Capítulo 8
Título: Quiero ver tus ojos (segunda parte)
Autor: Jon Cadierno
Cada segundo era eterno. Prisionera de una insoportable presión, sabía que el tiempo corría en su contra. Pese a que a su alrededor se libraba una pelea que amenazaba con destruir cada recodo del Ministerio, sólo tenía ojos para Harry, que yacía inerte junto a ella. El hecho de no poder refugiarse en sus verdes ojos la estaba consumiendo lentamente.
Harry… Vamos, Harry, por favor… Mírame…
Pero el chico estaba demasiado lejos para oírla. Hermione se enjugó las lágrimas una y otra vez, sintiéndose absolutamente impotente. Sabía que seguía vivo, ya que arrodillaba como estaba junto a él, había acabado tumbándose sobre su cuerpo, destrozada, con la cabeza apoyada exactamente sobre su corazón. Los latidos eran lentos, cada vez más lentos, pero estaban ahí, y eso no tenía precio.
Salió de su ensimismamiento cuando se percató del silencio que reinaba en el lugar. Lord Voldemort, de pie cerca del vestíbulo de los ascensores, alzaba su varita con las dos manos, como si estuviera intentando levantar algo muy pesado. Solamente tuvo que girar la cabeza hacia el fondo del largo pasillo de las chimeneas para ver lo que estaba ocurriendo. Dumbledore se preparaba para enfrentarse a una onda de miles de fragmentos de cristal que volaba en dirección a ellos. Los miles de trocitos parecían provenir de un estallido previo, pero tan preocupada había estado por el estado de salud de Harry que ni siquiera había sido consciente del caos que reinaba a su alrededor. Tuvo el tiempo justo de coger a Harry por debajo de los hombros y arrastrarlo hasta detrás de la columna más cercana. En el momento en que ella misma se escondió, una lluvia de polvo cristalino cayó sobre la zona donde Dumbledore y ellos se encontraban. Hermione supuso pues que el director de la escuela había conjurado un enorme hechizo para convertir las agujas de cristal en algo no letal.
Unos segundos después, cuando el polvo de cristal se desvaneció, Hermione pudo observar lo que ocurría. Dumbledore, lejos de mostrar signos de fatiga, volvía a estar preparado, varita en mano, conjurando una enorme esfera de agua que se dirigía hacia Voldemort. El Señor Oscuro se debatió dentro de la masa de agua, incapaz de salir, pero incluso entonces, Hermione fue capaz de percibir un terrorífico destello rojizo en sus ojos, lo que ella interpretó como un mal presagio. Y efectivamente, con un estallido que salpicó todos los rincones del Atrio, Voldemort se liberó y cayó aterrizando como un gato, apenas afectado por lo que acababa de ocurrir. Dumbledore se preparó para defenderse, pero lo que su adversario hizo cogió por sorpresa tanto a él como a Hermione, pues Voldemort desapareció de repente, sin motivo aparente, como si hubiese decidido huir cobardemente. Durante unos pocos segundos, Hermione dirigió una mirada de desconcierto al director, que resoplaba exhausto y miraba en todas direcciones, obviamente intentando ver dónde iba a volver a aparecer. Pero ni siquiera él pudo llegar a intuir lo que el Señor Oscuro se traía entre manos…
Todo había quedado en silencio, en un opresor y terrorífico silencio, y solamente un repentino gemido de Harry les sacó de esa incómoda sensación. Hermione se volvió inmediatamente hacia él, preocupada, y en cuanto vio que el chico se retorcía en el suelo, supo que algo no iba bien. Dumbledore, sin duda con ese mismo pensamiento en su mente, fue acercándose a paso ligero, sin quitar ojo de encima a su pupilo. A la chica se le cayó el mundo encima cuando se fijó en la expresión del director; él también estaba asustado.
No había nada que pareciera sacar a Harry de ese estado de trance en el que parecía encontrarse. Parecía estar en medio de una horrorosa pesadilla, pero un simple vistazo bastaba para ver que ocurría algo más. Harry había palidecido hasta adquirir un tono casi azulado, sudaba, se retorcía de dolor, pero lo que más impactó a Hermione fue ver sus ojos. No estaban cerrados como mientras se duerme, sino abiertos, y aun así, totalmente irreconocibles. Eran los ojos de alguien que estaba siendo poseído.
* * *
Nada sabía él de lo que ocurría a su alrededor, no podía adivinar que yacía en el suelo junto a Hermione, en medio de un duelo de magos que estaba destrozando el Ministerio de Magia. Ni siquiera podía recordar todo lo que había ocurrido antes; la pelea contra los mortífagos, la muerte de Sirius… todo había sido devorado por una hambrienta oscuridad, la misma oscuridad que le rodeaba a él. Flotaba, se mecía en ella, pero de repente todo cambió. Alguien le había sacado del oscuro pozo, pero ¿quién? ¿Y por qué estaba empeñado en mostrarle imágenes que deseaba olvidar?
Una sucesión de oscuros recuerdos empezaron a emerger, imágenes de su infancia, de sus cinco años en Hogwarts, secuencias de los últimos meses, de los últimos días, de los últimos minutos, pero todas ellas impactantes. Era la misma sensación que había sentido cada vez que los dementores se habían acercado a él. No podía desprenderse de ellas, amenazaban con aferrarse a él para siempre, con nublarle la mente y hacerle perder la cordura. Los gritos de su madre volvieron a oírse claramente, la imagen del cuerpo sin vida de Cedric se materializó de nuevo, el rostro de Voldemort en la parte trasera de la cabeza de Quirrell, el propio Señor Oscuro emergiendo del caldero en el cementerio de Pequeño Hangleton… Pero a la tristeza y a la desesperación por escapar de las terribles imágenes hubo que sumarle el dolor inhumano que Harry comenzó a sentir. Cada nuevo flash de recuerdos venía acompañado de una punzada de dolor que comenzaba en la cicatriz y se extendía a todo su cuerpo dejándole sin fuerzas, haciéndole cada vez más vulnerable. Si no hacía nada pronto, Voldemort se apoderaría por completo de su cuerpo, y por alguna extraña razón supo que podría hacerlo.
Aunque era más bien escasa, Harry hizo el esfuerzo sobrehumano de reunir toda la fuerza que le quedaba para invocar los recuerdos más felices que conservaba. Cualquiera era útil, daba igual si era débil. Una voz, esa misma voz que durante años le había estado hablando desde un rincón oculto de su mente, le contó todo lo que necesitaba saber, y entonces lo entendió todo. Por muy pequeño que fuera el recuerdo, por insignificante que pareciera para otras personas, una pequeña pizca de felicidad serviría para que el Señor Oscuro se retorciera de dolor dentro de Harry.
"Tú no sabes lo que es la felicidad. No sabes lo que es el amor. Tú eres el único débil aquí, y no podrás acabar conmigo". No pronunció estas palabras, sino que las pensó, pero con tal intensidad que, en la lejanía, pudo escuchar un gritó agónico que escapó de la garganta de Voldemort. Sin embargo, su enemigo no parecía estar dispuesto a rendirse con tanta facilidad. Varios de sus peores recuerdos comenzaron a interferir nuevamente, aunque siempre había uno que parecía sobreponerse al resto. Era, como ya lo había experimentado años atrás, el último y único recuerdo de su madre, sus últimas palabras, sus últimas súplicas. Por eso mismo, era necesario recolectar algo más intenso, la felicidad más grande, algo que acabase por ahuyentar definitivamente a Voldemort para que abandonara su cuerpo.
Su mente fue invadida por una repentina luz, tan cegadora como cuando se mira por primera vez al sol por la mañana. Pero algo se distinguía entre los rayos de luz. Una silueta deseaba hacerse ver, caminaba lentamente hacia él, y a medida que se acercaba, Harry comprendió que era la propia silueta la que brillaba con tal intensidad. Su cabello largo y ondulado fue adquiriendo una tonalidad castaña, la misma que la de sus ojos, que emitían un fulgor hermoso. Sonreía, y su sonrisa transmitía una calidez que le hizo olvidar el dolor que le consumía.
Hermione…- una vez más, Harry no pronunció las palabras, sino que las pensó, pero ella pareció comprenderle sin ningún problema.- Has venido…
Nunca vas a estar solo, Harry, siempre voy a estar a tu lado.- su voz era algo más mística que la original, sin duda alterada por lo onírico del momento.
La chica se arrodilló a su lado y le pasó una mano por la mejilla. Harry deseó que nunca cesaran aquellas caricias. La miró fijamente a los ojos, y tampoco quiso volver a parpadear nunca, no quería malgastar ni la más ínfima parte del tiempo descansando su mirada con un simple parpadeo. La propia mención del tiempo era, por otra parte, algo extraña, ya que ni siquiera se podía decir que se hubiera detenido. El tiempo no existía.
Harry, tenemos que demostrarle que no tiene lugar en este cuerpo.
Sí…
Podemos hacerlo, Harry, sólo hay que dejar paso a los buenos recuerdos.
Lo he intentado, pero…
Ella posó un dedo en sus labios para que no continuara.
Sé perfectamente lo duro que es invocar buenas sensaciones cuando las malas están tan cerca, pero por eso estoy aquí, para ayudarte a crear el camino que le librará de la posesión de Voldemort.
¿Cómo?
Antes de contestar, se inclinó hacia él y le besó en los labios. "Te ayudaré a recordar la felicidad que hemos compartido juntos". E inmediatamente después, la figura luminosa se desvaneció para dejar paso a una escena totalmente distinta. La imagen mostraba la ventana de la Sala Común desde la que aquel día estuvo observando a Hermione, sentada con Ginny en los terrenos. En aquel momento, Harry había empezado a comprender. Pero la escena volvió a cambiar. Era un aula de Hogwarts, ambos estaban escondidos, mirándose, comprendiendo verdades… La escena volvió a cambiar, y el corazón de Harry dio un vuelco; Hermione y él estaban sentados a la orilla del lago, compartiendo el momento más mágico de sus vidas. "Lo único que importa es que estamos aquí, juntos, aprendiendo de nuestros errores, comprendiendo cosas que aún no habíamos entendido", le decía ella. Y tras compartir una intensa mirada, ambos habían acercado sus cabezas hasta que rozaron sus labios…
Harry sintió cómo una oleada de calidez, felicidad y esperanza le golpeaba con la misma fuerza con la que lo había hecho la tortura de Voldemort. Supo al instante que su enemigo estaba sufriendo, oía sus gritos desgarradores, maldecía por haberse quedado tan cerca de poseer a Harry. Pero no lo había conseguido. Nunca lo conseguiría. No mientras Harry siguiera siendo el dueño de unos recuerdos tan felices para él. No mientras hubiera sitio para el amor en el corazón del chico… Nuevos gritos. Harry sentía que algo se estaba separando de su cuerpo, algo que no le pertenecía a él, que había intentado infectarle, envenenarle con odio. Y ahora se iba, por fin le dejaba libre, volvía a ser él… La imagen del lago fue disolviéndose poco a poco hasta que todo quedó envuelto en un blanco puro, brillante, una luz semejante a la del sol traspasando una cortina blanca. Para él, aquello no duró más que unos segundos, porque lejos estaba de saber que toda una noche había transcurrido, que todo el personal del Ministerio había visto a Voldemort con sus propios ojos antes de que huyera, que sus amigos estaban a salvo, que todos juntos habían regresado a Hogwarts, todos excepto uno, a quien salió demasiado caro acudir en ayuda de su ahijado.
Cuando Harry abrió los ojos, pensó que no lo había hecho, ya que fue para toparse con la misma cegadora claridad que en sus sueños. Segundos después, se dio cuenta de que la nueva fuente de luz procedía de los ventanales de la enfermería. Era media mañana, y el sol de junio entraba a raudales en la estancia, inundándolo todo de una luz aún blanquecina. Tardó otro rato en descubrir que no estaba solo. Hermione lo miraba con ojos hinchados y enrojecidos, llevaba demasiado tiempo sin dormir. Pero el hecho de comprobar que Harry estaba bien, que el verde de sus ojos volvía a brillar con la misma intensidad de siempre, hizo que una tímida sonrisa se le dibujara en el rostro.
Buenos días.- consiguió decir antes de dejar escapara un débil sollozo.
¿Cuánto tiempo llevo aquí?- Harry se imaginó que no habían sido unos pocos segundos.
Toda la noche, ahora es mediodía. Pero deberías descansar más, Harry. Has pasado por demasiado.- tras una pausa durante la cuál el chico parecía perderse en sus pensamientos, añadió- Los demás acaban de irse. Ron, Ginny, el señor y la señora Weasley, los gemelos, Tonks, Lupin… todos.
Todos. Había algo que no encajaba en la mente de Harry. "Todos". Mentira. Si hubieran estado todos, Hermione no se habría olvidado de Sirius. La verdad le invadió como un huracán arrollador, sin ninguna clemencia. Sirius se había ido para siempre, al igual que lo habían hecho otras personas a las que su corazón estaba unido.
Hermione supo al instante lo que pasaba por la mente de Harry. Pensó que debió haber sido más cuidadosa con lo que decía, todo era demasiado reciente. Se apresuró a cogerle la mano. La acarició con ternura, sin apartar la vista del verde de sus ojos. Cuánto había llegado a añorarlo. Unas pocas horas habían sido suficientes para sentir la falta de esa luz tan singular… Decidió retomar la conversación, en parte para hacer regresar a Harry de las sombras que ya volvían a acecharle.
Dumbledore ha sido el primero en venir. Ha estado hablando con Madame Pomfrey, ambos creen que deberías descansar durante unos días más.- hizo otra pausa. Harry asintió, pero no parecía estar prestándole demasiada atención.- Me dijo que te comunicara que tenéis una importante conversación pendiente. Pero para ello quiere que te hayas recuperado completamente.
Bien.
Y también tengo esto para ti, te irá bien.- y acto seguido, Hermione extrajo de un bolsillo interior lo que parecía una tableta de chocolate.- Lo he escondido para que la señora Pomfrey no lo vea, ya sabes, ella dice que te tienes que limitar a beber esa poción que tienes en la mesilla.- con un rápido giro de cabeza, Harry le echó un vistazo, puso una mueca de asco que hizo reír a Hermione y miró con alivio la tableta de chocolate. Ella partió un generoso trozo y se lo pasó.- me lo han dado Fred y George- al ver la cara de susto del chico, se apresuró a añadir- ¡No, no, no es turrón sangranarices! Es de Honeydukes, es delicioso.
A medida que Harry iba comiéndose el chocolate, Hermione se fijó en que el color iba regresando poco a poco a su rostro antes pálido. De alguna manera, él también sintió que el dulce le estaba haciendo bien, ya que consiguió ahuyentar a los fantasmas de la muerte y empezó a centrarse en la persona que le miraba fijamente, la misma persona que hacía sólo unos segundos, o eso le parecía a él, había acudido en su ayuda envuelta en una mística luz.
Aunque durante los últimos días lo había hecho con frecuencia, cada vez que le miraba a los ojos a Hermione le parecía que era la primera vez. La intensidad y la perspicacia de su mirada siempre le sorprendían, acompañadas de ese atractivo color almendra del iris. El rostro de la chica, donde las marcas del cansancio y el sufrimiento eran fácilmente perceptibles, era para él tan inmaculado como siempre. Sin embargo, estaba deseando verla relajada, observar cómo esa tímida mueca iba transformándose hasta convertirse en la más hermosa de las sonrisas.
Gracias.
Al principio, Hermione no comprendió. Pero después de una nueva pausa, Harry se lo explicó todo. Ella supo que Harry no se estaba expresando con comodidad, y creía entender por qué. No debía ser fácil hablar sobre algo tan místico, y más cuando uno lo considera algo más personal, que aunque le gustaría contarlo con fidelidad, en parte preferiría guardárselo para él. Pero lo que escuchó consiguió emocionarla tanto que apenas consiguió contener nuevas lágrimas. Se acercó aún más a él para acariciarle el rostro, y durante unos segundos, volvió a crearse esa extraña y mágica conexión entre ambos, algo que sólo ellos podían romper si quisieran, pero en la que nadie más podía interferir.
Cuando estábamos en el Atrio, era insoportable verte sufrir y no poder hacer nada.- dijo Hermione con un hilo de voz.- Me fijé en Dumbledore, confiaba en que él pudiera hacer algo, no tenía ninguna duda, pero él también se quedó inmóvil. Estaba horrorizada… creí…- no pudo evitar sollozar de nuevo.- Y entonces Dumbledore empezó a hablar, te hablaba a ti, intentó llevarte un mensaje. Decía que siempre hay cosas por las que merece la pena vivir, cosas que tú valoras por encima de todo. La amistad… y el amor.
A Hermione le hubiese gustado pronunciar la última palabra con mayor claridad, pero el nudo que tenía en la garganta se lo impidió. Pudo ver cómo las lágrimas empañaban también los ojos de Harry. Era una de las pocas veces que lo veía, y aquello intensificó las ganas que tenía de besarle, de demostrarle así que jamás estaría solo, porque pasara lo que pasara, ella siempre estaría allí.
Como si hubiera leído sus pensamientos, Harry se incorporó sobre la almohada sin dejar de mirarla. Hermione se acercó aún más a é, se sentó cuidadosamente sobre el colchón y acercó sus labios a los del chico hasta que se rozaron. Saborearon el momento, primero besándose tímidamente, después con pasión… No había palabras para describir el momento. Cada uno de ellos había temido no volver a ver al otro, pues sólo unas horas antes, Voldemort había estado a punto de separarlos por siempre. Y en ese instante, comprendieron que no quería nada más en el mundo que poder estar el uno junto al otro, en todos y cada uno de los momentos de sus vidas, que prometían ser muchos.
Abrieron los ojos a la vez y disfrutaron de algo maravilloso, casi sobrenatural. Hermione se encontró de frente con el verde de los ojos de Harry, que emitía tal fulgor que consiguió hechizarla aún más. Pero, además, estaba viendo sus propios ojos reflejados en los del chico, creando una mezcla que escapaba al entendimiento del resto. Él parecía estar viviendo lo mismo, estaba emocionado y algo aturdido.
Parecía estar escrito.
¡Eh, eh, eh! Hay que respirar de vez en cuando, no sé, es una recomendación.- vino la voz de Fred Weasley desde la puerta de la enfermería.
Hermione y Harry se separaron asustados, y ella prefirió no darse la vuelta de inmediato para que no vieran lo mucho que se había turbado. Los gemelos entraron seguidos de Ginny, Ron, Luna y Neville, que aunque no les habían visto besarse, sí que habían escuchado el oportuno comentario de Fred y ahora los miraban con el entrecejo fruncido. Todos menos Ginny, que muy metida como estaba en el papel de amiga consejera de la enamorada, era la que más al día estaba de la situación de la pareja.
Os íbamos a preguntar si os apetecía algo para desayunar, pero vemos que ya estáis servidos.
¡George!- exclamó Ron, y su grito hizo que Madame Pomfrey saliera de su despacho escandalizada, mandándoles fuera sin escuchar sus quejas.
Sin embargo, la oportuna y sospechosa caída de una pila de libros en su despacho la distrajo y los dejó en paz. Los demás excepto Ron, que acostumbraba a mostrarle un tanto sensible ante situaciones embarazosas como aquella, aún estaban riéndose de la broma de George cuando se quedaron solos.
Ninguno quiso sacar el tema de la noche anterior. Sabían todo por lo que Harry había pasado, y sin duda habría momentos mejores para conversar tranquilamente sobre ello. Luna fue la encargada de repartir unos dulces que había cogido del Gran Comedor, y después de comprobar que Harry estaba bien y antes de que Madame Pomfrey volviera a abalanzarse sobre ellos, les dejaron solos de nuevo.
Afortunadamente, viendo que el resto se había ido, la enfermera no volvió a salir y les dejó disfrutar de una encantadora mañana de verano. Hermione abrió la ventana para que una tímida brisa se colara en el interior. Harry se giró sobre la cama para disfrutar del paisaje, un lado de su cara apoyado contra el otro de ella. Quizás ambos pensaban en lo mismo, quizás intentaban buscar nuevas señales que les comunicaran cómo iba a ser su futuro. Pero sabían que siempre encontrarían una, no tenían más que girar sus cabezas y mirarse a los ojos hasta ver los suyos propios reflejados en los del otro.
Aunque no lo pareciera, no era cuestión de magia.
Próxima y última actualización:
CAP 9. Último capítulo. Agosto 2009.
