Capitulo 8.
- ¡No te rías, cabrón! A mi no me hace ni puta gracia.
Pero es que era inevitable. Sam estaba prácticamente revolcándose de la risa en su cama mientras Dean le miraba con el ceño fruncido, claramente enfurruñado, emitiendo un rugido bajo y grave de disgusto y con las orejitas de gato que ahora portaba echadas hacia atrás.
Y ese era el motivo de la risa del pequeño y del disgusto del mayor. Dean se despertó esa mañana con algo más de su anatomía cambiado. Donde antes había orejas normales de humano, ahora estaban dos adorables y peluditas orejas de gato. De pelo rubio oscuro para más INRI.
Y claro, a Sam le hizo muchísima gracia el asunto.
- Es que… es que… joder, Dean. – consiguió mascullar entre carcajadas. – Es demasiado chistoso. Te tengo que hacer una foto así, tío. Estas adorable.
- ¡Vete a la mierda! – rugió Dean, lanzándose sobre él e intentando golpearle. Sam volvió a reír, tirado en la cama, forcejeando un buen rato y peleando como cuando eran crios.
Esa lucha calmo un poco los ánimos del mayor, que se relajo lo suficiente como para reír también y dejarse sujetar. Sam se sentó encima suya, mirándole sonriente.
- Es que son tan monas… - le susurro, rozándolas con los dedos. Dean cerró los ojos, ronroneando de gusto por la caricia.
Caricia que Sam repitió varias veces, notando como las ganas de besarle aumentaban. Pero estaban en casa de Bobby y en cualquier momento podía aparecer e interrumpirles. Así que… ¿Cómo se lo montaba para quitarse el calentón y las ganas de comerse a Dean sin que nadie le molestara?
Una sonrisa malvada adorno su rostro cuando dio con la solución. También le serviría para otra cosa, por lo que mataría dos pájaros de un tiro.
Sin dar tiempo a su hermano para reaccionar, le agarro y se lo cargo al hombro poniendo dirección al baño que compartían en la habitación. Inmediatamente, Dean empezó a revolverse y luchar en sus brazos, tratando de liberarse.
- ¡Sam! ¡No! ¡Que me bañe ayer! ¡No quiero! – el pequeño soltó una risa.
- Créeme, Dean. – gruño metiéndolos a ambos en la ducha y abriendo el agua caliente. – Este baño te va a gustar.
Dean pronto se vio aplastado contra los azulejos y besado por su hermano, antes siquiera de poder pensar en replicar. Cuando quisieron darse cuenta, se habían arrancado la ropa empapada y se estaban tocando por todas partes.
Las grandes manos de Sam por su espalda y bajando. Las garras de Dean arañándole los costados y colocándose en su pecho.
Sus cuerpos se buscaron, frotándose para encontrar algo de alivio porque ya estaban tan calientes que les dolía.
La voz de Bobby llamándoles para desayunar les obligo a acelerar las cosas y a acortar un momento que a ambos les hubiera gustado alargar más. Pero no podían arriesgarse a que subiera a buscarles.
Dean se volvió a dejar bañar por su hermano, con las orejitas gachas y bufando su descontento, tanto por el baño como por el orgasmo acelerado. Hubiera preferido hacer algo más que tocarle, la verdad.
Sam solo se rió al verle así de disgustado y le dio un beso más antes de dejarle solo para vestirse.
Después del almuerzo, Dean volvió a perderse. Desde que llegaron al desguace solía hacer eso. Salía y Sam tardaba horas en encontrarle. Eso cuando no lo dejaba por imposible y acababa volviendo solo a casa, esperando que el otro regresara. Aunque la mayoría de las veces, lo encontraba.
Y ahora, volvía a pasearse por el desguace intentando averiguar donde demonios se estaría echando la siesta su hermano. Otra costumbre de gatos, le dijo Bobby cuando se lo comento. Una costumbre que estaba empezando a odiar.
Estaba a punto de coger el móvil y llamarle, a ver si así lo localizaba aunque fuera por la musiquita, cuando oyó los ladridos de Jefferson. Venían de lo más profundo del desguace.
Se dejo guiar por el sonido hasta llegar a una zona llena de coches prensados y colocados en largas columnas. Junto a una de ellas, Jefferson ladraba como si su vida dependiera de ello. Alzo la mirada. En lo alto de esa columna de chatarra, estaba sentado Dean, mirando hacia el perro con aire burlón, las orejitas echadas hacia atrás y arañando la chapa de uno de los coches con sus garras.
- ¿Dean? ¿Qué haces ahí arriba?
- Intentaba dormir, pero ese jodido perro no ha dejado de hacer ruido todo el rato. – Sam miro a Jefferson, el cual seguía ladrando escandalosamente junto a él. Desde luego, hacia muchísimo ruido. Cogio un palo que había por ahí tirado y se lo enseño.
- ¡Ey, Jefferson! ¡Busca chico! – lo llamo, lanzando el palo lejos. El perro inmediatamente corrió tras el palo, marchándose del lugar. – Vaya mierda de perro guardián que tiene Bobby, en serio. Ahora baja de ahí.
- ¿Por qué? Aquí se esta bien.
- Dean…
- Podrías subir tú. – Sam se paso una mano por la cara, frustrado.
- Ya. Y de camino, romperme el cuello. Baja de una vez, por favor. – Dean bufo, pero acabo haciéndole caso. De un salto cayo frente al pequeño, que le miro sorprendido. Había más de siete metros de caída.
- ¿Qué? – pregunto al ver que seguía mirándole con asombro.
- No. Nada. Es que… ¡joder, tío! ¡Es alucinante! – Dean rió divertido, acercándosele despacio y arrinconándole contra uno de los coches.
- Ya se que soy alucinante, Sammy.
- Y modesto, Dean. – rió el pequeño. – No te olvides de eso. – Dean volvió a reír y poso sus garras en el pecho del otro.
- Ya, pero eso es lo que te gusta de mi, ¿no? – Sam bajo la cabeza y le beso levemente en los labios.
- No te lo tengas tan creído. – le susurro al oído, mordiéndole en la punta de una de las orejitas, arrancándole un gemido. – Joder, Dean. No hagas eso que me pones malo.
Dean le agarro de la camisa para acercarlo y morderle el cuello, raspándole la suave piel de la garganta con los colmillos.
- ¿Qué no te haga eso? No me hagas tu eso si no quieres que te viole aquí mismo. – rugió antes de volver a besarle.
A Sam la idea no le parecía tan mala. Sobre todo en ese momento en que el cuerpo de Dean se rozaba con el suyo, haciéndole endurecerse por segundos. Pero los ladridos del perro le hicieron volver a la cruda realidad de golpe. Fue un golpe muy duro…
Se separo de su hermano con un último beso y ambos se volvieron hacia el perro, que les miraba moviendo el rabo feliz y con el palo en la boca.
- Lo dicho. Vaya mierda de perro guardián tiene Bobby.
Continuara...
