Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to content1.We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de content1, solo nos adjudicamos la traducción.


Hope on the Horizon

By: content1

Traductora: Flaca Paz

Beta: Flor Carrizo


Capítulo 8

Bella POV

¡Alice era una mentirosa! ¡No estábamos bien!

Sus gritos llenaban el pequeño espacio a nuestro alrededor, haciendo que Jasper se retorciera y yo quisiera tirar de mi cabello. Ella estaba de parto. Su ligera incomodidad se había salido de control antes de que se rompiera su fuente. Estábamos en una puta zona de desastre, en el sótano de nuestra casa en ruinas, rodeados por cemento y metal retorcido y bajo la amenaza de posiblesderrumbes de todo tipo… Y Alice iba a tener su puto bebé.

Dulce Jesús.

Sentía que me desmayaba.

—Cariño... tienes que respirar —le recordó Jasper, intentando ayudarla. Alice lo miró con fuego en los ojos. De repente, temí por la vida de Jasper. Podría haber sobrevivido a un tornado hasta el momento, pero él estaba en peligro de que su mujer parturienta le arrancara la cabeza. Los ojos de él se ampliaron cuando lo maldijo, amenazándolo con cortarle las pelotas.

Una vez que la contracción de Alice disminuyó, se puso a llorar, disculpándose por ser tan perra.

—¿Qué podemos hacer? —suplicó Jasper, con la esperanza de obtener la mayor cantidad de información de ella en el poco tiempo que no estaba tratando de castrarlo.

—Necesitamos algunas toallas o algo para poner debajo de mí. Bella, ¿hay un cuchillo en la caja de Edward? —Tragué saliva, tratando de no vomitar lo que me había comido. ¿Un cuchillo? ¿Por qué demonios necesitábamos un cuchillo? No pude obtener una respuesta ya que Alice siguió hablando a través de mi mini-pánico—. Vamos a necesitar algo de alcohol, algo para envolverlo al bebé, un poco de agua… y ¿hay mantas allí?

Debía parecer un ciervo ante unos faros, porque Alice me gritó:

—¡Bella!

—¡Oh Dios, lo siento mucho! —Me levanté y me moví tan rápido como pude hacia la caja. Le haría las preguntas después. Sin saber todo lo que Alice acababa de decir, tomé una decisión en menos de un segundo y agarré la orilla de la caja, arrastrándola sobre los escombros y regresé a donde Jasper había acomodado a Alice.

Otro grito proveniente de mi hermana me hizo querer gritar también. Ella era la fuerte y lo había sido toda mi vida, pero más aún cuando habíamos perdido a Charlie.

Diez y treinta y cinco. El reloj decía que eran las diez y treinta y cinco y Charlie todavía no estaba en casa. Eso me confundía, me desconcertaba. La vida de Charlie era como un reloj. Él se despertaba a la misma hora todos los días, después comía su desayuno diez minutos antes de ir a trabajar. Volvía puntualmente a las nueve y quince, antes de anunciar cómo había sido su día.

Pero cuando el coche de policía con las sirenas se detuvo en su camino de entrada, lo supe.

Caminé aturdida a la puerta principal y la abrí antes de que pudieran golpear. No quería ser grosera.

Mark, el subjefe de Charlie, fue al grano, sus ojos azules sombríos.

Lo siento, Bella. Hubo un accidente.

¿Accidente?, me burlé. Recibir un disparo en el cumplimiento del deber no es un accidente.

Me sentí tan sola durante el tiempo que tardó Alice en llegar a casa, a Forks, desde Seattle. Mark y su esposa me llevaron a su casa y se sentaron conmigo, o realmente debería decir que me cuidaron durante mi entumecida confusión, mientras trataba de procesar todo.

Estábamos solas. Total y absolutamente solas.

A propósito había evitado pensar en lo que significaba hasta que llegó Alice, acompañada de Jasper. Esperé hasta que llegamos a casa… esa ya no era realmente nuestra casa. Simplemente un lugar lleno de recuerdos que causó que el nudo en mi garganta se expandiera. Esperé hasta que entramos y cerramos la puerta detrás de nosotros para derrumbarme. Alice me agarró y me abrazó fuertemente. Por horas, todo lo que se podía oír era el sonido del llanto y los sollozos. Jasper estaba con nosotras, un brazo alrededor de cada una, frotando suaves círculos sobre nuestras espaldas.

Habían sido fuertes para mí entonces y, ahora, me tocaba a mí.

—Bueno, Ali, simplemente traje todo. ¿Qué es lo que debo hacer con un cuchillo? —pregunté, buscando la navaja suiza que había visto.

—Para cortar el cordón umbilical.

Casi se me cae el cuchillo de nuevo en la caja. Oh Dios... definitivamente iba a desmayarme. Había una razón específica por la que no era doctora. La sangre y yo noéramos amigas. Entonces recordé todas esas clases a las que fui con ella y comencé a respirar usando los métodos que me habían enseñado. Todo saldrá bien. Muchas mujeres pasan por esto. Es completamente natural.

Sacudí una pequeña manta que puse debajo de Alice cuando Jasper la levantó suavemente. Tan pronto como la apoyó en la manta, otra contracción la golpeó. El volumen de mi respiración subió y le dio algo en que concentrarse. Alice y yo jadeamos durante la contracción.

Tienes que limpiar el cuchillo, Bella —me dijo, agitando una toallita humedecida con alcohol que había agarrado de las cosas que yo había puesto sobre la tapa limpia de la caja—. Vamos a tener que envolver al bebé en una manta después de que cortes el cordón.

¡¿Yo cortaría el cordón?! !¿Qué demonios?! Sabía que ella quería que yo estuviera involucrada, pero ¿en serio?

Me consolé recordando que tendría que pasar por eso con el tiempo y, de repente, me acordé de la conversación que había tenido con Edward después de asistir a una clase con Alice.

E, ¿cuántos bebés dijiste que querías? —le pregunté, mirando a través de una de las muchas revistas de embarazo que me habían entregado en la clase. Una habitación llena de mujeres felizmente embarazadas en serio había hecho algo a mis hormonas.

¿Por qué lo preguntas? —respondió desde el baño. Él acababa de terminar su ducha.

Me encogí de hombros.

Solo me preguntaba.

¿Cuántos quieres?

Dos... quizás tres. —Sonreí ante el pensamiento de mini versiones de Edward y mías.

Oí la puerta abrirse y salió mi sensual novio, el pelo chorreando y una toalla que colgaba en sus caderas. No ayudó que sus ojos brillaran con malicia ante mí en respuesta.

Creo que podríamos hacer dos o tres. Pero… ¿tal vez deberíamos practicar primero?

Me había tomado contra la pared poco después y luego me acurruqué contra él en la cama y reímos mientras le contaba historias sobre todas las cosas divertidas del embarazo que había oído. La mayoría habló sobre diseños rosas y azules y la forma en que iban a decorar los cuartos de los bebés. Alice y Jasper habían sido la única pareja que conocía en la sociedad moderna que no quería saber lo que iban a tener con antelación. Así que, por supuesto, ella iba a pintar de verde el cuarto del bebé.

Edward y yo habíamos decidido dos cosas acerca de que quedara embarazada: teníamos que hacerlo jóvenes y nos gustaría saber el sexo tan pronto como fuera posible. Esme y Carlisle ya estaban intentando, así que habíamos acordado ayudarnos unos a otros… para equilibrar tener un bebé con nuestras carreras y noches de citas.

Un gemido gutural me trajo de vuelta de los recuerdos de mi jodidamente sensual novio e hice una mueca por el cuchillo en mi mano.

—Agarraré al bebé, Jazz. Tú tendrás el placer… —dije, entregándole el cuchillo que había limpiado y envuelto en un paño con alcohol. El lugar estaba sucio con todos los escombros y estaba preocupada como el infierno acerca de que Ali diera a luz ahí. Edward me había hablado al respecto, explicando cómo las mujeres necesitaban tener un ambiente estéril con la menor tensión posible y las provisiones de apoyo médico.

No teníamos absolutamente nada de eso.

Estábamos tan jodidos.

Pero, por otro lado, no era como si tuviéramos muchas opciones.

Después de eso el trabajo de parto de Alice se aceleró, volviéndose más fuerte y más rápido. En medio de las fuertes contracciones, Ali intentaba decirnos todo lo que podía para hacerlo mucho más sencillo para nosotros, para sí misma y para el bebé. Era fácil de ver cómo el embarazo había cambiado a Alice, cómo se había vuelto más responsable y cariñosa de lo que ya era. Ella iba a ser una gran madre.

También quiero ser una gran madre, pensé, recordando las conversaciones con Edward. Quería que todos mis bebés se parecieran a él. Quería niñas pelirrojas y de ojos verdes que tuvieran a su padre envuelto alrededor de sus pequeños dedos, y quería chicos altos y apuestos que romperían los corazones de las niñas con su dulzura y belleza. Yo quería sostenerlos contra mi pecho y bajar la vista a sus caras preciosas, y quería a Edward junto a mí mientras lo hacía.

Traté de ignorar la voz que gritaba en mi interior que me decía que tal vez ahora no tendría una oportunidad. Jasper, Alice, el bebé y yo podríamos morir aquí esta noche. Sí, el tornado había pasado y sobrevivimos a eso, pero estaba muy consciente de que los escombros encima de nosotros podríancaer sobre nuestras cabezas en cualquier momento.

Edward sabría que hacer, susurró una voz, recordándome que Edward no estaba aquí.

Un agudo grito de Alice cubrió el sollozo que escapó de mí, pero también me hizo llenarme de valor. Su dolor y su miedo de repente me enfocaron. Alice no se iba a morir bajo mi cuidado. Jasper agarraría a su bebé cuando él o ella hiciera su entrada a este mundo, y yo iba a ayudarlos. Habían sacrificado demasiado por mí… llevándome con ellos cuando Charlie falleció, a pesar de que eran una pareja nueva y estaban recién enamorándose, se mudaron a Oklahoma para estar cerca de mí.

El pánico y el miedo desaparecieron y recordé las cosas que había aprendido.

—Ali, esto es lo que vamos a hacer. Voy a ponerme detrás de ti y apoyarte para que puedas pujar con fuerza, ¿está bien? Y Jasper estará allí para ayudar a traer al bebé a este mundo. Por lo tanto, toma ahora una respiración profunda y cuando llegue la siguiente contracción, vamos a pujar.

Perdí la cuenta del tiempo y cuando Jasper grito "veo la cabeza del bebé", pensé que habíamos estado en trabajo de parto por horas. Alice sollozó de dolor y alivio, su pequeño cuerpo ya estaba tenso con la siguiente contracción.

—Vamos, hermanita, podemos hacerlo. Hazme tía —supliqué y me incliné para besarla en la frente.

Y Dios la bendijo, porque eso es exactamente lo que hizo. Con un último pujo heroico, trajo a un bebé gordo y sano al mundo.

Jasper jadeó, sus ojos grandes y llenos de admiración, y entonces él se rió. Sosteniendo al bebé en un brazo, cogió el cuchillo que había dejado a su lado. Cuando un llanto lleno el ambiente, anunciando lo infeliz que estaba el bebé, Jasper admiró a Alice con amor brillando en sus ojos azules. Me mordí el labio inferior mientras se me llenaban los ojos de lágrimas. ¡Era tía!

No importaba que estuviésemos sepultados en el infierno o que nuestras vidas estuvieran en el limbo.

No importaba que el paso de las horas estaba comenzando a preocuparme y estaba empezando a creer que, posiblemente, la gente podría pensar que estábamos muertos, incluso aunque Edward nunca se diera por vencido con nosotros.

No importaba que los tres estuvimos en el infierno y volvimos, doloridos y sangrando.

Porque había un milagro que eclipsó todo.

Levantando el bebé de modo que pudiéramos ver su cara, Jasper anunció:

—Mamá, conoce a Jackson Charles Whitlock.