viii. Alturas
"¿A dónde vamos, exactamente?", preguntó Sakura.
Sakura estaba en el auto con Syaoran al volante, en camino a Dios sabe dónde. Ella protestó al principio, alegando que ya era tarde y debía regresar a casa; pero finalmente aceptó la mano que Syaoran le ofreció y se dejó llevar. Le había hecho la misma pregunta varias veces, y la respuesta era la misma.
"Ya lo verás"
Es fácil decir eso si no eres tú quien está dentro de un auto con rumbo desconocido, pensó. "Esto es algo aterrador"
Syaoran solo rió, para frustración de Sakura. Ella frunció los labios, pero no pudo contener sus palabras. "¿Siempre tratas de provocar a la gente o simplemente te sale natural?"
"Solo contigo", se burló y la alagó a la vez. Syaoran estaba muy entretenido.
Para su sorpresa, Sakura tuvo que reprimir su sonrisa, pero no le funcionó. En cambio, bajó la cabeza, para que él no tuviera la satisfacción de ver que le causó gracia. "Te lo agradezco. Sé que he sido una molestia, pidiéndote tantos favores, y ahora te he arrastrado a mis problemas personales también–"
"¿Por qué siempre estás disculpándote? Aprecio que seas agradecida y todo eso, pero soy una buena persona. Hago lo que puedo por las personas, no es una obligación. Yo me ofrecí, yo quiero hacer esto"
Sakura lo observó por unos momentos, sin saber qué decirle. Sus palabras fueron tan casuales, normales y agradables que ella supo que Syaoran Li estaba convencido de que eran verdaderos amigos, sin importar lo que ella sintiera sobre su relación.
El silencio se apoderó del auto, y Sakura se tomó el tiempo de mirar por la ventana a los alrededores, para al menos saber hacia qué dirección estaban dirigiéndose, con la esperanza de aclarar un poco el misterio. Se encontraban en el centro del distrito financiero, lo cual le pareció sopresivo. Estaban rodeados por rascacielos y edificios llenos de vidrios que reflejaban los colores del cielo de la tarde.
"¿Estamos yendo a una reunión de negocios?", preguntó Sakura, admirada y curiosa.
Syaoran resopló. "Perdería toda mi credibilidad como artista si arrastrara a alguien como tú a una reunión de negocios"
"¿Qué se supone que significa eso?", se enfadó Sakura y le dio una suave palmada en el brazo.
"No está bien atacar al conductor, ¿sabes?"
Los ojos esmeralda de Sakura miraron con enojo a Syaoran. Su mirada se endureció cuando él empezó a reír, y no pudo evitar regañarle. "¿Qué es tan divertido?"
"Te enfadas fácilmente", le dijo mirándola por un instante. "Ni la mitad de las palabras que te digo son en serio, pero es divertido ver tu reacción"
No pudo seguir enojada con él cuando lo vio sonriéndole de nuevo. Sintió su corazón latir con fuerza y oyó un ¡Para!¡Para!¡Para! salido de algún rincón de su mente. No estaba segura si ese ruego era para Syaoran o para ella misma.
"Bien, ya llegamos", dijo estacionando el auto en una plaza reservada al costado de uno los edificios más grandes de la cuadra.
Sakura miró hacia arriba y reconoció ese edificio en particular; aunque nunca había estado tan cerca, podía verse a varios metros de distancia. Era el edificio de Publicaciones Hiragizawa, adornado en la cima con una inconfundible pirámide forrada de vidrios que lanzaban rayos de luz dorada por toda la ciudad en la noche. Ella soñaba con trabajar en alguna de las revistas que esa compañía manejaba.
"¿Qué hacemos aquí? Ya cerraron por hoy", dijo Sakura, con la cabeza estirada observando el edificio.
"¿Podrías por una vez no preguntar nada y esperar para ver? Ni que tuvieras mejores lugares donde estar o algo así"
"¿Y tú como sabes eso?", ella gruñó. Syaoran se dirigió a la parte trasera del edificio y Sakura renunció a su queja para seguirle.
Lo observó perpleja mientras él sacaba una llave y abría la salida de emergencia, dando paso a una escalera iluminada. ¿Cómo es que tiene acceso a este edificio?, se preguntó.
Como si hubiese leído su mente, Syaoran finalmente empezó a darle algunas pistas de lo que hacían ahí. "La familia Hiragizawa es muy cercana a mí. Eriol es mi mejor amigo"
Los ojos de Sakura se abrieron como platos y su voz estaba llena de admiración cuando habló. "¿Eres amigo de Eriol Hiragizawa?"
Syaoran detuvo su subida por las escaleras para voltearse y levantar una ceja mirando a Sakura. "Estoy tratando de que mi ego no se lleve lo mejor de mí ahora, pero, ¿realmente me estás diciendo que no habías oído nunca de mí antes de conocerme y sin embargo eres fan de alguien tan sombrío como Eriol?"
Sakura se quedó sin aliento, ofendida. "¡Él no es sombrío! La compañía de los Hiragizawa es uno de los lugares de trabajo más soñados para un periodista en Asia, y Eriol es el siguiente en la línea para manejarlo, así que he leído mucho sobre él..." Se sonrojó y miró hacia a un lado.
Él la observó con curiosidad antes de que una conclusión se formara en su mente. "Oh, Dios", entrecerró los ojos. "No me digas que eres una de sus alocadas fans. No es que él tenga muchas fans, pero cuando las hay, siempre están locas. Y créeme, yo sé de locuras"
"No soy una fan loca", le contestó indignada. "Está perfectamente dentro de mi derecho estar interesada, ya que tiene que ver con mi profesión. Y, además, la única cosa que podría hacer a una persona más famosa que ser el heredero de una compañía como la de los Hiragizawa es ser un atractivo heredero, ¿no es cierto?"
Syaoran rodó los ojos antes de continuar subiendo. "Como digas"
Sakura rió y siguió al gruñón cantante unos escalones más hasta que llegaron a una puerta que los llevó a un pasillo principal de lujo y de una elegancia impecable, a pesar de que estaba vacío y a oscuras.
"Suena como si estuvieras algo celoso", bromeó antes de mirar a su alrededor maravillada por los altos techos, el piso de mármol, las plantas ornamentales y los caros adornos. El pasillo era incluso más largo que el de la mansión de Tomoyo en Tomoeda.
"¿Celoso de qué?". Syaoran presionó un botón llamando al elevador sin molestarse en esperar a Sakura.
Sin protestar, aunque tenía muchas ganas de ello, Sakura corrió a través del lugar para alcanzarlo. "De que finalmente hay alguien que no te conoce a tí pero sí a tu mejor amigo", contestó mientras entraban al elevador.
"Por favor, no te halagues a ti misma", murmuró. Presionó el botón que indicaba el último piso.
"Ahora sí, ¿podrías al fin decirme a dónde vamos?"
El único sonido que se oyó fue el indicador del elevador al cerrar las puertas porque Syaoran se limitó a levantar un dedo a la boca en señal de silencio. Sakura lo miró con algo de molestia.
Él rió. Ella parecía una niña.
Llegaron al último piso en silencio. Sin decir una palabra, Syaoran llevó a Sakura a través de un corredor con piso de mármol y abrió una puerta lateral que llevaba a otra escalera. Sakura sabía que si preguntaba de nuevo no obtendría nada, pero la frustración y la curiosidad estaban invadiendo su mente. En el preciso momento que pensaba decirle que no le importaba cuál era su sorpresa y que se quería ir a casa, Syaoran abrió una puerta y la cruzó, indicándole que haga lo mismo.
Su boca casi se cae hasta el piso ante la belleza frente a sus ojos.
Estaban en el techo del edificio de Publicaciones Hiragizawa, parados debajo de la pirámide y mirando el flameante cielo iluminado sobre las miles y miles de calles de Tokio.
Extasiada, Sakura se dirigió lo más posible al borde que pudo, sin poder contener una gran sonrisa en su rostro extasiado.
"El atardecer es en diez minutos", le reveló la voz de Syaoran desde atrás.
Sakura giró para mirarlo y amplió su sonrisa. "¡Esto es espectacular!"
Él le regresó una media sonrisa y caminó hacia ella. Avanzó un poco más y se sentó en una barandilla, colgando las piernas fuera del borde hacia el vacío, y dio unas palmaditas al espacio a su costado para indicar a Sakura que haga lo mismo. Aunque dudó por un momento, ya que era temerario –estaban a más de sesenta pisos sobre el suelo–, Syaoran parecía tener práctica haciendo eso y no había caído hacia una muerte segura aún, así que ella lo alcanzó y alegremente se sentó a su lado.
Había muchas cosas que ella pudo haber dicho –en realidad, que quiso decir–, pero el silencio era agradable. Sakura esperaba que fuera él quien dijera algo. Se mantuvieron así, callados, mientras observaban puntitos moverse alrededor de la ciudad, muy a lo lejos debajo de ellos.
Finalmente, Syaoran tomó la palabra. "El padre de Eriol solía traernos aquí arriba cuando éramos niños". Se estiró hacia atrás y levantó la mirada al cielo. "Siempre ha sido mi lugar favorito"
"¿No te asustaba la altura, siendo un niño?". Sakura echó un vistazo a la calle de abajo, inclinándose fuera del borde, y tragó saliva. La vista era espeluznante cuando se miraba directamente hacia abajo. El vértigo era tremendo, así que mejor levantó la mirada al cielo también. "Incluso ahora es algo aterrador"
Syaoran negó con la cabeza. "En realidad, no", rió. "Incluso si hubiera estado asustado, hubiera actuado como si no lo estuviera. Eriol y yo éramos ridículamente competitivos, así que nunca hubiera dejado que lo sepa"
Sakura sonrió. "Y parece que nunca te has cansado de venir aquí, a pesar de que lo vienes haciendo desde niño"
"Nunca". Volteó a mirarla. "¿Tú te cansarías?"
Ella frunció los labios y pensó un segundo, pero luego cerró los ojos y sacudió la cabeza. "No. Creo que jamás podría"
Syaoran la miró una vez más mientras ella admiraba el panorama. Quizás era que había visitado ese lugar siempre que pudo durante su infancia, pero vio algo atractivamente inocente sobre Sakura en ese momento. Aunque fue él quien la llevó hasta ahí para que olvide sus problemas por un rato, recordó de nuevo que su presencia era tranquilizante, y sintió casi que ella le hacía un favor solo con estar a su lado, incluso si a veces le recordaba a una niña por sus reacciones.
Repentinamente, Sakura notó que Syaoran tenía sus ojos sobre ella, e inconscientemente levantó una mano hacia su cabello y se pasó un mechón detrás de la oreja, aunque no quiso mirarlo. "¿Qué? Me estás mirando raro"
Syaoran rió al ver que un rubor encendía el rostro de la chica. "Solo pensaba". Regresó su mirada al horizonte y suspiró. "Fabuloso, ¿no es así?"
"Sí... gracias por traerme aquí. Ya casi ni recuerdo por qué estaba triste", sonrió.
"No es nada". Hizo una pausa antes de hablar de nuevo, como pensando si podría decir lo que quería decir a continuación. "Me alegro de que estés bien otra vez"
Inexplicablemente, Sakura sintió algo cálido surgir dentro de su pecho, y una vez más, se sintió incapaz de mirarlo a los ojos. Se preguntó cuál era el problema con ella y decidió que solo estaba deslumbrada por su fama, aunque ella siempre se consideró inmune a eso. Cerro y abrió los ojos para despejar la mente, y se obligó a mirar de nuevo al cielo antes de que Syaoran note que estaba actuando extraña. Vio que el sol estaba empezando a ocultarse y agradeció la distracción.
Los dos observaron en silencio el enorme círculo brillante caer tras la línea del horizonte, cada vez más y más, hasta que desapareció detrás de los rascacielos a la distancia. Sakura estaba fascinada viendo que el sol que hasta hace unos momentos estaba alzado monumentalmente sobre el cielo se había convertido en un pequeño destello de luz que seguía haciéndose más minúsculo hasta desaparecer por completo a lo lejos, teniendo como fondo miles de diferentes tonos de rosado, rojo, naranja y morado. Ella nunca había visto algo como esto; en sus veintidós años de vida jamás se había sentado a observar una puesta de sol, especialmente no así.
"Eso fue hermoso", susurró con los ojos brillantes de emoción. No supo por qué, pero tenía la sensación de que debía hablar en voz baja.
"Espera", le contestó, "no termina aquí..."
"¿Oh?" Sakura curiosamente miró a su alrededor y luego se quedó sin aliento al ver las luces de los edificios encenderse, algunos en solo un instante y otros lentamente.
Un zumbido surgió de algún lugar sobre ellos, y luego se oyó el clic de cientos de bombillos encendiéndose. Sakura miró hacia arriba para ver que repentinamente estaban bañados en la luz que despedía la pirámide del edificio Hiragizawa. Sus ojos se abrieron por el asombro. Se puso de pie lentamente y se acercó hacia el centro de la azotea, exactamente debajo de la cima de la pirámide.
Sin percatarse, Syaoran se quedó mirándola a ella en lugar de las luces, y no pudo evitar sonreír. Se levantó también y la siguió, sus ojos no veían nada más que a Sakura caminando iluminada por el brillo de la pirámide, boquiabierta y con la cabeza estirada hacia arriba admirando impresionada la belleza de la estructura.
Él no podía negar que, desde que la conoció, supo que era innegablemente atractiva, pero... así, bajo las luces, tan despreocupada, mostrando todo lo que él admiraba de ella con esa felicidad grabada en cada rasgo de su rostro, sus ojos, sus labios, ella era...
Dios, ella es hermosa.
Sacudió su cabeza. De pronto, ese momento le era familiar.
Además de su familia y los Hiragizawa, Syaoran solo había llevado a ese lugar a otra persona: Mizuki. Fue en la noche de su primera cita con ella.
"Wow", jadeó Mizuki, su rostro expresaba felicidad mientras observaba el horizonte iluminado. Sus largos ojos verdes parecían aún más brillantes bajo las luces brillantes de la ciudad. "Syaoran, ¿tú-tú planeaste esto?"
Estaban sentados juntos al borde de la azotea, la pirámide cubría con su luz desde arriba a ambos y a una botella de champagne que llevaron para celebrar que Mizuki había terminado de grabar una película esa tarde.
Él rió. "Desearía poder decir que fui capaz de organizar todo esto, pero solo sé el tiempo exacto entre la puesta de sol y la hora a la que se prenden las luces. Vengo aquí algo seguido"
"¡Aún así! Esto es increíble". De pronto, empezó a reír.
"¿Qué?"
"Debo reconocerlo. Nunca pensé que se te ocurriría una primera cita tan buena. Estoy impresionada. Quizás debería tomar el consejo de mi agente y empezar a salir contigo más pronto"
Ahora, fue Syaoran quien rió. "¿Estás impresionada? ¿No te parecí capaz cuando fuimos solo amigos?"
Mizuki alzó una ceja. "¿Somos algo más que amigos ahora?"
Maldijo inadvertidamente por su desliz cuando de pronto sintió una mano de ella sobre la suya. Levantó la mirada hacia ella.
Viéndose de pronto muy seria, a pesar del champagne que había consumido, Mizuki susurró con una pequeña sonrisa en sus labios. "Está bien. No me molesta, ¿sabes?"
"¿No te molesta qué?"
"Ser más que amigos, tonto", sonrió Mizuki, y una de sus manos acarició su rostro.
"Ah", murmuró Syaoran, y supo en ese momento que ella era suyo. "A mí tampoco"
Le tomó el rostro con ambas manos y la acercó a él, poniendo sus labios sonrientes sobre los de ella en un beso.
Jade. Sus ojos son jade, pensó en ese entonces.
Por primera vez en el día, Syaoran sintió el dolor en el pecho que los recuerdos de Mizuki solían ocasionarle, un dolor que había maravillosamente olvidado hasta ese instante.
Él se había esforzado por no pensar en eso, pero no podía evitar ver similitudes entre Sakura y Mizuki. Ambas reían siempre, eran alegres y felices, tenían corazones bondadosos y actuaban como ellas mismas ante él. Me mentiría a mí mismo si me dijera que el parecido no me atrae, pensó.
Pero las diferencias eran más evidentes para él. Mizuki actuaba con normalidad con él porque estaban en la misma industria y también era una celebridad acostumbrada a la fama, mientras que Sakura no. Sakura es solo... Sakura.
Pero, ¿y qué significa eso? La vio girar bajo las luces, su expresión era euforia pura y sus brazos estaban extendidos.
¿Qué es lo especial contigo?
Sakura sintió sus ojos sobre ella y se detuvo al instante para mirarlo. Ella se veía radiante y feliz.
Y entonces, antes de que pudiera darse cuenta de lo que estaba pasando, vio que Sakura cambió su expresión y caminó hacia él con el entrecejo fruncido. Se detuvo a solo unos centímetros de él y agitó una mano frente a su cara. Él la miró sorprendido, no sabía qué decir y mucho menos qué sentía –debía estar incómodo ante la invasión de su espacio, pero raramente no era eso lo que sentía–. Entonces, Sakura se percató de lo cerca que estaba y retrocedió de pronto como si se hubiera asustado.
"Lo siento", murmuró evitando su mirada. Puso sus manos detrás de su espalda. "Es solo que –que tú... te veías muy triste de pronto"
Syaoran estaba callado, aún no sabía qué decir. ¿Acaso soy tan trasparente?
"Solo me preguntaba qué te puso así tan repentinamente, y yo –yo sobrepasé mis límites, ¿cierto? Lo lamento mucho", repitió, moviendo sus manos a modo de disculpa.
Syaoran agarró una de sus manos para tranquilizarla.
"Está bien", le dijo, y abrió la boca para decir algo más, pero la cerró. Soltó la mano de Sakura con gentileza y le ofreció una sonrisa genuina, aunque la tristeza no había desaparecido de sus ojos. Ella no pudo evitar quedarse sin aliento de nuevo. "¿Qué tal si te llevo a casa?"
Sakura asintió y lo siguió en silencio de regreso al edificio luego de detenerse un momento para tener una última vista del brillante paisaje, pensando que no tendría otra oportunidad para ver algo así en su vida.
El camino de regreso a casa fue silencioso, marcado solo por el sincero agradecimiento de Sakura y la escueta respuesta de Syaoran –"No fue nada"–. El ambiente estaba algo extraño, lleno de algo que Sakura no podía descifrar. Hasta donde sabía, él no estaba perturbado por algo que haya hecho ella, pero de todas maneras no podía evitar que le preocupara. ¿Qué lo hizo verse tan triste? Siempre se veía amargado cuando no sonreía, pero nunca había visto esa expresión triste en su rostro, o ese dolor en sus ojos. Eso le inquietaba.
Cuando finalmente llegaron al estacionamiento de su departamento, Sakura no estaba segura de cómo despedirse. Se quedó sentada pensando en diferentes formas de hacerlo, hasta que Syaoran se aclaró la garganta.
"Gracias, Sakura"
Volteó a mirarlo, no estaba segura de por qué le estaba agradeciendo pero no intentó adivinar. Pensó que lo sabría luego.
"Probablemente romperé un código de ética periodística aquí", dijo lentamente, "pero siento que toda ética se fue por la ventana en el momento que te pedí que fingieras que no sabías que estaba tomando fotos de ti". Ella sonrió, y antes de poderse detener, se quitó el cinturón de seguridad y cerró sus brazos alrededor de él en un abrazo.
Sakura sintió que él se puso rígido, pero luego, para su alivio, se relajó bajo sus brazos. Ella ignoró los erráticos latidos de su corazón y acercó sus labios a su oído.
"Anímate", murmuró, y sin mirarlo se separó de él y bajó del auto para luego correr hacia su departamento.
Syaoran se quedó en donde estaba, estupefacto, hasta que la vio llegar al edificio y cerrar la puerta. Dejó salir un largo suspiro y se sorprendió porque ni siquiera notó que estuvo conteniendo el aire.
Toda su vida, había estado pagando mucho por cosas que no valían tanto. Y esta sensación, le había salido gratis.
