Capítulo VIII
Permanecía estoico, mirando en todas direcciones, menos a ella. La aperlada y blanca piel de su espalda, la suavidad de su respiración y el inusitado sentimiento que albergaba en su interior estaba torturándolo. Tomó el vaso de whiskey del escritorio y continúo bebiendo a pequeños sorbos, sopesando sus acciones.
Una locura. Él había deseado tenerla desde su primer reencuentro y técnicamente así había sido. Estaba a su merced. No obstante, se sentía vulnerable ante su presencia. Ella estaba agotada y no tardó mucho tiempo en caer rendida en la cama, mientras que él, no tenía el valor de meterse en el mismo sitio.
—¿No dormirás? —escuchó el murmullo de su voz.
La única prenda que lo cubría era un bóxer y deslumbró en su mirada curiosidad. Era la imagen más erótica. Su cabello rubio se extendía por las sábanas como una cascada, mientras sus ojos apenas se abrían con lentitud de querer cerrarse de nuevo. Sonrió y se acercó a ella.
—¿Acaso tienes frío?
—¿Acaso no estás cansado? —cuestionó al sentir un beso sobre su hombro.
—Me extrañas en la cama, dilo más claro—dijo recostándose a su lado.
Espero su respuesta, pero ella se limitó a sonreír y cerrar los ojos. Apretó sus labios por semejante remolino de sensaciones ridículas. Eran gestos tan insignificantes que no valía la pena ni siquiera mencionarlos, pero no podía evitarlo. Ella seguía gustándole bastante.
—¿Qué?...
—Me recuerdas al personaje de un libro—dijo mirándolo fijamente—Recio a dormir con sus amantes. Dominante…
Sonrió y se acercó aún más a ella.
—Espero que no me estés comparando con el tipo que yo estoy imaginando.
—¿Cómo podrías saberlo? No he hecho énfasis a ninguna referencia —susurró al sentir su mano acariciar su espalda.
—Escuché que deseaban hacer la película, así que es bastante recurrente en la fantasía de muchas mujeres —respondió sarcástico—¿Acaso lo es también para ti?
—No—negó suspirando por sutil contacto de sus dedos—Pero me ofrecieron el rol protagónico. Leí ampliamente el guion.
—¿Y? —murmuró cerca de su boca—Te estoy evocando al protagonista, señorita…
Tomó presa su labio inferior y lo mordió con gentileza, con una sensualidad que lo agarró desprevenido.
—Un poco.
—¿Un poco? —repitió divertido e intrigado por su conducta —¿Quieres que te ate y te dé unos azotes?
—Atrévete y te corto tu miembro—le dijo molesta.
No se preocupó de reír abiertamente, cuando miró en ella ese dejo de reproche en su rostro. Tomó su mentón y dejó sobre sus labios un esporádico beso.
—Ahora veo por qué no te quedaste con el papel, no eres una buena sumisa, Kyouyama.
—Yo no quería el papel.
—Pues….—dijo apresando su muñeca y recostándose encima de ella—Con gusto puedo hacerte un casting, preciosa.
Pronto sintió su peso sobre ella y se sobresaltó del arrebató que tenía al sujetar ambas muñecas por sobre su cabeza, mientras su nariz rozaba su frente.
—¡Suéltame!
—Oblígame—mencionó suavizando el agarre, acercándose a su oído—Aunque voy a confesarte algo…tu actitud me prende demasiado.
Sus ojos se centraron en la exorbitante sensación que estaba provocándole con unas simples palabras.
—Oblígame…
Soltó un poco de aire y sus labios comenzaron a besar su mejilla, buscando desesperadamente su boca, aun con la resistencia que ponía de por medio entre ellos. Hasta que el contacto fue inevitable. Y lejos de ser una distracción, aquella danza parecía encenderse con presteza. Su desnudez lo extasiaba y no podría saber si resistiría demasiado sin apartar la sábana de su cuerpo y saciarse de ella hasta el hastío.
Esperaba cualquier cosa, incluso que lo mordiera para alejarlo, pero lejos de tornarse violento, percibió la suavidad de su boca. Anna aminoraba la velocidad y pasión de aquel tórrido encuentro entre sus labios. Soltó su boca y su frente tocó la suya. No sabía a qué obedecía aquel impulso, pero sus ojos buscaban desesperados aquellos orbes color miel.
—No soy tu sumisa, no lo seré—dijo tomándole su mejilla—Y nunca lo he sido.
—Lo sé…—murmuró agitado cuando ella osara delinear con la punta de sus dedos sus labios—¿Por qué estás tan suave?
—Porque tú estás muy agresivo—respondió besando su mentón—Extraño hacer el amor contigo.
Sintió su mano acariciar su espalda desnuda y el simple contacto había causado en él un inusual castigo. Cerró sus ojos, percibiendo perfectamente el trazado de sus huellas. Su corazón le dolía, podía sentir una opresión en su pecho tan grande que no se sentía con el valor de verla a la cara. Hacer el amor, rara vez lo tildaba de esa manera, casi nunca.
Pronto, comenzaron a llegar recuerdos, apabullándolo con promesas, sorpresas que tenía preparadas para ella aquel día. Sucesos que no se llevaron a acabo. Mordió sus labios con fuerza. No era cualquier cosa, no era un vínculo que se quebrara de la noche a la mañana.
—¿No quieres, hacer el amor conmigo? —cuestionó al verlo pensativo.
—Tú jamás dices que hagamos el amor, Anna—contestó mirándola fijamente—Para ti era un jódeme.
—¿Y para ti? ¿Qué era, Hao?
Ambos. Desgraciadamente, ambos. Y no había día que no maldijese que fuera tan… buena haciéndolo sucumbir a su lujuria y también a una recóndita ternura, que experimentaba cada vez que la tenía a su merced.
—Yo te jodía, Anna. Te jodía con amor—pronunció serio.
El sólo escucharlo provocaba en ella una mezcla de sentimientos extraña. Su mirada, tratando de parecer desafiante, tenía un ligero destello de dolor que no pasó desapercibido para ella, mientras sus dedos acariciaban su cabello castaño.
—Entonces, jódeme… jódeme con amor—le pidió con suavidad.
—No…Odio tu ternura, Anna—confesó cerrando un puño, sorprendiéndola en el acto—Prefiero a la maldita engreída, caprichosa y ególatra que en realidad eres.
—¿Por qué? —cuestionó ofendida.
—Porque ésa eres tú—demandó lamiendo sus labios—Dame a la fiera que llevas dentro, quiero a ésa mujer.
—No está—respondió rodeando su cuello—Sólo está disponible la mujer amorosa.
—No me viene bien….—dijo incorporándose.
Poco le importó lo que pensara de él. Sentía unas tremendas ganas de romper algo, lo que fuese, pero quería estallar de la adrenalina que contenía en su cuerpo. Anna observó la duda carcomiéndole, en especial con la rapidez con que él se colocaba el pantalón.
—¿A dónde crees que vas? —cuestionó extrañada.
—Lejos de ti—espetó molesto—Lejos de tu maldita manipulación.
—¡Yo no estoy manipulando a nadie! —exclamó furiosa—¡Tú querías que te aceptara, ¿no?! ¡No es eso lo que me estabas rogando…!
—¡¿Rogándote yo a ti?! Tú querías que te tomara, querías que te quitara la calentura, Anna. Yo no te estaba rogando por nada—dijo tomando con brusquedad su camisa—Respecto a lo otro, sí, quiero intentar algo contigo, pero no me creo tu sarta de mentiras. Deja de verme la cara, cariño.
Tomó lo primero que tuvo a su alcance y se lo arrojó. No tuvo la delicadeza de ver qué objeto había sido, ni siquiera le importaba que la pared se viera abollada por el cristal. No le importo. Lo único que maldecía era la habilidad de ese malnacido para esquivar su ataque.
—¡Eres un idiota, Hao!
—Bien, bien, excelente—dijo aplaudiéndole—Ésa es la mujer que me viene más, la que es sincera y no se anda con estupideces de por medio, la otra, querida. No me interesa. Ya me engañó una vez y dos veces no me va a ver la cara de estúpido, sólo por dejarme envolver en su ternura y fachada de mujer necesitada de cariño y comprensión.
—Eres un imbécil.
—Sólo te digo la verdad.
—No, no me estás diciendo ninguna verdad—dijo señalándolo—Sólo estás demostrando lo que yo ya sé.
—Y qué sabes.
—Que eres un maldito miedoso. Estás ofuscado—mencionó entre dientes, mientras apretaba con fuerza la sábana que la cubría—Ante la más mínima muestra de afecto sincero, te apabullas, corres. Eres peor que un niño llorón.
Apretó un puño y quiso perforar él mismo la pared. Ultimadamente, tenía que valerle sorbete lo que su ex esposa pensara de él, pero no, Anna estaba dándole en un punto medular y en la razón de su venganza. Sin embargo, controló el súbito descontrol y se limitó a tomar la salida más cercana.
—¡Vete al diablo, Anna! —exclamó tomando el picaporte de la puerta.
—¡No, tú vete al diablo!
No quiso tentar su suerte una vez más y salió antes de que la lámpara fuera a terminar estrellándose en su cabeza. Sin embargo, ella tenía un mar de sentimientos al respecto, el primero y más fuerte, la impotencia. Tenía unas ganas tremendas de
—Imbécil, poco hombre—respondió volviéndose a recostar.
Y golpeó el colchón.
—Contrólate, Anna, contrólate…—le pidió a su subconsciente que bramaba furioso por seguirlo y golpearlo hasta el cansancio—No pierdas el control. No ahora…
Sólo que la inclemencia en su interior estaba llegando al límite. En buena hora había desechado ampliar la casa, en buena ocasión. Golpeó el barandal y continuó caminando hasta el dormitorio principal, donde ni siquiera se molestó en tocar. Saty se sobresaltó por la intromisión y notó sorprendida, que aquel hombre no tendría ningún miramiento por echarlos de la habitación.
—Levántate—le ordenó molesto.
—Pero…
—Dije que te levantes, yo dormiré con él—indicó sacándose la camisa.
Pero ella seguía inmóvil, sin saber qué reacción tener al respecto.
—Es una orden, Saty—repitió imponente.
Suspiró y bajó de la cama. Esperaba todo, menos que ella no llegara a dormir y con mucha menor probabilidad, esperaba que quién llegara para ocupar su lugar fuera él. Apenas dio un par de pasos fuera de la habitación, cerró de golpe la puerta.
No eran horas prudentes de llegar. Observó el reloj en el corredor y marcaban las tres de la mañana. Quizá Hana no notara la diferencia, pero en cuanto despertara se preguntaría por ella. Exhaló cansada. Sabía de antemano toda la frustración que Anna llevaba cargando sola desde su separación. Lo sabía, porque había sido la única persona del servicio privado que la seguía desde entonces y lo afirmaba, él había huido como un cobarde en medio de la tempestad.
—Hagas lo que hagas, Saty, si decides seguirla, no volverás a poner un pie aquí—le indicó Kino—Lo que hizo a mi nieto, no tiene nombre. Es una mala mujer.
La anciana había sido radical en el asunto y sin contemplaciones había sacado a la calle hasta la última de sus pertenencias.
—Esto es humillante—reiteró al ver cómo sacaban maletas y objetos personales de la rubia.
—Es lo que ella se ganó. Tenía todo y lo echó por la borda.
—Y cómo puede seguir indiferente, aun sabiendo que es hija de un hombre tan importante. Él, la encargó a su cuidado.
—Él, desapareció hace muchos años—agregó marchándose—Y más te vale, no decir ni una palabra. Para ti y para todos, Anna es una huérfana, que vivió de nuestra caridad muchos años.
Abrió la puerta de su habitación y apartó su cabello de su rostro. Lamentarse ya era muy tarde, en especial cuando continuaba cubriendo la mentira de Kino. Pero él tenía todo para apoyarla, antes de que aquella batalla campal comenzara desde la gestación de Hana. Sin embargo, se había negado a todo contacto. Ni una llamada, ni un mensaje, nada. Él, simplemente, había dado por zanjado el asunto.
—Debemos alejarnos—pronunció preocupada—Por el bien del niño y el de ella.
Apenas podía creer su molestia. Abrió el armario, no le sorprendió ver toda la ropa de Anna colgando de cada habitáculo. Bastaba con ver lo enorme de su guardarropa para que comprendiera otra de las razones por las que no quería abandonar la casa. Sin embargo, había una parte que aún le correspondía a él. Dudaba mucho que hubiese metido su narices en sus cajoneras y así había sido.
Por lo menos su ropa deportiva seguía ahí. Tomó el primer pantalón que consideró cómodo y comenzó a desvestirse. Cuánto hubiese deseado terminar la noche de otra manera, cómo deseaba regresar en la cama y hacerla rogarle de nuevo para que la jodiera.
—Sí, claro, para que me manipule de nuevo—ironizó molesto, mientras regresaba a la habitación.
Hana dormía junto a muchas almohadas a su costado y abrazaba un estúpido osito que reconoció de inmediato. Era el favorito de Yoh. Su hermano siempre había querido uno desde niño, por lógica, ahora el niño lo tenía por deseo de su padre. Maldijo el instante en que ambos se conocieran. Era ridículo considerarlo en aquel momento, pero ahora sabía que sus conjeturas no eran del todo ridículas.
La extraña mezcla de los genes de su hermano y de Anna estaba recostado a su lado. El pequeño suspiraba y retomaba el abrazo a su muñeco. Tenía que admitirlo, el bastardo era lindo cuando dormía. Sonrió con ironía y apartó los mechones rubios de su frente, limpiando así las pequeñas gotitas que se acumulaban en su frente, dadas las condiciones climáticas.
—Déjame verte bien…—dijo al acariciar su rostro con mayor atención
Finalmente, no era un gran hallazgo, podía notarlo a simple vista, pero el parecido le abreviaba en su pecho un gentil sentimiento hacia él.
— Sin duda has heredado la apariencia de tu madre—dijo casi con ternura.
No era normal que pronto comenzara por aceptarlo. Apenas tenía unos días de conocerlo y en lo referente a él, era el estigma que cargaba Anna como el señuelo de su infidelidad. Era el estandarte de su vil engaño. Resultaba un poco ilógico, pero no podía negar que sentía un poco de apegó hacia él. Suspiró y se acomodó a su lado, meditando, observándolo.
— Me preguntó… cómo hubiese sido la mezcla de nuestros genes.
Suspiró resignado y aun con todo el peso que significaba, abrazó al niño. Hana sintió casi en inmediato el toque. No era usual que alguien lo tocara al dormir, él detestaba el contacto, especialmente porque percibía el calor de los demás. Su madre no solía hacerlo a menudo, a menos que él lo demandara de ese modo. Talló sus ojos y miró de reojo la figura a su lado.
—¿Pa...pá? —cuestionó al verlo, quizá no con tanta fijeza, ya que sus ojos se abrían con esfuerzo.
—Sí—afirmó acariciando su cabeza—Duerme.
Sonrió y giró su cuerpo para abrazarlo con una mejor postura. Hao se sorprendió por el gesto, en especial cuando se acomodara y dejara de lado el osito que Yoh había enviado para él.
—Papá…—susurró antes de cerrar los ojos de nuevo.
El sentimiento fue inusitado, no estaba del todo seguro si podría acostumbrarse a escucharlo. No era su hijo, era su sobrino y eso lo sabía de antemano. Sin embargo, si quería ser objetivo, quitarle el niño a su hermano era lo mínimo que se merecía. Besó su frente y se recostó de mejor modo.
—Tú también vas a odiarme—mencionó besando su frente—Tarde o temprano.
Y de algún modo, todo tenía sentido. No bastaba con tener un excelente guion, sino que jugaban a su favor factores más allá del aspecto creativo. Horo Horo estaba aprovechando la mala fama de Anna y la sobriedad de Ren para generar morbo alrededor de su producción. Tenía buenos asesores de mercadotecnia y una estrategia bastante ingeniosa para ahorrar costes en la promoción.
De continuar con la racha abrasadora, terminaría por ahogar su proyecto. Tenía una trama interesante y un elenco de clase elitista, no cualquiera tenía a cuatro, así que razones para luchar había muchas. No estaban en el ojo público, pero sí que llegaría lejos cuando al menos hubiesen cubierto el setenta por ciento de la producción.
—¿Problemas con los números? —cuestionó Tamegoro al verlo sumergido en los papeles.
—Un poco, un poco—admitió sonriéndole.
Colocó la taza de té en el escritorio y se sorprendió de verlo avasallado de documentos.
—Tenía mucho que no veía esto de esta manera—aludió levantando la taza que le había llevado con anterioridad.
—Lo que pasa es que el año pasado, sólo venimos a completar un documental, no era tan complicado—dijo en un suspiro—Esta vez sí es algo grande, algo que no hacía desde aquella película por la que ganó el premio de la academia.
—Suena bastante grande.
—Lo es—escuchó una tercera voz.
Luchist no traía un semblante alentador, menos cuando dejara sobre el mueble un contrato.
—¿Qué es esto? —cuestionó extrañado Diethel.
Miró al hombre del servicio, a quien cortésmente le había pedido que se retirara y los dejara solos.
—¿Y bien?
—Le ganamos la partida a Usui—dijo confiado— Arreglé algunos detalles dentro de la producción y hablé con el distribuidor. Adelanté la fecha de estreno, lo haremos antes que ellos y en verano. El problema es…
—¡Es muy apresurado, no tenemos tanto tiempo y no sé si vamos a cubrir los tiempos de entrega, Luchist!
—Para ganar, tienes que arriesgar, Lyserg.
—Pero no de esta manera—aludió preocupado—Hao casi termina el guion, pero falta grabar muchas escenas. Demasiadas. Y la locación…
—Arreglé eso también.
Observó preocupado los lineamientos y de una cosa estaba seguro.
—A Hao no le gustará nada lo que hiciste.
Por supuesto que no estaba molesta, estaba furiosa. No sólo había dormido poco, tenía la impresión de que no podría controlarse si lo veía de nuevo en el plazo de las próximas doce horas. Lo quería lejos, tan lejos como se pudiese. Su orgullo se sentía herido, no iba a negarlo, pero también comenzaba a calarle en el ámbito emocional, recordando las razones que tenía para ignorar su existencia.
—Bien, fingiré que no me importa—dijo abriendo la puerta de su habitación—No, no tengo que fingir, él no me importa.
—Señora Anna…
—Saty, pensé que aun dormías—dijo extrañada—Y que dormías con Hana.
—Dormía con Hana—aseguró cuando ella entró a la habitación y dejó de lado su mal genio—Bien, no me pareció prudente venir a media noche, no quería despertarte.
Las tres de la mañana si quería ser más precisa.
—Sí, realmente no fue necesario—dijo tentándose a darle la noticia antes de que ella fijara su vista en la cama, pero ella había pasado directamente por el corredor para llegar al armario.
Abrió la puerta y buscó el vestido blanco que tendría que usar para el evento. Le cargaba ser muestrario de ropa de diseñador, pero qué opción tenía, era un acuerdo lucrativo que Horo Horo había adquirido para promover aún más la película. El corte en su pierna, abierto su totalidad del lado izquierdo le daba una apariencia sumamente sensual a la prenda que se ceñía a su cuerpo con recelo.
—¿No es demasiado caluroso para mangas tan largas? —cuestionó al ver la prenda.
—Son holgadas y los hombros están descubiertos. Además, la tela es lo bastante ligera. Como un buen vestido de playa.
—Demasiado llamativo.
—Es la idea—dijo recogiendo las sandalias color piel del suelo—Bien… iré a bañarme, pero deberás bañar a Hana en tu habitación, porque no quiero llegar tarde al evento y necesito que entren antes que yo. No quiero ni pensar que Horo Horo podría usarlo de referencia para generar más expectativas.
—Pero, señora…
—No importa, son más de las nueve de la mañana. Conmigo no se pondrá tan quisquilloso—argumentó dejándole toda su vestimenta en sus manos.
Sin embargo, no esperó verlo ahí, envuelto entre las almohadas y cobijas con su hijo abrazándolo. Se sorprendió y hasta en cierto sentido, la imagen le causó un horrible estremecimiento.
—Señora Anna, traté de decirle. Él entró ayer en el la madrugada y me sacó de la habitación. No pude impedírselo.
Mordió sus labios, cómo podía ser tan atrevido.
—Él me ordenó…
Respiró agitada. Sin embargo, pudo mirarla bien de reojo.
—Prepara el desayuno de Hana. Nos iremos en una hora y media…
—Pero…
—Se bañará conmigo, haz lo que te digo—le indicó de inmediato.
—Sí, señora—asintió marchándose.
Y bien, si él decía que odiaba su lado tierno, ella también aborrecía el suyo. Bastaba con ver a ambos, abrazados, compartiendo la cama para sentirse extasiada. El castaño incluso tenía una expresión serena. Nada comparado al gesto despectivo de unas horas atrás. Muy ajeno del odio que tanto destilaba cada vez que ponía en entredicho las palabras que no podía expresarle.
No quería sentir afecto por él. No quería, pero Hana no estaba facilitándole las cosas. Suspiró y se acercó a su hijo. El modo en que se había aferrado a su playera, le evocaba demasiado las pocas ocasiones que la buscaba por un poco de calor, pero que en este clima la deseaba lo más lejos posible. Observó su frente sudorosa y cómo a pesar de todo eso, se apegaba a él.
—No te encariñes, Hana—susurró acariciando su cabello—Es un bastardo. Él sólo busca lastimarnos.
Aunque, pudiera pensar que contra él no tenía tan malos sentimientos. No creía que de la noche a la mañana hubiese olvidado que era el hijo de su hermano, pero viéndolos juntos, tampoco pondría en duda el encanto de su hijo para conquistar el corazón de su tío.
–Hana...
–Pa..pá.
¿Qué había dicho? Frunció el ceño, cuando entre sueños seguía repitiendo aquella palabra.
—Hana, despiertan repitió la rubia con un poco más de volumen.
–No. Papá–repitió arrugando su rostro y cerrando un puño en la playera del castaño.
Al diablo con su padre, tenía que hablar seriamente con Mannoko para dejar zanjado el tema. La sola mención de Yoh le hacía rabiar y no era para menos cuando Hana lo decía con tanto sentimiento.
—Hana Kyouyama, despierta ya.
–Oye.. No necesitas hacer tanto escándalo–escuchó la voz de Hao.
El hombre la miraba sereno, mientras trataba de arrebatarle al niño de su lado.
—¿Desde cuándo estás despierto?—cuestionó molesta.
—Desde que le contabas que soy un bastardo—dijo acariciando la mano de Hana para que soltara su playera—De mí parte está bien, pero no me gusta que te expreses con el niño de esa manera.
—No hay otra forma de decirte. Y creo que a la larga, va a entender porqué su tío es un bastardo.
–Bien, en eso te equivocas. Su tío no es un bastardo, pero él sí lo es, es un pequeño bastardito.
—Eres un...—cerró el puño para golpearlo cuando Hana giró a verla un tanto confundido.
—¿Mamá?
Talló sus ojos un tanto desorientado al escucharlos hablar. Tanto él y ella emitían sonidos algo fuertes como para que él siguiera durmiendo tranquilamente.
—Sí, mamá quiere que te despiertes ya—dijo besando su frente—Ya. Arriba, te tienes que bañar.
—No bañar. No—se negó rotundamenre,cruzando sus brazos—No quiero.
Hao sonrió y casi rio al ver el rostro rojizo de la rubia. Estaba conteniendo un gran grito, podía notarlo.
—Sí te vas a bañar y será ahora mismo.
—No...—dijo casi con tristeza al ver la determinación de su madre.
Y giró su rostro hacia él, en una acción que sin duda no esperaba.
—Papá, no. No bañar—pidió mirándolo con desolación.
Ocultó su rostro en su ropa y se apegó a él con más fijeza. Demonios, el pequeño bastardo sí que era un gran estratega. Percibió en Anna una gran confusión. No podía ocultarla y él no sabía qué expresar al respecto cuando Hana hablaba y lo nombraba una ybotra vez de esa manera.
—¿Cómo carajos acaba de llamarte?
Alzó el ceño, incorporándose un poco.
–No, papá–continuó el niño abrazándolo.
—Pues...creo que es más que obvio, me llama: papá—mencionó tranquilo.
Pero Anna no tenía ya ni un gramo de paciencia. No se tentó el corazón y aun con la desesperación de Hana, lo arrancó de su lado. Ni delicada, ni suave. El niño comenzó a llorar mientras su mirada seguía fija en él.
—Escuchame bien, Hao Asakura—dijo furiosa—Conmigo puedes meterte, yo puedo aguantar tus imbecilidades, pero no voy a permitir que juegues con mi hijo. ¡De ninguna manera voy a permitir que le hagas daño!
El castaño se levantó con el mismo mal genio.
—¿Y me puedes explicar de qué manera voy a lastimarlo? No me atrevería a hacerle daño al bastardo.
El llanto de Hana se acrecentó, pero qué podía hacer. Suponía que ya debía tenerle alguna leve consideración a Hao como para que sintiera presión al verla gritarle, pero qué podía hacer, debía ser clara y sacarlo de su vida de una vez por todas.
—Haciéndole creer que eres su padre—dijo desafiante—¡Usurpando el verdadero lugar de tu hermano! ¡Porque si algo va a tener bien claro mi hijo es que su padre es Yoh Asakura, no tú!
Hana se removía entre sus brazos, hasta que no tuvo más remedio que dejarlo en el suelo, por temor a que cayera y no pudiese evitarle el golpe. Tomó su mano, pero el niño simplemente la rechazó. Se desprendió de ella y caminó decidido, apresurado y a paso firme hacia él.
—No, Hana—pronunció enojada.
—Papá...—le llamó tratando de serenarse, mientras él se debatía en un duelo de miradas con Anna.
Finalmente, se agachó y recibió al niño en un paternal abrazo, mientras el niño aun sollozaba en su regazo. Podía sentir la agitada respiración de su pequeño pecho y limpió los rastros de lágrimas en sus ojos. Vaya, hasta tenía el mismo tono que ella. Maldito parecido que no hacía más que ablandarle el corazón.
—Papá...
—No, Hana, él no es tu padre.
—No lo soy—suspiró cargándolo—Pero si él quiere que lo sea, lo seré, Anna. Así te pese a ti o a mi hermano.
No podía siquiera asimilarlo, no cuando Hana se aferraba a él con una auténtica devoción. Tampoco podía culparlo, de alguna manera Hao representaba para él una figura masculina, que por razones poco ortodoxas no había tenido en su vida. Manta los frecuentaba a menudo, pero no tenía la misma presencia que el Asakura.
—No…—negó acercándose a ellos—He dicho que no. Tú menos que nadie puede ser su padre.
—¿Por qué? —cuestionó acariciando la espalda del niño que miraba con cierto temor a su madre—Anna, es mejor que te calmes.
—¡No! —exclamó frente a él—¡No puedes venir de buenas a primeras y pretender que entre los dos no ha pasado toda la mierda que ha sucedido! ¡No puedes! ¡He dicho que no!
—Cálmate—repitió molesto—Estás asustándolo.
Su mirada se desvió a los ojos vidriosos de su hijo. Y maldecía internamente que estuviese en medio de todo. No podía soportar ver en sus ojos ese reflejo de medio. Apretó un puño y lo dejó ir con toda su frustración acumulada. Encima ya estaba retrasada y aún tenía que bañarse.
—Bien….—dijo mordaz—Pero puedes irte al demonio, lo dije desde el primer momento. Eres su tío, no su jodido padre.
—Bien—dijo mirando al niño, que lo miraba confundido—Hana, yo no soy tu papá. Soy tu tío.
—Papá—repitió el menor abrazándolo del cuello.
Tomó un poco de aire. No debía perder la paciencia de nuevo, era un niño, no estaba comprendiendo la realidad y encima estaba en su época caprichosa. Bien… quizá podía hacer unas excepciones, quizá, lo estaría considerando dependiendo las circunstancias.
—Bien, lo intenté.
—En qué maldito momento se te ocurrió decirle que eres su padre, Hao. Hasta donde yo sé, odiabas al bastardo.
Hana se sobresaltó y giró a verla confundido.
—¿Qué? —cuestionó la rubia al ser objeto de la molestia de su propio hijo.
Lágrimas en los ojos, un gesto dominante y que no le agradaba en nada la mención. Bueno la verdad no duele, pero incomoda. Cruzó sus brazos y rivalizó con su mirada.
—Resulta que el bastardo y yo somos familia. Así que quiera o no, le tengo una ligera muestra de aprecio—dijo con un suspiro—¿Te molesta si lo baño yo?
—¿Tú? ¿ Bañarlo? ¿Ligera muestra de aprecio?—cuestionó extrañada—¿Acaso lo quieres ahogar en la bañera?
—Bueno, pues si gustas bañarte con nosotros…
—¡Eres un pervertido!
—Y tú una madre que está muy buena—dijo recorriéndola sin ningún pudor—Más que buena.
Esta vez no se contuvo y soltó un puñetazo en sus costillas. Naturalmente le dolió y se dobló ligeramente por la punzada. Sin embargo, Hana no se quedó quieto y golpeteó al aire para alejarla.
—Shu, mamá. Shu.
—Nada de shu, mamá. Eres un traidor, Hana—se quejó la rubia al verlo acurrucarse en los brazos del castaño.
—Pues ya lo oíste. Shu, mamá—repitió el Asakura bajándolo al suelo—En fin, podemos ser civilizados y me puedes entregar sus cosas de baño, o vamos a perder el tiempo discutiendo sobre una paternidad obligada. Porque déjame decirte, que yo le dejé en claro que Yoh era su padre, no yo. Él se aferró a la confusión y bueno, creo que difícilmente lo vamos a poder sacar del error.
—Eso crees tú—espetó enojada, mientras tomaba de la silla la toalla y algunas prendas que había seleccionado para el niño—De cualquier manera, dudo que aguantes ser el padre de Hana más de una semana.
—Pruébame…
—No necesito probarte—dijo tendiéndole todos los aditamentos—Me rompiste el corazón cuando te fuiste, pero acabaste conmigo el día que Hana nació. Ese día, te vi en el cunero, vi cuando lo cargaste—mencionó mirando al niño que abrazaba su pierna con sincero afecto— Y lo dejaste llorando. Entonces supe, que tú nunca, nunca, podrías ser un padre para mi hijo, Hao. Así que, deja de mentirte, aunque todos den por hecho que es tuyo, tú… no podrías con la carga que significa ser padre. Y sinceramente, yo no quiero que lo hagas.
Pero tenía el valor de llevar una rosa pequeña. Sabía que su esfuerzo valía poco la pena cuando su gran rival era precisamente su ex marido. Dudaba mucho que significara lo mismo para ella, llevaba conociéndola unos meses y calificaba su actitud bastante retraída. No era común que la viese compartiendo tiempo con más personas fuera de su grupo selecto.
—¿Todo listo? —cuestionó Horo Horo palmeando su espalda—Tienes que verte muy natural con ella.
—¿A qué te refieres con muy natural? —preguntó al verlo algo nervioso.
—Hao nos adelantó con la fecha de estreno, se fue al verano.
Y ellos salían hasta octubre, pequeño y minúsculo detalle.
—¿Piensas adelantar la fecha? —interrogó calmado al verlo algo tenso.
—No me convendría, hay algunas escenas que aún tenemos que rodar en China y también en mar—describió tanteando la situación—Yo creo que con ustedes dos promocionando de la forma en que lo hemos hecho es suficiente, aunque no se ven lo suficientemente complementados.
—¿A qué te refieres con eso?
—Ustedes dos han salido, pero falta que alguien los vea con el niño—dijo bebiendo un sorbo de limonada.
Bien, ahora comprendía las razones que tenía para invitarlos a un desayuno con algunas personas importantes. No era gratis y no era sólo para socializar, sino para quebrar el hielo con el niño. Y aunque para Usui fuera parte de su plan de mercadotecnia, a él le venía bien de algún modo. Una buena manera para abordarla.
—Bueno, parece que ya ha llegado—anunció codeándolo.
Salió de su ensoñación cuando vio llegar a la rubia. Hana caminaba delante de ella. Saty iba detrás de él, pidiéndole ir a un ritmo mucho más lento. En sí, el hecho llamó la atención, especialmente por lo glamuroso que se veía el pequeño a pesar de su baja estatura. Sonrió sin poder evitarlo y acrecentó su sonrisa cuando Anna se acercara a saludarlo.
Besó su mejilla con lentitud, como solía hacerlo a menudo en público. Cerró los ojos, percibiendo el aroma a violetas del perfume que le había obsequiado meses atrás por su cumpleaños y posó una mano en su espalda baja.
—Tardaste mucho—le susurró al oído.
—Problemas caseros—respondió alejándose lo suficiente de él—No te recomiendo tener un niño tan caprichoso como el mío.
Miró de reojo al pequeño rubio. Su viva imagen, de eso no tenía la menor duda.
—Sí, que es orgulloso—comentó de buen modo.
—No lo conoces, es peor de lo que se ve—respondió separándose al instante para buscar con la mirada a Horo Horo—¿Y Usui?
No tenía la menor idea, momentos atrás estaba a su lado.
—No sé—se sinceró y su mirada recorrió la bien ataviada figura
Sus piernas y también su cabello ondulado le gustaban bastante y resaltaban tan bien con aquella exquisita prenda.
—Vaya, luces esplendorosa.
—Gracias—volvió su vista a él.
Su camisa blanca abierta en los dos primeros botones y su pantalón color beige combinaba a la perfección con su atuendo. De hecho era una fórmula perfecta si deseaba interactuar con él de forma tan armónica. Incluso miró a Hana y vestimenta tan parecido a Tao.
—¿Pensaste lo que hablamos ayer? —cuestionó al verla abstraída.
—No tengo una respuesta, ya te dije… mis prioridades son otras—mencionó posando una mano en su pecho—Además, tengo muchos problemas en mi vida, no quiero sumar uno más.
Observó su palma reposando en su tórax y besó su frente mientras la acercaba aún más a él.
—No quiero, ni pretendo ser una molestia en tu vida.
—Sí, lo sé—apremió mordiendo sus labios—Sólo quieres acostarte conmigo y plantear de mejor modo la escena de sexo.
Sonaba bastante simple viniendo de ella. No era así como lo había planteado en su mente, después de todo, siempre había sido alguien bastante atractiva a su vista. Entrelazó sus dedos y alzó el ceño, un poco incrédulo de su postura tan estoica.
—No me cabe la menor duda de que haremos una muy buena escena, Anna. Pero lo que tengo en mente, se queda corto con la película.
Se extrañó con sus palabras, particularmente cuando comenzó a caminar y la llevaba de la mano. Parecía su pareja y no se sintió incomoda al ser abordada por algunas personas, mientras él contestara casi todas las inquietudes que surgían a raíz de su romance veraniego.
—Pensé que la química se quedaba en el set de grabación.
—No entre nosotros, vamos… muy en serio—respondió con confianza.
¿Muy en serio? Ni siquiera sabía qué pasaría el resto del año. No con el peligro constante de los Asakura acechándola todo el tiempo. Resultaba extenuante. Llenar trámites, acudir a juzgados, responder a la prensa. Mentir. Ni siquiera el ambiente romántico de la playa podía relajarla totalmente. Ni siquiera su hijo persiguiendo una pelota en la arena. Seguía molesto con ella. Pero qué tremenda estupidez había tenido Hao al mencionarle a Hana la palabra papá.
—Demonios…—vociferó en voz alta.
—¿A quién maldices? —preguntó interesado, al verla tensa.
—A nadie. No importa…
—Es por el asunto legal de Hana—señaló al rubio que los observaba con cautela.
Había sentido su mirada antes, pero no con tanta atención como ahora.
—El asunto legal de Hana siempre es un problema para mí.
—Quizá… yo podría ayudarte.
Suspiró con pesadez.
—¿En serio? Y qué podrías hacer tú para librarme del problema.
—Quizá…—dijo tomando su mentón con decisión—Yo podría reconocer a tu hijo como mío. Y hablo… muy en serio.
Continuará….
N/a: Y finalmente lo acabé. Después de tanto querer escribirlo, me ha salido algo acorde a lo que buscaba. Un poco más largo que el anterior, espero que les guste y que lo disfruten. A mí me divirtió en algunas partes y sí, me gusta hacer referencias de cierto libro medio porno, pero no tanto. Gracias por sus comentarios, siempre es bueno escuchar sus opiniones y bueno… seguimos avanzando, espero ya no tardarme tanto con los siguientes capítulos.
Agradecimientos especiales: angel, DjPuMa13g y Minamo.
