Octavo Capítulo

Ahora que ya no vivía solo, seguramente las cosas serían muy distintas en casa. Para empezar, puesto a que el cuarto de huéspedes se encontraba ocupado por infinitas cajas y objetos tirados por doquier, me vi obligado a dormir en el sofá, ofreciéndole a mi invitado mi habitación. Era bueno saber que podía ayudar al erizo de pelaje oscuro, quizá podría mantenerme informado y saber una que otra cosa interesante, aunque admito que el sujeto no dejaba de causarme mala espina. Pese a toda esa desconfianza mía, había descansado muy bien. Ahora mi verdadero temor era entrar a mi habitación y descubrir que el chico se había marchado. No sin antes haber saqueado mi casa, claro.

Me dejé caer sobre el sofá, alcancé a tomar mis guantes, calcetines, zapatillas rojizas, y me las coloqué con toda la calma del mundo. Mientras hacía esto, pude ver a través de una ventana que el sol brillaba precioso. Era un domingo hermoso, ¿así que por qué no tomar un baño al aire libre? Ja ja, no me mal interpreten. No ando desnudo por la intemperie esperando a que una deidad me bañe con su lluvia. No. Voy al patio trasero con la manguera y una cubeta, en shorts, por si acaso algún curiosos llegase a aparecer, y disfruto del rato, nada más.

Primero me dirigí a la cocina y traté de pensar en algo bueno, pues aún era bastante temprano. La cocina no era lo mío, pero tampoco disfruto de comer mediocremente sólo por flojo. Me había preparado un par de huevos revueltos y un jugo de manzana, los cuales disfruté como rey durante los próximos veinte minutos.

- Rayos, olvidé por completo a... cómo se llama... - Dije en un susurro, dirigiéndome a la puerta de entrada. - ... ¡Shadow! Eso, claro... ¡Shadow! ¿Gustas desayunar algo? - No hubo respuesta. - Será flojo... En fin, en su estado, no lo culparía.

Dejé de pensar en el joven cuando un gran estruendo ganó mi completa atención, alarmándome. Salí corriendo lo más pronto posible para ver de qué se trataba y, a unos cuantos metros de mi entrada, quizá apenas a unos diez, había múltiples hojas tiradas en el suelo, rodeando al ya difunto arbolito que jamás antes hubiese visto en tan pésimo estado contra el suelo. Era tan joven. Tras él, pude ver claramente la silueta de Shadow, dándome la espalda, con su brazo derecho extendido, terminando en puño.

- Lamento haberte ignorado, me encontraba ocupado... - Dijo dando media vuelta, caminando en dirección a la casa, muy desinteresado. - Pero sí, me gustaría mucho desayunar algo. - Añadió cruzando a mi lado, por lo cual pude escuchar una pequeña risa suya.

Noté que había dejado tirado su vendaje en medio del lugar antes de entrar a la casa. Era un chico muy fuerte, ¿estaba alardeando? Cuando finalmente volví al mundo real fui tras él, con muchas dudas en mente.

- Nunca antes había probado fruta tan fresca. - Comentó con la boca llena tras haber dado una gran mordida a una jugosa manzana amarilla.

- Todas ellas sacadas directamente de la naturaleza, gracias a aquel árbol que acabas de asesinar. - Dije cruzándome de brazos, soltando un suspiro. - Puedes tomar todas las que gustes.

- Gracias, supongo. - Respondió con desinterés, dejándome atrás.

- Sí, de nada, supongo.

Decidí ir directo al patio trasero, de nada servía seguir pensando en el pasado. Corrí con entusiasmo, tomando en el camino unos shorts que colgaban de un alambre cualquiera. Se encontraban secando, ¡y había llegado la hora de utilizarlos de nuevo!

El sol brillaba aún más intenso y había bastas criaturas dándole vida al día. El pasto se sentía tan cálido, me fascinaba sentir la hierba entre mis dedos. Adoraba cuando las circunstancias colaboraran para que este momento fuera posible. Adoraba cómo el frío chorro de agua rociaba mi rostro. Me divertía tapar un poco la abertura de la manguera con el pulgar y que así saliese el agua disparada, ¡no me cansaba de hacerlo!

- Qué muchacho tan infantil...

- ¿Huh? ¿Dijiste algo? - Pregunté regresando a ver al erizo, buscándolo con la vista. Se encontraba apoyado contra un árbol, oculto bajo la sombra de su follaje, de brazos cruzados y observándome con seriedad.

- Hmm, no, olvídalo.

- Acosador... - Me burlé pretendiendo hablar en un susurro, remojándome los brazos con el agua de la manguera.

- ¡Qué dijiste!

- Todavía no te bañas, ¿o sí? ¿No gustas unirte?

- ¡Ja! Claro.

- Sigues usando la misma ropa de ayer, te vendría bien un cambio y una lavada, aunque sea breve. - Acto seguido, apunté al erizo con la manguera, a punto de tapar una parte con mi pulgar para dispararle el agua.

- ¡Ni siquiera lo pienses!

No pude evitar soltar una carcajada mientras bajaba la manguera. Él se limitó a verme con extrañeza, molesto.

- Amargado. - Dije en un susurro nuevamente, sin dejar de reír, cerrando la llave y soltando el largo tubo, caminando en busca de una toalla y de un nuevo par de medias, guantes y calzado. La próxima vez sí me animo a lanzarle agua.

En vista de que el sol seguía radiante, lancé las prendas por ahí, seguido de dejarme caer contra el suelo tapizado de esa suave hierba, soltando un suspiro. Esto era vida. Sin embargo, unas pisadas evitaron que me quedase dormido. Shadow había tomado asiento a un lado mío.

- ¿Cansado de tanta sombra?

- ¿Esa fue una indirecta o una suerte de juego de palabras?

- Mmh... Un poco de las dos...Tu nombre te encaja muy bien, en todo caso.

- Opinaría sobre el tuyo, pero creo que ya lo olvidé...

- Yo, en cambio, parece que ya tengo tu nombre más que grabado. - Comenté tocando mi cabeza con mi dedo índice, sin dejar de disfrutar del sol.

- Mmh... Tu nombre... empezaba con ¨S¨, creo...

- Estás cerca...

- ... ... ... ¿Susan?

- ¡Maldición, no! ... So...

- ¿Sofía?

- ¡Nada cerca, tarado!

- Ja ja, oh, ¡claro! Ya me acordé... Lo siento, ciertamente tienes más cara de esos otros nombres que de Sonic. Además, ya me acostumbré a llamarte "raro" o "imbécil" en mi mente, entonces lo olvidé.

- Prefiero jamás saber qué piensas de mí siendo así.

- En todo caso, ¿qué edad tienes? - Preguntó curioso, recostándose en el suelo.

- Tengo dieciséis años.

- Vaya, pensé que eras menor.

- ¿Y tú?

- Tengo dieciocho años.

- Ya veo. En menos de medio año cumpliré diecisiete años.

- No parece. Supongo que te llamaron Sonic por hiperactivo.

- A mis padres les gustó el nombre, es todo. No soy hiperactivo, pero sí me encaja el nombre a final de cuentas. - Respondí sentándome, regresando a ver al erizo con una sonrisa un tanto orgullosa.

- ¿Ah, sí?

- ¡Claro! Adoro correr y, no es por presumir, pero se dice que tengo una velocidad impresionante.

- ¡Ja! Ver para creer. - Respondió cerrando los ojos, sonriéndose a sí mismo.

- ¿Qué quieres decir con eso? ¿Crees ser más rápido que yo, acaso?

- No lo sé. Sólo digo que mi velocidad es excelente, entonces te costará impresionarme, muchacho. - Dijo cubriéndose el rostro con un brazo, sin borrar esa sonrisa orgullosa de su rostro.

- Me suena a reto. - Sugerí tomando mis calcetines discretamente, correspondiendo a su sonrisa orgullosa. Lo admito, me moría por impresionar al señor asombroso, quizá así le quitaría lo pesado.

- No realmente... Tal vez en otro momento.

- Hmm... Ya veo… - Comenté haciéndome el interesante después de un rato, consiguiendo llamar su atención mientras me levantaba de mi sitio. - ... No te culpo de negarte a competir con una velocidad prodigiosa.

- Interesante... - Fue su respuesta inmediata, casi en un susurro. Sin embargo, no se veía realmente impresionado. - Sí, tal vez tengas razón y seas más veloz que yo, niño... - Por un momento juraría haber visto una sonrisa honesta en su rostro, pero en breve había vuelto a guardar silencio, desinteresado como siempre.

- ¿Tal vez? Vaya, veo que en verdad tienes tu ego muy elevado.

Estuvimos callados quizá durante una hora. Me encontraba ya bastante relajado, pero tenía tantas dudas en la cabeza que no podía permitirme tomar una siesta. Debía de aprovechar toda oportunidad.

- Oye, en verdad me intriga lo que dijiste anoche sobre esos sujetos. Tú sabes, de los ojos rojos...

- ¿Hablas de mis múltiples enfrentamientos con ellos?

. En realidad, no.

- No tienes ni una idea de cuántos de ellos son. Y sin darte cuenta cada vez son más, más y más. No te conviene entrometerte, niño.

No quise opinar más. Mi mente se encontraba abrumada por infinitas ideas y temores.

- Con esa supuesta velocidad tuya, no me sorprendería que ocultases más talentos, queriendo decir que no fue mera suerte que te enfrentaras a dichos tucanes y vivas para contarlo.

- Vaya, gracias, pero no es cierto lo que dices. - Respondí mirando mis pulgares, jugando uno con el otro, recordado aquel día con bastante desagrado. - No entiendo por qué sigo vivo después de eso. Yo sé que ellos eran mucho más fuertes, no entiendo por qué no aprovecharon esa oportunidad para matarme. A la final, ese parecía ser su propósito. Fue un milagro. De repente se desvanecieron frente a mis ojos aquella mañana en el campus del colegio.

- Entonces no fue un milagro, pero sí corriste con mucha suerte. - Opinó regresándome a ver de reojo, escuchando con suma atención. – O tal vez su objetivo no era matarte, a final de cuentas.

- Tú eres quien en verdad ha de ocultar varios talentos, si es cierto que te has enfrentado a tantos. - Comenté regresándolo a ver con una sonrisa amistosa, sin poder dejar mis pulgares en paz. Lo admito; estaba nervioso.

- Conozco sus debilidades, y no todos son precisamente fuertes. Sin embargo, alguno de ellos...

Calló de repente. Su rostro sugería que en ese instante se encontraba recordando, haciendo memoria de algún evento específico.

- ¿Acaso son más fuertes que tú?

- Sólo... No, no hay nadie suficientemente poderoso para... matarme.

- ¿Es acaso lo que ocurrió cuando te encontramos allá en el bosque?

- ¡No! ¡No me cambies de tema, estúpido! - Respondió bastante molesto. No había sido mi intención, por lo cual pedí perdón. Su rostro delataba gran furia, la cual parecía tratar de ocultar cierto temor.

- ... Supongo que tú también has corrido con mucha suerte, entonces.

- ¿Suerte? Hubiese sido suerte que me hubiese muerto aquella misma noche. - Respondió con bastante amargura, pero parecía estar hablando muy en serio. - Hubiese preferido morir antes que tener que vivir este maldito presente.

- Pero oye, hablando de muerte... ¿qué quisiste decir con eso de ¨no puedes matar a quien ya está muerto¨?

- ¡Oh! Entonces era eso lo que te tenía intrigado desde un comienzo, ¿verdad? - Dijo antes de responder, con ambas manos sobre el suelo, los cuales jugaban con el pasto mientras su rostro expresaba cierto desagrado. Yo sólo asentí con la cabeza. - Todos ellos están muertos, ¿entiendes? Solo sé que son los espíritus de seres antiguos que se ven obligados a vagar entre nosotros, en este presente. ¿Cómo? ¿Por qué? No lo sé. Nada de esto tiene sentido para mí, para nadie. ¿Comprendes lo que te digo? Estamos conviviendo con seres que partieron de este mundo siglos atrás. Y, si todavía no has hecho la conexión, no son fantasmas amigables. - Concluyó divertido por mi sorpresa, molesto por mi ignorancia.

- Pero... ¿muertos? - Fue lo más inteligente que pude decir en ese momento. Tenía la mente revuelta en intriga.

- No todos son intangibles, si es lo que quieres saber. ¿Sabes por qué sucede eso? Porque cada momento que permanecen en este mundo es como si la vida les diera otra oportunidad de existir, devolviéndoles sus recuerdos, y eventualmente sus cuerpos. - El erizo hablaba muy rápido, tratando de mantenerse serio en todo momento, y todo lo que escuchaba me había caído como balde de agua fría. Él tampoco podía ocultar su desagrado al no saber todas aquellas cosas que serían más que esenciales saber. - Pero lo que sí sé a ciencia cierta es que no pueden estar aquí como si nada. Es todo un proceso y gradualmente se van adaptando al medio. Ejemplo, la luz. No la soportan. Eso, claro, cuando no han estado en este mundo por mucho tiempo. Posiblemente esto explicaría por qué tú sigues vivo. También sé que si acaso logras vencerlos, tarde o temprano volverán. Es como si pudieran volver cuando se les dé la gana. ¿Y sabes qué es lo más curioso? Que sólo sea un grupo de personas. Es un alivio saber que sólo algunos puedan, pero saber quiénes son esos "algunos" sigue siendo un misterio para mí.

Escuchaba todo lo que decía con la mayor atención posible. Yo pensaba que todo se debía únicamente a tres sujetos misteriosos, pero ahora no podía imaginarme cuántos más serían. ¿Y cómo detenerlos? Tal vez Shadow me ocultaba más de lo que pretendía ocultarme. Sin embargo no cambiaba el hecho de que seguramente él tampoco sabía tanto.

- ... Creo que ahora entiendes, chico milagro. No existe modo de vencerlos.

La charla se vio sumergida nuevamente en un largo silencio. Era claro que ambos estábamos perdidos en nuestros pensamientos.

- Oye, Shadow...

El erizo se limitó a abrir un sólo ojo y a prestar atención.

- Deberíamos de aprovechar esta segunda oportunidad para luchar contra esas criaturas. Tarde o temprano sabremos cómo hacerles pagar por todas esas atrocidades que han cometido, ¿qué dices? - Sugerí con una sonrisa alentadora en mi rostro, enseñándole mis nudillos en espera de que chocásemos los puños.

- Sí, claro. - Respondió frío, sentándose al mismo tiempo que retiraba mi mano de su vista de un manotazo, observándome directamente a los ojos, serio. - Esos fantasmas son lo de menos para mí ahora, y no tengo tiempo que pueda regalarle a la sociedad. Tal vez así pronto aprendan a dejar de ser tan egoístas e interesados.

- Shadow...

- Puedes hacer lo que se te dé la gana, héroe aficionado, pero sabes que pierdes tu tiempo. - Esas fueron sus últimas palabras, pronunciadas tan secamente... no volvió a dirigirme la mirada mientras se levantaba y se retiraba.

Después de un par de minutos seguí su ejemplo e igualmente me metí a la casa. Seguía perdido en mi mundo de ideas cuando me recosté en el sofá. Rayos, no quería ir mañana al colegio. Siempre fui de la idea de que había cosas más importantes en la vida que aprobar materias, y ahora se presentaba un claro ejemplo de ello.

Recostado en el sofá, seguí con la intriga. ¿Cuántos eran? ¿De dónde vinieron? ¿Por qué o cómo llegaron? ¿Su misión era sólo destruir por diversión, acaso? No sé cuánto tiempo pasé así ni mucho menos en qué momento me había quedado dormido. Tampoco podía dejar de pensar en las últimas palabras de Shadow. ¿En verdad pensaba así? Sé que tenemos nuestros defectos, pero no puedes darles la espalda cuando más lo necesitan... Aunque... Bueno, tal vez tendrá sus motivos para pensar así, digo... después de todo él tuvo que vivir por su cuenta en Downhood... Tal vez tendré que luchar solo al final, o incluso… tal vez… tal vez incluso termine luchando en su contra. No lo sé.