colchas y cierro mis ojos.
No me gusta este lugar.
- Damaru… Quedarse callado… Ah, ya entiendo… Bien, supongo que si no puedes o no quieres hablar, no hay problema. Tus motivos son tus motivos. Sólo para que sepas, mi nombre es Hatake Kakashi y tengo 14 años. Será mejor que te alistes para comer algo, ya deben estar sirviendo la cena.
Me abrazo más fuerte a la almohada, tratando de buscar el olor a casa o siquiera, el olor a limpio del hospital. Nada. Aprieto mis ojos con más fuerza. Quiero dormir.
- No vayas a quedarte dormido¿eh? Eer… El comedor está en el pasillo central. Voy saliendo.
No, no me gusta este lugar. Para nada. Hay mucha gente, mucha oscuridad, muchas rejas… No hay girasoles.
Ni siquiera tiene un jardín.
uuuuuuuuuuuuu
Es mi primer desayuno en este lugar. El comedor es increíblemente viejo, con mesas largas de madera gastada, casi negra. Cojo mi pan, mi fruta y mi vaso de leche con avena y salgo antes de que alguien note mi presencia allí.
¿A dónde iré¿A dónde¡Ya sé!
Es difícil subir las escaleras con tus manos ocupadas, sin embargo, de alguna manera me las arreglo. Llego a la azotea y me siento. No hay nada particularmente bonito por aquí, pero es mejor que estar rodeado de gente que me mira raro o me evita. Bien, al menos parece que la comida tiene buen sabor, huele delicioso…
¡Itai!
¡Quema¡Quema¡Quema! Soplo rápidamente tratando de aliviar el dolor en mi lengua y labios.
- Era de esperarse, enano. No debes tomar cosas tan calientes o te harás heridas. La lengua es una parte de nuestro cuerpo muy sensible, y qué decir de los labios.
Reconozco esa voz, aunque sólo la haya oído una vez en mi vida, el día anterior. Es… Kakashi, mi compañero de cuarto. No me había dado cuenta, pero él está sentado sobre un barril alto, por detrás del sitio que yo escogí como refugio. También tiene su comida al lado.
De un salto, baja a mi lado. Extiende su mano.
- Toma. Fui uno de los primeros en servirme, así que ya debe estar fría. No la he probado aún… – dice ofreciéndome su taza – Yo me quedaré con la tuya. ¡Anda¿Qué esperas¡Bebe! Te ayudará a superar la quemadura.
No entiendo por qué Kakashi está aquí y no con los demás, pero acepto su ofrecimiento. Con todo lo que pasó ayer me fui a dormir sin cenar. Tengo hambre.
El sabor es maravilloso.
- Mira si sacas tu lengua así – dice haciendo el ejemplo – y ga nueges así, se pasagá el dolog má rápigo… Agiba, abago… ¿Veg¡Intégtago!
Por tonto que parece, y sin pensar mucho, también lo hago. Funciona. Ya no me duele como al principio, hasta me gusta como se siente el aire frío.
Se ríe.
- De veras eres un crédulo¿ne?
Nuestros ojos se cruzan por un segundo. Mira mi rostro, mi cicatriz. Siento que algo va a preguntar, pero no, sólo nos miramos y el tiempo pasa sin más.
Yo he visto esos ojos antes. Yo los he visto. Cada vez que estoy frente a un espejo.
- Bien… – al fin me dice - Parece que no nos gustan las multitudes¿ne, Damaru?
La verdad, no.
Desayunamos juntos, la mayor parte en silencio. Es algo a lo que ya estoy acostumbrado. Sin embargo, no se siente igual del todo porque esta vez hay alguien junto a mí que de rato en rato comenta algo, lo primero que se le viene a la mente, sin esperar jamás una respuesta.
Kakashi es la primera persona que conozco que no intenta sacarme palabra alguna, que no curiosea los porqués, la primera que acepta la voz de mi silencio.
Me hace sentir tranquilo. Y por eso, estoy agradecido.
Puede que haya encontrado un amigo.
uuuuuuuuuuuuu
El tiempo pasa y me voy acostumbrando. Seguimos una rutina estricta. Nos levantan temprano. Limpieza, desayuno, más limpieza, estudiar, hacer los deberes del hogar, almuerzo, reposo, deporte, tareas, talleres, cena, aseo y cama. Todos los días es igual. A veces vienen señoras y señores bien vestidos para vernos, pero casi siempre prefieren a los más pequeños. Los chicos grandes no les hacemos ninguna gracia porque ya estamos entrenados, como dice Kakashi. Algo sobre un perro que está viejo y por eso no aprende nuevos trucos ni olvida los que ya sabe. Él siempre está citando frases así, hablando de cosas que ha leído, explicándome el mundo para que yo también lo pueda ver.
A veces trato de alejarme de los demás y sentarme frente a una ventana, aunque dé a un patio de cemento y la vista no sea muy agradable. Mi compañero de cuarto no me deja. Desde el día siguiente en que nos conocimos, desde el momento en que me dio su avena fría, me lleva con él a todos lados. Me enseña a trepar paredes, cómo escaparnos de la revisión de aseo, a fastidiar a los demás con bromas y jugarretas, a escupir más lejos de lo que imaginé era posible, a encontrar arañas en las esquinas de las paredes, a cazar ratones sin herirlos para liberarlos por las tardes hacia la calle, a través de las rejas… "Ellos que pueden salir, que lo aprovechen", me dice… Hay noches, cuando nos quedamos en el cuarto, en las que arregla todo como si fuera una tienda de campaña y entonces, nos metemos bajo las sábanas con una linterna para que me cuente historias de terror que me dejan temblando y soñando por días, o chistes que me hacen sonreír mucho.
He oído que él ya lleva mucho tiempo aquí y que antes de que yo llegara hacía todas estas cosas solo. Sus anteriores compañeros de habitación lo consideraban extraño o antisocial y pedían ser cambiados en menos de un mes. Tal vez por eso no suele acercarse a nadie más de lo necesario.
Recuerdo que antes de conocer a Kakashi, yo también me aislaba. Siempre dibujando, observando y leyendo mientras todos jugaban a mi alrededor. La verdad es que a otros niños no les agradaba mucho, yo lo sabía, por eso me hacía a un lado y evitaba malos ratos. Kakashi ha estado haciendo lo mismo, supongo.
No era divertido. No debe haber sido agradable para él tampoco.
Me pregunto por qué me eligió para ser amigos. Puede que haya sentido pena por mí, tan pequeño y sin hablar. Pero de alguna forma, sé que es algo más que eso. Creo que tuvo pena de sí mismo, de estar solito entre tanta gente.
Para él, que siempre se muestra tan calmado, yo soy un grito desesperado por contacto, por alguien con quién estar y compartir momentos, por alguien que se dé tiempo para escuchar las cosas que no dice cuando habla sino sólo cuando está callado. Él vio en mí eso. Es como una nueva oportunidad.
Dicen que Kakashi cambió cuando llegué. Pienso que, sin darnos cuenta,hemos cambiado los dos.
Tal vez necesitaba compañía mucho más de lo que admitía. Incluso, mucho más que yo.
uuuuuuuuuuuuu
Kakashi es un buen chico. Actúa como si no le importara nada y le gusta enloquecer a la gente, especialmente al Señor Grande, o el Viejo, como lo llama él. Pone cara de aburrido y problemático, pero en realidad tiene un gran corazón. Suele tomar la culpa de todas las travesuras que planeamos juntos para que no me castiguen. Me defiende cuando uno de los más grandes, los del lado de la correccional, se burla de mí por no hablar, o porque mi piel es morena, o por mi cicatriz. La verdad, no entiendo la razón, pero siempre se burlan. Es como si les gustara encontrar algo en todos de lo que puedan mofarse, y lo hacen. Kakashi me dice que son unos bastardos y no necesitan otro motivo para fastidiar a los demás. Yo creo que ellos también necesitan un amigo.
¿Así habríamos sido tú y yo si no nos hubiésemos conocido?
Este lado del albergue es especial, como ninguno de los otros en los que había estado. Es para chicos que son muy inquietos, muy inteligentes, muy tranquilos, muy enfermizos, o muy algo pero siempre diferentes. Desconozco quién dicta que significa ser diferente o por qué nos llaman así, como si fuera algo malo que tenemos que cambiar. Yo nunca he conocido a alguien que sea idéntico a otra persona, así que, al final, todos somos diferentes, ¿verdad? Eso sí, si hay algo que nos hace especiales entre los diferentes, es que no nos molesta serlo ni lo negamos.
Yo soy como soy¿sí¿Pueden entenderlo?
Conocemos a otros niños, como Hayate y su terrible tos, que no lo detiene a la hora de trepar y jugar; Gai y sus discursos sobre energía, honor y juventud; y el más grande, Asuma, que actúa como si fuera el padre de todos… También están los bebés que nos ordenan cuidar de vez en cuando. Hay uno rubio y de ojos azules que es muy gracioso, y otro de cabellos negros y piel muy blanca, con los que siempre jugamos. Son muy tiernos, aunque no me gustó nada cuando Naruto, que así se llama el blondo, derramó ramen sobre mis pantalones. Lo que sí resultó muy divertido fue cuando Sasuke, el otro pequeño, vomitó sobre la casaca favorita de Kakashi. ¡La cara que puso entonces! Cada vez que lo recuerdo no puedo parar de reír.
Algunas de las personas que nos cuidan son frías y abusivas. Me dan miedo y creo que, aunque lo niegue, a Kakashi también. Incluso a Asuma. Pero también hay gente buena como la Señorita Secretaria y la Cocinera que adora mis mejillas, siempre las está pellizcando. Y también el Señor Grande. Se hace al renegón y fastidioso, pero cuando no lo vigilan, juega con nosotros y nos narra cuentos sobre valientes shinobi. Él dice que su sueño es ser un gran escritor de historias que… La verdad, nunca termina de decirnos qué clase de libros, sólo que tiene algo que ver con venir o ir a un paraíso… "Es algo que no deben escuchar los niños", dice. Asuma, Kakashi, Gai y los mayores se ríen. Yo no entiendo nada.
Aún cuando ahora tenemos todos estos amigos y conocidos, seguimos prefiriendo estar solos. Somos inseparables. Él me habla y me cuenta sus cosas como no lo hace con nadie más. Creo que confía en mí porque yo no podría contar lo que me dice a otros, o tal vez, porque de verdad le agrado. He visto su rostro desnudo y eso es algo que detesta, siempre lo cubre de alguna u otra forma. O es muy tímido o no le gusta mostrar su mirada bicolor. Sí, sus ojos son muy particulares. Uno es negro y el otro rojo. Algunos chicos aquí le temen por eso. A mí me parece fascinante.
Él me regala los panecillos que no come en el desayuno y yo le doy mis galletas integrales. Son sus favoritas.
No es tan malo vivir aquí después de todo.
uuuuuuuuuuuuu
Estamos en nuestra hora de reposo, recostados en el piso de la habitación. De pronto, recuerdo algo y me levanto. Kakashi se sobresalta ante lo intempestivo de mi actitud. Me paro frente a él y le muestro mis manos extendidas, diez dedos, esperando que capte mi mensaje.
- ¿Qué sucede, Damaru¿Te pasa algo?
Yo sólo muevo mis manos ante él una y otra vez. Diez. Diez. Diez.
- ¿Diez¿Por qué el número diez? Déjame pensar… Puede ser que… ¿Diez días? No… Entonces… ¿Diez años¿Cumples diez años¿Es que hoy es tu cumpleaños, Damaru?
¡Sí¡Sí¡Hoy cumplo diez años, Kakashi-kun!
A veces, me parece que entiende lo que quiero decirle aún sin palabras.
- ¡Felicidades! – dice abrazándome del cuello y enterrando sus nudillos en mi nuca simulando una pelea - ¡Ven, vamos a celebrar! En el tejado he guardado unas manzanas perfectas para la ocasión¡al diablo la clase de deportes! Diez años no se cumplen todos los días¿no?
Lo sigo por la ruta secreta que un día encontramos a la azotea, donde nadie más puede llegar, y pasamos una de las tardes más divertidas que he tenido desde que papá y mamá ya no están conmigo, desde que fueron atacados por los Hombres Malos.
Todos nos buscan desesperados hasta que al fin bajamos, ya muy entrada la noche.
Incluso la reprimenda y los golpes que recibimos como disciplina valieron la pena. Igual, el mes entero de tareas forzadas y las tres horas diarias en el Salón de Castigo estarían bien. Lo haríamos juntos.
Kakashi me dijo que daba lo mismo que, hicieran lo que hicieran, ya "nadie nos quita lo bailado".
uuuuuuuuuuuuu
- El Viejo me dijo que tuviste un… incidente con tus padres, que los mataron cuando la pandilla de Kyuubi buscaba venganza… Tú los viste y desde entonces no has dicho una sola palabra, ni reído o llorado… ¿Es eso cierto?
Aunque me toma por sorpresa, muevo la cabeza afirmando.
- ¿Es ahí donde obtuviste tu cicatriz?
Ajá.
- Está bien, creo… Si es tu decisión. Hay cosas que pasan y no las podemos evitar… Dime, Damaru¿eran tus padres personas amables¿Crees que les hubiera gustado que seamos amigos¿Me hubieran considerado alguien bueno para ti?
No sé, Kakashi. Pienso que a mamá le hubiera encantado prepararnos galletas como lo hacía para mis compañeros de escuela cuando venían a casa para hacer las tareas. ¿Sabías que siempre estábamos viajando de un lado a otro y por eso estuve en muchos colegios? Y papá nos hubiera llevado a acampar de verdad, en un bosque grande.
- A mis padres si les hubieras encantado, Damaru.
Mira hacia el techo de nuestro cuarto, mientras juega con una pelota de trapo con una de sus manos. Me pregunto a qué viene todo esto ahora. Tengo el presentimiento que en realidad no quiere preguntar sino, está intentando decirme algo. Y es importante.
- Mi padre… mi padre murió cuando yo era pequeño. Era policía, pero un día cometió un error y no pudo soportarlo. Se suicidó. ¿Sabes que es eso, no? Es cuando decides que no te quieres quedar más por este lado y sin importar nada, ni nadie¡pum!... jalas el gatillo y ya. Yo lo encontré en el baño. Mamá era buena y fuerte pero creo que no lo suficiente como para soportarlo. Yo le dije "no te preocupes, mamá, saldremos adelante los dos juntos" y ella asintió, pero parece que no me estaba escuchando bien. Empezó con sus cosas, tú sabes… eso… Una amiga le invitó un poco un día y luego, cuando se dio cuenta, ya no podía dejarlo. Era curioso, esa mujer traía a su hijo para que jugara conmigo y nos cuidáramos mientras ellas trabajaban… Obito, se llamaba. Él lloraba todo el tiempo, como un bebé…
Siento que su voz se vuelve más suave y me acerco para poder oírlo mejor.
- Después necesitaron más dinero, así que se les ocurrió vender… Y también sacarla del país, por eso pagan más¿sabes? En moneda extranjera y todo… Era fácil, sólo tragarse unas bolsitas de jebe, tomar un avión y cobrar… Lo hicieron varias veces sin problemas. Pero siempre querían más y más y más, eso era más poderoso que ellas… ¿Sabes que hicieron? Nos pidieron que las ayudáramos, a Obito y a mí. "Nadie sospecharía de un niño". Tragué 30 bolsitas, Obito 45. Me sentía muy mal. Después no sé que pasó. Ni ellas ni nosotros resistimos. Las bolsas reventaron en nuestros estómagos en el aeropuerto, poco antes del vuelo. La historia desde allí es simple: Ella murió, Obito también, llevaron a la otra señora a prisión y cuando desperté del coma, me trajeron aquí. Pasó hace años, yo tenía tu edad, Damaru.
Él habla conmigo, pero su mente está en otro lugar, tal vez perdida entre memorias.
- Obito era un buen chico, como mi hermano, claro, uno molesto y muy llorón… Él tenía miedo pero de verdad quería ayudar a su mamá¿sabes? Siento que debí ser más fuerte y decir que no, si hubiera resistido quizás ahora… Normalmente no hablaría de esto pero hoy se cumple un año más de lo que pasó y… y…
No sé que decir, así que sólo lo abrazo como mamá solía hacerlo conmigo, apoyando su cabeza en mi pecho. Se siente extraño, ya que yo soy más pequeño.
- Escúchame bien, Damaru, ahora yo soy tu familia y tú eres mi familia… Sólo nosotros dos… Yo te voy a proteger y nadie podrá hacerte daño¿sí? Te lo juro, Damaru, te lo juro…
Yo también te voy a proteger, Kakashi, justo como ahora te estoy consolando… Quiero contarte… Yo estaba metido en el clóset cuando pasó lo de los Hombres Malos, mi cicatriz fue porque… Mamá me dijo que no hiciera ruido o me descubrirían, que me quedara callado… Papá me ocultó entre las ropas… Yo vi cuando ellos… Desde entonces no he dicho nada… ¿Puedo pedirte algo¿Sí¿Puedes llorar por mí, reír por mí¿Por favor?… Vamos a pedirles a kaasan y a toosan y a tus padres que nos cuiden desde el cielo, Kakashi… Junta tus manos… Ya verás que ellos no permitirán que nada malo nos pase… Saldremos adelante los dos juntos, como familia, lo juro… Y un día te diré todo lo pasó ese día y también muchas historias de mi casa que te hagan sentir mejor, te cantaré las melodías que me dedicaban y los cuentos y chistes que sé, he aprendido muchos…
Por ahora, no puedo. Las palabras no salen de mi boca. Me pregunto si alguna vez volverán a fluir… Sin embargo, no es necesaria la voz. Tenemos de nuestro lado el silencio, nuestro abrazo y unos ligeros sollozos… son todo lo que necesitamos.
Para saber que estamos bien, Kakashi.
Que vamos a estar bien.
uuuuuuuuuuuuu
Hoy me han dicho que vaya al Cuarto de Visitas. Alguien ha venido a buscarme. Me pregunto quién podrá ser. Me despido de Kakashi en el comedor.
- Hola, Damaru… Me da mucho gusto verte de nuevo.
Su mirada cálida que no he podido olvidar, sus cabellos de sol trenzados, su sonrisa rosada. Es la Señora. Corro a abrazarla por la cintura, ella se agacha un poco para besar mi frente.
Me dice que ha estado buscándome todo este tiempo, que fue muy difícil encontrar mis archivos, ya que no tengo nombre ni referencias. Ha pasado más de un año desde la última vez que nos vimos, en el hospital. Me pregunta muchas cosas, si me gusta estar aquí, si me tratan bien, si tengo amigos. Me regaña por estar tan flaquito y por las ojeras bajo mis ojos. Dice que le sorprende y preocupa que esté aquí pues el lugar no tiene muy buena reputación. Le han contado que hay gente mala y que…
Pero, Señora, gente mala hay en todos lados. Y personas buenas también, muchas más de lo que usted imagina.
Demasiado pronto, la hora de visita termina. El Señor Grande me viene a buscar, con sus gritos y voz burlona de siempre, pero algo pasa cuando la ve. Yo lo entiendo. Ha notado que ella es muy bonita. Se queda extrañamente callado y casi ni puede musitar su saludo y despedida. La Señorase sonroja. Interesante.
Es algo que le contaré a Kakashi-kun. Y apuesto que le gustarán los dulces que me regalaron. Estos alfajores de chocolate son los preferidos de Gai, según recuerdo.
La Señoraviene a verme seguido desde ese día. Yo le presento a los demás. Ella les agrada a todos. Especialmente a nuestro guardián. Una tarde, él le regaló un cachorro, uno que todos conocíamos y llamábamos Pakkun. Desde un principio tenía planeado dárselo, lo gracioso es que se demoró tanto tiempo, se ponían tan nervioso, que el perrito ya se había acostumbrado a vivir con nosotros y no se quiso ir. La Señorariendo, agradeció de todas maneras, "pues el gesto es lo que cuenta" y le dio un beso en la mejilla. Kakashi cantó algo como "Tsunade y Jiraiya sentados en un árbol…"
Cada vez que lo canta, los mencionados se sonrojan mucho, como si les hubiera dado fiebre de pronto. Todos morimos de la risa.
Es como tener, una vez a la semana, papá, mamá y hermanos de verdad.
Se siente así.
uuuuuuuuuuuuu
- ¡Agh¡No puede ser¡Es la tercera vez que ganas, Hatake¡Estás haciendo trampa!
- No, no estoy haciendo trampa… Simplemente, soy mucho mejor que tú. No puedes negarlo.
- ¡Pero no es posible que tengas tanta suerte! Ya sé lo que pasa¡El Niño Cicatriz te está soplando todas mis cartas!
- No seas estúpido, Viejo, – dice Asuma – recuerda que Damaru-kun no habla.
Yo estoy sentado al costado del Señor Grande. Gai, a mi lado, murmura algo sobre la falta de honor en las apuestas y lo poco juvenil que es eso. Como de costumbre, nadie le presta atención. Pakkun persigue su cola en un juego sin fin.
- ¡Y no necesita hacerlo! Apuesto a que has aprendido a leer su mente, bastardo… ¡Es telepatía!
- Bien, Viejo, piensa lo que quieras. Primero que nada, no se supone que debas estar jugando cartas con nosotros. Te pagan para cuidarnos¿no¡Valiente guardián¿Qué pensaría tu querida doctorcita si te viera?
- ¡Pequeño des-!
No tenemos tiempo para mofarnos de su reacción. Entran unos tipos raros a nuestra sala y nos piden que formemos en el patio. Se va a presentar un tal Señor Importante, que será el nuevo director del albergue. No nos habían dicho nada, ni siquiera sabíamos que ya no estaba en su puesto el señor anterior. No es que lo viéramos mucho, tampoco. Vivía encerrado en su oficina y no salía de allí. De nosotros no se ocupaba más que para decidir las clases que tomaríamos, la comida y los castigos.
Parados bajo el sol, escuchamos su discurso. Dice algo sobre "sentirse honrado de presidir tan noble institución" y "niños que serán el futuro de nuestro país" y muchas cosas más que me dan sueño. Gesticula mucho, exagera cuando habla. No siento que esté pensando lo que dice, ni que lo diga de verdad. Asuma nos cuenta que es el hermano de un tal Señor Ministro y por eso le han dado el puesto. Seguro lo tendremos que soportar por mucho tiempo.
Al principio me parece una buena persona, pero ya he aprendido bien que "no se puede juzgar a un libro por su portada". Siempre es necesario "ver más allá de lo que está a la vista", como dice Kakashi.
Siento una opresión en el pecho, como si fuera a recibir malas noticias.
Y no me gusta la manera en que nos mira. Ni los hombres que lo acompañan.
uuuuuuuuuuuuu
Las cosas se han puesto difíciles. Tenemos más trabajo que antes, nos han cancelado muchos talleres y por todo nos castigan. La mayoría del personal anterior ha sido cambiado. Los animales han sido prohibidos, por lo que Pakkun vive ahora oculto en nuestro dormitorio. Cierran con llave las puertas de los pabellones en las noches. Hombres de Gris nos vigilan. También se nos han restringido las visitas y hasta el Señor Grande actúa más serio que de costumbre. Creo que está preocupado, o tal vez sólo extraña a la Señora.
Algunos chicos pequeños, como de mi edad y la de Hayate, han sido llamados a la Oficina del Director. Él habla con ellos por horas y luego les regala dulces. Nunca nos quieren decir sobre qué conversan o a qué juegan. El Señor Importante pasa una vez por día, saludándonos a todos, haciendo revisión. Eternamente vestido al traje, cuello alto, corbata negra, con sus zapatos bien lustrados haciendo clac, clac, clac cuando camina. Yo siento que sus ojos atraviesan mi alma, pero de una manera fea que me hace sentir mal. Me recuerda a una serpiente. Kakashi se pone delante de mí y me cubre con su cuerpo, no quiere que me vea. Creo que a él tampoco le agrada ese señor. Asuma hace lo mismo con Haya-kun. Él siempre está cuidándonos, a todos, pero en especial a Gai y al chico de la eterna tos.
Por eso, no comprendo del todo su actitud.
El día que el Director finalmente encontró a Hayate y lo llamó, Asuma empujó a nuestro amigo a la piscina helada. Él ha sido siempre bien delicado de los pulmones, así que se enfermó muy fuerte, con una fiebre altísima apenas lo sacaron del agua, y tuvieron que llevarlo de emergencia al hospital. No sé qué habrá pasado por la mente de Asuma para hacer eso. Nos dijo a Kakashi y a mí que Hayate estaría más seguro en un hospital, lejos de "los puercos" y que le pidiéramos disculpas de su parte cuando lo volvamos a ver. Después fue castigado y trasladado a la correccional. Desde entonces no lo hemos visto.
Me hace sentir algo triste su ausencia, pero tengo una esperanza. Asuma ya pronto cumplirá dieciocho años y será libre. Entonces seguro vendrá a visitarnos, él mismo le explicará sus razones a Hayate y podremos jugar todos juntos como antes.
Incluso, nos llevará a pasear e iremos a pescar a un gran lago. Pakkun se volverá loco de tanto correr y perseguir conejos, lo puedo apostar.
uuuuuuuuuuuuu
Todos los días, Kakashi me pide que no me aleje de él y cuida que no vaya solo a ningún lado. "Hagas lo que hagas, no te separes de mí, Damaru. Que no te vea", me repite. La Señoratambién me dijo, cuando por fin vino a visitarnos, que obedezca lo que me aconseja Kakashi. Ella tiene problemas con el actual Director. Está haciendo algo para que se vaya porque "no es una persona buena", pero no le resulta fácil porque hay un Señor Poder que se lo impide. Por eso al Señor Importante no le gusta que se acerque mucho a nosotros.
Según entendí, luego que me explicó Kakashi, el poder no es un señor. Es más como una nube, que empieza blanca y con hermosas formas, pero la gente se las arregla para volverla negra de lluvia y tormenta para que tape al sol.
Por aquí, el ambiente ya no es tan tranquilo como antes. Cada vez nos pegan más, nos castigan demasiado, nos tienen controlados. Hoy, cuando volvía de la sala de recoger mi chaleco olvidado, encontré a un niño pequeño llorando en la puerta de la Oficina. Me dijo que ya no le había gustado jugar con el Señor Importante, que era un Señor Malo que había intentado algo feo y después se fue corriendo. Le conté a Kakashi y él me abrazó fuerte, como nunca antes, mientras me regañaba por haberme escapado de su lado y murmuraba con furia cosas que no llegué a comprender.
Y recientemente, hay algunos ruidos que escucho por las noches, muy cerca. Son como golpes sobre metal. Resuenan en mi cabeza y no me dejan dormir.
De alguna manera, empiezo a pensar que Asuma-san tenía mucha razón y que en realidad, Hayate está mucho mejor lejos, que está a salvo.
Las cosas han cambiado tan rápido que no tuvimos tiempo de acostumbrarnos a ellas.
uuuuuuuuuuuuu
Me enteré que la Señora se ha llevado a Hayate al hospital donde trabaja y cuida de él. Dice el Señor Grande que cada día se pone más fuerte. Con seguridad, si es ella quien está a su cargo, Haya-kun sanará en menos de lo que esperamos. Aunque, según he oído, ya no lo traerán de regreso al albergue. Unos señores lo conocieron y decidieron adoptarlo. Va a vivir con una familia de verdad.
Me hace muy feliz.
uuuuuuuuuuuuu
- Y esas tres estrellas juntas, en línea recta, forman el Cinturón de Orión. Se les llama las Tres Marías.
Kakashi me enseña su libro favorito, que tiene muchas láminas del espacio y formas raras. Allí dice que es un guerrero, pero yo sólo puedo ver dos triángulos tocándose en las puntas. La verdad, no logro distinguir bien. La luz de la linterna es demasiado tenue, deberíamos cambiarle las pilas.
- Sí, sí, ya sé… Parecen dos triángulos chocando… Yo tampoco le veo forma de gente, pero en fin, si el libro lo dice… ¡Y qué pasa con esta linterna! Creo que ya es hora de conseguir nuevas baterías, a ver si el Viejo nos quiere colaborar…
Como tú dices "las mentes geniales piensan igual". O tal vez sí tenemos algo de telepatía, Kakashi.
- Ven aquí, Damaru,- me llama señalando la ventana que está sobre mi cama - vamos a ver las verdaderas, esto es algo que ninguna foto puede igualar… Hay que nombrarlas de nuevo y encontrar nuestras propias figuras… ¿Ves, allí¡Esa constelación es Gai¡Mira sus cejas aaaaanchas¡Y esa es el Viejo¿Ves sus ojos en corazón¡Es que está cerca a su doctorcita¡Y por allá está Pakkun, durmiendo como siempre!
Pasamos toda la noche mirando el firmamento, encontrando imágenes nuevas y llamándolas en honor a nuestros amigos, hasta que llega el amanecer y el cielo de rojo, naranja y amarillo finalmente explota en un celeste maravilloso.
- Siempre hay un nuevo amanecer, Damaru, aunque la noche sea oscura y negra, o brillante con muchas estrellas. Nadie¿me oyes? Nadie puede evitar que llegue el nuevo día.
Así son las cosas que Kakashi dice. Todo en él significa mucho más de lo que se puede ver, simple y complejo a la vez. A veces creo que su mente trabaja de maneras extrañas. Soy afortunado de haberlo conocido.
Toma mi mano y enlaza nuestros meñiques. Me mira con cara de saber algo más, lo puedo notar, y entonces, empuja el marco de la ventana. Los barrotes ceden. Por primera vez se abre del todo y podemos sentir el aire sobre la piel de nuestros brazos. Así que esto era esos ruidos raros en las noches.
Todo el tiempo había sido él.
- Es una casona muy vieja, en verdad. Estaba jugando con Pakkun un día, golpeamos la pared y ahí lo tienes. Descubrí que con un poco de esfuerzo… Tenemos que irnos de aquí, Damaru, para que estés a salvo… Los dos encontraremos un sitio en donde nadie nos haga sentir miedo, donde hayan mañanas así todos los días, te doy mi palabra.
Yo te creo, Kakashi. Te creo.
Se siente como un milagro.
uuuuuuuuuuuuu
¡Necesito ir al baño!
Debe ser por los tres vasos con agua que tomé antes de acostarme. Kakashi duerme como una roca así que sería inútil tratar de despertarlo. Me levanto de puntillas para no hacer mucho ruido y salgo del cuarto. Tengo que llegar hasta el medio del pasillo. Nunca hay guardias en los pabellones, no es necesario, ya que las puertas de acceso y salida están con llave.
Estoy descalzo y siento el frío del suelo en mis pies, por Kami¿estaba siempre tan lejos?
Todos duermen. Ya llego, sólo un poco más. Bien.
No fue difícil. Ahora sólo tengo que regresar y…
- Hola, pequeño¿tan tarde fuera de la cama? Mmmm… No recuerdo tu carita¿eres nuevo¿O estabas escondiéndote de mí?
Me sorprende. Está muy cerca, parado bajo el umbral. Le doy las buenas noches como puedo y corro rápido a mi habitación, paso a su lado tan veloz que siento mi corazón en la boca, palpitando fuertemente en mis orejas. Entro de golpe, cierro con seguro y me escondo bajo las frazadas.
Recuerdo sus ojos chiquitos y alargados. Su cabello negro lacio y su piel blanca como la de un muerto. Su voz aguda. Me da miedo, mucho miedo. No puedo dormir.
El Director me ha visto.
uuuuuuuuuuuuu
Kakashi mete nuestras pocas pertenencias en las mochilas. "Nos vamos de aquí ahora mismo", pero yo no sé cómo lo lograremos con tantos Hombres de Gris por todos lados y con esa enorme reja rodeándolo todo. Él dice que treparla será fácil si salimos por el depósito, donde hay mucho material abandonado que nos servirá de escalera y que a esta hora se produce el cambio de guardia, por lo que por unos minutos ese sector estará desprotegido. Es poco, pero es nuestra única oportunidad. Lo tiene todo calculado.
Me pregunto cuánto tiempo ha estado planeando huir de aquí.
Yo acomodo las almohadas bajo las colchas, simulando el cuerpo de alguien descansando allí. No es que ese truco viejo los engañe por mucho pero al menos nos dará algo de tiempo. Tengo a Pakkun cogido entre mis brazos.
El Señor Importante me ha llamado esta mañana. No quiero verlo. Kakashi tampoco quiere que lo haga.
- ¿Listo, Damaru¡Vamos! – me dice con voz firme, pero yo veo en sus cejas arqueadas y en la dureza de sus facciones que está tan asustado como yo.
Pasar por la ventana es tarea fácil dado nuestros cuerpos ágiles y delgados. Kakashi me lleva de la mano, él conoce este lugar muy bien, sus pasajes secretos y sus posibilidades. Yo confío en él. Atravesamos las puertas que encontramos sin problemas. Robamos las llaves en la mañana. Me hubiera gustado despedirme de Gai, pienso. Espero que nos pueda disculpar.
El patio de cemento me parece más largo que nunca, interminable y horriblemente feo. Mi respiración es pesada. Es una noche particularmente fría, tanto que el pobre Pakkun tirita y se pega más a mi pecho. Al fin, logro verla, esa parte de la reja que podremos alcanzar con poco esfuerzo. Lanzamos nuestras mochilas al otro lado. Estamos listos para subir y saltar. Todo ha resultado tan fácil hasta ahora, pero… ¿por qué siento que…?
La respuesta está frente a mis ojos: Perros.
Negros, feroces. Empiezan a ladrar fuerte, aullan y nos rugen. No los habíamos visto antes. Pakkun salta y se pone frente a nosotros para protegernos… pero¿qué podría hacer él, tan pequeño y en evidente desventaja?
- ¡Maldición!
Escucho ruidos de pelea y gritos de dolor, de pronto, hay muchas personas aquí… Me cogen, Kakashi llama mi nombre, lo golpean y puedo ver mucha sangre… No me gusta la sangre…
No sé que más pasó. Siento que me alejan, yo estoy inmóvil. Kakashi extiende su brazo hacia mí, no me puede alcanzar, el Señor Grande lo sujeta. También tiene a Pakkun. Otros tipos alejan a los perros y los encierran en su caseta. Ya cumplieron su labor y además, el escándalo que hacen prodría alertar a los vecinos.
- ¡Déjenme, bastardos¡Déjenme¡Maldito Viejo, suéltame¡Damaru¡DAMARU!
¡Kakashi¡Kakashi!
Pero ellos no hacen caso y me llevan, nos separan. El Director me está esperando al otro lado. Su media sonrisa me enferma.
- ¿Tratando de huir con tu amiguito sin decir adiós, Damaru-kun? Esos no son los modales que les hemos inculcado aquí¿o sí?
- ¡No te atrevas a tocarlo, asqueroso¡Damaru¡DAMARU!
Todo se vuelve negro.
Y estábamos tan cerca…
uuuuuuuuuuuuu
Ésta es la Oficina. No hay nadie más que él y yo. Acabo de despertar. Está sentado frente al sofá en donde estoy recostado. Mi cabeza duele.
- ¿Te sientes mejor, pequeño?
¿Dónde… Dónde está Kakashi?
- Te desmayaste por unos instantes, creo que no has estado comiendo bien, te ves muy débil. Yo puedo solucionar eso, si me dejas ayudarte. Tienes que ser un niño bueno, Damaru, podemos ser amigos y jugar un poco. No me digas que querías irte para no jugar conmigo, me harás sentir… mal.
No quiero. Nada que venga de él. Sólo quiero ver a Kakashi, y a Pakkun, e irme de aquí. Me pone nervioso, sus gestos, sus ojos, su postura… Todo me hace recordar a aquellos Hombres Malos que atacaron a papá y mamá, me hace recordar lo que pasó ese día y las imágenes se repiten en mi mente una y otra, y otra vez, teñidas de rojo.
No puedo pensar. Me hace daño.
- Ya, ya… Tranquilo… Vamos a ser amigos, pequeño¿quieres salvar a tu amigo, verdad? Se ha metido en un gran problema, pero si eres bueno conmigo... Sólo déjame…
Se acerca a mí y siento que todo se derrumba, que es muy tarde...
¡Tousan¡Kaasan¡Kakashi!
Algo lo detiene antes de que su mano me alcance. Veo dos sombras en la oscuridad. Luchan. Caen al piso y giran tomándose del cuello, golpeándose… ¡Kakashi!
- Maldito chiquillo¡te mandaré a la cárcel por esto!
- El único maldito eres tú, cerdo… ¡Jamás dejaré que dañes a Damaru¡Déjanos en paz!
Observo como luchan, sin poder moverme. Hay demasiado en mi cabeza. Me congela. Alguien va venciendo, la figura mayor aprisiona el cuerpo más pequeño con su peso. Coge un objeto extraño. Está cortando sobre su cara, hay mucha sangre, demasiada... Unos dedos que se cierran alrededor del cuello, lo está asfixiando… ¡Kakashi!... Me siento mareado, confundido, extraño… Quiero protegerlo, quiero…
¿Por qué¿Por qué no puedo hacer nada? ¡Kakashi!
- ¡Corre, Damaru¡Hu... Huye¡Damaru!
¡Kakashi¡Kakashi!
- ¡KA…¡KAKASHI!
Un ruido sordo y el cuerpo cae al piso, inconciente.
Lo he golpeado en la cabeza, ni siquiera sé con qué o cómo. Todo pasó muy rápido. Kakashi me mira con los ojos enormes, sorprendido. Yo tampoco puedo creerlo. Sólo sentí una fuerza enorme, me moví sin pensarlo, para protegerlo… para salvarte, Kakashi.
Toma mi mano, corremos otra vez. El Señor Grande nos espera, ha inmovilizado a algunos guardias pero llegarán más. Me entrega a Pakkun y nos sonríe como nunca antes haciendo un gesto hacia la puerta. "Vayan, no miren atrás… yo no los he visto¿entienden¡Busquen a Tsunade¡Ya!".
Él liberó a Kakashi, lo sé. Nos ayudó. Lo abrazamos un segundo, dura una vida.
- Gracias, Viejo… No eres tan malo después de todo.
Llegamos a las rejas de nuevo, trepando con cuidado entre muebles descartados y cajas de madera. Cubro los alambres puntiagudos con mi polera y con un último salto, estamos afuera.
Recogemos las mochilas y corremos sin parar, sin detenernos jamás, atravesando calles bajo la luz de la luna llena, sujetos el uno al otro, oyendo como fondo el sonido de sirenas que se acercan a nuestro anterior hogar y pesadilla. Algunas personas nos ven, extrañados, pero no dicen nada, otros se preocupan, nos preguntan, nosotros sólo seguimos adelante, corremos, corremos, corremos… Hasta que no queda aire en nuestros pulmones, hasta que amanece, hasta que no podemos más…
Caemos en medio de un parque, sobre el césped mullido y verde… Al fin… Puedo sentir el aire, oler las flores. No me había dado cuenta de qué tanto extrañaba todo esto hasta ahora.
Kakashi me mira. La herida sobre su ojo dejará cicatriz pero no es profunda. Ya no sangra más. Está vivo, estamos vivos, juntos, y eso es lo que importa. Pakkun se mueve por todos lados, entre nosotros, por detrás. Me siento tan feliz y tan libre, como nunca antes. Me siento…
Completo.
Escucho risas y escucho llanto, y unas gotas cálidas recorriendo mis mejillas, todo a la vez.
- ¿Damaru¿Estás llorando¿Estás riendo¡Kami¡Mírate, Damaru, estás riendo!
Y esos ruidos, esas lágrimas provienen de mí, yo que pensé que no existían más. Se vuelven más fuertes cuando Kakashi se une a mi coro. Reímos y lloramos, saltamos y nos caemos, y nos volvemos a levantar.
Felicidad. Libertad.
Pienso y quiero… quiero decir…
Yo perdí a mi familia una vez. Y me refugié en dolor y en el silencio. Sin embargo, no fue simplemente así. No sólo estaba callado. Estaba escuchando. Aprendí a oír.
Oír lo que está más allá de las palabras y las acciones, lo que esconden las intenciones. Y en mi mutismo, conocí a muchas personas distintas, porque existe mucha clase de gente, como diferente es la vida misma… Hay gente que me da miedo, que tiene ojos fríos y gestos crueles… Gente como los Hombres Malos y los Señores de Gris, que transforman nubes blancas en tormenta… Gente que se burla si no eres como ellos, cuyas palabras llevan enojo y duelen más que los golpes… Y gente como Gai, que cree en la fuerza interior que existe en todos… Gente como Hayate, que no se siente limitado y da su mayor esfuerzo… Gente como Asuma, que protege… Como la Señora, siempre luchando por lo que cree sin rendirse… Gente como el Señor Grande, con exterior de roca y un corazón de oro… Gente sin igual…
Gente como Kakashi, con una máscara de soledad y un rostro diferente, que hace lo que dicta su alma, que dice más cuando no habla, que oye lo que todos callan, alguien que daría su vida por aquellos a quien ama.
Que es mi amigo por siempre.
- Damaru, allá en la Oficina… Creí que… Me pareció… ¿Dijiste mi nombre?
"Siempre hay un nuevo amanecer, aunque la noche sea oscura y negra, o brillante con muchas estrellas. Nadie puede evitar que llegue el nuevo día…" ¿Ne, Kakashi? Ya comprendo.
Mi noche acabó.
- Está bien, no te apresures… Un paso a la vez. Hoy ya hemos vivido mucho¿no¿Qué hacemos ahora¿Vamos a ver a Tsunade-sama¿Quieres dar una vuelta al mundo¿Comer helados? Aunque primero tendríamos que cambiarnos de ropa y conseguir dinero, vaya a ser que asustemos a alguien así… ¿Eh, Damaru?
Y estoy listo.
- ¿Damaru?
Para enfrentar todo lo que vendrá.
- I… Iruka. Me llamo Umino Iruka, Kakashi.
Y con nuestras amplias sonrisas, sintiendo su mano en la mía, avanzamos… No parece tan difícil. No lo parece ya.
Si estamos juntos.
- final-
Espero que les haya agradado. Les dejo un final abierto para que lo terminen con su imaginación.
Aunque por mí, el bastardo del Director se pudriría en la cárcel para siempre (y eso es poco!!).
La siguiente historia es algo más crack, lo prometo. Sé que últimamente he estado demasiado seria.
Como detalle, la diferencia de edad entre Kakashi e Iruka en este capítulo (4 años) es canon. Oficialmente en la primera temporada de Naruto, Iruka tiene 23 y Kakashi 26-27. XD
Para todos los que estén interesados, tengo una propuesta/oferta para ustedes como regalo por ser tan maravillosos (y soportar mis historias y lo mucho que hablo U). Más detalles en mi perfil (sólo den clic en mi nombre allá arriba XD).
¡Gracias por leer¡Kisses¡Que estén bien!
Y ya saben, sus comentarios son siempre bienvenidos.
Hina
