San Miguel de Tucumán, Argentina, Jueves 05 de Septiembre del 2017.
Notas de Sioa: Seré muy breve, Dios ¿Cuánto ha pasado? No puedo creer que dejé esto abandonado desde Mayo. Antes que nada, quiero ofrecer una disculpa a quienes venían siguiendo la historia, espero que algunos rezagados sigan por ahí y me acompañen a continuarla.
Quienes me conocen de otros fics, saben que demoro mucho en actualizar por H o por B siempre pasa algo que no me deja se muy fluida con mis proyectos, ya sea falta de inspiración, tiempo, enfermedad y la lista sigue y sigue. Espero que los que quedaron para seguir leyendo esto, disfruten del capítulo. Por ahora no tengo ninguna advertencia. Nos leemos de nuevo al final del capítulo que espero al menos compense un poco la espera.
Encontrando algo que proteger.
Capítulo 8: El encuentro.
By Sioa Shun Uchiha-san.
Llevaban varios días de viaje después de abandonar la aldea de Shiori, cada vez estaban más cerca y ella ya no podía controlar sus nervios, estaba volviéndose loca de solo especular como estarían las vidas de todos sus amigos un año después de haberlos visto por última vez. Sin embargo, algo la preocupaba profundamente ¿Sesshomaru estaba entrando en una guerra? ¿Le habría pedido ayuda a Inuyasha? ¡No, por supuesto que no! ¡Estaba hablando del frio y temido Lord del Oeste! ¡Tenía que estar muy loca para pensar que él solicitaría la ayuda de su medio hermano! Pero, bueno, tampoco era tan descabellado, se había enterado que en la última gran batalla que él inugami había tenido que librar por sus tierras y su orgullo, sí que había mandado a buscar a su amigo, pero en ese entonces Inuyasha estaba sellado por la flecha de Kikyo.
¿Estaría bien? Bueno, claro que iba a estar bien, estaba hablando de Sesshomaru, sabía que era un demonio increíblemente poderoso, ella misma reconocía que era el demonio más poderoso que conocía y que él era perfectamente capaz de enfrentar a un ejército interminable por sí mismo. Por otro lado, estaba aliviada de que él hubiera seguido su concejo y hubiera dejado a Rin en una aldea humana, pero también le preocupaba la niña, debía sentirse sola sin su querido amo a su lado ¿El demonio acaso iba a visitarla? Esperaba que si, Rin no podría tolerar ser abandonada.
Me alegro de que me haya escuchado… -Susurró para si misma, totalmente perdida en sus cavilaciones.
¿De qué hablas, Kagome? - Preguntó Touga, mirando de reojo a la joven sacerdotisa.
No es nada, solo pensaba en voz alta.
Te noto preocupada y ansiosa.
Es solo que ya quiero llegar y verlos a todos.
Ya estamos cerca, ahora, es mejor que descansemos, el sol se ocultara pronto y estamos entrando en terrenos peligrosos.
¿Terrenos peligrosos?
Iré a cazar algo para la cena, tu prepara la fogata, nos quedaremos aquí. – Informó con seriedad perdiéndose entonces entre los arboles del bosque.
Ella por su parte miró a su alrededor, no sabía a qué se refería el general con lo que había dicho, pero no replico la verdad estaba muy cansada. Buscando en los alrededores, sin alejarse demasiado, logró conseguir la leña necesaria para hacer una fogata que la ayudara a preparar la cena para ambos.
Sus pensamientos volvieron a volcarse en los demás, en sus queridos amigos, en su casi familia. ¿Shippo estaría haciendo su entrenamiento como zorro mágico? ¿Qué tanto habría crecido Rin? ¿Inuyasha seguiría igual de tonto? ¿Miroku y Sango ya se habrían casado? La anciana Kaede ¿Cómo estará ella? ¿Kouga? ¿Cómo estaría él? Sesshomaru ¿De verdad estaba vagando solo por el país de nuevo? Quería volver a verlo para agradecerle por haberla protegido en la batalla contra Naraku, pero sabía que el orgulloso demonio no estaría en realidad muy feliz de recibir la gratitud de una humana, seguramente ni siquiera se dignaría a hablarle él muy engreído seguramente solo se giraría y la miraría con ese gesto de superioridad ¿Girarse? No, ni eso, solo la miraría por encima del hombro, con suerte le soltaría algo parecido a "mujer insolente" y se iría en silencio ignorándola como ignoraría a un insecto.
¡Ushhh…! – Bien, si era una tonta, no podía creer que estuviera molesta solo de pensar en eso.
Pero entonces se puso en guardía, algo se acercaba y a gran velocidad. Se levantó de golpe, su arco estaba lejos de ella, se lo había quitado para estar más cómoda mientras preparaba la fogata y sin siquiera pensarlo, sacó la espalda de su funda empuñándola frente a ella cuando un remolino apareció de entre los árboles, acercándose rápidamente para luego ser abruptamente deshecho dejando ver a un querido amigo, al que solo minutos atrás le había dedicado uno de sus pensamientos.
¡Kagome! ¡Me alegra tanto verte! ¡Cuando sentí tu aroma pensé que estaba volviéndome loco, pero aquí estas! – Ignorando la espada que aun apuntaba en su dirección se acercó para tomar las manos de la mujer entre las suyas, quitándole el arma ante el desconcierto de la morocha. -Ese no es un artefacto que una señorita como tu deba portar, Kagome, yo podría protegerte si me lo permi—Saltando hacía atrás se giró bruscamente para encarar a su agresor, viendo el suelo donde antes estaba parado agrietarse con vetas moradas gracias al veneno del verde látigo que de no haber reaccionado a tiempo hubiera impactado contra él.
Ahí, en la dirección de la que vino el ataque vio a un hombre, un inugami de gesto intimidante, todos sus sentidos se estremecieron, iba a gritarle quién rayos se creía, pero todo en él le estaba rogando que huyera.
¡Touga, espera!- Suplicó Kagome, avanzando hasta quedar parada en medio de ambos demonios para evitar cualquier enfrentamiento. -Por favor, él es un amigo.
La mirada del general entonces se posó en la mujer, buscando una explicación. Superando, la chica dejó caer un poco sus hombros, solo esperaba que su amigo no se llevara tan mal con Inu no Taisho como se llevaba con Inuyasha.
¿Quién es este tipo, Kagome? ¡Apesta a perro! Tiene un edor muy parecido al del pulgoso.
¡Joven Kouga!- Reprochó molesta la chica, girándose a ver al hombre lobo. -Por favor, no digas semejante cosa, él es Touga Inu no Taisho, él padre de Inuyasha, Touga, él es Kouga el jefe del clan de los hombres lobos y como ya dije un buen amigo. -Informó la chica en el tono más calmado que pudo.
¡¿Eh?! ¡Pero el gran general perro esta muerto! -Gritó sorprendido el hombre lobo y al entender el error, sumado a la furia que percibía proviniendo del sujeto frente a él se apresuró a hacer una reverencia, arrodillándose en el suelo. Si ese hombre era quién Kagome decía que era, entonces, aunque lo detestara, le debía respeto.
Ella no podía creer lo educado que de golpe estaba portándose su querido amigo, y mirando a su padre adoptivo le suplico con sus ojos que dejara pasar la actitud altanera que el lobo había tenido antes.
Es un gusto conocerlo, joven Kouga, Kagome me ha hablado sobre ti. - Contestó con voz profunda, amable pero severa, no dejaba lugar a replicas ni confianzas, era tajante y firme como el acero, marcando una distancia, una jerarquía, imponía respeto. -Pero debo pedirle que vuelva a tocarla de esa forma. – Le exigió acercándose para quitarle la espada de las manos y se giró para entregársela nuevamente a la sacerdotisa. -Toma, no vuelvas a dejar que te desarmen. – La mirada dura en sus ojos la hizo tragar saliva, claramente eso había sido un regaño.
Bajando un poco la cabeza, más por resignación que por otra cosa Kagome murmuró un bajo "Si" y luego se giró para mirar a su amigo quien ya estaba de pie, y aunque tenía la misma postura altanera de siempre podía notarlo incómodo ¿Quizás Touga lo había asustado? -Joven Kouga ¿Qué hacía por este lugar?
Estas cerca de mis dominios, Kagome, no muy lejos de aquí está la guarida.
¡¿De verdad?!- Preguntó sorprendida, sin poder creer que no hubiera reconocido la zona.
Ha pasado todo un año desde a última vez que te vi ¡Ven conmigo a la guarida! ¡Todos estarán felices de verte! – La alentó con la misma energía de siempre.
¡Me encantaría ir!- Contestó entusiasmada, girando su mirada al general que asentía de forma discreta.
¿Podremos pasar la noche con los tuyos?- Consultó con severidad, sabía que a la chica seguramente le haría ilusión pasar un tiempo con ese amigo suyo, que no, no le agradaba en lo absoluto.
¡Claro! ¡Haremos un gran banquete en tu honor, Kagome! Súbete a mi espalda, te llevo. – Entonces se inclinó, clavando una rodilla en el suelo para permitir que la chica se subiera.
Ella totalmente acostumbrada a ese gesto de parte de Inuyasha, buscó su arco, lo colgó en su espalda junto al carcaj y enfundó su espada para luego subirse en su amigo con completa confianza, o al menos pretendía hacerlo cuando escuchó un gruñido proveniente del mayor.
¿Qué pasa Touga? – El mutismo del hombre la sorprendió y lo vio girarse para comenzar a caminar en una dirección fija por el bosque.
Parpadeó un par de veces y esa espalda cubierta por el mokomoko le recordó entonces al hijo mayor del general ¿Qué había sido eso? -Disculpa Kouga, creo que es mejor que vayamos caminando esta vez. – Comentó. -¿La guarida está en esa dirección?
Así es Kagome ¿Éstas segura de querer caminar?
Si, si no hay problema. – La verdad no entendía la repentina hosquedad del demonio mayor, pero después del reciente incidente no quería tener que soportarlo de mal humor.
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¡Señora Kagome! -Gritaron Ginta y Hakkaku al sentirla llegar, corriendo en su dirección se abrazaron a ella. -¡Señora Kagome, nos alegra verla!
La morocha pronto se vio rodeada de varios lobos y con una amplia sonrisa apoyó una mano en cada una de sus cabezas, divertida ante las exageradas lágrimas y gritos de los otros dos. -También me alegra verlos muchachos ¡Ha pasado mucho tiempo! Pero saben que no tienen que llamarme "señora". – Reclamó en tono dulce.
¡Cierto, par de tontos! ¡Ya suéltenla! -Les gruñó Kouga.
¡Pero…! – Ambos se alejarón corriendo al ver las inteciones de su jefe de golpearlos y Kagome no pudo más que reírse.
No han cambiado en nada.
Si que han cambiado las cosas, señora Kagome. -Habló otro de los hombres lobo que estaba sentado sobre un peñasco más alto que ellos. -Nuestro jefe ya tiene compañera ¡Se ha casado!- Informó con alegría el sujeto.
¡¿Casado?!- Exclamó con sorpresa, mirando a su amigo.
¡Kagome! ¡Kagome! – La voz chillona de una mujer se dejó oír y un nuevo remolino platinado se acercaba a ellos a gran velocidad, y cuando se disolvió la bella pelirroja se dejó ver abrazando el cuello de la morocha.
¡Ayame-san! – Gritó emocionada Kagome, respondiendo el abrazo. -¡¿Entonces si se casaron?!
¡Así es Kagome! – Gritó emocionada, apartándose un poco para señalar con orgullo una marca bastante notoria en su cuello.
Bien, se había perdido ¿Qué significaba eso? Kagome miró esa "cicatriz" con confusión y curiosidad. -¿Qué te ocurrió ahí, Ayame-chan? – Preguntó con inocencia, sin comprender para nada la terrible tención que se generó en el ambiente, Touga que estaba apartado de ellos, sereno e indiferente había girado su mirada ambarina en su dirección, Kouga miraba para otro lado y dando un par de gritos comenzó a ordenar a sus hombres algo sobre el banquete y huyó de ahí junto a sus lobos lo más rápido que pudo, en cambio su amiga pelirroja la miraba con sus ojos enorme tan abiertos como le fuera posible y la boca ligeramente abierta.
¿No sabes lo que significa esta marca, Kagome-san?
¿Eh? No… ¿Por qué? ¿Es algo malo?
La demonesa la miraba ahora muy sonrojada. -Bueno, es que Kagome… - Comenzó a balbucear mirando el suelo mientras jugaba con sus dedos. -Me sorprende que no sepas de estas cosas, cuando Kouga había jurado que tu serías su mujer.
Ah, pero eso está en el pasado… solo fueron tonterías de él. -Argumentó despreocupadamente moviendo su mano en un ademan relajado. -Jamás me lo tomé en serio, Ayame-chan lo sabes. - Le recordó alegremente. -Pero ¿Qué tiene que ver eso con la marca que tienes ahí? – Preguntó señalándola con curiosidad.
Bueno, supongo que de todas formas tiene sentido que no sepas nada de esto eres una humana después de todo. -Explicó más para si misma que para la sacerdotisa. -Bien, te lo explicaré, pero ven conmigo a la cueva. -Le pidió tomándola de la mano. -Nadie nos molestará ahí, además quiero que conozcas a las otras mujeres de la manada. – La animó.
Claro, vamos. Touga-san lo veré en la cena. – Se despidió tomándose de la mano de su amiga para adentrarse con ella en los terrenos de los hombres lobo.
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Estaba totalmente abochornada ¡No sabía que las cosas eran así entre demonios! Apenas se había animado a preguntar un par de cosas más respecto a la marca, todas las mujeres habían bromeado con ella haciéndole bromas un poco subidas de tono por su completa inocencia respecto al tema.
¡Dios! No quería ni pensar en eso, era… era bochornoso, además no podía evitar imaginarselo que sus amigos habían hecho.
Vamos, Kagome, no tienes nada de qué avergonzarte, es algo natural. -Alegó divertida Ayame. -Ahora que lo pienso ¿Cómo se casan los humanos?
Bueno, no es tan diferente, es casi lo mismo, pero… sin lo de la mordida. - Afirmó avergonzada.
Ah, pero si le quitan la mejor parte… - Reprochó una de las mujeres y todas comenzaron a reír.
Sin embargo tiene lógica, digo los humanos no tienen los mismos sentidos tan desarrollados como nosotros es probable que en su caso no les sirviera de nada.
¿Pero entonces? ¿Qué pasa cuando un humano y un demonio se casan? – Preguntó en voz alta la sacerdotisa, esa había sido su duda ¿Seria doloroso? ¡Seguramente! Solo de ver la marca en el cuello de Ayame sentía escalofríos, no era tan enorme, pero si se veía que había sido una mordida profunda sin lugar a dudas.
Además ¿Tendría la misma utilidad? Es decir, la parte humana de esa relación quizás no tuviera la fuerza para hacer una marca como esa, y sin ningún poder sobrenatural de por medio no sería posible eso de compartir su esencia con su ahora cónyuge, ni podría reconocer su aroma con tanta facilidad ¿Sentiría entonces la conexión que se supone que generaba ese vínculo? ¿Podría saber cuándo su pareja estuviera en peligro, o angustiada, y todo lo que las lobas le habían explicado? ¿Sentiría esa atracción y excitación de la que le habían hablado? Claramente ningún otro humano podría reconocer ni en su igual ni en el demonio el significado de esa marca; muy difícilmente serviría realmente para demostrar que estabas unido en matrimonio ante las personas normales.
Kagome… - Volvió a la realidad al ver la mano de su amiga paseándose frente a su rostro mientras era el centro de atención de todas las mujeres. -¿Volviste?
¡Ah! ¡Si, lo siento Ayame-chan! – Se disculpó apenada.
¿Qué te pasó? Después de preguntarnos eso te perdiste en tu mente ¡Ah! ¡No me digas que ese Inugami que te acompaña te gusta! – Gritó con sorpresa, apartándose un poco. -¡¿O lo preguntas por Inuyasha?!
¡EHHHH! ¡¿De dónde sacas eso, Ayame-chan?! ¡No es ninguna de esas cosas, solo me daba mucha curiosidad! ¡Touga y yo no somos absolutamente nada, es el padre de Inuyasha! ¡Es mi amigo! – Chilló avergonzada notando el escepticismo en la mirada de la pelirroja. -¡Y no, no me gusta el tonto de Inuyasha! ¡Solo fue curiosidad…! – Se justificó rápidamente con las mejillas encendidas.
Está bien, Kagome, te creeré. -Afirmó alegre y levemente burlista la chica.
Esa noche toda la manada de hombres lobo celebró una bienvenida para esa querida amiga que llevaban más de un año sin ver, el banquete fue delicioso y las risas y bromas estuvieron a la orden del día. Hacía mucho no se divertía así, además, aunque estaba avergonzada también estaba feliz de haber descubierto un poco más de las costumbres de los demonios que eran para ella tan desconocidas.
Ahora su curiosidad estaba más despierta que nunca, tenía la verdad ganas de saber un poco más sobre todo eso pero preguntarle a Touga ciertamente la apenaba un poco, en especial porque su pregunta no había sido contestada y no se atrevería a formulársela a él ya que Ayame y las demás lobas admitieron que no sabían nada sobre cómo funcionaría la marca en una unión entre ambas especies, pero pudo conocer algunas cosas más como por ejemplo: que en matrimonios arreglados la marca no era necesaria, que los demonios de alta jerarquía que se veían en la obligación de contraer nupcias por arreglos territoriales no necesariamente mordían a su cónyuge, pues la marca era algo irreversible, para todos los demonios eso era igual o muy parecido; una vez que marcaban a alguien ese sería su compañero hasta el día de la muerte de alguno de los dos, según le habían explicado las demonesas, en algunas razas de youkai incluso solía suceder que al morir uno de los compañeros él otro no tardaría en acompañarlo, gracias a la imposibilidad de vivir separados.
Aquello le pareció tan triste, pero también tan romántico. No pudo evitar pensar en su madre y su padre, ese amor tan idílico que trascendió incluso el umbral de la muerte, ya que a pesar de los años que su querido padre llevaba difunto su madre tenía aun su corazón reservado solo para él, y aunque ella deseaba que su querida madre encontrara felicidad en alguien más, sabía que ella nunca podría amar a nadie más como aun amaba a su marido.
Si, ella también quería eso. Se sentía ingenua, y bastante tonta al pensarlo, pero ella también quería un amor que la respetara y la cuidara así, que se entregara a ella en alma y cuerpo y poder hacer lo mismo, sintiendo en lo más profundo de su ser que eso sería tan eterno como el tiempo, aun y cuando hubiera peleas y momentos difíciles. Soñaba infantilmente con encontrar a ese hombre con el que sabía que compartiría lo que quedara de su vida, amando y siendo amada de la mejor de las formas.
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Estaba hartándose, todo lo que encontraba no eran más que sutilizas, hasta ahora en todos los sitios atacados la pista más importante que había logrado reunir era un extraño olor a azufre y tierra húmeda que siempre se repetía.
Los ataques se estaban volviendo más violentos, y en cada poblado vulnerado no dejaban supervivientes ni humanos ni monstruos.
En la reunión que había tenido con los otros tres Lores cardinales, se sorprendió de saber que estaban en situaciones similares a la suya. Todos habían sido atacados, solo el Lord del Sur se mostraba interesado en averiguar lo que realmente estaba pasando en sus tierras, pues, aunque al principio, como pasó en su propio caso, los ataques parecían más actos de bandidos que declaraciones abiertas de guerra, esa conducta repetitiva y progresiva cada vez más agresiva se había convertido en la prioridad del Lord.
Ahora no era él el único que estaba buscando al perpetrador de tales actos, sino que también el Lord del sur y el del este, quien decidió unirse a ellos al notar que esos pequeños disturbios podían ser parte de algo más, pero el del norte se negó a participar pues consideraba que estaban actuado de forma irracional preocupándose de tales nimiedades.
Aquello no hacía más que aumentar sus sospechas, comenzaba a estar cada vez más convencido que él Lord del norte algo tenía que ver en todo esto, o simplemente era un idiota. En realidad cualquiera de las opciones le parecía muy válida.
¡Amo bonito!- Alzó la mirada al cielo deteniendo un momento su andar mientras veía aterrizar a unos cuantos pasos de él a Ah-Un mientras Jaken bajaba de su hombro. -Amo bonito, amo bonito ¡Estuve buscándolo por todos lados, por favor, no se vaya sin mí! – Le pidió el sapo youkai acercándose a él.
Jaken. -Al alzar un poco su voz el pequeño demonio se detuvo para fijar su mirada en su rostro por unos segundos, inclinando un poco la cabeza.
¿Si, amo bonito? ¿Qué ocurre?
Rin, quiero que regreses por ella y la lleves al castillo.
¡¿Ah?! ¡Dejará que la niña vuelva con nosotros! – Gritó conmocionado.
Jaken, no grites. – La orden fue pronunciada con frialdad calculada y sus ojos dorados se posaron hirientes en el sirviente, dándole a entender que de no obedecer lo lamentaría. -Has lo que te digo.
Pero amo bonito, si estamos por iniciar una guerra ¿Realmente quiere arriesgar a Rin así? No creo que sea prudente, es una chiqui- - Tragó saliva al ver el filo de la espada del inugami justo frente a su rostro.
¿Estas contradiciéndome, Jaken?
¡No,no,no,no! ¿Cómo cree que yo pueda hacer algo así, amo bonito? ¡Yo solo decía… qué ya mismo me voy a buscarla, si eso! – Corriendo, volvió a subirse al lomo de Ah-Un y una vez en el aire volvió a respirar de forma tranquila –"¿En qué está pesando, amo Sesshomaru? Al menos esa mocosa se pondrá feliz." - Pensó, dejando que una traicionera sonrisa decorara su boca al pensar en cómo se pondría la chiquilla con la noticia, además confiaba en que su amo nunca tomaría ninguna decisión sin haberla meditado, o al menos eso esperaba.
Sesshomaru comenzó a caminar, con su mirada volviendo a enfocarse al frente. Si en verdad se avecinaban batallas, Rin no estaría en mejor lugar que a su lado. Una aldea humana, protegida por el inútil de su medio hermano no era el lugar adecuado para ella. Si Inuyasha no la protegía y algo le sucedía, iba a matarlo.
Sus pasos continuaron en dirección sur, iría a ver a su ahora aliado y luego regresaría a su castillo con tiempo de sobra para recibir a su protegida.
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¡¿En serio, señor Jaken?!- El gritó de Rin fue tan fuerte que Shippo e Inuyasha tuvieron que taparse los oídos mientras la morocha entre gritos saltaba frente a ellos en su propio sitio. -¡Escucharon eso!
¡Si, niña tonta! ¡Pero por tu culpa ya no podré volver a escuchar! – Se quejó Inuyasha, mirando a la menor de reojo.
¡Volveré con el señor Sesshomaru! ¡Hurra! ¡Hurra! ¡Señor Jaken, espéreme aquí buscaré mis cosas! – Y sin decir más salió corriendo en dirección a la aldea, ignorando al enorme ciempiés que yacía muerto junto a ella y a Kohaku, que totalmente pasmado con su arma en mano se había quedado congelado antes de terminar de disgregar los restos del monstruo. -¡Tengo que contarle a la señorita Sango! – Estaba tan feliz que nada más podía importarle, por fin volvería. No sabía porque su amo no había ido a buscarla en persona, pero eso era un detalle, él señor Jaken estaba ahí para llevarla a casa después de un año. -¡Señorita Sango! – Chilló entrando en la choza de la anciana Kaede.
¿Rin? ¿Ya terminaron con el ciempiés? – Preguntó la exterminadora, levantándose con dificultad, gracias a lo mucho que había crecido su vientre en la medida que su embarazo avanzaba, ya no le faltaba mucho para el alumbramiento.
¡Si, señorita Sango! ¡Pero eso no es lo importante! ¡Jaken vino a buscarme para ir a casa! – Informó demasiado emocionada, con los puños cerrados hacia arriba y los brazos pegados a su cuerpo. -¡El señor Sesshomaru lo ha enviado a por mí! – Explicó con una sonrisa que desbordaba su cara.
Sango estaba impactada, mirando a la niña con gran sorpresa. -Pero Rin, tu entrenamiento ¿En serio te vas a ir? ¿Tan pronto?
Fue entonces que la ya no tan pequeña niña, más bien la joven señorita en la que se había convertido Rin notó que iba a alejarse de los buenos amigos que había hecho y que ciertamente ellos también iban a extrañarla. Tranquilizándose un poco, finalmente asintió y habló con más prudencia, esa que Kaede le había enseñado a tener en el último tiempo, recordándole que siendo una joven mujer debía guardar bien sus modos. -Los voy a extrañar mucho, pero yo quiero volver con el amo, de todos modos, podré venir de visita o pueden ir ustedes a verme al amo no va a molestarle. – Sango no pudo evitar pensar que a pesar de que Rin sí que había crecido seguía siendo un poco ingenua en lo que respectaba a su querido amo. -¡Manda a Kohaku a avisarme cuando nazcan los bebes, quiero venir a conocerlos! – Pidió sonriéndole con cariño
Ah, Rin, si esa es tu decisión yo la respeto. – Contestó la mujer acercándose a acariciar su rostro, limpiando un poco de sangre y tierra que tenía pegada a él como consecuencia de la batalla. -Pero si quieres ser una buena exterminadora no puedes dejar de entrenar ¿Entiendes? Sería bueno que regresaras de vez en cuando con nosotros para practicar con Kohaku.
Lo entiendo, volveré pronto de visita. – Afirmó para luego sonreírle. -Ah, nunca he empacado, nunca había tenido tantas cosas ¿Puedes decirme como hacerlo? – Consultó mirando en el improvisado armario los kimonos, peinas y sandalias que su amo le había regalado durante ese año, no eran muchos, pero si eran más de los que había tenido nunca además también tenía todo su equipamiento como exterminadora, aunque a ese lo llevaba puesto.
Si, déjame ayudarte.
¿Ayudar con qué?
Anciana Kaede, vuelvo a casa. -Informó la chica al ver entrar a la anciana con pasos lentos, sonriéndole con cariño.
A las afueras del poblado Kohaku terminaba de disgregar el cuerpo del ciempiés, explicándole a shippo e Inuyasha como enterrarlo para evitar problemas con sus energías demoniacas, pero su atención estaba puesta en Ah-Un a unos metros más allá. ¿Rin se iría? ¿Sola con el señor Jaken? No quería dejarla sola, no quería que se marchara. Con pasos calmos se acercó al demonio y se paró frente a él. -Señor Jaken.
¿Qué quieres, niño?- Contestó sin alzar la mirada a él, sentado contra el lomo del dragón con el báculo de dos cabezas agarrado firmemente contra su pecho.
Por favor permítame escoltarlos hasta el castillo del señor Sesshomaru, para asegurarme de que lleguen con bien.
Jaken lo miró con enfado, levantándose de golpe. -¡Insinúas que no soy capaz de cuidar bien de la mocosa! – Gritó dándole un golpe en la cabeza con las caras del bastón. -¡Escúchame bien, niño tonto! ¡Yo soy el gran Jaken! Además ¿No que vos y tu hermana siguieron con esa tontería de convertir a Rin en una exterminadora? Aunque sea una humana tonta, se supone que ya no es una inútil estorbosa.
Es solo para asegurarme de que lleguen bien, le guardo mi gratitud al señor Sesshomaru, y Rin es importante para mí, en cuanto lleguen al castillo yo regresaré.
Has lo que quieras, niño.
¡Señor Jaken!- Gritó Rin, corriendo en su dirección. Que hermosa visión que ofrecía de si misma. Vistiendo su informe de exterminadora en aquel hermoso color negro con lila, su largo cabello azabache, el cual siempre llevaba suelto o con una pequeña coletita a un costado de su cabeza ahora estaba sujeto en un rodete sobre la corinilla de su cabeza, sostenido con una bella peineta que fue regalo del lord del oeste, en su espalda llevaba la pesada y enorme oz que sobresalía por detrás de ella, volviendo la imagen un tanto inverosímil pues nadie esperaría que una figura tan delicada como la de la joven pudiera ser capaz no solo de manipular semejante arma, sino que el solo hecho de cargarla ya era una proeza. Rin estaba un poco más alta, su figura estaba más marcada, aunque no abandonaba del todo sus rasgos infantiles su cara había cambiado un poquito. Si, la niña había crecido sin dudas. -¡Ya estoy lista señor Jaken!- Informó dejando sobre la montura de Ah-Un el pequeño bolso donde llevaba sus cosas y luego se giró a encarar a Inuyasha y Shippo, mientras este último casi sollozaba. -Ya me voy muchachos, pero volveré pronto de visita.
¿De verdad te vas, Rin? – Consultó shippo, acercándose a ella.
Si, Shippo, volveré con el amo pero vendré de vez en cuando a verlos ¿Dónde está Kohaku? – Consultó buscándolo con la mirada.
¡Estoy aquí Rin! – Se presentó frente a ella, sonriéndole amablemente. -Yo te acompañaré al castillo del señor Sesshomaru, tomaré prestada a Kirara.
Será mejor que se apuren, no sería bueno que viajaran de noche. - Alegó Inuyasha con seriedad. -Cuídate mocosa.
Lo haré señor Inuyasha. – Informó ella alegre, subiéndose al lomo del dragón. -¿Nos vamos señor Jaken? Chicos, despídanme del monje Miroku cuando regrese. – Pidió moviendo su mano con alegría.
Lo haremos Rin, cuídate. – Suplicó Shippo mientras veía a Jaken montar a Ah-Un para que luego el demonio despegara con un bramido bajo.
Avísenle a mi hermana que me llevo a Kirara. -Pidió Kohaku subiéndose a la gata para despegar junto a los otros y seguirlos, determinado a protegerlos todo el camino hasta el castillo del lord del oeste.
"Llevo más de un año lejos de mi amo, pero pronto volveré con el señor Sesshomaru. Solo me hubiera gustado poder ver a la señorita Kagome de nuevo" Pensó la jovencita mientras respiraba profundamente el aroma del cielo.
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¿Seguirás enojado por siempre? – Preguntó con cansancio la sacerdotisa, caminando junto al general perro, intentando que este al menos la mirara.
No estoy enojado, Kagome ¿De dónde sacas esa idea?
Desde que nos encontramos con el joven Kouga has estado ignorándome. - Alegó ella con el ceño fruncido. -Además te portaste raro con él y no sé, algo te pasa.
El hombre guardó silencio, y ya exasperada Kagome se paró enfrente de él cortándole el paso. -¡No me ignores, Touga! ¡Es exasperante! – Chilló molesta. -Dios, no entiendo como Rin puede soportar que Sesshomaru la trate así ¡Tu y tus hijos son unos insufribles! ¿Sabes qué? ¡Ignórame! ¡No me importa! – Gritó comenzando a caminar aceleradamente frente a él, creando una distancia entre ambos.
El hombre torció una sonrisa en sus labios, esa chica en serio estaba chiflada ¿Enfrentarlo a él de esa forma? ¿Gritarle así? Era divertido, no podía negarlo. -Kagome, eres demasiado ingenua. – Comentó al aire.
Ah, ahora me hablas. – Respondió sin girarse a encararlo. -¿Y por qué soy ingenua?
Por permitir que un macho te pretenda de esa forma tan descarada. – Aclaró con calma el hombre. -Además pareces no conocer nada de los protocolos y las tradiciones youkai, no pensé que ni siquiera supieras sobre la marca. – Si no fuera porque él era un hombre que podía mantener el control, estaría riéndose a carcajadas al notar la terrible vergüenza que envergaba a la cachorra frente a él. -Aparte de la clase de armas, tendré que darte algunas lecciones básicas de protocolo, al menos inugami, ya que tu y mis hijos parecen tan cercanos.
¡Y dale con eso! ¡¿Por qué insiste?! ¡Ya le dije que Sesshomaru me detesta e Inuyasha es un tonto hermano menor para mí! – Protestó ahora si girándose a verlo, deteniendo sus pasos.
Como tú digas, pero tampoco está de más. – Informó con tono calmo. -¿O no quieres aprender?
Kagome guardó silencio por unos segundos y luego, con las mejillas apenas coloradas de vergüenza asintió. -Si, me da curiosidad honestamente.
Bien, empezaremos por lo básico de comportamiento. Tienes buenos modales para ser una simple humana asique no te será complicado aprender. Lo primero que debes saber, es que esa actitud desafiante e impertinente tuya es totalmente inapropiada.
¿Qué? ¿Qué tiene mi actitud?
Eso, nunca le responda de esa forma a un macho. – Contestó el hombre con severidad. -La única mujer que podría levantarle la voz de esa forma a un macho Inugami es su compañera y no en todos los casos.
Maldito machista… - Se quejó ella ignorando el desconcierto en la cara del mayor y rodó los ojos. -Bueno, supongamos que entiendo esa "regla" pero no pienso cumplirla.
En serio tienes un carácter demasiado bélico. – Bromeó el mayor.
Lo voy a tomar como un cumplido. – Comentó ella divertida.
Las horas pasaban mientras caminaban a paso constante, conversando, de vez en cuando se escuchaba algún chillido escandalizado por parte de la sacerdotisa, pero aquello era muy agradable para ambos. Se hacían buena compañía.
Casi dos días camino después Kagome y Touga caminaban por un hermoso prado de flores, y podía notar el ceño levemente fruncido de su compañero. -¿Te molesta el aroma?
Es demasiado dulce…- Admitió un poco incómodo. -Hay demasiado polen en el aire.
¿Es mucho pedir que descansemos aquí? Es que es demasiado hermoso este lugar. – Comentó mirando el río que estaba a unos metros de distancia.
No creo que sea buena idea.
Oh, vamos, por favor. - Suplicó sentándose sobre el prado de flores y cerró sus ojos para aspirar el dulce aroma de las flores y sentir el sol sobre su rostro. -Es perfecto. – Afirmó dejándose caer sobre las flores, quedando acostada sobre la hierba con los cabellos extendidos entre las plantas.
Resignado Touga sola comenzó a caminar, alejándose un poco de las flores para sentarse contra el tronco de un árbol cerrando los ojos, antes de darse cuenta se había quedado dormido.
Aprovechando que el hombre descansaba, Kagome se dispuso a buscar algo de comer y preparar el almorzó, además buscaría algún lugar cerca donde bañarse, lo necesitaba.
-¡Miré! ¡Señor Jaken un campo de Flores y un río! ¡Podemos descansar ahí, vamos Ah-Un! – Indicó la chica tomando las riendas del dragón para guiarlo a tierra firme. -¡Sígueme Kohaku! -Pidió sonriente, ignorando olímpicamente las réplicas del sapo que le recordaba que aún les faltaba un trecho para llegar al castillo de su amo y que no podían estar desperdiciando así el tiempo.
Apenas Ah-Un tocó tierra, Rin bajó de un salto, riendo divertia mientras se inclinaba para cortar un ramo de flores, dejando que su amigo fuera a tomar agua. -¡Este lugar es hermoso! – Afirmó inalando profundamente el aroma de las flores sintiendo las pesadas patas de Kirara aterrizando tras ella y pronto Kohaku estaba a su lado, tomando una de las flores con cuidado.
Es un lindo lugar, Rin, pero nos quedaremos poco tiempo. – Le recordó sonriéndole.
¡Nah! ¡Disgrutalo Kohaku! ¡Toma! – Le entregó las flores y comenzó a correr entre risas. -¡Atrapame! – Lo retó cuando su vista se fijó en la figura de un hombre recostado contra un tronco no muy lejos de allí. -¿Un señor…? ¿Estará herido? – Apresuró sus pasos a él y al estar cerca y poder verlo mejor, se impreciono con el gran parecido que el sujeto tenía con su amo. Era un mosntruo, no tenia dudas de ello, pero aun así se acerco. -Señor ¿Se encuentra bien? ¿Esta lastimado?- Preguntó arrodillándose junto a él mirándolo fijamente ¡Era igual a su querido amo Sesshomaru! Bueno, no igual, las líneas de su rostro eran de otro color.
Cuando el sujeto abrió sus ojos y giró su mirada a ella, no pudo más que sonreir ampliamente. -Ah, solo estaba dormido ¿Seguro no quiere nada? Ah, ya sé… - Comenzó a revisar su traje sacando entonces una cantimplora y se la acerco. -Aquí tiene agua… ¿Huh? ¿No quiere?
¡RIN! – Kohaku al ver lo que ocurría había corrido a todo lo que sus piernas daban, tomándola del hombro tiró de ella hacia atrás alejándola mientras él empuñaba su nueva oz frente a si en una pose ofensiva. -¡Subete a Ah-Un y huye! – Ordenó, sabía que no tendría oportunidad ante un demonio humanoide, el hombre que tenía frente a él parecía sumamente poderoso y entonces lo vio levantarse con un aire señorial y sereno, avanzando un paso. -¡No se acerque! – Ordenó ondeando su arma en una clara advertencia de ataque.
¡¿Kohaku?! ¡No espera! – Sin pensarlo la chica se tiró sobre él, deteniendo su brazo con ambas manos. -¡No lo ataques!
¡Rin! ¿Qué haces? ¡Suéltame! – Intentó forcejear con ella, pero el peso de la chica y al forma en que tiraba de él para impedir que atacará terminó por arrojarlo al suelo con ella sentada sobre su espalda.
¡No seas tonto, Kohaku! ¡El señor no me hizo nada y no va a atacarnos! ¿Verdad? – Preguntó mirando a Touga con una enorme sonrisa, sin moverse un milímetro de encima de su querido amigo.
Touga estaba impresionado, la niña frente a él le sonreía tan abierta y cálidamente a pesar de saber que era un monstruo, impidiendo que el muchacho la protegiera del potencial peligro que el representaba. Estaba confundido, más su rostro no lo demostraba en absoluto. -No atacare si no me ataca. – Se limitó a responder, mirando incrédulo como la chica se retiraba del muchacho y sonreía alegremente.
¡Viste Kohaku! No es necesario iniciar una pelea. – Afirmó con tranquilidad, dándole la espalda a ambos hombres alzó una mano agitándola en el aire. -¡Señor Jaken! ¡Estamos aquí, señor Jaken! – Afirmó dando pequeños saltitos en el lugar para ser vista.
Rin… -Murmuró el exterminador, lanzando una mirada afilada al demonio, que respondió a la amenaza implícita con sus ojos fríos e imperturbables.
Niña ¿Por qué no me temes? -La chica se giró a mirarlo con la diversión en sus ojos.
No tengo porque hacerlo ¿Verdad?- Contestó alegremente. -¡Señor Jaken! ¡Por aquí!
¡Ya deja de gritar, niña melindrosa! – Chilló el sapo caminando en su dirección. -Esa niña estúpida ¿Por qué el amo bonito me obliga a cuidarla siempre? ¡Es tan problemática! Yo debería estar con mi amo y no aquí… -Refunfuñaba entre dientes, mirando la hierba que iba pateando al caminar cuando al alzar la vista estando a escaso metro y medio de la chica todo su cuerpo se congelo ante la imponente imagen frente a él. -¡Ah…! ¡¿Ehhh?!
Kagome regresaba cargando consigo de las orejas a dos pobres conejos que habían sido su presa. Odiaba cazar, no importaba cuantas veces lo hiciera, siempre se sentía horrible el tener que acabar con la vida de un animal. Al menos había logrado darse un baño y se sentía fresca y renovada. -Me pregunto si Touga ya estará despierto… - Pensó en vos alta, saliendo de entre los árboles y matorrales para llegar al claro lleno de flores donde habían parado a descansar cuando impresionada se encontró en frente de si a Kohaku, Rin, Ah-Un, Jaken, Kirara y Touga. La gatita y el general fueron los primeros en reaccionar alzando su cabeza en su dirección cuando la demonosea corrió en su dirección saltando sobre su pecho. -¡Kirara! – Chilló alegremente soltando los conejos y abrazando al pequeño felino. -¡Te extrañe mucho!
¡Señorita Kagome! – Gritaron ambos exterminadores, más fue la chica la primera en salir corriendo en su dirección. -¡Señorita Kagome! ¡Está bien! – Chilló emocionada frenando justo en frente de ella.
¿Rin? ¿En serio eres tú? – Soltando a la gata, extendió sus brazos para acariciar el juvenil rostro de la chica. -¡Has crecido tanto! ¡Mírate! ¿Qué haces con ese uniforme? – Gritó al notar el detalle.
Soy una exterminadora en entrenamiento. – Afirmó alegremente. -Estoy tan contenta de verla, señorita Kagome ¿Dónde estaba? ¡Quise ir a verla desde que el amo me dejó en su aldea con Inuyasha y los demás! Pero, aunque le pregunte a todos por usted, me dijeron que se había ido y que nunca volvería… Pensé que había fallecido en la batalla, pero no querían decírmelo. – Comentó con la tristeza nublando sus ojos cafés. -Incluso le pedí el amo que la buscara, y creó que si lo intento.
¡¿Qué?! ¡¿En serio le pediste que me buscara?! Espera… ¿Sesshomaru te dejó en la aldea de la anciana Kaede? – Preguntó desconcertada.
Si, no sé porque me dejó allí. – Afirmó con tristeza. -Dijo que debía vivir con humanos, y aprendí muchas cosas de la anciana Kaede como por ejemplo el uso de plantas medicinales y la señorita sango y Kohaku me enseñaron a ser una exterminadora para que el amo Sesshomaru no tenga que volver a dejarme ¡Yo quiero ser capaz de viajar a su lado sin ser una carga!
Ay, Rin. – Ese demonio estúpido, ni si quiera le explicó bien las cosas a la niña ¿Cómo la dejó sin decirle nada? La pobre debió sentirse muy abandonada. -Los siento, yo fui la que le dejo a Sesshomaru que debía dejar que vivieras con humanos por un tiempo, tenías muchas cosas que aprender aun, pero… ¿Él sabe que ahora eres una exterminadora?
No, pero le daré la noticia cuando lo vea. – Afirmó con alegre inocencia. -¡Además envió a Jaken por mi! ¡Volveré con él ahora! - Agregó con emoción.
Kohaku se acercó también a las mujeres sonriendo alegre. -Me alegra mucho verla, Señorita Kagome. Inuyasha nos dijo que había regresado a su extraño hogar, pensamos que no volveríamos a verla. Se ve muy bien. – La alagó, mirándola de pies a cabeza.
Gracias Kohaku. ¿Qué haces tu aquí? ¿También irás al castillo de Sesshomaru?
Estoy escoltando a Rin, Ah-Un y al señor Jaken para que lleguen con bien, le debo mucho y le estoy muy agradecido al señor Sesshomaru, quería asegurarme de que esubieran a salvo.
Te has convertido en todo un hombrecito, Kohaku. Los extrañe mucho. – Afirmó casi con algrimas en los ojos.
¡¿Qué haces aquí?! ¡Tu estúpida mujer de Inuyasha, mi amo bonito la busco por todos lados! ¡Vos debías hacerte cargo de Rin y no el inútil de ese hibrido!
A vos no te extrañe ni un poco, sapo horrible. -Refunfuñó con el ceño fruncido, dándole un golpe a puño cerrado sobre la cabeza para que se callara. -¡Y no soy la mujer de Inuyasha, tengo un nombre! ¡KA-GO-ME! ¡No es tan difícil de aprender, sapo tonto!
¡Ay, ay, ay! ¡Mujer demente!
¿Quieres que te de otro, Jaken? ¡Pudo purificarte si quiero!
Touga miraba toda la situación, sintiéndose ajeno y sorprendido. ¿Esa era la protegida de su hijo? Hablaba con tanto cariño de Sesshomaru que no podía creérselo, se sentía casi conmocionado, además ese joven que se había atrevido a amenazarlo también era fiel a su primogénito.
Había ido a casar algo, pero dos conejos no alcanzaran para todos. – Se lamento la sacerdotisa.
No se preocupe, señorita Kagome. Yo me encargaré de buscar algo más. -Tras esas palabras Kohaku saltó a la rama de un árbol y se perdió en el bosque.
Ven Rin, quiero presentarte a alguien. – Pidió Kagome tendiéndole una mano que pronto fue tomada por la chica. Con pasos calmos e ignorando los berridos irritantes del viejo sapo se acercó hasta estar parada frente al inugami.
Rin miraba curiosa lo que pasaba, pero esperaba impaciente el desenlace del asunto. -Touga, ella es Rin, la protegida de Sesshomaru de la que tanto te hablé. – El hombre se agachó un poco con un gesto fluido y elegante, mientras el mokomoko tras él ondeaba levemente y observó el rostro de la jovencita. -Rin, él es el padre de Sesshomaru, Touga, Inu no Taisho.
¡¿Ah?! ¿De verdad? – Gritó emocionada. -¡Por eso es tan parecido al amo! – Afirmó con emoción e hizo una pronunciada reverencia. -¡Es un gusto conocerlo! Pero… Pensé que el padre del señor Sesshomaru estaba muerto.
¡¿De qué locuras hablas, estúpida mujer?! ¡El honorable padre de mi amo bonito ésta bien muerto! ¡Eres tan tonta que te dejaste engañar por este culaquiera! ¡¿Cómo puedes afirmar…´?! – Y se congeló en medio del griterío ante la mirada agria que el demonio le envió.
El gusto es mío, joven Rin ¿Es cierto que mi hijo fue el que te revivió usando a Tenseiga?
Así es señor. – Afirmó la chica con una enorme sonrisa. -Él amo me ha salvado de la muerte dos veces, gracias a la ayuda de su honorable madre. – Explicó la jovencita con una sonrisa de oreja a oreja. -¿En verdad es el padre del amo?
Así es, mencionaste que te encuentras en camino al castillo del oeste.
Si, él amo envió al señor Jaken por mí y ya no estamos muy lejos, hace dos días que salimos del pueblo.
Touga levantó la vista para ver a la sacerdotisa, pero fue interrumpido nuevamente por la menor. -¡Ya se! ¡Vamos todos juntos! ¡El amo se alegrará de vernos!
¡¿Eh?! ¡No, no, no! ¡Rin yo no puedo acompañarte!
Por favor señorita Kagome, él amo también la estuvo buscando ¡Seguro se pondrá feliz de vernos a todos, y si el señor Touga va también estará feliz de ver a su papá! ¡Será una gran sorpresa!
Pero Rin…
Por favor señorita Kagome.
Estaba acorralada, y sabía que Touga también quería ver a su hijo asique inhaló profundamente y asintió con su cabeza. -Está bien, entonces vamos.
¡Viva!- Gritó dando un salto mientras extendía sus brazos al cielo. -¡Veremos al señor Sesshomaru!
Derrotada se dejó caer de rodillas en al prado, sentándose mientras sus piernas quedaban flexionadas a los costados de su cuerpo. –Él va a matarme. – Se lamentó. -¡Y cuando se entere que ahora eres una exterminadora! ¡Ay, qué voy a hacer! – Chilló sujetando su cabeza. "Sesshomaru ¿Estuvo buscándome? Si es así, y Rin tiene razón, va a matarme por no haberme hecho cargo yo de ella ¡Pero es que no era mi responsabilidad!... ¿Y quién se lo va a hacer entender a él? ¡Además de todo ella ahora es una exterminadora! A Sesshomaru eso no va a gradarle nada…. Me va a matar…. ¡Me va a matar!" Pensó sin darse cuenta de que ya tenía ambas manos en su cabeza revolviendo enérgicamente sus cabellos. -¡Ay, yo y mi bocotá! – Chilló. "Si no le hubiera dicho nada sobre dejar a Rin con humanos, seguramente n estaría en este problema ahora."
Ignorando el obvio estrés de la chica Rin se había vuelto a acercar a Touga, caminado alrededor de él. -¡Wow… son muy parecidos! – Afirmó con emoción, golpeteando con un dedo la capa de mokomoko del demonio. -Waaa, es tan suave como el del amo, me gusta cómo le queda el cabello recogido. – Lo alagó mirándolo. -¡Y es muy alto, tanto como el amo!
Touga sonreía levemente, era una cachorra muy traviesa ¿En serio su hijo no solo la soportaba, sino que la quería? -Ciertamente mi primogénito y yo somos muy similares, Rin-chan ¿Te gustaría ayudarme a hacer el fuego?
¡Yo me encargo! – Se ofreció solicita corriendo al bosque en busca de leña.
¡Rin! ¡Niña tonta! ¡No corras sola al bosque! -Gritó Jaken corriendo tras de ella. ¿En serio ese era el general perro? ¿Estaría bien permitir que esos dos viajaran con ellos hasta el castillo? -No importa, si es un impostor mi amo bonito se dará cuenta en un instante y lo hará pedacitos ¡Si, eso es! ¡Lo hará pedacitos! – Reía estrepitosamente mientras imaginaba la escena. -¡Mi amo bonito es el demonio más poderoso que existe! Ah ¿Y Rin? ¡¿Dónde se fue esa mocosa?! ¡Rin! -Gritó corriendo tras ella.
Si no fuera tan desagradable sentiría lastima de todas las tretas que Rin le hace a Jaken, pero es un sapo insoportable. -Se quejó Kagome, tomando los conejos que había dejado olvidados y riendo al ver que Ah-Un también exigía su saludo, acercándose a ella para frotar sus cabezas contra su cuerpo. Tomándose unos minutos para mimar al dragón se dispuso a limpiar los conejos que les servirían de alimento.
Ciertamente estoy sorprendido, Rin es todo lo que me contaste y más.
Es una buena niña, que solo quiere permanecer con su querido Sesshomaru, le tomaras cariño muy rápido. – Le advirtió con una sonrisa al hombre. -Quiero ver a mis amigos, pero creo que primero iremos a ver tu odioso hijo mayor…
La pequeña crisis que tuviste al saber que lo veríamos primero desmiente tu continua aseveración de no conocerlo, o detestarlo.
¡No empieces! – Le pidió con las mejillas levemente sonrojadas. -Tus insinuaciones son molestas, y solo me preocupa como reaccionara Sesshomaru cuando vea a Rin siendo una exterminadora, ella es su protegida jamás permitirá que ella este en un campo de batalla y si él en tubo esa descabellada idea de que yo me fuera la que cuidara de ella, entonces es conmigo con quien se enfadara por no haber evitado que esto pasara… Va a matarme.
Es posible.
¡Touga!
Necesito ver a Sesshomaru.
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Volar montada sobre la espalda, y recostada sobre el mokomoko de Touga era algo increíble. Había dormido más de la mitad del viaje, pero después de mucho recorrido ya tenían frente a si al colosal palacio del lord del oeste. Era hermoso e imponente, Rin estaba tan emocionada y sin darse cuenta estaba sobre exigiendo al dragón al pedirle que fuera más rápido, pero entendía que ella solo quería llegar de una buena vez a su hogar.
Cuando llegaron a las imponentes puertas custodiadas por dos youkai armados, Kagome se preocupó sobre si las dejarían ingresar, pero entonces la fuerte voz de Touga interrumpió sus pensamientos. -Abran la puerta. – Ambos Youkai impusieron sus armas frente a ellos, pero Jaken bajó del lomo de Ah-Un, agitando su bastón con enojo.
¡Déjense de tonterías! ¡Él amo nos esta esperando, traje a Rin y a otros dos invitados!
¡Takeshi! – La mencionada niña también se bajó del lomo del monstruo corriendo en dirección a uno de los guardias con una sonrisa de oreja a oreja. -¡Takeshi me da gusto verte!
El youkai era una pantera de ojos amarillos y cabello negro, una sonrisa apareció en sus labios y bajando su arma extendió una mano para acariciar la cabeza de la niña. -Me alegra que el amo te haya traído de vuelta a casa Rin, has crecido mucho.
Todos dicen lo mismo, pero yo me veo igual que siempre. -Le restó importancia mientras veía a su amigo hacer señales para que las imponentes puertas les cedieran el paso, dejando ver enormes jardines bellamente decorados, sin embargo, no pudieron avanzar más de dos pasos cuando la imponente figura de Sesshomaru se hizo presente ante ellos. Con su indescriptible velocidad, Kagome no había ni siquiera notado el momento en que el hombre había llegado ahí, más los ojos del inugami estaban clavados en las esferas ambarinas del antiguo general perro.
¿Padre? – Habló con desconcierto, aunque su expresión difícilmente dejaba ver algo.
Sesshomaru. – El hombre avanzó hasta estar a centímetros de distancia de su primogénito, leyendo la mirada abrumada y confusa, porque sí, para cualquier Sesshomaru estaba tan imperturbable como siempre, pero él era su padre y no podía ocultarle cosas con tanta facilidad. -Tengo muchas cosas que explicarte, joven Lord. – Habló con firmeza estirando una mano hacia atrás.
Entendiendo el pedido, Kagome se armó de valor, respiró profundo y avanzó con pasos firmes y decididos hacia ambos hombres, parándose a la derecha del mayor.
Kagome Higurashi y este Touga Inu no Taisho, solicitamos una audiencia con usted, Lord del oeste. – Tras sus palabras hizo una reverencia mirando de reojo a la chica a su lado.
La sacerdotisa, mordiendo su labio inferior con disimulo, siguió el protocolo que el hombre la había llegado a explicar durante sus últimos días de viaje y tras hacer una marcada reverencia, se irguió, ladeando su cabeza hacia la izquierda para dejar el lado derecho de su cuello totalmente al descubierto, con sus mejillas rojas y la mirada clavada en un rosal a metros de distancia.
El inugami menor miró a la mujer que meses atrás había buscado hasta por debajo de las piedras, ligeramente impresionado porque conociera aquel gesto y tras acercarse a ella, tres intimidantes pasos, inclinó el rostro para captar el aroma de su cuello antes de separarse y asentir con la cabeza, girando sobre tus tobillos para ingresar al castillo. -¡Jaken!
¡Si amo bonito! – El sapo corrió, casi tropezando con sus propios pies para caminar a la altura del lord.
Estaremos en mi estudio, encárgate que nadie nos moleste. – Y tras esas palabras siguió su andar.
Touga sonrió de lado mientras escuchaba al sapo asentir y el resoplido desilusionado de Rin tras él al no haber tenido oportunidad de acercarse a su amo. Si, Sesshomaru estaba muy diferente a lo que recordaba, sus ojos no eran los mismos. Mirando de reojo a la sacerdotisa hizo un movimiento con su cabeza indicándolo que lo siguiera mientras él caminaba tras su hijo por los pasillos del que en alguna época había sido su palacio.
El lugar era tan hermoso como imponente, sus pasillos anchos y largos con lozas de lo que ella suponía era mármol, cuadros preciosos decoraban sus paredes y varios demonios, que fungían como sirvientes, paseaban por doquier cumpliendo sus labores, aunque ciertamente la ponían incomoda todas las miradas que estaban recibiendo.
Finalmente, llegaron a una enorme y pesada puerta de roble, casi al final del segundo piso, cruzándola luego de que Sesshomaru les diera paso, para finalmente sentarse tras el escritorio. -¿Qué significa esto padre? – Preguntó finalmente cuando se supieron totalmente a solas. -¿Por qué estas vivo y acompañado de la mujer de Inuyasha?
Yo no… - Se calló ante la mirada dura que ambos demonios posaron sobre ella y gruñendo algo entre dientes simplemente se abstuvo de contestar.
Hijo mío, esta es una historia muy larga. – Comenzó con su explicación. -Y Kagome está a mi lado porque fue ella quien salvó mi vida. – Guardo silencio ante la mirada incrédula y burlista que el menor había posado sobre la joven sacerdotisa, indicando que claramente no creía una palabra sobre eso.
¿De qué estás hablando, padre? Esta mujer no pudo haberte salvado. No solo dudo de sus capacidades, sino que hace doscientos años no había siquiera nacido.
¡Ashhh! ¡Escúchame bien, mi nombre es Kagome y para que lo sepas soy muy capaz! ¿O no fueron acaso mis flechas la que muchas veces llegaron a romper tu maldita armadura! – Gritó acusando al hombre con un dedo, apuntando directamente a su cara. -¡Me has visto luchando y déjame decirte que ahora soy mucho mejor, no me subestimes!
Tienes una lengua demasiado larga. Mujer impertinente.
¡Kagome! ¡Me llamo Kagome, Sesshomaru! ¡Si yo soy capaz de decirte por tu nombre al menos apréndete el mío! ¡Y solo para aclarar, no soy la mujer de Inuyasha! ¡Ya me tiene harta con eso!
Touga ahora si estaba despistado, no podía creer que esa humana estuviera hablándole a su hijo de esa forma y que aun estuviera en una pieza.
Aun estoy esperando la explicación, padre.
¡No me ignores! – Gritó molesta, pero antes de notarlo el demonio la tenía tomada del cuello alzándolo el rostro para verla a la cara. Ella no iba a dejarse intimidar no era la primera vez que Sesshomaru la tenía de esa forma.
Voy a sacarte esa lengua impertinente. – Alzando su otra mano en el aire con gesto amenazante esperó ver su reacción con su rostro imperturbable.
Ell le devolvió la mirada desafiante, con los dientes apretados y tomando su espada de su cintura la elevó apuntando al rostro del mayor. -Suéltame, Sesshomaru.
Los dos, basta. – Protestó Touga apoyando una mano en los hombros de cada uno, más ninguno de ellos volteó a mirarlo con sus ojos fuertemente fijos en los del contrario.
No iba a ceder, no estaba dispuesta a eso, ella jamás le demostró miedo y no iba a empezar ahora y con respecto a mostrarle respeto, pues que ese tipo se lo ganara.
Huh... Nuevamente no sé si eres demasiado valiente o demasiado estúpida. – Habló el inugami menor soltándola y retrocediendo hasta volver a ubicarse tras su escritorio, esperando con semblante neutro la explicación que se merecía.
Sin darse cuenta un gruñido molesto escapó de los labios apretados de sentándose frente al Lord mientras cruzaba sus brazos y tras cerrar sus ojos comenzó a narrar todo desde el principio, desde el momento en que fue llevada al interior de la perla de Shikon.
Touga contó su parte de la historia desde el momento en que encontró a la joven en el bosque, sin obviar para nada el detalle de haber sido confundido con su primogénito y tal vez, solo talvez, exagerando un poquito la desesperación con que la sacerdotisa se aferró a él al pensar que era su hijo, pasando luego por la explicación de la sucesión de sus espadas y confirmando que la tumba que visitaron con la perla negra del ojo de Inuyasha era la de su padre y no la propia.
Antes de darse cuenta habían pasado horas charlando y cuando finalmente todo estuvo solucionado Sesshomaru se levantó de su asiento. -Honorable padre, eres bienvenido a quedarte, la que fue tu habitación aún está desocupada y es mantenida por los sirvientes del castillo asique puedes usarla, mujer… - Giró el rostro para ver a la humana. -Te asignarán una habitación en el ala norte, junto a la de Rin, la cena la servirán pronto. – Avisó abandonando el estudio como si nada.
¡Ah! ¡Maldito arrogante! – Se quejó al ver al hombre irse sin más, pero al quedarse callada escuchó su voz en el pasillo. -Jaken ¿Dónde está Rin? – No podía comprender como alguien tan, tan, tan él, podía ser tan bueno con la preadolescente. -¡Y tú, Touga! – Se giró para señalar al hombre con un edo. -¿Qué fue ese circo? ¡Estás loco!
El general perro solo comenzó a reírse a carcajadas mientras salía de a habitación caminando con parsimonia a su cuarto.
¡Ahhh! ¡Hombres! No importa si son demonios, humanos o hanyou ¡Son todos unos idiotas! – Chilló totalmente fastidiada caminando en los pasillos del castillo, y pronto se dio cuenta que estaba totalmente perdida. -¿Esto es un laberinto o qué? – Luego de dar unas cuantas vueltas sonrió alegre al ver a una demonesa a unos metros de ella. -¡Disculpa! – La llamó, pero pronto se dio cuenta que estaba siendo vilmente ignorada, al finalmente pararse frente a ella frunció el ceño. -Perdona, no quiero molestarte, pero Sesshomaru me dijo que me asignarían un cuarto junto al de Rin en el ala norte ¿Podría ayudarme? Creo que me perdí.
La mujer de rasgos finos y ojos profundamente violetas la miró de pies a cabeza. -No entiendo en qué está pensando el amo para traer una sacerdotisa al castillo.
Endureciendo su expresión Kagome le devolvió la mirada altanera con una totalmente indiferente. -En cuyo caso no es de tu incumbencia las decisiones que toma el lord ¿O preferirías que le informe que estas cuestionando su criterio?
La demonesa entrecerró sus parpados, mirándola fijamente a los ojos y avanzó un paso alzando su mano llena de afiladas garras para apoyarlas en su cuello. -Una humana no va a hablarme así.
Si me tocas, vas a arrepentirte. – Le advirtió con severidad.
¿Qué podría hacerme una sacerdotisa mediocre como tu? Ni siquiera se puede percibir tu reiki. Además, el amo no se molestará porque me deshaga de una humana inútil, la única que puede entrar en este palacio es la pequeña Rin.
Entonces ¿Por qué no me atacas? Veremos si soy mediocre o no. – Muy suavemente el reiki comenzó a fluir, burbujeando contra su piel solo lo suficiente como advertir a la mujer cual sería su destino de continuar.
Impresionada, la youkai alejó su mano de ella y esbozó una sonrisa ladina, mientras relajaba su postura de ataque. -Nada mal, nada mal… ¿Tu nombre?
Kagome Higurashi. – Se presentó, sin bajar del todo la guardia, ciertamente confundida por su forma de actuar.
Mi nombre es Yura. - Se presentó la mujer dejando ver sus afilados colmillos al permitirse mostrar sus dientes mientras sonreía. -El amo Sesshomaru me designó como tu dama de compañía, tienes agallas y con qué respaldarlas, puede que seas humana, pero me agradas. Sígueme, no estamos lejos de su cuarto, estaba esperando a ver si podías llegar hasta aquí por propio pie. – Volteándose comenzó a caminar con parsimonia por el pasillo.
Aun confundida, Kagome la siguió, pero entonces recordó que Touga le había mencionado que los demonios suelen reconocer el poder ajeno y en eso basan su respeto, al menos estaba aliviada de que su dama de compañía ya no la odiara.
Este es su cuarto, él de la derecha es de Rin. – Mencionó abriendo la enorme puerta de pesado roble. Ciertamente la impresionaba que la estructura fuera tan occidental, tan adelantada a su época y tan simplemente admirable. Recorrió rápidamente el cuarto con sus ojos, era sin dudas más grande de lo que espero, en medio del mismo había una bella cama mullida cosa que la obligó a abrir su boca por el desconcierto ¿En serio estaba viendo una cama? No recordaba la última vez que había dormido en una.
Avanzó unos cuantos pasos, notando una puerta y se asomó curiosa a para ver de qué se trataba soltando una ahogada exclamación al ver el baño. Retrocedió un poco y se encontró con las puertas corredizas y al abrirlas una pequeña galería junto a un hermoso jardín la recibieron. -¡Este lugar es… increíble!
Riendo la demonesa se acercó hasta quedar un paso tras la humana. -¿Le gusta su habitación?Enmudeció por unos segundos, no la hacía del todo feliz tener que admitir el buen gusto de Sesshomaru pero ella si era una chica educada y girando sobre sus talones hizo una marcada reverencia. -La habitación es perfecta, por favor hágale saber al amo Sesshomaru que estoy muy agradecida por que me recibiera aquí. – Ay, quería arrancarse la lengua con los dientes.
Puede agradecerle usted misma en la cena. – Respondió Yura. -Si me lo permite entonces, me retiro, vendré a buscarla a la hora de la cena y también a la pequeña Rin.
De acuerdo, muchas gracias, Yura-san. – Vio a la chica salir del cuarto y una vez sola, dejó de contener sus deseos y corrió a la cama, dejándose caer sobre esta mientras frotaba su rostro contra la textura suave y mullida del cobertor ¿Eso era seda? -Ah, esto se siente tan bien. – Susurró embobada con sus ojos cerrados, disfrutado del momento por unos cuantos segundos antes de incorporarse y quedar sentada sobre el borde.
Miró su alrededor por unos segundos, perdida en sus pensamientos y sintiéndose agotada después de las muchas explicaciones que había tenido que darle al orgulloso y frio lord del oeste, pero tan pronto como su mente formulo su nombre su mano izquierda se posó sobre la base derecha de su cuello, sonrojándose hasta la punta de sus orejas.
Había estado tan nerviosa, Touga hacía un par de días le había explicado que esa era una señal de sumisión y respeto de las hembras hacia los machos dominantes una forma de mostrar respeto y presentarse dejando claras las buenas intenciones al hacerlo, aunque en la intimidad de un cuarto, un gesto como ese después de una insinuación por parte del macho era una invitación directa para… Cubriendo su rostro con ambas manos comenzó a negar con su cabeza tan rápidamente que tuvo que detenerse gracias al mareo que se había provocado. -¿En qué rayos estoy pensado? - Se reprochó a sí misma, pero es que, cuando la definida nariz del demonio había rozado su cuello y su respiración chocado contra su piel, por un segundo pensó que se iban a aflojar las rodillas, ni ella sabía de donde había sacado la entereza para mantenerse en pie.
Aquello había sido tan vergonzoso, pero lo peor era que ni siquiera le había molestado realmente permitirle al peli plateado que se acercara tanto.
¿Qué estaba pasando con ella? ¡Seguramente las locas ideas de Touga solo estaban afectando su buen juicio! Además, aunque hubieran aclarado todo lo referente al hecho de que Inu no Taisho estuviera vivo, sentía que Sesshomaru quería hablar con ella de algo más, esperaba estar equivocada solo una o dos veces había logrado "hablar" con el demonio sin disturbios de por medio.
-Bien, ya no pienses locuras, vamos. – Era su primera noche en el castillo, saldría a recorrer los jardines, y alejaría esas locuras de su cabeza.
Continuara. -
