You can't run away from your future

Capítulo 8

Los primeros carteles que señalizaban su destino comenzaron a aparecer en la carretera. "Bienvenidos a Burlington" rezaban.

Peter le dio un pequeño apretón en el brazo para indicarle que el momento de actuar había llegado. El furgón de la compañía acababa de tomar el primer desvío hacia la ciudad, abandonando la 91. Les aguardaba un tramo de varios kilómetros atravesando parajes desnudos de edificios y fábricas, y con poco tráfico.

Peter sujetó a Claire con fuerza y tomando impulso en el aire comenzó a reducir la distancia que les separaba del vehículo hasta que se encontraron planeando sobre él. Con sumo cuidado aterrizaron sobre el techo, haciendo equilibrios para no caer.

Los hombres de la Compañía no parecían haberse percatado de su presencia. Peter se desplazó hacia la parte delantera de la furgoneta y ladeó la cabeza mientras intentaba entrar en las mentes de los agentes para indicarles que se detuvieran, pero la mano de Claire aferrándose a abrigo para mantener el equilibrio, le desconcentró durante unos instantes.

Le tomó la mano para ofrecerle un apoyo y trató de sondear de nuevo las mentes de los hombres de Sylar. Los sonidos de sus pensamientos le llegaron poco a poco, entrecortados e incoherentes, como si estuviera sintonizando una radio, pero a medida que se colaba en sus mentes sus todo le llegaba con más claridad.

Peter se centró en el hombre que iba al volante. Supo que era él porque su atención se centraba en la carretera y en la velocidad. El copiloto se limitaba a mirar por la ventana, con pensamientos demasiado a vagos para cobrar una forma definida.

Apretó las mandíbulas y escarbando más en su mente del conductor, depósito un pensamiento en ella, haciéndole creer que era propio. "Sal de la carretera y detente en cuanto sea posible".

El hombre obedeció y el vehículo redujo su velocidad tan drásticamente que Peter y Claire casi caen sobre el capó. La presión del aire disminuyó sobre sus rostros y su ropa cuando el furgón salió al arcén y finalmente quedó parado.

Claire oyó a uno de los hombres quejarse, pero no estaba lo suficientemente cerca para escuchar lo que decía. Sin pararse a esperar, saltó del techo de la furgoneta y rodó hacia un lado para amortiguar la caída. No es que pudiera hacerse heridas graves, pero los golpes le dolían igualmente.

Sin aguardar un instante, Peter bajó por el otro lado, bloqueando la puerta del conductor. Al verle, a través de los cristales tintados, el hombre trató de poner el vehículo en marcha de nuevo, pero Peter ya tenía su mente atrapada. "Duérmete" le ordenó, y el agente cayó inconsciente sobre el volante. Para cuando su compañero quiso darse cuenta de lo que estaba sucediendo y abrió la puerta para huir, Claire ya estaba esperándole con su glock preparada para escupirle una bala de ser necesario.

Deseaba que fuera necesario. Para ella cada agente de la compañía era su enemigo, cada uno era de un modo otro responsable de la muerte de su padre y de la vida que había llevado. Sin embargo, Peter apareció a su lado en cuestión de segundos y durmió rápidamente al segundo agente como si supiera exactamente lo que Claire estaba pensando.

El hombre trajeado cayó al suelo pesadamente.

Claire y Peter intercambiaron una mirada durante un instante, hasta que escucharon el sonido de la puerta trasera del furgón abriéndose. De pronto dos soldados completamente equipados aparecieron de la nada con rifles automáticos y abrieron fuego antes de que a ninguno de los dos les diera tiempo a reaccionar.

Por simple costumbre o por lo que Ángela le había confiado quizás, Claire se interpuso en la trayectoria de los proyectiles, cubriendo a Peter con su cuerpo. Las balas atravesaron ropa y piel y se hundieron en la carne con un estallido de dolor, pero Claire apenas hizo un una mueca antes de su cuerpo comenzara a expulsarlas lentamente.

En ese momento Peter alzó una mano y los dos agentes se elevaron en el aire, como títeres, chocaron entre ellos y cayeron a unos metros de ellos, inconscientes. Acto seguido Claire notó sus dedos sobre el cuerpo, buscando los orificios de las balas con gesto furioso.

—Eso no era necesario —repuso él, contemplando con acritud como las primeras balas de cobre salían por donde habían entrado y caían al suelo con un tintineo.

—Yo hacía esto cuando tú aún gateabas —repuso ella con una sonrisa postiza.

Peter abrió la boca para decir algo, pero en ese momento Ángela apareció en su campo de visión. Él soltó a Claire para acercarse a tu madre.

—Mamá, ¿estás bien? —preguntó.

Ángela se colocó el flequillo con elegancia, pero Claire notó cierto temblor en sus dedos.

—Me encuentro perfectamente. No hay tiempo que perder, vamos.

Peter y Claire, sin intercambiar palabra, se encargaron de apartar los cuerpos inconscientes de los agentes y los arrojaron en la cuneta cubierta de maleza que se abría donde acababa el arcén.

—¿Cuánto tiempo dormirán? —le interrogó ella, secándose el sudor de la frente con el dorso de la mano.

—El suficiente —aseguró Peter.

Regresaron rápidamente junto a la furgoneta. Ángela ya se había metido en la parte de atrás y cerrado las puertas, así que Peter y Claire siguieron su ejemplo. Él se colocó al volante para poder deshacerse de los guardias de la entrada de la prisión. No se molestaron en robarles sus trajes ni sus identificaciones a los otros agentes: para cuando pudieran verles ya sería demasiado tarde. El poder de telepatía de Peter le abriría todas las puertas.

Claire iba en el asiento del copiloto, sujetando la pistola con el seguro puesto entre las manos. Se sentía ligeramente inútil. Era Peter el que tenía todos los poderes, ella servía para poco más que para ser un escudo humano.

"Eso te vendrá bien para protegerle" se recordó, pero pensarlo sólo logró incrementar su ansiedad. A cada segundo que pasaba, cuánto más cerca estaba su objetivo, Claire sentía que sus nervios se afilaban más y más, ondulándose y enredándose en su estomago como una serpiente de mil cabezas. Se sentía enferma, lo cual era irónico porque no había tenido ni un triste resfriado desde los quince años.

Peter conducía en silencio, concentrado en la carretera y rogando interiormente que todo saliera bien. Aunque nada en su expresión hermética y seria lo hacía presagiar, él también estaba nervioso. No sabía si le asustaba más la perspectiva de fallar o la de tener éxito. ¿Cómo sería el mundo cuando acabaran con Sylar? ¿Volverían las cosas a su sitio? Fuera así o no, lo que no volverían eran las vidas de todas las miles de personas que mató al explotar.

El pensamiento le martilleó en el pecho, acelerándole el pulso, pero Peter luchó consigo mismo para calmarse. Debía concentrarse en lo que tenía que hacer, nada más.

Siguiendo la trayectoria que había leído en la mente del agente de la compañía, Peter giró hacia la izquierda y siguió una solitaria carretera que se abría paso entre un espeso bosque de coníferas hasta que un edificio gris rodeado de una alta valla se vislumbró a lo lejos.

Claire también lo vio. Una elevada muralla de hormigón lo protegía, nimbada con un metro de alambrada electrificada. Enormes puertas franqueaban la entrada a la cárcel que apenas asomaba por encima de su valla de seguridad. Notó el pulso latiéndole en las sienes cuando Peter disminuyó la velocidad y finalmente quedaron parados frente a las puertas. Había un pequeño puesto de seguridad junto a la entrada, regentado por un par de soldados. Los dos se acercaron a la furgoneta sin bajar las armas.

Peter y Claire se miraron, ella sin atreverse a respirar. Entonces él bajó la ventanilla con la cabeza ligeramente inclinada y Claire vio desaparecer la expresión cautelosa en el rostro de los dos hombres sustituida por un gesto neutro e impersonal, como si les hubieran sorbido el cerebro.

—Todo en orden, señor —dijo uno de los soldados, con voz inexpresiva, como la de las operadoras telefónicas. Entonces los dos se dieron media vuelta, entraron en el puesto de guardia y las pesadas puertas de entrada comenzaron a abrirse, deslizándose hacia los lados.

La visión de la cárcel les sobrecogió, un enorme edificio de poca altura, de paredes grises y lisas y sobre todo, sin ventanas. Sólo se veían diminutos ventanucos con barrotes, por los que a duras penas se podían asomar la cabeza de un niño.

Más soldados les salieron al camino con sus trajes reglamentarios, cascos, chalecos antibalas y automáticas, y les hicieron señales con los brazos para guiarles hacia el sótano del edificio, cuya puerta blindada se abría lentamente para permitirles el paso.

Peter y Claire miraban a su alrededor, tensos y expectantes, con la sensación de haber entrado exitosamente en tierra enemiga sin saber si podrían salir de allí. Sin embargo siguieron adelante y tras bajar una pequeña rampa, detuvieron el furgón de una de las plazas de aparcamiento numeradas. Por el retrovisor lateral, Claire vio a una patrulla de soldados acercándose a ellos.

—Peter —murmuró.

—Lo sé —dijo él —Quédate aquí un momento.

Claire iba a protestar pero Peter ya estaba bajando del furgón. En cuanto le vieron, vestido con un chaquetón oscuro, el pelo peinado hacia atrás y la cicatriz atravesándole el rostro, los soldados supieron que era Peter Petrelli, el hermano del presidente, número uno en la lista de los más buscados por la Compañía. Apretaron el gatillo pero Peter cerró los ojos con gesto concentrado y las balas se detuvieron en el aire y se quedaron flotando, como si se hubieran incrustado en una pared invisible.

Sin perder el tiempo, rodeó el furgón y abrió la puerta del copiloto. Claire estaba congelada con una mano sobre el tirador, por supuesto a punto de salir del vehículo a pesar de que él le había pedido que no lo hiciera. No supo si sentirse irritado o halagado, pero tocó la mano de Claire con suavidad, casi con ternura, devolviéndole el movimiento.

Ella dio un respingo al verle tan cerca pero pronto supuso lo que habría sucedido y le lanzó una mirada reprobatoria.

—Odio que me congeles.

Peter sólo esbozó una sonrisa torcida y la ayudó a bajar del vehículo. Claire echó un rápido vistazo al lugar sin soltarle la mano.

—Hay cámaras por todas partes. Deberíamos hacer algo con ellas.

Peter, con una sonrisa irónica, buscó la caja de fusibles más cercana. Cuando la encontró levantó la tapa y quitó la carcasa dejando a la luz un puñado de cables de colores que rodeó con una mano ante la mirada inquieta de Claire. Se concentró unos instantes, recogiendo y apretando toda la energía eléctrica de su cuerpo en un mismo punto y la soltó de golpe, sintiendo la bola de energía fluirle por el brazo hasta la punta de los dedos para descargarse finalmente sobre el cableado. La electricidad que generó su cuerpo se mezcló con la corriente de electricidad del edificio, propiciando una subida de tensión tan alta que las luces del sótano se fueron apagando una a una, a medida que las bombillas estallaban y todo aparato electrónico se cortocircuitaba despidiendo un característico olor a chamuscado.

Peter acababa de inutilizar el generador eléctrico que alimentaba todo el edificio. El sistema de emergencia habría quedado destruido también como consecuencia de la cantidad de voltaje que había descargado a través del cableado. Eso significa que los soldados estarían a ciegas. No había cámaras de seguridad para delatarles y las puertas de las celdas se habrían desmagnetizado.

Sólo un puñado de soldados les separaban de los presos.

—¿Qué hacemos con Ángela? —preguntó ella.

—Estará a salvo ahí dentro —Peter señaló el furgón con la barbilla y miró a los soldados congelados. Por pura precaución movió dos dedos y las armas de los hombres de la compañía salieron volando y se amontaron a sus pies. Después se acuclilló y alargó una mano sobre ellas, derritiéndolas en cuestión de segundos ante la exclamación de sorpresa de Claire.

—¿Hay algo que no puedas hacer? —preguntó con ella con sincera admiración.

Peter sonrió de nuevo con esa sonrisa ligeramente ladeada, como si sonriera sólo con una de las comisuras de la boca, y fue descongelando y durmiendo a los soldados uno a uno, hasta que todos quedaron inconscientes en el suelo. No podía mantener el tiempo congelado eternamente, tarde o temprano tendrían que descongelarlo para sacar a los prisioneros, y entonces los soldados de los que no se hubieran encargando al principio se los encontrarían después.

Mientras tanto, Claire se dedicó a buscar un modo de acceder al piso superior. El ascensor había quedado descartado sin electricidad, pero había unas escaleras. Le hizo señas a Peter para que le siguieran en cuanto acabó con los soldados y los dos subieron sigilosamente al piso superior.

Había otra puerta cerrada que requería una tarjeta de identificación para abrirse, sin embargo, como no había luz, Peter no tuvo problemas para forzarla. Cogió entonces la mano de Claire y ella se le quedó mirando unos segundos, sin respirar, hasta que se dio cuenta de que Peter acababa de volverles invisibles.

No tuvo tiempo para pararse a pensar en ello porque el desconcierto reinaba dentro de la prisión. Había soldados corriendo de un lado para otro, sin soltar sus armas, dando gritos y preguntando qué demonios había sucedido. Nada que fuera con electricidad funcionaba y la única luz que en el edificio era la que se colaba a través de los escasos tragaluces.

Claire se movió con rapidez guiando a Peter. Se había estudiado los planos con detenimiento para situar las celdas. Estaban en los pisos superiores, el segundo y el tercero, así que Claire se escurrió veloz entre soldados y agentes desconcertados, guiando a Peter hasta el siguiente tramo de escaleras.

Otra puerta les cortó el paso al llegar al rellano del segundo piso. Ésta tenía un blindado doble que le dio problemas a Peter. No había ranuras en las que colar los dedos para hacer palanca y la capa de acero inoxidable era demasiado gruesa para tirarla abajo a pesar de su fuerza sobrehumana.

—Plan B —masculló y ante la sorpresa de Claire golpeó con todas sus fuerzas la pared junto a la puerta. Abrió un boquete enorme de un solo puñetazo, atravesando el tabique como si fuera de cartón. Dio un par de golpes más con el puño y luego se ayudándose con el pie, creó un agujero lo suficientemente grande para permitirles el paso en cuestión de segundos.

En ese momento un par de soldados aparecieron por las escaleras atraídos por el sonido pero Peter los lanzó contra la pared con un solo movimiento de mano mientras Claire se colaba por la abertura.

Un agente uniformado le salió al paso aunque Claire se arrojó sobre él antes de que pudiera alertar a sus compañeros. Le quitó el arma de una patada y de otra le envió contra la pared con más rabia de la justificada, disfrutando por una vez de poder participar activamente ella también. Peter apareció a su lado en seguida y los dos barrieron el largo corredor que se extendía ante ellos con la mirada. Un pasillo sin final lleno de celdas con cristales de seguridad y puertas selladas.

Habían llegado hasta los presos sin problemas, pero Claire no se sacaba de la cabeza lo que Ángela le había dicho. El corazón la latía más rápido de lo normal teniendo en cuenta el esfuerzo realizado y no sólo la adrenalina y la expectativa corrían por su venas, sino también un miedo que le espesaba la sangre haciendo que se acumulara en sus sienes y mareándola ligeramente.

Peter también sentía una especie de urgencia como si presintiera que Sylar andaba cerca. Le dio un suave apretón a Claire y acercó a la primera puerta de seguridad. Todas tenían el mismo blindado que la puerta anterior así que Peter decidió probar suerte con los cristales. Dentro de la primera celda había una mujer pelirroja que le miraba con una mezcla de esperanza y desconfianza. Claire le hizo señas para que se apartara del cristal y ella obedeció retirándose a una de las esquinas de la celda y protegiéndose con el destartalado camastro que era el único mobiliario del lugar.

Peter apretó las mandíbulas y lanzó un puñetazo. El cristal resistió el primer asalto y desgarró sus nudillos, pero él descargó otro golpe que con un crujido hizo estallar la superficie. A la tercera la mampara se deshizo en pedazos.

Pero Peter no se quedó a dar más explicaciones y se fue a por la siguiente celda mientras Claire se ocupaba de atender a la pelirroja.

—¿Quiénes sois? —le preguntó la mujer, acercándose con cautela a su inesperada vía de escape.

Claire lo pensó un momento y esbozó una sonrisa débil.

—Amigos. Hemos venido a sacaros de aquí. Hay soldados en la planta de abajo pero las cámaras de seguridad no funcionan. No hay luz en el edificio. Ayúdanos a liberar a los demás, ¿quieres? Cuantos más seamos más posibilidades tendremos de salir de aquí.

La mujer asintió y tomó la mano que Claire le ofrecía para saltar por la ventana. Mientras tanto Peter acababa de reventar otro cristal a costa de machacarse la mano que se regeneró rápidamente mientras iba a por la siguiente celda.

Claire y la pelirroja se acercaron al preso que acababa de ser liberado por Peter. Un hombre mayor y canoso, con aire enfermizo y mirada triste. No parecía aliviado, ni contento por su rescate, sino profundamente asustado. Cuando Claire se acercó a la ventana, él se encogió en una esquina y se cubrió el rostro con las manos, mirándola entre las rendijas de sus dedos.

—Hank —le llamó la pelirroja con dulzura —No tengas miedo, han venido a ayudaros. Vamos a marcharnos de aquí.

Hank tembló un poco al escuchar la voz de la mujer y Claire la miró con interrogación, preguntándose qué le habían hecho a ese hombre para que se encontrara en ese estado.

—Mataron a su mujer —susurró la chica a modo de explicación —Tenía el poder de cambiar los estados de ánimo. Intentó utilizarlo para escapar de aquí con su marido pero les encontraron y…

No hizo falta que acabara su frase para que Claire se imaginara lo que había sucedido. De pronto un tipo alto y negro apareció junto a ellas, haciendo que ambas dieran un respingo. Venía de la celda contigua a la de Hank y saltó por la abertura sin decir palabra, aterrizando sobre los cristales rotos. El hombre tembló al oír los crujidos del cristal pero el joven negro se arrodilló junto a él y le puso una mano en el hombro, reclamando su atención. Cuando Hank le vio, sonrió suavemente, como un niño, y se dejó guiar por su compañero fuera de la celda.

Poco a poco el pasillo se fue llenado de gente con poderes, vestidos con ropa sencilla y gris, a juego con las paredes. Había más de una docena de ellos libres cuando los soldados comenzaron a aparecer procedentes del piso inferior. Los prisioneros se encargaron de ellos con facilidad. Las armas no podían con la pirokinesis, telekinesis, la habilidad de hacer desaparecer aquello cuanto tocaban y muchos poderes más.

Claire buscó a Peter entre el caos, más preocupada por perderle de vista que por los soldados. Había llegado al final de pasillo y sólo quedaban tres prisioneros en sus celdas, impacientes por salir. Peter acababa de forzar el antepenúltimo calabozo cuando la luz volvió con un chasquido seseante. Sólo era el sistema auxiliar, pero las luces de emergencia se prendieron a lo largo de todo el pasillo. Las puertas eléctricas se activaron de nuevo así como las cámaras de seguridad que no se habían fundido.

Como si esa fuera la señal de ataque, los soldados, vestidos de negro de pies a cabeza y armados hasta los dientes inundaron el pasillo de tiros y gritos, pudiendo acceder ya por la puerta principal y por los ascensores.

Pero no era eso lo que paralizó a Peter y le puso en tensión, rígido y alerta. Era la sensación de que Sylar estaba en el edificio. Lo notaba en el aire, como si de pronto estuviera cargado de una energía dominante y negativa.

Claire no quería perderle de vista, pero al mismo tiempo no podía permanecer impasible ante la masacre que estaba teniendo lugar. Hank yacía en el suelo, sangrando por un hombro y había un número creciente de cadáveres, amigos y enemigos, que caían a cada segundo en medio del fragor de la batalla.

Quizás no tuviera un poder que le permitiera librarse de ellos con sólo chascar un dedo, pero Claire podría proteger a los demás. Así que se colocó en primera línea de tiro, procurando interceptar todas las balas que podía con su cuerpo, hasta que estuvo lo suficientemente cerca de un soldado para desviar la trayectoria de su automática. Forcejearon y Claire logró derribarle con una patada en la entrepierna acompañada de un buen codazo en la mandíbula. Cuando le dejó fuera de combate, cogió rápidamente su metralleta y descargó toda su munición sobre los atacantes, que retrocedieron lentamente.

—¡Apártate! —le gritó una voz de mujer, pero a Claire no le dio tiempo a hacerlo antes de que la pelirroja lanzara una llamara de fuego en dirección a los soldados. Sintió la quemazón en la piel y las capas de epidermis corroyéndose, pero no dejó de disparar hasta que su cargador se quedó vacío.

De alguna manera la pelirroja había logrado levantar un muro de fuego entre la gente con poderes y los hombres de la compañía, un muro de llamas que trepaban por las paredes y lamían el techo, dejando un rastro de saliva negra. Los soldados seguían disparando aunque no pudiera ver su objetivo, así que Claire cogió impulso y se lanzó hacia el otro lado.

Aterrizó en el suelo, chamuscada y manchada de sangre, propia y ajena, a tiempo de ver cómo todos se retiraban, salvo la pelirroja, que mantenía las llamas con gran esfuerzo. Estaba claro que no podría aguantar mucho más así.

—¡Tenemos que irnos! —le gritó Claire por encima del sonido de las llamas, la metralla y los gritos de confusión.

—Márchate tú —respondió la mujer, cubierta de transpiración —Yo ya no puedo salvarme.

—Sí puedes.

Para demostrárselo, Claire metió una mano en el chorro de fuego que la mujer no dejaba de lanzar. La piel se enrojeció y finalmente se quemó despidiendo un olor desagradable, pero en cuanto Claire la retiró del centro de calor, volvió a regenerarse hasta quedar blanca y tersa como si no hubiera pasado nada.

Ella le miró con los ojos muy abiertos, comenzando comprender.

—Cuando cuente hasta tres, echa a correr en línea recta. Yo iré detrás de ti y te cubriré.

La mujer pareció dudar y Claire leyó en sus ojos azules que estaba muerta de miedo pero no quería morir. Al final asintió rápidamente y la joven inició la cuenta atrás.

—Una, dos y… ¡tres!

La pelirroja bajó las manos y el fuego dejó de fluir de ellas en el acto y se consumió en cuestión de segundos, como si ya no tuviera nada que prender. Pero su creadora ya estaba corriendo hacia el final del pasillo seguida de cerca por Claire.

Los disparos fueron inminentes. La joven los sintió atravesándole el cuerpo y desequilibrándola ligeramente en su carrera, sin embargo no se detuvo y siguió incansable a su compañera. Llegaron al final del pasillo y giraron hacia la derecha. Claire contuvo el aliento al descubrir que los presos que habían liberado no eran ni una quinta parte de los que debían quedar allí. Un nuevo corredor lleno de celdas se extendía ante ellos, plagado de gente con poderes aporreando los cristales y clamando por ser liberada.

—¡Tenemos que sacarles! —balbuceó Claire sin resuello.

—Sé quién puede —dijo la otra, sin parar de correr —Jake, el chico que ayudó a Hank. Él habla con las máquinas, hacen lo que quiere que hagan. Ahora que vuelve a haber electricidad podría ordenar que todas las celdas se abrieran electrónicamente. Sólo tenemos que encontrarle.

Sus últimas palabras activaron una nueva reserva de miedo oculta en el cerebro de Claire. No sólo había perdido de vista a Jake y a todos los demás, sino que tampoco había rastro de Peter.

Las palabras de Ángela resonaron en su cabeza como si ella estuviera a su lado, recitándoselas al oído. "Si te separas de Peter morirá, lo he visto".

El impacto de la revelación fue tan grande que Claire casi se dobló en dos de pura angustia. Sólo tenía que hacer una maldita cosa y había fallado hasta en eso.

Miró a todas partes con desesperación, esperando encontrar su figura enfundada en un abrigo negro oculta en cualquier rincón. Pero el pasillo estaba desierto. Peter no estaba allí.

Y no tenía ni idea de cómo encontrarle o de si aún seguía vivo.


Y aquí está la acción prometida. He logrado escribir el siguiente capítulo también y ya le queda muy poquito a la historia. Calculo que finalmente tendrá 11 capítulos, a no ser que me extienda más de la cuenta. Mil gracias por paciencia y como siempre, se agradece saber que estáis ahí :)

Con mucho cariño, Dry.

PD: ¿Habéis visto ya el final del Volumen 5? ¿Qué os ha parecido? A mí me ha encantado!