Buenos dias! :D

Espero que os guste este nuevo capítulo... ;)

Los personajes pertenecen a la señora SM, la ida de olla es sólo mía...

Muchas gracias a todos por leer y añadir a favoritos.

Y mil gracias más por sus reviews a DraBSwan (mil gracias nena por recomendar la historia ;)), anouscha, Anaidam, Gatita Swan, Nurymisu y Suiza19.

Hasta la semana que viene!

Capítulo 8:

Caminaba por la calle desierta a esas horas de la noche.

No le había dolido el golpe… lo que le había dolido era ver así a su mejor amigo. Llevaba dos años sin hablar con él… ¿pero qué es lo que había hecho? ¿Por qué se había comportado así? Estaba convencido de que nunca pagaría el daño que había sembrado a su alrededor. Su familia, sus amigos… ellas…

Cuando llegó su madre aquél día el estaba estudiando en su habitación. Escuchó como subía rápidamente las escaleras y se encerraba en su habitación dando un portazo. A la media hora llegó su padre.

— Mamá abre la puerta, te estoy escuchando llorar. – Hablaba con la oreja pegada a la puerta mientras golpeaba ésta con el puño.

— Déjame a mi hijo – su padre traía la cara descompuesta daba la sensación de que se había vestido deprisa y corriendo.

Edward le miró y le dejó hacer.

— Abre Esme, déjame que te explique – llamaba a la puerta del cuarto insistentemente. Sólo se oían sollozos al otro lado.

— Papá que ha pasado – no le miraba a la cara; su padre siempre lo arreglaba todo… ¿qué había pasado?

— Esme por favor – las lágrimas se agolpaban en sus ojos – abre… hablemos – susurraba contra la puerta.

Un ruido de algo que chocaba contra la pared les hizo dar un salto. En menos de un minuto Esme estaba abriendo la puerta de un tirón. Se plantó frente a Carlisle y le cruzó la cara.

— Tienes una hora para recoger tus cosas. Voy a estar abajo mientras tanto; no quiero verte, no quiero oírte; solo quiero que te marches, que me dejes en paz, que te olvides de que existo. — Esme no gritaba, sólo susurraba las palabras mientras otorgaba a su mirada todo el odio que sentía hacia aquél que era su marido. Intentó no rozarle cuando cruzó la puerta camino del salón.

Edward veía la escena con los ojos como platos… sus padres… la pareja ideal… eran felices. Se adoraban, desbordaban amor y respeto cada vez que se miraban. Menos mal que Alice no había visto la escena.

— Papá… ¿qué ha pasado?

— Yo… — tragó en seco

— Mamá, está desecha… ¿Qué-ha-pasado? – decía mientras apretaba la mandíbula.

Entonces se lo contó.

Esme al ir a buscarle por sorpresa se encontró a Carmen y él haciendo otras cosas distintas a trabajar precisamente. No entró en detalles, no hizo falta.

En ese mismo momento se cayó un mito. Su padre siempre le había parecido un ejemplo a seguir. Era guapo, muy guapo, pero nada vanidoso. Era inteligente y estaba totalmente entregado a su familia y a su trabajo. Jamás hubiera sospechado que su padre engañaba a su madre, jamás.

Cuando su padre dejó de hablar. Se metió en su habitación y no salió hasta el día siguiente. Bajó a la cocina y se encontró a Esme con la misma ropa del día anterior, sentada en la cocina mirando por la ventana. Tenía el pelo revuelto y unas ojeras que hacían intuir una noche en vela. Pero se le rompió el alma cuando vio a Alice tirada en el suelo junto a sus pies. Su cabeza descansaba en las piernas de su madre y ella le acariciaba suavemente la cabeza.

Nunca jamás se había sentido así. Una rabia desconocida para él empezó a tomar forma. Cogió las llaves del coche que había dejado en la mesita y salió de la casa como alma que lleva el diablo. No se dirigía a ningún lugar… simplemente se dejó llevar.

En menos de media hora había llegado al Northwest Hospital y esperaba en el aparcamiento con las manos agarradas al volante. Otra oleada de rabia le impulsó a salir del coche y entrar en el hospital. Iba con la clara intención de partirle la cara a su padre…

Pero mientras esperaba en la puerta de su despacho, el jefe de policía Swan apareció de la nada.

— ¡Hola muchacho! – dijo Charlie mientras se quitaba el sombrero.

— Hola – Edward no le miró. Seguía concentrado en la puerta.

— ¿Sabes si está dentro el Doctor Cullen? – Sonrió el policía.

— Ni idea – mantenía el ceño un tanto fruncido.

— ¡Ah!... pues qué bien… ¿y vas a estar ahí plantado mucho rato?

— …. – casi ni parpadeaba.

— Ya veo ya; de pocas palabras ¿eh? – Charlie daba vueltas a su sombrero en las manos – admíteme un consejo... Si no has entrado ya a decir lo que sea no lo hagas; puede que no estás preparado para hacerlo.

Edward le miró fijamente; los ojos castaños de aquel policía le sacaron del trance.

— Gracias – susurró y se dio media vuelta.

— Esta juventud – murmuró un Charlie confundido mientras llamaba con los nudillos a la puerta de Carlisle.

Sin darse cuenta, perdido en sus pensamientos había llegado a la puerta de su casa. No sabía si entrar… seguro que Emmet le había dejado marcado; de hecho le dolía a rabiar toda esa zona. Tendría que dar explicaciones.

Notó una mano en el hombro.

— Yo también me lo estaba pensando – susurró Carlisle a sus espaldas. – Pero realmente me apetece entrar. Aquí fuera hace fresco – quitó la mano del hombro al ver que su hijo no se movía.

— …

— Hijo… mírame por favor – Carlisle había estado viendo a su hijo muy a menudo, pero no como él quisiera. Cuando llegaba le pedía dinero, para una chupa súper cara, o un coche nuevo, o un portátil… y él accedía; siempre le daba lo que quería. Se sentía en la obligación de contentar a su hijo. Se sentía tan culpable.

Los hombros de Edward se movieron indicando que estaba llorando y su padre no lo aguantó más. Le dio la vuelta y lo abrazó con todas las ganas del mundo; necesitaba el calor de su gente. Llevaba solo demasiado tiempo. Edward le devolvió el abrazo y se abandonó; las lágrimas ya caían sin control "joder, no puedo parar de llorar". Se separó un poco para mirar a su padre a los ojos, pero no vio lo que quería.

— ¡Por dios Edward! ¿¡Qué te ha pasado!? – exclamó Carlisle mientras sujetaba la cara de su hijo entre sus manos inspeccionando los daños.

— Nada papá…

— ¿Qué hacéis fuera? – Esme salió al oír las voces y ahogó un gemido cuando vio la cara de su hijo – ¡Edward! ¿qué ha pasado?… entrar a la casa por favor; vais sin abrigar.

Una vez dentro miró a Alice a los ojos pidiendo ayuda en silencio. Cosa que ella captó al instante; en menos de dos frases había hecho que Edward se fuera solo a su cuarto y que sus padres esperaran en el comedor mientras ella terminaba de preparar la cena.

Edward entró en el baño y se miró al espejo. La fuerza del puñetazo de Emmet había provocado que casi le partiera la ceja. Tenía todo el pómulo al rojo salpicado con algunas gotas de sangre y el párpado empezaba a amoratarse. Levantó su mano y se tocó con la yema de sus dedos; ahogó un gemido y pensó que se lo tenía merecido; era lo menos… entendía a su amigo. Entendía el golpe "tendría que ir de rodillas en penitencia a algún templo o algo…" pensaba mientras se lavaba la cara.

Se miró a los ojos en su reflejo y las imágenes volvieron como si de ayer se tratase.

Tras no haberle podido partir la cara a su padre decidió que todo le daba igual. Hizo algo que estaba muy visto por generaciones y generaciones de humanos… ahogar sus penas en alcohol.

La mala suerte hizo que Rosalie apareciera en el peor de los momentos… o en el mejor pensó en ese caso.

— Edward… ¿qué haces aquí sólo? ¿Y tu amigo Em? – preguntó la rubia interesada claramente en Emmet y no en él.

— ¿Y qué más da Rose? – dio otro trago a su cubata.

— Vaya parece que por aquí no están las cosas muy allá – Rose se sentó al lado de Edward y levantó la mano para que el camarero la viera – lo mismo que mi amigo por favor.

Edward se la quedó mirando. Realmente esa chica era guapa, tenía un tipazo y llevaba puesta una camisa que hizo que perdiera demasiado tiempo recreándose en una zona en concreto "Quieto, toro. Que Em lleva detrás de ella meses". Pero llevaba demasiado alcohol en las venas como para que realmente le importara.

Rosalie miraba a Edward con cierta reserva; el chico no estaba mal… "¿dónde estará el musculitos de su amigo?" pensaba mientras apuraba el cubata casi de un trago. Llevaban tonteando meses, "¡meses! Estoy más salida que el pico de una mesa; a lo mejor es que no le gusto y ya. Preferirá a otra". La rubia se perdía en sus pensamientos negativos mientras pedía la segunda.

— ¡Ey! Tú no estás mucho mejor ¿no? – preguntó Edward levantando una ceja – ¿mal de amores?

— ¿Es tu caso?

— Nope

— Sin explicaciones ¿eh? – Rose optó por ser directa — ¿Estás esperando a Emmet?

— No creo ni que sepa donde estoy. Hoy tocaba partido.

Rosalie se excitó sólo de pensar en Emmet saliendo de la ducha tras ese partido, secándose el pelo, con una minúscula toalla atada a la cintura "estoy fatal..."

Dos horas y tres copazos después, Edward y Rosalie llegaron a la etapa de la exaltación de la amistad. Se cogieron ambos de la cintura y abandonaron el bar dando tumbos; una neurona de Rosalie que permanecía sobria aconsejó a Edward que no cogiera el coche.

— shhhno shtoy borracho Rose…

— jajaja….ssi lo estás … llevabas dos copash más que yo… Vamosh a mi casha.

Y allí fueron… dando tumbos hasta el apartamento de la rubia que estaba a un par de calles. Lo malo pasó cuando llegaron allí.

Rosalie llevaba meses de celibato esperando a un Emmet que no llegaba; Edward sólo había estado con una chica en el instituto y de eso hacía demasiado tiempo… siempre pensó en entregarse por amor y no sólo por sexo. Pero después de ver el ejemplo de su padre; de ver a su alrededor. Algo cambió en su cabeza… algo hizo "clic" y enloqueció.

Miró a Rose a los ojos con deseo y se acercó a ella. La chica le miraba de hito en hito pensando que si él empezaba ella no tendría las fuerzas necesarias para parar. El alcohol, la ansiedad que sentía en ese momento provocaron que Edward perdiera el norte en ese preciso instante. Se acercó a la chica sin apartar la vista de sus rosados labios; ella mientras tanto empezó a respirar agitadamente… y se dejó llevar.

Ambos se abalanzaron a la vez sobre los labios del otro; ambos manosearon sin control las curvas del otro. Edward arrancó los botones de la camisa de Rose mientras ella no perdía el tiempo quitándole sin miramientos los pantalones. El miembro de Edward, duro contra el calzoncillo dejó paralizada a una Rose más que necesitaba. Se mordió el labio y no se lo pensó más. Miró a Edward con lujuria; mientras él apretaba sus pechos sobre el sujetador y lo llevó hasta el sofá. Le quitó los calzoncillos sin delicadeza ninguna y le sentó. Ella se puso de pie frente a él y se fue desnudando hasta que quedó con un minúsculo tanga de encaje blanco.

Cuando terminó de ver la escena su dureza ya llegaba a cotas insospechadas y palpitaba demandando atención; era hermosa. "Perfecta; qué piernas… que pezones" Empezó a tocarse ansioso por seguir con el placer que estaba sintiendo.

Rosalie cuando le vio quitó la mano de un manotazo se colocó de rodillas entre sus piernas. Cogió su polla con una mano y con la otra empezó a masajear sus testículos. En menos de un segundo se la metió en la boca y el gemido de Edward rompió el silencio de la noche. Bajó la mano hasta la raíz provocando que la dureza de Edward aumentara aún más si era posible; haciendo presión en la base y trazando círculos con la lengua sobre el glande.

En la gloria; así se encontraba en ese momento. Cogió las manos y las dirigió a la rubia cabellera para marcar el ritmo… pensó que como siguiera así se correría en su boca; y no quería hacerlo. La separó y la tumbó sobre la alfombra. Se terminó de desnudar viendo como Rosalie se daba placer introduciendo su mano por el tanga y acariciando su clítoris mientras él terminaba de prepararse. Sacó un preservativo de la cartera que no sabía si estaría ya caducado o qué y se lo puso; presionando en la punta y desenroscándolo por toda su largura.

Rosalie estaba deseosa de sentirlo dentro; y él no se hizo esperar demasiado. Estaban más que preparados. Él se ocupó de quitarla la única prenda que le quedaba; la abrió de piernas y pasó su mano por sus pliegues para comprobar el estado en el que se encontraba su amiga; "empapada" pensó y sonrió de lado provocando que Rose jadeara; cogió su miembro y lo colocó en la entrada de la chica empujando con sus caderas al mismo tiempo.

Ambos contuvieron la respiración y después jadearon al sentirse así. Edward la besaba con pasión mientras bombeaba en su interior, una vez y otra, y otra. La mordía el labio, bajaba con suaves mordiscos por su cuello; se sentía tan bien dentro. Hacía tiempo que no follaba… "qué desperdicio" pensó el chico mientras se dejaba llevar por oleadas de placer.

A Rose no le gustaba permanecer pasiva, a pesar de que ella también apretaba su pelvis desde esa posición, necesitaba más. Se giró sobre sí misma y se colocó a horcajadas sobre Edward… sacó su miembro y lo volvió a meter de un golpe; casi saltó sobre él. Provocó un movimiento serpenteante de modo que su clítoris friccionaba sobre el pubis de él. No iba a tardar mucho más; notaba cada vez más las venas del chico en su interior. Así que aceleró; botó con más intensidad provocando que sus pechos se movieran al mismo tiempo.

Edward veía a Rose moverse, sus tetas, su estómago plano… parecía una modelo; colocó las manos primero en sus caderas para ayudarla en sus movimientos; pero en cuanto empezó a botar decidiendo que quería terminar cuanto antes, se encaramó a sus pechos pellizcando sus pezones. Con un brazo la enganchó de la espalda provocando que se tumbara sobre él; el cambio de posición favoreció a que la rubia llegara al orgasmo presionando la dureza del chico, el cual no tardó en dejarse llevar por la tensión que sentía en sus genitales.

Ambos ahogaron un sonoro gemido en los labios del otro; pensando que ya estaban bien. Que todo se había resuelto satisfactoriamente; permanecieron tumbados sin moverse mientras recuperaban el aliento. Estuvieron así unos minutos, abrazados. Ella apoyada en el cuello de él. Él haciendo extrañas caricias en la espalda de ella. En paz… Pero una cara sonriente enmarcada por dos hoyuelos asaltó las conciencias de ambos, casi a la vez.

Una semana después había perdido la estabilidad familiar, a su mejor amigo y había destrozado a una pobre Rosalie que había huido de allí, sintiendo que había traicionado a Emmet.

Se dedicó a vivir la vida, a ligarse a todas las chicas que le llamaran la atención por algo. A acostarse en la primera cita; se sabía guapo. Nunca había sido engreído, pero sabía cómo conquistar a una mujer; y explotó sus armas durante dos años. Dos años de cama en cama, satisfaciéndose. Procurando no sentir nada más que placer… y ahora estaba pagando las consecuencias.

No se había dado cuenta de que seguía de pie, en el baño, con la cara magullada. Se miraba y se sentía sucio… de la noche a la mañana había cambiado todo. Pero se recuperaría. Lo tenía que hacer. Su padre era muestra de ello; estaba abajo, esperando, intentando recuperar aquello que perdió por un error… "un error lo puede tener cualquiera ¿no?"... el problema es que él había ido encadenando uno tras otro.


Espero que os haya gustado este capi. Había pensado... como la historia ya está escrita os dejaré un adelante del siguiente capítulo. ;)

EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO...

Llevaba media hora sentada en su coche, mirando a través de la luna delantera la entrada de urgencias. Quizá si le viera salir no tendría que enfrentarse a algo que no quería… encontrarse con ella. Pero parecía que el destino no estaba de su lado tampoco en esta ocasión.

Esme bajó del coche, se estiró la falda, se colocó la chaqueta del traje y cogió su bolso del asiento trasero del Audi. Miró su reflejo en las lunas tintadas y practicó un gesto sereno. Un pinchazo en el corazón la dijo que debía mantenerse en calma. Inspiró aire y lo expulsó lentamente.

Cruzar las puertas de ese hospital hacía que recordara, como si no hubiera pasado el tiempo, la escena que provocó su separación.

Ese día sintió algo raro… llevaba una semana sin ver apenas a Carlisle; las guardias le estaban consumiendo. Decidió ponerse guapa e ir a recogerle a mediodía… así él no tendría que conducir.

Cuando se encaminó a la recepción buscó a Carmen con la mirada, la jefa de enfermeras, para saludarla, pero no la encontró. Siguió por el pasillo hasta los despachos y se paró frente a la puerta correcta. No sabía qué hacer… ¿esperaba fuera? ¿O entraba para darle una sorpresa?