Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer. Esta historia es de LyricalKris, yo solo traduzco con su autorización.

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Capítulo ocho

¿Qué acaba de pasar?

Al principio, Bella asumió que el mal humor de Edward era por los tabloides. Dios sabía que Rose estaba enojada. Ella seguía despotricando sobre lo irresponsable que era Edward al dejarla beber en primer lugar, y luego por sacarla afuera donde cualquiera podía tomar una foto.

Bella se preguntaba por qué todos pensaban que Edward Cullen podría evitar ir a algún lugar sin ser fotografiado o reconocido por alguien. Era la razón por la cual ella se había vestido bien, porque ella sabía que había la posibilidad que alguien los viera juntos era alta. Y si alguien los veía, no había manera que no estuviera por todas las redes sociales.

Alguien siempre sabía dónde estaba Edward Cullen. Él se quedaba sobre ello a menudo.

Pero mucho después que Rose se calmara, Edward continuaba enojado. Nada parecía aliviar su mal humor.

Cuando ella volvió a casa de una de sus clases, Bella encontró a Edward tirado en el sofá. La televisión estaba prendida, pero él no estaba mirándola. Ella se sentó a su lado. Su única reacción fue cuando cambió de posición en la esquina del sofá.

—Oh, allí está.

Edward la miró.

—¿Qué?

—Ese puchero del que todos hablan. Como en cada entrevista, siempre hablan de que estás haciendo un mohín. Algunas chicas se vuelven Gaga por ello. Y tengo que admitirlo, ese pequeño cosa de labios es adorable.

—¿Qué cosa de labios?

Ella se acercó, tocando su labio inferior con la punta de su dedo e imitando su puchero.

—Ese labio. Tu ceño fruncido. Siempre dicen que luces aburrido. Pero, por supuesto, ese puchero te asienta bien. —Suspiró—. Todo te asienta bien. Si los tabloides hubieran tomado mi rostro, ellos estarían como "Mira a esa chica. Ella nunca sonríe. Sonríe, chica, sonríe."

Él resopló.

—Yo no hago pucheros todo el tiempo.

—bueno, no creía que lo hacías, pero aquí estás. Puchero, puchero. —Ella apoyó su cabeza sobre su hombro—. Necesitas animarte, Edward, o voy a comenzar a creer que lo que dicen los reporteros. Que estás perdidamente enamorado de esta misteriosa morena. —Rio.

Él no.

—Oh, vamos, Edward. ¿Realmente esto es por las fotos? Está bien. —Sonrió—. ¿Sabes que Alice dijo que debería revelarme?

—¿Qué? ¿Por qué?

—Parte de toda la campaña de "muéstrale a Félix". —Ella sacudió su cabeza—. O sea, ¿por qué iba a estar destrozada porque me haya dejado si podía tenerte a ti?

Otra vez, él no sonrió. Se apartó de ella, mirando fijamente hacia delante.

—Está bien. ¿Qué te pasa?

—Nada —dijo él demasiado rápido.

Bella frunció los labios.

—Es algo.

—Solo estoy pensando, eso es todo.

—Ajá. —Bella no se lo creía. Ella lo estudio por unos momentos antes de levantar sus piernas sobre el sofá y acercarse más a él.

Él la miró con expresión cautelosa.

—Bella, ¿qué haces?

—Si no vas a decirme lo que te molesta, entonces hay solo una manera para hacerte sonreír de nuevo.

—No… —comenzó él, pero ella ya había atacado.

Como alguien que lo conocía de toda su vida, Bella estaba al tanto que ella conocía algo que la mayoría de los reporteros de Hollywood morirían por saber. Ella sabía cómo hacer sonreír a Edward bajo demanda. Era algo que había descubierto cuando era una niña, y se había subido a él como su gimnasio de la selva como lo hacía con su tío Emmett.

Edward tenía cosquillas. Al extremo.

Así que Bella lo atacó sin piedad, forzándolo a sonreír, reír y retorcerse. Él se removió, pero Bella no se daba por vencida. Él cayó hacia atrás, tratando de escaparse de ella. Ella estuvo sobre él en un segundo.

—Bella —jadeó—. Bella, detente. —Él estaba sin aliento—. ¡Bella! —La tomó de las muñecas, sosteniéndolas entre sus manos.

Bella no tenía ideas de qué pasó. En un momento estaban los dos riéndose (Edward, porque ella estaba haciéndole cosquillas, y Bella se deleitaba de ello); y al segundo que él la tomó por las muñecas, el tiempo se detuvo. Sus risas se desvanecieron, y Bella estaba de repente muy consciente de su posición.

Ella estaba sobre él. Estaban pecho contra pecho, ella podía sentir el pulso acelerado de él. Su rostro estaba sonrojado. El de ella también. El calor irradiaba de su piel.

La cabeza de Bella daba vueltas, cada pensamiento eran como pájaros tomando vuelo. Su mente estaba en blanco. Su garganta estaba seca.

Edward se sentó, llevándola con él. Soltó sus muñecas y sus manos cayeron sin fuerzas en su regazo. Ella seguía mirándolo, y él no había roto la mirada. Todavía estaban muy cerca. No más de lo usual, así que Bella no tenía idea de por qué se sentía diferente. Su corazón se aceleró.

—Bella —susurró Edward. Ella abrió su boca para responder pero no encontró palabras. El aliento de él se agitó, y levantó su mano, pasando sus dedos por su mejilla. La piel de ella se sentía caliente, como fuego pero sin el dolor, donde la tocaba.

Él tragó fuertemente.

Y se puso de pie tan de repente que ella jadeó.

—Yo, em… —Pasó su mano por su cabello—. Me voy a casa. Esta noche.

Bella se sentía tonta, sus pensamientos estaban esparcidos.

—¿Qué?

—Tengo que ir a casa. Mi nuevo proyecto comienza a ensayar en una semana, y me vendría bien usar el tiempo para poder enfocarme.

—Oh. —Bella no sabía qué decir. Ella siempre había odiado despedirse de Edward, sabiendo que era probable que no lo viera por otro año o más—. De vuelta al trabajo. —Su tono era vacío.

—Sí. —Él se frotó el cuello—. Debería empacar.

—¿Quieres que te ayude?

—No.

—Oh, está bien.

Él dudó por otros segundos, la pausa llena de lo que no se decía aquí. Tomó un paso hacia ella antes de sacudir su cabeza.

—Sí, voy a empacar.

Bella miró su espalda mientras él se dirigía hacia las escaleras y se preguntaba qué mierda había pasado.