— ¡A levantarse!— gritó Shaina, en el umbral de una habitación de madera con los brazos cruzados, un muchacho de piel bronceada y cabello blanco.
A pesar de ser muy joven, era más alto que Shaina; avanzó hasta al patio seguido por la santo de Ofiuco.
— ¿Ves eso, Cassios?— dijo Shaina, señalando unas columnas en el piso, Cassios asintió— Despeja el camino, están obstruyendo el paso de los visitantes. Comienza ahora.
— Ahora mismo, maestra.

Cassios avanzó rápidamente para cumplir con su tarea. Shaina se cruzó de brazos, observando la tarea que dejó a su alumno.
Entrena a Cassios hace tres años, un mes después de que se enfrentó a la Ofiuco negro en Creta; tenía mucha fuerza bruta pero veía que tenía buen potencial.

Ninguno se quería hacer cargo de él y ella lo tomó como su aprendiz. Shaina esperaba ser tan buena maestra como lo fue Sabik y le parecía que iba en camino, porque Cassios aprendía rápido.
—Terminé, maestra Shaina— dijo Cassios, acercándose a la joven, sus pantalones blancos estaban sucios de tierra.
— Bien— dijo Shaina y observó el camino— Buen trabajo, Cassios. Ahora hazte unas flexiones hasta que yo te diga cuando te detienes ¿entendido?
— Si, maestra— dijo Cassios, obediente.
Shaina vio como su alumno empezaba con los ejercicios. Se dio la vuelta y empezó a caminar por el suelo polvoriento, dobló un esquina y vio otro terreno de entrenamiento, más alejado, que para llegar tenia que descender por unas largas escaleras.

Shaina se mantuvo en su lugar, observando desde a lo lejos a dos personas: una mujer pelirroja de corta cabellera; la conocía; su nombre es Marin de la constelación del Águila y el otro era su alumno.

Shaina ya conocía el nombre de ese chico, después que tomó a Cassios como su alumno, supo que su nombre es Seiya. Reconoció su cabellera y ojos cafés, los mismos que vio hace mucho, él vendó su mano herida y nunca supo su nombre hasta ese momento.

Nuevamente esa sensación extraña en el estómago; meneó la cabeza, no era el momento para estar pensando en esas cosas.

Él era un aspirante a la armadura de Pegaso, la misma que Cassios aspira y Shaina apoyaba a su pupilo. Y recordó que ese día era el día que se organizaría una competencia entre aspirantes a la armadura de bronce de Pegaso.

Se giró y buscó a Cassios hasta encontrarlo.
— Listo, Cassios. Descansa, en tres horas irás al coliseo para la competencia.
Cassios se sentó en la tierra, aliviado.

.

El coliseo habia poca gente entre el público pero si había bastantes aspirantes; alzó la vista donde pudo observar un sillón vacío y un poco más abajo, una caja de Pandora donde se guardaba la armadura de Pegaso. Cassios estaba listo y nervioso, Shaina avanzó entre el gentío a empujones hasta llegar a una escalinata.
— ¿Estás listo?— preguntó la mujer de Ofiuco.
— Si— dijo Cassios mientras se ataba las vendas de sus manos. El enorme chico se sentó y Shaina vio a Marin con su pupilo, a lo lejos. Pasaron los minutos y se dio inicio a la competencia, Seiya fue el primero en salir a luchar.

Su rival era uno de su tamaño, Seiya no tuvo problemas en vencerlo; Shaina apretó los dientes, el chico estaba muy bien entrenado pero confiaba en Cassios.

Y el siguiente fue su enorme discípulo; entró a la arena, levantando polvo y con una sonrisa de suficiencia.
Su rival apenas le llegaba a la cintura, se dio inicio el combate, el chico se fue contra Cassios y éste le propinó un puñetazo en la cara, que lo mandó al suelo. Se levantó con la nariz rota y se lanzó contra su enorme oponente, él solamente le agarró del cuello de la camisa y lo lanzó contra las escaleras. Su discípulo pasó a la siguiente ronda.

Shaina se percató que llegaban más gente al coliseo, ocupaban los asientos y ella se ocultaba entre la gente.
Pensó en Seiya, reconoció muy en el fondo, que le hubiera gustado conocerlo en otras circunstancias. Ya era muy tarde, él era un rival para Cassios y él se ganaría la armadura de Pegaso.

Todo lo que amaba terminaba mal: Beth estaba muerta y su maestra Sabik, terminó lisiada y alejada de su vida. Ya había superado la muerte de su mejor amiga y no sabia nada de su antigua maestra. Estaba segura que si volvía abrir su corazón, esa persona terminaría dañada.
No lo iba a permitir y la mejor forma es cerrar todo y ocuparse de sus asuntos. Y se dio cuenta, que no le importaba nada que Seiya terminase mutilado por Cassios.

Y hablando de Seiya, observó casi sin prestar atención su segunda lucha, donde tardó un poco más en vencer a su rival.

Y el turno de Cassios fue el más violento que recordaba Shaina, le arrancó una oreja a su rival y ella no recordaba haberlo enseñado eso.
Él solía ser violento pero sabia que en el fondo era noble, se excedía mucho pero era la única forma de sobrevivir en un combate, tal como lo había dicho.

Shaina subió las escalinatas y se sentó, observando el resto de las luchas de los otros aspirantes.
Cuando ya estaban casi a la mitad, el Patriarca hizo su entrada sentándose en el sillón y Shaina lo supo, ya la competencia llegaba a su fin.

Cassios luchó con otros dos más antes de llegar a la final, donde derrotó a sus rivales de manera humillante.
Shaina apretó los dientes al ver que Seiya también llegó a la final y se enfrentaría a Cassios.
Cassios se acercó a su maestra, aprovechando el poco tiempo del receso, Shaina alzó la vista.
— Buen trabajo, Cassios. Has llegado a la última instancia, tú puedes lograrlo.
— Si, maestra— dijo Cassios con voz ronca, estaba sudoroso pero no se le veía el cansancio.
— Confía en tus fortalezas y tus habilidades, Cassios pero no en exceso.
— A ese chico ya lo conozco. Le he dado una paliza hace ya mucho.
— Eso fue hace mucho. Ten cuidado y recuerda todo lo que te enseñé y si sigues esos consejos, la armadura de Pegaso será tuyo.
— Lo tendré en cuenta, maestra Shaina— dijo Cassios y el sonido de la campana sonó.

Y supo que la final ha comenzado, Shaina observó la enorme figura de Cassios entrar en la arena y a Seiya. Confiaba que Cassios iba a ganar, si no lo lograba…bueno ya pensaría que hacer con Seiya.

Fin


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