Habíamos pasado todos a la zona de los sillones. James y Marlene habían recogido la mesa mientras Lily y yo preparábamos el té y algunos licores para acompañar la velada. La pelirroja había preparado té verde con un suave aroma a fresa que me hizo sonreír. Olía un poco como Marlene, aunque ella nunca se perfumaría con fresa... Pero era un dulzor mezclado con frescura que me llevaba directamente al lado de la castaña.
Nos habíamos sentado separados. James y Lily ocuparon el sofá más grande, acurrucados uno junto al otro, mientras que Marlene, descalza, había ocupado parte del otro sofá. Yo opté por poner algo de distancia, temiendo que la chica me mordiese o me dijera algo si tomaba asiento junto a ella. Con el té servido y todos acomodados, comenzamos a mantener una conversación aparentemente normal. Alguna que otra puñalada salía de los labios de Marlene, pero procuré esquivarlas con elegancia. No sabía muy bien porqué pero, de pronto, el olor del té se me antojaba empalagoso y cargante.
James me sirvió un vaso con whisky, de la misma botella que le había regalado el día de su boda, mientras que Lily abrió una botella de cava. "¿Alguna vez habéis visto a mini-Lily?", preguntó James, de pronto, cuando la conversación comenzó a decaer. Se puso en pie de un salto y cogió una pequeña foto que permanecía camuflada entre varios libros. Se acercó a Marlene y ésta esbozó una sonrisa. Me hizo un gesto para que acercara para verla y yo, solícito, me senté a su lado.
"No me lo puedo creer, Lily... Yo siempre pensé que naciste con el ceño fruncido y una insignia de prefecta en el pecho..." La niña de la foto sonreía, dejando al descubierto una boca falta de dientes. Aún teniendo los ojos entrecerrados y ligeramente tapados por una voluminosa melena pelirroja, podía distinguirse el color verde esmeralda de sus iris. "Nunca entenderé como siendo tan distintos habéis terminado casado... Bueno... En realidad lo que me pregunto es cuantos confundus debió utilizar James para engañarte y que salieras con él por primera vez". Reí divertido, posando la fotografía sobre la mesa.
"Espero que ninguno que yo no descubriese...", dijo la pelirroja, divertida. "Supongo que había algo dentro de mí que siempre había querido estar cerca de James..." Utilizó un tono meloso y se acercó para besar suavemente a James. Una leve sacudida de celos y envidia golpeó mi estómago.
"Eso, y mi encanto natural... Sólo era cuestión de tiempo que..." Marlene le lanzó un cojín a la cara para que se callase y pronto todos nos comenzamos a reír.
"James nunca quiso contarnos vuestro primer beso", les dije, sabiendo que quizá, en aquel momento, uno de los grandes misterios de los merodeadores quedaría al descubierto.
"Quizá porque fue un poco... accidentado". Lily rió y James se sonrojó hasta las orejas. "¿Así que nunca se lo has contado, eh? Bueno, pues guarda tú el secreto..." Me decepcionó un poco no escuchar la historia, pero la dulzura con la que los dos se miraban y la sonrisa traviesa que asomaba en los labios de ambosera suficiente. Les envidiaba... ¡Vaya si los envidiaba!
Durante un instante miré a Marlene, que los contemplaba encantada, con un brillo extraño en los ojos... ¿Sentiría ella también ese cosquilleo al estar los dos tan cerca? ¿Tendría ella tantas ganas como yo de acariciar su piel? Las palabras de James atrajeron mi atención, aunque no consiguió traerme del todo de vuelta. "¿Cuál?", alcancé a musitar al darme cuenta de que todos me miraban.
"Decía que creo que Lily no conoce la historia de vuestro primer beso". Sonreí de medio lado, haciendo memoria. ¿Cómo podría olvidarlo?
"Fue en segundo curso", comenzó Marlene. La miré extrañado.
"¿Segundo curso? ¡Fue en cuarto!"
"No", me corrigió también James. "Fue en segundo, en uno de los pasadizos del tercer piso".
"Merlín, creo que borré esa historia de mi mente por algo". Marlene me golpeó suavemente en el brazo. Se giró hacia mí, con las piernas cruzadas sobre el sofá, sonriente.
"Si no recuerdo mal, fue después de una clase de pociones... El profesor alabó ampliamente mi trabajo y te dijo que deberías utilizarme como ejemplo a seguir. Te enfadaste..."
"Recuerdo la historia... Y no creo que Lily necesite saber ese tipo de anécdotas humillantes de mi pasado..."
"No, no... En realidad sí que necesito saberlas". Dio un sorbo a su cava mientras me miraba burlona. En ese momento se estaba cobrando tantas bromas que yo la había gastado que tenía la intención de paladear cada una de las palabras de Marlene.
"La cuestión es que Sirius se dedicó a insultarme y a decir que ningún chico me besaría nunca, que sólo lo haría un sapo porque yo era igual de fea que una rana. Y recuerdo bien que tú...", dijo, volviéndose hacia James y después volteándose hacia mí, sonriente. "James te dijo que lo que ocurría era que tú eras un cobarde y no te atrevías a besarme". Sonreía divertida, mordiéndose el labio de abajo, disfrutando del momento mientras yo notaba que mis mejillas, mi cuello y mis orejas habían tornado a un tono escarlata. "Te enfadaste tanto que me agarraste de los brazos y ¡paf! Me diste un golpe tremendo con la mandíbula".
"¡Fue un beso corto!" Traté de defenderme, pero sabía que no tenía razón, por lo que soporté estoicamente las risas de los demás.
"¿Y qué pasó en cuarto?", preguntó Lily, curiosa. Entonces fue Marlene quien se sonrojó.
"Perdieron una apuesta... Remus y yo apostamos a que no serían capaces de permanecer toda la clase de transformaciones tranquilos, uno junto a otro, y que el hechizo, además, les saliera bien..."
"Aún tengo pesadillas con cajas de madera que en realidad son palomas..." Lily se echó a reír ante las palabras de la Ravenclaw. Ella era de nuestros mismo curso, por lo que, seguramente, estaría presente en la clase.
"Bajamos al lago y James y Remus decidieron que si nos besábamos nos dejarían en paz y no nos obligarían a teñirnos el pelo", continué yo con la historia, "pero debía ser un beso de verdad. Prometieron que no habría más testigos que ellos, que no nos vería nadie".
"Y, bueno... Estábamos los dos en el suelo..."
"Tú estabas de rodillas... Me acuerdo que soplaba el viento porque el pelo se te iba hacia la cara..." ¿Por qué me acordaba de aquellos detalles? ¿Y por qué me miraba tan fijamente Marlene? "Y tú te acercaste mientras yo te sujetaba la mejilla..."
"Y fue cuando llegó Peter gritando como un loco porque su rata-copa la había mordido al intentar deshacer la transformación". Marlene y yo le miramos desconcertados. Por la mente de ambos pasaba un beso. Yo, al menos, lo recordaba perfectamente. Fue dulce y delicado. Recordaba que con mi mano libre rodeé su cintura mientras ella acariciaba con las suyas mi cuello...
"No, James... Nos besamos..." La voz de Marlene sonó tan consternada como la mía. Toda mi vida, todo mi mundo había girado alrededor de ese beso, cuando descubrí que Marlene realmente era una chica y no sólo la cabezota amiga de James.
"Eeeemh... No, chicos... Podéis preguntar a Remus. Estuvimos días riéndonos de la cara de estúpidos que se os quedó... ¡Venga! Pero si estabais a un centímetro el uno del otro..."
"Me parece, cielo, que ambos han imaginado esa situación tantas veces con un final totalmente diferente que es lo que recuerdan..."
Los ojos de Marlene continuaban fijos en mí, desconcertados, con una suave sonrisa decepcionada. Quizá, aquel beso que nunca llegó a ocurrir fuese tan importante para ella como para mí. La sala se quedó en silencio. Di un nuevo trago a mi bebida, descubriendo que las piernas de Marlene estaban sobre las mías y que llevaba ya un rato acariciándolas. Ella no dijo nada así que, cuando volví a posar el vaso, continué. Aquel simple contacto ya era media vida para mí.
"Nunca... ¿Nunca os planteasteis tener una relación?" Preguntó Lily, con voz suave y dubitativa, temerosa de nuestra reacción. "Bueno, en Hogwarts era bien sabido que un día estabais junto, besuqueándoos por los pasillos, y al siguiente los gritos de vuestras discusiones llegaban de torre a torre..."
"Bueno, lo cierto es que... Sí que lo intentamos una vez...", musitó Marlene, mirándome y encogiéndose de hombros. Después del tiempo y todo lo que había pasado por medio, ¿qué importaba ya contarlo?
"En realidad, Marls y yo nunca tuvimos nada... Si no contamos las dos anécdotas de antes, claro... Hasta séptimo curso. Admito que en más de una ocasión intenté sabotear sus citas, sin ser muy consciente del porqué, pero bueno... Fue todo un poco raro".
"Sí", confirmó ella, mirándome a mí, aunque hablase para Lily. "En una ocasión nos pudo la tensión sexual que había entre ambos y, bueno, aunque yo no estaba muy segura de querer una relación tal y como estaban las cosas, y estuve dando largas al tema durante algún tiempo, terminé por ceder".
Se había sonrojado. Tenía las mejillas encendidas. No podía saber de si el motivo era el cava o si se trataba del recuerdo de lo ocurrido en los invernaderos algún tiempo atrás... Fue la primera noche que pasamos juntos y, aún en ese momento, su simple recuerdo conseguía excitarme como lo hizo en aquella ocasión.
"Fue en la mascarada... Me declaré... Se declaró... Y empezamos a salir... James lo sabía". Señalé a mi amigo, divertido, que asentía levemente con la sonrisa. "Pero, bueno... Las cosas eran raras y vino el ataque y todo eso... "
"Realmente sólo fueron un par de meses..." Añadió Marlene. ¿Era tristeza lo que transmitía su voz? ¿Tal vez melancolía? ¿O quizá eran sólo imaginaciones mías?
Nos quedamos en silencio. James y Lily permanecían acurrucados, mirándose embelesados. Marlene no se había movida y seguía de espaldas a ellos, con la copa vacía entre sus manos y las piernas sobre las mías. Yo acariciaba sus piernas con suavidad, con la vista perdida en el fuego.
"Creo que voy a acóstame... Moody me matará si me atrevo a bostezar mañana". Se acercó a la pareja y besó a cada uno en la mejilla. Cuando separó su cuerpo del mío me recorrió un escalofrío... Era una definición muy física de lo que ocurría dentro de mí. Se agachó a mi lado y me besó con suavidad en la mejilla. Milésimas de segundo que se convirtió en un momento interminable. "Buenas noches".
La observé desaparecer, con el pelo revuelto y un andar cansado. Durante un instante nadie dijo nada. Mi vista permaneció perdida en la chimenea hasta que mis ojos se posaron en algo que no había visto hasta entonces. Me puse en pie y cogí una foto de Marlene y mía entre mis manos. Miré a los Potter interrogante y James me sonrió.
"La tenía en su casa..." Hizo un gesto con la cabeza, haciendo referencia a Marlene. Los dos se levantaron y salieron de la habitación pero, antes de comenzar a subir, James volvió a asomar la cabeza por la puerta. "Te echa tanto de menos como tú a ella, pero sabes que jamás lo admitirá..."
Sonreí triste y volví a posar el marco, pero saqué la fotografía para guardarla junto a mí. Quizá James tuviese razón. Me estiré, cansado, y subí también a la habitación. Estaba seguro de que caería rendido nada más apoyar la cabeza, así que al entrar me quité las botas y la sudadera. Un suave olor a fresa y té verde atrajo mi atención hasta el bulto que yacía en mi cama. Marlene estaba allí, encogida, de espaldas a mí. Me tumbé tras ella, experimentando una mezcla de sentimientos que no era capaz de definir. La rodeé con un brazo y se asió a mi mano. Estaba asustada.
"No quiero estar sola esta noche"
La estreché sobre mí y besé su pelo con fuerza, queriendo fundirme con ella para que no tuviera miedo, para que no estuviera nunca sola. La mecí hasta que ambos nos quedamos dormidos. Cuando me desperté, ya no estaba allí.
