Antes de que leáis este capítulo me gustaría decir que los cabos sueltos de este se resolverán en los próximos capítulos en forma de flashbacks. Por lo que sé que no se entenderá todo en este o creará ciertas dudas, pero se resolverán.
Muchas gracias por seguir leyendo y por la cantidad de reviews, estoy muy contenta con el recibimiento de esta historia y hacéis que no pierda la ilusión por continuarla :)
Capítulo 8:
Kate hace una mueca, esperando la respuesta de Castle, quien parece haberse quedado inexpresivo.
-N… No – dice finalmente.
-¿No? – pregunta ella, dudando tras verle dudar a él.
-No – repite.
-Vale.
-¿Por qué lo preguntas de todas formas?
Ella se encoge de hombros, pensativa, antes de contestar a eso. En realidad son varias cosas las que le han llevado a pensar que entre ellos dos… bueno, que podrían ser algo más que amigos. La manera en que se ha preocupado por ella todo este tiempo, la forma en que él le mira, ahora saber que la acompañaba en su trabajo… Y le cuesta creer que cualquier persona fuese hasta Canadá y consiguiese una casa aislada en pleno bosque solo para protegerla. Simplemente es algo que no haría todo el mundo, y sin duda, a Kate le cuesta digerir.
-No sé, solo quería saber. No quiero que haya ningún malentendido – dice finalmente.
-Pero, ¿hay algo que has recordado y por eso lo preguntas? – Insiste él.
-No. ¿Debería haberlo? – pregunta Kate con el ceño fruncido.
En ese instante, Rick recuerda agarrarla peligrosamente y, en un rápido movimiento, besarla sin que ella pudiese rechistar. Y sin embargo justo después ella continúo el beso. Y lo cierto es que nunca supo si fue una simple tapadera para ambos o si ella sintió algo más. Porque desde luego que él lo hizo. Pero de todas formas eso fue hace ya algún tiempo, y justo después del beso, ella noqueó al tipo al que pretendían engañar, haciéndose pasar por una pareja, y lo dejó KO en el suelo. Además, sería algo rastrero si se aprovechase de esta situación para tener algo más con Kate.
-No, no – dice volviendo al presente.
-Bien.
-Sí. Bien.
Kate suspira en medio del incómodo silencio que se ha instalado entre ambos.
-Será mejor que prepare la comida – dice Rick, levantándose del sofá.
Ella asiente y se acerca a la ventana, observando cómo caen los primeros copos de nieve.
-¿Estás segura de esto? – pregunta Castle, totalmente inseguro.
-Estoy bien, puedo hacerlo – dice ella, sin hacerle mucho caso.
-No quiero obligarte a nada que…
-Vamos – dice ella, abriendo la puerta con decisión.
Castle mueve las manos, dejándole pasar a ella primero. Y asegurándose de que en verdad está bien.
Poco después de que la nieve haya empezado a cuajar en el suelo, él ha mencionado cuánto extrañaba a hacer un muñeco de nieve. Y ha faltado poco para que ella saltase del sofá y casi le obligase a ponerse la ropa de invierno para salir a jugar con la nieve.
Y, aunque prácticamente la idea ha sido de ella, Rick no se sentiría nada cómodo si Kate acaba cogiendo un resfriado y acaba debilitándose por culpa del frío de ahí fuera. Sin embargo… no ha podido decir que no a sus iluminados ojos, con la misma ilusión de una niña pequeña.
-Soy una experta en construir muñecos de nieve – dice ella, sacándolo de sus pensamientos.
-¿Ah sí?
-Ajá – dice, hincando sus rodillas en la nieve mientras intenta agolpar un montón a su lado – Mi padre, mi madre y yo solíamos construir uno siempre que había nieve.
Él le escucha con atención, a la vez que curiosidad por sus recuerdos.
-Mi padre alquilaba una pequeña cabaña en el bosque, en el noroeste de Nueva York, y pasábamos allí una o dos semanas durante las vacaciones de Navidad.
-¿Te acuerdas? – dice él, con cierta confusión.
-Sí. Es lo único que recuerdo, mi niñez y parte de mi adolescencia. Después del… después de lo de mi madre, es como si me hubiesen borrado todo ese intervalo de tiempo. Solo eso y lo que ocurrió antes de que me encerraran.
Rick traga saliva. Imagina si Kate recuerda todo lo que ocurrió antes de que la secuestraran. Es cierto que no le ha dicho nada si así es, pero… también podría estar fingiendo, ¿no?
-Auch – se lleva la mano a la cabeza, donde acaba de impactarle una bola de nieve.
Comprueba cómo Kate lo mira con una sonrisa a unos metros de él, y por un momento le parece la sonrisa más bonita que ha visto nunca.
-Eso no vale – se queja cuando ella se agacha para hacer otra bola de nieve y lanzársela otra vez, dando de lleno en su pecho.
-Soy más rápida que tú – dice ella, divertida a la vez que se encoge de hombros.
Él corre, tratando de alejarse de ella y coge un puñado de la nieve acumulada en el suelo, haciendo una bola con ella.
Se la lanza, pero es cierto, ella es más rápida y se agacha, evitando que la bola le golpee en la cabeza.
Para cuando Castle se da cuenta, Kate está corriendo tras él, a muy pocos centímetros. Asombrado por la habilidad de ella de correr sobre la nieve, intenta alejarse sin demasiado éxito.
Ella le lanza la nieve a tan poca distancia que alguna se mete entre su chaqueta, haciéndole tiritar. Entre eso y su torpeza, Rick acaba cayendo al suelo, derrotado.
Kate cae a su lado, riéndose. Por primera vez en muchos días se siente libre, feliz.
Rick no puede quitarle el ojo de encima. A pesar de que el gorro de lana, y el abrigo abrochado hasta el cuello le cubren parte de su ondulado pelo, sus ojos iluminados y su nariz roja por el frío, al igual que sus mejillas, le hacen verse totalmente preciosa. No se había dado cuenta de cuánto necesitaba esto, necesitaba divertirse por un rato, olvidarse de todo lo ocurrido y, simplemente pasárselo bien.
De pronto se tumba sobre ese manto blanco y comienza a mover los brazos y las piernas, formando un ángel de nieve. Él le imita y luego comprueban juntos, entre risas, que el de ella ha quedado mucho mejor que el suyo.
-Bueno, no está mal. Yo no tengo tu figura – responde él, haciéndose el ofendido.
-Tú tampoco estás nada mal, Castle.
Tras decir esto, ella se ríe y se dirige hacia la entrada de la casa. Sin embargo él no. Él se queda unos segundos más ahí fuera porque, a pesar del frío que casi quema su cara, las simples palabras de Kate han hecho que su corazón palpite un poquito más deprisa. Y no solo porque le ha hecho un cumplido, sino porque no es la primera vez que se las dice. Y puede que ella no recuerde, pero él necesita unos segundos para procesar ese sentimiento que se remueve dentro de él.
Pero a pesar de todo, no puede mantener la esperanza de que vaya a pasar algo con Kate. No después de todo lo que ha pasado, y todo lo que les queda por hablar. Además… no sabe cómo va a reaccionar ella cuando recuerde ciertas cosas, pero puede que él no salga muy bien parado.
Rick se acerca al sofá, donde esta ella, tumbada, ofreciéndole de nuevo una taza con un humeante café.
-¿Estás bien? – le pregunta, pues nada más entrar se ha tirado en el sofá.
-Solo un poco cansada – dice ella, incorporándose para aceptar ese café.
Esta vez él no roza su mano con la de ella, y en lugar de sentarse a su lado, se sienta en el otro sillón, girando la vista hacia la ventana.
-¿Puedo hacerte una pregunta? – dice ella, un rato después, agarrando la taza caliente entre sus manos.
-Claro – dice él, mirándola.
-Antes has dicho que soy policía – él asiente - ¿No deberían ser mis compañeros los que estuviesen aquí? Es decir, tú no eres policía – dice ella, tratando de no ofenderle con su pregunta.
Él medita la respuesta unos segundos antes de contestar.
-Sí, probablemente, debería ser así. Pero… Ryan y Esposito no saben que estamos aquí.
-¿Ryan y Esposito?
-Sí, ellos son tu equipo.
-Entonces, llamémosles, ellos deberían saber…
Él tuerce el labio, sonriendo.
-¿Qué? – pregunta ella, sin comprender por qué se ríe ahora.
-Eso es lo que hubiese dicho alguien con un poco de lógica. – Ella sigue sin comprender, así que él trata de explicarse – Cuando empezaste la investigación… no actuaste guiada por la lógica, sino por las ansias de pillar al asesino de tu madre y… no nos contaste a nadie lo que estabas haciendo, ni siquiera a ellos.
Ni siquiera a mí, piensa.
-¿Por qué haría algo así? – pregunta ella, confusa por su propia actuación. Es más bien una estupidez.
Rick sonríe de nuevo.
-Porque no querías ponernos en peligro a los demás. Por eso actuaste sola.
-¿Pero tú…?
-Yo averigüé lo que estabas haciendo. Y después conseguí averiguar dónde te habían encerrado – dice él, saltándose así gran parte de la historia.
-Sin contárselo a ellos tampoco… - concluye Kate.
-Somos dos idiotas – dice él, encogiéndose de hombros.
Kate se queda pensando, si ese tal Ryan y ese tal Esposito estarán buscándolos en estos momentos, o al menos, preguntándose dónde están.
