La moribunda Apple recibió otro duro golpe el día que comenzó la grabación de The Beatles, conocido como The White Album. Centrados todos en el disco, la compañía fue abandonada a su suerte. Antes del inicio de las sesiones de The White Album, ocurrió otro hecho clave en el desenlace final del grupo: el divorcio de John, y la consiguiente entrada definitiva de Yoko Ono a la vida de John y de los Beatles. Era algo que se veía venir desde hacía algún tiempo, pero no hasta entonces se decidió John a dar el paso definitivo. Por no querer separarse de Yoko tras el divorcio, cometió el peor de los errores: traerla al estudio, a las grabaciones del disco. Convivíamos con ella de la misma manera que lo hacíamos con cualquier miembro del grupo, pasaba las largas sesiones de grabación metida en el estudio con nosotros. El trato con ella era agradabilísimo, era una mujer extraordinariamente afable, en contraposición a la imagen que después se ha querido dar de ella. Es por eso que nunca me extrañasen sus muestras de cariño hacia mí, cariño que yo no dudaba en corresponder. Sin embargo, un día noté que John me miraba con cierto aire de reproche y que los demás me evitaban y no querían cruzar mirada conmigo. Me sentí fatal, sólo y, en cierto modo, indignado.

John no me dirigía la palabra, George casi tampoco por solidaridad con John y mi relación con Lewis se había enfriado mucho a raíz del tema de la película. Sólo me quedaba Ringo con quien jamás había tenido una conversación seria. Traté de desahogarme con Linda pero ella no vivía la situación y no supo ayudarme. Mi decisión fue la de mantenerme firme en mi actitud y esperar un buen momento para aclararlo todo. Por desgracia ese momento nunca llegaba. Lo que sí llegaba era el cariño de Yoko que culminó con la declaración de su amor. Mi rechazo la llenó de resentimiento, mi actitud también la había confundido a ella. Al día siguiente en el estudio tuvieron que agarrar a John para que no me golpeara. Me insultó y me dijo que me fuera de su grupo. Así lo hice. De hecho, la portada del disco no llevaba foto alguna por mi ausencia. Fueron días tristes para mí por la forma en que había abandonado el grupo y para el resto, porque mi ausencia suponía el final de los Beatles. Sin embargo, Lewis nos tenía aun reservada una sorpresa. Mientras los demás estábamos en Rishikesh, había firmado varios contratos más. En concreto, habríamos de rodar otra película y grabar otro disco: Let it be y Abbey Road. Let it be la rodamos en los enormes estudios Twickenham en los que además de sentirnos fuera de sitio, reinaba un ambiente frío y desangelado. Para grabar la banda sonora nos trasladamos a los estudios que habíamos construido en el sótano del edificio de Apple. Lo claustrofóbico de aquellos estudios nos ayudó en absoluto a suavizar la tensión imperante. De hecho, el único momento grato de aquella grabación fue cuando subimos a la azotea del edificio a tocar.

Terminado el rodaje de la película y mientras ésta era montada, nos pusimos a trabajar en Abbey Road, tras una pausa que aprovechamos Linda y yo para casarnos. La vuelta a nuestros estudios siempre facilitó mucho el trabajo. Además el deseo común de acabar con aquella pesadilla hizo que todos tuviéramos una mejor disposición. Dado que mi presencia en el estudio no era tan necesaria como lo había sido para el rodaje de Let it be, me ausenté siempre que pude. De hecho, apenas participé salvo para las sesiones fotográficas. De éstas cabe reseñar la última, en Titenhurst Park, la nueva casa de John en Ascot. Él impuso que fuera en su casa y que Yoko apareciera en el reportaje. Yo no me amedrenté y propuse a Linda como fotógrafa para las sesiones. John se opuso pero George y Lewis me apoyaron y finalmente Linda realizó el reportaje.

Con Abbey Road en el mercado se habían acabado los compromisos del grupo y, por tanto, se había echado el telón a una época musicalmente brillante, sin embargo, la ruptura no se hizo pública. Problemas en el montaje de Let it be habían hecho que todavía no se hubiese estrenado. Además, John le dio la banda sonora a Phil Spector para que la reprodujera lo que, por cierto, suscitó nuevamente conflictos entre John y Lewis. También fue motivo de crispación entre ellos el que John tratara de imponer a Allen Klein, su nuevo hombre de confianza, como representante del grupo. Lo único cierto de estas continuas discusiones es que retrasaban el estreno de Let it be y el anuncio de la disolución del grupo. Fui precisamente yo el que hubo de hacerlo público. Fue en la presentación de McCartney, el primer disco solista de Lewis. Leí un breve comunicado en el que hacía oficial lo que ya era un secreto a voces. Al día siguiente salió el sencillo Let it be y fue número uno. Por último lo sería The long and winding road, canción que resumía la carrera de los Beatles.