Cuando la alarma del IPhone de Kate sonó a las siete de la mañana, ambos estaban dormidos. Ella se liberó de los brazos de él y alcanzó torpemente el dispositivo para apagarlo. Abrió los ojos por completo intentando evitar así volver a quedarse dormida, Castle la abrazó con más fuerza atrayéndola hacía él.

- ¿No me digas que ya es la hora? – preguntó con desilusión besándola en la espalda.

- Quédate un poco más mientras me ducho – contestó ella.

- ¿Y para que quiero yo estar en la cama si no estas tú? – la agarró dándole la vuelta y besándole en los labios – será mejor que nos levantemos, ¿verdad?

- Te prometo que cuando todo esto acabe estaremos un día entero metidos en la cama – le dijo sonriendo y besándole.

- Te tomo la palabra detective – dijo dando un brinco y poniéndose en pie – haré el desayuno mientras te duchas.

Una hora después ambos entraban en el coche de Kate camino de la comisaría.

- ¡Señores! – bramó Gates saliendo de su despacho

- Hoy parece que está de mal humor – dijo bajito Ryan.

- Hoy vamos a tener un complicado día de trabajo – les aseguró – desde la central nos han dado orden de no alejarnos de nuestras área de influencia, y nos han encargado una tarea complicada. Hoy tendremos que detener a todo aquel ciudadano que se ha negado a abandonar sus viviendas en las zonas de evacuación "A", las más cercanas al Hudson y al East River. Tenemos un listado de todos aquellos que no han querido evacuar. No son demasiados – les dijo entregándoles listados a cada equipo -pero tenemos que detenerlos y traerlos aquí, hacerles entrar en razón y después trasladarles hasta el Baruch College, en la Avenida Lexington, el centro de evacuación más cercano a esta comisaría. Utilizarán los autobuses no podemos perder el tiempo en traerles aquí uno a uno, les entregaremos lazos de seguridad para que puedan inmovilizarles en caso de que se resistan. La llegada del huracán esta prevista para las siete de la tarde. Para antes de esa hora, señores, les quiero a todos aquí sin pretextos. Estén atentos a sus teléfonos y sus equipos de comunicación. Sé que no les hemos avisado con antelación, pero me gustaría poder contar con el máximo de ustedes las siguientes 24 horas…

Aunque nadie les había avisado, todos contaban con no tener vida privada durante las siguientes 48 horas. Kate estudiaba el listado que le había entregado Gates.

- ¿Cuántos? – preguntó Espo.

- Veinte – contestó ella.

- ¿Qué zona? – inquirió Ryan

- Lower East Side – dijo Kate – Cherry Street, Madisson Street…

- ¿Veinte domicilios o veinte personas? – preguntó Castle.

- Veinte domicilios – confirmó Kate.

- Pues todos no entrarán en un solo viaje de autobús, así que, cuanto antes nos vayamos, antes estaremos aquí – le dijo él y ella le asintió sonriendo.

En la primera dirección que acudieron, Kate y Ryan sacaron del edificio esposado a un hombre de unos cuarenta años, seguido de su mujer que llevaba a un niño de unos cuatro años en brazos. Él se negaba a abandonar su domicilio, y la mujer, que seguía intentando convencer a su marido, parecía aliviada al saber que les llevaban a comisaría. Mientras subían a la pareja al autobús, Espósito revisaba el resto del edificio y precintaba la entrada al mismo. Pasaron la mañana peleando con vecinos que no querían abandonar sus casas, tuvieron que emplear la fuerza bruta en un par de ocasiones. Cada vez que descendían del autobús para acceder a un nuevo domicilio, Kate lo abandonaba con preocupación. Dejar a Castle al cuidado de varias personas violentas no le hacía ninguna gracia. Al menos ellos tenían sus armas y podían intimidar, pero él…

- ¿Cuántos nos quedan? – preguntó Castle mientras cerraba la puerta poniendo rumbo a comisaría.

- Cinco – contestó Kate revisando el listado y mirando el atestado autobús.

- Un viaje más… - contestó él y ella asintió.

En cuanto llegaron a la puerta de la comisaría, varios policías les ayudaron a subir a los vecinos que seguían resistiéndose a ir a un lugar seguro, mientras que el resto esperarían en el autobús para ser trasladados hasta el centro de evacuación.

- Ahora volvemos – le dijo Kate – no te muevas de aquí – le dijo sonriendo.

- Descuida detective – contestó devolviéndole la sonrisa – aquí estaré.

Mientras esperaba, Castle decidió llamar a Alexis para confirmarle que esa noche no irían a casa y ponerle al día sobre lo que veían en Nueva York, recordándole que no debían moverse de allí.

Cerca de media hora después Kate y los chicos salían de comisaria junto a los vecinos que anteriormente habían trasladado, estos últimos más tranquilos y con las manos libres, excepto uno de ellos, que no volvió al autobús.

- ¿Qué ha pasado? – preguntó Castle sentado de lado en el asiento del conductor mientras observaba como hacían las paces con sus familias.

- Gates les dio a elegir entre estar fuera de sus casas en las celdas de comisaría durante una semana y sin sus familias, o estar fuera de sus casas en un centro de acogida un par de noches con sus familias – dijo Ryan.

- No parece que le haya costado mucho convencerles – dijo poniendo el autobús en marcha – no se querían ir por si les robaban ¿no?

- Gates les ha asegurado que quizá en unas horas no hubiese casas donde robar – dijo Kate – eso, y ver como Gates no ha vacilado en ordenar que encerrasen al único tipo que se ha resistido.

- Bueno, rumbo al Baruch – contestó Castle incorporándose al escaso tráfico.

Tras dejar a los vecinos en el Colegio, Kate volvió al autobús corriendo bajo la intensa lluvia que no paraba de caer desde la noche anterior. Castle abrió la puerta dejándola entrar y cerrándola tras ella.

- ¿Los chicos? – preguntó

- Gates nos dijo que aquí nos darían unos sándwich para comer hoy – contestó – han ido a por ellos.

- ¿Tienes frío? – preguntó viendo la chaqueta empapada de Kate.

- Sobreviviré – le dijo quitándosela y dejándola extendida en uno de los asientos.

- Toma – dijo quitándose el jersey de lana y acercándose a ella – esta calentito – aseguró con una sonrisa.

- ¿Y tú?

- Yo tengo mi camisa – dijo poniéndole el jersey – y mi chaqueta esta seca detective y no estoy temblando de frío.

- No estoy temblando de frío – le dijo mientras terminaba de ponerse el jersey.

- ¿Lo haces por mi presencia? – le dijo pasándole el brazo por la cintura y pegándola a él.

- Castle pueden vernos – contestó ella intentando separarse.

- ¿Quién? – miró a su alrededor sonriendo – Nueva York es un desierto y estoy deseando besarte. El jersey te queda enorme, pero me encantas así…

- No tienes remedio – le dijo sonriéndole y dejándose llevar por el beso que él había iniciado.

Minutos después Castle se levantaba rápidamente del asiento contiguo al de Kate, soltándola del abrazo en el que ambos estaban y abría la puerta a Espo y Ryan que corrían hacía el autobús bajo la lluvia con la comida.

- Chicos, dejar de hacer manitas. Creo que deberíamos comer aquí – dijo Espo – nos han dado sopa de pollo caliente, unos sándwich de carne y queso también caliente, fruta y café ardiendo. Sería una pena que dejásemos que se enfriara. ¿Comemos?

- Vale – dijo Kate que aunque lo había negado tenía frío.

- Esto tiene buena pinta – dijo Ryan – cogiendo el vaso de la sopa con ambas manos para calentárselas.

Terminaron de comer mirando la hora, los cuatro estaban nerviosos, se acercaba la hora de la supuesta llegada del huracán, y poco a poco las condiciones se iban endureciendo, el viento soplaba con más fuerza, moviendo peligrosamente árboles, farolas y semáforos, y las gotas de lluvia eran cada vez más gruesas, habían bajado un par de grados la temperatura en la última hora.

Se pusieron en marcha para recoger a las últimas cinco familias, el nivel del agua había subido en la zona de Lower East Side y Castle tuvo que aminorar la marcha, las calles parecían arroyos con varios centímetros de agua corriendo por ellas. No tuvieron que hacer muchos esfuerzos para convencer a cuatro de las cinco familias para que abandonases sus casas y llevarles hasta el centro de acogida, la quinta familia se había marchado por su cuenta al comprobar que el nivel del agua realmente subía. En cuanto los dejaron a salvo, Kate llamó a Gates, que le dijo que regresasen a la comisaría aparcando el autobús en las inmediaciones de la misma, por si lo necesitaban más adelante.

Cuando regresaron, comprobaron que la mayor parte de los equipos ya estaban de vuelta. Gates, y tras recibir órdenes de la central, organizaba los equipos para enviar a casa a la mitad de ellos para que pudiesen volver a la mañana siguiente y relevar a los que se quedasen.

- Detective Beckett – llamó Gates desde su despacho - ¿puede venir un momento?

- Señor – le dijo Kate entrando a su despacho

- ¿Su equipo tiene algún problema para quedarse hasta mañana? – preguntó mirando por encima de sus gafas

- No señor, contábamos con ello.

- Gracias detective, cuento con ustedes. En diez minutos tendremos una reunión.

Beckett volvió junto a los tres.

- ¿Qué ocurre? – preguntó Castle.

- Nos quedamos hasta mañana – les dijo – sólo preguntaba si teníamos algún problema.

- Lo tenemos – dijo Castle – como el resto de Nueva York – añadió – voy a llamar a casa.

Castle fue hasta el cuarto de descanso y mientras hacía café para él y para Kate, marcó el móvil de Alexis.

- Hola cariño – le dijo

- Papá ¿estáis bien? – preguntó

- Estamos en comisaría, ahora nos dirán que planes tienen, pero nos quedaremos hasta mañana – le dijo - ¿estáis bien los tres?

- Si papá tranquilo, no nos hemos movido de casa. Cada vez llueve más.

- ¿Cómo va la abuela con mi encargo? – preguntó cambiando de tema y dándole a Kate su café mientras ella entraba a la sala.

- Entusiasmada, lo esta pasando en grande.

- Me alegro cariño. Voy a colgar ya, si pasase algo llamarnos ¿vale? – le dijo.

- Si papá, dale un beso a Kate de nuestra parte.

Castle miró a su alrededor y le dio un rápido beso en la mejilla a Kate.

- De parte de los tres – le dijo – el mio te lo daré cuando nadie nos vea –dijo más bajito.

- Castle.

- No me ha visto nadie- dijo mientras ella ponía los ojos en blanco

- ¿Están bien? – preguntó ella

- No se han movido de casa y todo está en orden – ella le asintió sonriendo

- Me alegro que mi padre accediese a ir a tu casa – le dijo – realmente estoy más tranquila sabiendo que no esta solo.

- Y yo de que Alexis cuide de ellos – le dijo riendo.

Salieron de la sala de descanso al ver a Gates que les llamaba para contarles las nuevas noticias.

Gates comenzó a nombrar a los equipos que podían irse a sus casas y les dio orden para que se lo hiciesen de inmediato.

- El resto – continuó – pueden descansar por turnos de cuatro horas, en el gimnasio hay preparadas camas plegables que nos ha prestado el ejército, la cafetería de comisaría estará disponible toda la noche, todos bajaremos por turnos a cenar.

Les tocó el primer turno de descanso y los cuatro decidieron intentar dormir un poco para afrontar el resto de la noche. Fueron los primeros en llegar al gimnasio y eligieron las cuatro camas más alejadas de la puerta, que eran además las más resguardadas del resto. Todas las camas estaban muy juntas unas de las otras, aprovechando al máximo el espacio del gimnasio

- Tío – le dijo Ryan a Castle – vosotros dos en esas dos del fondo, nadie os verá.

- Ryan no somos críos – dijo Castle y Kate sonrío.

- Ya Castle, pues sé de un crío que le ha dado un beso a su novia en la sala de descanso hace un rato- le dijo Espo.

- ¿No nos habrá visto Gates? – preguntó Kate a Javi mirando a Castle con enfado.

- Tranquila – contestó – estaba embelesada en sus informes.

- ¿Y tú como nos viste? – preguntó Castle seguro de que nadie les estaba mirando.

- Estaba llamando a Lanie desde el despacho de Thompson con las persianas bajadas – aseguró – por eso no me visteis.

- ¿Dónde esta Lanie? – preguntó Kate acordándose de su amiga.

- Esta en el laboratorio, ya sabes, tiene guardia hasta mañana – le dijo.

- Intentemos dormir algo – dijo Ryan acomodándose sobre la cama plegable y tapándose con una manta.

Kate se sentó en la cama más alejada, junto a la pared y se quitó las botas.

- ¿Estas enfadada? – le preguntó Castle sentándose junto a ella

- No, pero debes tener más cuidado – le dijo – intentemos descansar un poco.

- Está bien – le dijo levantándose para tumbarse en la cama de al lado.

- Acerca tu cama ¿quieres? Tengo frío – le dijo y el sonrío

Minutos más tarde, ambos estaban tumbados cara a cara, Castle tenía la mano de ella entre las suyas besándosela e intentando calentársela.

- Me encantaría abrazarte – le susurró

- Nos caeríamos entre las dos camas – advirtió ella – y por ahora esto – dijo moviendo la mano entre las suyas – es suficiente. Durmamos un poco ¿vale?

La alarma silenciosa en el móvil de Ryan despertó a los cuatro que se pusieron en pie de inmediato, abandonando el gimnasio en silencio junto a otros compañeros de su departamento, que al igual que ellos habían finalizado su turno de descanso. Muchas de las camas estaban ocupadas por policías de otros departamentos que intentaban descansar para afrontar la noche. Por las ventanas podían ver como la lluvia había tomado matices torrenciales, y el viento se oía colarse por entre los resquicios del edificio.

Kate llamó con los nudillos a la puerta de Gates.

- Adelante detective – le dijo Gates mientras miraba el ordenador.

- ¿Algo nuevo señor? – preguntó Kate.

- El huracán ya ha tomado contacto con la ciudad, por el momento todo parece bajo control. Deberían comer algo – le dijo – bajen a la cafetería les localizaré si nos necesitan.

- Si señor – dijo Kate saliendo del despacho.

La comida de la cafetería era tan mala como los cuatro recordaban, pero al menos estaba caliente. Cenaron rápido y en silencio, volviendo de inmediato a la cuarta planta, donde los cuatro vigilaron las noticias y aprovecharon para volver a llamar por teléfono.

- ¡Beckett! – gritó Gates desde su despacho –Hay que ir al Hospital Universitario, la estación eléctrica de la calle catorce se ha incendiado y el hospital ha empezado a utilizar sus generadores de emergencia, pero uno de ellos ha fallado y hay que evacuar a los enfermos. El sargento Richmond de la central está al mando, búsquenle cuando lleguen y él les indicará donde deben llevar a los evacuados.

- Si señor – le dijo saliendo del despacho

- ¡Beckett!

- ¿Si? – dijo volviéndose

- Tengan cuidado – le dijo mientras Kate asentía.

Cuando salieron a la calle, pudieron comprobar la magnitud del huracán. Les costaba poder ver mientras accedían al autobús, la lluvia empujada por el aire parecía venir de cualquier parte, metiéndose en sus ojos y calándoles pese a las enormes capas impermeables que se habían puesto sobre los uniformes.

Cuando llegaron al hospital, se pusieron detrás de una veintena de autobuses que hacían cola para acceder al túnel de entrada de ambulancias, donde poco a poco los enfermos iban ocupando los mismos y eran evacuados con celeridad a otros centros médicos. Había dos filas de vehículos, uno de autobuses y otro de ambulancias, que sin duda eran utilizadas para trasladar enfermos más vulnerables.

Según iban adelantando para cargar el autobús, iban comprobando como otros autobuses se ponían tras ellos. La coordinación parecía perfecta. Cuando les quedaban cuatro autobuses delante, un oficial llamó a la puerta para que abriesen y accedió al mismo.

- Buenas noches ¿Quién esta al mando? – preguntó.

- Yo, señor. Inspectora Beckett – le dijo.

- Soy el sargento Richmond, tenga – le dijo entregándole una lista – estos son los enfermos que estarán a su cargo, irán con la enfermera Sally Grant. Ustedes irán al Lenox Hill – dijo mirando el listado y entregándoselo a Kate.

Cuando llegó el turno de subir a los enfermos, comprobaron que la rapidez con la que se estaba desalojando el hospital era en gran medida al personal del hospital, pudieron comprobar como incluso llevaban en brazos a los enfermos hasta la sala de espera de urgencias, que hacía de improvisada estación de autobús. Ayudaron al los celadores y enfermeros a acomodar a los enfermos y cuando todos estuvieron preparados la enfermera que les acompañaría subió al vehículo, sentándose al lado de Kate.

- ¿Cómo va el desalojo?- le preguntó Kate cuando se pusieron en marcha.

- La mayoría son enfermos que pueden moverse más o menos por su cuenta – dijo señalando hacía detrás – vamos por plantas y especialidades, primero las plantas más altas. Estos son enfermos de aparato digestivo. Los enfermos más críticos han sido trasladados en UVI móvil, afortunadamente el departamento de bomberos nos ha facilitado una dotación de traslado para diez enfermos que no para de hacer viajes, y las ambulancias como pueden ver – dijo señalando la fila de ambulancias – están organizadas eficazmente. Los técnicos están tratando de arreglar el generador que ha fallado, y los enfermos que no pueden ser movidos están siendo atendidos con generadores portátiles.

- Bien – dijo Kate – entonces todo parece bajo control.

- Afortunadamente todo esta saliendo bien –continuó la enfermera – nunca puedes esperar que pasen estas cosas y en el último segundo descubres que todo falla, pero en nuestro caso, la semana pasada comenzamos a hacer pruebas y estábamos preparados.

Castle avanzaba lentamente por la calle hacía el cercano hospital. El viento y el agua complicaban el camino, y él no quería ser brusco en el traslado. No eran viajeros corrientes. La mayor parte de las calles estaban a oscuras por la explosión del generador de la calle catorce y tenían que esquivar todo tipo de cosas tiradas por la calle, papeleras, ramas de árboles, cartones…

Cuando llegaron al hospital, y al igual que en el anterior, esperaron a que el autobús que les precedía descargase y los cuatro, ayudados por el personal, ayudaron a los enfermos a acceder hasta la sala de espera. No tardaron mucho en terminar y Kate llamó a Gates para que le diese instrucciones.

- Castle – apremió Kate - Gates quiere que nos acerquemos lo más posible al túnel de Brooklyn, se ha inundado y quiere que estemos cerca por si necesitan ayuda.

- En marcha – dijo Castle.

Atravesaron Manhattan por desiertas avenidas a oscuras. El limpiaparabrisas del autobús, con su frenético movimiento no era lo suficientemente rápido para quitar toda el agua que caía con furia sobre el.

El agua de la calle cubría una cuarta parte de las ruedas, vieron los rotativos de varias patrullas cercanas que vigilaban la zona.

- No puedo seguir – dijo Castle parando el autobús – y será mejor que maniobre para dar la vuelta.

Miraron a su alrededor mientras Castle giraba para dar la vuelta. El panorama era desolador.

- Castle, vamos a bajar y a hablar con ellos – le dijo Kate

- Voy con vosotros – afirmó.

- Deberías quedarte aquí – le dijo ella.

- Vamos Kate, te he hecho caso estos días y hoy no tengo a nadie a quien cuidar – le dijo mientras se cubría con la capa impermeable.

- Esta bien pero no estorbes – le dijo para picarle y mirando a Espo que se colocaba la mochila de rescate.

- No me gusta el panorama – dijo este último – prefiero llevarla.

Comenzaron a andar con rapidez hasta las patrullas que vigilaban el gran río formado en las calles que daban acceso los parking subterráneos de algunos edificios cercanos. El agua caía en cascada sobre las calles uno o dos metros mas bajas, entre los quitamiedos de metal medio sumergidos en la misma.

A escasos cinco metros de las patrullas, el viento arreció con más fuerza y uno de los árboles cercanos a las mismas se dobló amenazante sobre ellos, un grito de alerta de Kate les hizo mirar hacía arriba y retirarse hacía atrás para esquivar la caída de una gran rama, con tan mala suerte que uno de los agentes tropezó y dio varios pasos tambaleándose de espaldas moviendo sus brazos por el aire intentando no caerse y acabando por golpearse con el quitamiedos que protegía la calle más baja y cayendo sobre la misma, en la corriente de agua.

Espo con celeridad se quitó la mochila y sacó una cuerda e hizo un lazo mientras corría hacia la barandilla, lanzándosela al agente y gritándole para que se agarrase. Al ver la maniobra de Espo, los otros tres agentes corrieron hacía él para ayudarle con el rescate de su compañero, que ya había agarrado la cuerda y se sujetaba contra la corriente intentando respirar y expulsar el agua que le entraba en la boca. Espo le gritaba que pasase la cuerda por su torso, y el asustado agente lo intentaba sin éxito. Espo sacó otra cuerda que ató a la barandilla, pasándose la otra alrededor de su cuerpo y lanzándose al agua en dirección al agente.

Le alcanzó con rapidez, ayudándole a pasar la cuerda por su cuerpo y los demás empezaron a tirar de la cuerda para rescatarle. Ryan, Kate y Castle corrieron hacía la barandilla donde Espo había atado la cuerda con la que se sujetaba, pero en ese momento, la gran rama que había caído llegaba flotando hasta el lugar donde esta estaba la atada. Castle pareció adivinar lo que iba a ocurrir y se lanzó corriendo más abajo gritando a Espo que nadase hacía la barandilla y poder ayudarle a subir.

Espo nadaba hacia la barandilla pero la corriente le empujaba cada vez más abajo en la calle, hasta que la cuerda lo paró con un tirón. Castle se tiró en el suelo entre la barandilla justo en frente de donde estaba Espo en ese momento el peso de la rama y la corriente rompieron la cuerda y Espo que estaba a dos metros de Castle volvió a verse arrastrado por el agua. Castle se levantó y corrió más abajo, Espo alcanzó al fin la barandilla agarrándose como pudo, y Castle al verlo se dejó caer resbalando por el agua hasta él enganchándose con el brazo derecho al quitamiedos parando con el mismo todo su peso y notando una punzada de dolor en el hombro, que le pareció desencajarse de su cuerpo. Se recolocó agarrándose con el brazo izquierdo al hierro y se asomó junto a Espo tendiéndole el dolorido brazo.

- ¡Agárrate a mi Javi! – le gritó

- ¡No puedo Castle! – contestó Espo

La rama avanzaba hacía ellos y Castle la miró

- ¡Vamos tío!

- ¡No puedo Castle! ¡No puedo!

- ¡Claro que puedes cabezota! – le gritó - ¡Confía en mí! ¡Yo te cogeré!

MIL GRACIAS POR LEER HASTA AQUI.