ADVERTENCIA MATURE

Capitulo 8

Las palabras sobraron y las manos tomaron la iniciativa. Severus recordaba el sabor de la joven, el aroma que despedían los firmes senos que mantenía cautivos entre sus manos, pero le parecía haberlos paladeado mucho tiempo atrás. Aspiró el perfume cálido que nacía en ese terciopelo suave ansioso de sus caricias.

—Muerdeme— pidió ella a media voz arqueando su cuerpo buscando un contacto más cercano —profesor muérdeme—

Al principio con cuidado aprisiono la carne del pezón entre sus dientes, poco a poco fue apretándola hasta que escucho como soltaba un gemido, jugueteo con la lengua y la carne en su boca, Mina solo se retorcía bajo él, arañando su espalda, con la agitada cadera buscando la unión de los cuerpos.

—Si sigues así...— susurró jadeante —vas a hacer que...— sintió la tibia humedad de la entrepierna atrapando su miembro erecto, no necesitó de más, se incorporó y tomándola por las caderas la embistió con fuerza, ambos rugieron de placer al sentir sus carnes unidas, palpitando en un solo latido, siguiendo un ritmo que solo ambos conocían.

El enorme lecho se sacudía ante sus embestidas, los dos jadeaban y gemían al mismo tiempo, el chocar de los cuerpos se unía a ese concierto voluptuoso, gritaron a la vez sus nombres cuando llegaron al clímax entre luces de colores y erráticas sacudidas.

Tomaban un breve descanso del primer encuentro, Mina le acariciaba tiernamente el pecho y él enredaba distraído sus dedos en el ensortijado cabello.

—Perdóname— susurró ella —mi carácter...— le besó en el hombro —desde que estoy haciendo los rituales que me enseñó mamá tengo poca tolerancia a todo—

—necesitas relajarte—

— ¿Lo dices tu?— burlona le tocó la frente —creo que salir a la lluvia te ha enfermado—

—Entonces... necesitas que alguien te domine... — sonrió con malicia —vas por la vida como una hoja al viento—

—Ahora eres poeta— se burlo más cuando se reflejó en los oscuros pozos fijos en sus ojos sintió un poco de miedo — ¿Sev?—

—Creo que es hora de que alguien te enseñe a comportarte— el tono gutural utilizado en la advertencia la hizo temblar.

— ¿que? ¿Que vas a hacer?— asustada se replegó.

—Solo a enseñarte quien manda— gruñó levantándose, Mina dio un gritito de sorpresa e intentó escaparse.

No espero nada más, se levantó jalándola con brusquedad, se colocó detrás de ella y comenzó a acariciar la espalda, la muchacha se retorcía, adivinaba lo que ocultaba esa amenaza, sabía que él no la dañaría pero esa mirada y el tono utilizado la habían asustado lo suficiente como para bajar los niveles de su libido.

—Sev por favor— gimió dulcemente, solo logró que se aferrara a sus caderas levantándola para hacerla quedar en cuatro patas.

—por favor ¿que?— siseo acariciando las caderas y besando los glúteos haciéndola reír nerviosa, primero con el dedo índice comenzó a relajar el apretado musculo que le ofrecía sin restricción alguna, la humedecía con sus propio jugos, a los pocos minutos dos dedos exploraban el territorio aun virgen, Wilhemina se retorcía dividida entre la idea de salir corriendo o rendirse ante la invasión.

—Detente— gimió, Snape sujetó el cuerpo de la muchacha y acercó su ariete a la entrada que ansiaba poseer, poco a poco comenzó a penetrarla, lentamente para no lastimarla.

—demonios— gimió de placer pues la carne ardiente lo rodeaba con fuerza, no había resistencia pero estaba mas que claro que era la primera vez que ese paraíso estaba siendo penetrado — ¡maldición!— soltó cuando ya la invadía con la mitad de su miembro.

Mina no dijo nada más, respiraba con fuerza y se mantenía quieta, había dolor, muchísimo dolor pero valía la pena, él le estaba regalando el mayor de los placeres, ser poseída en su totalidad por el hombre que amaba.

—No quiero lastimarte— gimió aguantando las ganas de embestirla con fuerza —princesa no quiero herirte—

—Sev...— susurró aguantando el ardiente dolor en su interior.

Snape cerró los ojos, se aferro a las suaves caderas y de un solo golpe termino de tomarla haciéndola gritar con fuerza. Se mantuvo quieto, dejando que el cuerpo se acostumbrara a su invasión, poco a poco comenzó a moverse, de nuevo ese ritmo, el vaivén que lo llevaba a los límites de la cordura cada vez que poseía a la aparentemente frágil muchacha.

Con manos expertas acariciaba los pechos que se bamboleaban ante las cada vez mas violentas embestidas, en un momento dado la aferró con tal fuerza que sintió como se abría la carne bajo sus uñas, percibir como su pelvis golpeaba las redondas formas de Mina le hicieron olvidarse de todo, únicamente era placer, para él y para ella.

No soportaría mucho, la deliciosa presión a la que era sujeto su cuerpo estaba a punto de hacerlo derramarse, se detuvo controlando la respiración pero Mina decidió cobrarse tan artera invasión y no darle descanso, primero se empujó hacia atrás forzando una penetración más profunda que lo tomó por sorpresa, poco a poco tomó un ritmo suave que no intentó detener.

Sujeto a las caderas con fuerza la dejó hacer hasta que no pudo más, rodeando con sus brazos el torso de la muchacha la lleno de él, no solo de sus fluidos, también ese abrazo implicaba su alma, su corazón y su vida entera.

Mareado se derrumbó sobre ella abandonando el cálido espacio, aferrado al delgado cuerpo que también buscaba un poco de oxigeno.

No hubo necesidad de hablar, haciéndose un ovillo lo hizo abrazarla, ambos guardaron silencio por varios minutos.

—No quería lastimarte— le ronroneo acariciando los largos y rizados cabellos rojos —debió dolerte—

—Valió la pena— respondió — sin planearlo completaste mi conjuro—

— ¿Un conjuro?— la giró, Mina sonreía y tomándole la mano le hizo acariciarle el vientre, eran como unas cicatrices pequeñas. La descubrió completamente para apreciar lo que sucedía, poco a poco se fueron formado palabras hasta acabar un enunciado.

"Este cuerpo y el alma que contiene, pertenecen en su totalidad a Severus Snape"

— ¿Por que?— la miró con un gesto entre confusión y ¿pesar?

—cada línea es por cada noche que te extrañé los primeros días, de alguna manera debía sacar ese dolor— susurró guiando los dedos de Severus sobre los trazos —se que tiendes a la violencia, no puedo exigirte una relación libre de ella, al menos en este sentido— se abrazó a él aspirando su aroma —te pertenezco, puedes hacer conmigo lo que quieras, enséñame a encontrar el placer en el dolor—

—No quiero que estés marcada— le levantó el rostro para verla fijamente —además no quisiera lastimarte como lastime en el pasado a...—

—A muchas, lo sé— sonrió con tristeza —publicaron en la universidad la lista de victimas de cada mortífago...sé que te gustaban muy parecidas a Lilian, sé en que formas murieron—

— ¿puedo pedirte perdón?—

— ¿a mi? no tiene caso, eso está en el pasado, y a ellas ¿con que finalidad? están muertas— le hizo un guiño —no voy a negarte que al principio me asusté un poco pero... quiero que me enseñes más profesor—

— ¿placer en el dolor?— ella asintió — ¿estás segura?— Mina repitió el gesto.

—quiero ser la mejor de tus amantes, si en la cama quieres que sea sumisa voy a serlo—

—Solo en la cama— repitió él —y solo...—

—está claro que solo contigo profesor— la hizo tocarle el vientre —además esta marca es imborrable y cada vez que alguien me toque con la finalidad de...—sonrió — de tomarme... les va a quedar bien claro quien es mi dueño, es mi garantía hacia ti de que nada ni nadie va a cambiar lo que siento, y que si alguien llega a tocarme será contra mi voluntad pues leerá este mensaje—

—Eres tan extraña— le gruñó abrazándola —creo que eso es lo que más me gusta de ti—

—quiero darte gusto en todo—

—Pero... te fuiste porque no querías abandonarte a mis intereses—

—no, me fui porque no quería ser una copia tuya... quiero aprender y darte sorpresas de vez en cuando—

— ¿Estas segura?— Mina asintió con una sonrisa traviesa y picara.

—solo tenme paciencia ¿si?—

—Iremos poco a poco— le prometió atrayéndola de nuevo para hacerla sentir cuanto le provocaba.